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lunes, 12 de septiembre de 2022

Las palabras poderosas



El Gran Maestre me convocó, poco antes de la ceremonia de sucesión, en su despacho, para mostrarme un enorme libro. 

- Este es el más importante encargo que debo hacerte, una tarea a la que he dedicado gran parte de mi vida y que espero que tú culmines - empezó. - Desde el inicio de los tiempos, cuando los hombres apenas descubrieron la palabra, muchos empezaron a sospechar de su poder oculto. Una palabra cualquiera que puede invocar el pensamiento de un objeto tan claramente como si estuviera al frente de su receptor, algo tiene de mágico, se pensaba en esos primeros tiempos. Más impresionantes fueron palabras que podían invocar espíritus invisibles, como la verdad, la paciencia, la ira. No olvidemos que desde los tiempos antiguos cosas que hoy llamamos virtudes o nociones eran considerados espíritus que tenían representación física, que primero los griegos y después los romanos nos legaron como alegorías: el tiempo, la justicia, la muerte. Se sospechó desde entonces que debían existir palabras tan poderosas que pudieran invocar no sólo la idea, sino el propio objeto físico, o incluso hacer visibles los espíritus invocados. Oraciones, las llamaron algunos, conjuros, las llamaron otros. 
Desde entonces muchos han intentado hallar esas palabras que proporcionan el más grande poder. Así, nos ha llegado la noción de que Dios es el Verbo. Por lo tanto, se pensó entonces, debe haber una palabra que nos pueda igualar en poder al propio Dios. Todo esto podría descartarse como un sofisma o como una extrapolación sin asidero práctico, pero conocemos casos de personas que han accedido a tales palabras, o al menos a una fracción de ellas con el suficiente poder como para poder comunicarse con los dioses. Son ellos los profetas o líderes que hicieron prodigios en favor de sus pueblos con solo el poder de sus palabras. Posiblemente me digas, pues eres inteligente, que aquellos que escucharon esas palabras poderosas, o los discípulos de tales líderes bien pudieron repetirlas y usarlas a su vez, y no estuvieran hoy perdidas. Pero un gran poder es fuente de corrupción, como es sabido desde siempre, y por lo tanto su uso no se confía a cualquiera. Esto fue la primera causa de que hoy se hayan perdido. Su uso fue restringido a unos pocos escogidos, con el fin de ser utilizado solamente en casos muy especiales. En consecuencia, estas palabras fueron transcritas en tablillas de arcilla, en piedra o en pergamino. Ello ocasionó un problema: los caracteres escritos no representan exactamente el sonido de las palabras. Los jeroglíficos expresan la idea de la palabra, pero no la palabra en sí, y las letras pueden ser interpretadas de distinta manera por distintas personas. Como ejemplo tenemos el propio nombre de Dios. Solo nos ha quedado de él el Tetragramaton IHWH, del cual no conocemos la pronunciación exacta, pues los hebreos de la época no escribían las vocales, y cada letra tiene una pronunciación diferente según el idioma o dialecto que utilicemos. Hasta hoy hay quien interpreta su lectura como “Iehowah” o “Iahweh”, y debemos aceptar que no tenemos forma de conocer el verdadero nombre y que lo más probable es que este se haya perdido para siempre. Desde luego, quien haya usado las palabras pudo haberlas transmitido verbalmente a sus sucesores, pero llegaremos al mismo problema al paso de algunas generaciones, pues las palabras no solamente se componen de los sonidos que los componen. Hay que darles entonación y ritmo. Una palabra no ocasionará el mismo efecto dicha lentamente y en voz baja, que cuando se pronuncia de manera rápida y fuerte. Incluso cuando las palabras son incluidas en cánticos no pasan más de tres generaciones hasta que pierdan su entonación y ritmo original, pues la música es aún más difícil de conservar que las palabras. Con todo, se tiene noticia de gente que ha podido acceder al secreto de estas palabras. Debes haber sin duda escuchado las historias de algunos francmasones que se acercaron a las palabras, obteniendo gran poder como dictadores o como consejeros de grandes personajes; o tal vez sepas de aquel renegado de nuestra orden quien fue iniciado en la búsqueda, y terminó usando sus conocimientos como trucos de circo, rompiendo copas de cristal con su voz. 
Esta es la labor a la que he consagrado mi juventud y madurez, la recuperación de las palabras poderosas, y es la labor que he de encargarte. Lo que contiene este libro es el producto de todas mis investigaciones y las de mis predecesores. Muchos capítulos se encuentran aquí sobre los conceptos de Dios y del Poder desde las más antiguas civilizaciones y el camino que se ha recorrido para comprender este conocimiento y comprimirlo en unas pocas palabras. Además, en los siglos pasados la ciencia ha progresado mucho y hoy tenemos herramientas que nos pueden ayudar en la búsqueda. Mi antecesor introdujo al estudio el alfabeto fonético, que no solamente permite reproducir los sonidos presentes en todos los idiomas que han existido, sino que prevé todos los sonidos que pueden ser emitidos por el sistema del habla humana. Por mi parte, yo he incluido estudios sobre el uso de notaciones musicales para iterar sobre diferentes formas de entonación. ¿Te encargarás de esta tarea?

Me quedé pensando unos minutos, sobre la enorme tarea que se me estaba heredando, y sobre toda la información que me acababa de dar el Gran Maestre. A pesar de todo, había algo que no me parecía encajar. El Maestre comprendió mis dudas y me dejó meditar el tiempo necesario, hasta que pude ver la luz y le expresé mi opinión. - Es un gran honor y una dura tarea la que me encomienda, sin duda - le dije - pero me parece que toda su investigación adolece de un error de origen. Si las palabras son tan antiguas, su origen debemos buscarlo entonces en los idiomas más antiguos, tal vez en el sánscrito o en los idiomas de la rama indoeuropea que le precedieron. Estoy seguro de que esta consideración ha sido tomada en cuenta en ese libro, a pesar de las historias usted mencionó y que parecieran sugerir una semejanza con el francés moderno. Por otro lado, su antigüedad me sugiere una forma de pensamiento más simple que la que hoy tenemos. Para hallar estas palabras perdidas y su poder, debemos liberarnos de la erudición moderna, olvidarnos de toda la concepción filosófica legada por 2500 años de civilización grecorromana y volver a la ingenuidad previa. ¿Y cómo lograr esto? pues buscando al alma más simple que podamos encontrar. A un tonto, libre de prejuicios, que no conozca otra cosa que la sabiduría natural no contaminada por el conocimiento académico. Su simplicidad nos proporcionará también el ritmo y la entonación necesaria para pronunciar las palabras. No creo estar descaminado en mi pensamiento, pues la descripción de la persona que debemos buscar coincide con aquella de los que en las Escrituras se identifica como Bienaventurado, aquel quien verá a Dios. En resumen, para hallar las palabras poderosas nos bastará con encontrar a la persona más tonta y darle las instrucciones mínimas, y así podríamos terminar esa búsqueda en poco tiempo. 

El Gran Maestre me miró extrañado, dudando sobre si yo habría resuelto por fin el acertijo milenario o si solo me estaba burlando de él. Le ofrecí hacer un intento en los tres días que quedaban antes de dejar el cargo. Así fuimos a uno de los barrios más pobres de la ciudad, donde nos dieron razón de un hombre harapiento que vivía de lo que la gente del barrio le daba, y a quien todos consideraban un tonto. No era un loco, nos dijeron, sino una mente simple, pues discurría con sabiduría inesperada a las preguntas que se le hacían. Al final encontramos al tonto, y fue muy difícil darle las instrucciones necesarias para hacer los intentos de pronunciar las palabras. Creo que hicimos cerca de veinte intentos, hasta que, al pronunciar las palabras, estas adquirieron una resonancia que no habíamos escuchado antes, y el propio cielo, que se había mantenido lluvioso hasta ese momento, se aclaró, dejándonos ver un sol brillante. En ese momento, el Gran Maestre tomó un pedazo de ladrillo y golpeó al tonto en la cabeza con gran fuerza y lo dejó inconsciente. Ante mi sorpresa, me ordenó que nos fuéramos a toda prisa, abandonando el cuerpo inerte, sin preocuparse de si estaba vivo o muerto. - Nadie debe saber de esto - me dijo - el mundo no está preparado para saber que las palabras que permiten a un hombre igualarse a Dios solo pueden salir de la boca de un tonto. Te ordeno que no continúes con la investigación. Mejor aún, te ordeno fingir que sigues con ella, pero que obtengas conclusiones que nos alejen de lo que acabamos de descubrir. Hace ya muchos años de ese episodio, y me toca a mi vez ceder el puesto a mi sucesor. He de entregar el libro al próximo Gran Maestre con las investigaciones falsas que he agregado a lo largo de los años, pero al cual he agregado pistas que lo llevarán, si se lo propone, al descubrimiento de que el Poder, la comunión con Dios, está en realidad en la boca de los tontos.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Pequeño dato irrelevante



Lima tiene muchas iglesias tricentenarias, llenas de ese arte religioso barroco recargado, churrigueresco. En ellas podemos encontrar hermosos tallados en madera bañados en pan de oro. El guía, si es que tenemos uno, nos dirá que muchos de ellos están tallados también en la parte interior de la madera. Este detalle se debe a un conocido ebanista tallador del tiempo del virreinato. Cuando el obispo lo vio trabajando en la talla del lado de la tabla que nadie vería, se lo hizo notar, advirtiéndole de lo inútil de ese trabajo. No es inútil, respondió el tallador. Dios puede verlo, y yo lo hago para él.

martes, 25 de agosto de 2020

Dios y el Paraíso


Dios
Mire, joven, de que creo en Dios, sí creo, pero lo que no creo es que sea así como dicen, o a lo mejor sí, pero… ¿Cómo le explico? Que Dios lo sabe todo y lo puede todo, claro que sí, pero eso no significa que se meta en pleito ajeno… Así como la Doña Macarena ¿La conoce? Si usted le pregunta se sabe todito lo que pasa en el pueblo, y de poder ayudar a arreglar las cosas también puede, pero no lo hace porque no es metiche… Igualito debe ser Dios, a veces no tendrá ganas de meterse, pues… se cansará de vernos pelearnos por las mismas cosas siempre, y solo se mete cuando ya hacen mucho escándalo, así debe ser... 

El Paraíso
Todo cambio es bueno, piensa en ello como una nueva oportunidad de empezar nuevamente sin cometer los mismos errores. Es un retroceso temporal. La vida te está poniendo a prueba, la mejor manera de crecer es afrontando las dificultades, estás herido pero no vencido, y regresarás más fuerte que nunca. Este es un nuevo reto, recuerda que eres más grande que todos tus problemas, los obstáculos se hicieron para ser superados, es hora de dejar atrás el pasado y enfrentar al futuro con decisión y esperanza. Estas y otras cosas le decía el ángel que acompañaba a Adán hasta las puertas del Paraíso de donde lo estaban expulsando.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Frases de religión


En el principio fue el verbo, y el verbo era Dios. Si eso es así, Dios debió saber lo que hacía, y que el verbo se iba a usar para todo tipo de fines, incluso para aquellos que nada tienen de santos. Para mí, que en algún tiempo me las llegué a dar de profeta, y solamente obtuve de la gente risas y alguna mirada compasiva ante la sarta de tonterías que salían de mi boca, creo que tengo alguna autoridad sobre el tema, y para muestra están aquí algunas de las frases irreligiosas que he soltado en mi lista de twitter, y que no pretenden convertir a nadie.
  • Bienaventurados los tontos, porque ellos entrarán al cielo a hacerle compañía a los otros bienaventurados. 
  •  Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y tú quieres hacerte la cirugía plástica. 
  • Dios nos creó a todos a imagen y semejanza... ¿cuál es tu excusa? 
  • Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Ahora resulta que soy una copia pirata. 
  • No, "Personal Jesus" de Depeche Mode no califica como música religiosa. 
  •  Ser Dios no es fácil. Te culpan de todo, si te preguntan algo, tienes que saberlo todo, y hay que ver la de tonterías que pide la gente. 
  • Hubo una vez un payaso que se convirtió a la religión. Desde entonces afirmaba que todos sus chistes eran por la Gracia de Dios. 
  • Una vez prediqué en el desierto. Logré convertir a 16 camellos y a 125 escorpiones. 
  • En aquella fiesta, logró convertir el agua en vino. Por supuesto, los invitados se lo tomaron como si fuera agua. 
  • Señor, hoy que el piso está tan resbaloso, no nos dejes caer en la tentación. 
  • El pan de cada día danos, Señor, que de la mantequilla y la rebanada de jamón nos encargamos nosotros. 
  • Y a mis enemigos, Señor, también dales paciencia. 
  • Señor, líbranos de la tentación, pero no este fin de semana. 
  • Señor, hágase tu voluntad en los cielos y aquí en la Tierra, sobre todo en ese sitio que te dije el otro día. 
  • Si hay un solo Dios, entonces mi Dios es el mismo que el tuyo. 
  • Debo explicarle a varios que Dios no es una marca registrada. 
  • Y que Dios no se entere que no crees en él. 
  • Aquella semana santa, todos se fueron a la playa dejando solo a Cristo clavado en su cruz. 
  • Una vez vi a una persona reírse mientras leía la Biblia. Se mereció mi respeto. 
  • Si Dios creó al hombre, que se haga responsable de todo lo que hacen. 
  • Me gusta contar un chiste en medio del Padre Nuestro para ver si Dios estaba poniendo atención. 
  • Tal vez Dios está aburrido de escuchar el mismo Padre Nuestro todos los días. 
  • Conversación al azar: - El Señor es mi pastor – Déjame revisar si el Señor era pastor de borregos. 
  • - ¿Qué le sirvo, Don Jesús? - Sólo agua, por favor - Pero todos están tomando vino - No se preocupe, yo me arreglo. 
  • La verdad es que nos creó Hánuman, el Dios Mono, luego evolucionamos, nos convertimos en humanos y creamos un Dios a nuestra imagen y semejanza. 
  •  Acertijo: Algunos dicen que Dios es ciego, pero al ser omnisciente, no necesita ver. 
  • Milagro desconocido de Jesús: Después de todo un día caminando y predicando, curando a ciegos y leprosos, sin comer ni descansar, viene uno y le pide que convierta su agua en vino. El milagro fue que Jesús no lo fulminó con un rayo. 
  • Milagro secreto: Una iglesia, llena de gente conversando, el cura predicando, otros fijándose en el aspecto de los demás, alguno gritando una oración para que los demás lo escuchen, empecé a rezar en silencio. De repente, en la iglesia quedamos solos Dios y yo. 
  • La Biblia dice que el primer día Dios separó la luz de la oscuridad para crear el día y la noche, así que supongo que lo que había antes era una eterna luz crepuscular, lo cual tampoco estaba tan mal ¿Verdad? 
  • Tengo para mí que Dios tenía un plan muy bonito para toda la Creación, pero al séptimo día se dio cuenta de que la cosa no iba a funcionar y desde entonces sólo está improvisando. 
  • No soy un personaje muy bíblico. Más que la voz que clama en el desierto, soy el tonto que canta en la colina.

martes, 15 de enero de 2019

Lucifer el bueno


Desde su trono en el lugar más profundo del infierno, Lucifer piensa. Las hordas infernales saben que en esos días, no conviene acercarse a él, porque sus pensamientos no son nada felices. El Diablo, como se sabe, nunca duerme, por eso de vez en cuando se sienta a meditar sobre su situación, y esto le pone de mal humor.

 Hace mucho tiempo, recuerda, cuando la eternidad era joven, Lucifer se rebeló contra el Creador. Todo poder absoluto es una tiranía, y toda tiranía es injusta ¿Cómo podía entonces Dios vanagloriarse de ser justo? Debía existir un reducto de incertidumbre, debía permitirse la existencia de la duda, que desemboca en la elección y en el libre albedrío, pues esta es la única forma en la que el bien y la justicia tienen algún significado. La perfección no tiene mérito cuando es planificada, se vuelve inútil como una balanza con el fiel atascado en el centro.

La rebelión buscaba, pues la verdadera justicia, no en Dios, sino dentro de su creación, en donde realmente tiene sentido. Y a pesar de ser derrotado, Lucifer pudo encontrar un lugar en donde no se apliquen las asfixiantes reglas de Dios, su incolora perfección. Y un lugar en donde no exista el inmovilismo del cielo, ese cielo que es igual desde el día en que fue creado, y que será igual el tiempo que dure, si acaso hasta el fin de la eternidad. Eso creía hasta ahora, hasta el primero de esos episodios en que Lucifer se sentó en su trono a pensar. En esa ocasión se preguntaba por qué un Dios todopoderoso permitió que la rebelión germinara, cómo pudo ser tan ciego para no ver cuando empezara, y sobre todo, por qué no condenó a la muerte a los conjurados, teniendo el poder no solo para hacerlo, sino para borrar todo recuerdo del hecho. Una rebelión demuestra con su sola existencia que la creación no es perfecta ¿Por qué permitir entonces que siga existiendo el infierno, recordatorio permanente de su fracaso?

Con el tiempo pudo llegar a la respuesta. Todo estaba planeado desde el principio. Para demostrar la perfección de su Universo, este debe ponerse a prueba, y esto se logra con una pequeña desviación a las reglas de la perfección. El resultado de esta pequeña imperfección genera otras imperfecciones, acumulando su efecto hasta que estas se hacen tan grandes que originan una crisis. Eso significa que él mismo, Lucifer, era esa imperfección que provocó la crisis que fue su rebelión. Al ser derrotado el Mal, Dios demostró la perfección de su Universo. Esta hipótesis explica también el porqué no fue eliminado de la existencia. La imperfección no puede ser eliminada del Universo, porque fue creada al mismo tiempo como regla inmutable. Si se deja que las imperfecciones se esparzan, se crearía al poco tiempo una crisis permanente que pondría en peligro a todo el Universo. El Mal entonces debe ser contenido, confinado para impedir su propagación. Eso es el Infierno. Es por eso que Lucifer se pone de tan mal humor cuando se sienta en su trono a pensar. Siempre llega a la conclusión de que todo lo que ha hecho es parte del plan divino para demostrar la perfección del Universo, que a pesar de todo lo que hace, continúa recibiendo órdenes de Dios.

 Todo esto no pasaría de ser un simple sofisma si no fuera porque lo que ocurre ahora sirve como demostración. Antes el propio Lucifer se solazaba en susurrar al hombre ideas que lo hacían apartarse del Orden y la Obediencia debidas al Creador. No había digresión que no haya sido inspirada por él. Incluso podía ver con satisfacción cómo el Mal era transmitido por los hombres como lecciones de vida a sus descendientes. Cada Mal se multiplicaba con cada generación de hombres. Con el tiempo ya no hacía falta mucha persuasión para convencer a los hombres, el Mal se había asentado firmemente en su alma, dispuesto a aparecer el momento más oportuno. Fue entonces cuando las almas condenadas al fuego comenzaron a revelar pecados en los que Lucifer no había pensado, y los que habían sido inspirados por él, llegaban más lejos de lo que hubiera imaginado, y se propagaban más rápido de lo que hubiera hecho él mismo. ¿Qué estaba pasando? Ahora el hombre no necesita al Demonio para atentar contra el orden divino. Si antes se sentía que hacía el trabajo sucio de Dios, ahora el hombre se está haciendo autosuficiente para ello. Así, pronto el Infierno y él mismo perderán su razón de ser. En algún momento se verá obligado a tomar una decisión drástica. Tendrá que abrir las puertas del Infierno y dejar salir a las almas condenadas. Esto causará el caos en la tierra y él volverá a ser útil como receptor de las almas indignas. El plan tiene un riesgo, sin embargo. Dios podría tratar de equilibrar la balanza liberando a su vez a las almas del Paraíso. Lucifer lanza un terrible alarido al darse cuenta que esta solución es exactamente la misma que ha previsto Dios y que ha comunicado al hombre como el fin del mundo. A pesar de todo lo que haga, sigue siendo un esclavo del Todopoderoso, siguiendo su plan al pie de la letra.

Lucifer se encuentra en la horrible posición de ser a pesar de todo, un ser bueno que obedece a Dios. Los demonios no pueden comprender cuando el amo del Infierno ordena a sus subordinados ayudar a los hombres a ser buenos para evitar el fin del mundo.

domingo, 20 de agosto de 2017

La creación del mundo


Yo lo sé, porque Él me lo dijo. Dios creó los cielos y la tierra, y colocó al hombre para que la cuidase. Pero algo pasó. El hombre se corrompió y destruyó la Tierra. Apenado, Dios destruyó su creación para empezar de nuevo. Esta vez hizo al hombre menos poderoso para que no destruyera todo. Pero se multiplicó rápidamente y su muchedumbre agotó la Tierra hasta destruirla. Con gran pesar se vio obligado nuevamente a destruir otra vez cuanto había creado. Esta vez hizo al hombre en un clima más frío para que no se reprodujera con tanta rapidez, y las mujeres solo tenían un hijo a la vez. Pero ellos crearon máquinas que mataban a todos los animales y a ellos mismos. Avergonzado, destruyó todo por tercera vez, porque no es bueno que se sepa que Dios se ha equivocado tan gravemente. Tal vez la siguiente vez pueda sentirme realmente orgulloso de mi creación, pensaba. Así que hizo al hombre insignificante y débil, con apenas la chispa de inteligencia necesaria para sobrevivir. Esta vez parecía que resultaría, el hombre fue bueno por un tiempo, pero nuevamente se fue pervirtiendo y a reclamarle por qué no lo hizo más poderoso, más resistente, más duradero. Poco a poco se fue apoderando del planeta, destruyendo todo lo que hallaba a su paso. Dios estuvo a punto de destruir toda la creación una vez más, pero se detuvo. Ya no quería pasar por el trance de crear todo el universo nuevamente. Sintió pena de sí mismo. Ahora se dice a sí mismo que lo mejor es dejar que el hombre se dé cuenta de sus propios errores antes de destruir el mundo, y que el castigo para los malvados es el seguir viviendo, sin un fin del mundo que acabe con su miseria. Eso fue lo que me dijo, y sé que es la verdad, porque nadie, ni siquiera Dios, puede mentir con una mirada de tan profunda tristeza... 

jueves, 3 de septiembre de 2015

Sobre músicas y cristianos


Cuando me toca escoger la música en el trabajo, me gusta preguntar al recién llegado o al visitante – que nunca falta – qué tipo de música le agrada. La respuesta es usualmente una variación del “Yo escucho todo tipo de música, no se preocupe”. Y nunca falla, el concepto de “todo tipo de música” en la mayoría de los casos se reduce a salsas, cumbias, reggaetones, algo de pop antiguo en castellano y tal vez algunos boleros cantineros. Lo que nunca esperan es precisamente lo que pongo para impresionar a la gente: Música New Age, Jazz actual, Rock psicodélico de los años 60, siempre algo para lo que mi interlocutor no está preparado, para demostrar que el “todo tipo de música” es un concepto mucho más amplio.

Para la gente asidua, reservo mis elecciones de los Beatles, algunas versiones electrónicas de música popular o mi selección personal de música brasilera. Tal vez debido a eso la gente empieza a evitar que sea yo quien escoge la música, y a la vez me sirve a mí para zanjar las discusiones sobre la música que ha de ponerse con un “o se ponen de acuerdo o escojo yo la música”.

Claro que hay músicas para todos los gustos y disgustos, además del reggaetón, que es para la gente que no tiene gusto. Pero hay un género musical para el cual la gente no tiene defensa alguna. Cuando la cosa se pone difícil, empieza a sonar en toda la oficina la mejor selección que tengo de música clásica. Esta tiene la ventaja de que el oyente se siente en un compromiso y no puede admitir que no le gusta ni pedir que cambie la música, so pena de verse ante los demás como una persona inculta y de mal gusto. ¡Al que se porta mal tendrá que escuchar opera! Es la consigna.

Como todo lo bueno no puede durar, desde hace poco me encuentro yo en un caso similar. A algunos de mis compañeros de trabajo se les ha dado por escuchar “música cristiana” A mi entender, la música cristiana simplemente no existe, existe pop, baladas o hasta metal, dado el caso, en que la letra habla de Dios o de Cristo. En el mejor de los casos solo podemos hablar de música con letras religiosas. Pero no todos lo entienden así. Creen que el que el que no gusta de esta música es porque no le gusta Dios, porque quiere ir al infierno o porque es directamente un enviado de Satanás.
¿Y cómo explicar estas cosas a la gente que cree que está un pasito más cerca del cielo escuchando esta música?  Ya intenté demostrando las innegables semejanzas que muchos de los cantantes cristianos tienen con Ricardo Arjona, de cómo Alberto Plaza cambió el modo religioso por el más lucrativo mercado de la balada romántica. Por último, he hecho notar la poquísima variedad de letras que tiene este tipo de música. No sé cómo un cristiano podría por ejemplo llevarle serenata a su enamorada, si no tiene canciones de amor y todas son de alabanza a Jesús. Ni siquiera puedo forzar la situación con un “¡Por Dios, que buena estás!”. Si yo hiciera este tipo de música (y me tendrían que pagar muy bien para hacerlo, ya que no compongo ni siquiera música laica) tomaría el riesgo y pondría estrofas de alabanza del tipo:

Oye Dios, tú sí que eres lo máximo,
Rey del universo, faltaba más,
Mira nomás que bien te salió el mundo
La verdad eres de la puta madre.
Hiciste los cielos y la tierra
Y todavía para lucirte
Hiciste a la mujer ¡Que bestia!
No hay nada que hacer ¡Eres un trome!


Pero como ya sé que no me van a llamar, me quedo con esas y todas las demás melodías que se me ocurren para mí mismo. Ellos se lo pierden, pues.

domingo, 5 de julio de 2015

Yo leí la Biblia y me reí


Sí, pues, un día me puse a leer la Biblia. Mucha gente le tiene miedo a leer la Biblia, y los causantes de ese miedo son justamente los que insisten en convencer a todo el que tengan enfrente de que hay que leerla para obtener la salvación. Y es cierto, han logrado convencer a todo el mundo que el que lee la Biblia se convierte en un estúpido monotemático que no sabe hablar de otra cosa. A esa clase de gente le recomiendo siempre tratar de leer El Quijote, que también tiene muchas enseñanzas y es bastante divertido.

Como decía, me puse un día a leer la Biblia, y como todo un tonto, prefiero las historias a las enseñanzas, y las historias divertidas a las historias serias. ¿Qué? ¿Hay historias divertidas en la Biblia? Claro que las hay. Lo que pasa, nuevamente, es que la gente, sobre todo los que se la toman al pie de la letra, cree que es un libro totalmente solemne, muy serio, no se hacen chistes sobre esto, que es sagrado, te vas al infierno si te ríes. No, no es así, y lo voy a demostrar.

¿Han leído la historia de Sodoma y Gomorra? Pues era un lugar donde se hacían fiestas legendarias, algo así como las after party del jet set. Pues Dios al ver tanto desmadre se puso a pensar seriamente en cerrarles el negocio a los promotores de tanta diversión pecaminosa. Así que buscó a Lot y le dio el encargo de buscarse 50 personas buenas a ver si se salvaban las dos ciudades. ¿Y cuál fue la reacción de Lot? Discutirle a Dios hasta que consiguió dejarle la cuota en diez personas buenas, e incluso pensando que con su familia, que eran todos decentes, completaba la cuota. Debo admitir que cuando leí este pasaje me moría de la risa al imaginar la escena de Lot regateándole a Dios como quien le regatea el precio al bodeguero de la esquina. Definitivamente este Lot era judío, pensé.

La otra muestra de que la Biblia fue escrita por judíos es el libro de Números. Nunca ningún pueblo antes o después se puso a sacar cuentas en un libro sagrado. ¿Será que el que armó la Biblia dejó el registro para impuestos traspapelado allí? Me imagino que se quedó allí por el efecto sedante que tiene en quien lo lee, es imposible terminar una página sin quedarse dormido, debió haber sido el equivalente en los tiempos antiguos de leerse la guía telefónica o contar ovejas para conciliar el sueño.

Pasando al Nuevo Testamento hay otras historias que parecen más episodios de sitcom que una historia seria. El primer milagro de Jesús fue en una fiesta de bodas. No fue planeado, y si uno lo mira bien, no era de lo más cristiano malgastar el primer milagro convirtiendo el agua en vino habiendo tanto ciego, paralítico o leproso en donde podía haber dado un mejor ejemplo. Pero no, Jesús, como buen hijo, le hizo caso a su mamita y salvó a los novios de la deshonra que significaba – igual que ahora – que en una fiesta se acabe el licor. Pero lo más cómico ocurrió después, cuando algunos de los invitados empezaron a quejarse de que habían guardado el mejor vino para después. 

La lectura de este pasaje me convenció primero de que Jesús era conocedor de los buenos vinos, y segundo, de que ya para entonces era todo bondad y compasión, porque yo en su lugar hubiera fulminado con un rayo a los quejosos. Ese, creo yo, debe haber sido el segundo milagro, dejar tranquila a esa gente que está viendo que le hacen el milagro y todavía reclama. No hemos cambiado mucho desde entonces.

El leer la Biblia me ha ganado entonces algunas sonrisas impensadas, para escándalo de algunos, como cuando trataba de conversar con alguien de esos que no aceptan otro tema de conversación. Para tratar de llegar a un punto medio, le dije: “Mira, a ti te gusta hablar de la Biblia y a mí me gusta hablar de música ¿Qué te parece si hablamos del rey David, que también era músico? ¿Qué opinas de su música?”

domingo, 29 de junio de 2014

Evangelio apócrifo


Quien tenga oídos, que oiga, y quien tenga ojos, que lea, pues esta es la historia verdadera de quien fue enviado para librarnos del pecado y llamarnos a la vida eterna.

He aquí que en el tiempo del general Tiberio, surgió de un humilde pueblo del interior el hijo de un carpintero, en quien el verbo se hizo carne, y empezó a predicar entre nosotros.
Se dice que el primero de sus prodigios sucedió en una fiesta que se daba con motivo de una boda, en donde convirtió el agua en chicha, para asombro de los invitados. Poco después escogió a un grupo de pescadores para hacerlos sus seguidores y empezó a recorrer los pueblos predicando la igualdad y el amor entre los hombres. La gente le seguía al escuchar sus palabras y pronto se contaban por cientos. En cada pueblo que llegaba, se le acercaban ciegos, lisiados y enfermos en busca de sanación. Él devolvía vista, fuerza y salud a aquellos que se lo pedían con fe, y ganaba nuevos seguidores entre los que veían sus milagros y escuchaban su palabra.

La noticia de su prédica se esparció por la región y vinieron los medios de comunicación, pero él se negaba a las entrevistas. “Digan lo que han visto, los ciegos ven, los enfermos sanan y los hombres se llenan de fe”, les decía.

Este mensaje de igualdad no era bien visto por muchas autoridades, pues no aceptaban que los pobres y desamparados fueran iguales a los prefectos, hacendados, a los de tez clara y a los educados en las grandes ciudades. Los señores del templo decían que se juntaba con pecadores, que no respetaba los días sagrados y que no dejaba limosna en los templos. Incluso le acusaban de tener a su lado a una conocida bataclana de pueblo, que lo seguía a todas partes.
Una vez lo dejaron entrar al estadio municipal de un pueblo, en donde hizo su prédica ante miles de personas. Como la gente acudió desde temprano, muchos tenían hambre a la hora en que llegó. Pidió una bolsa de panes y unos pescados fritos a uno de sus discípulos y trozándolos, los fue repartiendo de manera que alcanzó para todo el público concurrente, dejando sin negocio a los vendedores de caramelos, sánguches, turrones, churros y canchita, que salieron criticando su sermón.

En otra ocasión, habló a la gente diciendo que los bienaventurados son los que sufren, los pobres, los perseguidos y los limpios de corazón. Esto enfureció a los comerciantes, que se habían pasado toda su vida convenciendo a la gente que la felicidad se halla teniendo hermosa ropa, el último modelo de celular, un gran auto y bebiendo bebidas embotelladas.

La gente que lo seguía empezó entonces a llamarlo mesías, el enviado. Esto molestó mucho a los famosos escritores de libros de autoayuda, que querían ser los únicos que ofrecieran esperanza a la humanidad.

Fue entonces que lo acusaron de difundir ideas subversivas y antiimperialistas, de incitar a la lucha armada, y de querer establecer el comunismo en esas tierras. Cuando llegó a la capital de la provincia, sentado en un mototaxi, fue intervenido por los agentes del orden. Fue preguntado si es que estaba en contra del Estado y la Patria. Por respuesta, pidió que le alcancen un billete. Preguntó de quién era la efigie grabada en el billete, y cuando le respondieron que era del Padre de la Patria, respondió que había que darle a la patria lo que es de la patria, y a Dios lo que es de Dios. Ante esto, fue liberado por falta de pruebas, ante el estupor de sus adversarios, incapaces de creer que el Mesías vendría de un pueblo insignificante que apenas aparecía en el mapa.

Cuando llegó al templo principal de la capital, la emprendió contra todos los comerciantes que vendían en las puertas: los cambistas de dólares, los que vendían productos chinos, los que ofertaban imágenes y folletos con instrucciones para obtener milagros garantizados, los vendedores de helados y dulces. Hasta los vendedores de figuritas del mundial fueron objeto de su ira. Fue denunciado por alteración del orden público y destrucción de propiedad privada.

Ya que no era fácil arrestarlo debido a su imagen pública, lograron convencer a uno de sus discípulos para entregarlo a cambio de inmunidad, amnistía y una recompensa de treinta fajos de billetes. La oportunidad llegó después de una pollada que hizo el grupo para celebrar la Pascua. El traidor discípulo, con el pretexto de tomarse un selfie con su maestro, lo retuvo el tiempo suficiente para que el escuadrón antimotines enviado lo pudiera arrestar.

El juicio fue televisado en cadena nacional y fue condenado por disidencia, portación de ideas e incitación a la rebelión. El presidente de la Asamblea de Gobierno dijo que esos delitos no ameritaban la pena de muerte solicitada, pero al, final aceptó, según se dijo bajo la amenaza de la publicación de ciertos videos que podían acabar con su carrera pública.

La última oportunidad de salvación fue cuando se presentó una solicitud de indulto, la cual cuando iba a ser firmada, manos misteriosas cambiaron su expediente por el de un conocido acusado por corrupción.
Entonces, condenado y en desgracia, fue abandonado por todos, incluso por sus discípulos. Desaparecieron todos aquellos que portaban pancartas que decían “Contigo hasta la muerte”, los que dijeron que lo defenderían en el Parlamento, los que decían seguirlo en twitter y Facebook, incluso los que organizaron colectas en su nombre no pudieron ser ubicados.

Una vez cumplida la sentencia, aquellos que una vez le siguieron trataron de continuar con sus vidas. Unos pocos dicen que lo han visto caminando por las calles, predicando ante sus antiguos discípulos, que aún se reúnen con los pocos seguidores que han quedado. Dicen que es cierto que se aparece de vez en cuando a quien lo necesita y a quien cree en él, que todavía se escucha su voz predicando la felicidad de los que nada tienen, de la hermandad de todos los hombres y del amor al prójimo.

Esta es la verdad. Quien tenga oídos, que oiga, y quien tenga ojos, que lea.

jueves, 5 de junio de 2014

Dios visitará tu casa


En una casa decente y honrada, de esas que mantienen a la vez pobreza y dignidad, en un pueblo tan alejado de los grandes problemas del país como de los beneficios del progreso, vivía un hombre que vivía tan tranquilo como lo permitía su modesta condición económica. La casa, una chacra que a duras penas rendía paltas y naranjas, amén de unos cuantos pollos y patos completaban el patrimonio familiar. Le llamaremos Renato, que es un nombre tan común como cualquier otro.

Para dar una mejor idea de esta persona, podemos decir que no soñaba. No quiere esto decir que no tuviera sueños, que si los tenía, como los tiene cualquier persona, que sueña con un destino mejor para sus hijos, una mejor casa, y poder reparar al fin todos los daños que ocasionó sobre su casa y su chacra la crecida del río, que fue tan fuerte hace dos temporadas. No, lo que queremos decir es que Renato no soñaba al dormir por las noches. La razón era tal vez que nuestro hombre salía al amanecer a las labores agrícolas, al mediodía hacía el camino al pueblo para conseguir provisiones y tratar con comerciantes por sus cosechas, para hacer el camino de regreso a la chacra y luego a su casa a donde aún ayudaba a su esposa en pequeñas tareas, y llegaba a su lecho tan agotado que no soñaba por las noches.

Por eso fue que se sorprendió tanto cuando soñó una noche. Y el sueño era además uno muy especial. Soñó que iba por el camino que recorría todos los días y se le aparecía un ángel de brillantes vestiduras. El hombre, sorprendido de aquella visión, pensó, dentro de su sueño, que le había llegado la muerte mientras dormía, pero no era así. El ángel le dijo con dulces palabras que no tuviera miedo, que solo le acompañaría un trecho, lo suficiente para anunciarle que recibiría la visita de Dios el siguiente sábado, y que tendría que estar preparado para cuando aquello pase. El buen Renato vio alejarse al ángel con un paso leve que no dejaba huellas ni manchaba sus vestiduras, a pesar de que el camino estaba lleno de barro por la lluvia de la noche anterior. Al despertar, se quedó pensando en lo sucedido, si sería realidad lo había vivido o sería solo un sueño sin significado ni premonición. Al comentar este hecho con su esposa, ella estuvo de acuerdo en que el sueño debía tomarse seriamente y habría que preparar la casa para la visita de Dios. ¿Pero cómo preparar su humilde vivienda para esa visita? La fecha prometida estaba a dos días, demasiado cerca para pintar la casa o arreglar el jardín, comprar cosas con qué adornar la sala, o siquiera para pedir la ayuda de su hermano, que había trabajado en la ciudad varios años y conocía mejor los protocolos para recibir visitas distinguidas.

Confuso aún, fue a la pequeña iglesia del pueblo a hablar con el cura. El sacerdote, al oír la historia, la descalificó como un simple sueño. ¡Cómo crees que Dios te va a visitar! Dios no se va a aparecer en este pueblo olvidado, y menos alguien que va a la iglesia solo en las fiestas, se toma sus tragos y no colabora cuando pasan la canasta en la misa, le explicó el cura. A la salida de la iglesia, al ver la cara de desconsuelo de nuestro hombre, se le acercó un sujeto que había venido hacía algunos meses al pueblo con una biblia de tapas negras y hojas llenas de marcadores. Le habló del verdadero Dios, de cómo prohíbe adorar imágenes, de la cercanía del fin del mundo. Cuando al fin dejó de hablar un momento, el hombre empezó a narrar su sueño. El extraño ni siquiera lo dejó terminar. Eso es una trampa del demonio, que te quiere confundir, le dijo. Dios no visita a las personas, y los ángeles solo vendrán a la tierra para anunciar el fin del mundo. Inmediatamente quiso leerle todas las referencias que tenía marcadas sobre el tema en su Biblia para mostrarle su error. El evangelista no se sintió satisfecho hasta que Don Renato le aceptó unos folletitos y le hizo concordar en que era imposible que Dios visitara a alguien que no sigue las enseñanzas de la Biblia.
Incapaz de obtener ayuda sobre cómo recibir a Dios en su casa, Renato regresó dispuesto a hacer lo que mejor pudiera para recibir la visita. Esa noche decidió con su esposa que arreglaría la casa lo mejor que pudiera. Llamarían también a sus hermanos y cuñados para que estuvieran presentes. Los trabajos de la chacra podrían soportar dos días de desatención a la vista de este mucho más importante evento.

La tarea resultó mucho más fácil de decir que de hacer. Consiguió prestado un poco de pintura del local comunal para pintar el pequeño comedor de la casa, ya que no tenía sala dónde recibir visitas. Se aseguró también de colocar mallas en la puerta que daba al corral, de manera que los pollos no pasaran como lo hacían siempre y no interrumpieran la comida. La señora decidió por su parte que lo mejor sería hacer ese caldo de gallina que con tantas ganas alababa la familia cuando había una fiesta. También haría un chancho al horno con hierbas que estaba segura le gustaría mucho a Dios. Pidieron ayuda a los vecinos para terminar con los arreglos. Todos consideraban la idea como una locura, pero varios ayudaron a la familia. Los hijos también ayudaron en cuanto vinieron del colegio, poniendo el mantel, algunas flores, y trayendo frutas de la chacra. Cuando la esposa de Renato se dio cuenta de que más que ayudar, estorbaban, los puso a practicar el Padrenuestro para que puedan decirlo sin equivocación al servir el almuerzo.

El problema era que cada vez aparecían más detalles que arreglar, y cada solución parecía generar un problema mayor. Primero se remplazó el fluorescente de la entrada y el cambio obligó a reparar el cableado, luego un vecino ofreció una mesa más grande para los invitados, la familia y dos o tres sitios adicionales por si acaso, pero resultó que la mesa no podía entrar por la pequeña puerta de la casa, el perro fue amarrado con una correa fuera de la casa, pero empezó a aullar lastimeramente. Las preguntas iban y venían con todos los que ayudaban ¿Era verdad todo aquello del sueño? ¿Sería bueno poner imágenes religiosas en la pared? ¿Dios vendría solo o traería a su hijo? ¿El ángel que se le apareció en sueños vendría también? ¿Tenía una Biblia en buen estado que pudiera colocar en la mesa? ¿Servirían cerveza con la comida o vino?
Los arreglos duraron hasta tarde en la noche, pero al final todo quedó listo. Los parientes que habían sido llamados durmieron en donde pudieron dentro de la casa para poder estar desde temprano al día siguiente. No todos creían en lo de la visita divina, pero tampoco iban a desaprovechar la ocasión de una comida.
En la mañana el desayuno fue largo y con los parientes, cada quien tratando de imponer su criterio en cuanto a lo que ocurriría. El más joven de los hermanos de la señora insistía en que contaría sus famosos chistes colorados solo para ver si Dios se reía de ellos. Uno de los cuñados trataba de convencer al dueño de la casa de que sería conveniente hacer pedidos al ilustre visitante, de lo mucho que necesitaban un año de buenas cosechas, en que los animales parieran mucho, y que les den buenos precios por ellos. Pide también algo para ti, no seas tonto, dile que te haga rico, interrumpía su esposa.

Al legar la hora del almuerzo, la señora indicaba por enésima a sus hijos que debían portarse bien, que no debían pelearse en la mesa, que debían comer toda su comida, agradecer al terminar, que debían, en fin, portarse como nunca se habían portado en su vida. A eso de las dos de la tarde, el dueño de la casa ya estaba cansado de responder que el ángel no le había indicado la hora exacta en que llegaría Dios, de salir a la puerta ante todo el grupo de vecinos para decir que Dios no había llegado todavía y que no sabía a qué hora vendría. Tuvo que espantar al tipo que trató de leerle la Biblia el día anterior, que había traído a un grupo que intentaba colocarse en la puerta para cantar canciones religiosas, repartir revistitas y trataba de convencer a los demás vecinos de que solo ellos eran los verdaderos cristianos. A las cinco de la tarde, cuando todos estaban ya cansados de esperar de pie, los niños estaban más incómodos que nunca a causa de la ropa almidonada y de las constantes reconvenciones de la madre para que no se despeinen, decidieron almorzar ligeramente, no sea que Dios vaya a llegar para la cena en lugar de para el almuerzo. La familia insistió en que el chancho no tendría igual sabor y debían comérselo todo, en caso de que Dios no viniera.
Ya era tarde en la noche cuando los vecinos que habían estado aguardando afuera de la casa empezaron a irse. Uno de ellos incluso tocó la puerta para burlarse diciendo que era Dios y que se había demorado en el tráfico. Hasta los hermanos de Renato, sus cuñados y sus respectivos hijos se fueron, después de agradecer la comida y la cena, aunque con una sonrisa burlona en los rostros. Al final, solo quedó el pobre hombre, su esposa y sus dos hijos, la misma familia que era antes de tener el sueño del ángel. Todo había salido mal, había descuidado su trabajo, se había convertido en la risa del pueblo, había pedido muchas cosas prestadas que tenía que reponer o devolver. El único consuelo que tenía era que había hecho lo que le parecía correcto a pesar de todo, y que si todo sucediera de nuevo haría todo de la misma manera. Este pensamiento le tranquilizó lo suficiente como para para dormir sin culpas esa noche. Para entonces estaba tan cansado que creyó que ya no volvería a soñar, pero se equivocaba. 
Otra vez tuvo un sueño. Y el sueño era que estaba en su casa con su familia, tomando el desayuno del domingo, cuando oyó que golpeaban la puerta.

La señora abrió para ver que era Dios, disculpándose por la tardanza. No quedaba nada de la noche anterior, así que no le quedaba nada por ofrecer sino el pan que estaba comiendo. Dios lo aceptó con alegría y lo partió de modo que alcanzó para todos en la mesa. Así estuvieron compartiendo el pobre desayuno, conversando alegremente hasta media mañana, en que Dios, respetuosamente se levantó para despedirse. Toda la familia se quedó en la puerta viendo a Dios irse caminando, dejándoles una sensación de alegría en los corazones. El hombre despertó del sueño de pronto, sin comprender exactamente lo que había pasado hasta que trató de contar aquel sueño a su esposa. No fue necesario, como tampoco necesitó despertar a sus hijos para cantarles el sueño. Todos habían tenido el mismo sueño, todos habían desayunado, conversado y compartido con Dios ese día.

lunes, 14 de abril de 2014

En lo alto de una columna


Hay momentos en que uno, cansado del mundo, decide alejarse, aunque no lo logra. Siempre queda alguito que te amarra y te deja conectado a la gente, pues nadie está solo, aunque lo intente. Esta vez, y como historia para esta semana santa, voy a contar la historia de uno de los tontos famosos que hace mucho que no cuento. Es la historia de Simeón.

Hace muchos años, cuando la Edad Media era todavía muy joven, Simeón era un niñito que pastoreaba ovejas en los campos cerca de Tarso, en lo que antes era Europa, pero que hoy es Siria. Un día escuchó un sermón en el pueblo cercano que hablaba de Dios, para enterarse que Jesús de Nazaret se consideraba también a sí mismo pastor de ovejas y consideraba a la pobreza como una virtud. Esto fue una revelación para Simeoncito y decidió dedicar su vida a la oración. Pronto daría abundantes muestras de que en cuanto tomaba una decisión la llevaba hasta las últimas consecuencias.
Conocedor de que había un monasterio de anacoretas enclavado en una montaña cercana, fue a pedir su admisión, deseoso de iniciar una nueva vida. Los monjes no le aceptaron en ese momento, considerándolo apenas un mocoso malcriado. No sabían que tenían que vérselas con un mocoso verdaderamente testarudo. Simeón insistió e insistió hasta que lo aceptaron, llegada la edad en que uno pasa de ser un mocoso y se convierte en un mozalbete.
En el monasterio pronto se hizo conocido por su afición de llevar las cosas al extremo. Era el primero en levantarse, hacer sus deberes, hacer las oraciones y sobre todo las penitencias. Aprendió a leer y se aprendió de memoria los 150 salmos, que repetía todos los días en voz alta.
Durante la cuaresma, que era su época favorita del año, se negaba a probar alimento y se dedicaba solamente a la oración, a tal punto que hasta el abad del monasterio le reprochó la exageración y le sugirió salir al mundo para servir mejor al Señor, y también para que su ejemplo no contagie a los demás monjes, ya que Simeón se había hecho popular debido a su piedad.

Por un tiempo Simeón se instaló en una cueva, imitando a los monjes ermitaños. De allí salía de vez en cuando a predicar, cosa que hacía tan bien que pronto no necesitó ya salir, pues venían a buscarlo multitud de personas ansiosas de consejo y de bendición. Simeón gracias a su vida piadosa y su prédica luminosa se convirtió en algo así como el rockstar de la cristiandad. Los peregrinos y la gente de los pueblos le iban a buscar a todas horas, a pesar del difícil acceso de su cuevita, sin dejarle tiempo para la oración y la reflexión.
Buscando una manera de orar en paz pensaba en qué era más inaccesible que una cueva en el desierto, hasta que se le ocurrió una brillante idea. Mandó a construirse una columna de tres metros de alto con una pequeña plataforma en el tope y se instaló allí. Pero los admiradores aún trepaban para pedir autógrafos, bendíceme la estampita, aconséjame si debo casar a mi hija y cosas por el estilo.  

La idea de la columna es buena, pensaba Simeón, pero falta afinarla un poco. La siguiente columna que habilitó (gracias a la incondicional ayuda de su club de fans) era de siete metros. Esto todavía era insuficiente, así que la próxima y final era de 17 metros de alto. La subida fue muy difícil, pero solo necesitó hacerla una sola vez, ya que Simeón no bajó jamás y pasó el resto de su vida encima de la columna. No sabemos si esta altura le pareció suficiente o si no consiguió una columna más alta. Desde allí predicaba a todos los que se congregaban alrededor. Sus seguidores organizaron todo para que Simeón se sintiera cómodo: Había un servicio de delivery para la poca comida con que se alimentaba, atendían con una escalera a los fieles que eran permitidos de conversar con él y evitaban que los fans no autorizados treparan a la columna sin permiso.

Con todo, la vida de Simeón no era fácil. Después de todo, vivir en lo alto de una columna era una penitencia por los pecados del mundo, que al igual que hoy, se porta muy mal, oiga usted. Había que soportar el frío de las noches y el calor del mediodía. Un ventarrón podía bajarlo de la columna por la vía rápida y la lluvia molestaba mucho cuando caía. También estaban los detractores, que lo hostilizaban desde abajo, tratando de hacerlo bajar.
-  ¡Simeón!
-  ¿Qué queréis?
-   ¡Baja inmediatamente!
-   Nones, aquí estoy tranquilo…
-  ¿Por qué te gusta estar allá arriba como pájaro aliquebrado?
-   No es que me guste, es que allá abajo fastidian mucho…

Además, Simeón no pudo dejar de enterarse que le aparecieron varios imitadores, cada cual en su columna. Los monjes estilitas, como se les llamaba, se pusieron de moda, aunque no todos con igual éxito. Algunos pagaron caro una mala ubicación de la columna y fueron impactados por un rayo, cayendo en el descrédito y también de la columna. De todos modos, la mayoría de la gente todavía prefería al original.


La fama de Simeón se expandió a toda Europa. Su columna se convirtió en punto de peregrinación, y los imitadores se multiplicaron al punto de que cada ciudad quería tener a su propio estilita. Sus prédicas sobre muchos temas eran escuchadas con interés, no estoy seguro pero creo que de allí salió el término “columna de opinión”, pues incluso lo solicitaban para interceder en pleitos entre personas.

Cuando Simeón murió, sin haber bajado jamás de su columna, fue reconocido como hombre sabio, a quien acudían altos dignatarios en busca de consejo. Quedó entonces como ejemplo de los sabios que en el mundo han sido y que han buscado alejarse del mundo, no como los de ahora, que se mueren si se les cae el Facebook. Algo exagerado para irse a vivir hasta arribota de su columna, pero ejemplo al fin para la gente como yo que al menos tiene su colinita desde dónde opinar.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Entrevista a Adán


Por fin, después de muchas gestiones y de asegurarle que se escribiría su verdadera historia, tan maltratada a través de los siglos, he conseguido por fin una entrevista con Adán, que presento aquí:

Buenos Días, señor Adán, siéntase cómodo…
¿Este micrófono va aquí? No me acostumbro todavía a vestir estas ropas… Por eso le acepté esta entrevista en verano.
Está bien… Empezamos hablando del comienzo…
Yo no estuve presente desde el principio, joven… Cuando llegué ya el mundo estaba hecho, todos los animales en su sitio, cuando me di cuenta estaba debajo de un árbol.
¿Qué hacía en ese tiempo? ¿A qué se dedicaba?
No estaba tan aburrido en ese tiempo como la gente dice, eso es algo que quiero aclarar, porque la gente ahora dice mucho de eso. Cuando llegué no había nada, y yo tuve inventar todo. Aun no se me reconoce mi aporte en multitud de actividades en donde yo fui el pionero, fíjese que fui yo el que inventó el hipo, las cosquillas y la contemplación del atardecer. Nadie me reconoce eso hoy en día…
¿Nunca hizo un recuento de sus invenciones?
En ese tiempo no había tiempo ni necesidad, no se pensaba como ahora que el mundo se iba a acabar, pero no todo me salía bien… Recuerdo uno de mis inventos que era el terroteo, que era una costumbre muy bonita que ya se ha olvidado… La gente ahora lo ha reemplazado por mirarse el ombligo tendido en una hamaca. Además, para contar algo, no hacía falta nada… Si no podía contarse con los dedos, no valía la pena.
… Y luego llegó Eva… Cuénteme de eso…
Mire, en ese tiempo el cielo estaba cerquita y para hablar con Dios no hacía falta más que alzar la voz un poco. Dios me tenía un poco consentido y me daba algunas cosas cuando se las pedía. Las sandías eran chiquitas entonces y le pedí que las agrande porque estaban muy ricas, las rosas tenían solo cinco pétalos y le dije que les pongamos más para que se vean más bonitas, cosas de ese estilo. Cuando le pedí que me haga una compañera se entusiasmó con la idea, hasta me felicitó por el consejo, y al día siguiente nomás ya estaba ella… Así nos llevábamos…
Los dos desnudos corriendo por el Paraíso ¿Verdad?
En ese tiempo no tenía nada de malo… Todo era muy natural, muy hippie…
Ahora llegamos al tema de la manzana…
No era en realidad una manzana, era algo que ya no hay por aquí… ¿Cómo le explico…? Se parecía un poco a una papa pero con corazón de fresa y con cáscara delgada como manzana, por eso la confusión… y era una de muchas reglas… No te tires del precipicio, no hables con la boca llena, no comas de este árbol... No me recordaba de todas y Eva tampoco. Ahora, claro, se dice “Ay, que desobediente” pero no se recuerda que en ese tiempo había que inventar de todo y de vez en cuando se quebraban algunas reglas en el proceso… No se hacía tanto escándalo por eso…
¿De quién fue la idea? ¿De Usted, de Eva, de la serpiente?
Un poco de cada, creo yo… En ese tiempo estábamos probando de todo para armar el menú… descubrimos la Papaya, la Naranja, las Uvas. Los pájaros nos recomendaron probar los higos, los cerdos nos enseñaron las trufas, y así… Cuando la serpiente nos enseñó ese fruto confiamos… Acuérdese que tampoco se había inventado la mentira, así que no teníamos por qué dudar. Pero lo hecho, hecho está… Nosotros lo hicimos y Dios hizo lo que prometió, porque él tampoco podía echarse para atrás. Así nos desalojaron, y nadie le echó la culpa a nadie en ese momento. Nos culpan ahora, pero yo los quisiera ver a ellos ahí, no había nada escrito, todo era de palabra… Ahora tienen los diez mandamientos bien escritos y bien claritos y no les hacen caso… ¡Y después me echan la culpa a mí! En esto quiero dejar clara mi responsabilidad. Si los demás le hacen la vida imposible al vecino, se portan mal y después se quejan de que han perdido el paraíso, yo ya no tengo nada que ver…
Hábleme de esos días en que salieron del paraíso…
Ahí si la pasamos mal… Hacía frío, había poca comida, y caminábamos mucho buscando un buen lugar… Para colmo Eva quedó preñada, así que nos quedamos en el mejor lugar que encontramos…
¿Nunca intentaron volver al Paraíso?
Al comienzo tuvimos la idea, pero después los hijos fueron creciendo y al sitio donde estábamos le llamaban “Hogar”. Uno es de donde crecen sus hijos y en ese tiempo ya no estábamos tan mal, así que ya no quisimos volver, sería dejar demasiadas cosas atrás…
Ahora lo de Caín y Abel… Tal vez esto sea difícil para Usted, pero la gente quiere saber…
Cuando eso pasó ya ellos estaban mayores y no vivían con nosotros... Esto es algo por lo que me critican… Que no sabía criar a los hijos ¡Pero si tampoco no tenía nadie de quien aprender! No se acuerdan que fui yo el que inventó la paternidad. De pequeños se peleaban, es cierto, pero creíamos que era normal… No teníamos de quién tomar ejemplo ni de quién comparar. Ya estoy cansado de que me echen la culpa de estas cosas también… Apúntelo bien y publíquelo, para que la gente sepa…
Para terminar… ¿Algo que decirle a la generación actual, a la gente que va a leer esta entrevista?
Las personas no recuerdan que yo fui el pionero de todo lo que se hace hoy, y nadie me reconoce por eso… Me equivoqué en algunas cosas pero el que inventa, tiene derecho a equivocarse. Los que no hacen nada no tienen derecho a criticarme, que lo sepan. Los que se rascan la espalda y disfrutan lo rico que se siente, no se acuerdan que fui yo el que inventó eso, los que ven a una mujer bonita nunca se acuerdan de que si no fuera por mí no tendrían nada de eso… ¡Que se dejen de fastidiar, pues!
Hasta luego Don Adán…

Hasta luego, joven, y recuerde: Ni Cristóbal Colón, ni Elvis… ¡Yo fui el primero que lo hizo todo!

jueves, 18 de julio de 2013

Oración del Tonto



Hubo un tiempo en que el cielo estaba muy cerca de la tierra, y para hablar con Dios solo hacía falta levantar la voz un poco. Las cosas se trataban directamente, sin intermediarios. El paraíso, le llamaban. Pero tiempo después, el cielo se fue alejando poco a poco. La expansión del universo, ahora le dicen. Así aparecieron los que decían tener la voz más alta y fuerte para que Dios les haga caso. Poco a poco ni siquiera ellos podían asegurar que eran escuchados. Por ese entonces se trató de construir la Torre de Babel. Pero ya entonces el cielo estaba tan lejos que cuando ocurrió el desastre no estaban mucho más cerca que cuando empezaron. Nadie tenía una voz tan alta que pudiera ser escuchada por Dios. Se intentó con trompetas, con tambores, con multitudes gritando al unísono. Nada de eso parecía funcionar. Solo una mujer, por casualidad, descubrió el secreto. Hablando en voz tan baja que el sonido de sus palabras se parecía al silencio, logró ser escuchada. Aquellos que lo vieron dudaron de que ese sonido fuera escuchado hasta un lugar tan lejos como el cielo, hasta que comprendieron que Dios no escucha la fuerza de las gargantas, sino el sonido del corazón.

Aún hoy muchos no logran entender que todos tenemos el derecho a ser escuchados por Dios, incluso los tontos, que entonan una plegaria más o menos como esta:

Señor,

Dame la fuerza para mantenerme  tonto a pesar de los esfuerzos de los demás,
Sigue dándome ánimos para traer el bien y la alegría a la gente que me rodea,
Líbrame de aquellos que creen que ser tonto es soportar las injusticias sin reaccionar,
Déjame seguir siendo tonto, manteniéndome a salvo de la experiencia que amarga la vida,
Déjame seguir siendo tonto para continuar ayudando a quienes lo necesitan,
No permitas que mis tonterías, aunque bien intencionadas, hagan daño a mis semejantes,
No dejes que me acostumbre a las cosas, para ver siempre la vida como algo nuevo,
No dejes que pierda la capacidad de asombrarme, la curiosidad y las ganas de aprender,
Pero protégeme de la sabiduría que desengaña y borra la sonrisa de mi rostro,
Permíteme comprender a los demás tontos que encuentro en el camino,
Y permite a los demás comprender el valor de los tontos para mejorar su vida.

Amén.

martes, 26 de marzo de 2013

La fe del romano


Una de las historias de la Biblia que más me gusta es esta, que hoy quiero contar a mi tonto estilo:

Era uno de esos días en que Jesús estaba ya un poco cansado de la gente que le escuchaba con entusiasmo, pero que se olvidaba de sus enseñanzas a los pocos días. Así es la gente, que mientras les dura la novedad son muy fieles y cristianos, pero después se les pasa a la primera llamada de los pecadores para irse a una fiesta a buscar la perdición. Tanto rato curando ciegos, leprosos y enajenados para que las enseñanzas caigan en saco roto y nadie tenga fe aunque sea del tamaño de un grano de mostaza.
Era uno de esos días que estaban bajos hasta para hacer milagros. Los cojos, ciegos y epilépticos ya se habían acabado el primer día, porque ellos eran los primeros que se pasaban la voz cuando Jesús llegaba al pueblo. La multitud de gente que siempre le seguía pedía ese día verdaderas tonterías, como para ver nomás si se les hacía el milagro. Pedía sacarse la lotería romana, pedía que se le case la hija con un comerciante acomodado, o pedía que las gallinas pongan dos veces al día para salir de pobres y ser la envidia del vecindario. Jesús, todo paciencia y bondad, no negaba milagros a nadie, pero exigía algo a cambio:
- Está bien, te haré el milagro, pero desde ahora debes comprometerte a amar a tu prójimo y compartir tu riqueza con los que menos tienen...
- ¿Qué cosa? ¡Oye, yo no meto en tus cosas! ¡Habráse visto! ¡Uno apenas le pide un milagrito y ya quieren ordenarle la vida a uno!

Así pues, Jesús estaba esperando que algo interesante pase, cuando de pronto la multitud se calló y se apartó para dar paso a un hombre. El estilo y la calidad de sus vestiduras indicaban a las claras a un ciudadano romano. El hombre no necesitó pedir permiso para acercarse a Jesús, pues los judíos, temerosos, le abrieron paso al instante, mientras comentaban en voz baja que se trataba de uno de los romanos más adinerados de la ciudad por el comercio que controlaban.
- Tengo entendido que eres Jesús de Nazaret, y que eres respetado entre los judíos, pues haces prodigios con ellos - Dijo el romano en voz alta, aunque educada.
- Salve, señor. Yo soy aquel a quien buscas. ¿En que puedo servirte? - Le respondió Jesús, que también era educado además de sabio.
- Uno de mis criados, quien me sirve bien y me es muy querido, está muy enfermo, mis galenos no guardan esperanzas para él, pero él solicita tu intervención, pues cree en ti y desea que lo salves.

La gente alrededor empezó a murmurar al oír tan extraña petición: ¿Un romano pidiendo un milagro? ¿Cómo podía uno de la raza de los conquistadores, uno de los opresores del pueblo judío, pedir un milagro? ¿No sería una trampa de los fariseos o los levitas, de quienes se decía que las enseñanzas de Jesús ya habían incomodado más de una vez? Jesús miró a los ojos del romano para ver sus intenciones. Su mirada, aunque llena de la altivez romana, no tenía rastro de burla o engaño.
- Está bien, llévame a donde está tu criado...
- No hace falta, solo ordena que se haga y así será, mi criado sanará según sea tu palabra...

Esto era inaudito. Nadie se había atrevido antes a pedir un milagro en esos términos, y menos que nadie, un romano. La multitud se llenó nuevamente de murmullos. "El romano no quiere que se sepa que Jesús el Nazareno ha entrado en su casa", "Los gentiles no saben que estas cosas no se hacen de esta manera". Incluso Jesús miró al romano lleno de sorpresa, pero asombro se debía a otras causas.
- ¡Nunca, ni siquiera entre las gentes de Israel, había visto una fe como la que tiene este hombre! ¡Ve a tu casa, romano, pues lo que pides está cumplido!

Una parte de la muchedumbre que rodeaba a Jesús partió junto al romano para comprobar que efectivamente, el criado se había recuperado de su enfermedad. Y fueron ellos los que regresaron al lado de Jesús para decirle que efectivamente, se había cumplido el milagro. Aunque entre los propios discípulos hubo alguno que creyó que el Maestro se había excedido esta vez, Jesús sonrió al saber la noticia. El día había valido la pena. Su confianza en la gente había sido restaurada. Si un romano podía dar esa demostración de fe, ¿Que no podrán hacer los judíos? El mundo puede mirar con esperanza el futuro si hay más gente así.

En estos días me siento un poco como aquel romano que da por hecho que Dios hará según sea su voluntad, y que esta se hará en su mejor beneficio, y un poco como Jesús, que aún cree en la fe de las personas. Solo esperando el momento en que encuentre a Jesús de Nazaret, y dejarlo asombrado como aquel ciudadano romano, haciéndole exclamar "¡Pucha, tu sí que tienes una fe bárbara!"

domingo, 6 de enero de 2013

Dios y yo


Mi relación con Dios es un poco extraña a los ojos de muchas personas. No es que me ponga hacer penitencias raras o que me ponga a anunciar el fin del mundo por calles y plazas. Todo lo contrario. Mi relación es a nivel de amistad y camaradería. Con Dios yo puedo conversar, hacer chistes y hasta una vez me puse a jugar a los dados con él. Es por eso que me deja hacer algunos posts chistosos sobre religión. Tiene bastante correa el tipo.

Y es por eso que a algunas personas les incomoda este trato mío con la divinidad. A pesar de que me dicen que en el paraíso todas las almas encuentran la felicidad y olvidan sus dolores, se escandalizan cuando les digo que entonces el cielo ha de ser un lugar muy divertido. Y yo no imagino un paraíso o una vida feliz sin un chiste bien contado. No todo va a ser cánticos y alabanzas, también debe haber lugar para una buena conversa sobre los tiempos idos. Y buena música, ya que tampoco todo debe ser arpas y liras.

Así, pues, yo también mantengo de vez en cuando buenas conversaciones con Dios, voy a su casa a visitarlo y dejo también que me visite en mi casa. Como debe ser. Y aquí viene el asunto de cómo rezar. La Biblia dice, para todos aquellos que la leen más allá de esos parrafitos que ese tipo de gente tiene marcado con resaltador, que uno debe rezar en su cuarto tranquilito, sin molestar a nadie, no como esos que se van a la iglesia para que todo el mundo los vea rezar y dárselas de piadosos, para después creerse con derecho a atropellar a medio mundo. Así que trato de estar en paz, de vez en cuando con un poco de música para que Dios también se sienta a gusto. Comienzo saludando, como persona educada, preguntando si no habrá tenido una noche muy ajetreada, pues todos sabemos que Dios trabaja la noche entera ayudando a todos los que madrugan. Luego recuento un poco de mi vida, cómo ha estado yendo, para ver si le da una manito a mis familiares y amigos, que los anote en su lista de pendientes. Recibo también sus quejas de la gente que se le voltea, de esos que cuando niñitos son muy buenitos y piadosos y apenas les crece la barba se tiran a la perdición. Recibo los encargos de portarme bien con ellos para que regresen al buen camino, y los anoto también en mi lista de pendientes. Así pues, entre chiste y chiste, termino de rezar animado y de buen humor, dispuesto a enfrentarme al mundo con la frente en alto.
Cuando uno de los que creen que la vida es puro sufrimiento, un poco para relajar el tema y otro poco para escandalizarlo y moverle el piso le cuento que tengo mi versión corregida y aumentada del Padrenuestro, que va más o menos así:

“Padre nuestro que estás en los cielos, a ver si bajas aquí a la tierra más seguido, que nos tienes descuidados, 
Santificado sea tu nombre, a propósito ¿Cómo te llamabas? Porque me están viniendo gente que dice que tienes unos nombres medio raros, aunque yo les digo que si hay un solo Dios no importa el nombre, 
Venga a nosotros tu reino, que desde aquí abajo te vemos cada vez más lejos, con tanto smog, satélites artificiales y todas las cosas que estamos poniendo en el camino, 
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, porque eso sí, de que tú eres el jefe, eres el jefe, no hay por qué negar,
Danos hoy nuestro pan de cada día, que de la mantequilla y la rebanada de jamón para acompañar nos encargamos nosotros, y así el sanguche queda como una coproducción, 
Perdona nuestras ofensas, tú sabes que las hacemos si querer, nomás por dárnoslas de chistosos, 
Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, que así de aguantadores somos, especialmente con los maleteros, 
No nos dejes caer en la tentación, bueno, tampoco seas fanático, déjame caer aunque sea una vez en la tentación de esa compañera de trabajo que está bastante tentadora, 
Y líbranos del mal, porque eso sí necesitamos por acá bastante, ya te he contado. 

Amén, saludos y abrazos, ahí nos vemos a la próxima, cuídate, viejo, chau.”

¿Ya ven por qué digo que termino de rezar de buen humor? Es lo bueno que tiene esta relación mía tan especial con Dios.

sábado, 20 de octubre de 2012

Heréticas



I
El asesino en serie fue capturado después de asesinar a su séptima víctima. En todos los casos la víctima había sido un practicante religioso de los que andan tratando de convertir a la gente de puerta en puerta. Su declaración fue la siguiente:

“Es mi deber salvar a mi familia del fin del mundo, por eso asesiné a esas personas. En la Biblia dice que el fin del mundo solamente llegará cuando todos hayan recibido la palabra de Dios. Entonces si yo mato a los que predican la Salvación la palabra de Dios no podrá llegar a todos y el fin del mundo no podrá realizarse. No temo a la condenación eterna, pues Dios sabe el momento exacto en que sucederá el Fin, y todo lo que ocurre en el mundo es parte de su plan divino, el que nos acerca inexorablemente hasta ese momento. El fin del mundo ocurrirá cuando todo esté listo, y no antes. Yo, por lo tanto soy la parte de ese plan divino que hace que el fin del mundo no ocurra antes de tiempo, por lo tanto, mi perdón está garantizado. Si acaso yo me equivocara y mereciera la condena eterna, aun así el tiempo que he ganado al retrasar el fin del mundo asegura que mi familia no sufra la conmoción de los momentos finales de la humanidad, y mi sacrificio no sería en vano.”


 II
La hermandad de San Judas Iscariote crecía en adeptos cada día. Las creencias de esta congregación se fundaban en el reconocimiento de que Judas Iscariote es en realidad el salvador del mundo, explicándolo de esta manera:

“Jesús de Nazaret necesitaba del sacrificio de su propia vida para divulgar su mensaje. El problema es que no podía en modo alguno influir para ser muerto. El suicidio en cualquiera de sus formas es impensable, pues denota cobardía. La muerte tenía que llegar por mano ajena, y de un modo que denotara el sacrificio por la humanidad. Los ataques al poder del Sanedrín no habían resultado. Los Fariseos y Levitas le temían debido a la cantidad de seguidores que lo aclamaban en cada pueblo e incluso en Jerusalén. Los romanos por su parte, no se metían en esos asuntos, considerándolos como cosas de judíos que no les afectaban. Jesús necesitaba entonces que alguien más precipitara su muerte. Y ese alguien tenía que ser de su propio entorno. Esta circunstancia tenía la ventaja de involucrar la traición, lo que haría al sacrificio aún más convincente. La celebración de la Pascua debía ser entonces una reunión de conspiración donde la víctima debía ser él mismo. La Biblia recoge las palabras de Jesús, pero no la entonación ni la fuerza. La frase “Uno de ustedes me ha de traicionar” no era una predicción. Era una orden. Y la orden debía ser dada al discípulo de mayor confianza. Por eso Pedro se ofrece para ser el traidor, pero es rechazado. Solo Judas a quien los demás confían su dinero, demostrando cuidado y esmero en la labor, es el elegido. Pero para esto debe hacer un sacrificio mayor que el de Jesús. Jesús sacrificaría su vida para salvar a toda la Humanidad. Nadie a quien se le ofreciera esta opción se negaría. Mucha gente se sacrifica por su padre, su esposa, su familia, es decir, por un número reducido de personas. Sacrificarse por toda la humanidad entonces no representa una decisión difícil. En cambio, el sacrificio de Judas es mucho mayor, pues debe sacrificar su eternidad. Debe pasar ante la Historia como un traidor, el más vergonzoso de los pecados, para que el sacrificio de Jesús, mucho menor como hemos visto, tenga sentido. Pero el sacrificio de Judas es aún mayor. Rechaza el pago y comete suicidio, como una forma de asegurar  su condenación, ya que solo uno de ellos debe ser elevado al paraíso. Mientras más bajo caiga uno de ellos, a mayor altura se elevará el otro. Es por eso que el sacrificio de San Judas Iscariote es mucho mayor que el de Jesús de Nazaret.”


III
La secta de asesinos escogía cuidadosamente a sus víctimas. Todos ellos eran de posición acomodada y reconocidos en la sociedad. Los crímenes eran siempre sangrientos, y las víctimas sufrían terribles sufrimientos antes de morir. Nada parecía relacionar el móvil de los asesinatos de los diferentes personajes, sin relación unos con otros. Sin embargo, la investigación de los crímenes revelaba siempre vidas secretas.  Una de las víctimas resultó ser el jefe de una red de pedofilia. En otro se encontró que debía su fortuna al robo y la extorsión. La policía, presionada por influyentes personajes de la sociedad, se dedicó a resolver el misterio. Solo después de varias víctimas que resultaron ser criminales, ladrones a gran escala, desfalcadores y violadores, descubrió la existencia de la secta. Al irrumpir en su local de reunión halló entre sus papeles su declaración de principios:

“El hombre no es bueno ni malo. La elección o el libre albedrío le hacen inclinarse hacia el bien o hacia el mal. Por eso, la ley de probabilidades hace que haya un equilibrio entre el bien y el mal. Hay, entonces tantas personas buenas como malas en el mundo. Como consecuencia, la cantidad de mal que existe es constante, como también lo es la cantidad de bien que existe. Pero el mal tiene mayor influencia sobre la conducta de las personas que el bien, y tiende a romper ese equilibrio. Es por eso que la secta existe. Debemos mantener el equilibrio entre el bien y el mal. Y la manera de hacerlo es haciendo que el mal se vuelva contra si mismo. Debemos causar horribles sufrimientos a quienes hacen mal a su prójimo. De este modo, la cantidad de mal, que ya hemos visto que es constante, no se volcará sobre las personas buenas del mundo, y los justos podrán desempeñar su labor sin problemas. Nosotros debemos sacrificarnos haciendo el mal para que las personas buenas puedan desempeñar su labor. Mientras existamos, se mantendrá el equilibrio.”

martes, 18 de septiembre de 2012

La multiplicación de los milagros


Erase una vez que ocurrió un milagro. Un milagro puede ser cualquiera, no importa cual. Puede ser acaso una multiplicación de los panes, o caminar sobre el agua, tal vez un milagro que no esté mencionado en la Biblia. El hecho es que fue un milagro. Los milagros no ocurren todos los días, y es por eso que se les llama milagros. La verdad es que los milagros son tan raros que para que ocurra uno es necesario otro milagro. Entonces sucede que en realidad no ha sucedido un milagro, sino dos. El milagro original y la ocurrencia del mismo, como acabamos de descubrir. Luego nos damos cuenta de que si la ocurrencia de un milagro ya es un hecho rarísimo, el que ocurran dos milagros es aún un hecho más sorprendente, por lo que podemos afirmar que esta ocurrencia es ya un tercer milagro. En consecuencia, tenemos que ha ocurrido no un milagro sino tres. Continuando con estos razonamientos, podemos seguir multiplicando los milagros hasta el número que queramos. Pero esto nos lleva a una paradoja. Mientras más apliquemos este ejercicio, más milagros encontraremos, y si llegamos a un número suficientemente alto (digamos, unos cuantos cientos o miles), descubriremos que en realidad la ocurrencia de tales milagros no es en absoluto un acontecimiento infrecuente, ya que hemos demostrado la existencia de un número alto de milagros ocurridos. Siendo así, el hecho deja de ser un milagro, ya que la característica esencial para calificar a un hecho como un milagro es precisamente el que no ocurra con frecuencia. Por consiguiente, solo podemos llegar a la conclusión de que ninguno de los encontrados fue realmente un milagro, sino un hecho común y corriente. Entonces, ¿Cómo es que llegamos de un número muy grande de milagros a no tener ningún milagro? Es este el verdadero milagro. Como corolario, podemos afirmar con toda veracidad que los milagros realmente existen.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Castigos divinos


El suplicio de Tántalo
Tántalo se encontró de pronto en un lujoso restaurante y sentado en una mesa. Tántalo ve pasar a los mozos con bandejas llenas de las comidas más apetitosas y los vinos más exquisitos. Llama a uno de los mozos y le pide que lo atienda. – Esta no es mi mesa – Es la única respuesta que obtiene. Ve pasar a los mozos y cada plato que ve pasar incrementa más su apetito y su sed.
Esta vez llama a una anfitriona que va ordenando mesas a los que llegan. - El mozo que le corresponde debe estar por aquí, espere un momento, ya no tarda en llegar – Es la respuesta.
Tántalo no puede creer que esté pasando hambre en un restaurante lleno de comida. Decide irse, pero el maitre se le interpone en el camino. - Señor, no puede abandonar este establecimiento, aún no ha consumido, por favor espere en su asiento –
Parece extraño que no haya nadie que siquiera se acerque a su mesa para dejarle el agua o los panecillos de cortesía, nadie se acerca a tomar su orden ni a preguntarle si lo están atendiendo bien. Otros comensales vienen, son atendidos, tienen tiempo de conversar y alabar la comida del restaurante, pero nadie se fija en Tántalo.
Empieza a gritar a los mozos, a las anfitrionas, al maitre. Nadie le hace caso. Desesperado y hambriento, intenta coger algo de la comida delas mesas vecinas, pero el personal de seguridad interviene para impedirlo y lo regresa a su mesa, con la promesa que pronto vendrá un mozo para atenderlo. Solo después de mucho tiempo Tántalo se da cuenta de que en realidad está muerto, y este es el castigo que le han deparado los dioses por toda la eternidad, estar rodeado de comida y bebida, pero morir de hambre y sed sin poder probarla ni acercarse a ella.


El suplicio de Prometeo
Prometeo despertó en un lugar desconocido, lleno de sucios edificios y gente de mal talante. Desorientado, empieza a caminar buscando una calle conocida o al menos bien iluminada. Solo recuerda vagamente haber tomado hace mucho tiempo el fuego de casa de los dioses y haberlo entregado a los hombres. Luego, solo puede pensar que este es la pena que le reservan los dioses, pero no puede imaginar aún de qué se trata este castigo. Sin querer, Prometeo ha llegado a un callejón cerrado con una reja. Da vuelta para salir, pero cuatro hombres le cortan el paso amenazándolo con sus cuchillos. Hablan de la suerte que tienen al encontrar un individuo sano y de lo bien que les pagarán por su riñón. Golpean salvajemente a Prometeo, pero a pesar de que lo intenta, no logra quedar inconsciente. Inmovilizado por el dolor, puede ver cómo es llevado a un sucio cuarto, y es tendido sobre una camilla. Entonces llega un hombre con instrumentos quirúrgicos. La poca anestesia que le aplican lo deja inmóvil pero lúcido, por lo que puede ver con claridad cómo el bisturí corta su interior y cómo su riñón es extraído. El proceso sigue a pesar de las muestras de dolor que la anestesia no ha suprimido. Solo al final de la operación Prometeo es abandonado en el mismo callejón donde fue asaltado. Poco a poco el dolor va cediendo y Prometeo se da cuenta de que el órgano extraído se está regenerando en su interior, y la cicatriz está desapareciendo poco a poco. Aunque apenas puede caminar, Prometeo trata de salir de allí, a pesar de que ya sabe que no podrá encontrar la salida de este barrio, que pronto volverá a encontrar a aquellos asaltantes que los golpearán y lo llevarán a ese sucio cuarto donde le extraerán uno de sus órganos y lo volverán a dejar abandonado en la calle, porque es ese el castigo de los dioses, que deberá soportar por toda la eternidad.
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