jueves, 10 de agosto de 2017

Correspondencia



Ellos se escribían, casi que a diario, casi que varias veces al cabo del día. Hasta terminar en algo casi casi que compulsivo, hasta olvidar el motivo que había originado su correspondencia electrónica.

Un tecleo constante a través de un ordenador, sustituto del método “vieja escuela” (papel, sobre, lapicero y sello) pero que, sin embargo, también recorría el mundo, sino uniéndolo, por lo menos acercándolo, hasta casi que casi fundiéndolo en una especie de anulación espacio tiempo.

Sus vidas, sus espacios, sus tiempos se interconectaban como imágenes en movimiento yuxtapuestas, como fragmentos o samples animados de películas o cortos de vida cotidiana No solamente habían olvidado los motivos que originó esa conversación escrita, solamente escrita y salpicada, salutariamente, por instantáneas Polaroid, nunca webcam, que sí se enviaban, estas si, por vía “convencional”. También habían olvidado dónde vivían y desde dónde escribían o enviaban sus fotos.
Muchos años después alguien encontró, apiladas, varias cajas de cartón con correos electrónicos impresos en papel y varias polaroids, unidos, pegados y entrelazados en una especie de álbum de recuerdos, donde al parecer, dos personas, desde una misma habitación, habían intentado comunicarse durante largo tiempo....


Hace mucho que no me dedicaba al noble arte del cortipegado de historias que me hubiera gustado escribir, no por flojera o falta de malicia, sino porque simplemente no encontraba algo digno de colocar aquí. Ahora que lo he encontrado, es mi deber darle una nueva oportunidad a este texto que encontré buscando aleatoriamente otros blogs. Que lo disfruten.

domingo, 30 de julio de 2017

Frases twitteables 44


  • Eso de Papa Noel es solo una leyenda urbana, le dije al viejo del trineo que aterrizó en mi techo.
  • Historia que no ocurrió nunca: Le pregunté a un mendigo cómo le iba el negocio. Fantástico, me dijo, tengo más de 3 mil likes en Facebook.
  • Hubo una vez una mañana tan larga que se hizo tarde.
  • Latinoamérica tiene mucho que enseñar a Estados Unidos sobre cómo lidiar con presidentes que no nos agradan.
  • La Muerte llegó y lo miró. - Por fin vienes por mí. - Pero vine a decirte que no te llevaré conmigo aún, así que empieza a vivir de una vez.
  • Hoy en nuestra clase de geografía: ¿Cómo se reproducen en Las Islas Vírgenes?
  • Encontré al monstruo debajo de mi cama. Él tampoco tenía nada que hacer un fin de semana en la noche.
  • Esa película, que fue un fracaso de taquilla y de crítica, la anuncian hoy en TV como el gran estreno, y tú la ves. Igual en el amor.
  • La pregunta tonta de hoy: ¿Prefieres ser feliz o tener éxito escribiendo sobre tu infelicidad?
  • Algún día se descubrirá que en un universo paralelo las cosas tampoco son como queremos que sean.
  • La tristeza de encontrar un 15 de febrero en la calle un muñeco de peluche roto.
  • A veces uno escucha una canción, se da cuenta de que ya no siente nada y se pregunta qué fue lo que pasó.
  • Yo he visto una lavadora en modo centrifuga, no me hablen de artefactos poseídos por el demonio.
  • Prefiero leer un libro en el transporte público que estar chateando con el celular. Es menos probable que me roben el libro.
  • Oiga, Don Nietzche, sepa que yo que por hacerme más fuerte casi me mato.
  • Si prestas atención en un restaurante, podrás escuchar el ruido de todas las dietas al romperse.
  • En mi defensa, diré que también dice mucho de ti, a quién consideras tonto.
  • Corazón roto que deja los bordes afilados para el próximo que llegue.
  • Leído en una lápida: “No creas todo lo que dicen en los epitafios”.
  • El amor es ciego. – No es cierto, el amor es sordo - me corrigió el invidente.
  • Todo es según el color del cristal con que se mire. - No es cierto, depende del tono en que se escuche - Me corrigió el ciego.
  • Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana, decía. Ahora está preso por entrar a robar en una casa.
  • Si todos los caminos llevan a Roma, tengo miedo de llegar allá y luego no poder salir.

viernes, 21 de julio de 2017

Comida moderna


Normalmente no soy muy dado a los restaurantes temáticos, los cuales son muy raros por aquí, dicho sea de paso. Recuerdo una sola vez que me llevaron a un restaurante marino musical, para salir decepcionado al comprobar que ni el Frito Páez, ni el cebiche de Calamaro, ni el Joaquín Sardina valían la pena. Pero ahora voy al que se llama a sí mismo el restaurante del futuro, que ofrece una experiencia de ciencia ficción, con atención de la era digital, un sabor adelantado a su época y varias cosas más, así que al menos por curiosidad decido darle la oportunidad. He aquí la crónica sincera de lo que pasó.

Según el que me invitó, no hace falta apurarse, porque la reserva se hace con un app que te permite avisar de tu llegada y escoger tu mesa. Además, el app te conecta con Uber  para que nos recojan a tiempo. Hasta aquí todo iba bien. Claro, hasta que la teoría empezó a darse de cabezazos contra la realidad. Cuando el Uber llegó retrasado alegando que el tráfico había empeorado desde el momento en que se contactó al servicio, supe que sería uno de esos días en los que todo sale mal y me echan la culpa a mí por ser tan salado y por tener al universo conspirando en mi contra.

A nuestra llegada, mis temores fueron confirmados. Mi amigo el que me llevó casi se va a las manos con el mozo que atiende la entrada, quien le dice que tenemos que esperar a que se desocupe una mesa. Según nos trataban de explicar, la mesa que teníamos reservada ya estaba tomada por alguien con el app premium, que tiene atención preferencial. Cuando por fin logramos ingresar, vemos un enorme lugar decorado con todos los clichés futuristas, sin faltar ninguno. Allí estaban las luces de neón, los adornos plateados, las estrellas y naves espaciales, todo. Nos sentamos en unas sillas de estilo mezcla de Bauhaus y Star Trek, que yo, como alguien que se ha sentado en todo tipo de asientos, reconozco como apropiados para sentarse sólo por cortos espacios de tiempo, sólo para la comida sin nada de charla. Yo esperaba que se acercara alguien para tomarnos el pedido, pero mi amigo me explica que el menú y el pedido aparecen en una pantalla táctil en el centro de la mesa, como parte de la misma, lo que es una forma más rápida y segura de pedir, según el app que tengo aún abierto. En el menú aparecen todas las opciones de comida con un nivel de detalle exasperante. Tenemos que expresar que nadie de los presentes es vegetariano en ninguna de las seis o siete variaciones del término, que nadie quiere comida libre de gluten, ni de lactosa, de sal ni de preservantes artificiales. 

Una vez establecidas las reglas procedemos al pedido. Aquí ocurre lo que siempre me ocurre con las pantallas táctiles: no me obedece, marca cosas que no he pedido y se resiste a confirmar mi orden. Mi amigo tiene mejor suerte que yo y logra hacer el pedido. Las opciones que siempre pide la pareja de mi amigo son exactamente las únicas que no aparecen en el menú de opciones de la pantalla: el pollo debe ser parte pierna, la carne en término 75%, el ají debe venir aparte y la lechuga a un costado, que el refresco debe ser natural y no de sobre. Mientras esperamos, explico a mis acompañantes que los que programan las apps y el sistema de pedidos no conocen la idiosincrasia de nuestro país, que siempre es detallista a la hora de comer y que busca las fallas del sistema para poder decir orgullosamente que los chiches de la modernidad no se aplican aquí.

El hecho de que me dejaran terminar la explicación es un síntoma de que algo anda mal, y que nuestra orden se está demorando más de lo normal. La búsqueda de un mozo que nos atienda es otra prueba de paciencia, de la que ya no tenemos mucha. Una de las parejas pregunta por qué no hicimos el pedido desde el app antes de venir, para recibir la respuesta de que en este país nadie sabe lo que quiere comer hasta que llega al restaurante. En eso llega un mozo que nos informa que se ha caído el sistema y que nos va a tomar la orden personalmente. En ese momento empiezo a extrañar los métodos tradicionales al ver que el mozo está mandando la orden por Whatsapp.

Al estar esperando nuestra comida por segunda vez, me asalta la duda. Si este es un restaurante futurista, ¿No nos irán a traer una comida en pequeñas pastillas, como se ve en las películas de ciencia ficción? Mi amigo entra a la sección de preguntas de la app para hacer la consulta y recibe la respuesta en un par de minutos, diciendo que los alimentos son cocinados con microondas de convección, lo que garantiza una cocción óptima conservando el valor alimenticio. No sé por qué, pero esa conversación no me convence.

Cuando estamos a punto de buscar nuevamente al mozo para reclamar por la demora, vemos llegar nuestra comida. Todos entonces comprendemos porqué hay tan pocos mozos. Nuestra orden está viniendo en un dron. Afortunadamente una vida de accidentes me ha dejado rápidos reflejos y ese sexto sentido que me avisa del desastre inminente. Alerto a todos y busco protección debajo de la mesa justo cuando el dron se estrella contra nuestra mesa en una explosión de sopa, ensalada y platos de fondo.

Aquí fue cuando se armó el escándalo buscando al mozo, al gerente, al dueño y a los accionistas del negocio. Lo único que obtuvimos fue que el mozo nos contacte vía video chat con el encargado, quien nos pidió disculpas por el incidente y nos prometió un descuento y un postre gratis en nuestra próxima visita. Mientras mi amigo gritaba para que todos escuchen que nunca iba a volver y que no iba a pagar, nos dimos cuenta que el importe de la comida ya había sido descontado de su tarjeta de crédito a través del app, autorizado por ese asterisco que lleva a las letras pequeñas al instalar el app. Por mi parte, descubrí que también me habían bloqueado el acceso a los comentarios del app, donde pensaba poner toda la historia que estoy narrando aquí.

La velada terminó con todos nosotros sentados en la carretilla de la Tía Veneno, disfrutando de un cebiche como Dios manda, sin nada que nos recuerde que estamos en el siglo XXI. Como debe ser.

miércoles, 12 de julio de 2017

Fábula sobre la igualdad


A raíz de los últimos acontecimientos, diversas asociaciones están promoviendo una marcha en favor de la igualdad, a la que se espera que acudan miles de personas. Yo, como me considero una persona igual a los demás, he decidido unirme, al tiempo que trato de encontrar a tanta gente que en los días normales se desgañita diciendo que es diferente al resto.

Cuando llego, me uno a un grupo que parece animado, con pancartas y polos alusivos. “Hola, amigos, vengo a unirme a su grupo, ahora que todos somos iguales” digo con mi mejor sonrisa. Recibo una recepción glacial. Sólo uno del grupo se digna a contestarme. “Lo siento, señor, todos aquí somos amigos, ¿Por qué no va a otro grupo?”. “Pero si todos somos iguales, para eso es la marcha”. “Búscate tu propia igualdad” escucho decir mientras todo el grupo se va por su lado.

No me dejo amilanar por las circunstancias y veo a varios que todavía no tienen grupo. Una pareja que se está tomando selfies con el fondo de las pancartas es mi próximo objetivo. “Hola, ¿Nos tomamos fotos por la igualdad?”. La pareja parece un poco más abierta y yo les ayudo con algunas fotos. De pronto se me ocurre llamar a más participantes de la marcha para que las tomas salgan más interesantes. Llamo a gente para que se nos una y viene una variedad de gente. Allí aparecen otros problemas. La chica del selfie no quiere abrazarse con un cholito de camiseta raída y tez morena. Acérquense, para que salgan todos en la foto. Obligada, la chica del selfie le da un abrazo que trata de mantener la máxima distancia posible entre ambos. Una vez hecha la fotografía, se acerca a mí y me dice: “Hazme un favor, esta foto no la publiques”.

Ahora llega un grupito con cámaras y equipos profesionales, tratando de reunir a la gente. El jefe, al que reconozco porque en vez de hablar, grita, se me acerca diciendo “Usted, amigo, ¿Qué opina del hashtag #TodosPorLaIgualdad?” “Yo no vine por ningún hashtag, yo he venido por la igualdad”. El jefe no tiene tiempo de contestarme, pues está tratando de juntar un grupo grande de gente que grite su lema. El ajetreo se incrementa cuando llega otro equipo con pancartas de #SomosIguales y yo quedo en medio de los dos grupos, donde la gente que trata de jalarme cada cual para su respectivo lado se trenza en una batalla campal. De nada sirve que yo grite por enésima vez que si es una marcha por la igualdad da lo mismo el grupo con el que esté.

Al final, me veo en el grupo uno de los hashtag y las justo cuando las cámaras empiezan a filmar, irrumpe un grupo de homosexuales escandalosos con pelucas rubias y maquillajes exagerados que atropellan a todos para colocarse en la primera fila. Encuentro al de la camiseta raída que ha encontrado a un par de amigos tan pobres como él, y decido que me van a ayudar a avanzar. Somos rechazados violentamente por el comando gay, que empieza a gritar que somos unos homófobos que los quieren sacar de la marcha. A los que quieren sacarnos del tumulto les digo que la igualdad también es entre ricos y pobres. El vocero de los homosexuales me grita que esa es otra igualdad, que me vaya a hacer mi propia marcha, que esta es por la igualdad de géneros.

Apartado del grupo en el que estaba, comento a uno que está casualmente a mi lado que la igualdad no hace distingos de ricos y pobres, ni de géneros ni de posiciones políticas ni de razas. Una carcajada es la respuesta de mi interlocutor. “Si, seguro que a ti te gustan los negros”. Sólo entonces me doy cuenta de que estoy en un grupo con pancartas a favor de legalizar la mariguana.
Perdido y a la vez mezclado en la multitud, me junto con dos chicas a las que cuento lo que había pasado hasta el momento. Nuevamente mi relato provoca las risas de quienes me escuchan. “¿No sabes que estas cosas son así? No todas las igualdades son iguales. Hay igualdades e igualdades” me dice una de las chicas antes de perderse entre la muchedumbre.

Al final, me pregunto a favor de qué igualdad estamos marchando, porque cada grupo parece tener una propia. En ese momento se me acerca un hombre en túnica con pancarta de símbolos hindúes, felicitándome por mi presencia y diciéndome que todos somos iguales en el universo. Yo soy Adolfo Hitler, le respondo malhumorado, ¿Quieres ser igual conmigo?

lunes, 3 de julio de 2017

Tres tonterías



¿Qué hacer cuanto tienes pedazos de cuentos, opiniones varias y otras cosas inclasificables que son muy largos para el twitter y muy cortas para un post en el blog? Esperar a que se junten unos cuantos y publicarlos como miscelánea o tormenta de ideas. Aquí hay tres de los retazos que tengo acumulados.

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Un día vi a una persona sobre la baranda del puente, queriendo saltar. Me acerqué e intenté disuadirlo, pero mientras más razonaba de lo bella que es la vida, más determinado parecía a lanzarse. Al final, cansado de tratar de convencerlo, lo empujé al vacío. Es que no quiero que nadie se entere de mis fracasos.

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Viendo un noticiero de la televisión, me doy cuenta de que lo que se publica en los medios de comunicación es solo una pequeña fracción de la verdad. No quiero poner porcentajes, pero las fracciones van algo así:
- La parte de la verdad que solo conocen los directamente implicados.
- La parte de la verdad que no da rating.
- La parte de la verdad que se sabe pero que no se publica por miedo a demandas legales.
- La parte de la verdad que se oculta para proteger a algún poderoso.
- La parte de la verdad que todos saben pero que nadie se atreve a decir en voz alta.
- La parte de la verdad que no puede probarse.
- La parte de la verdad que no conviene decir al propio medio.
- La parte de la verdad que no es políticamente rentable.
- La parte de la verdad que los medios creen que es falsa.
Y solo al final, queda la parte de la verdad que se publica.

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Al despertar esa mañana, sobre la banca del parque, acompañado por el olor solitario y solidario de los árboles, Roy Web sintió el espasmo de algún animal a su alrededor. Al instante no supo de qué se trataba. Estaba solo, como desde hace mucho tiempo lo decidió. ¿Qué era? Se levantó y enjuagó su rostro con la neblina que había atrapado sus mejillas y su gran nariz. Otro ruido. ¿Dónde? Roy sabía que a esa hora era peligroso confiar en los sentidos. Por eso dijo con voz baja "dejen de joder". Se alistaba para abandonar el parque cuando lo notó: huellas de aves sobre la tierra todavía húmeda, flores rojas tendidas sobre el asfalto, que él alguna vez llamó buganvilias. Entonces lo supo. Descubrió lo que era. Había caído, en un momento de debilidad, en la nostalgia. ....
(Encontrado en internet, en un sitio al azar que mi navegador no quiso identificar con precisión)

lunes, 26 de junio de 2017

Lo que no te mata



Hace tiempo vivió en Alemania un señor llamado Friedrich Nietzsche, quien concluyó que la dificultad para deletrear o siquiera pronunciar correctamente su nombre era un anticipo de su destino, por lo cual se dedicó al estudio de la filosofía. Algo así como: Si crees que mi nombre es difícil, espera a que leas mis libros. Ignoro si Don Federico estaba al tanto de que solo con ser alemán y además filósofo ya tenía la mitad de la tarea hecha, pero igual se dio a la tarea con un entusiasmo y una disciplina admirables. Fruto de este esfuerzo fue ese famoso libro llamado “Así hablaba Zaratustra”, piedra angular de la civilización moderna, o sea que es un libro sólido, denso, pesado y duro, como corresponde a toda piedra angular que se respete.

El problema es que sus libros, y en realidad sus ideas no son para nada interneteables o fáciles de digerir sobre todo en esta generación que se conforma con Paolo Coelho y la literatura de autoayuda. Lo único que queda son unas cuantas frases, invariablemente malinterpretadas en la red. Por ejemplo, la frase “Dios ha muerto”, ha servido para justificar cualquier cosa en nombre del ateísmo. Pero Nietzsche también desarrolló el concepto del “übermensch”, que es el hombre bueno, cuya moralidad y escala de valores sustituye al Dios castigador y vengativo para impulsar la bondad en las acciones humanas. Lo malo es que la errónea traducción del término y la unión con la idea anterior termina para muchos en el absurdo simplismo de decir que según Nietsche, Dios ha muerto, pero aún nos queda Superman.

La otra frase célebre que nos dejó es “was uns nicht umbringt, macht uns stärker”, pero, claro, como lo dijo en alemán, no le hicieron tanto caso por acá hasta que lo tradujeron a “Lo que no nos mata, nos hace más fuertes”. A esta frase sí le han sacado el jugo los autores de libros de autoayuda, la han exprimido, trivializado, empaquetado y la han vendido como el remedio universal contra las penas. La influencia de esta frasecita sirvió además para cosas tales como crear el guión de todos los enemigos de Gokú, para justificar que aguantemos calladitos un montón de cosas en los últimos treinta gobiernos, y para hacer una que otra burrada a lo largo de nuestras vidas.

Yo no soy un filósofo, ni he estudiado la obra de Nietzsche, pero estoy seguro de que cuando escribió esta frase no estaba pensando en las mujeres con desengaños amorosos ni en aquellos que han tenido un contratiempo en la oficina, como si hubiera gente que de verdad se muriera por esas cosas.

Pero como esta es una página de tonterías, y ya he hablado en difícil un buen rato, me decidí a escribí y a buscar malinterpretaciones de esta frase, para ver si aunque sea por reacción, nos ponemos a investigar un poco que quiso decir Nietzsche cuando dijo lo que dijo:
  • Lo que no te mata, debería.
  • Lo que no te mata, está ganando experiencia para tener éxito la próxima vez.
  • Lo que no mata, engorda.
  • Lo que no te mata, es que falló por poquito.
  • Lo que no te mata, es lo que te dejó hecho una piltrafa.
  • Si lo que no me mata me hace más fuerte, esa diarrea me va a dejar convertido en Hércules.
  • Lo que no nos mata nos hace más fuertes, pero lo que no nos mata, también se hace más fuerte.
  • Lo que no te mata, te deja tan apaleado que luego aceptas cualquier maltrato y terminas diciéndote a ti mismo que eso te fortalece.
  • Lo que no te mata te hace más fuerte, o te deja más tonto.
  • Lo que no te mata, te vuelve insoportable pidiendo likes en facebook.
  • Lo que no te mata, te hará empezar a buscar las esferas de dragón.
  • Lo que no te mata te hace más fuerte, lo que sí te mata, pues ni modo.
  • Lo que no te mata, ya tendrá otra oportunidad más adelante.
  • Lo que no nos mata, nos hace más fuertes, excepto al Coyote, que sigue igual de flaco.
  • Lo que no te mata, te hace pedir tragos más fuertes.
  • Lo que no te mata te hace más fuerte, ahora dile eso a tu hígado.
  • Lo que no te mata, te hace más fuerte. Y yo voy a hacerte más fuerte, y si no lo logro, pues...
  • Lo que no nos mata, nos da excusa para andar presumiendo de que nos hizo más fuertes.
Al final, la moraleja de todo esto es que lo que no nos mata, al menos nos da tema para escribir esta noche…

sábado, 17 de junio de 2017

El gato que hablaba


Al llegar a mi casa, encontré un gato sentado junto a la ventana. En ese momento no se me ocurrió pensar en cómo había entrado a la casa, y por un acto reflejo, hice señas para que se fuera. “Vamos, gato, fuera, ve a tu casa”. El gato ni siquiera se dignó a mirarme y siguió observando el jardín. Ya estaba tomando una escoba cuando el gato, sin apartar la vista de la ventana, me dijo “¿Quieres dejar eso? No tengo nada contra ti y tú tampoco deberías tener nada contra mí “.

Me quedé de pie en mi sitio, como dándole la razón. En alguna parte de mi cerebro, no me parecía tan descabellada la idea de que los gatos pudieran hablar, y más bien mi sorpresa se debía a que sólo después de tantos años pudiera comprobarlo.
- Es verdad entonces, que los gatos pueden hablar...
El gato seguía observando a través de la ventana, y hablaba sin mirarme, como si hablara para sí mismo.
- Tú señalas lo obvio, como todo humano que no sabe usar sus propios sentidos y no confía en ellos. Sé que dirás que es increíble y querrás decírselo a otros humanos para que tú mismo puedas creerlo. Pero no te fatigues, nadie te creerá, porque los hombres solo creen aquello con lo que se sienten cómodos.
- ¿Entonces has venido a hablar conmigo, a compartir tus secretos?
- No te sientas especial, eres sólo otro humano para mí... He venido porque este es un buen sitio para observar. Me acerqué a la ventana para ver aquello que captaba su atención, pero no logré ver nada, sólo el mismo jardín de siempre.
- ¿Qué es lo que observas?
- Aquellas palomas. Un cazador debe siempre estudiar a sus presas... Mira cómo se mueven, se agrupan, cuáles son los lugares que usan para comer y cuáles son las ramas donde se posan... Será una buena caza hoy.
Esa respuesta me pareció cruel. - No necesitas matar a las palomas de mi jardín... Ven, tengo algo de atún enlatado...
- Los humanos creen que somos mascotas, creen que al alimentarnos nos volvemos obedientes y dependientes... Has de saber que para nosotros aceptar sus alimentos es una afrenta... Quien lo acepta es considerado entre nosotros como un ser inferior...
 - Pero hay gatos que lo aceptan... Yo he visto...
- Hay gatos sin respeto por sí mismos, no todos los gatos son iguales, así como no hay humanos iguales... He observado a los humanos... los hay ignorantes, sumisos, cobardes, vanidosos... Muy pocos de ustedes son aptos para dirigir una manada. Ahora aleja ese plato, no me ofendas, no eres digno de servirme.
- Pues esa manera de hablar es una falta de respeto, estás en mi casa. Por primera vez el gato volteó a mirarme un segundo, con los ojos casi cerrados, de una forma que era fácil identificar como desprecio.
- Humanos, siempre creyendo que poseen cosas, hasta creen que poseen a otros humanos y a otros animales. Para nosotros, ustedes no poseen nada, para nosotros, solo se posee lo que se puede defender. ¿Serías capaz de defender esta casa que dices que es tuya si otro viniera? No, lo que harías sería hablar en vez de atacar, y lo más probable es que otro humano te escuche y te deje sin atacarte. He visto humanos incapaces de defender su casa frente a un ratón, alborotarse con un insecto. Su tamaño de nada les vale. Mira esas palomas, crees que son tuyas porque están en un jardín que crees que es tuyo. ¿Podrás defenderlas esta noche cuando venga por una de ellas?
- Tal vez tú seas un gato cazador, pero la mayoría de los gatos no son como tú, son flojos, viven en nuestras casas y se la pasan durmiendo, así que ese orgullo tuyo es exagerado.
- Eso prueba lo poco que conocen a los gatos. Nosotros conocemos a los humanos más de lo que ustedes mismos se conocen. Sé que ustedes dicen que los gatos tienen siete vidas, pero entre los gatos se dice que los humanos solo usan la mitad de la suya. Miran, pero no ven; tocan, pero no sienten; oyen pero no escuchan; peor aún, no hacen caso a sus propios sentidos y prefieren creer lo que otro les ha dicho. Ustedes viven de día y duermen de noche, los gatos buscamos dónde sentirnos seguros durante el día y vivimos de noche. ¿No es cierto que me vería ridículo cazando a tus palomas de día?

Por toda respuesta abrí la ventana e hice una seña al gato para que se fuera. Me miró una última vez.
- Sé que mis palabras te ofenden, es por eso que los gatos no hablamos a los humanos. Yo no los odio, sólo me causa pena verlos tratando de ser cazadores solitarios que cazan con palabras y actitudes. Ustedes no son cazadores solitarios, son cazadores en manada, por eso se llevan bien con los perros. Recuerda eso, un humano no puede cazar solo ni defender lo que tiene sin ayuda. Busca tu manada y lograrás lo que quieras, así lo ha hecho tu especie a lo largo de tu historia. Adiós.
- ¿Qué pasará con las palomas?
- Depende de ellas. Si pueden defenderse, no podré cazarlas. Es la ley de la Naturaleza, y tú deberías recordarla más a menudo.

Cuando el gato de fue, me quedé pensando en si me habría dicho la verdad o todo había sido un engaño.
- Bah, los gatos no hablan...

jueves, 8 de junio de 2017

Mis vidas pasadas



Tratando de resolver uno de los grandes misterios de la humanidad, que es saber cómo es posible que haya gente así de tonta en el mundo, se me ha dicho que lo mío es una extraña predisposición genética, una mutación tipo X-Men, o simplemente una probabilidad casi imposible, acompañada de una innegable vocación. Otra explicación un poco más mística que ha formulado un amigo que dice que yo puedo competir con tontos de talla mundial (o sea que soy algo así como el Messi de los tontos) es que estoy pagando los pecados de mis vidas pasadas.

Debo aclarar que no creo en la reencarnación, y esta teoría me parece un insulto, un intento de quitarme originalidad e ignorar el esfuerzo que cuesta ser un tonto en una sola vida. Pero, me dicen que mi espíritu científico no puede negarse a la posibilidad, cuando ahora se ofrecen servicios de prestigiados chamanes que te hacen recordar las vidas pasadas.

Sobre el tema de las regresiones a vidas pasadas, siempre me ha parecido sospechoso que la gran mayoría de los que dicen haber tenido alguna han resultado ser personas importantes en su anterior reencarnación. Casi todos fueron de la nobleza, grandes sacerdotes, nadie dice algo como “en mi vida anterior fui campesino de la tribu de los huitotos” o “fui un mendigo que se sentaba en la plaza de Katmandu”.

Aquí en el Perú tenemos varias formas de saber lo que hemos hecho antes de nacer en este tiempo, incluyendo verificar en las oficinas estatales las deudas pendientes en el sistema financiero, donde siempre aparecen cosas que has hecho en vidas anteriores y en lugares donde nunca has estado. Pero no, mis amigos quieren probar la teoría en vivo. Obviamente, yo no recuerdo mucho de lo qué pasó en la sesión, pero me dicen que mi historia estaba tan buena que todos los presentes se revolcaban de la risa, e incluso me ofrecieron otro viaje a precio rebajado con la condición de darle tiempo a llamar gente y cobrar la entrada esta vez.

Haciendo recuento de mis vidas pasadas, resulta que soy un tonto de antiguo linaje y rancio abolengo, pues todas mis vidas anteriores han sido gobernadas por la tontería. Dicen los que estuvieron en la ocasión antes mencionada – sobre todo el que se puso a apuntar todo – que he vivido una treintena de vidas y he sido un tonto en cada una de ellas. Mi vida anterior más famosa fue en la antigua Grecia, donde fui el famoso filósofo Crísipo de Solos, que se especializaba en decir y hacer tonterías, como cuando filosofando defendía una idea y acababa argumentando en contra de sí mismo. También escribía mucho, pero nada de ello se ha conservado hasta hoy, con lo que nos hemos perdido de sus sabrosos textos. Tal vez es por eso que yo también escribo y con dos respaldos además. La última y más famosa de sus tonterías fue la de darle a beber vino a un burro para ver cómo tropezaba y caía, con tan cómicos resultados que las carcajadas le produjeron la muerte, dando origen a la expresión “muerto de risa”.

Otra de mis vidas anteriores fue la de Garcí Calatayudano, marinero español que trató de llegar al Perú a principios del siglo XVI. Y digo que trató porque nunca hubo pruebas hasta ahora de que realmente haya llegado a estas tierras. Resulta que Garcí era un tonto a quien no podía encargársele tarea tan sencilla que no pudiera hacer mal. Se dice que se hizo marinero debido a que nadie lo quería en su pueblo y un día amaneció misteriosamente a bordo de un barco. Allí se hizo conocido por el empeño que ponía en sus tareas. Le ordenaron amarrar las velas, y lo hizo con tal pasión que sus artísticos nudos no podían ser desechos. A la hora de limpiar la cubierta, descubrió las virtudes disolventes del alcohol sobre las manchas difíciles, y casi acaba con el ron antes de que los demás se dieran cuenta. El capitán del barco tomó la sana decisión de abandonarlo en el siguiente puerto, donde Garcí se las arregló para abordar otro navío, que lo llevó hasta el siguiente puerto, donde fue abandonado por razones parecidas. A poco de su llegada a Panamá ya era conocido como el marinero más tonto de Las Indias y Europa, y fue enrolado en una de las expediciones de conquista del entonces mítico Reino del Sur, con la esperanza de que fuera la primera baja contra los indígenas. Durante el viaje en barco, se le ordenó tirar redes para pescar, a falta de una tarea mejor, pero al no lograr nada, pensó que sí los gatos gustan del pescado y son cazadores, bien podría funcionar arrojar uno al mar para que cace unos pescados. El castigo esta vez fue abandonarlo en una isla que encontraron de camino. Allí sobrevivió comiendo pescado y huevos de aves hasta qué pasó el siguiente barco que lo recogió y lo abandonó igualmente en la siguiente isla. Poco a poco fue llegando cada vez más al sur, siendo ya conocido como “el naufrago”, inspirador sin duda de la historia de Robinson Crusoe. Aquí la historia pierde su rastro, pero sé ahora que la última isla en donde fue abandonado no estaba lejos de la costa, adonde pudo llegar nadando, con tan mala suerte que al llegar a la playa fue mordido por una tortuga, que le dejó una herida que al infectarse causó su muerte.

Otra de mis vidas, de gran éxito entre los presentes a la sesión de regresión fue la de Kenosuke, un samurai del señor Toshiuda, a quien le fue encargado durante la era Meiji hacer los preparativos para recibir al shogun y al embajador norteamericano, demostrando tan poca capacidad para la tarea que el maestro de ceremonias venido de Yedo se quejó ante Toshiuda de que Kenosuke “era un tonto”. Toshiuda mandó llamar a su samurai, y le ordenó seguir las órdenes del maestro como si fueran las suyas propias. La primera orden del severo maestro fue “que dejara de ser un tonto”. Kenosuke pensó durante la noche en cómo obedecer la orden y solo se le ocurrió una salida para dejar satisfecho a su señor. Al amanecer cometió el suicidio ritual sepuku. Tal gesto mereció la admiración del maestro, quien reconoció que efectivamente había dejado de ser un tonto, y la del señor Toshiuda, quien enterró con honores al samurai fiel, honorable, pero tonto.

Otras vidas incluyeron un soldado portugués muerto la víspera de una batalla por un golpe asestado por una bacinica, según confirmó después el físico del batallón; un oscuro maestro sufí llamado Abu Navid el Apócrifo; y un hijo de hacendado en Mérida que cometió el error de ganar una partida de cartas al famoso bandolero “Mundofeo”.

A todo esto, el misterio de la tontería sigue sin resolverse, la teoría del castigo arrastrado por múltiples vidas queda descartada, así como la teoría de que solo muerto se me acabará lo tonto, porque como ya hemos visto, esto seguirá hasta mi próxima vida. 

martes, 30 de mayo de 2017

¿Cómo funciona la evolución?



Leyendo algunas de las tonterías que pueblan la internet (creo firmemente que la teoría de que el 90% de lo que allí se publica es basura peca de irremediable optimismo) encuentro gente que por el ánimo de discrepar, no cree en teorías probadas hace siglos, que dice seriamente que la tierra es plana, que las vacunas no curan o que las transfusiones de sangre no salvan vidas. La más popular, con mucho, es la que niega la teoría de la evolución. Un compañero de trabajo comenzaba diciendo sobre este tema que sí ya estuviera probada no habría necesidad de seguir llamándola “teoría”. Pude entonces haber explicado la definición científica de lo que es una teoría, pero terminé respondiendo queda razón es la misma que nos hace seguir llamando “Virgen” a la madre de Jesús, aún cuando la misma Biblia dice que tuvo varios hijos, esta vez sin ayuda del Espíritu Santo.

En otra conversación (que así se ponen estas personas cuando creen estar adoctrinando) me decía que si la selección natural funcionara, se estarían extinguiendo muchas especies de animales. Golpes en la cabeza me daba tener que explicarle que eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora. Cuando llegamos al famoso tema de que el hombre desciende del mono, ahí cuando se la toman de manera personal, como si yo estuviera insultando a su abuelita. Inútil es mencionar el parecido familiar que tenemos (sí, incluso yo) con los gorilas y chimpancés, no, para él al hombre lo hizo Dios, el resto son casualidades. Además, si la evolución funciona ¿Por qué no somos mejores que en los tiempos antiguos en que se mataba por gusto y la gente hacía mal al prójimo? Debo reconocer que aquí sí me dejó sin respuesta y me puso a pensar que algo no funciona en la teoría de la evolución.

Veamos. El hombre lleva, según las investigaciones antropológicas, unos 100,000 años paseando por este valle de lágrimas, y en ese tiempo, seguimos siendo igual de bestias en muchos aspectos, solo que ahora nos vestimos mejor y llevamos smartphones en el bolsillo. No solo eso, en este tiempo la gente estúpida ya debería haberse extinguido, los feos deberían ser piezas de museo y ni qué decir de los tontos, que serían una leyenda urbana y nada más, pues todos ellos no habrían tenido oportunidad de reproducirse. Tiene que haber una explicación lógica y científica para todo esto, Darwin no pudo equivocarse tanto.

La respuesta, que obtuve después de mucho pensar, es que somos los mismos humanos los que hacemos trampa a las leyes de la evolución. En la antigua Esparta, cada vez que nacía un bebé, los ancianos hacían una revisión completa y control de calidad del producto, y si no pasaba el examen físico, el infante era arrojado del Monte Taigeto. Otro sería nuestro destino si esa costumbre no hubiera caído en el olvido, pues las calles están hoy llenas de gente que no hubiera pasado la prueba.
El otro tema es este: en las especies animales, se reproduce el más fuerte, el que tiene mejor plumaje y el más inteligente, pero con los humanos no sucede así. La respuesta es otra trampa que los humanos han creado para burlar a la evolución. El alcohol permite que hombres y mujeres sin nada en común y sin mérito alguno para el apareamiento terminen unidos y con familia.

Para los humanos, la supervivencia del más apto no consiste en ser más fuerte, ágil o inteligente que los demás, sino en tener la mejor tarjeta de crédito o el saber engañar al otro sobre su verdadera apariencia, por lo menos hasta el matrimonio, en que el hombre se da cuenta de que se ha casado en realidad con un amasijo de silicona y botox, y la mujer ha contraído nupcias no con un hombre sino con una billetera. Esta es una adaptación muy humana del darwinismo, que dice que las especies buscan la mejor forma de reproducirse.

Siendo así, me pongo a pensar cuál será el futuro de la raza humana, cuando a la gente buena y un poco tonta nos rechazan para buscar un maniquí sin sesos o una buena herencia. Nuestro destino como especie será tal vez gente materialista, adicta a los reality shows y a los Iphones, gente que no le importa el prójimo con tal de tener unos cuantos billetes en el bolsillo. Espera... ¡Eso ya está sucediendo!

lunes, 22 de mayo de 2017

El pozo de los deseos



Entre las varias historias que me traje del pueblo de Opatambo, está el del pozo de los deseos, que allá se cuenta como ejemplo de lo que puede pasar con el uso irresponsable de las facultades divinas. La historia ocurrió, como dicen allá, “Hace un montonal de tiempo, ni mi padre ni mi abuelo habían nacido”.
Era un año de sequía, en que el arroyuelo que pasaba por el medio de la ciudad estaba seco y el alcalde pidió ayuda a los vecinos para cavar un pozo que proporcionara agua a los sedientos. El lugar elegido en primer lugar estaba, por una curiosidad geográfica, dentro de los terrenos del alcalde. Se cavó mucho pero no se encontró nada, así que se tuvo que buscar otro sitio, con el mismo resultado. Al final se excavó en un sitio cercano a un antiguo puquio o fuente de agua natural, en una tierra de nadie un tanto fuera del pueblo. Sin duda los vecinos consideraron como un milagro el encontrar agua después de las primeras decepciones, así que el pozo desde el inicio tuvo una reputación de tener algo de sobrenatural. El alcalde, picado aún por no tener un pozo dentro de su propiedad, declaró que se había encontrado un pozo santo, y que como en otros lugares del mundo, se podría arrojar una moneda para que los apus proveedores de agua concedieran un deseo.

Mis informantes en Opatambo descartan categóricamente la idea de que todo fuera una treta del alcalde para levantarse unas cuantas monedas por la noche y balancear en algo su presupuesto, y más aún con lo que pasó después. Uno de los vecinos atrapó por fin al zorro que había estado diezmando su gallinero, y atribuyó el hecho a una moneda lanzada en el pozo. El hecho desató una fiebre de deseos sobre el pozo, con una lluvia diaria de monedas. Uniones de parejas que se creían imposibles, ofertas de trabajos, el fin de la sequía, no había día sin que algún hecho fuera atribuido al poder del pozo de los deseos. El cura del pueblo intervino también reclamando que los deseos eran concedidos por el poder de Dios y reclamando también que se construya una capilla en el sitio, exigencia que, ante la desidia de la gente, fue reducida a una gruta para la virgencita, la cual tampoco pudo cumplir.

Hasta aquí todavía el pozo de los deseos era una de esas curiosidades pintorescas que de vez en cuando sacuden la modorra pueblerina, pero faltaba la tragedia para que la historia trascendiera a toda la provincia. El hijo de uno de los hacendados de la región llegó para arrojar su moneda, y dicen que a los tres días justos el hacendado, ya anciano pero a quien se le auguraban todavía varios años de vida, enfermó y murió dejando la jugosa herencia al hijo que había formulado el deseo. El pueblo comprobó horrorizado que el pozo podía convertirse también en un instrumento de muerte. Durante el sepelio, aterrado secretamente por las noticias de que se había visto a sus opositores políticos rondando el pozo, el alcalde anunció públicamente que cerraría el pozo para evitar otros deseos semejantes .
Pero el alcalde comprobaría que era ya imposible detener los hechos. Todo el pueblo se opuso con lampas y palos cuando los empleados del municipio quisieron acercarse al pozo para cerrarlo. Ya la voz se había corrido en los pueblos vecinos y el pozo era más concurrido que nunca, incluso las monedas empezaron a escasear en el pueblo, que llegó a arrojar billetes “para pedir deseos grandes”.

Ante la imposibilidad de cerrar el pozo, en una reunión que se llevó a cabo en la plaza, se decidió que al menos se controlaría su uso. Se destacó a un funcionario que sería el único autorizado a arrojar las monedas en el pozo, previa declaración del deseo por parte del solicitante. De este modo se esperaba que el pozo concediera solamente deseos aprobados por la alcaldía. Pero como en cualquier otro intento de censura, la gente busca maneras de eludirla. Luego de un derrumbe que se llevó la casa de un vecino no muy querido en el pueblo, salieron a la luz versiones de gente que iba al pozo fuera de las horas de atención del encargado, y de personas que llevaban dos monedas, una para el deseo y otra para sobornar al funcionario edil. Como medida adicional, el alcalde colocó letreros a la entrada del pozo que decían cosas tales como “Aquí se prohíben los malos deseos”, “Sea responsable con lo que desea”, y “El pozo no se hace responsable de las consecuencias de sus deseos”.

 El pozo de los deseos terminó siendo alabado y temido a partes iguales. Ni siquiera el alcalde pudo librarse al final del pozo, pues después de una borrachera tropezó y se rompió una pierna, por lo que acusó a sus opositores de atentar contra su vida por medio de los poderes del pozo, y atribuyó su propia supervivencia a que había pedido al pozo sobrevivir a sus enemigos. Lo que cambió la opinión del pueblo con respecto al pozo fue la aparición de un ventarrón frío que voló techos, rompió ventanas y arrancó árboles de sus raíces. Alguien, sin duda había pedido la destrucción del pueblo, y habían librado apenas de la catástrofe. Allí fue el cura diciendo que el pozo era en realidad una treta del demonio y que las monedas arrojadas serían mejor utilizadas como ofrenda en la iglesia. El domingo, después de la misa, todo el pueblo, encabezado por el cura y el alcalde, fue en peregrinación al pozo de los deseos para pedir el deseo final. Con una moneda de oro, el alcalde, aún con muletas, formuló en voz alta y clara el último deseo: “Quiero que desde este momento, dejes de conceder deseos a esta gente que se ha mostrado indigna de tus favores, quiero que nadie que arroje una moneda vea cumplidos sus deseos de ahora en adelante, y que no vuelvas a darnos más que el agua para lo cual fuiste creado”.

Desde ese momento, no se volvió a saber de milagro alguno concedido por el pozo. Algunos todavía en el tiempo que siguió reclamaron algún evento como la intervención del pozo, pero estos hechos eran siempre descartados como casualidades. Hoy el pueblo ha crecido y el antiguo pozo está ahora en un parque pequeñito rodeado de casas, con una cerca destartalada, ya sin los famosos carteles pero todavía con una o dos monedas que pude ver en el fondo cuando me llevaron a conocerlo. Es que nunca se sabe, me dijeron los que me contaron la historia, y todavía puede ser que el pozo olvide su promesa y vuelva a conceder deseos.

Como dije al comienzo, esta es una historia que se cuenta en Opatambo para recordar que los dones divinos deben ser usados con responsabilidad, y para recordar aquella vez que un alcalde prohibió los milagros en el pueblo.

sábado, 13 de mayo de 2017

La invención del lunes


Ocurre todas las semanas. La gente llega al trabajo después del fin de semana cansada y sin ánimos, con la expresión de la derrota reflejada en el rostro, y maldiciendo al lunes. ¿Por qué tenía que ser lunes? ¡Otro lunes! ¡Castigo del cielo! y cosas semejantes se escuchan en todas las instalaciones de la empresa. Yo, por mi parte, trato de acordarme de los tiempos felices en que el lunes era solo otro nombre en el calendario, solo para recibir un golpe de dura realidad al recordar que jamás ha habido época sin lunes en toda mi vida, porque hasta las guarderías inician la semana en lunes, la escuela empieza los lunes, para que los niños aprendan desde temprano lo que significa; cuando conseguí mi primer trabajo me dijeron “empiezas el lunes” con un tono de advertencia ominosa; puedo mencionar que también en el trabajo cuando una labor es especialmente pesada o desagradable, se usa la frase “lo dejamos para el lunes”, y por esta razón el lunes es cuando tenemos que hacer los trabajos más pesados, aquellos que no queremos hacer. Y todo el mundo sabe que los lunes es cuando la gente hace no que no quiere hacer, desde los funcionarios públicos que nos dicen “regrese el lunes” hasta nosotros mismos, que para todas las tareas desagradables, los propósitos personales y todo lo que nos recomienda el médico tenemos la frase “el lunes empiezo”.

Puesto a pensar en el tema, lo que la gente en realidad odia no es el lunes, sino el hecho de que el fin de semana se acabó. Tal vez, y esto es ponerme como abogado del diablo, la intención es que el día de descanso sirva para que uno descanse y llegue al lunes lleno de energía y contento, pero la verdad es que el efecto es exactamente lo contrario. El sábado y el domingo son de descontrol total y uno llega al lunes con el cuerpo cansado, con ganas de esconder la cabeza detrás del monitor de la computadora, poner un cartelito de “No molestar” en la puerta de la oficina y esperar que el jefe esté tan cansado como nosotros y no se asome mientras estamos durmiendo. Es que en un lunes cualquiera no parece haber más ánimo que para tuitear o facebookear lo mucho que uno odia los lunes, alguien debería hacer algo, decretar una ley en contra de los lunes, que tanta baja en la productividad ocasiona.
Así que el lunes pasado, a esa hora en que todavía todos estábamos un 50% zombis se escuchó un grito desgarrador en la quietud de la oficina: ¡¿Quién fue el que inventó los lunes?! Allí fue que me puse a pensar en que esa no era una pregunta tonta, que en verdad necesitamos saber quién fue para acordarnos cada inicio de semana en nuestras oraciones para asegurarnos de que tenga un lugar preferente en el infierno. Y me puse a investigar sobre el tema.

Resulta que la semana de siete días la inventaron los babilonios, quienes decidieron consagrar ese día a la Luna, tal vez por tanta gente alunada que se veía ese día. Pero en ese entonces el lunes era un día como cualquiera otro de la semana, en que no se había inventado todavía de fin de semana ni la jornada laboral, y no existían esas connotaciones negativas. Entonces el inventor del lunes tal como lo conocemos hoy fue nada menos que Constantino el Grande, quien luego de la batalla del puente Milvio, se vio dueño del imperio romano, y con licencia para hacer lo que le pareciera, así que declaró al cristianismo como la religión oficial. Pero como los cristianos tampoco estaban muy organizados, se dio el mismo a la tarea de poner orden y terminó mezclando ideas y liturgias romanas, griegas, y arrianas, para darle forma a la iglesia católica tal como la conocemos hoy. Gracias a él se hizo el primer concilio ecuménico, se ocupó como sede papal lo que hoy es la basílica de San Juan y luego la de San Pedro, se suspendieron las luchas de gladiadores y los leones comiendo cristianos que tanto tema de películas han dado, y por último, decretó que el día santo debería ser el domingo, como primer día de la semana, en vez del sábado como último día, con lo que se formó el fin de semana como hoy lo conocemos. Y fue precisamente el primer lunes laborable en que todos los romanos después de tirarse su merecido bacanal regresaron a sus labores ojerosos y cansados, como lo hacemos hasta el día de hoy.

A Constantino debemos entonces la invención del lunes como ese día odiado por todos y en el que queramos o no, pasamos la séptima parte de nuestras vidas. Ignoro si por esta invención en este momento Constantino está en el infierno o está en el cielo por las demás cosas que hizo, que los historiadores tampoco se ponen de acuerdo sobre si es el héroe o el villano de esta parte de la historia. El hecho es que en nuestra humilde oficina se ha ganado un lugar de preferencia en el tablero de dardos, con esa cara de malvado y con todos intentando darle en el ojo, que los tenía muy grandes.

Feliz Lunes.

jueves, 4 de mayo de 2017

Hablando de Comics

Hasta Superman tiene uno de esos días.

En este tiempo he estado leyendo comics. Y como siempre, me atacan pensamientos tontos, más allá de las preguntas usuales como el por qué Hulk gusta de ponerse pantalones morados. Aquí un par de ellos:

Un tema complejo y hasta con interpretaciones psicológicas es el de Batman y el Joker, dos personalidades tan opuestas que se convierten en complementarias. El Joker con su eterna sonrisa y el Hombre Murciélago que jamás se ríe. El villano que comete fechorías por el puro placer, porque es algo que lo hace feliz, contra el héroe que lo combate como un acto de expiación, como un castigo a sí mismo o al menos como un trabajo que odia pero que tiene que hacer porque nadie más puede hacerlo. El problema es que la fábula tiene una moraleja invertida. El Joker representa la alegría del desorden contra la seriedad del deber. Si es así, es preferible ser malvado pero feliz, en vez de ser correcto e infeliz. Al final, sabemos que el Joker murió joven pero fue feliz. En cambio, Batman vivió para convertirse en un viejo amargado, como lo fue toda su vida. ¿Es esa una buena lección?

... Y hablar de cómics en la actualidad es referirse también a las adaptaciones cinematográficas de los mismos. Viendo varias de ellas, llego a la conclusión de que vivimos mejor en un mundo donde los superhéroes no existen. Si nos atenemos a las películas, la gran mayoría de los desastres de lo que nos salvan son causados por ellos mismos. El Joker fue creado por Batman, Ultron fue creado por Los Vengadores, y es Superman quien trae a la Tierra al supervillano Zod en dos versiones cinematográficas distintas, como para que no nos queden dudas. 
Pero el caso más preocupante es el del Hombre Araña. Todos sus enemigos resultan ser amigos, profesores, compañeros de trabajo o conocidos de Peter Parker. En la vida real Peter debería ser considerado un peligro público, ser vigilado estrechamente o incluso deportado para que se lleve a los villanos a fastidiar a otro lado, lo cual debería ser fácil, porque al menos en las películas, todo el mundo parece saber su identidad secreta.

¿Zona fantasma o Friendzone?

Allá por los años 60, en los comics de Superman apareció la “Zona Fantasma”, que es un lugar donde el Hombre de Acero guarda a la gente que no le cae bien. La tal Zona Fantasma es un lugar horrible, aislado, donde la gente puede ver nuestro mundo pero no puede intervenir en él, y de donde nadie tiene esperanzas de salir. O sea, que Superman se adelantó 50 años a la invención de la Friendzone. Hablando de cómo los comics se adelantan al futuro.

martes, 25 de abril de 2017

La verdad sobre los Aliens


Era uno de esos días en que estoy sentado frente a la televisión sin nada que ver. Parece mentira que esto ocurra en los tiempos de 100 canales de cable, Netflix, YouTube, DVDs y películas que amigos me copian en mi disco duro portátil, pero es así. Rodando por todas las posibilidades, me quedé mirando un programa que hablaba de la presencia de aliens a lo largo de toda la historia. Las justificaciones para esto me parecieron de lo más tontas, en verdad. El programa trataba de hacernos creer que todas las construcciones que la modernidad no puede explicar fueron hechas por extraterrestres, y que todas las leyendas antiguas son narraciones de visitas de otros mundos, todo ello narrado por un personaje con aspecto del cliché del loco que cree en conspiraciones y extraterrestres. Me quedé mirando porque el programa me dio mucha risa. Yo tengo la suerte de vivir cercano a varias de esas construcciones, y puedo afirmar que no hay nada de alien y sí mucho de ingenio humano utilizando mucha mano de obra. Machu Picchu, las líneas de Nazca y otros sitios que yo conozco que le volarían la cabeza a esos cazadores de aliens fueron hechas, estoy seguro, por mis antepasados sin ayuda de marcianos ni alfa-centaurinos.

¿Y cómo los hicieron entonces? Sé que me preguntarán los alienados. Debo responder que no lo sé, de la misma manera que tampoco sé cómo hace un mago para desaparecer un avión, sin que nadie diga que hacer eso implica el uso de tecnología extraterrestre. Lo qué pasa es que como los blancos occidentales no saben cómo hacerlo, y son incapaces de concebir que unos indios pobres los superen en conocimientos de ingenieria, le echan la culpa a los aliens, igual que cuando en la escuela veían que el niño pobre obtenía mejores notas y lo acusaban automáticamente de hacer trampa en el examen.

¿Y hay extraterrestres entre nosotros? Puede que sí o puede que no, no es una pregunta que me quite el sueño, y no me voy a suicidar ni a tener una crisis existencial si alguno sale por televisión o toca la puerta de mi casa. Lo que sí creo es que los extraterrestres no estarían muy a gusto en este planeta que solo tiene televisión en dos dimensiones, no ha desarrollado la fusión nuclear, la comunicación telepática ni la anti gravedad, deben sentirse aquí en la época de las cavernas, como nos sentimos nosotros cuando se corta el internet.
  - A ver Klaatu, por el delito de hacer grafittis de crop circle en propiedad privada, el Consejo Galáctico te condena a pasar tres meses entre los humanos, para que se te quite lo chistoso...
 - ¡NOOOOOO!

Yo creo que no es que los extra terrestres nos estén vigilando. Lo que pasa es que tienen cámaras para grabar un reality show con todas las necedades que hacemos los terrícolas, porque lo que sí tenemos son personajes como Nicolás Maduro, Cristiano Ronaldo y Kim Kardashian, que harían ese programa el primero en el rating en Alfa Centauri y en Ómicron Persei 8. Seamos sinceros, imaginemos estar en el lugar de los extraterrestres del planeta Alderaan ¿invadirían la Tierra, habiendo tantos otros planetas decentes en la galaxia? No creo que tengamos mucho que ofrecer, tal vez los chistes de gallegos o los helados de banana, que tengo por seguro que no existen en ningún otro lugar del universo.

 Y tengo la prueba de que la Tierra no es un buen lugar para sitio turístico de aliens, ni para obtener mano de obra en la construcción de la Estrella de la Muerte. Una vez caminábamos de noche por la playa en un sitio famoso por sus avistamientos de OVNIS, y yo comentaba sobre la falsedad de tales historias, cuando uno de mis compañeros dirigió mi atención al cielo. Allí estaba, una luz que se movía cambiando de color mientras hacía maniobras entre las estrellas. Inmediatamente nos pusimos a hacerle señas de saludo, de auto stop y hasta de aviso de que tiene una llanta baja. El E.T. no nos hizo caso y siguió su camino hasta ocultarse en una nube, dejándonos en condición de nativos no contactados, ni para pruebas científicas nos querían. Tú te lo pierdes, al cabo que ni quería.

domingo, 16 de abril de 2017

El nombre del negocio


En los años en que esta ciudad tenía todavía remilgos provincianos y no sabía todavía ser una metrópoli, había un comerciante que acababa de abrir su tienda de telas allá por el mercado central. Convencido de que un nombre impactante ayudaría mucho a las ventas, puso un cartel en la puerta con un nombre que a la vez era lema: “Más barato que yo nadie”. La clientela, atraída por el nombre, convirtió el negocio en un éxito en esos días en que nadie había escuchado la palabra marketing. Lo que sí se había inventado era la picardía limeña y las ganas de aprovechar una idea ajena. Un comerciante vecino puso un cartel con la misma frase en su propia puerta. Valdez, que así se llamaba el primer comerciante, fue a querellar con el imitador, amenazando con traer a la policía, al municipio y a quien correspondiera para evitar que otro se apropiara de su inspiración. El segundo comerciante accedió de mala gana a cambiar el cartel. Así, al día siguiente, apareció sobre la puerta del otro negocio el título “Más caro que yo todos”. Allí fue otra vez para el buen Valdez quejarse, reclamar y amenazar, pero todo fue inútil, pues esta vez no había legalmente nada que reclamar. El asunto fue la comidilla de la entonces pequeña ciudad, lo que era beneficioso para las ventas, al fin y al cabo. Pero otro de los comerciantes de la misma calle entendió la lección de mercadotecnia y pensó que donde comen dos, pueden comer tres. El siguiente cartel ingenioso como nombre de una tienda era “Más barato que Valdez”.

Así eran los nombres antes. Mi padre me contó una vez que cuando llegó a Lima había una conocida cantina con el nombre de “La muerte acecha” , producto sin duda de alguna historia ocurrida en el local.

Hoy ya no existen en el centro de mi ciudad nombres como estos, todos los negocios llevan nombres convencionales, con preferencia de los nombres de origen inglés bien o mal escrito. Incluso tengo la teoría de que se puede saber cuándo estamos llegando a los límites de la ciudad por los nombres de los negocios, porque allí empieza a aparecer el ingenio del emprendedor para poner un nombre original que ayude al éxito. Y es en los sitios apartados de la ciudad o en las provincias donde se encuentra el mayor ingenio para poner nombres a los negocios. He visto en mi ciudad lavados de autos de nombre “Rápidos y Brillosos”, carnicería “Los tres chanchitos”, hostal “5mentarios” y otros por el estilo. Pero donde la imaginación rompe los moldes en la cevicherías. Para el que no sabe, estas son restaurantes de platos marinos, especialmente ceviche. No es raro encontrar establecimientos con nombres como “El Pezón”, “El Pulpo Loco” o incluso “El crustáceo cascarudo”.

Como en todo, no faltan tampoco los errores. Me cuentan que en un distrito la dueña de un lavado de ropa quiso poner su nombre al negocio y colocó sobre su puerta un cartel que rezaba “Lava Gina”, pero el ingenio de los vecinos, cambiaba levemente la pronunciación hasta que todos conocían el local como “La Vagina”.

Con respecto a los nombres religiosos, no estoy seguro de si los dueños son conscientes de la ironía. Había cerca a mi casa una farmacia llamada “Señor de la Agonia”, lo cual no debía despertar buenos augurios entre los compradores y tal vez fuera una de las causas de su cierre. Más acertado era la cita bíblica en el nombre de una bodega en un pueblo que visité: “Nada me faltará”, la que sin duda debe ser una tienda muy surtida. El caso me hizo pensar que en algún lugar debe haber un taller mecánico con nombre “Nuestra Señora de la Reparación”.

Por último, debo mencionar los nombres de los chifas, la comida china que solo existe en este país. La mayoría tienen nombres chinos, que suelen ser el nombre del dueño o bien un nombre inspirador que la mayoría de la gente desconoce. Así, hay nombres que traducidos son cosas como “Mucha Paz”, “Felicidad”, o “Alegría”. A uno de ellos yo acudía con cierta frecuencia en compañía de mis compañeros de trabajo. La dueña había ya traducido el nombre del restaurante a “Suerte”, y a mí me trataba bien, tal vez porque aún conservo algunos rastros de mi antepasado chino. Pero los demás no parecían correr con la misma fortuna. Por eso decíamos que el eslogan del chifa debía ser “Si te sirven bien la comida, es Suerte”.

viernes, 7 de abril de 2017

La conspiración del café


Hace un tiempo viví una experiencia aterradora, de esas que cambian vidas y crean revoluciones. Fui invitado a una exposición de productores de café, y cometí, no sé si el error o el acierto, de asistir. En ese tiempo yo no tenía gran experiencia como consumidor, limitado exclusivamente a una taza de café con leche de vez en cuando, así que fui con gran entusiasmo y total inocencia. La exposición se veía animada (no podía ser de otra manera, ahora lo sé) y quienes atendían eran bastante amables, con una actitud de Doña Florinda repitiendo a todo aquel que pasaba “¿No gusta pasar a tomar una tacita de café?”. Yo, entusiasmado, acepté una atractiva taza de moka de uno de los más reconocidos productores del país, con todo y su dibujito en la espuma. El efecto fue inmediato y contundente, como entrar a un nuevo y fascinante mundo del que yo nada conocía hasta ese momento. Y era sólo el primer stand de la exposición. 
Con la intrepidez que da la ignorancia, fui probando café tras café de muestra de la mayoría de los stands: café expresso, capuchino, latté, orgánico, arábigo, de altura, mezclas, productos de los más conocidos valles cafetaleros, incluso ese café que es digerido y excretado por un bicho antes de ser molido, el cual era el más caro y celebrado de toda la exposición. El dato que me dio uno de mis acompañantes, de que en Italia una de las tacitas de muestra que me daban a degustar no valía menos de 3 euros me daba ánimos adicionales. Sacando la cuenta, debo haber probado unas dieciséis tazas antes de decirme a mí mismo que ya basta, estás exagerando con esto de la degustación. Recuerdo que regresé a mi casa en un estado de euforia que me tuvo dos días sin dormir, y lleno de ideas que jamás hubiera tenido estando sobrio.

Desde entonces he estado pensando en la influencia del café en la civilización occidental, para llegar a aterradoras conclusiones, descubriendo la verdad sobre la conspiración mundial del café, conspiración que por su efectividad deja en ridículo a todas las otras teorías de los iluminatis, los reptilianos, y demás. Y esta es la verdad que paso a describir a continuación:

Hoy en día es difícil imaginar una oficina que no tenga una cafetera en algún lugar. Esto empezó en los años 40, con el objeto de mantener a los empleados despiertos durante las largas jornadas de trabajo que nos impone el sistema capitalista. Anteriormente, el café se tomaba solo como una bebida caliente para soportar el frío, al igual que el chocolate. Las propiedades estimulantes del café le han asegurado hasta el día de hoy carta blanca para permitir su uso, a diferencia de otras drogas. Porque el café es una droga, como he podido comprobar personalmente el día que en mi oficina se malogró la cafetera. Ese día hubo escándalos, carreras urgentes y un síndrome de abstinencia general que duró hasta que un técnico llamado de urgencia pudo reparar la cafetera, recibiendo una ovación de pie de todo el personal por tal hazaña. Nunca he visto reacción tal cuando se malograba la impresora o cuando se cortó la electricidad en la empresa.

Por esta razón los gobiernos ocultan la información sobre los peligros del consumo del café y sus efectos a largo plazo sobre la salud, tal como se hizo por mucho tiempo con el tabaco. Pero el café es mucho más peligroso, ya que lo han convertido en una droga social sin límite de edad, todo para que los empleados puedan producir y seguir siendo explotados por las inmisericordes compañías. La conspiración está tan bien organizada que son los propios trabajadores los que defienden el statu quo que permite el libre consumo de café.

Imaginemos ahora qué pasaría si el café fuera prohibido como la coca (La comparación no es gratuita, desde hace siglos la gente de mi país masca las hojas para conseguir exactamente el mismo efecto). La producción caería en picada en todas las actividades productivas y en las de servicios, las empresas quedarían inmovilizadas todos los días durante las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde, lo que obligaría a la desaparición de las horas extra en el trabajo. ¿Se imaginan la revolución que causaría esto? Por eso las grandes potencias tratan de tener de su lado a los centros mundiales de producción de café, tratando de evitar que estos países se den cuenta del poder que tienen, de que la mayor parte del progreso mundial del último siglo se debe a uso del café.

Esta es la verdad que se trata de ocultar. Lamentablemente hay poco por hacer, ya que tenemos a todo un planeta adicto, y aquellos que han logrado sacudirse de este yugo invisible son ridiculizados y segregados por la sociedad. Esta es la verdad, el resto son fantasías conspirativas.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Frases Twitteables 43


Otra entrega de mis frases twitteables. El único comentario adicional que se me ocurre en este momento es que, habiendo llegado ya al número 43, fue buena idea ponerle la numeración en números arábigos. sería mucho trabajo para mí acordarme cómo escribirlo y para los demás leerlo. ¿Se imaginan "Frases Twitteables XLIII?"

  • Lo bueno de estar callado es que la gente cree que estoy pensando. 
  • - ¿Qué le sirvo, Don Jesús? - Sólo agua, por favor - Pero todos están tomando vino - No se preocupe, yo me arreglo. 
  • Cada cierto tiempo, alguien parece querer batir el récord de mayor cantidad de faltas ortográficas en 140 caracteres. 
  • Dicen que el dinero no compra la felicidad. Pues yo traté de la otra manera y tampoco funciona. 
  • Había una vez alguien tan malvado que se dedicaba a escribir la letra chiquita de los contratos. 
  • Mi idea de sadismo es encerrar en una habitación a un vegetariano y a un testigo de Jehová para ver quién sale vivo. 
  • Un amigo se quejaba de que sus hijos buscan animales imaginarios con el celular. Tuve que recordarle que él tenía varios Tamagotchis. 
  • Sabes que estás cerca de tocar fondo porque los que ya están allí te tratan de jalar hacia abajo. 
  • Me fui a sacar fotos para el DNI. Tendré que regresar otro día porque en todas salgo con cara de lunes. 
  • Extraño los tiempos en que entraba a Twitter para distraerme de las malas noticias. 
  • "Hizo estallar las redes", "Las redes están ardiendo". Y luego se preguntan por qué se corta el Twitter. 
  • Uno de esos días en que tú y yo nos despertamos en lados opuestos del infinito. 
  • Cuentan que una vez fui poseído por un espíritu tonto y me hicieron un exorcismo. Nunca se supo a quién fue que sacaron. 
  • Último minuto: Canadá anuncia que también va a construir un muro para evitar que los norteamericanos huyan de su país. 
  • Las personas se dividen dos clases: Los que quieren cambiar el mundo y los que quieren cambiarse de mundo. 
  • La delgada línea entre lo poético y lo cursi... La atravesaste limpiamente y con largueza. 
  • Estoy armando un pool de apuestas: Si Maduro dijo que Chávez reencarnó en un pajarito ¿En qué dirá que reencarnó Fidel?
  • Cansado de poner filtros y editar la foto en mi perfil de face, he decidido poner directamente la foto de George Clooney. 
  • - ¿Cuánto me quieres? - De aquí hasta el infinito. - ¿De verdad? - Si, pero tú en un extremo y yo en el otro. 
  • Aquí, escuchando al grillo que canta durante los silencios incómodos. 
  • Oye, tú que siempre estás criticando a los políticos que no cumplen las promesas electorales: ¿Qué fue de tus propósitos de Año nuevo? 
  • Aclarando que nunca he visto la película del Grinch, pero en cambio, he conocido a varios que podrían hacer ese personaje perfectamente.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Dédalo


Dédalo era, para los antiguos griegos el prototipo del inventor ingenioso, un Edison de las eras heroicas. Una de las varias leyendas sobre él trata de la construcción del laberinto que le fue encargada por Minos, el rey de Creta. El laberinto construido era de tan difícil salida que se decía que bastaba dar tres pasos dentro de él para perderse irremediablemente. Incluso para Dédalo la salida resultaba tan complicada que fabricó unas alas para él y su hijo Ícaro, que le ayudaba en la tarea.

Una vez que el laberinto estuvo terminado, se colocaron las alas hechas de plumas y pegadas con cera de abejas para salir volando. Dice la leyenda que Dédalo no tuvo mayor dificultad para salir de esta manera, pero Ícaro voló tan alto que el calor del sol derritió el pegamento de las alas y sufrió una caída mortal.
Hoy en día se recuerda solamente al irresponsable Ícaro como el primer hombre que voló, y se olvida a quien sobrevivió a la experiencia. Como suele ocurrir hasta hoy, el fracaso hace más ruido y es recordado más que el éxito y la responsabilidad.

lunes, 13 de marzo de 2017

Sabiduría hervida en agua


En un valle perdido entre la cordillera inaccesible, hay un pueblo en lo más alto de la montaña. En lo alto del pueblo, viven los guardianes de la sabiduría ancestral, los poseedores de los secretos de la vida, alejados de la perversidad de la civilización occidental. Para llegar a ellos se debe recorrer un camino de penitencia y purificación, a cambio de la recompensa de esa iluminación que ha cambiado la vida de quien ha tenido el raro privilegio de poder recibir sus enseñanzas. Afortunadamente, como yo soy amigo de la directora de la agencia de viajes, me hicieron una buena rebaja en el tour. De igual modo llegué muerto al final del camino, cargando mi mochila y mi cámara fotográfica, por no tener plata para alquilar un burro, que me lo cobraban como si fuera a comprarlo.

Al fin llego a la presencia del maestro. Es un anciano que parece tan viejo como las montañas que nos rodean. Su presencia es a la vez imponente y pacífica. Con un gesto me indica que puedo hacer mi primera pregunta. Y yo, que he estado pensando todo el camino en las preguntas que debo hacer, algo profundo y significativo, que parezca que soy una persona inteligente, al momento de la verdad, se me sale la verdadera personalidad:
   - ¿No tendrá un tecito caliente o algo? Porque aquí hace un frío de miércoles...

El anciano debía tener una sabiduría más allá de nuestra comprensión, y una paciencia practicada a través de sus años innumerables, porque no se inmutó con mi pregunta. Haciendo una seña a uno de sus asistentes, hizo que nos traigan un par de pequeñas vasijas de barro con un líquido hirviente.

   - Bebe de esta infusión de hierbas que aclaran la mente e impulsan el espíritu...

La verdad es que el matecito estaba bueno, me calentó el cuerpo y me animó bastante. Ya estaba a punto de preguntarle si tenía un poco de esas hierbas místicas para llevar, cuando empezó a hablar con una voz profunda y pausada. - Estás ahora más en paz contigo y muestras tu verdadero ser, porque el agua caliente revela tu carácter. Tal vez mi alma es a prueba de iluminaciones y revelaciones místicas, porque lo único que le pude responder fue un sincero “¿Qué cosa?

  - La vida y sus problemas, sus pruebas y dificultades son el agua hirviente que da forma a nuestra alma, y nosotros somos como los alimentos que se ponen en esa agua. Algunos son como las papas, que al pasar por el agua se vuelven blandos, otros en cambio, son como el huevo, que salen del agua hirviendo endurecidos. Busca entonces en tu corazón si eres como la papa o como el huevo.

La precisión de la metáfora me dejó anonadado. Nunca había escuchado cosa semejante. Este tipo sí que es sabio, no como esos que con un par de frases sacadas de internet ya se creen profundos. Ante tal demostración de sabiduría sólo había una respuesta posible.

- ¡Qué loco! 

El anciano me miró con una expresión de interrogación. Ahí me di cuenta de que lo anterior era una pregunta que esperaba respuesta, así que hice el ejercicio de imaginación de una olla caliente y yo ahí, metiendo mi alma al fuego lento y viendo qué es lo que sale.

- Maestro, creo que mi alma más bien se parece a las arverjitas, porque se cuece, pero sale más o menos igual, ni más dura ni más blanda... A propósito, toda esta charla ya me dio hambre y sigo con frío... ¿Dónde consigo una buena sopa por aquí?

- Creo, hijo mío, que tú eres una de las pruebas que me envía la vida para templar mi alma... Sigue tu camino y aplica lo que has aprendido hoy. Debes seguir tu camino, es difícil y necesitarás fuerza y voluntad, pero te verás recompensado.

- ¿Y eso que quiere decir?

- Que sigas por el caminito, pasando la curva está el restaurante de mi sobrina, allí te sirven una sopa bien sustanciosa, con su haba y su choclito, y no es muy caro. Ahora vete, que todavía hay mucha cola de gente que quiere mi sabiduría, y acá cerramos temprano...

Cuando regresé a la ciudad, me puse a contar de mi experiencia a mis amigos y conocidos, aplicando las sabias palabras.
- La vida es como la olla de sopa que pones en la candela, y tú eres como la mantequilla, que cuando la echas al agua hirviendo, te deshaces todo y ya no se te vuelve a ver...

sábado, 4 de marzo de 2017

Antes de salir


Recuerdo los tiempos en que para salir a la calle solo necesitaba abrir la puerta y salir a la calle. No era nada complicado. También era tan pobre en ese tiempo que podía dejar la puerta abierta, seguro de que nadie que entrara podría encontrar algo de valor. Ahora, en cambio, tengo que revisar si llevo mis llaves, si la alarma está activada, si la puertas está bien cerrada, si tengo el celular, si el celular tiene la batería cargada, si llevo suficiente dinero, si no llevo demasiado dinero, no me vayan a robar y a llevarse todo lo que tengo. Debo preocuparme también si llevo mis documentos y mi tarjeta de crédito, que nunca se sabe lo que se puede necesitar. ¿Tengo suficiente tiempo para lo que voy a hacer? No es elegante llegar muy temprano y no quiero dejar una mala imagen llegando tarde, por lo que debo calcular exactamente el estado del tráfico, hay una delicada línea entre el hacerse esperar y quedar como una persona impuntual. ¿Llevo ropa adecuada para el frío o el calor? Debo tener cuidado con los cambios de clima. No está demás revisar si estoy bien peinado, podría encontrarme con alguien en la calle y dar una mala impresión, sobre todo ahora que muchos se toman selfies con los amigos que se encuentran. ¿Qué más me faltaba? ¡Ah, sí! Olvidaba los audífonos del celular, me puedo entretener en el camino escuchando música, y además es la única manera de escuchar las llamadas en el estruendo de la calle. Sí, antes era mucho más fácil salir a la calle.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Freud en Opatambo


Dicen que para ser famoso e importante uno tiene que nacer en el lugar adecuado. No crean en todas las historias que se cuentan de aquellos que nacieron pobres y luego llegaron a ser grandes hombres, porque hasta para nacer pobre y triunfar uno tiene que nacer en el lugar correcto. Yo podría contar la historia de gente que he conocido y que habría sido famosa si hubiera nacido en un país donde sus talentos sean reconocidos, en una ciudad donde se le hubieran podido dar las facilidades. 
¿Han oído hablar alguna vez de Parmenio Uchupampa? Era un hombre que nació con la habilidad de descifrar mensajes secretos, su facilidad para descubrir claves y encriptaciones no ha sido nunca igualada y tal vez no lo sea nunca. Uno pensaría que con tal habilidad Parmenio estaría en la NASA identificando transmisiones extraterrestres, o en algún organismo internacional descifrando mensajes en clave del enemigo, o creando sistemas de seguridad imposibles de hackear. Pero no, Parmenio Uchupampa nunca salió del pequeño pueblo en el que nació, nunca pasó de la escuela primaria que era lo único que se enseñaba en su pueblo, nunca dejó de trabajar la tierra y en lo único que usó sus habilidades fue para que no lo engañen a la hora de vender los productos de su chacra o cuando compraba fertilizantes e insecticidas. Nunca llegó a ser descubierto por nadie, no llegó siquiera a una ciudad grande y murió sin que él mismo supiera que tenía ese don. Por eso es que su nombre es ignorado entre los grandes de la historia, Triste pero cierto.

Pero algunos nombres sí llegan a ser conocidos, aunque su fama solo trascienda el ámbito local, como Segismundo Froy, que es el nombre con el que nació nada menos que Sigmund Freud en el humilde pueblo de Opatambo, del cual ya he hablado antes. Yo sé que me dirán que Freud no nació por aquí, que era un judío austriaco y que estoy diciendo tonterías. Pues yo tampoco tengo muy claro el asunto, no sé si es una reencarnación o una vida paralela, lo único que tengo claro es que Segismundo Froy nació en Opatambo y que inventó el psicoanálisis, el que no me cree, puede preguntar en su pueblo, que allá era muy conocido, por lo que a continuación voy a dar más detalles, porque yo no miento y lo puedo probar:

Segismundo nació como dije, en Opatambo, que es un pueblito colgado de una montaña en lo más profundo de mi país, en un paisaje no muy diferente al de los Alpes de Austria, como para no ir muy lejano de lo del origen austriaco. En su niñez no era raro encontrarlo detrás del mostrador de la única farmacia del pueblo, propiedad de su padre, donde demostró habilidad para el oficio. En los pueblos pequeños alejados de todo, el farmacéutico debía tener varias habilidades. Ya que el único médico que había repartía sus consultas en varios pueblos y la falta de caminos hacía que las medicinas más simples tardaran en llegar, el padre de Segismundo hacía de médico, dentista, herbolario y veterinario, todo ello asistido por su hijo, quien demostraba talento y entusiasmo por la investigación de hierbas medicinales. Sus investigaciones sobre el uso de la coca como anestésico lo hicieron famoso en el pueblo y aún en los pueblos de la región. Aparte de esto su carácter abierto y simpático ganaba la confianza de la gente, que acudía a contarle sus problemas con la esperanza de que él ayude a solucionarlos. Fue Segismundo el que estableció por vez primera la relación entre los sueños y el estado de ánimo de las personas. La gente del pueblo consideraba divertido contarle a Segismundo lo que había soñado la noche anterior, que así logró escribir su primera obra, El Tratado de Interpretación de los Sueños, con toda una sección dedicada a los sueños provocados por una mala digestión, ignorada en las ediciones europeas, y que era tan completa que podía determinar qué sueños provocaba un pescado mal cocinado, demasiados frejoles o una borrachera con chicha de jora. Por supuesto, el médico del pueblo (quien repartía sus consultas entre varios pueblos y solo atendía en Opatambo una vez a la semana) rechazaba tal doctrina calificándola de simples invenciones, lo cual no disminuyó la popularidad de Segismundo.

En el local de la farmacia, que ahora regentaba tras la muerte de su padre, seguía interesado en escuchar a la gente. Ya que la gente parecía liberarse de sus problemas después de contar todo libremente, colocó un cartel en la farmacia de “Me alquilo para escuchar sus problemas”. El servicio se hacía en un cuartito privado con un diván para que la gente se sintiera cómoda mientras contaba sus cosas mientras él apuntaba lo más interesante en su libreta. Es de esta manera que se creó el psicoanálisis. La relación entre los problemas psicológicos y los traumas de la infancia siempre fue clara para él, ya que en un pueblo tan pequeño conocía toda la vida de sus clientes y no hacía falta preguntar demasiado. Para lo que necesitaba el consultorio privado era para las confesiones sexuales, de lo que obtenía las relaciones de estas con los problemas actuales de la gente. Su nuevo libro sobre el psicoanálisis causó un gran impacto debido a que los ejemplos que usaba para apoyar sus teorías demostraban también que la mitad del pueblo engañaba a la otra mitad del pueblo y viceversa. Esto hizo que sus teorías fueran rechazadas y se viera obligado a huir del pueblo rumbo a la capital.

Mientras se trataba en la capital de la tos de fumador que había traído de su pueblo (y de la cual falleció pocos años después), introdujo su método en los hospitales de la capital, donde fue muy controvertido al tildársele de excusas para que los médicos se queden conversando con los pacientes y argumentar que solo era una forma de enterarse de los chismes más calientes, ocupación ésta muy popular en Lima. Es por esto que cuando llegaron al Perú los más famosos psicólogos para presentar los nuevos avances en materia de psicoanálisis, fueron ignorados, tales avances eran ya conocidos en Lima gracias a la labor de Segismundo Froy.

Como dije, esto me lo contaron en su pueblo, que Segismundo Froy nació en Opatambo, inventó el psicoanálisis y que el otro, el austriaco, era un seudónimo para que la gente de Europa le crea y sus ideas tengan validez, como la tienen hasta hoy. Es que para ser famoso e importante uno tiene que nacer en el lugar adecuado.
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