sábado, 13 de enero de 2018

Frases twitteables 46



Empieza el año, dejamos de bostezar después de las celebraciones, empezamos de nuevo a trabajar, volvemos a publicar algo en el blog. El ciclo de la vida no se detiene, aunque a veces pareciera que nos da unas cortas vacaciones. Por eso mismo vuelvo a repasar lo publicado y me doy cuenta de que hace tiempo que no pongo frases twitteables. Aquí va la última descarga de tonterías.
  • ¿Alguien sabe de alguna ONG que nos ayude a nosotros los tontos?
  • Se mencionó en una conversación la caverna de Platón, y recordé que hace tiempo que no vengo al Twitter. 
  • De cuántas cosas me he perdido por no saber decir: ¿Me repite la pregunta? 
  • Explicando la teoría de la evolución, un mono miró con tristeza y me preguntó: ¿Y qué fue lo que hicimos mal? 
  • Desde que asistió a aquel seminario de asertividad, para dormir ya no cuenta ovejas, cuenta tigres. 
  • La lección de hoy. Históricamente, votar es un deporte extremo. 
  • Cuando Sócrates dijo "Conócete a ti mismo" no se refería a tomarte un montón de selfies para saber cómo eres. 
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche... - No, no puedes. 
  • Tengo un amigo que (sospecho) dice no saber inglés para poder criticar: Donde decía "Lady Jazz" leyó "ladillas". 
  • Oído en el bus: No, el éxito no lo ha cambiado, es que ahora ya no oculta lo que es. 
  • Cualquier tonto puede.... , lo difícil es... Fue entonces cuando me di cuenta que soy un tonto original.
  • Colocado en la agenda: "Mañana va a ser un día de mierda". 
  • Dicen que los esquimales pueden distinguir 30 tonos de blanco. Y yo que siempre he tenido ganas de preguntarle a uno de qué color es el caballo blanco de Napoleón. 
  • No quiero imaginar que dentro de un par de siglos se diga que viví en la misma época que Paulo Coelho. 
  • Una vez alguien me dijo que había llegado a contar hasta el infinito y que nada, es un número como cualquier otro. 
  • Cansado de enviar botellas al mar sin respuesta, el náufrago envió la ubicación de la isla como un mapa del tesoro. Lo rescataron ese día. 
  • Mi idea de serie: La pandilla de Scooby Doo entra al congreso y cada semana atrapa a un político y le saca la máscara al final del capítulo. 
  • Una de mis resoluciones de Año Nuevo era no esperar hasta diciembre para cumplir mis metas. Fracaso. 
  • Que alguien me explique por qué la cola de los diferentes es más larga que la de la gente normal. 
  • ¿Quién conoce de alguna persona que haya tenido éxito siguiendo una receta para el éxito? 
  • Veamos. El amor es ciego. La justicia es ciega. Sí, creo que eso explica algunas cosas. 
  • No importa en qué país vivas, a las mismas cosas dirán “Esto sólo ocurre aquí”. 
  • Yo que antes preguntaba quién me ha robado el mes de abril, ahora quiero saber quién se ha llevado mi 2017.

martes, 2 de enero de 2018

Cómo empezar un 2018


Con un poco de calma después de la tormenta de las celebraciones, saludos y abrazos, escribo algunas líneas antes de que se me pase la inspiración.

¿Cuántos saludos por navidad y año nuevo han enviado? ¿Y cuántos fuera de las redes sociales? Es tan fácil mandar un mensaje por Facebook o WhatsApp que ahora (y siempre) vale más una llamada personal o mejor aún, un abrazo en persona. Que sea este uno de los propósitos de este año.

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Estamos todavía en los días de los primeros. El primer amanecer, el primer café, el primer día de trabajo, el primero de algo que hacemos siempre, pero que ahora parece diferente porque es el primero del año. En el fondo me parece más de lo mismo, seguimos con las mismas cosas. Yo anotaré y publicaré cuando ocurra algo que no pasó en el año anterior.

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Ya otras veces he comentado de lo poco que duran los propósitos de año nuevo. Este año será diferente, este año por fin haré esto. Pues yo empezaré a divulgar uno de los secretos de la vida: si hay que cambiar algo, cualquier día es bueno, no es necesario esperar a que empiece el 2018 ni el 2019, ni el año nuevo chino ni el cumpleaños, escojamos cualquier día como el día internacional del cambio de vida.

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La última. En estos días de deseos de cambio, veo dos tipos: lo que quieren cambiar y los que desean que cambie el resto de la gente. Los primeros se rinden los primeros días al darse cuenta que no era tan fácil. Los segundos se decepcionan en la primera semana porque no comprenden que el mundo no cambia mágicamente en dos días sólo por cambiar de año. Solo unos pocos se esfuerzan por cambiar ellos y cambiar el mundo. Esos son los que valen.

Feliz 2018.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Navideñas


El niño Jesús nació
en el portal de Belén,
la estrella de sumo bien
a los Magos le alumbró.
El mundo resplandeció
con pitos y panderetas,
bajaron siete cometas
a ver este nacimiento,
los altos del firmamento
que abrieron para la fiesta.

Los fieles del Redentor
acuden muy presurosos
a presenciar el hermoso
regalo del gran Señor.
Adiós a nuestro dolor,
válganos la penitencia,
hagamos la reverencia
en este humilde portal
porque envuelto en un pañal
vino Dios a la existencia.

 Gloriosa la noche aquella
cuando la Virgen sufrió
y al mundo un hijo le dio más claro
que una centella.
Bajáronse las estrellas,
cantaron los pajaritos,
sabiendo que Jesucristo
venido a cristianizarlos
y por amor a salvarlos
con su dolor infinito.

 Ahí está la Virgen pura
al lado de San José,
con el niñito son tres,
se miran con gran ternura.
No ha habío ni habrá dulzura
más grande en intensidad
que la de la Navidad
cuando bajó de los cielos
a darnos su gran consuelo
el Dios de la cristiandad.

(Violeta Parra)

viernes, 15 de diciembre de 2017

Mahoma en la montaña


Si Mahoma no puede ir a la montaña, la montaña va a Mahoma. Desde hace mucho que he escuchado esta frase, pero no siempre he entendido lo que significa. A veces lo interpreto como que cuando hay que hacer algo se hace de una manera u otra. Quieras o no quieras, acabarás en la montaña. Otras veces pienso en que ya que Mahoma vivía en el desierto, de repente le daban miedo las montañas y sus seguidores le trajeron una para que le vaya perdiendo el temor. Habrá sido algo así, yo supongo:

- Maestro Mahoma, somos su equipo de campaña, vamos a planificar la agenda de la semana.
- Está bien, ¿Qué tenemos?
- Hay una invitación a la montaña para el martes…
- No, no, a la montaña no…
- Pero Maestro, tenemos allí un club de fans muy fuerte, y nos lo llevan pidiendo desde hace tiempo.
- Nones…
- La montaña es muy bonita, hay mucho verde y bonito clima, yo fui de vacaciones el año pasado y me fue muy bien…
- He dicho que no.
- ¿Qué tiene de malo la montaña? Yo nací allí, podemos ir a donde mi abuela, que hace un queso de cabra muy rico…
- Que no.
- Maestro, que la montaña se va a sentir despreciada…
- La verdad es que no me gusta la idea de ir hasta allá.
- ¿Y qué hacemos entonces? ¿No va a querer que se la traigamos?
- Eso sí podría ser…

Ahora que la información es tan fácil de conseguir, me he puesto a investigar de dónde salió esta frase, sabiendo que en ninguna de las biografías oficiales de Mahoma se encuentra referencia a alguna ocasión en que no pudo ir a la montaña. Buscando en la Santa Wikipedia, que tiene todas las respuestas, encuentro en que la famosa frase la inventó Francis Bacon, ya mucho tiempo después, cuando Mahoma ya estaba muerto y no podía decir nada para defenderse. Y si él pudo, yo también puedo inventar mis variaciones a la frase, a ver si a mí también me queda algo bonito:
  • En un universo paralelo, Mahoma sí llegó a la montaña. 
  • Hay días en que todo se te viene encima. Y todo porque Mahoma no pudo ir ese día a la montaña.
  • Mahoma, estamos esperándote aquí en la montaña. ¿Puedes venir o no?
  • Si Mahoma no puede ir a la montaña, pues él se lo pierde.
  • Si Mahoma no va a la montaña… Sus razones tendrá…
  • ¡Alto! ¿A dónde está usted llevando esa montaña? – Es para Mahoma, que no puede ir…
  • Me fui a la montaña para no ver a Mahoma. Total, él nunca viene hasta aquí.
  • Tengo tan mala suerte que para un día que voy a la montaña, resulta que se ha ido a ver a Mahoma.
  • Yo tenía una casa en la montaña, pero un día Mahoma no pudo venir. Ahora tengo una casa de playa.
  • Si Mahoma no puede ir a la montaña… ¿Es por arresto domiciliario o impedimento de salida?
  • Oye, Mahoma ¿Este finde tu esposa si te deja ir con nosotros a la montaña?
  • Se hace entrega delivery de montañas. Preguntar por Mahoma.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Diciembre


Como todos los años, en esta época del año, ha empezado diciembre. Y es en estos días en que la gente toma conciencia de que el año ya se acaba y empieza a portarse diferente haciendo una rutina especial que se repite todos los años con pocas variaciones.

Digamos que diciembre empieza igual a cualquier otro mes, con gente en Twitter escribiendo “ya empezó diciembre”, como si los demás no tuviéramos calendarios. En la primera semana ya se empiezan a notar los cambios. El sol aparece con mayor fuerza cada día, para anunciar que el verano se acerca, para desesperación de muchas mujeres que buscan ahora las ofertas de gimnasios y la forma de quedar con un bronceado veraniego antes de que empiece el verano. De pronto, la demanda de bocadillos de media mañana y media tarde disminuye a la mitad, impulsada por las declaraciones públicas de dieta. Hasta yo le entro al juego, después de sacar la cuenta de lo que voy a engordar entre navidades y Año Nuevo.

Es en estos días en que aparecen en la oficina las convocatorias al concurso de nacimientos y decoración navideña. Me alegro de ya no tener la responsabilidad de comandar el grupo este año, no me gusta pasar otra vez por el trance de empezar como tío amistoso y terminar como comandante nazi del personal del área.

En la segunda semana aparecen los avisos y correos anunciando en la oficina el juego del amigo secreto. Yo, que he tenido suerte variada en los últimos años, sólo me queda esperar que me toque alguien con un mínimo de gusto que me regale algo que pueda usar. Y lo mismo aplica al regalo que yo tengo que comprar. Estas noches debo afinar los detalles de mi plan para que me toque esa arquitecta y poder darle uno de esos abrazos apachurrantes que se están convirtiendo en mi marca personal.

Los niños son los que más se entusiasman a la llegada de diciembre, porque es el último mes del año, llega la navidad y los regalos, previo tormento de la semana de exámenes de fin de año. Por esa misma razón, los padres temen a este mes, en qué hay que gastar para los regalos de los hijos. La televisión no ayuda, pues esta también es la época en que la publicidad de las grandes tiendas nos ataca por todos lados, al punto que los avisos promocionando el juguete de moda parecieran ser la única programación.

Pero no solo los juguetes nos acechan a la vuelta de cada esquina, los juguetes para adultos también están a la orden del día. Televisores y celulares tienen también su temporada alta en estos días. En un prodigio de obsolescencia programada, hasta mi propio celular se ha negado a trabajar para que compre el último modelo que me durará un año exacto, hasta que caduque la garantía.

Conforme se acerca la quincena, se notan ya los rostros nerviosos del personal, todos haciendo planes y sacando cuentas para decidir el destino de la gratificación de fin de año. Aprovechando la ocasión, aparecen también los que quieren obtener alguito vendiendo pequeñas artesanías y bocaditos, rifas y colaboraciones diversas. La gratificación no puede salir de esta oficina, parece ser la consigna.

La última semana es el desmadre. Nadie se concentra en el trabajo, todos están pensando en el viaje a su tierra, en la visita de los parientes y en los preparativos de la cena navideña. La euforia de navidad da paso a la euforia de Año Nuevo hasta que termina el mes y el año apenas sobrevivientes a la aventura que ha significado este 2017. Como dije al comienzo, es una rutina.

lunes, 27 de noviembre de 2017

La lucha contra mí mismo


¿Mencioné alguna vez que no creo en las frases de autoayuda? Y el problema no son solamente las frases, sino la gente que cree haber encontrado en ellas el secreto de la sabiduría en pequeñas cuotas. Una de estas personas es hoy la encargada de Recursos Humanos en la empresa donde trabajo. Esta persona es una convencida de que dentro de sus funciones está la labor de bombardearnos todas las mañanas con una frase extraída de internet y enviada por el correo corporativo a todos los empleados.

Ante tal situación, ya he respondido más de una vez al dichoso correo expresando mi opinión y dejando en claro que todas las frases de Will Smith que nos envía son falsas, informándole de la opinión que tienen de Jodorowski en su propio país, incluso sugiriendo algunas de mis frases twitteables, que son más apropiadas a los ires y venires dentro de las oficinas. Muy poco caso me ha hecho.

Solo en una ocasión la tal frase diaria me ha dejado pensando. Hoy no recuerdo textualmente la frase, pero era algo así como “Para triunfar, debes vencerte a ti mismo cada día”. Veamos ¿Cómo hago para vencerme a mí mismo? Aquí empecé a pensar seriamente en el tema.

Primero me puse a pensar en el enemigo a vencer. O sea yo. Nunca me había detenido a pensar en que soy mi propio enemigo, yo que me llevaba tan bien conmigo mismo. ¿Qué pude haber hecho para pelearme conmigo? Alguna tontería, sin duda. ¿Vale la pena combatir por una tontería? Mirándolo bien, todas las guerras han empezado así, por lo que tengo que admitir a mi pesar que tengo causas justificadas. Ahora pienso en el enemigo, y me doy cuenta de que el desafío no es fácil. Mi oponente es tan fuerte, ágil y preparado como yo. Ya sé que eso no significa mucho, porque es de mí de quien estoy hablando, pero de todas maneras representa un reto para mí. Tal vez me vaya mejor si elijo las armas del ingenio y la inteligencia. Nuevamente no tengo mucho que ofrecer. Empiezo a pensar que es fácil vencerme, y eso me llena de esperanzas. O de pesimismo, según como lo mire.

Una vez definida la estrategia, me siento listo para el combate. Lógicamente, no me revelaré mi estrategia, no sea que yo me entere y pueda planificar el contraataque. La lucha que tiene por escenario mi mente (es que allí hay mucho espacio) está a punto de empezar.
Cuando veo a mi oponente, comprendo la razón de esta pelea, de verdad tengo un aspecto que da ganas de golpear. Sin embargo, mi plan es esperar a que ataque primero y usar el contraataque. Me doy cuenta de que yo he tenido la misma idea porque los dos nos quedamos quietos esperando la arremetida.

Durante varios minutos he estado esperando mi ataque hasta que decido que es el momento de atacar. Yo pienso lo mismo y corro al ataque. Me ataco con furiosos golpes, que respondo con otros igualmente furiosos. La pelea es difícil. Por cada golpe, recibo uno igual. No puedo sorprenderme, porque puedo anticipar cada golpe. Asesto puños, patadas, ataques, rodillazos, cabezazos, codazos, llaves, hasta que se me acaban los sustantivos. La pelea es pareja, pero no me rindo, el problema es que yo tampoco me doy por vencido y sigo luchando. La lucha se hace enredada porque entre tanto golpe, ya no sé quién está golpeando a quién.

Ante la dificultad de vencerme, decido atacar mi espíritu. Eres un tonto, no puedes vencerme, me digo. La treta me está resultando, porque empiezo a desanimarme, ahora me veo de rodillas, pero no puedo acabarme porque estoy desanimado. Caigo al piso y yo también. Ambos nos damos cuenta que no puedo vencerme y que si insisto en luchar conmigo, solo podré obtener un empate. Lo bueno es que no seré derrotado, lo malo es que no podré vencer. Me levanto y me ayudo a levantarme, vamos por una cerveza, me digo, lo cual es lo mismo que yo estaba pensando.

- Ingeniero, ingeniero ¿Se ha quedado dormido? ¿En qué estaba pensando?
- No es nada, estaba viendo esta frase que han mandado por el correo…

viernes, 17 de noviembre de 2017

Frases obsoletas


Hay frases que ya no deberían decirse, pero que seguimos escuchando, tal vez más por costumbre que porque reflejen realmente la realidad. Una de estas frases es la de “El capitán se hunde con su barco”. Esta frase proviene, sin duda, de los tiempos antiguos en que l gente viajaba en barco y los capitanes eran gente honorable. Cuando había un accidente, tal como un choque con un arrecife, con otro barco o tal vez un ataque de piratas, el capitán organizaba la defensa y el rescate, y se aseguraba de que todos estén a salvo antes de abandonar el barco. Cuando esto no era posible, prefería no sobrevivir a la pérdida, antes de verse señalado el resto de su vida como el capitán que perdió su barco. Así se decía entonces cada vez que alguien a cargo permanecía en su puesto ante una posición desesperada o una causa perdida. Yo siempre oponía este dicho al otro que dice que las ratas son las primeras en abandonar el barco, hasta que llegaron los tiempos actuales, en que ya no sabemos quién es el capitán y quienes son las ratas. No tengo los datos históricos exactos, pero me parece que el último capitán que se quedó en el barco mientras se hundía fue el del Titanic. Y esa fue justamente la extinción del género. Ahora, los capitanes abandonan el barco sin pudor alguno a la primera señal de peligro, y más de uno ha demostrado tener más olfato que las ratas a la hora de anticipar el desastre. No quiero ponerme a hablar de política, pero hubo una vez en que el capitán dejó el mando del barco a las ratas mientras el barco se hundía, lo cual hubiera sido cómico si no fuera porque los pasajeros éramos todos nosotros. Y esta es historia cierta, no importa en qué país me estén leyendo.

Hablando de frases obsoletas, hace años, en los barrios populares, cuando se dudaba de la integridad de alguien, la frase que se escuchaba siempre era “Yo soy pobre, pero honrado”, o el plural de “Aquí somos pobres, pero honrados”. Es que siempre se pensaba que los pobres eran los que cometían los delitos, y que la “gente honorable” eran los de la clase media para arriba. Ahora los tiempos han cambiado y los delitos se han democratizado, si es que no fue así desde el comienzo, y son los ricos a los que vemos cargar con todo lo que pueden, sin importar la decencia y las buenas costumbres. Son ahora los ricos los que deberían defenderse del prejuicio de clase diciendo: “Soy rico, pero honrado”.

Una última, aunque no venga tan a cuento. Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras. Hagamos un poco de matemáticas. Si yo veo un video a velocidad normal, es decir, a 24 imágenes por segundo, me vale más que 24,000 palabras. Esto significa que en una película de 90 minutos, o sea 5,400 segundos, lo que he visto vale más que 5,400,000 palabras. Esto es más de las que tiene la Biblia, solo por poner un ejemplo. Sin embargo, al ver una película no me siento más culto por haber leído tanto. Por lo tanto, esta frase también deberíamos considerarla como obsoleta. Y ni siquiera he hecho la distinción sobre si la película está en HD o 4K, lo que sin duda debería valer más de 1,000 palabras por cada imagen.

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