domingo, 24 de mayo de 2015

Recortados


De vez en cuando no se me ocurre nada para escribir, y recuerdo que de vez en cuando recorto pedazos de posts ajenos que me han gustado muchos para casos de emergencia como éste. Dejo entonces algunos recortes para ganarme indulgencias con avemarías ajenas.


Fuego a discreción

"No pude evitar buscar el cuerpo de otros años. Aquel, el de entonces, estaba moldeado a mí manera, obedecía a mis decisiones y caprichos. Ahora, la lucha, si se trataba de eso, se establecía de igual a igual."

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Personajes
Fueron varios los personajes que pasaron por mi historia durante este tiempo. A algunos les quedó grande el papel de protagonista, hubo otros que ni siquiera aprobaron el casting, a uno se lo comió el personaje y no volvió a ser lo que era antes, e incluso hubo uno que no se animó a subir al escenario. Por supuesto no faltó el que no se sabía el guión e intentó apelar al chamuyo. Mientras pasaban todos estos actores por el escenario de mi vida, yo estaba ahí sentada en primera fila viendo cómo se me pasaban las horas y la obra no iba tomando forma, parecía que el día del estreno no iba a llegar nunca. Y acá estoy esperando ver cómo se resuelve el tercer acto...

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Primavera
Hay una primavera nueva allá afuera, que busca esconderse tras nuestra música. Déjala entrar, déjala que invada aquello lleno de polvo de invierno... lleno de polvo que no sabe sobrellevar el recuerdo... que la vida es eso, agarrar la guitarra improvisar y volver otra vez a tocar.

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Una Aventura
Serían las 6 y poco ante meridiem. El metropolitano madrileño acababa de abrir , entre el silencio de unos vagones vacíos y sus contrarios, él y ella habían coincidido solos en uno; paradójicamente. Ella jugaba con sus pies; a él le dio por mirarla. Y, cuando la chica se dio cuenta, le dio por soltarle un “tú qué miras”.
Supongo que la situación no pudo ser ni más etílica, ni más espontánea, ni más… El “tú qué miras” de ella, acompañado de una lobuna e involuntaria sonrisilla en su pequeña fisonomía, hizo que los labios del muchacho tradujeran a sus ojos: “Tienes una mirada preciosa”.
Terminaron por sentarse juntos. Ni se habían visto nunca ni tenían intención de hacerlo nunca; así que prefirieron no compartir ni sus nombres. Sí los besos. Ya en Cuatro Caminos, ambos bajaron. Él la acompañó a ella y, en un portal de forja mal cerrado, la despidió con diecisiete besos y un cómico “¡puta loca!”. Como si él no lo estuviera. 

lunes, 18 de mayo de 2015

La chica de la curva


Dentro de las reuniones que tenemos de vez en cuando para aliviar la lejanía del hogar, siempre en algún momento la conversación se vuelve hacia las historias de fantasmas. En uno de mis primeros trabajos, uno de nosotros contó la historia del tesoro enterrado, otro la de los duendes que roban niños, yo contaba aquella del antimonio, al pedirle a una de nuestras compañeras, ingeniera ya de edad madura, que cuente su historia, accedió a relatarla, con la siguiente aclaración: “Esta no sé si es una historia de miedo o de fantasmas, pero lo que sí es cierto es que la gente se asusta mucho al escucharla. Es raro que cuando se cuentan historias de fantasmas, la gente la cree, pero cuento ésta nadie es capaz de creerla. La contaré, y ustedes decidirán si la toman como verdadera o no”. Así empezó su relato, el que trato de reproducir aquí:

Hace ya varios años, yo era la representante de ventas de una importadora de repuestos, la que me obligaba a viajar por todo el país. Visitaba asientos mineros, cooperativas en el interior, plantas de producción en la selva. Cada vez que creía conocer todos los caminos y pueblitos, llegaba el pedido de una visita a algún sitio desconocido, un viaje en camioneta por un camino lleno de recovecos en el cual era muy fácil perdernos. Y eso fue lo que pasó una vez en que iba a unos molinos de mineral con un técnico que a la vez me hacía de chofer, y eso era una suerte, porque yo le tengo miedo a los caminos de la sierra, como todos saben. En el camino ya se nos había tarde cuando una piedra cayó del cerro y rebotó en el capó. El golpe hizo perder el control al técnico, que chocó con una peña al borde del camino, doblando la rótula de la camioneta, además de darnos un golpazo y un susto de muerte.

Sin saber exactamente dónde estábamos, tratamos de mover el carro fuera del camino, pues no teníamos triángulo de señalizar, se hacía de noche, estábamos cerca de una curva y un chofer desprevenido nos podría chocar, agravando nuestra situación. A duras penas pudimos mover la camioneta lo suficiente, pues el eje estaba casi en el piso. El técnico salió a ver si había algún poblado cerca o alguien que nos pudiera ayudar. Yo me quedé a descansar, porque en el choque me había golpeado la cabeza y me había hecho un chichón que empezaba a verse feo. Después de una hora estaba sola e inquieta, ya se había hecho de noche. En ese tiempo solamente había pasado un carro por el camino, pero no pude reaccionar a tiempo para pedir ayuda y se fue antes de que pudiera salir del carro. Ahí fue que me di cuenta también que la camioneta había quedado oculta por unos arbustos y que nadie que pase nos vería. Me pareció que lo mejor sería esperar afuera por si pasaba alguien más. Después de un rato vi las luces de un auto y salí al camino. El carro casi frena en seco al verme. Eran dos técnicos del molino, que me hicieron pasar al asiento trasero, lleno de paquetes y bolsas. 

Ahora sé que tenía un aspecto terrible en ese momento, golpeada, pálida y asustada. Sé también que la forma en que les conté nuestra peripecia no fue la mejor. Recuerdo haberles dicho literalmente que nos habíamos sacado la mierda contra una roca, recuerdo también que ya que faltaba todavía un poco para el molino, descansaría un poco, porque estaba muerta. Así fue, cogí un costalillo que había como cobija y me recosté un rato. No debo haberme quedado dormida más de unos minutos, pero cuando desperté, estaba sola en el carro, las puertas delanteras abiertas. Me asusté inmediatamente y bajé del carro, dándome cuenta recién en ese momento de lo tonta que había sido al subir al carro, y lo fácil que hubiera sido para ellos abusar de una mujer sola en un descampado. Así que traté de ocultarme hasta que vi a los del carro regresar subir de nuevo y emprender la marcha. Afortunadamente ya se veían las luces de un pueblito y llegué después de unos pocos minutos de caminata. Allí encontré a mi técnico, peleando en un almacén por el precio de unos alimentos que pensaba llevarme. Ya se había comunicado con nuestra oficina, había hablado con un mecánico con camioneta (no encontró grúa) para recogerme y remolcar  nuestra camioneta. Cuando me vio y supo cómo había llegado, no podía creerme y me habló de historias de mujeres que habían sido violadas y asesinadas por abordar el carro de un desconocido.

Pasé la noche en un albergue del pueblo, en un cuarto con doble llave y poniendo un armario en la puerta como tranca, así de asustada estaba. Al día siguiente regresé a la capital por indicación de la oficina, por el susto y para que me vieran la contusión que tenía en la cabeza.

Una vez en la oficina, después de unos días de descanso, no salí de viaje por un tiempo, mitad por recomendación de mi jefe, mitad por mi propio susto. Pasados más de tres meses, uno de los compañeros que acababa de llegar de viaje al molino al que yo nunca llegué, me vino con la noticia. En el molino le habían contado la historia de dos técnicos que hacía poco habían recogido a una mujer blanca en el camino, que se sentó en el asiento de atrás, les dijo que había muerto en un accidente en una curva, que ellos no le habían creído y que se habían reído de eso hasta que cuando voltearon la chica ya no estaba. Bajaron del carro pensando que la chica había saltado del carro o se habría caído, pero no encontraron nada, y cuando llegaron pueblo y al molino preguntaron si alguien había visto a una mujer blanca con sangre en la frente. Les respondieron que no había nadie, solo un chofer que se le había malogrado la camioneta en el camino, pero que ya se la habían llevado a la ciudad.

Al terminar el relato, todos los presentes nos quedamos callados, sin saber qué decir ni qué pensar ¿Era verdad todo aquello? Nuestra compañera insistió en que todo era verdad, que le había ocurrido hace años. Uno de los ingenieros dijo que la historia de la chica de la curva había ocurrido en otro país, hace bastante más tiempo, pero nadie podía decir a ciencia cierta el origen de la historia. Nuestra compañera terminó diciendo lo mismo que dijo al empezar: que sabía que no le íbamos a creer, y que era una historia de fantasmas más increíble que todas, porque era la pura verdad.


Yo no quiero afirmar ni negar nada, tal vez sea cierto o no que una vez conocí a la chica, o al fantasma de la curva. 

martes, 12 de mayo de 2015

Frases twitteables 36



  • Hay personas que pensaron merecer una placa en un monumento, y no llegaron ni a epitafio en una losa.
  • La gente le decía “Eso no puede hacerse” pero él lo intentó de todas maneras. Cuando lo logró, lo arrestaron. Es que hacerlo era ilegal.
  • Algo que aprendí del Principito es que hay tristezas hermosas.
  • Un niño interior es útil en esos momentos en que te dan una de esas explicaciones que entendería hasta un niño. 
  • Dios nos hizo a su imagen y semejanza. Ahora resulta que soy una copia pirata. 
  • La vida es una oferta válida hasta agotar existencias.
  • No sé qué calendario estoy viendo, pero parece jueves de resurrección.
  • La mañana siguiente, al barrer las rumas de papel de regalo en la sala, encontramos los regalos que no le habían gustado a los niños. 
  • Ya regresé. Fue un viaje de huida y vuelta.
  • Si el tiempo es dinero, ¿Significa que hay que darle dinero al dinero? 
  • Estoy pensando en convertirme en abogado del diablo. Dicen que pagan bien. 
  • Piensa que en el futuro, estos serán los días a los que referirás al decir “Todo tiempo pasado fue mejor”. 
  • Tengo un espejo que se ríe de mí cuando no lo estoy mirando. 
  • Este año pasaré mis vacaciones en la playa de un mar de dudas. 
  • El karma es algo así como patear una pelota y que el rebote te caiga en la cara. 
  • No sé cómo hacen los náufragos de hoy para meter un SMS en una botella. 
  • Mi niño interior aún le tiene miedo al monstruo debajo de la cama. 
  • Hay gente que no sabe a dónde va, y aun así pierde el rumbo. 
  • Si me dieran un dólar por cada vez que trabajo, tendría un trabajo. 
  • Los anaqueles de la farmacia se iban vaciando, y nadie se dio cuenta hasta que ya no hubo remedio.
  • En la fiesta de los fantasmas, todos querían ser el alma de la fiesta. 
  • El criminal nostálgico siempre regresaba a la escena del crimen. Qué tiempos aquellos. 
  • No importa si ya todo está dicho, tal vez aún quedan nuevas formas de decirlo. 
  • La verdad está allá afuera, en lo alto de la colina. 
  • Quiero escribir un palíndromo y sale esto: Tonto de la Colina, a Nilo calé, dot not. 
  • No confío en la oscuridad. Quién sabe qué está haciendo mi sombra cuando no la miro.
  • En lo que tardas en sacar la cámara y enfocar, el momento feliz que querías retratar en el selfie ya pasó. 
  • Una vez vi a una persona reírse mientras leía la Biblia. Se mereció mi respeto.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cuando John conoció a Yoko


Repasando historias para alimentar el alma, redescubrí, pues no la leía hace tiempo, la historia de cómo John Lennon conoció a Yoko Ono. La historia fue más o menos así:

En 1966, John Lennon atravesaba por un bajón existencial, que el mismo describe como la época del “Elvis gordo”. En ese tiempo es invitado a una exposición en Londres.  No tenía idea de quién presentaba la exposición, solo sabe que se trata de arte moderno y eso basta. El ser un Beatle tiene muchas ventajas, y una de ellas es que puede entrar antes de que la exposición se inaugure oficialmente, lo que le permite ver las cosas sin la muchedumbre y en relativa tranquilidad. La exposición es lo que hoy llamamos un “happening”, una exposición dirigida a provocar una reacción en la gente, más que una muestra de arte por sí misma. En ella John Lennon encuentran una escalera que conducía a un cuadro en el techo. Una lupa se ofrecía también para ver el pequeño detalle del cuadro. John subió la escalera, tomó la lupa y leyó las pequeñas letras en el techo. Era la palabra “Sí”. 
Según declaró más tarde, le impresionó encontrar un mensaje positivo, si hubiera dicho “no” o algo como “vete a la mierda”, se hubiera marchado. Pero este era un mensaje positivo. Algo que en ese momento Lennon necesitaba. En ese momento fue cuando se interesó en conocer a la artista que había creado aquello.

El resto de la historia es más conocido. Por eso es que quiero detener la historia en este momento. El mundo ahora no parece tan diferente de aquella ya lejana noche. Veo a mi alrededor noticias negativas, la gente parece empeñada en querer demostrar que lo que creemos que es bueno en realidad es malo, se trata de rescatar lo malo, mucha gente trata de dar valor a la violencia, a la opresión, a las bajas pasiones, y como en aquella exposición en Londres, el mensaje positivo está escondido, hace falta subir a una escalera armado con una lupa, tan pequeño es el mensaje. Pero una vez encontrado este mensaje, siento que la visita ha valido la pena. 

Juntémonos, aquellos que tratamos de entregar mensajes positivos, que cada día parecemos más escasos. Como John y Yoko, podemos empezar otra vez una cruzada por la paz, más necesaria ahora que en los años 60, quién lo duda.

Criticar es tan fácil que cualquiera puede hacerlo, como lo demuestra una rápida visita a Twitter o a un foro de noticias. Sacar un mensaje positivo, y peor aún, publicarlo, es algo que solo hacen los valientes o los tontos. Nos hace falta un John Lennon que cante en voz alta “Dad una oportunidad a la paz”. Piénsenlo.

jueves, 30 de abril de 2015

Lugar de citas


Hoy estoy un poco flojo. Y para no dejar de publicar algo, en esta ocasión hago y cortar y pegar de algunos posts antiguos que vieron la luz hace tiempo ya, así que es probable que los que entren aquí no los hayan leído. Esto me sirve, además de autobombo, para rescatar párrafos sueltos que se defienden solos, como se puede ver. Disfruten y recuerden.

Los búhos tienen fama de gran sabiduría, tal vez por la mirada de profesor universitario que tienen. Claro, nunca he visto a ningún búho resolviendo ecuaciones complejas en una pizarra, pero eso no quita la justicia de la opinión de la gente.
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- No necesitas explicarme el valor de la literatura… Una vez un libro me salvó la vida.
- Es que el arte nos ayuda a vivir y enriquece el espíritu…
- No, vendí ese libro y el dinero me salvó de un gran aprieto…
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El principio de incertidumbre postula que la observación influye en la velocidad y en la posición de una partícula. Hoy he presenciado la demostración. Apenas ese policía se puso a observarlo, el taxista que me llevaba bajó la velocidad.
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Ser Dios no es fácil. Hay que estar en todas partes. Si alguien te pregunta algo, tienes que saberlo todo, y hay que ver la de tonterías que pide la gente. Claro, se es todopoderoso, pero eso no significa que uno siempre tenga ganas de hacer las cosas.
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Sé que te mereces un poema, una epopeya, una novela épica, siquiera un tomo con 30 rapsodias o un libro de versos alejandrinos. Sé que la Divina Comedia se quedaría corta de palabras ante ti, pero por ahora, te enviaré un mensaje de texto.
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¿Nos volveremos alguna vez tan adictos a la internet que preferiremos ver un arco iris o una puesta de sol en la pantalla de la computadora en vez de salir a la calle a verlo con nuestros propios ojos? Lo peor: Parece que ya está empezando a ocurrir.
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...Dicen que Alonso Quijano era un hombre sabio allá en su pueblo, pero no tenía el reconocimiento de sus vecinos. Solamente cuando perdió la cabeza y se convirtió en Don Quijote, fue conocido y celebrado por el mundo entero. Porque la sabiduría no basta, hay que agregarle la locura.
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Puedo afirmar, sin temor a equivocarme en más de un 10%, que estoy 97% seguro de que mis respuestas son 82% válidas, dentro de un margen de error del 12% sobre un universo equivalente al 53% de la población que influye en la opinión del 23% de las personas que considera al 99.9% de la gente incapaz de dar una opinión adecuada sobre el 50% de las cosas. Y eso es una verdad estadística. (Estadísticas)

sábado, 25 de abril de 2015

El sapo equivocado


La historia no es como la cuentan los libros infantiles. Al menos no lo es totalmente. Es verdad que había una princesa, y es verdad que había un príncipe convertido en sapo. Lo que no han recogido esas historias es que la magia residía no en el sapo, sino en la princesa. La princesa tenía el poder, otorgado sin pedirlo e ignorado por ella misma, de convertir en humano a aquel a quien diera un beso de amor. La leyenda de aquel príncipe castigado por su orgullo y condenado a tomar la forma de un sapo era solo el complemento de la historia.

Aquella tarde en el estanque, el príncipe lamentaba tener que vivir atrapando moscas con su lengua cuando llegó la bella princesa. El príncipe le habló, pues no había perdido la facultad del habla, y le contó sobre el cruel hechizo. Nada le dijo sobre el hecho que no se le había dicho nunca cómo revertir el embrujo, y que los demás animales le habían hablado sobre la leyenda de la princesa que tenía la facultad de convertir en humanos a los animales con un beso. Porque los animales también tienen leyendas y cuentos de hadas que no comparten con los humanos, que no comprenden que la magia no se limita a la gente, y que también afecta a los animales y a las plantas.

Quedaron en que la princesa regresaría a la tarde siguiente a besar al sapo, cumpliendo la promesa dada, que un miembro de la nobleza no puede romper. Pero algo pasó poco antes de la hora acordada, no se sabe bien qué pasó exactamente, algún contratiempo, tal vez una serpiente que apareció en el estanque y que hizo ocultarse a todos los batracios, quizá pasó que era un día nublado y no se veía el sol y el principesco sapo no podía saber a ciencia cierta si la hora de la cita ya había pasado. Lo que sí sabemos es que la princesa acudió puntual a la cita y vio a un sapo sentado sobre una de las piedras que afloraban a la superficie del agua. Incapaz de diferenciar a un sapo de otro lo tomó por aquel con el que había hablado el día anterior y lo cogió para besarlo. El sapo se encontró de repente rodeado de unas manos pálidas, largas y duras. Se vio cerca de un rostro liso y pecoso, horroroso para los gustos de los sapos, y protestó croando enérgica e inútilmente, pues los humanos no comprenden el idioma de los animales. De nada sirvieron los intentos de zafarse de ni sus quejas. La determinación de la joven, su deseo de acabar con la tarea lo antes posible y el desconocido poder de transformación hicieron el prodigio de transformar a un sapo en hombre.

El verdadero príncipe vio como la princesa se marchaba con un desconocido con dirección al castillo para no volver jamás. No se supo, pues la historia no lo cuenta, si el príncipe hizo algún esfuerzo para aclarar el error, para llegar al castillo, o si se conformó con su suerte el resto de su vida como sapo.
El sapo tomado por príncipe tampoco tuvo muchas oportunidades de aclarar el error, pues no conocía todavía el lenguaje de los hombres, circunstancia que los demás atribuyeron a ser un príncipe de un reino lejano y que hablaba otro idioma. Más tarde decidió callar, presa del temor de todos los animales de ser muerto por los humanos, que matan a todos los animales que no les son útiles.

Hoy la princesa se ha convertido en reina y el sapo se ha convertido en rey, casado hace ya muchos años con quien lo convirtiera en humano. Pero aún extraña su vida como sapo, sin más preocupaciones que cazar algunas moscas con las que alimentarse, sin tener que ocuparse en cuestiones de protocolo, en problemas de estado y sin tener que convivir con los humanos de piel dura y blanca, que no gustan del agua ni del placer de croar en las noches de luna. Ha vuelto varias veces al estanque de donde saliera una vez, pero ya nadie lo conoce allí, y el príncipe que debió ocupar su lugar no ha vuelto a aparecer, devorado tal vez por una serpiente o aplastado por algún niño travieso que escapó de la escuela. No puede hablar con los animales del campo y preguntarles si conocen un beso mágico, una caricia o un pellizco con la facultad de retornarlo a su condición original. A nadie puede contar que la magia estaba en realidad en la princesa y que él era simplemente un sapo equivocado en un estanque equivocado.

lunes, 20 de abril de 2015

Y el dinosaurio seguía allí


Había una vez, un escritor. Y un dinosaurio. Allá por los años 50, Augusto Monterroso escribió un cuento muy corto, al grado que es imposible de citar, sino que se debe copiar completamente, no sé qué problemas le habrá ocasionado este detalle con el tema de los derechos de autor, porque mucha gente no lo cita sino lo transcribe completito. El cuento en mención es el famoso “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.” Ya ven, lo tuve que copiar completo. El mérito de Monterroso es haber escrito este cuento antes de que existiera el twitter, antes de que la gente supiera lo que es un microcuento, y antes de que la gente se la diera de escritor redactando una línea desde su celular. No sabemos a ciencia cierta si Monterroso pensaba realmente alcanzar la inmortalidad con solo siete palabras, no sabemos si esto era simplemente una broma a sus amigos, al editor o al público, porque una vez impreso, el texto deja de pertenecer al autor y queda en manos del público para su análisis y disfrute. El escritor ya no podrá arrepentirse, no puede cambiar ni una letra del cuento, el cual quedará hasta el fin de los siglos tal como está.

Después de la popularización de este el primer microcuento, este ha sido analizado innumerables veces, y se han hecho las pruebas necesarias para comprobar que es en realidad un cuento, Mucha tinta ha corrido sobre el cuentito de una línea, clasificándolo como relato fantástico, ironía política, la descripción de un sueño y no sé qué cosas más. La verdad, como escuché alguna vez, es que en realidad se refería a un amigo suyo a quien se referían de ese modo, y que una vez lo cuidó en el difícil momento en que pernoctaba de una borrachera. Pero esa es la magia del cuento, y lo que nos convence de que es en realidad una pieza literaria, pues cumple con el principal propósito de todo cuento: Hace volar la imaginación del lector.
A mí, por ejemplo, me pone a pensar en que el dichoso dinosaurio no era uno de los carnívoros que salen en Jurassic Park, pues de lo contrario el autor no habría despertado, o lo habría hecho dentro de la panza del dinosaurio.

Al leerlo, me queda la impresión de que en algo los latinoamericanos le ganamos a los anglosajones, con este tremendo avance de la literatura que a ellos no se les ocurrió. Y es una suerte, me imagino que de haberlo escrito un norteamericano le habrían dado el premio Nobel, los editores le habrían pedido una secuela o una precuela, y con seguridad ya habrían hecho una película basada en el cuento, tal vez hasta una miniserie. When he woke up, the dinosaur was still there. No sé, creo que el cuento pierde mucho en la traducción.

Mucha gente, viendo al cuento tan corto, se ha dedicado a completarle la historia, a agregarle cosas, a citarlo incorrectamente. Las variaciones son numerosas, principalmente aquellas que convierten el cuento en un alegato político, tipo “Cuando despertó, Fidel Castro todavía estaba allí” o “Cuando despertó, el PRI todavía estaba allí”. Como prueba de ello, he juntado algunas versiones mezcladas con las de mi propia inspiración: 
  • Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Tuvo que esperar que terminara en la TV la maratón de Godzilla para que se fuera.
  • Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí, pero la ciudad ya no.
  • Cuando despertó, el dinosaurio ya se lo había comido.
  • ¡¡Vilma!! ¡¿Qué te dije que hicieras con el dinosaurio para cuando yo despertara?!
  • ¡Buenos días, dinosaurio! ¿Sigues aquí?
  • Quisiera tener la paciencia del dinosaurio, que cuando despierto sigue ahí.
  • ¡Mierda, Dios! ¡No has acabado con los dinosaurios aún!
  • Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Tuvo que abrir la puerta y sacarlo a pasear.
  • Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. ¡Qué tal resaca!
  • Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Entró al baño y descubrió que el dinosaurio también había estado allí.
  • Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. - ¡¿Cómo te atreves a hablar así de tu esposa?!
  • Cuando el paleontólogo despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Había que devolverlo al museo antes que se den cuenta.
  • Ya no sé qué hacer para que el dinosaurio comprenda que la fiesta ya terminó. Tal vez si me voy a dormir entienda la indirecta.
  • Cuando Noé despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. No insistas, no vas a entrar, le dijo.
  • ¿Control de plagas? Sí, soy yo de nuevo, les llamo otra vez por el dinosaurio ¿No pueden hacer algo?
  • Ya pues, dinosaurio, ya te dije que te fueras ¿Por qué no haces caso?
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