sábado, 19 de abril de 2014

500 historias


El día de hoy se cumple un hito especial en este blog. Esta es la entrada número 500 desde que empecé a publicar aquí, lo cual me da la excusa para algunas divagaciones sobre lo que un Tonto de la Colina ha estado haciendo aquí todo este tiempo. Obviamente, cuando empecé este blog, en un día hoy tan lejano que ahora me cuesta creer que en realidad sucedió no pensé que llegaría hasta hoy. Tal como las historias antiguas, las circunstancias y el momento exactos en que empecé a escribir estas páginas aparecen borrosos y modificados por el recuerdo y cuando a uno le preguntan desde cuándo escribe en el blog, la respuesta será “desde siempre”.
Recuerdo que empecé esto como una buena manera de dar rienda suelta a mi imaginación, como una manera de demostrarme a mí mismo que podía escribir las historias que siempre rondaron por mi cabeza. Luego el reto fue mantener la regularidad en la publicación. Al inicio, como supongo que a la mayoría le pasó, publicaba un relato tan pronto terminaba de escribirlo, hasta que caí en la cuenta de lo esporádico de la inspiración. Entonces decidí establecer una frecuencia fija y dejar las historias en el almacén de los borradores hasta que llegara su tiempo. Poco a poco esta frecuencia se fue acortando: 15 días, 10 días, 7 días. En mis mejores tiempos llegué a publicar un post cada 4 días, ritmo que hoy he reducido a seis, periodicidad que me permite escribir cómodamente.

Aunque no todos los posts que he publicado aquí son historias, me gusta pensar que incluso las imágenes y los videos musicales que he puesto de vez en cuando son también relatos a su manera. Porque me gustan las imágenes y las canciones que narran una historia. Hay historias ajenas de esas que me hubiera gustado escribir y que también he publicado aquí. No olvido tampoco a las frases twitteables que aparecen también aquí de vez en cuando. Estas son microhistorias, pedazos de historias que a veces he desarrollado hasta convertirlas en un nuevo post, una nueva historia. ¿Qué hay en común en estos 500 posts que han aparecido aquí? Quiero creer que cada uno es una historia que deja algo al lector: Una lección, una sonrisa, un pensamiento, todo ello, en los mejores casos.

Normalmente escribo todas estas cosas sin pensar en el lector, y solo al final me pongo a pensar si aquellos que llegan a esta dirección lo entenderán, lo entenderán como quise que lo entiendan o se quedarán pensando en qué quise decir con esto o aquello. Por eso presto atención a los comentarios que recibo. Algunas veces me he sorprendido al ver que alguien ha encontrado algo que yo no había visto al leer una de las historias y lo comparte conmigo. Tal vez solo un comentario del tipo “Me gustó mucho” basta para que yo relea lo que he escrito y encuentre algo nuevo en un post al que quizá no encontré muchos méritos al escribirlo.

Debo admitir que los blogs han cambiado desde que empecé esta aventura. Antes esta era la única forma de podía insertar videos y publicar pequeñas frases. Ahora el Facebook y el twitter son mejores en estos aspectos. Y los blogs han vuelto a ser lo que fueron en el comienzo: lugares donde poner mis historias, las cosas que me ocurren y las cosas que se me ocurren, un reflejo de lo que pienso en el momento. Una de mis hasta ahora 500 historias.

Y es cierto que de vez en cuando me gusta releer nuevamente mis posts antiguos con la misma curiosidad con que leo los relatos ajenos, como imagino a mis lectores leyendo por primera vez un cuento recién publicado. Encuentro fallas, incongruencias, razonamientos incorrectos. Por eso uno de mis últimos pasatiempos es revisar mis posts antiguos, desde los primeros hasta los últimos, y agregarle párrafos, corregir errores de redacción, completar ideas con los comentarios que recibí en su momento, cosas que pasé por alto y que ahora recuerdo. No sé todavía muy bien qué hacer con estos relatos revisados. Algunos de ellos los he vuelto a publicar en mi página de Google + con mi verdadero nombre, con el ánimo de recibir nuevos comentarios.
Por mientras, y mientras me dure la inspiración, seguiré escribiendo aquí, aunque tenga cada vez más la impresión de que el blog es una actividad en decadencia, al ver otras páginas que seguía y que ya han dejado de actualizarse. He hecho, como decía, la prueba en Google +, quiero encontrar una buena forma de publicar estos relatos en Facebook, quiero encontrar una forma de que estas historias sobrevivan un tiempo más.

Tal vez haya espacio en algún lugar para otras 500 historias.

lunes, 14 de abril de 2014

En lo alto de una columna


Hay momentos en que uno, cansado del mundo, decide alejarse, aunque no lo logra. Siempre queda alguito que te amarra y te deja conectado a la gente, pues nadie está solo, aunque lo intente. Esta vez, y como historia para esta semana santa, voy a contar la historia de uno de los tontos famosos que hace mucho que no cuento. Es la historia de Simeón.

Hace muchos años, cuando la Edad Media era todavía muy joven, Simeón era un niñito que pastoreaba ovejas en los campos cerca de Tarso, en lo que antes era Europa, pero que hoy es Siria. Un día escuchó un sermón en el pueblo cercano que hablaba de Dios, para enterarse que Jesús de Nazaret se consideraba también a sí mismo pastor de ovejas y consideraba a la pobreza como una virtud. Esto fue una revelación para Simeoncito y decidió dedicar su vida a la oración. Pronto daría abundantes muestras de que en cuanto tomaba una decisión la llevaba hasta las últimas consecuencias.
Conocedor de que había un monasterio de anacoretas enclavado en una montaña cercana, fue a pedir su admisión, deseoso de iniciar una nueva vida. Los monjes no le aceptaron en ese momento, considerándolo apenas un mocoso malcriado. No sabían que tenían que vérselas con un mocoso verdaderamente testarudo. Simeón insistió e insistió hasta que lo aceptaron, llegada la edad en que uno pasa de ser un mocoso y se convierte en un mozalbete.
En el monasterio pronto se hizo conocido por su afición de llevar las cosas al extremo. Era el primero en levantarse, hacer sus deberes, hacer las oraciones y sobre todo las penitencias. Aprendió a leer y se aprendió de memoria los 150 salmos, que repetía todos los días en voz alta.
Durante la cuaresma, que era su época favorita del año, se negaba a probar alimento y se dedicaba solamente a la oración, a tal punto que hasta el abad del monasterio le reprochó la exageración y le sugirió salir al mundo para servir mejor al Señor, y también para que su ejemplo no contagie a los demás monjes, ya que Simeón se había hecho popular debido a su piedad.

Por un tiempo Simeón se instaló en una cueva, imitando a los monjes ermitaños. De allí salía de vez en cuando a predicar, cosa que hacía tan bien que pronto no necesitó ya salir, pues venían a buscarlo multitud de personas ansiosas de consejo y de bendición. Simeón gracias a su vida piadosa y su prédica luminosa se convirtió en algo así como el rockstar de la cristiandad. Los peregrinos y la gente de los pueblos le iban a buscar a todas horas, a pesar del difícil acceso de su cuevita, sin dejarle tiempo para la oración y la reflexión.
Buscando una manera de orar en paz pensaba en qué era más inaccesible que una cueva en el desierto, hasta que se le ocurrió una brillante idea. Mandó a construirse una columna de tres metros de alto con una pequeña plataforma en el tope y se instaló allí. Pero los admiradores aún trepaban para pedir autógrafos, bendíceme la estampita, aconséjame si debo casar a mi hija y cosas por el estilo.  

La idea de la columna es buena, pensaba Simeón, pero falta afinarla un poco. La siguiente columna que habilitó (gracias a la incondicional ayuda de su club de fans) era de siete metros. Esto todavía era insuficiente, así que la próxima y final era de 17 metros de alto. La subida fue muy difícil, pero solo necesitó hacerla una sola vez, ya que Simeón no bajó jamás y pasó el resto de su vida encima de la columna. No sabemos si esta altura le pareció suficiente o si no consiguió una columna más alta. Desde allí predicaba a todos los que se congregaban alrededor. Sus seguidores organizaron todo para que Simeón se sintiera cómodo: Había un servicio de delivery para la poca comida con que se alimentaba, atendían con una escalera a los fieles que eran permitidos de conversar con él y evitaban que los fans no autorizados treparan a la columna sin permiso.

Con todo, la vida de Simeón no era fácil. Después de todo, vivir en lo alto de una columna era una penitencia por los pecados del mundo, que al igual que hoy, se porta muy mal, oiga usted. Había que soportar el frío de las noches y el calor del mediodía. Un ventarrón podía bajarlo de la columna por la vía rápida y la lluvia molestaba mucho cuando caía. También estaban los detractores, que lo hostilizaban desde abajo, tratando de hacerlo bajar.
-  ¡Simeón!
-  ¿Qué queréis?
-   ¡Baja inmediatamente!
-   Nones, aquí estoy tranquilo…
-  ¿Por qué te gusta estar allá arriba como pájaro aliquebrado?
-   No es que me guste, es que allá abajo fastidian mucho…

Además, Simeón no pudo dejar de enterarse que le aparecieron varios imitadores, cada cual en su columna. Los monjes estilitas, como se les llamaba, se pusieron de moda, aunque no todos con igual éxito. Algunos pagaron caro una mala ubicación de la columna y fueron impactados por un rayo, cayendo en el descrédito y también de la columna. De todos modos, la mayoría de la gente todavía prefería al original.


La fama de Simeón se expandió a toda Europa. Su columna se convirtió en punto de peregrinación, y los imitadores se multiplicaron al punto de que cada ciudad quería tener a su propio estilita. Sus prédicas sobre muchos temas eran escuchadas con interés, no estoy seguro pero creo que de allí salió el término “columna de opinión”, pues incluso lo solicitaban para interceder en pleitos entre personas.

Cuando Simeón murió, sin haber bajado jamás de su columna, fue reconocido como hombre sabio, a quien acudían altos dignatarios en busca de consejo. Quedó entonces como ejemplo de los sabios que en el mundo han sido y que han buscado alejarse del mundo, no como los de ahora, que se mueren si se les cae el Facebook. Algo exagerado para irse a vivir hasta arribota de su columna, pero ejemplo al fin para la gente como yo que al menos tiene su colinita desde dónde opinar.

miércoles, 9 de abril de 2014

El tren Fantasma


Eli salió corriendo de su casa. Había llenado la mochila de cualquier manera, apuntes, lapiceras, viandita del almuerzo. Ya se le hacía tarde y tenía que ir a trabajar y no olvidarse de los apuntes de su clase del día porque después del trabajo tenía un parcial. Corrió a tomar el subte en Federico Lacroze.
¡No podía perder ese tren y sintió el golpe de las puertas cuando se cerraban a sus espaldas!
El vagón estaba repleto y trató de no alejarse mucho de la puerta porque bajaba en Pueyrredón.
Poco a poco el tren tomó velocidad, lo normal. Pero tuvo la sensación de que sucedía algo raro.
       — ¿Cómo, no para en Dorrego?— le preguntó a un muchacho que estaba junto a ella. Éste la miró con mirada ausente y no le contestó.
Lentamente la sensación de irrealidad se apoderó de ella. ¿Por qué el tren iba cada vez más rápido? ¿Por qué no paraba en las estaciones? ¿Y dónde estaban las estaciones? No había estaciones; el tren tomó un túnel que ella no conocía, con extrañas bifurcaciones mientras la velocidad aumentaba continuamente. Sólo existía el túnel bordeado de caños y cables.
Quiso preguntar a otros pasajeros. Cuando los miró se dio cuenta de sus miradas petrificadas; nadie hablaba, los chicos estaban quietos en brazos de sus padres, las miradas perdidas y los rostros de todos cada vez más grises a medida que la luz del tren se hacía más tenue y la velocidad cada vez más intensa.
¿Qué eran estas personas?
Aterrada dijo: ¡Por favor, en dónde estamos! ¿Cuándo vamos a parar? Parecía que nadie escuchaba, como si estuvieran en otra dimensión.
A inmensa velocidad, vio una luz al final del túnel. La máquina se fue deteniendo y llegaron sin novedad a la estación terminal, Leandro Alem. Instantáneamente las luces del tren recuperaron su intensidad normal y los rostros de los pasajeros recuperaron sus expresiones humanas. Todos recogieron sus cosas, las mamás tomaron de las manos a sus hijos  y salieron al andén. Eli hizo lo mismo.
La chica, que debió haber bajado en la estación Pueyrredón, tomó su celular y se comunicó con su trabajo:

— Sí, mirá, tuve un problema de transporte, voy a llegar tarde.


Esta es una historia de las que encuentro perdidas en internet, y que reproduzco aquí para esos momentos en que mi inspiración amerita una distracción. El original se encuentra en http://laboratoriocentral.blogspot.com/2013/08/el-tren-fantasma-nelida-rabetzky.html 

viernes, 4 de abril de 2014

Frases twitteables 28

  • - ¿Qué libros te llevarías a una isla desierta? - ¿Qué es un libro?
  • Las vueltas de la vida. Como cuando estás hablando del clima y sin darte cuenta terminas criticando al gobierno.
  • De tanto deshojar margaritas, las van a declarar en peligro de extinción.
  • No era un zombie. Es que no tenía dónde caerse muerto.
  • Era tan tonto que no corría el riesgo de que lo mate la mafia por saber demasiado.
  • La gente que cree que usamos solo el 10% de nuestro cerebro solo usa el 10% de su cerebro.
  • Lo bueno de escribir literatura fantástica es que si tienes errores ortográficos, puedes echarle la culpa a un hechicero malvado.
  • Harto de buscarlo en todas las bibliotecas y librerías antiguas, escribiré mi propio Necronomicón.
  • ¿Para qué hacerlo perfecto, si puedes hacerlo complicado?
  • Si lo haces fácil, le encontrarán fallas. Si lo haces confuso, todos asentirán como si entendieran.
  • Algún día se reconocerá el valor de una servilleta como medio de expresión.
  • Doctor, deme una nueva tarjeta de test de Rorschach. Esta está toda llena de manchas.
  • -¿Qué ve en estas manchas? - Las letras E, D, F, M... ¿Qué, este no es el examen de la vista?
  • Escapar no es escapar si sigues viendo tu facebook, twitter o skype.
  • Si no he desayunado ¿Puedo publicar la foto de un plato vacío en el Facebook?
  • Verdad científica: A lo largo de su vida, una persona pierde 187 días desenredando los cables del audífono.
  • Acabo de aplastar a una araña con un tomo del Código Civil. Es decir, le apliqué todo el peso de la ley.
  • El conocimiento es poder, le dije al noquearlo con una enciclopedia.
  • Dime con quién anclas y te diré quién eres. Antiguo dicho marinero.
  • Al que madruga, Alá lo ayuda. Antiguo proverbio árabe.
  • - Una imagen vale más que mil palabras. - Prefiero las palabras.
  • Con un "No te quiero" bastaba. No hacía falta el auto sin frenos, ni la pistola, ni el veneno.
  • Cada vez que me devuelven un libro, me devuelven también la fé en la humanidad.
  • - ¿En qué piensas cuando escribes? - Si pensara, no escribiera.
  • Cebollas no, por favor, que me pongo sentimental.
  • ¿Quién dijo que John Lennon está muerto? Si yo lo escucho todos los días.
  • Paseando en una tienda, me pregunté cuándo fue la última vez que vi un juguete a cuerda.

domingo, 30 de marzo de 2014

El cementerio de robots


Camino en medio de las enormes pilas de chatarra con el dueño del depósito, quien me sirve de guía. Yo pensaba encontrar solamente montículos informes de chatarra y partes irreconocibles, pero esto es muy diferente: brazos, piernas y cabezas aun con la piel artificial colocada, que se ve sucia y desgarrada, haciendo que parezcamos circular entre montañas de cadáveres. Hasta ese momento, nunca me había preguntado qué pasaba con los robots que son reemplazados por modelos más avanzados.

-          Hay que tener cuidado al caminar – Me dice mi acompañante, mientras alista una larga barra de acero – A veces los robots atacan a los visitantes – Al preguntar cómo es que pueden atacar, me explica:
-          Desde que salieron los robots con baterías autorrecargables, se ha vuelto un problema, los robots obsoletos tienen aún carga cuando los traen aquí, y tratan de mantenerse funcionando.

En ese momento justo, uno de los brazos alcanza mi pierna, sujetándola fuertemente, haciéndome trastabillar. El dueño del depósito clava la varilla en la articulación, liberándome. Se escucha un grito apagado, el brazo estaba unido todavía a un pedazo de tórax y una cabeza. El grito es tan humano que me espanta, haciéndome retroceder, y a mi acompañante soltar una carcajada.
-          No se asuste, le dije que aquí pasan estas cosas…
-          ¿Por qué no desconectan a los robots antes de llegar aquí?
-          Es muy difícil apagarlos, señor, tienen pequeños servomotores en las articulaciones, y las baterías son autorrecargables, como le dije… Además, solo es cuestión de tener un poco de cuidado, ¡Mire, aquí hay otro! – Sin darme tiempo a reaccionar, asesta una estocada con la varilla a un robot que intentaba incorporarse. El robot cae atravesado. Al caer inerte, su mano es estrechada por otra mano robótica. La cabeza a la que pertenece la mano queda mirando con tristeza a su compañero.
-          ¡Los robots! ¡Están sufriendo!
-          No – me responde el dueño - es solo su programación de sentimientos artificiales…
-          Pero…
-          ¿Usted también es de los que creen que los robots tienen sentimientos? No, es solo programación, no es tan difícil programar sentimientos artificiales… Por ejemplo, si un robot detecta una situación de peligro para alguien a su alrededor, modificará su expresión para mostrar tristeza y buscará en su banco de datos alternativas de solución, como la que acaba de ver… Las bases de datos están cargadas con miles de situaciones en las que deben mostrar alegría, ira, tristeza… Si la situación no está en su banco de datos, mostrará sorpresa… No es tan difícil...

Un robot, semienterrado en la chatarra, trata de estirar un brazo mutilado. – Ayúdeme – Dice casi en un susurro. Esta vez la varilla le atraviesa justo en el ojo.
-          Hay que apagarlos, los robots pueden ser traicioneros… Una vez, me llegó un  robot autorreparante, tomó piezas de otros robots y juntó baterías para poder levantarse… Cuando me di cuenta, ya estaba atacándome… Suerte que tenía la varilla cerca… Otra vez sorprendí a uno que ya se estaba escapando por la cerca… Tuve que cortarle las piernas con una sierra…

Solo entonces me doy cuenta de la cantidad de robots que todavía pueden moverse débilmente. La montaña de piezas parece moverse penosamente en todas direcciones. Una de las cabezas me lanza una mirada de profunda tristeza mientras lágrimas sucias salen de sus ojos. El dueño no hace caso y solo usa la varilla con aquellos que tratan de levantarse. Todos los robots que han sido remplazados por modelos más modernos parecen estar aquí. Incluso puedo ver robots con formas infantiles tratando de arrastrarse fuera de la pila de miembros, cabezas y troncos despeinados y sucios. No imagino qué pasará cuando los nuevos modelos de robots orgánicos se vuelvan obsoletos y lleguen a este tiradero casi humano. Tal vez me ocurra lo mismo que al dueño de este cementerio de robots, a quien su trabajo ha endurecido tanto que no tiene problema alguno en atravesar cabezas y extremidades con una varilla de acero.

-          ¡Maldición! ¡Este estaba vivo! Esto está pasando cada vez más, señor, los ladrones asaltan personas, y cuando el robo sale mal, arrojan aquí los cuerpos moribundos… Sigamos a la oficina, tenemos que reportarlo…

lunes, 24 de marzo de 2014

Lucifer, una historia comercial


Dentro de toda la avalancha de letras que trato de meterle a mi cerebro, es inevitable que entre alguno que otro texto religioso. Mucha gente quiere convencerme de su particular visión del cielo y el infierno y que le rece a quien ellos dicen y como ellos dicen. Lo cual no sería tan malo si no fuera porque dentro de tales enseñanzas religiosas viene también el germen del capitalismo. Esa otra religión que es la base del poder yanqui, y que tiene también profundas raíces religiosas allá en los Yunaites. Una de las vertientes modernas es mezclar la enseñanza comercial con historias religiosas, como aquel famoso libro en que el Apostol San Pablo es convertido en simple vendedor de mercaderías.

Desde que leí el libro citado, encuentro cada vez más de esas enseñanzas en cursos de gestión empresarial, y a la vez, en los textos de difusión religiosa que regalan en revistas y libritos, veo más conceptos de marketing y gestión personal aplicados a la difusión de La palabra, hasta convertir mi pobre mente en un laberinto incapaz de diferenciar dónde termina uno y dónde empieza el otro.
Por eso, la próxima vez que me venga alguien con cursos de venta religiosa, comercio de almas y seguros de vida eterna, pienso contarles la verdadera historia del Lucifer capitalista, expresada de forma moderna y empresarial, la que va más o menos así:

En el tiempo en que recién se había creado el cielo y la tierra, Luzbel era uno de los mejores elementos del negocio divino, habiendo sido nombrado varias veces empleado del mes. En esos días, la carrera de ángel era gratificante, había muchas cosas por hacer, y Luzbel había ascendido, gracias a sus ideas innovadoras y gestión de equipos, hasta el puesto de arcángel, que era como decir vicepresidente a cargo de una división en nuestros días.
El hecho de haber llegado al tope de su carrera (pues era sabido que el jefe nunca se iba a retirar)  no amainaba el ánimo de Luzbel, quien siempre se presentaba con ideas novedosas para mejorar la gestión de la empresa, hasta que se cuenta que las sugerencias que proponía en las reuniones de gerencia eran solo aceptadas a medias y que solo llevaban a cambios en los detalles. Es entonces cuando propone cambios estructurales para aumentar la eficiencia, mejorar los productos y poner a la empresa a tono con los tiempos. En ese tiempo fue conocido por ser el autor intelectual del proyecto Lilith, que iba viento en popa hasta que el jefe se dio cuenta y detuvo el proyecto, diciendo que el producto que quería lanzar estaba en contra de las políticas internas, que no era parte de la visión de la empresa, para finalmente cambiar totalmente las características hasta convertirlo en el proyecto Eva, que fue impuesto finalmente en el mercado gracias a su posición de predominio.

Sin desanimarse, intentó aun hacer algunos cambios al nuevo modelo, que incluían una pasión por la ropa y y el gusto por las manzanas, lo que le costó el puesto en la empresa, siendo despedido. Luzbel siempre recordaría su despido como una injusticia, pues no le dieron ni preaviso, ni beneficios sociales, ni seguro de desempleo.

Una vez fuera de la empresa, decidió que la mejor manera de poner en práctica sus ideas era poner en marcha una iniciativa privada, atacar la posición monopólica de su antiguo jefe abriendo un negocio que le hiciera competencia en el rentable mercado de las almas. Como el nombre Luzbel ya estaba registrado, lo cambió por Lucifer, que tiene más punche comercial, como quedó demostrado en los focus groups realizados.

Al fin, se había cumplido el sueño del negocio propio, de ser su propio jefe. Como en todo negocio nuevo, Lucifer tuvo algunos clientes que se acercaron por curiosidad, otros que estaban decepcionados del modelo monopólico, otros se dieron cuenta que no les daban todo lo que pedían, otros se mudaron por el servicio. Así, en poco tiempo, la nueva empresa prosperó e incluso amenazó con tener más clientes que la antigua matriz. Pero Dios, dueño de la empresa dominante, decidió hacer uso de su posición de poder y mandó un diluvio que literalmente barrió con la clientela, apropiándose de las almas que quedaron en el desastre. Esto era a todas luces un abuso de poder, pero no había dónde quejarse. Lucifer decidió que tenía que ganar en el lado de la creatividad.

Así, Lucifer puso a prueba su imaginación y su empeño para hacer crecer el negocio. Introdujo nuevas ideas para la recolección de almas, ofreció atención personalizada a través de sus representantes de ventas, facilitó los trámites de admisión, se especializó en la promoción a través de bailes, fiestas y licores, creando un serio problema de competencia a Cielo, que se manejaba todavía utilizando los viejos paradigmas.

Desde entonces se libra una guerra comercial por el predominio del mercado, cada cual ofreciendo sus virtudes a los potenciales clientes. Y como siempre, hay clientes fieles a la marca y los que despotrican contra la de la competencia.

martes, 18 de marzo de 2014

Conóceme


He recibido un premio de Ainigriv, seguidora de este blog, y a quien pueden encontrar en http://saboramujer-start.blogspot.mx/. Y he recibido este reconocimiento justo a tiempo, porque ya estaba pensando que la gente ya no me lee como antes. Nunca he sido un ídolo de multitudes, por lo demás, siempre he pensado en este como un blog de culto, que la gente sigue con un placer culpable y no admite visitarlo a menos que su vida dependa de ello.

Entonces voy a cometer la tontería de seguir las reglas de este juego al pie de la letra, porque debo agradecer de alguna manera a quien se da el trabajo de leerme y encima promocionarme. Y porque... por qué no. ¿Y cuáles son esas reglas?

  1. El blog nombrado debe tener menos de 200 seguidores
  2. Cada persona premiada debe responder 11 preguntas que le formulará la persona que le otorga el premio.
  3. En el mismo post debe premiar a 11 blogs que cumplan con los mismos requisitos y avisarles que fueron premiados.

 Y las preguntas, respondidas sin necesidad de ponerme una pistola en la cabeza y sin necesidad de detector de mentiras, porque los tontos dicen siempre la verdad, son:

¿Cómo te llamas en la vida real?
La primera pregunta es la más difícil. Justamente una de las ventajas de escribir este blog es el asumir una personalidad diferente, que me protege de preguntas indiscretas, ya que en la vida real soy lo que se llama una persona respetable. De todas maneras, quien quiera saber mi identidad secreta, no la tiene muy difícil tampoco. Dejémoslo así.

¿En qué ciudad vives actualmente?
Otra pregunta difícil. Mi base de operaciones es Lima, aunque por mi trabajo, paso gran parte del tiempo fuera.

¿Porque decidiste abrir tu blog?
Al comienzo, solo me interesaba demostrar que podía escribir con cierta frecuencia. Ahora esto ya se me ha hecho una costumbre, siempre bajo la premisa de escribir lo que me gustaría leer.

¿Cómo escogiste el nombre de tu blog?
Fue parte de la creación de mi alter ego, el tonto que escribe tonterías. Al comienzo quería escribir solamente sobre música, y siendo admirador de Los Beatles, me pareció lo mejor esta referencia.

¿Cuántos post tienes en la recámara actualmente esperando salir?
Para mantener vivo el blog, trato de tener material mínimo para más de un mes de publicaciones, así que ahora son unos diez.

¿Qué post te costó más trabajo?
Ninguno, ya que si me cuestan trabajo simplemente los abandono hasta una mejor ocasión. Algunos posts se me quedan rondando la cabeza durante meses hasta que me decido y los escribo. Normalmente despacho un post en dos horas.

¿Qué te gustaría conseguir con tu blog?
Trato de que la gente se sienta bien al leer mis historias. Ya hay demasiada gente que escribe con amargura y mal humor. Mis historias han de ser divertidas, pero también deben tener una enseñanza escondida para aquel que busque algo más.

¿Cuál es tu frecuencia de publicación?
Como dije antes, trato de tener material para más de un mes. Actualmente estoy sacando un post cada seis días. En mis tiempos de mayor inspiración sacaba uno cada cuatro días.

¿Tu blog es hobby o profesión?
Es un hobby, definitivamente. Ni siquiera conozco a alguien que cobre por esto. Eso de los bloggers profesionales debe ser un mito.

¿Cuál es tu blog preferido y por qué?
Mis blogs preferidos los encontrarán en la barra derecha, no creo que haya más que decir. Si se trata de recomendar otros blogs serían estos:
Esencia de guayabita
Ecologismo literario
Peregrino inmovil

¿Qué te aporta tu blog?
El placer de hacer algo que nadie me obliga a hacer. Un efecto secundario inesperado es que en mi trabajo, los informes y cartas me salen con un tinte literario. Afortunadamente no he tenido quejas hasta el momento.

Los blogs que recomiendo entonces son:

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