jueves, 27 de noviembre de 2014

Algunos números


Tengo ahora 8 años desde que empecé esta aventura bloguera, es decir 2922 días desde mi primer post, y todavía no me he rendido. He me hace sentir de alguna manera orgulloso, un sobreviviente. He visto en este tiempo caer varios blogs que seguía. Algunos se despidieron, otros simplemente dejaron de publicar.

Llevo a la fecha 542 posts, es decir un promedio de 67 posts cada año, poco más de 5 por mes, o un post cada 5 días y un poco más. Ahora me parece difícil de creer que haya tenido el ánimo suficiente para escribir todo eso. La verdad es que no todos mis posts han sido de igual tamaño. Algunos eran bastante cortos, y otros los publiqué simplemente para deshacerme de ellos y no tener que seguir dándoles vueltas en mi cerebro y en mi carpeta de borradores.

Todos estos posts han merecido hasta ahora 792 comentarios. Es un número pequeño, que quisiera que fuera mayor, porque algunos comentarios me han servido de inspiración para nuevos posts. Los comentarios de spam no los cuento, afortunadamente.

En total he escrito 285099 palabras. Dejo esto como dato estadístico. No voy a ponerme a imaginar cuantas vueltas a la tierra pueden dar estas palabras o alguna de esas comparaciones que parecen gustarle a los que escriben noticias sin importancia en los periódicos.

También tengo números indeterminados. He sido objeto de una decena de plagios en otros lugares de internet. El más pintoresco o descarado fue cuando encontré la copia de uno de mis posts como respuesta a un concurso en una página de Facebook que ofrecía un premio a la mejor respuesta a una pregunta.

Ignoro totalmente cuántos lectores tiene este blog. Mi contador de visitas indica que son un promedio de 100 visitas al día, pero no sé si son visitas de lectores asiduos, tal vez lectores casuales, quizá alguien estaba buscando un dato y se encontró en Google con mi blog. Deseo que esas personas se hayan quedado leyendo algunos de mis cuentitos después de encontrar lo que buscaban. Creo que son pocas las recomendaciones que he tenido, y eso las hace valer más para mí. Solo conozco a unas cuantas páginas que enlazan a la mía.

Al final todos estos números significan poco. Lo que importa el día de hoy es que este blog cumple hoy 8 años.

¡Ah! Y también mi cuenta en twitter cumple también 3 años. La abrí el mismo día del aniversario de mi blog para tener que acordarme de un solo día.

Saludos entonces, de parte del Tonto de la Colina.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Inspiración en la colina

Por dónde comenzar a narrar lo sucedido?
Será acaso con el nacimiento del alba?
Con un té, una libreta y una pluma bajo la almohada?
O simplemente con un te amo dentro de un silbido?

No, la vida no es rosa, verde, azul o de otro color,
la vida es simple, grisácea, torpe e insensata.
La vida es hoja seca en la que escribes tu poesía,
tus lágrimas y tu dolor como de eterno amor.

Siempre supe que el amor es para los mortales
como el trueno para las hormigas. Furioso,
deslumbrante. Rápido. Lleno de temores.
Siempre es frío aunque te llene de calores.

Subí por los caminos recorriendo
un sendero que pocos conocían.
Mis pies se cansaron de vivir en espera,
de esperar lo inesperado de la vida misma.

Hoy que he subido a la cima de la colina
de aquella vida que vivo sin querer vivirla
me doy cuenta que no es mi vida, no la hice
mía o ella no me hizo a mí. Qué ironía.

La colina se encuentra ahora sola,
sin nadie que la pise, sin nadie que la vea.
Dejé una flor encima de ella, tiene nombre,
pero dile como quieras. Yo le llamé vida.


La canción "El Tonto de la Colina" ha dado inspiración a muchos textos y poesías, sin contar las que pueblan este blog. Cuando encuentro alguno que valga la pena, no puedo resistirme a colocarlo por aquí. Este texto lo encontré en http://gechiman.tumblr.com/post/77187441801/el-tonto-de-la-colina
Esta es una de las cosas que me hace sentirme orgulloso del título de mi blog.

Confío en que si me gustó a mí, también le gustará al lector que pasa por esta página. Para completar el post, se me ocurrió poner esta versión de The Fool on the Hill, cantada por Annie Lennox y Dave Stewart (Eurythmics). Gran versión para una gran canción.



miércoles, 19 de noviembre de 2014

Contar hasta el infinito


Tal vez contar hasta el infinito no es una cuestión de posibilidad sino de paciencia. O de paciencia y voluntad. Se debe tener tiempo, es cierto, ya que no es cosa de contar hasta trescientos mil o un millón, se trata de contar hasta el infinito. Para esto se necesita estar concentrado, pasado un tiempo cualquier distracción hará perder la cuenta y será necesario empezar de nuevo. No es mala idea entonces llevar un marcador que nos recuerde en qué número vamos, algo así como un ábaco que podamos fijar en el número en que se va, aunque un rosario en desuso también puede servir.

Cuando se ha llegado a cierto número, las distracciones se hacen cada vez más tentadoras, por eso el tema de la concentración es tan importante. La esposa que ha terminado de vestirse, alguna llamada inoportuna o incluso el canto de un pajarito pueden interrumpir la labor. Y aquí es donde la voluntad se pone a prueba. Cuando uno se detiene en su rumbo al infinito, viene la tentación de abandonar el esfuerzo, de dejar la tarea por insensata. Tal vez por eso las mejores horas para empezar a contar hasta el infinito son las de la noche. Muchos han empezado con la ayuda visual de una noche estrellada, tratando de contar las luminarias del firmamento, para una vez terminada la cuenta, seguirla hasta el infinito. La noche estrellada brinda una hermosa oportunidad para iniciar la cuenta, para que al amanecer, cuando ya no queden estrellas que contar, seguir con los granos de arena de la playa, las gotas de agua del océano, y así se continúe hasta el infinito.

La tranquilidad de la noche ayuda también a evitar a aquellos que tratan de quebrar la voluntad aduciendo la magnitud o la inutilidad de la tarea. Una vez alguien me dijo que había llegado a contar hasta el infinito y que nada, es un número como cualquier otro. No lo creo. Ignoran los detractores del infinito el sabor del reto, la satisfacción de lograr aquello que se creía imposible. Es la misma satisfacción que sienten aquellos que han logrado llegar a las montañas más altas, que han cruzado los ríos más anchos, solo por la gloria del logro que significan. Pero llegar al infinito es posible, lo sé yo que he llegado muy cerca en una noche de insomnio, y que tengo la convicción de que con solo un poco más de esfuerzo hubiera llegado. Esta vez quiero llegar de una manera diferente. Yo contaré desde el comienzo y tú empezarás desde el final, para encontrarnos justo en la mitad. De esa manera habremos llegado al infinito juntos. Es solo una idea. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Frases twitteables 32


  • Sembraba vientos con la esperanza de usarlos el día en que pueda enseñar a sus hijos a volar cometas.
  • La eterna discusión sobre cómo distinguir una canción vieja de un clásico.
  • Recordando los tiempos en que se twitteaba con palomas mensajeras.
  • Cuando un hombre dice que daría todo por alguien, solo piensa en cosas que se pueden comprar.
  • Con la incómoda sensación de que en este mundo permiten entrar a cualquiera.
  • Deberíamos preocuparnos más por la atracción planetaria. Es un asunto de gravedad.
  • ¿Quieres adoptar a mi niño interior?
  • El orden de los factores no altera el producto. – No me importa, arregla este desorden.
  • Quiero a alguien que me quiera por lo que soy: Guapo, millonario.
  • La belleza dura poco, así que aprovéchame.
  • Si vas a pensar en la redundancia, piénsalo dos veces.
  • ¿El amor nace o se hace? – Nace, porque cuando se hace, no siempre es por amor.
  • Maravillado de lo fácil que resulta confundir lo triste con lo patético.
  • Vengo del futuro ¿Dónde estás dejando las llaves?
  • Podría convertirme en zombie, pero eso no es vida.
  • El que dijo “A buen entendedor, pocas palabras” obviamente no era un escritor ruso.
  • Yo soy de la época en que los Simpsons hacían reír toda la media hora.
  • Yo soy de la época en que la gente hablaba por celular.
  • La eterna competencia entre la realidad y la ficción para sorprendernos.
  • Si la realidad es más extraña que la ficción, has estado leyendo muy mala ficción.
  • ¿Qué sería del mundo sin gente como Douglas McAllister? Igual, porque no existe Douglas McAllister.
  • A veces leo cosas que deben tener un mensaje secreto, un anagrama, o algo, porque no pueden ser tan tontos.
  • No eres tan princesa si al poco tiempo, los sapos que convertiste en príncipes vuelven a ser sapos.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Puedo escribir los versos más tristes


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

Por alguna razón, estos versos se me hace que los he leído en otra parte, así que resulta que no soy un poeta original. ¿Qué? ¿Que son de Pablo Neruda? Si, ya lo sabía, no soy tan tonto… Neruda es ese tipo gordito que sale en fotos en blanco y negro con su pipa y su boina. No conozco los entretelones de cuando escribió estos famosos versos pero siempre me quedó la duda de por qué este es justamente el último de sus veinte poemas de amor. Si podía escribir los versos más tristes solo en el número veinte ¿Qué pasó con los otros 19? ¿Los habrá escrito sin ganas? ¿O era que no estaban tan tristes? Me lo imagino en la tranquilidad de su casa en la playa, sin televisión y sin internet, sin vecinos que hagan escándalo, así es mucho más fácil escribir los versos más tristes, créanme, que ya lo he intentado.

El hecho es que normalmente la gente cita estos versos solo en sus dos primeras líneas y no sabe cómo sigue, y menos en que libro están estos versos. Al menos a Neruda lo citan con algo que sí escribió, no como a Borges o a García Márquez, que tienen que cargar con culpas ajenas en internet. ¿Paulo Coelho? Qué se pudra en el infierno, que él me plagia mis textos a mí.

Ya que no puedo poner el poema completo sin parecer poco original, además de que el que quiera puede verlo en los millones de sitios de internet que lo han publicado, recurro al recurso de completar sus primeras líneas con tonterías como acostumbro hacer, para que esta noche no sea tan triste y no estén escribiendo poesía mala a esta hora, en que hasta los versos se ponen tristes de tanto leer despropósitos que quieren parecer románticos. 
  • Puedo escribir los versos más tristes en esta noche. Pero, no, les voy a escribir las tonterías de siempre.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, por ejemplo: se terminó el café.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche... Pero todavía es de día.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche. No creo que eso vaya a ocurrir. Voy a emborracharme como una rata. No rima pero es verdad.
  • En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, puedo escribir los versos más tristes esta noche...
  • Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, José Arcadio Buendía habría de recordar la noche en que podía escribir los versos más tristes.(Esta es otra versión de la anterior, ya lo sé)
  • Puedo escribir los versos más tristes, pero no a ti, ni tampoco esta noche.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero tú prefieres ir al cine.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, y todo por tu culpa.
  • Ya dejó de llorar el hijo de la vecina, ahora por fin tengo un poco de paz y puedo escribir los versos más tristes esta noche.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche… ¿Quién es el siguiente que viene a hacerse un tatuaje?
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche… - Pero Batman, esta noche tienes que trabajar…
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, no como anoche, que me salió un reggaetón…
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche… - Ya, pues… Me avisas cuando los pongas en el Facebook.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche… - Ah, no, ni se te ocurra, hoy te toca a ti lavar los trastes.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, después de haber visto esas fotos de niños enfermitos en mi Facebook.
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche... Sí, en serio, si puedo, solo déjenme un ratito, ahorita salen...
  • Puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero ya para qué.


-          ¿Y? ¿Qué opinas de este post?
-          Que me gustas cuando callas, porque estás como ausente…

martes, 4 de noviembre de 2014

Imaginación y realidad


Siempre escucho que la realidad es más extraña que la ficción. Esto ocurre cuando se descubre la verdad sobre algún asunto, y resulta ser diferente a todas las teorías que se habían formado con anterioridad sobre tal hecho. Es que la imaginación humana está gobernada por los deseos y deformada por la educación recibida.

Cuando somos niños, los mayores empiezan una campaña sistemática por ahogar la imaginación. El cielo debe ser azul, dice la maestra al niño que pinta con crayolas; estas piezas se arman de esta manera, dice el padre. El resultado es un niño que piensa igual a los demás, con la imaginación castrada desde la infancia, con solamente la necesaria para perseguir sueños convencionales, de aquellos que se consiguen con dinero.
Por esto, cuando las personas tratan de utilizar la imaginación, en realidad reflejan sus deseos encuadrados en lo que les permite la educación recibida. Y la realidad no conoce de los sueños o deseos humanos, y puede llegar a donde la imaginación humana no alcanza.

Para quien se da cuenta de ello, la vida se vuelve una carrera hacia atrás, un intento por recuperar aquella imaginación perdida, eso que pinta la realidad de colores increíbles. El problema es que el mundo acepta cada vez menos imaginación. Tener acceso a tanta información, nos hace disfrazar nuestra falta de imaginación con el fácil recurso de cortar y pegar algo que se encontró en otra parte. Incluso la realidad hoy se corta y se pega.

La realidad, además es un concepto que los humanos deforman en todo momento. Al contrario de lo que se piensa, no es inmutable ni única, depende de la percepción de cada uno. El pasado no es inmutable, puede cambiarse de acuerdo a intereses personales, partidarios, religiosos o de otra índole. Tal vez se descubra que este pasado no ocurrió tal como se cuenta, y será entonces remplazado por otro que responda a otros intereses. Ocioso sería enumerar las veces en que se ha cambiado la historia para acomodarla a los intereses en boga. Lo mismo pasa con el presente. Hay tantas percepciones del presente como personas. ¿Cuál es la verdadera? Tal vez todos, tal vez ninguno. Tal vez sea el futuro aun no escrito el que nos invita a tratar de escribirlo con las pobres armas de nuestra imaginación. Y aquí también falla el hombre, pues siempre imagina el futuro como lo desea o lo teme, exagerando el presente o invirtiendo los hechos del pasado. Y la realidad no responde con lo uno ni lo otro, sino con algo distinto. El futuro será algo diferente a lo que imaginaron los que auguraron el triunfo del comunismo, a lo que predijeron el dominio del capitalismo y a lo que hoy predicen los gurús de la tecnología.

Tal vez sea mejor que la imaginación humana no pueda predecir el futuro, que el porvenir nos sorprenda siempre. Necesitamos tener una mejor imaginación, esa que tuvimos de niños, y que yo trato de recrear con estos escritos. Quiero imaginar cosas increíbles, para así acercarme tal vez a la realidad, como Santo Tomás de Aquino, quien decía “Lo creo porque es imposible”. Tal vez entonces imaginar que me quisiste no sea una idea tan descabellada entonces.

jueves, 30 de octubre de 2014

El Muqui


Ya es época de Halloween, que es otra de esas fiestas importadas que, más allá de estar a favor o en contra, es algo de lo que mucha gente habla. Y es época también de contar cuentos de miedo. Lamentablemente, el cine y la televisión nos han atrofiado la imaginación, y ahora la gente parece aceptar solamente cuentos que tengan zombies, vampiros y cosas que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia. Sí, pues faltan espantos peruanos que agregar al menú de Halloween. Y el Perú es un país donde las criaturas terroríficas abundan, con el agregado de que todas ellas son reales, no la imaginación de un europeo trasnochado. 
A lo largo de mi trabajo en las provincias del Perú he escuchado historias como para aterrar a los paseantes durante varios Halloweens seguidos, modestia aparte. Historias del antimonio, los espíritus de las huacas, los brujos y brujas, jarjachas, duendes, fantasmas, sirenas, todas ellas he escuchado, con testimonios de personas que lo han vivido en carne propia, de esas historias que comienzan siempre con la frase “Yo no creía en esas cosas, pero…”. Esa es la diferencia con las historias que nos llegan desde otros lugares. No creo que ningún norteamericano vea como cierta la posibilidad de ser atacado por un zombie o se resista a entrar en un bosque por temor a encontrar a un duende. En cambio ese tipo de encuentros con criaturas de fantasmales son casi cosa de todos los días por aquí. Voy a contar algunas de estas historias, las referidas al Muqui.

El Muqui es un duende de las minas, que vive en el interior de los socavones. Es del tamaño de un niño pequeño y se le ve vestido como minero, con casco, pico y linterna. En el trabajo en el que me encuentro actualmente, donde se han cavado buena cantidad de túneles, varios de los trabajadores dijeron haberlo visto en las noches. El Muqui hace perder el camino a los trabajadores, quienes lo persiguen creyendo que los conducirá hacia algún tesoro. Lo que ha pasado en realidad, es que el Muqui guiaba a los trabajadores a un área oscura del túnel para que no pueda salir, o los llevaba a una parte con poco oxígeno para que se asfixie. Este fue el caso de uno de los trabajadores de la obra, quien vio la luz de la linterna que llevaba el Muqui, y la siguió, confundiéndola con la de uno de sus compañeros. Como la luz se adentraba cada vez más en los túneles, el trabajador creyó – y así lo dijo después – que su compañero le estaba jugando una broma escondiéndose y apareciendo la luz.  Afortunadamente una cuadrilla encontró al trabajador antes de que se perdiera definitivamente. Esta cuadrilla fue la que encontró la causa de la casi desaparición del aquel trabajador. Unas huellas pequeñas que no podían pertenecer al personal de la obra, debido a su tamaño y a que solo una de las huellas era humana, la otra era de un animal, tal como se dice del Muqui, que tiene patas de animal. En esta obra, el caso era tan real que se dio la orden de que ningún trabajador ingresara solo a los túneles, y se tomó la precaución adicional de repartir caramelos a los obreros para que los dejaran en el túnel, pues al Muqui le gustan mucho y así se le tiene contento para que no moleste a la gente.

El Muqui gusta también de llevarse las herramientas de los trabajadores, especialmente aquellas de metal brillante. No sé si en otros países se encuentra en los reportes de salida de herramientas del almacén la anotación “reemplazo por robo del Muqui” pero eso era lo que pasaba.

El tema de aplacar al Muqui con caramelos yo ya lo había escuchado anteriormente en otra mina a varios cientos de kilómetros, lo que descarta la posibilidad de una creencia local. En esta otra mina, me contó la ingeniera de seguridad de la resistencia del personal a hacer trabajos nocturnos por la presencia del Muqui. Los conductores de camiones, los pocos que hacían tales trabajos, llevaban siempre una bolsa de caramelos y dejaban caer unos cuantos en el camino cada cierto tramo. La ingeniera, que no creía en estas cosas, pidió que se detenga esta costumbre, obteniendo una oposición total, por el miedo a que el Muqui causara accidentes. Se decía que ya entonces el Muqui había ocasionado un par de accidentes a los camiones antes de que los choferes adoptaran esta práctica preventiva. Al día siguiente, la ingeniera pidió a uno de los choferes que se detuviera en el lugar donde la noche anterior arrojara los caramelos. No encontró ninguno. “El Muqui se los ha llevado, pues”, era la explicación que le dieron los choferes.

Nosotros los ingenieros educados y globalizados, supuestamente no creemos sino en aquello en lo que podemos comprobar su existencia, hasta que encontramos este tipo de cosas que nos hacen comprender que no todo se trata de números de niveles de productividad y planeamiento de recursos. También hay cosas desconocidas de las que se cuentan en las noches no para asustar a la gente, sino para prevenirla en caso de que se encuentre uno con el Muqui en uno de los túneles.

Nuevamente, en esta historia no he inventado nada, solo cuento lo que me han dicho testigos presenciales de los eventos. Mucha gente que trabaja en las minas del Perú puede contar más de lo que yo pongo aquí. En esta época de contar historias de miedo, yo cuento solo algunas de las muchas que se pueden encontrar en el Perú.
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