sábado, 30 de agosto de 2014

Empezar



A veces es solo cuestión de empezar pero ¡Qué difícil es empezar! Si yo pudiera empezar, ¡Qué de cosas no haría! Nadie podría detenerme, sería invencible. Pero para esto primero hay que empezar. Y no sé cómo empezar. Cuando sepa cómo empezar seré al fin como quiero que sea, seré aquel que hizo lo que se pensaba imposible, el que logró superar toda esperanza. Solo necesito algo, necesito saber cómo empezar...

Por eso me quedo aquí, pensando en lo bonito que sería empezar.

domingo, 24 de agosto de 2014

Cuatro tonticortas


Pregunta capciosa e intencionada
Después de por fin ver a Paul McCartney me puse a pensar a quién prefiere la gente ¿A los que cantan con furia y rompen cosas o a los que cantan riendo y hasta entre carcajadas?


¿Nunca has sentido ganas de…
… Llamar a un teléfono o tocar la puerta de una casa y preguntar por Sarah Connor?
… Ir a una entrevista de trabajo con tu corbata del Pato Donald solo para ver si alguien te dice algo?


El miedo
Abro un tubo de papas fritas con sabor a cebolla y, sin ninguna razón en especial, me pongo a leer los ingredientes: Pulpa de papas, aceite artificial, saborizante de papa, saborizante de sal, saborizante de cebolla. De pronto me entra el miedo de que yo sea también un consumidor artificial.


Malentendido
El monstruo encontró a Teseo a la mitad del laberinto gateando con un pequeño cuchillo en la mano. No pudo evitar una sonrisa al decirle: "Entendiste mal, no era una miniatura, sino un Minotauro".

lunes, 18 de agosto de 2014

Buscando la energía

En  mi reciente viaje al Cuzco, los guías que encontré en mis varias visitas a otros lugares turísticos podían contarme historias de los muchos tipos de visitantes extranjeros, que viene por la cultura, por los paisajes, por la aventura. Un turista inteligente no se conformará con visitar solamente Machu Picchu, sino que buscará otros lugares. No importa el tiempo que permanezca aquí, el tiempo se le hará corto para todo lo que hay que ver.

En mi anterior post mencioné haber conocido a un turista que venía en busca de la “energía” que según muchos se encuentra en esta zona. No fue ese mi único acercamiento a este tema durante mi estancia. Una de mis visitas fue al complejo arqueológico de Moray, donde el visitante encuentra andenes que forman una especie de anfiteatro hecho de varios escalones concéntricos cuyo centro es el lugar más bajo.

La arqueología oficial lo explica como un laboratorio botánico utilizado por los antiguos incas para estudiar los cultivos que se pueden adaptar a diferentes alturas y climas. De esta manera se seleccionaban los cultivos más apropiados para las diferentes zonas del extenso imperio y, junto con las observaciones astronómicas, determinaban qué sembraría la temporada siguiente, en caso de que el año fuera seco o lluvioso. Esta es la explicación que se les da a los turistas como yo, que buscan conocer la cultura y la historia.
Pero hay otra explicación que los guías dan a los turistas que buscan el misticismo y lo oculto. A ellos les dicen que la forma de embudo que forma esta zona concentra las energías del planeta y que justo en el centro se recibe la mayor energía. Como yo, aparte de mi sed de cultura llevo conmigo la sed de lo insólito y notable, recibí ambas explicaciones.

Obviamente, durante mi visita descendí al nivel más bajo, movido de mi deseo de aventura, y también para tomarme una foto que mereciera estar en un lugar destacado en mi Facebook. Al llegar al centro exacto de la última circunferencia descubrí un pequeño agujero con algunas maderas chamuscadas y hojas de coca. - Es que aquí han hecho un “pago a la tierra”, un sacrificio a la Pachamama, que es la Madre Tierra – me explicó mi guía. No hacía falta la explicación. Yo mismo he visto en diferentes sitios del Perú, cómo se vierte chicha o Pisco, se entierran hojas de coca y otros vegetales, con el fin de calmar a la Tierra antes de profanarla con algún trabajo, y evitar los accidentes que suceden si no se hace este rito.

La razón aquí es para recibir la energía de la Tierra y purificar el alma, llenándola de buenas vibraciones. Mi guía me contaba de los turistas que habían llegado a este lugar para limpiar su alma de energía negativas, e incluso de algún peruano famoso que había realizado el rito. Yo, que no había venido preparado para la ceremonia, tuve que dejat pasar la oportunidad y me conforme con recibir las energías en crudo. Pero faltaba algo más. –Tiene que quitarse los zapatos- Me dijo mi guía. – Así se reciben las energías, directamente sobre la piel- Miré el pasto que crecía en el lugar: una hierba propia del lugar, dura y filosa. Estaba seguro que si caminaba sin zapatillas por allí terminaría con los pies cortados y llenos de espinas clavadas. Más que una purificación, eso me parecía una penitencia, así que decliné la invitación. Después me enteré que esa era práctica común entre los turistas que desean llevarse algo de la energía del Cuzco.

Aquí terminaría mi relato si no fuera por las historias que me contaron sobre los norteamericanos – cuando no – que escuchan esta indicación y no solo la cumplen, sino que exageran en su cumplimiento y se desnudan totalmente, tratando de captar el máximo de energía antes de ser arrestados por los guardias.
Así pues, el caso de los turistas desnudos en Machu Picchu y en otros lugares cercanos se ha incrementado, potenciado por las fotos que los turistas publican en las redes sociales, de manera que antes de que se convierta en una epidemia de mal gusto, las autoridades han colocado avisos en los lugares arqueológicos, amenazando con arresto y notificación a la embajada respectiva a quienes se les encuentre corriendo calatos por un lugar turístico. Y la notificación es a las embajadas, porque los peruanos somos bastante pudorosos en este aspecto, y si nos ven desnudos no nos llevan a la comisaría sino al manicomio.



Como ven, el aviso dice en pocas palabras: Nude gringo, Go home!

martes, 12 de agosto de 2014

El lugar con mayor energía del mundo

Recientemente estuve de visita en la ciudad del Cuzco. Es este un lugar donde se respira la historia del imponente imperio de los incas, que en sus épocas de esplendor llegó a ser más grande que el imperio romano, y cuyo mayor inca, Pachacútec, está a la par con los mayores conquistadores de la historia. Caminando por las calles del centro histórico se puede uno encontrar con los muros incas, construcciones tan perfectas que hasta ahora no se conoce cómo es que pudieron encajar entre sí piedras en forma de polígonos irregulares y de varias toneladas de peso tan perfectamente que no tuvieron necesidad de cemento ni argamasa.



Lo malo que encontré en esta ciudad es que si bien las construcciones pasan con holgura la prueba del tiempo y se mantienen igual que hace quinientos años, no ha pasado lo mismo con las personas. Si bien nos dijeron en la escuela que los incas no conocieron el dinero y utilizaban el oro solo con fines religiosos, sus descendientes hoy en día no solamente conocen el valor del dinero, sino que saben perfectamente el tipo de cambio del dólar y del euro, y están prestos a cobrarlo a cambio de una foto cuando pasean con sus trajes típicos y llevando a su llama o alpaca por las calles.

Los turistas que llegan por miles al Cuzco quedan admirados por la belleza de la ciudad, por su historia y por sus restos incaicos, regresando a sus países convencidos de haber visitado una de las maravillas del mundo, el ombligo del mundo, como significa el nombre de la ciudad.
Pero hay otro tipo de turista, el que viene en un viaje místico a contactarse con las vibraciones del planeta y a llenarse de la energía que dicen abunda en el Cuzco, y sobre todo en Machu Picchu.
Esto de la energía nunca lo he entendido del todo. No sé si es una energía eléctrica, magnética, tal vez hidráulica. Tampoco sé si esa energía sirve para recargar la batería de mi celular, lo cual sería fantástico para no andar buscando siempre un enchufe, tal como hice durante toda mi visita al Cuzco. Y a esto viene mi historia:

En un café de la ciudad, al que acudí huyendo del frío, encontré a un turista norteamericano conversando con otros de los, digamos, turistas normales. Su conversación era rápida y saltaba de un tema a otro con sorprendente velocidad. Alguien bastante energético, diría yo. Mi atención se disparó cuando me pareció entender que dicho turista había publicado un libro. Al ver mi evidente interés me invitó a integrarme a su grupo, que más que conversación era de un monólogo sobre los misterios del universo. A lo largo de una hora desfilaron sus opiniones sobre las conspiraciones de los rastros de aviones o chemtrails, sobre la fluorización del agua, los mensajes subliminales en la publicidad y sobre la sociedad secreta que gobierna en realidad a los Estados Unidos. Cuando llegó el momento de explicar mi posición, solo pude decirle que venía de un lugar del Perú llamado Ica. El norteamericano (quien dijo llamarse Shiva, lo que ya me dio una idea del tipo de loco con el que me había topado) mostró su desconocimiento de ese lugar, así que tuve que mencionarle que era cerca a las líneas de Nazca, seguro de que sí había escuchado hablar de ese lugar.
Así me enteré de que su visita al Cuzco obedecía a la búsqueda del lugar con mayor energía del mundo, y que ya había pasado por el Tibet y otros lugares sindicados como poseedores de esa energía.

Al día siguiente volví al café y lo volví a encontrar, pero esta vez ya estaba vestido para la ocasión, con poncho, chullo y ojotas, que usaba de esa manera que tienen los norteamericanos cuando tratan de camuflarse entre los nativos. No tuve el corazón para decirle lo ridículo que se veía. Lo importante es que trató de explicarme en qué consistía esa famosa energía de la que hablaba. Lo trágico es que yo no entendí nada de lo que dijo. Solo trataba de adecuar los términos “bioenergético”, “energía vital” o “energía positiva” con mis conocimientos de física. Para mí, una energía positiva se atrae con las energías negativas y se repele con las energías positivas, y por lo tanto, me conviene cargarme de energía negativas para atraer a las energías positivas. De igual modo, solo obtuve una sonrisa condescendiente cuando le expliqué que necesitaba una forma de medir la energía cosmoenergética para definir de una vez por todas si es que Machu Picchu tiene más concentración de energía que los Himalayas o Chichen Itzá.
Al final, no estoy seguro si se quedó con la impresión de haberse encontrado con un escéptico o con un tonto. De todos modos,  nos despedimos en buenos términos, pues él se iría al día siguiente para Machu Picchu.

A mi regreso a Lima, me interesé por el tema y me puse a buscar por internet cuál sería el lugar con mayor energía en el mundo, con la esperanza de instalar allí un spa regenerador cinco estrellas, o tal vez un estadio de fútbol que haga a nuestra selección invencible con todas las energías allí concentradas.
Ante el convencimiento de mi amigo el gringo de que las mayores concentraciones de energía se encuentran en el Perú, y no en Nepal ni en la India ni en Xanadu, y ante la falta de un instrumento confiable con el que medir la energía, no me queda más que confiar en la sabiduría de los antiguos peruanos, cuyos conocimientos están más allá de la ciencia occidental. Entonces ¿Cuál era el lugar más sagrado del antiguo Perú? ¿Cuál el lugar donde se encontraba el mayor templo y donde se congregaba la gente a recargarse de energía positiva? No era el Cuzco, que era el centro administrativo, ni Machu Picchu, que era un lugar secreto reservado solamente para la nobleza, y que era usado más como un retiro VIP por los incas. No, el lugar más sagrado y con mayor energía estaba en Lima, a quien los cronistas antiguos describen como la Roma o la Meca del antiguo Perú, y que es exactamente la razón por la que los españoles la escogieron como capital del Perú y centro de difusión del cristianismo. Por eso la cantidad de iglesias en Lima, por eso la cantidad de santos que vivieron aquí, y por eso la cantidad de milagros que sucedieron aquí.

Siguiendo con la búsqueda, trato ahora de encontrar dentro de la ciudad de Lima los lugares con mayor energía, donde los dioses antiguos se manifestaban con mayor fuerza, el punto exacto a donde llegaban todas las peregrinaciones y a donde el propio inca iba a consultar cuando le aquejaban las dudas sobre el futuro del imperio. Y encontré dos lugares.

El primer lugar es el antiguo templo o palacio de Tauli Chusco el Viejo, último sacerdote y gobernante de Lima antes de la llegada de los españoles, quien interrogaba personalmente a los dioses y transmitía los augurios. Es fama que predijo la llegada de los españoles y previno al inca de que el imperio sería destruido por los recién llegados.
Grande fue mi sorpresa al descubrir que sobre ese templo donde se rendía culto al agua se levanta hoy el Palacio de Gobierno, donde vive el Presidente de la República y con seguridad se llena de buenas vibras y se llena de sabiduría para dirigir los destinos del país. Ahora entiendo por qué hay tantos que se esfuerzan en llegar a residir el mayor tiempo posible en el Palacio de Gobierno, por qué es un lugar tan codiciado para vivir, no es por simples ansias de poder, es por la búsqueda espiritual de las energías de la Madre Tierra.



El segundo lugar, y el sitio con mayor energía es donde se encontraba el propio oráculo del río Rímac (Que significa “El que habla” en alusión a sus oráculos). Había allí una piedra de donde brotaba el agua del río y el Dios Pachacámac hablaba para predecir el futuro y aconsejar a los peregrinos. Ese lugar es hoy una plaza en un barrio tradicional de Lima, antiguamente llamada Plaza Santa Ana y hoy conocida como Plaza Italia, en razón de que la colonia italiana construyó aquí un hospital.


Este que vemos en la foto es, pues, el lugar con mayor energía del mundo, donde uno podrá llenarse de energía paseando por sus calles (con cuidado, porque después del anochecer asaltan mucho por allí) o visitando la Iglesia de Santa Ana, donde podrá rezar a la Pachamama, a la Madre Tierra, o a Gaia, que aquí Diosito es muy permisivo y nos permite ciertas gollerías. Ya he mandado esta importante información al gringo Shiva, de quien sospecho, por desgracia, que hará caso omiso a mis recomendaciones para su próximo libro. Él se lo pierde, yo me quedo viviendo en Lima lleno de buenas vibras y de energía.

miércoles, 6 de agosto de 2014

De compras con un tonto


Una de las experiencias que debe pasar todo hombre en su afán de relacionarse con el sexo opuesto es el acompañar a su pareja cuando va de compras. Normalmente las mujeres van de compras con amigas, pero en ciertos casos, el hombre tiene la necesidad de hacer puntos que después, con mucha suerte, podrá cobrar en especies, como quien dice. La mujer aprovecha también esta oportunidad para probar la fidelidad de su hombre. Si dicho hombre logra resistir la prueba, su paciencia será premiada con paseos de compras cada vez más largos y una esperanza cada vez más lejana de cobrar esos puntos que cree estar ganando.

Esta aventura, al menos para el tonto que escribe, empieza de manera totalmente inocente. Un evento, alguna reunión, o simplemente las ganas de pasar el rato y la incidental falta de la amiga de confianza son el detonante para la pregunta “¿Me acompañas a ir de compras?” El hombre (o sea, yo) sabe que la negativa es imposible, so pena de que se le recuerde dicha negativa cada vez que yo, a mi vez pida la más mínima cosa. Además, como dije antes, se trata de quedar bien y de ganar puntos, de dar la impresión de ser una persona amable, cariñosa y tolerante. De parecer, en fin, todo lo que no soy.

Mientras salimos creo adivinar que recorreremos unas veinte tiendas de ropa, regresaremos a la primera, y allí mi chica se va a encaprichar con una de esas prendas que solamente se ven bien en una supermodelo de 1.90 de altura y 40 kilos de peso, y yo que como todo tonto, soy incapaz de mentir, abriré mi bocota y saldré perdiendo de esta batalla. Trato de disimular mi cara anticipada de derrota.

Nos encaminamos a un gran almacén en el centro comercial de moda. La primera dificultad es superar el instinto de dirigirme al área de electrónicos y entrar en esa zona desconocida para mí que es el área de ropa femenina. Afortunadamente la mano firme de mi pareja me mantiene en el rumbo correcto y evita mi huida.
Una vez dentro del área, es donde empieza la verdadera prueba. A la confirmación de mis sospechas de que el área femenina ocupa tal vez la mitad de la tienda, se suma el verme como el único hombre en muchos pasillos a la redonda.

En este momento es cuando el hombre debe probar su valía. La mujer, por supuesto, ha olvidado que tiene a su lado a un hombre y no a una mujer, y empieza a hacer las preguntas que haría normalmente a su amiga, pero que para el hombre significan nada menos que trampas mortales que hacen a la relación pender de un hilo.
-   ¿Cómo me veo? ¿Qué te parece este color? ¿Crees que este vestido me hará ver gorda?

Yo, por lo menos, no sé cómo contestar a este tipo de preguntas. Me sirve de poco saber que hombres más ingeniosos y sagaces que yo han caído en esta trampa. Intento hallar la respuesta políticamente correcta, o adivinar la solución a este acertijo de preguntas capciosas. Mientras mi mente trabaja a marchas forzadas, trato de ganar tiempo haciéndome el sordo y mirando a otro lado. Craso error. Ella cree que estoy mirando las curvas de la clienta del costado y me manda una interjección. Yo volteo la mirada en otra dirección, evitando el contacto visual con mi pareja. Ahora la que cree que la estoy mirando es la cajera, quien para empeorar las cosas, me devuelve la mirada sonriendo. Mi única salida es responder automáticamente.
-  Pero si tú siempre te ves bien, linda.
Mi chica es inteligente, no se traga esa respuesta y sabe que ni siquiera he mirado la prenda que me está mostrando.

Ante mi respuesta, ella decide ir al vestidor a probarse la prenda. Esta es la escena en la que trato de poner cara de macho, cosa verdaderamente difícil cuando estás en la sección femenina de la tienda, rodeado de mujeres, faldas y cafarenas, y sosteniendo una cartera que me han dado a cuidar. Después de unos 10 minutos regresa el ataque.
-  ¿Qué opinas de este vestido?
Esta vez intento apelar a la lógica, aun sabiendo que no servirá de nada.
- Está bien, pero… ¿Tienes algo que combine con ese color?

La mirada de odio con que me responde me atraviesa sin piedad, antes de ir a devolver el vestido al probador. Ella hace todavía un último intento de obtener una respuesta de mi parte, y yo a mi vez hago un último esfuerzo de mostrarme racional.
-  ¿Y qué te parece este color?
-  La luz de aquí hace cambiar el color de las cosas, deberías verlo afuera…

Lo que sigue es una recriminación con pelos y señales de lo poco atento que soy, de lo poco que me importan sus cosas y de mi poco gusto en ropa. Lo único que no escucho es precisamente eso que deseo escuchar, que nunca más volverá a traerme de compras. Mientras esto ocurre, seguimos caminando y sin darme cuenta, hemos llegado a la sección de lencería femenina. Inconscientemente, mi cabeza se vuelve hacia los enormes posters de mujeres en ropa interior. Cuando volteo mi cabeza para mirarla a ella para que no piense que soy un pervertido, ella, que no ha perdido detalle, cree que ahora la estoy comparando con las modelos de los posters. Viene otra tanda de recriminaciones.

Afortunadamente el cansancio, o la confirmación de que soy una causa perdida le hace decir lo único que me puede librar de mi tortura.
-  ¿Por qué no te vas y me esperas en la sección de electrónicos?

Lanzo un suspiro de alivio al ver restaurada mi fe en la humanidad. Aunque sé que he perdido esta batalla, me siento más tranquilo en la sección de electrónicos al darme cuenta de la cantidad de esposos, novios y amigos de mujeres que también están esperando que sus respectivas parejas terminen de hacer compras en la sección de ropa femenina.

Pero la historia de terror no acabará aquí. Sé que en algún momento, ella me pedirá otra vez que la acompañe, e igualmente no sabré que hacer, ni qué decir. Esta es una de esas batallas en que hagas lo que hagas no podrás vencer.

jueves, 31 de julio de 2014

El Burro y el Filósofo


Un aspirante a filósofo tenía que dar una conferencia ante las más altas autoridades académicas y, si obtenía su aprobación, se convertiría en uno de los grandes sabios que administran la verdad desde sus cátedras. Sin embargo, aquella mañana se había despertado con un terrible dolor de cabeza que coronaba el más absoluto vacío conceptual. Él, que se había preparado como debe hacerse para alcanzar los altos puestos, que se había abierto camino a codazos sin respeto a lealtades ni principios, que había aprendido a base de tesón los excelsos tecnicismos con los que los verdaderos sabios ocultan su saber al vulgo, como por arte de magia lo había olvidado todo, y se encontraba tan a oscuras como antes de emprender el difícil sendero del conocimiento –si no más. ¿Qué malvado maleficio provocado por la envidia podía ser el causante de su amnesia? ¿Acaso era justo, después de tantos desmanes y desvelos?

Desolado se hallaba en estos tristes pensamientos, cuando llegó bajo una encina donde un burro se refugiaba del inclemente sol del mediodía. El filósofo se metió bajo la misma sombra y, mirando con envidia al burro, le dijo: "Afortunado tú, noble animal, que no tienes que preocuparte más que de llenar la barriga y protegerte del calor, y no cargas con el terrible peso del conocimiento, ni sufres en tu corazón los aguijones del olvido".

El burro abrió la boca como si fuera a burlarse de las penas del hombre con un sonoro rebuzno pero, en vez de eso, empezó a decir: "Hombre, te aseguro que son muchos los conocimientos que mi paciente cerebro atesora y, aún así, no me honran con cátedras ni sillones, tan solo recibo cargas y palos en los riñones". El filósofo, atónito, no podía creer lo que estaba oyendo, mas el burro, impertérrito, le contó cómo había descifrado los algoritmos que se ocultan en las circunvalaciones de las abejas, le habló del devenir de los arroyos y de lo que en ellos permanece y, en fin, de tantos y tan originales conceptos, que al instante una luz se encendió en el cerebro del humano.

"¿Querrás sustituirme esta noche? Te ocultaré tras las cortinas y, cuando me oigas toser, repite ante el auditorio lo que me has contado. A cambio, te prometo colchón de plumas y caricias para tus riñones". El burro aceptó encantado y, paseando uno al lado del otro como iguales, se encaminaron a la ciudad.

El filósofo avanzó hacia la tarima confiado y sin papeles en las manos, lo que levantó sospechas entre el auditorio: "Otro joven heterodoxo", rumiaban los más viejos. Pero, cuando tras los carraspeos convenidos con el burro para avisarle de que era su turno, un bestial rebuzno atravesó como un cuchillo los oídos del público, aquello fue considerado un insulto intolerable y una lluvia de prosaicos improperios cayó sobre el abochornado filósofo, que tuvo que salir de allí corriendo.

Ni que decir tiene que el filósofo no logró sillón alguno, pero alcanzó gran fama en ferias y locales de mala nota como asnal ventrílocuo.

Nunca podremos estar suficientemente agradecidos al burro, por librarnos de un sabio y desvelarnos a un genio. 

Buscando en Internet los datos que indicaban que alguien (otra vez) había plagiado uno de mis textos, encontré esta historia que pinta semejante a mi post "El burro filósofo", pero que está también muy bueno. No podía dejar pasar la oportunidad de ponerlo por aquí.
La nota original está en esta dirección: http://cibernous.com/perifericos/mparalelos/burro.html

jueves, 24 de julio de 2014

Lo que me gusta del Perú


En estas fiestas patrias los comentarios de lo bonito que es ser peruano se pone de moda, aunque con escasa imaginación. Cada vez que veo una de esas declaraciones de orgullo de ser peruano me parece estar leyendo párrafos aprendidos de paporreta en la escuela o una repetición de aquello que nos han dicho de lo que debemos estar orgullosos. Aquí se colocan los versos del vals “Mi Perú”, o las inevitables menciones a la comida y a nuestro pasado milenario.

¿Cómo entonces escribir algo diferente? Simplemente cerrando los ojos y tratando de mirar libre de influencias externas ¿Ves algo que te guste? Pues apuntalo o guárdalo en la memoria para la hora en que te toque sentarte a escribir. Así, pues, estas son sensaciones totalmente personales de lo que me gusta de mi país, sin esperar que nadie esté de acuerdo conmigo y sin obligar a nadie. ¿Y si son tonterías? Pues de esto se trata este blog, de escribir tonterías, sin pena y sin sentir vergüenza. Aquí vamos.

-    En mi país (y esto creo que no lo he visto en otro país del mundo) nuestros billetes no llevan las efigies de héroes o padres de la patria, militares distinguidos en la guerra o de nadie que se haya ganado a sangre y fuego el derecho de verse reflejado en nuestra divisa de curso legal. Aquí, felizmente, la gran mayoría de nuestros billetes llevan el rostro de un intelectual, escritor, o famoso historiador.  Así, nuestro billete de 20 soles lleva a Raúl Porras Barrenechea, historiador y profesor universitario; en el billete de 50 soles está Abraham Valdelomar, escritor y paisano mío (a quien le debo un post, dicho sea de paso); el billete de 100 está dedicado a Jorge Basadre, otro historiador; y por último, el billete de 200 soles lleva nada menos que a nuestra Santa Rosa de Lima. Lamentablemente el billete dedicado a Cesar Vallejo ya no está en circulación.


-    Aunque suena a cliché, me gusta la comida peruana. Así que para diferenciarme, diré que más que un gusto abstracto por la comida peruana, lo que me gusta es el hecho de que puedo encontrar en cada lugar al que viajo, un plato típico que no hallaré en otra parte. Solo es cuestión de buscar, y no estos hablando de restaurantes caros de cinco tenedores. Muchas veces uno encuentra un buen y delicioso plato en un puesto del mercado. Comer en el Perú debería ser también parte del turismo de aventura, para quien está dispuesto a correr el riesgo.

-    El Perú es un lugar de historias. Y no me refiero a las que inventan los maridos para escabullirse de su casa los fines de semana o cuando llegan tarde al trabajo. En todas partes hay alguien que te podrá contar una leyenda de su pueblo, algún hecho olvidado por la historia oficial o una aventura no registrada por los periódicos (que son los únicos al parecer que no saben contar una historia decente). Las historias de fantasmas antiguos, seres del bosque o de las cuevas, o del mismo demonio abundan en mi tierra. Y en cuanto a las historias increíbles, aquellas que García Márquez no pudo escuchar para ponerlas en sus libros, hay tantas como cervezas puedes invitarle a alguien con deseos de contarlas. Y en algunos casos soy yo mismo quien me encargo de seguir esta tradición.

-    Aquí en el Perú conservamos algo que en otros países se ha perdido, que es la unión familiar. En otros países los jóvenes se marchan del hogar apenas salen de la adolescencia, quedando solos el resto de su vida. Aquí en cambio, no es rara la vida con abuelos, padres, hijos y nietos, cada uno agregando un piso a la casa. Y esta familia se extiende además a los compadres, primos y amigos, que prestan apoyo en tiempos difíciles y también forman una cadena dispensadora de empleos y fiestas que no se registra en los archivos oficiales.

-    Nuevamente suena a cliché, pero en el Perú, si te aburre un paisaje, puedes cambiar rápidamente a otro lugar del país hasta encontrar el que te apetezca. ¿Te gusta el desierto? Aquí tenemos mucho, con dunas y arenas que te harán sentir en Sahara. ¿Lo tuyo es el frío? En las punas tenemos para regalar, lo digo yo, que he pasado una temporada por allí. ¿Y selva? También tenemos, Mister. Y varios tipos de selva: Selva alta, sin tanta humedad; Selva baja, con ríos, anacondas y todo el paquete. Tenemos también valles, montañas con nieve, lagunas, escoja Usted.

-    Por último, algunos ven esto como una desventaja, pero yo sé que tenemos suerte de vivir un país donde muchas cosas están todavía por hacer. Los europeos se aburren de no construir nada, de encontrar todo ya hecho. En mi país todavía queda bastante por explorar, por hacer, por construir. Solo hace falta un poco de voluntad y vigilar a nuestras autoridades para el dinero no se pierda en el camino para hacer casas, servicios, fábricas y todas las cosas que en otros países se dan por hechas.


¡Felices Fiestas Patrias!
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