sábado, 17 de junio de 2017

El gato que hablaba


Al llegar a mi casa, encontré un gato sentado junto a la ventana. En ese momento no se me ocurrió pensar en cómo había entrado a la casa, y por un acto reflejo, hice señas para que se fuera. “Vamos, gato, fuera, ve a tu casa”. El gato ni siquiera se dignó a mirarme y siguió observando el jardín. Ya estaba tomando una escoba cuando el gato, sin apartar la vista de la ventana, me dijo “¿Quieres dejar eso? No tengo nada contra ti y tú tampoco deberías tener nada contra mí “.

Me quedé de pie en mi sitio, como dándole la razón. En alguna parte de mi cerebro, no me parecía tan descabellada la idea de que los gatos pudieran hablar, y más bien mi sorpresa se debía a que sólo después de tantos años pudiera comprobarlo.
- Es verdad entonces, que los gatos pueden hablar...
El gato seguía observando a través de la ventana, y hablaba sin mirarme, como si hablara para sí mismo.
- Tú señalas lo obvio, como todo humano que no sabe usar sus propios sentidos y no confía en ellos. Sé que dirás que es increíble y querrás decírselo a otros humanos para que tú mismo puedas creerlo. Pero no te fatigues, nadie te creerá, porque los hombres solo creen aquello con lo que se sienten cómodos.
- ¿Entonces has venido a hablar conmigo, a compartir tus secretos?
- No te sientas especial, eres sólo otro humano para mí... He venido porque este es un buen sitio para observar. Me acerqué a la ventana para ver aquello que captaba su atención, pero no logré ver nada, sólo el mismo jardín de siempre.
- ¿Qué es lo que observas?
- Aquellas palomas. Un cazador debe siempre estudiar a sus presas... Mira cómo se mueven, se agrupan, cuáles son los lugares que usan para comer y cuáles son las ramas donde se posan... Será una buena caza hoy.
Esa respuesta me pareció cruel. - No necesitas matar a las palomas de mi jardín... Ven, tengo algo de atún enlatado...
- Los humanos creen que somos mascotas, creen que al alimentarnos nos volvemos obedientes y dependientes... Has de saber que para nosotros aceptar sus alimentos es una afrenta... Quien lo acepta es considerado entre nosotros como un ser inferior...
 - Pero hay gatos que lo aceptan... Yo he visto...
- Hay gatos sin respeto por sí mismos, no todos los gatos son iguales, así como no hay humanos iguales... He observado a los humanos... los hay ignorantes, sumisos, cobardes, vanidosos... Muy pocos de ustedes son aptos para dirigir una manada. Ahora aleja ese plato, no me ofendas, no eres digno de servirme.
- Pues esa manera de hablar es una falta de respeto, estás en mi casa. Por primera vez el gato volteó a mirarme un segundo, con los ojos casi cerrados, de una forma que era fácil identificar como desprecio.
- Humanos, siempre creyendo que poseen cosas, hasta creen que poseen a otros humanos y a otros animales. Para nosotros, ustedes no poseen nada, para nosotros, solo se posee lo que se puede defender. ¿Serías capaz de defender esta casa que dices que es tuya si otro viniera? No, lo que harías sería hablar en vez de atacar, y lo más probable es que otro humano te escuche y te deje sin atacarte. He visto humanos incapaces de defender su casa frente a un ratón, alborotarse con un insecto. Su tamaño de nada les vale. Mira esas palomas, crees que son tuyas porque están en un jardín que crees que es tuyo. ¿Podrás defenderlas esta noche cuando venga por una de ellas?
- Tal vez tú seas un gato cazador, pero la mayoría de los gatos no son como tú, son flojos, viven en nuestras casas y se la pasan durmiendo, así que ese orgullo tuyo es exagerado.
- Eso prueba lo poco que conocen a los gatos. Nosotros conocemos a los humanos más de lo que ustedes mismos se conocen. Sé que ustedes dicen que los gatos tienen siete vidas, pero entre los gatos se dice que los humanos solo usan la mitad de la suya. Miran, pero no ven; tocan, pero no sienten; oyen pero no escuchan; peor aún, no hacen caso a sus propios sentidos y prefieren creer lo que otro les ha dicho. Ustedes viven de día y duermen de noche, los gatos buscamos dónde sentirnos seguros durante el día y vivimos de noche. ¿No es cierto que me vería ridículo cazando a tus palomas de día?

Por toda respuesta abrí la ventana e hice una seña al gato para que se fuera. Me miró una última vez.
- Sé que mis palabras te ofenden, es por eso que los gatos no hablamos a los humanos. Yo no los odio, sólo me causa pena verlos tratando de ser cazadores solitarios que cazan con palabras y actitudes. Ustedes no son cazadores solitarios, son cazadores en manada, por eso se llevan bien con los perros. Recuerda eso, un humano no puede cazar solo ni defender lo que tiene sin ayuda. Busca tu manada y lograrás lo que quieras, así lo ha hecho tu especie a lo largo de tu historia. Adiós.
- ¿Qué pasará con las palomas?
- Depende de ellas. Si pueden defenderse, no podré cazarlas. Es la ley de la Naturaleza, y tú deberías recordarla más a menudo.

Cuando el gato de fue, me quedé pensando en si me habría dicho la verdad o todo había sido un engaño.
- Bah, los gatos no hablan...

jueves, 8 de junio de 2017

Mis vidas pasadas



Tratando de resolver uno de los grandes misterios de la humanidad, que es saber cómo es posible que haya gente así de tonta en el mundo, se me ha dicho que lo mío es una extraña predisposición genética, una mutación tipo X-Men, o simplemente una probabilidad casi imposible, acompañada de una innegable vocación. Otra explicación un poco más mística que ha formulado un amigo que dice que yo puedo competir con tontos de talla mundial (o sea que soy algo así como el Messi de los tontos) es que estoy pagando los pecados de mis vidas pasadas.

Debo aclarar que no creo en la reencarnación, y esta teoría me parece un insulto, un intento de quitarme originalidad e ignorar el esfuerzo que cuesta ser un tonto en una sola vida. Pero, me dicen que mi espíritu científico no puede negarse a la posibilidad, cuando ahora se ofrecen servicios de prestigiados chamanes que te hacen recordar las vidas pasadas.

Sobre el tema de las regresiones a vidas pasadas, siempre me ha parecido sospechoso que la gran mayoría de los que dicen haber tenido alguna han resultado ser personas importantes en su anterior reencarnación. Casi todos fueron de la nobleza, grandes sacerdotes, nadie dice algo como “en mi vida anterior fui campesino de la tribu de los huitotos” o “fui un mendigo que se sentaba en la plaza de Katmandu”.

Aquí en el Perú tenemos varias formas de saber lo que hemos hecho antes de nacer en este tiempo, incluyendo verificar en las oficinas estatales las deudas pendientes en el sistema financiero, donde siempre aparecen cosas que has hecho en vidas anteriores y en lugares donde nunca has estado. Pero no, mis amigos quieren probar la teoría en vivo. Obviamente, yo no recuerdo mucho de lo qué pasó en la sesión, pero me dicen que mi historia estaba tan buena que todos los presentes se revolcaban de la risa, e incluso me ofrecieron otro viaje a precio rebajado con la condición de darle tiempo a llamar gente y cobrar la entrada esta vez.

Haciendo recuento de mis vidas pasadas, resulta que soy un tonto de antiguo linaje y rancio abolengo, pues todas mis vidas anteriores han sido gobernadas por la tontería. Dicen los que estuvieron en la ocasión antes mencionada – sobre todo el que se puso a apuntar todo – que he vivido una treintena de vidas y he sido un tonto en cada una de ellas. Mi vida anterior más famosa fue en la antigua Grecia, donde fui el famoso filósofo Crísipo de Solos, que se especializaba en decir y hacer tonterías, como cuando filosofando defendía una idea y acababa argumentando en contra de sí mismo. También escribía mucho, pero nada de ello se ha conservado hasta hoy, con lo que nos hemos perdido de sus sabrosos textos. Tal vez es por eso que yo también escribo y con dos respaldos además. La última y más famosa de sus tonterías fue la de darle a beber vino a un burro para ver cómo tropezaba y caía, con tan cómicos resultados que las carcajadas le produjeron la muerte, dando origen a la expresión “muerto de risa”.

Otra de mis vidas anteriores fue la de Garcí Calatayudano, marinero español que trató de llegar al Perú a principios del siglo XVI. Y digo que trató porque nunca hubo pruebas hasta ahora de que realmente haya llegado a estas tierras. Resulta que Garcí era un tonto a quien no podía encargársele tarea tan sencilla que no pudiera hacer mal. Se dice que se hizo marinero debido a que nadie lo quería en su pueblo y un día amaneció misteriosamente a bordo de un barco. Allí se hizo conocido por el empeño que ponía en sus tareas. Le ordenaron amarrar las velas, y lo hizo con tal pasión que sus artísticos nudos no podían ser desechos. A la hora de limpiar la cubierta, descubrió las virtudes disolventes del alcohol sobre las manchas difíciles, y casi acaba con el ron antes de que los demás se dieran cuenta. El capitán del barco tomó la sana decisión de abandonarlo en el siguiente puerto, donde Garcí se las arregló para abordar otro navío, que lo llevó hasta el siguiente puerto, donde fue abandonado por razones parecidas. A poco de su llegada a Panamá ya era conocido como el marinero más tonto de Las Indias y Europa, y fue enrolado en una de las expediciones de conquista del entonces mítico Reino del Sur, con la esperanza de que fuera la primera baja contra los indígenas. Durante el viaje en barco, se le ordenó tirar redes para pescar, a falta de una tarea mejor, pero al no lograr nada, pensó que sí los gatos gustan del pescado y son cazadores, bien podría funcionar arrojar uno al mar para que cace unos pescados. El castigo esta vez fue abandonarlo en una isla que encontraron de camino. Allí sobrevivió comiendo pescado y huevos de aves hasta qué pasó el siguiente barco que lo recogió y lo abandonó igualmente en la siguiente isla. Poco a poco fue llegando cada vez más al sur, siendo ya conocido como “el naufrago”, inspirador sin duda de la historia de Robinson Crusoe. Aquí la historia pierde su rastro, pero sé ahora que la última isla en donde fue abandonado no estaba lejos de la costa, adonde pudo llegar nadando, con tan mala suerte que al llegar a la playa fue mordido por una tortuga, que le dejó una herida que al infectarse causó su muerte.

Otra de mis vidas, de gran éxito entre los presentes a la sesión de regresión fue la de Kenosuke, un samurai del señor Toshiuda, a quien le fue encargado durante la era Meiji hacer los preparativos para recibir al shogun y al embajador norteamericano, demostrando tan poca capacidad para la tarea que el maestro de ceremonias venido de Yedo se quejó ante Toshiuda de que Kenosuke “era un tonto”. Toshiuda mandó llamar a su samurai, y le ordenó seguir las órdenes del maestro como si fueran las suyas propias. La primera orden del severo maestro fue “que dejara de ser un tonto”. Kenosuke pensó durante la noche en cómo obedecer la orden y solo se le ocurrió una salida para dejar satisfecho a su señor. Al amanecer cometió el suicidio ritual sepuku. Tal gesto mereció la admiración del maestro, quien reconoció que efectivamente había dejado de ser un tonto, y la del señor Toshiuda, quien enterró con honores al samurai fiel, honorable, pero tonto.

Otras vidas incluyeron un soldado portugués muerto la víspera de una batalla por un golpe asestado por una bacinica, según confirmó después el físico del batallón; un oscuro maestro sufí llamado Abu Navid el Apócrifo; y un hijo de hacendado en Mérida que cometió el error de ganar una partida de cartas al famoso bandolero “Mundofeo”.

A todo esto, el misterio de la tontería sigue sin resolverse, la teoría del castigo arrastrado por múltiples vidas queda descartada, así como la teoría de que solo muerto se me acabará lo tonto, porque como ya hemos visto, esto seguirá hasta mi próxima vida. 

martes, 30 de mayo de 2017

¿Cómo funciona la evolución?



Leyendo algunas de las tonterías que pueblan la internet (creo firmemente que la teoría de que el 90% de lo que allí se publica es basura peca de irremediable optimismo) encuentro gente que por el ánimo de discrepar, no cree en teorías probadas hace siglos, que dice seriamente que la tierra es plana, que las vacunas no curan o que las transfusiones de sangre no salvan vidas. La más popular, con mucho, es la que niega la teoría de la evolución. Un compañero de trabajo comenzaba diciendo sobre este tema que sí ya estuviera probada no habría necesidad de seguir llamándola “teoría”. Pude entonces haber explicado la definición científica de lo que es una teoría, pero terminé respondiendo queda razón es la misma que nos hace seguir llamando “Virgen” a la madre de Jesús, aún cuando la misma Biblia dice que tuvo varios hijos, esta vez sin ayuda del Espíritu Santo.

En otra conversación (que así se ponen estas personas cuando creen estar adoctrinando) me decía que si la selección natural funcionara, se estarían extinguiendo muchas especies de animales. Golpes en la cabeza me daba tener que explicarle que eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora. Cuando llegamos al famoso tema de que el hombre desciende del mono, ahí cuando se la toman de manera personal, como si yo estuviera insultando a su abuelita. Inútil es mencionar el parecido familiar que tenemos (sí, incluso yo) con los gorilas y chimpancés, no, para él al hombre lo hizo Dios, el resto son casualidades. Además, si la evolución funciona ¿Por qué no somos mejores que en los tiempos antiguos en que se mataba por gusto y la gente hacía mal al prójimo? Debo reconocer que aquí sí me dejó sin respuesta y me puso a pensar que algo no funciona en la teoría de la evolución.

Veamos. El hombre lleva, según las investigaciones antropológicas, unos 100,000 años paseando por este valle de lágrimas, y en ese tiempo, seguimos siendo igual de bestias en muchos aspectos, solo que ahora nos vestimos mejor y llevamos smartphones en el bolsillo. No solo eso, en este tiempo la gente estúpida ya debería haberse extinguido, los feos deberían ser piezas de museo y ni qué decir de los tontos, que serían una leyenda urbana y nada más, pues todos ellos no habrían tenido oportunidad de reproducirse. Tiene que haber una explicación lógica y científica para todo esto, Darwin no pudo equivocarse tanto.

La respuesta, que obtuve después de mucho pensar, es que somos los mismos humanos los que hacemos trampa a las leyes de la evolución. En la antigua Esparta, cada vez que nacía un bebé, los ancianos hacían una revisión completa y control de calidad del producto, y si no pasaba el examen físico, el infante era arrojado del Monte Taigeto. Otro sería nuestro destino si esa costumbre no hubiera caído en el olvido, pues las calles están hoy llenas de gente que no hubiera pasado la prueba.
El otro tema es este: en las especies animales, se reproduce el más fuerte, el que tiene mejor plumaje y el más inteligente, pero con los humanos no sucede así. La respuesta es otra trampa que los humanos han creado para burlar a la evolución. El alcohol permite que hombres y mujeres sin nada en común y sin mérito alguno para el apareamiento terminen unidos y con familia.

Para los humanos, la supervivencia del más apto no consiste en ser más fuerte, ágil o inteligente que los demás, sino en tener la mejor tarjeta de crédito o el saber engañar al otro sobre su verdadera apariencia, por lo menos hasta el matrimonio, en que el hombre se da cuenta de que se ha casado en realidad con un amasijo de silicona y botox, y la mujer ha contraído nupcias no con un hombre sino con una billetera. Esta es una adaptación muy humana del darwinismo, que dice que las especies buscan la mejor forma de reproducirse.

Siendo así, me pongo a pensar cuál será el futuro de la raza humana, cuando a la gente buena y un poco tonta nos rechazan para buscar un maniquí sin sesos o una buena herencia. Nuestro destino como especie será tal vez gente materialista, adicta a los reality shows y a los Iphones, gente que no le importa el prójimo con tal de tener unos cuantos billetes en el bolsillo. Espera... ¡Eso ya está sucediendo!

lunes, 22 de mayo de 2017

El pozo de los deseos



Entre las varias historias que me traje del pueblo de Opatambo, está el del pozo de los deseos, que allá se cuenta como ejemplo de lo que puede pasar con el uso irresponsable de las facultades divinas. La historia ocurrió, como dicen allá, “Hace un montonal de tiempo, ni mi padre ni mi abuelo habían nacido”.
Era un año de sequía, en que el arroyuelo que pasaba por el medio de la ciudad estaba seco y el alcalde pidió ayuda a los vecinos para cavar un pozo que proporcionara agua a los sedientos. El lugar elegido en primer lugar estaba, por una curiosidad geográfica, dentro de los terrenos del alcalde. Se cavó mucho pero no se encontró nada, así que se tuvo que buscar otro sitio, con el mismo resultado. Al final se excavó en un sitio cercano a un antiguo puquio o fuente de agua natural, en una tierra de nadie un tanto fuera del pueblo. Sin duda los vecinos consideraron como un milagro el encontrar agua después de las primeras decepciones, así que el pozo desde el inicio tuvo una reputación de tener algo de sobrenatural. El alcalde, picado aún por no tener un pozo dentro de su propiedad, declaró que se había encontrado un pozo santo, y que como en otros lugares del mundo, se podría arrojar una moneda para que los apus proveedores de agua concedieran un deseo.

Mis informantes en Opatambo descartan categóricamente la idea de que todo fuera una treta del alcalde para levantarse unas cuantas monedas por la noche y balancear en algo su presupuesto, y más aún con lo que pasó después. Uno de los vecinos atrapó por fin al zorro que había estado diezmando su gallinero, y atribuyó el hecho a una moneda lanzada en el pozo. El hecho desató una fiebre de deseos sobre el pozo, con una lluvia diaria de monedas. Uniones de parejas que se creían imposibles, ofertas de trabajos, el fin de la sequía, no había día sin que algún hecho fuera atribuido al poder del pozo de los deseos. El cura del pueblo intervino también reclamando que los deseos eran concedidos por el poder de Dios y reclamando también que se construya una capilla en el sitio, exigencia que, ante la desidia de la gente, fue reducida a una gruta para la virgencita, la cual tampoco pudo cumplir.

Hasta aquí todavía el pozo de los deseos era una de esas curiosidades pintorescas que de vez en cuando sacuden la modorra pueblerina, pero faltaba la tragedia para que la historia trascendiera a toda la provincia. El hijo de uno de los hacendados de la región llegó para arrojar su moneda, y dicen que a los tres días justos el hacendado, ya anciano pero a quien se le auguraban todavía varios años de vida, enfermó y murió dejando la jugosa herencia al hijo que había formulado el deseo. El pueblo comprobó horrorizado que el pozo podía convertirse también en un instrumento de muerte. Durante el sepelio, aterrado secretamente por las noticias de que se había visto a sus opositores políticos rondando el pozo, el alcalde anunció públicamente que cerraría el pozo para evitar otros deseos semejantes .
Pero el alcalde comprobaría que era ya imposible detener los hechos. Todo el pueblo se opuso con lampas y palos cuando los empleados del municipio quisieron acercarse al pozo para cerrarlo. Ya la voz se había corrido en los pueblos vecinos y el pozo era más concurrido que nunca, incluso las monedas empezaron a escasear en el pueblo, que llegó a arrojar billetes “para pedir deseos grandes”.

Ante la imposibilidad de cerrar el pozo, en una reunión que se llevó a cabo en la plaza, se decidió que al menos se controlaría su uso. Se destacó a un funcionario que sería el único autorizado a arrojar las monedas en el pozo, previa declaración del deseo por parte del solicitante. De este modo se esperaba que el pozo concediera solamente deseos aprobados por la alcaldía. Pero como en cualquier otro intento de censura, la gente busca maneras de eludirla. Luego de un derrumbe que se llevó la casa de un vecino no muy querido en el pueblo, salieron a la luz versiones de gente que iba al pozo fuera de las horas de atención del encargado, y de personas que llevaban dos monedas, una para el deseo y otra para sobornar al funcionario edil. Como medida adicional, el alcalde colocó letreros a la entrada del pozo que decían cosas tales como “Aquí se prohíben los malos deseos”, “Sea responsable con lo que desea”, y “El pozo no se hace responsable de las consecuencias de sus deseos”.

 El pozo de los deseos terminó siendo alabado y temido a partes iguales. Ni siquiera el alcalde pudo librarse al final del pozo, pues después de una borrachera tropezó y se rompió una pierna, por lo que acusó a sus opositores de atentar contra su vida por medio de los poderes del pozo, y atribuyó su propia supervivencia a que había pedido al pozo sobrevivir a sus enemigos. Lo que cambió la opinión del pueblo con respecto al pozo fue la aparición de un ventarrón frío que voló techos, rompió ventanas y arrancó árboles de sus raíces. Alguien, sin duda había pedido la destrucción del pueblo, y habían librado apenas de la catástrofe. Allí fue el cura diciendo que el pozo era en realidad una treta del demonio y que las monedas arrojadas serían mejor utilizadas como ofrenda en la iglesia. El domingo, después de la misa, todo el pueblo, encabezado por el cura y el alcalde, fue en peregrinación al pozo de los deseos para pedir el deseo final. Con una moneda de oro, el alcalde, aún con muletas, formuló en voz alta y clara el último deseo: “Quiero que desde este momento, dejes de conceder deseos a esta gente que se ha mostrado indigna de tus favores, quiero que nadie que arroje una moneda vea cumplidos sus deseos de ahora en adelante, y que no vuelvas a darnos más que el agua para lo cual fuiste creado”.

Desde ese momento, no se volvió a saber de milagro alguno concedido por el pozo. Algunos todavía en el tiempo que siguió reclamaron algún evento como la intervención del pozo, pero estos hechos eran siempre descartados como casualidades. Hoy el pueblo ha crecido y el antiguo pozo está ahora en un parque pequeñito rodeado de casas, con una cerca destartalada, ya sin los famosos carteles pero todavía con una o dos monedas que pude ver en el fondo cuando me llevaron a conocerlo. Es que nunca se sabe, me dijeron los que me contaron la historia, y todavía puede ser que el pozo olvide su promesa y vuelva a conceder deseos.

Como dije al comienzo, esta es una historia que se cuenta en Opatambo para recordar que los dones divinos deben ser usados con responsabilidad, y para recordar aquella vez que un alcalde prohibió los milagros en el pueblo.

sábado, 13 de mayo de 2017

La invención del lunes


Ocurre todas las semanas. La gente llega al trabajo después del fin de semana cansada y sin ánimos, con la expresión de la derrota reflejada en el rostro, y maldiciendo al lunes. ¿Por qué tenía que ser lunes? ¡Otro lunes! ¡Castigo del cielo! y cosas semejantes se escuchan en todas las instalaciones de la empresa. Yo, por mi parte, trato de acordarme de los tiempos felices en que el lunes era solo otro nombre en el calendario, solo para recibir un golpe de dura realidad al recordar que jamás ha habido época sin lunes en toda mi vida, porque hasta las guarderías inician la semana en lunes, la escuela empieza los lunes, para que los niños aprendan desde temprano lo que significa; cuando conseguí mi primer trabajo me dijeron “empiezas el lunes” con un tono de advertencia ominosa; puedo mencionar que también en el trabajo cuando una labor es especialmente pesada o desagradable, se usa la frase “lo dejamos para el lunes”, y por esta razón el lunes es cuando tenemos que hacer los trabajos más pesados, aquellos que no queremos hacer. Y todo el mundo sabe que los lunes es cuando la gente hace no que no quiere hacer, desde los funcionarios públicos que nos dicen “regrese el lunes” hasta nosotros mismos, que para todas las tareas desagradables, los propósitos personales y todo lo que nos recomienda el médico tenemos la frase “el lunes empiezo”.

Puesto a pensar en el tema, lo que la gente en realidad odia no es el lunes, sino el hecho de que el fin de semana se acabó. Tal vez, y esto es ponerme como abogado del diablo, la intención es que el día de descanso sirva para que uno descanse y llegue al lunes lleno de energía y contento, pero la verdad es que el efecto es exactamente lo contrario. El sábado y el domingo son de descontrol total y uno llega al lunes con el cuerpo cansado, con ganas de esconder la cabeza detrás del monitor de la computadora, poner un cartelito de “No molestar” en la puerta de la oficina y esperar que el jefe esté tan cansado como nosotros y no se asome mientras estamos durmiendo. Es que en un lunes cualquiera no parece haber más ánimo que para tuitear o facebookear lo mucho que uno odia los lunes, alguien debería hacer algo, decretar una ley en contra de los lunes, que tanta baja en la productividad ocasiona.
Así que el lunes pasado, a esa hora en que todavía todos estábamos un 50% zombis se escuchó un grito desgarrador en la quietud de la oficina: ¡¿Quién fue el que inventó los lunes?! Allí fue que me puse a pensar en que esa no era una pregunta tonta, que en verdad necesitamos saber quién fue para acordarnos cada inicio de semana en nuestras oraciones para asegurarnos de que tenga un lugar preferente en el infierno. Y me puse a investigar sobre el tema.

Resulta que la semana de siete días la inventaron los babilonios, quienes decidieron consagrar ese día a la Luna, tal vez por tanta gente alunada que se veía ese día. Pero en ese entonces el lunes era un día como cualquiera otro de la semana, en que no se había inventado todavía de fin de semana ni la jornada laboral, y no existían esas connotaciones negativas. Entonces el inventor del lunes tal como lo conocemos hoy fue nada menos que Constantino el Grande, quien luego de la batalla del puente Milvio, se vio dueño del imperio romano, y con licencia para hacer lo que le pareciera, así que declaró al cristianismo como la religión oficial. Pero como los cristianos tampoco estaban muy organizados, se dio el mismo a la tarea de poner orden y terminó mezclando ideas y liturgias romanas, griegas, y arrianas, para darle forma a la iglesia católica tal como la conocemos hoy. Gracias a él se hizo el primer concilio ecuménico, se ocupó como sede papal lo que hoy es la basílica de San Juan y luego la de San Pedro, se suspendieron las luchas de gladiadores y los leones comiendo cristianos que tanto tema de películas han dado, y por último, decretó que el día santo debería ser el domingo, como primer día de la semana, en vez del sábado como último día, con lo que se formó el fin de semana como hoy lo conocemos. Y fue precisamente el primer lunes laborable en que todos los romanos después de tirarse su merecido bacanal regresaron a sus labores ojerosos y cansados, como lo hacemos hasta el día de hoy.

A Constantino debemos entonces la invención del lunes como ese día odiado por todos y en el que queramos o no, pasamos la séptima parte de nuestras vidas. Ignoro si por esta invención en este momento Constantino está en el infierno o está en el cielo por las demás cosas que hizo, que los historiadores tampoco se ponen de acuerdo sobre si es el héroe o el villano de esta parte de la historia. El hecho es que en nuestra humilde oficina se ha ganado un lugar de preferencia en el tablero de dardos, con esa cara de malvado y con todos intentando darle en el ojo, que los tenía muy grandes.

Feliz Lunes.

jueves, 4 de mayo de 2017

Hablando de Comics

Hasta Superman tiene uno de esos días.

En este tiempo he estado leyendo comics. Y como siempre, me atacan pensamientos tontos, más allá de las preguntas usuales como el por qué Hulk gusta de ponerse pantalones morados. Aquí un par de ellos:

Un tema complejo y hasta con interpretaciones psicológicas es el de Batman y el Joker, dos personalidades tan opuestas que se convierten en complementarias. El Joker con su eterna sonrisa y el Hombre Murciélago que jamás se ríe. El villano que comete fechorías por el puro placer, porque es algo que lo hace feliz, contra el héroe que lo combate como un acto de expiación, como un castigo a sí mismo o al menos como un trabajo que odia pero que tiene que hacer porque nadie más puede hacerlo. El problema es que la fábula tiene una moraleja invertida. El Joker representa la alegría del desorden contra la seriedad del deber. Si es así, es preferible ser malvado pero feliz, en vez de ser correcto e infeliz. Al final, sabemos que el Joker murió joven pero fue feliz. En cambio, Batman vivió para convertirse en un viejo amargado, como lo fue toda su vida. ¿Es esa una buena lección?

... Y hablar de cómics en la actualidad es referirse también a las adaptaciones cinematográficas de los mismos. Viendo varias de ellas, llego a la conclusión de que vivimos mejor en un mundo donde los superhéroes no existen. Si nos atenemos a las películas, la gran mayoría de los desastres de lo que nos salvan son causados por ellos mismos. El Joker fue creado por Batman, Ultron fue creado por Los Vengadores, y es Superman quien trae a la Tierra al supervillano Zod en dos versiones cinematográficas distintas, como para que no nos queden dudas. 
Pero el caso más preocupante es el del Hombre Araña. Todos sus enemigos resultan ser amigos, profesores, compañeros de trabajo o conocidos de Peter Parker. En la vida real Peter debería ser considerado un peligro público, ser vigilado estrechamente o incluso deportado para que se lleve a los villanos a fastidiar a otro lado, lo cual debería ser fácil, porque al menos en las películas, todo el mundo parece saber su identidad secreta.

¿Zona fantasma o Friendzone?

Allá por los años 60, en los comics de Superman apareció la “Zona Fantasma”, que es un lugar donde el Hombre de Acero guarda a la gente que no le cae bien. La tal Zona Fantasma es un lugar horrible, aislado, donde la gente puede ver nuestro mundo pero no puede intervenir en él, y de donde nadie tiene esperanzas de salir. O sea, que Superman se adelantó 50 años a la invención de la Friendzone. Hablando de cómo los comics se adelantan al futuro.

martes, 25 de abril de 2017

La verdad sobre los Aliens


Era uno de esos días en que estoy sentado frente a la televisión sin nada que ver. Parece mentira que esto ocurra en los tiempos de 100 canales de cable, Netflix, YouTube, DVDs y películas que amigos me copian en mi disco duro portátil, pero es así. Rodando por todas las posibilidades, me quedé mirando un programa que hablaba de la presencia de aliens a lo largo de toda la historia. Las justificaciones para esto me parecieron de lo más tontas, en verdad. El programa trataba de hacernos creer que todas las construcciones que la modernidad no puede explicar fueron hechas por extraterrestres, y que todas las leyendas antiguas son narraciones de visitas de otros mundos, todo ello narrado por un personaje con aspecto del cliché del loco que cree en conspiraciones y extraterrestres. Me quedé mirando porque el programa me dio mucha risa. Yo tengo la suerte de vivir cercano a varias de esas construcciones, y puedo afirmar que no hay nada de alien y sí mucho de ingenio humano utilizando mucha mano de obra. Machu Picchu, las líneas de Nazca y otros sitios que yo conozco que le volarían la cabeza a esos cazadores de aliens fueron hechas, estoy seguro, por mis antepasados sin ayuda de marcianos ni alfa-centaurinos.

¿Y cómo los hicieron entonces? Sé que me preguntarán los alienados. Debo responder que no lo sé, de la misma manera que tampoco sé cómo hace un mago para desaparecer un avión, sin que nadie diga que hacer eso implica el uso de tecnología extraterrestre. Lo qué pasa es que como los blancos occidentales no saben cómo hacerlo, y son incapaces de concebir que unos indios pobres los superen en conocimientos de ingenieria, le echan la culpa a los aliens, igual que cuando en la escuela veían que el niño pobre obtenía mejores notas y lo acusaban automáticamente de hacer trampa en el examen.

¿Y hay extraterrestres entre nosotros? Puede que sí o puede que no, no es una pregunta que me quite el sueño, y no me voy a suicidar ni a tener una crisis existencial si alguno sale por televisión o toca la puerta de mi casa. Lo que sí creo es que los extraterrestres no estarían muy a gusto en este planeta que solo tiene televisión en dos dimensiones, no ha desarrollado la fusión nuclear, la comunicación telepática ni la anti gravedad, deben sentirse aquí en la época de las cavernas, como nos sentimos nosotros cuando se corta el internet.
  - A ver Klaatu, por el delito de hacer grafittis de crop circle en propiedad privada, el Consejo Galáctico te condena a pasar tres meses entre los humanos, para que se te quite lo chistoso...
 - ¡NOOOOOO!

Yo creo que no es que los extra terrestres nos estén vigilando. Lo que pasa es que tienen cámaras para grabar un reality show con todas las necedades que hacemos los terrícolas, porque lo que sí tenemos son personajes como Nicolás Maduro, Cristiano Ronaldo y Kim Kardashian, que harían ese programa el primero en el rating en Alfa Centauri y en Ómicron Persei 8. Seamos sinceros, imaginemos estar en el lugar de los extraterrestres del planeta Alderaan ¿invadirían la Tierra, habiendo tantos otros planetas decentes en la galaxia? No creo que tengamos mucho que ofrecer, tal vez los chistes de gallegos o los helados de banana, que tengo por seguro que no existen en ningún otro lugar del universo.

 Y tengo la prueba de que la Tierra no es un buen lugar para sitio turístico de aliens, ni para obtener mano de obra en la construcción de la Estrella de la Muerte. Una vez caminábamos de noche por la playa en un sitio famoso por sus avistamientos de OVNIS, y yo comentaba sobre la falsedad de tales historias, cuando uno de mis compañeros dirigió mi atención al cielo. Allí estaba, una luz que se movía cambiando de color mientras hacía maniobras entre las estrellas. Inmediatamente nos pusimos a hacerle señas de saludo, de auto stop y hasta de aviso de que tiene una llanta baja. El E.T. no nos hizo caso y siguió su camino hasta ocultarse en una nube, dejándonos en condición de nativos no contactados, ni para pruebas científicas nos querían. Tú te lo pierdes, al cabo que ni quería.
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