miércoles, 15 de abril de 2015

Avatares en la calle


Creo que he estado demasiado conectado a las redes sociales últimamente, o alguien me está utilizando como un experimento para probar la realidad aumentada en tiempo real, o una cosa de esas, porque ahora cada vez que salgo a la calle, empiezo a ver a la gente convertida en su avatar. Muchas veces es difícil reconocer con quién estoy hablando en realidad porque no todos ponen su foto verdadera como imagen de avatar, y es increíble la cantidad de cara de huevos que circulan por las calles en un día cualquiera. Más o menos lo mismo que en la realidad, debería agregar.

A muchos de los que se cruzan conmigo al caminar los veo con cara de bebés. Son los orgullosos padres que ponen la foto de sus hijos como avatar. Otros muchos ponen la cara de algún famoso, tal vez avergonzados de su propio rostro. Diviso así a varios Leonardo Di Caprio, algunas Scarlett Johansson, aunque la mayoría se la llevan los personajes de Star Wars: hay Darth Vaders, Darth Mauls, Yodas. En todo caso hay menos Jar Jar Binks de lo que pensaba, al revés de lo que ocurre en la realidad. También hay personajes de Harry Potter, de Juego de Tronos y superhéroes diversos.

A las mujeres se les reconoce porque no se les ve la cara sino alguna parte del cuerpo propia o ajena: se ve un poco raro ver gente incompleta que solamente es tetas, traseros, piernas, tatuajes.

Divertido mirando a la gente circular con su imagen de avatar me quedo observando leones, Ches Guevaras, conejitos, Simpsons, letras pi y signos diversos, hasta que caigo en la cuenta de la poca cantidad de personas que usan su rostro real como avatar. Puedo hacer un juego donde el que vea una persona con su verdadera foto se tome un trago. Decido acercarse a una chica simpática sin miedo a mostrar su rostro y acompañarla, alabando su gusto por la sinceridad, pero ella me rechaza y se aleja. Mi propia visión frente a un espejo me devela la razón: Yo mismo tengo el avatar de un espantapájaros. Tonto, tonto y retonto el que critica en los demás aquellos de lo que también es culpable.

viernes, 10 de abril de 2015

La moneda


- ¿Qué estás haciendo?

Vero estaba hurgando en su monedero. Sacaba monedas, las observaba, las limpiaba y dejaba a un lado.

- Oye, ¿no me escuchaste?
- No, esta no me gusta -susurraba para sí Vero- mmm... esta está vieja. No, no, esta tampoco.

Vero abrió el cajón, sacó una cajita de madera y una pequeña llave, giró la cerradura a la izquierda y abrió la alcancía. Corrió a la cama y regó todas las monedas sobre la sábana turquesa.

- Ven, ayúdame a separar las monedas.
- ¿Para qué? No entiendo lo que estás haciendo.
- Necesito ver todas las monedas de 10 centavos que tengo.

Empezó a sacar las moneditas de 1 centavo, habían bastantes. Algunas de 25 y un par de euros que le había regalado su hermano.

- No, ninguna me sirve.

Volvió a meter todas las monedas en la alcancía, la cerró con llave, agarró su bolso y salió del cuarto.

- ¿A dónde vas?

- A la tienda - gritó Vero- necesito encontrar la moneda más bonita de 10 centavos.


¿Qué es lo que hace que una historia me guste? Hasta ahora no tengo una respuesta precisa. Hay historias simples, como esta, que cautiva mi atención y me hace incluirla aquí, sin razón alguna, o solamente por mi gusto. Este pequeño cuento lo encontré aquí: http://minicuentos.blogspot.com/2010/06/la-moneda-mas-bonita.html

domingo, 5 de abril de 2015

Inventos tontos


Dentro de mi plan maestro para legar algo a la humanidad, hacerme famoso y de paso, obtener algo de dinero extra, ya que este blog es un trabajo ad honorem, como todos saben, me he propuesto hacer un invento o descubrimiento importante, de esos que salen en las primeras planas de los diarios, de esos que hacen que mi foto salga en los encabezados y portadas de páginas web.

La manera de moda en que un inventor se hace famoso es creando una aplicación para celular, Smartphone o Tablet. Todos aplaudirán mi ingenio, darán publicidad y la caja registradora de la tienda en línea no dejará de repicar. El único detalle que me falta afinar es justamente lograr que la bendita aplicación funcione en Android, en IPhone, en lo que sea, pero que funcione, por el amor de Dios. La primera idea que he desarrollado es un app que convierte al celular en un bumerán. Lamentablemente las pruebas no han sido satisfactorias, cada vez que activo el app y lanzo el celular por el aire, no solo no regresa, sino que además se destroza contra el piso.

Algo parecido pasa con el app para convertir el celular en una balanza digital. Hasta ahora no logro que el celular no se rompa cada vez que alguien se para sobre él. Una lástima, porque el mercado de gorditos que gastan su plata en tonterías es uno muy grande y floreciente.

Tampoco estoy avanzando mucho en mi proyecto de utilizar la energía negativa de las personas para recargar el celular. Si logro hacer que este cargador funcione, voy a revolucionar la industria, porque conozco gente con energías negativas suficientes no solo para cargar el celular, sino hasta para echar a volar un avión de pasajeros.

Mientras hago que mi cargador funcione, estoy desarrollando una aplicación para deshojar margaritas virtuales, invento que me va a salir muy ecológico y que salvará multitud de margaritas sacrificadas y que no tienen la culpa de tanta pareja jugadora y tanto tonto que todavía se pregunta si lo quieren o no.

En el área de los descubrimientos, debo indicar que lo vengo intentando desde que era un niño y encontré en una excursión a un río una papa fosilizada. Era perfecta, cualquiera que la viera decía al instante “parece una papa”. El problema fue que nadie quiso tomar en serio mi descubrimiento, a pesar de la contundente evidencia visual.

Tal vez con un descubrimiento en el área de la medicina la pueda hacer, si un señor doctor que hacía un experimento para curar los infartos se sacó la lotería descubriendo el viagra, a mí también me puede tocar la suerte. Fruto de mis investigaciones he podido desarrollar una efectiva pomada para los mosquitos, pero no ha resultado muy práctica, debido a lo difícil que es atrapar un mosquito para poder echarle la pomada.

Otro medicamento que estuve desarrollando fue una pomada para evitar la caída del cabello, los resultados iniciales fueron muy prometedores, hasta que me hicieron notar que la pomada era en realidad un pegamento que hacía que los cabellos se queden pegados a la cabeza y no caigan al piso. Aun pienso que con una buena promoción todavía puedo conseguir bastantes incautos que compren mi pomada.

Rompiéndome la cabeza para hacer que estos inventos funcionen, he pedido consejo a mis amigos, a ver si alguien tiene una idea original que pueda convertir en un invento o en un descubrimiento revolucionario. Como siempre, recibo el acertado consejo de mi amigo el Trucha, que se conoce todos los tejes y manejes y todos los trucos de negocios, sin fijarse en leyes o normas de ética. Estás enfocando el problema de manera equivocada, me dice. Ya todo está inventado, y lo que crees que todavía no existe, va a salir a la venta el próximo mes, y en dos meses los chinos van a sacar una copia más barata y van a arruinar el mercado, como siempre. Lo que tienes que hacer es lo que hacen los gringos ¿Y qué hacen los gringos? Agarran algo que existe desde tiempos inmemoriales, le ponen nombre y después se hacen ricos dando conferencias y explicando lo que todos sabemos. Mira por ejemplo el bullying, que ha existido desde siempre y que aquí le decíamos “agarrar de lorna a alguien”. Vino un gringo, le puso un nombre en inglés y se forró de plata explicándolo. ¿Que a alguien lo agarran de lorna en el trabajo? Ahora lo llamaremos “mobbing”, lo patentamos y nos llenamos de plata, así funciona la cosa, hermano.

El consejo me pareció bueno, no pude encontrarle defectos a su razonamiento, así que esta semana me quedé observando las actitudes de los demás en el trabajo para ver si encontraba algo a lo que ponerle nombre. Tanta fue mi atención en observar el comportamiento de mis compañeros y colegas que la gente empezó a correr la voz de que yo me quedaba parado mirando a la gente como tonto, haciendo un… ¡Lo encontré! ¡Este comportamiento no tiene nombre todavía! Después de poco pensar se me ocurrió el nombre de “Sillying”, ya que tiene que ser un nombre en inglés para que tenga más punche, y que puedo traducir como “quedarse mirando como tonto el trabajo de los demás”. Todas las empresas tienen a alguien que lo practica, pero el tema jamás ha sido tratado en los grandes congresos.

Ya estoy preparando los discursos en los que presentaré mi descubrimiento al mundo, mi nombre será recordado, los medios de comunicación hablarán de mí, seré famoso, publicaré libros, daré conferencias. Mi lugar en el Olimpo de los inventores y descubridores está asegurado. Sabía que esto de mirar como tonto a los demás daría algún resultado un día. 

martes, 31 de marzo de 2015

Y hablando de música…


Como sobre gustos no hay nada escrito, me pongo a escribir algo sobre mis gustos musicales, y ya que en gustos se rompen géneros, yo escucho todos los géneros de música, no todos por mi voluntad, porque hay otros que ponen también su tipo de música en la oficina, así que quien entre a mi lugar de trabajo puede encontrarse con cumbias, reggaetones, electro, valses, rock, baladas y hasta música clásica, dependiendo de quién haya ganado el derecho a poner la música ese día.

A falta de algo mejor, entonces, pongo estas conversaciones reales que he tenido sobre música y gustos musicales.

-          ¿Y a ti te gusta Shakira?
-          Me gustaba cuando era colombiana.
-          ¿Y ahora ya no es colombiana?
-          No, ahora es latina, esa mezcla que inventaron los norteamericanos, que come tacos, mezcla mariachis con tangos y baila salsa, se pinta el pelo de rubia y clama por su identidad.
 ....

-          A ti no te gusta Arjona ¿Verdad?
-          No, no me gusta.
-          ¿Y es por su música o porque le pegaba a su esposa?
....

-          ¿Qué música es esa que estás escuchando?
-          Es Pearl Jam, los últimos sobrevivientes del grunge.
-     ¿Del qué?
-     Del grunge.
-          Ya empezaste a hablar de tus cosas raras…
....

-          Oye, esa música que has puesto está buena.
-          Qué bueno que te guste.
-          ¿Y cómo la chica que trabaja contigo dice que pones una música horrorosa?

sábado, 28 de marzo de 2015

Frases twitteables 35


  • Qué bellos ojos tienes, me decía el cuervo.
  • Vi pasar mi vida ante mis ojos, ni siquiera se detuvo a saludarme.
  • Perdòn, llegò una ràfaga de viento y me volteò todos los acentos.
  • En la fiesta de disfraces aprendí a no fiarme de las apariencias.
  • Necesitamos algo así como un estado laico, pero aplicado al fútbol. No sé si me explico.
  • ¿A qué clase de gente quieren curar los médicos si experimentan primero con ratas?
  • ¿Eres seguidor de Arjona? - Si, ¡Y como lo alcance le saco la madre!
  • Hubo un tiempo, hace ya mucho, en que leer diarios era considerado como una forma de culturizarse.
  • Las letras, al contrario que las personas, no hay que hacerles caso cuando son grandotas y hay que temerles cuando son pequeñitas.
  • No es cierto que no hay mal que dure cien años. Lo que pasa es que nos acostumbramos y ya no le vemos lo malo.
  • Me pidieron que escriba algo sobre la luna, pero no llego.
  • ¡A la una, a las dos, y a las tres! ... Así fue como llegué dos horas tarde.
  • Me estás estorbando la vista. ¿Podrías moverte unos años luz a la derecha? 
  • A veces escuchas una canción que te recuerda algo que no querías recordar. 
  • La contradicción de ver gente en el cine comiendo un combo de "Los juegos del hambre". 
  • Hay gente que no tiene precio. Pero es porque no la aceptan ni gratis. 
  • He estado escuchando música clásica en estos días. Curiosamente, no me siento más culto. 
  • No soy un héroe, si alguna vez me hacen una estatua ecuestre, me retratarán cayendo del caballo.
  • Yo de grande quiero volver a ser niño.
  • “Esta estatua en homenaje a Don Torcuato Colombari, ardiente defensor de los derechos de las palomas” y mira como lo dejaron las palomas.
  • Pensando en la de cosas que haría si tuviera ganas… 
  • Hay personas que pensaron merecer una placa en un monumento, y no llegaron ni a epitafio en una losa. 
  • La gente le decía “Eso no puede hacerse” pero él lo intentó de todas maneras. Cuando lo logró, lo arrestaron. Es que hacerlo era ilegal. 

lunes, 23 de marzo de 2015

La guerra gringa


Había una vez, en un país al que no llamaré por su nombre, en el que el presidente, que había llegado a tal puesto como quien se saca la lotería, tenía la necesidad urgente de distraer al pueblo de todos los problemas que habían causado el y su ilustre antecesor. No tuvo que pensar mucho en una respuesta, en realidad. La solución se encuentra desde hace muchos años en todos los manuales de populismo y libros de gobierno dictatorial para dummies: Hay que culpar a los Estados Unidos. No importa que el país del norte sea el principal comprador del único producto exportable del país, nadie habrá quien defienda a esa fuente de todos los males mundiales, y si alguien se opone, pues es un agente de la CIA, se le encarcela y asunto arreglado.

El problema es que no todo es tan fácil como lo dice el manual del perfecto dictador. Normalmente el gobierno yanqui ante las bravatas de nuestros países hace el mismo caso que a las moscas que fastidian en verano, pero esta vez ensayó una tibia respuesta: impuso restricciones a los diplomáticos del país en Gringolandia. Los tales diplomáticos vieron cortados sus viajes con toda la familia, tuvieron problemas al sacar sus dólares y el lucrativo negocio del contrabando en valija diplomática se vio severamente restringido. El presidente consideró el caso de suma importancia (más aún que las marchas y protestas que se multiplicaban en su propio país), porque todos los familiares, compadres y ayayeros con cargo diplomático, que eran la mayoría del gremio, amenazaron con convocar a un golpe de estado, recordando al presidente que la lucha contra la pobreza que había prometido al inicio de su gobierno se empieza y se termina por casa. 

El dicho presidente, que para golpes ya estaba curado desde aquel que lo llevó a él mismo al gobierno, convocó a su gabinete para tratar la grave situación. Esta vez se ha llegado a un límite intolerable, dijeron todos al unísono ¿Qué pasaría si los Estados Unidos encontraban la forma de congelar las cuentas en dólares que todos ellos tenían? La agresión debía responderse de manera contundente. ¿Denunciar la agresión ante los organismos internacionales? Imposible, esos organismos suelen estar llenos de países democráticos, y decir democráticos es lo mismo que decir amigos de los Estados Unidos. ¿Cortarles nuestras exportaciones? No se puede, son nuestra única fuente de ingreso. ¿Buscar otros países para hacer un frente? Sería buena idea si los otros países no se rieran de nosotros. Además, esos países cobran la amistad en petróleo, y con la reducción de producción por las huelgas y mal mantenimiento, además del subsidio a ese otro país, ni siquiera tenemos para el gasto, vean las colas en las gasolineras de la capital. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Urgen medidas desesperadas, y la idea más descabellada se acepta en este momento. La idea más descabellada es la del ministro de guerra (otro de los compadres presidenciales), que propone la guerra abierta con los yanquis go home. El presidente, que tiene la cualidad de decidir tan rápidamente que los opositores lo calumnian diciendo que improvisa, aprueba la idea sin más discusión. Los asesores buscan entonces la justificación a la decisión: informan que será bueno para deshacerse de un poco de gente, ya que el país está sobrepoblado, se podrá por fin probar los aviones y tanques recién comprados de segunda mano a una de las ex repúblicas soviéticas (a precio de nuevos, ya se sabe que los gobiernos nunca facturan nada en barato), y se dará al pueblo algo de qué hablar para distraer de los problemas cotidianos y se unirán en el objetivos común de destruir a los Estados Unidos, que ese objetivo sí vale la pena, no como con el vecino del sur, con el que siempre discutimos y nunca llegamos a nada.

Los preparativos para la guerra se hacen con prontitud. Se convoca a las fuerzas armadas, bueno, casi armadas, porque las armas no alcanzan para todos. Los soldados son entrenados de acuerdo a los nuevos conceptos que permiten resultados en siete días convirtiendo a pacíficos ciudadanos en terribles máquinas de matar. En realidad se perdió un día enseñando a los soldados a decir correctamente “yankees go home”.

Los problemas que se encuentran son achacados a sabotaje internos por agentes de la CIA, aunque no hay mucho que decir cuando los uniformes militares comprados en China han llegados dos tallas más pequeños y se rompen al primer roce. Las prácticas de las armas han sido un éxito, solamente se cayeron tres aviones, dos de los tanques se malograron y otros cinco se quedaron sin combustible en pleno desfile frente al presidente.

Como parte de los preparativos, también se confiscan los pocos medios de comunicación de oposición que quedan, no se debe malgastar tinta criticando al gobierno en estos momentos tan difíciles. Se confiscan también almacenes y tiendas que venden productos del imperialismo yanqui, al esfuerzo de la guerra se debe colaborar con productos nacionales. 

Cuando llega el día del inicio de la invasión sorpresa a los Estados Unidos, día anunciado por el presidente en cadena nacional, el glorioso ejército hace cola en el aeropuerto, ya que no hay suficientes aviones militares y deben tomar vuelos comerciales. Al pasar por el control, se descubre que las mochilas de los soldados llevan en vez de armas y pertrechos, arepas y tamales para los familiares que viven en Estados Unidos. Todos parten felices de traer un buen resultado, despedidos por los familiares que insisten en que los soldados aprovechen en visitar a los familiares expatriados. Las arengas del propio presidente que está presente para despedir al ejército invasor no son escuchadas por nadie, pero eso no importa, porque el mensaje será repetido por las radios y televisoras estatales (es decir, todas) para que nadie quede sin escucharlas y aún repetirlas de memoria en las escuelas.

Tras la primera semana de ofensiva, el ministro de guerra informa al presidente de los desalentadores resultados.
-          Compadre, quiero decir ciudadano presidente, hemos tenido 3,659 bajas en los últimos días…
-          ¿Qué cosa? ¿Han matado a todos esos tres mil no sé cuántos soldados?
-          No, mi presidente, los 3,659 se han quedado a vivir por allá de ilegales, con parientes o por su cuenta. Pero no se preocupe, hemos logrado que regresen otros 1,387 soldados.
-          Esos sí son patriotas, ¡Que los condecoren! ¡Que todos vean que han traído la victoria y que están contentos!
-          Ya lo hicimos, mi presidente, y en verdad están muy contentos porque han traído dólares que sus familiares les han dado para la familia acá, y también han traído laptops, celulares, y playstations para vender…


Esta es la historia de lo que en realidad ha sucedido, verdad que inexplicablemente es silenciada por el gobierno, y que es publicada aquí para que el pueblo sepa la verdad…

miércoles, 18 de marzo de 2015

Manuscrito hallado en una servilleta

Benditos sean los mozos que tardan en traer la comida a la mesa, pues nos dan oportunidad de escribir en una servilleta. Ese tiempo es verdaderamente libre, ya que no se sabe cuánto tiempo durará, y la gente tiene miedo de hacer algo más. Escribir o dibujar en una servilleta es un  medio de escape si no se tiene una conversación, e incluso con ella, pues basta dejar divagar el lapicero sobre la servilleta, y las ideas saldrán solas, sin distracciones. Como todo arte, este es uno que va mejorando con la práctica. Se debe iniciar con la costumbre de llevar siempre un lápiz o un lapicero en el bolsillo, lo cual es fácil. Luego viene la decisión de tomar la servilleta y escribir. No escribir teléfonos o direcciones electrónicas, que eso es algo trivial. Se trata de simplemente colocar el lápiz sobre la servilleta y dejar que salga lo que esconde. Al principio saldrán pequeñas cosas: un pequeño dibujo, una frase, algún garabato sin sentido. La timidez y el miedo a que llegue el plato tienen ese efecto. Poco a poco se logra ese estado en que la mente se desconecta de la mano que escribe y se liberan los bloqueos que el cerebro consciente ha construido toda la mañana o toda la tarde. Así aparecerán sobre la servilleta las soluciones a los problemas que hemos estado buscando inútilmente, el verso perdido y la idea que nos esquivaba todo este tiempo.  

Poco se habla de la contribución de las servilletas al avance de la poesía, la música, el dibujo y la ingeniería. Una servilleta en manos de una mente creativa y al alcance de un lapicero puede ser realmente poderosa. Muchas poesías, canciones, obras maestras de la pintura y la arquitectura han empezado en una servilleta, inicio que no tiene nada de humilde, pues lo han utilizado grandes pensadores y artistas.

Yo suelo dibujar mientras converso, sin fijarme en lo que sale del lapicero, tal vez son los personajes encerrados en la tinta o dentro de mi propia imaginación. A veces sale un verso, a veces un dibujo, a veces una mezcla de ambos. Y ya que han salido, los dejo a mi interlocutor o los conservo si es que merecen un repaso hasta convertirse en una idea completa.

Es por eso que dejo esta servilleta en esta mesa, como un náufrago dejando un mensaje en una botella, con la esperanza de que la encuentres y la puedas leer. No dejes que un camarero demasiado atento la recoja y la lleve al tacho de basura que representa el olvido, el convertirse en nada. Ensaya, si es que no lo has hecho antes, este arte moribundo, aunque no sea más que para sentir el tacto de un lápiz deslizándose sobre un papel, que es un sentimiento más íntimo y personal que escribir sobre un teclado. 
Benditos sean los mozos que tardan en traer la comida a la mesa.



(La letra de "Imagine" escrita por John Lennon en la servilleta de un hotel)
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