martes, 8 de octubre de 2019

Frases ajenas


Un respiro de todos los textos y frases propios que pongo aquí. Normalmente relleno los agujeros de inspiración con relatos ajenos, pero desde hace ya tiempo no encuentro algo que capture mi atención. Incluso he hecho una revisión entusiasta de lo que se publica en Wattpad, pues en un momento pensé que era una buena idea invadir ese sitio con mis tonterías, pero me llevé una decepción al no encontrar nada siquiera medianamente bueno. Ante la necesidad, me puse a ordenar las listas de frases ajenas que he encontrado mayormente en Twitter y ponerla por aquí. Estos son los resultados de mi personal cosecha:
  • A veces nuestra escritura no tiene más mérito que recoger lo que gotea de otros libros. 
  • El Bobo del pueblo, consciente de su idiotez, estaba triste. Hasta que el presidente de la Nación les visitó y dio un discurso. 
  • Gracias por el trasplante, te lo digo de corazón. 
  • Tallé nuestros nombres en el tronco de un árbol. Al día siguiente, el árbol se había secado y había muerto. 
  • No sé que abono le echan al cultivo de estúpidos pero este año la cosecha es estupenda. 
  • Me quise suicidar tomando 100 aspirinas, pero cuando iba por la segunda, ya me sentía mucho mejor.
  • Si el amor es ciego, ¿por qué nos vio la cara de imbéciles? 
  • Mi cuerpo ya llegó a la oficina, pero mi mente me pidió permiso que llegaba un poco tarde hoy.
  • Sabiendo opina cualquiera. Lo meritorio es tirar una animalada con tanta convicción que hagas dudar al resto. 
  • ¿Y si la Y es sólo una I que quiere un abrazo?
  • De mis peores errores he sacado mis mejores anécdotas. 
  • A veces la única manera de demostrar que una idea es estúpida es dejando que la pongan en práctica.
  • Señorita, usted es tan bonita que mirarla un rato lo deja a uno empapado de tristeza. 
  • Por lo general, cuando la parte inteligente del cerebro dice: «no entres ahí», ya la parte estúpida abrió puertas, prendió luces y todo. 
  • Dejé de escribir textos profundos, porque varios lectores fallecieron ahogados… 
  • Los incomprendidos son los tontos, no los genios. A estos ni siquiera los escuchan. 
  • Esas cosas que se nos ocurren a las dos de la mañana, y que oscilan entre la genialidad y la estupidez.
  • Hay gente que está de acuerdo con nosotros pero con unos argumentos tan idiotas que dan ganas de pasarse al otro bando. 
  • En mi defensa dije: "Todo está basado en hechos reales, excepto los errores ortográficos, que son producto de mi imaginación..." 
  • La vida también te enseña que, a veces, la opción más inteligente es hacerte el tonto.

sábado, 28 de septiembre de 2019

Piratería


Ocurrió en una concurrida calle. Y el diálogo fue más o menos así:

- Señor, no se apure… Le vendo este barco…
- ¿Qué tipo de barco es ese?
- Es un barco pirata, señor…
- ¿Y es original? Bueno, sí es original, pero es pirata…
- Entonces no, prefiero un original.
- Pero si este es original.
- ¿No me acaba de decir que es pirata?
- Si, pero es original…
- A ver, a ver ¿Es pirata pero es original?
- Si.
- No puede ser, o es pirata o es original…
- Es original, pero es de un pirata.
- ¡No me confunda!
- Empecemos de nuevo ¿Si?
- ¿Este barco es original?
- Si.
- ¿Y qué tipo de barco es?
- Es pirata.
- ¡Otra vez! ¡Entonces no es original!
- Mejor se lo pondré así… Es un barco de bucaneros.
- Así está mejor… ¿Y es original?
- ¡NO! ¡Es pirata!
- No importa, se lo compro...

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Mi clase de tonto


Cansado de que la gente me pregunte qué clase de tonto soy, intenté primero establecer una clasificación de los tontos, para descubrir que hay tantas clases como tontos existen, porque los tontos son únicos e irrepetibles, cada uno a su manera. Tampoco se puede proponer una escala cualitativa porque siempre hay un tonto que sobrepasa la escala, los tontos se superan y sobrepasan cualquier límite humano. Lo único que entonces puedo hacer es clasificarme por analogía, poniendo casos como ejemplo. Como resultado, puedo decir que soy esa clase de tonto que:

  • No cree en lo que lee si encuentra una falta de ortografía.
  • No hace caso de las críticas, a menos que encuentre algo de razón en ellas.
  • Cuando viaja, se encuentra a sí mismo no en el destino, sino en el viaje.
  • Cree que el bien es silencioso, a diferencia del mal, que es muy ruidoso, y por eso la gente piensa que es el mal lo que más abunda.
  • Pregunta en voz alta lo que todos piensan pero no dicen por miedo a parecer tontos.
  • Cuenta situaciones normales de la vida como si fueran sucesos maravillosos, como si la magia fuera un elemento cotidiano de la existencia.
  • Al que nadie toma en cuenta cuando da una opinión, hasta que los hechos le dan la razón, y aún entonces, la gente critica por agorero y por dar mala suerte.
  • Piensa en sí mismo más que como un tonto intencional, como un tonto en defensa propia.
  • Al contrario que el resto de la gente, solo se porta normal cuando está totalmente borracho.
  • Tiene una musa que le susurra tonterías al oído, dejando a la gente sorprendida por esas tonterías tan inspiradas.
  • Siente empatía no solo por los pobres y desamparados, sino también por los malvados, pensando en lo que les habrá pasado para volverse así.
  • Cree que todos somos tontos en algún momento del día, en alguna situación, en alguna época de la vida, con alguien, o por alguien.

Esta no es una definición, ni una clasificación, tan solo sirve como ayuda para los que preguntan.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Energía negativa


Esta mañana, en la oficina, alguien mencionó que había mucha “energía negativa”. Yo, ocupado como siempre en todos los problemas que aparecen en el proyecto, creí que se refería al desempeño de nuestro proveedor de grupos electrógenos o al suministro eléctrico. Nuestros análisis de demanda de energía ya están revisados, contesté, tenemos la energía suficiente. En ese momento noté varias miradas desaprobatorias a mi alrededor. Al parecer no todos estaban de acuerdo con mi análisis técnico. Aún así, revisé rápidamente las especificaciones del contrato de suministro de energía, y encontré que, en efecto, no había indicación alguna sobre si la energía contratada debía ser positiva o negativa.

Una de las asistentes se atrevió a sacarme de mi confusión para que deje de decir tonterías (tarea inútil, como se sabe) y me explicó que se referían a que el stress ocasiona el incremento de las malas vibras dentro de la oficina, y por eso el mal humor y las discusiones frecuentes. La explicación fue iluminadora, y me hizo darme cuenta que, ya que la energía es la capacidad de generar movimiento, y el mal humor y la mala voluntad son el motor de las personas malvadas, es lógico que tales personas se muevan impulsadas por la energía negativa. Al ver a una de ellas caminar era fácil notar qué tipo de energía la impulsaba. Y no solo eso, sino que debía tener una conexión defectuosa, pues tenía una fuga de energía negativa que irradiaba a toda la oficina. Esta energía afectaba sin duda también a los artefactos eléctricos, pues recordé que ella era la que se quejaba hace poco a voz en cuello de los desperfectos de su computadora. Con semejante fuga de energía debería haberse quedado sin batería hace media mañana, si no fuera por la gran reserva que tiene en la barriga, que como sabemos, es donde se acumula la energía que no se utiliza.

Me pregunté entonces si mi laptop funciona con energía positiva o negativa. En la etiqueta no tiene ninguna indicación, pero debe tener alguna influencia, no puede haber otra explicación al hecho de que su reloj avanza más rápido a la hora del almuerzo y más lento pasada la tarde y antes de la hora de salida. Deben ser interferencias ocasionadas por la energía negativa. Aquí fue cuando me empecé a preocupar por el tipo de energía que estamos contratando para el proyecto. ¿Nos están dando energía negativa, que es más abundante, o energía positiva, que es más amigable con el medio ambiente? Llamé al ingeniero a cargo para hacerle esta importante pregunta, pero creo que no entendió la gravedad del asunto, porque me respondió malhumorado que no tenía tiempo para esas tonterías. La energía negativa lo ha invadido a él también, descubrí aterrado. Decidí intentar con el representante comercial. Resultó ser un tipo más abierto a las consultas de los clientes, me dió primero una lista de todos los números del suministro: 220 voltios, 60 amperios, 60 ciclos. Cuando llegué a la pregunta de la polaridad de la energía, se detuvo un momento para pensar, y luego me respondió en un tono más juguetón, que ellos proveen energía alterna, así que la suma es cero, ni positiva ni negativa, con la adición de que ellos tienen filtros en los equipos que desvían la energía negativa mediante cables hacia los pozos de tierra. No tiene de qué preocuparse, ingeniero, me dijo con una voz entrecortada por la risa.

Me sentí más aliviado con la respuesta, pero aún quedaba el problema de cómo solucionar el exceso de energía negativa en la oficina. Buscando en los catálogos técnicos de nuestros proveedores descubrí que todavía no se ha inventado motor o batería que pueda aprovechar la energía negativa, lo cual es una pena, porque me dicen hay por allí algunos que pueden iluminar todo el edificio con la energía que van repartiendo.
De pronto caí en la cuenta de que el representante técnico ya me había dado la respuesta: ¡Todo era cuestión de poner un cable a tierra! Fui con un cable de cobre hacia esa persona que, según todos en la oficina, es el principal generador de energía negativa en la empresa, y le pregunté en dónde podía enchufárselo para conectarlo al circuito de tierra. No me mintieron en cuanto a la cantidad de energía negativa que tenía, porque un poco de lo que tenía fue suficiente para cargarme de improperios, arrojarme multitud de implementos de oficina y mencionar a toda mi familia, y todavía le quedó bastante para repartir a quien se le acerque durante el resto del día. Es una lástima, porque lo único que me queda es ponerle un cartel de advertencia de peligro, alta energía negativa.

miércoles, 28 de agosto de 2019

Dos cortitas


Ciclo capitalista 
Buscar trabajo
Tratar de sobrevivir mientras encuentras un trabajo
Obtener un trabajo
Conformarse hasta encontrar un trabajo para el cual se ha estudiado
Tener un trabajo acorde a tus capacidades
Tener un trabajo donde hagas lo que te gusta
Tener un ambiente de trabajo agradable
Encontrar un trabajo donde te paguen lo que mereces
Sobrevivir a la próxima reducción de personal
Repetir el ciclo.


Generaciones
La generación que escuchó a los Beatles, lo único que puedo decir es que tiene un mejor gusto musical.
La generación hippie no logró hacer que triunfe la paz y el amor.
La generación que creía en el socialismo fue la que más rápida y estrepitosamente vio destrozarse sus sueños. Algunos no se recuperan hasta hoy del golpe.
La generación que jugaba con el cubo de Rubik ¿Es más hábil con las manos? ¿Tiene mejor percepción tridimensional?
La generación que jugaba con un Tamagotchi ¿Trata mejor a sus mascotas? ¿Entiende mejor sobre la fragilidad de la vida?
La generación que leía los libros de Harry Potter ¿Tiene mejor comprensión de lectura?
De la generación que hoy escucha reggaetón ¿Qué podremos esperar realmente?

domingo, 18 de agosto de 2019

Pelotitas anti stress


Conforme crece el índice de stress en nuestra oficina, los responsables de personal se esfuerzan cada vez más en buscar formas de mantener a la gente motivada, y evitar una ola de suicidios, asesinatos y levantamientos en masa de imprevisibles consecuencias. Yo también creía que estos riesgos eran pura exageración sacada de un libro extranjero, hasta que caí en la cuenta de ya ha habido varios casos de compañeros caídos en el cumplimiento del deber, que la empresa ha tratado de suavizar reportándolos como resfríos, descansos intempestivos o inofensivos arrebatos de locura temporal.

La primera acción que se tomó fue implementar un mini gimnasio. Tal como lo predije cuando nos dieron la noticia, la novedad duró cosa de dos semanas, hasta que se dieron cuenta de que a nadie le dan tiempo para usarlo, no importa que tan temprano o tan tarde sea, y a los que empezaron a usarlo eran mal vistos, como flojos que no querían trabajar o que tenían tiempo de sobra. Para mí, lo que hacía falta en el mini gimnasio era un saco de arena para golpear, y con sitio para colocar la foto de alguien, como para hacer el ejercicio con más gusto.

El último intento ha llegado hace poco, y consiste en repartir una dotación de pelotitas anti stress. La idea no parece tan mala, uno puede oprimir la pelota de una manera discreta en su mismo puesto de trabajo sin ser señalado por ningún dedo acusador. Una experta en bienestar laboral ha ido sección por sección para repartir y explicar el uso adecuado de las pelotas anti stress. Yo veo la que me dan y me parece raro que una pelota de espuma necesite instrucciones de uso. Solo se trata de estrujarlas hasta que se te quiten las ganas de venir con una ametralladora a la oficina, no hay gran ciencia en ello. La experta nos explica que la pelota se debe estrujar rítmicamente, coordinadamente con la respiración, que al hacerlo debemos estar una posición cómoda en nuestro asiento, y otras indicaciones que no escucho porque estoy tratando de hacer algunos de los trucos con pelotas que he aprendido alguna vez.

Aunque para algunos estas pelotitas se han convertido en un adorno más de la oficina, por mi sitio ya dos de ellas han cumplido su destino, quedando convertidas en una masa informe y arrugada, víctimas de un mano con mucho stress acumulado, que no solo estruja, sino que también retuerce, estrangula y destroza. Debo reconocer que no pensaba que una pelota podía convertirse en algo así en tan poco tiempo.

Yo por mi parte, aún estoy volviendo a recordar varios trucos de pelotitas. En la mañana, cuando los cestos de basura están todavía limpios, juego a la canasta en ellos, y ya me he ganado un par de apuestas y el récord de canasta a tres bandas. Con otras pelotitas donadas generosamente por trabajadores que no creen en estas cosas, he completado la colección de pelotitas con una de cada color, y he podido hacer dos vueltas de malabarismo con tres pelotitas, incrementando mi reputación en la oficina.

 Aunque ha aumentado el índice de pelotitas tumbando floreritos, lapiceras y monitores de computadoras, creo que en general la moral de la oficina ha subido un poco. Con mi ayuda, mis compañeros empiezan a dominar los secretos del “pelotitas anti stress free style”, pasando las pelotas desde la espalda y recibiéndolas con volteretas. Aún estoy tratando de convencer al Área de Personal que el incidente de la guerra de pelotitas entre áreas funcionales ha servido para liberar tensiones en ambos lados. Como parte del área técnica, estoy haciendo planes para modernizar el proceso con hondas y rifles lanza pelotas. Sería una verdadera forma de liberar el stress acumulado.

miércoles, 7 de agosto de 2019

Mis playlists


Desde la aparición de Spotify y los otros servicios similares, se ha vuelto común escuchar la música desde el celular. Yo mismo, caigo en esa tentación de la música a la carta, que supera por mucho a la colección de canciones que mantenía y que ya ha logrado que abandone definitivamente la radio.

Dejando de lado las discusiones sobre la calidad del sonido, es una buena alternativa para viajes cortos en el transporte público (para viajes largos, aún es mejor mi reproductor portátil) y para esos momentos al final de la tarde en que el cansancio exige algo de ruido que distraiga y mantenga la productividad.
Es en este momento cuando tengo que escoger una lista de canciones o playlist que cumpla con la función y que sea alusiva al momento. Tomando en cuenta cómo está el trabajo en estos días, hacer una playlist es necesario, antes de poner “Under Pressure” en loop infinito, porque es la única canción que se me ocurre como banda sonora de esos momentos.

Aquí es donde he descubierto el sutil arte de crear una playlist, que no es lo mismo que poner una hilera de canciones revueltas una tras otra, como ciertos playlist que he visto, que bajo nombres tipo “lo mejor de lo 90” o “las canciones del verano” ponen literalmente cualquier cosa. No, las canciones de la lista deben tener algún punto en común, que puede ser una base de guitarra o piano, un estado de ánimo o un tema en la letra.

Buscando las playlist disponibles en Spotify, encuentro algunas que desde el nombre me hacen pensar que no soy el único tonto en esta labor. A los nombres comunes como “las bailaditas del verano” o “las clásicas del reggaetón”, siguen nombres muy descriptivos como “chanchitos enamorados” o “música para escuchar mientras haces el planchado”, pero que por lo mismo, no me dan ganas de escuchar. Así que primero encontré algunos playlists y les cambié de nombre por unos más apropiados, más o menos así:
  • “Lista de Aerys Targarien”: Es decir, quémenlos a todos. 
  • “Si te han mandado a la mierda, escucha esto durante el viaje” 
  • “¿Quieres poner a tu vecino como un energúmeno? esta es tu playlist” 

La tarea, aunque entretenida, no llena el alma, así que es necesario crear mis propias listas, pensé.  Tras un exhaustivo análisis de mi vida y sus momentos, estoy ahora en el afán de crear mis playlists, que estoy seguro que serán un éxito, y son más o menos así:
  • “Soy un macho sensible” 
  • “Los retardados mentales también tienen derecho a escuchar música” 
  • “Música para alguien que no voy a decir quién es, pero lo estoy mirando” 
  • “Música que no sé cómo llegó aquí” 
  • “Dedicadas a ese que no voy a decir quién es, pero que lo estoy mirando”. 
  • “Te apuesto a que esta canción no te la esperabas” 

¿Y qué contiene cada una de las listas? Eso lo dejo a la discreción de cada uno, que cuando sepa de esta lista me diga la canción que cree que debe estar allí, y así yo la agregaré.
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