miércoles, 11 de enero de 2017

Grandes momentos de la prehistoria


A veces pienso que ya tenemos demasiada historia. No hay día en que no se conmemore algo, en que no se recuerde algún hecho pasado. Las lecciones de la historia son siempre recordadas aunque nunca se aprenden realmente. Por eso ahora, cuando ya todo parece estar inventado, me pongo a investigar los logros olvidados y sepultados en las profundidades de la prehistoria, mediante la fórmula secreta que une a la astrología inversa y los viajes astrales para volver a la época en que la gente era más simple, en que muchas de las cosas que hoy damos por sentadas tuvieron sus gloriosos comienzos. Muchos creen que la gente en esos tiempos no sabía nada y que los grandes inventos son cosa de nuestro tiempo. Pues no, por eso dejo  aquí algunos ejemplos de esos grandes momentos de la prehistoria.

La invención del número seis. En el tiempo en que aún se pensaba que todo aquello que no pudiera contarse con los dedos de una mano no valía la pena ser contado, vivió Pmnt, considerado por algunos como el primer matemático de la prehistoria. No hacía muchas generaciones que se había llegado a la idea revolucionaria de equiparar conceptualmente una cantidad de objetos con los dedos de una mano. Por aquel entonces se contaba señalando primero los bienes y luego señalando un dedo de la mano. Este método, aunque útil, no permitía contar más allá de cinco, pues se usaba una mano para señalar. Hoy se nos hace difícil comprender el cambio conceptual que significaba dejar de señalar para poder contar, y esto fue lo que descubrió Pmnt. Algunos piensan todavía que la invención del número seis fue producto de la casualidad, al considerar el puño como un dedo más al acabarse los dedos, pero Pmnt fue el primero en definir formalmente al número seis. Esto abrió todo un mundo nuevo para el hombre, quien finalmente descubrió que era posible contar cantidades mayores a los dedos de una mano. Desde ese momento fue posible la invención de números mayores, la acumulación de riquezas, la planificación y el control de tribus, y los conceptos de suma y resta. Lamentablemente, esta historia tiene un final triste: Muchos creyeron que Pmnt había llegado demasiado lejos con sus habilidades matemáticas, y el uso del número seis fue resistido e incluso prohibido, al considerarse como un invento diabólico. Las castas sacerdotales trataron de mantener este conocimiento en secreto para alejar al hombre de la codicia y la acumulación, pero Pmnt difundía su invención a todos, lo ocasionó que fuera apedreado hasta morir en uno de los disturbios entre los partidarios y detractores del número seis. Es desde esa época que el seis conlleva una connotación negativa, y hasta hoy se le asocia al demonio.

El café. En los tiempos en que las tribus prehistóricas seminómadas vagaban por el norte de África, las cabras eran parte importante de la vida diaria, que proporcionaban carne, leche, cuero y lana, además de ser capaces de comer hierbas duras y requerir poca agua. No en vano se les consideraba entonces como un regalo de los dioses a los hombres. La tribu Korbu, que buscaba un sitio donde establecerse durante el invierno, notó que las cabras de la tribu estaban inusualmente inquietas. No se tardó mucho en descubrir que la razón eran unos arbustos de frutas rojas que habían estado comiendo. Uno de los pastores, cuyo nombre ha caído en el olvido, probó la fruta y el sabor le pareció desagradable. Desencantado, arrojó las ramas al fuego. En ese momento ocurrió un doble milagro: el café comenzó a hacer efecto y los frutos tostados empezaron a emitir un olor agradable y muy penetrante, que atrajo a toda la aldea. El gran jefe pidió consejo a los ancianos sobre cómo aprovechar mejor el descubrimiento, surgiendo varias ideas como tratar de disolver los frutos en agua hirviente, preparar una pasta comestible o quemarlo para inhalar el humo. Después de semanas de intensa experimentación, labor acometida por todos los habitantes de la aldea, se encontró que la mejor manera de consumirlo era disolver los granos molidos en agua caliente. Una vez descubierto el mejor método, los resultados fueron explosivos. Se dice que en esa temporada toda la tribu se mantuvo cuatro días trabajando sin dormir, tiempo durante el cual muchos de los habitantes tuvieron visiones y entraron en posesión de entidades divinas. El gran jefe se vio obligado a prohibir el uso de la bebida para evitar que los aldeanos perdieran el contacto con la realidad. El consumo de café se reservó al inicio para ocasiones especiales, aunque después se permitió su empleo durante la temporada de cosecha, cuando el trabajo se intensificaba, y en la temporada de frío, en que se tomaba solamente en las noches. Aunque se trató de mantener el secreto, pronto se esparció la fama del pueblo que no dormía y que podía hablar con los dioses gracias a una bebida maravillosa. El café también impulsó la creatividad en las artes de la cerámica y la textilería, que se hicieron conocidas en toda la región. Se dice también que era posible reconocer a uno de los habitantes de la tribu Korbu, así como sus textiles y su cerámica, solo por el aroma que tenían impregnado, y que perduraba mucho tiempo después de que hubieran abandonado su pueblo.

Estas son algunas de las historias que he encontrado en la prehistoria, y que comparto hoy. Aún quedan varias para compartir, y que verán algún día. Háganme acordar que queda pendiente anotar los profundos cambios culturales y sociales que ocasionó la invención del jabón y la leyenda que rodea a la invención del juego del detín marín. Pero por hoy lo dejaremos aquí. Buenas noches.

lunes, 2 de enero de 2017

Nada nuevo bajo el sol

El primer selfie stick, 1925
Hace cosa de tres milenios, siglos más, siglos menos, Salomón dijo, escribió y puso en la Biblia para que no se olvide, la frase: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Dicen que esta frase se le ocurrió después de escuchar a los juglares del palacio contar los mismos chistes de la época de Enoc. Lo curioso es que desde ese tiempo la cosa no ha cambiado mucho, no sólo porque nos siguen contando los mismos chistes, sino porque hasta ahora nos siguen presentando como la gran novedad cosas que ya existían desde hace mucho. E internet está lleno de cosas que la gente cree que son la gran novedad pero que en realidad existen desde hace mucho. Ya que hoy me encuentro aburrido frente a la computadora, me pongo a demostrar que varias de las cosas que encontramos hoy en internet son mucho más antiguas de lo que creemos.

Los primeros muros de Facebook: En la antigua China del siglo V a.C. aparecieron los “dazibaos”, que eran hojas que cualquiera podía colocar sobre los muros públicos. El dazibao podía tratar cualquier tema y ser escrito por cualquiera. Sobre este papel los vecinos de la ciudad solían colocar también otros papeles con sus comentarios, igual que como se hace ahora en el muro de Facebook.

Los primeros emojiles: nadie me va a negar que los primeros emojiles son los jeroglíficos egipcios que se usaban hace más de cuatro milenios. En ese tiempo, Ptah el egipcio, para avisar que estaba cansado por haber trabajado como un buey, dibujaba en su puerta un buey con un arado y un hombre recostado, tal como lo haría cualquier Juan del día de hoy en el Whatsapp. Y la colección de emojiles de ese tiempo incluía dibujos de papiros, escarabajos, barcos, manos, plumas y todo lo que necesitaba en ese entonces para expresarse.

Los primeros tweets: Desde hace muchos siglos, se han utilizado palomas mensajeras para enviar noticias. Simplemente se amarraba un pedazo de papel a la pata de la paloma y se enviaba para que el mensaje llegue volando a su destino, donde el receptor diría después que esa noticia “me la dijo un pajarito”. Claro que los mensajes no podían ser muy largos, porque la pata de la paloma tiene una capacidad limitada de caracteres que se pueden escribir, pero de todas maneras creo que era más que los actuales 140, así que no me digan ahora que todo progreso es para mejor.


El primer meme: Este no es tan antiguo como los anteriores, pero de todas maneras precede con mucho a la internet. Durante la Segunda Guerra Mundial, apareció escrito en muchas paredes la frase “Kilroy was here”, que pronto fue acompañada de un dibujo simple de una persona asomando. Como con los actuales memes, nadie sabe con seguridad como surgió ni quién fue el creador, pero se hizo popular y los soldados americanos la dejaban dibujada mientras avanzaban por el frente europeo.

Pokemon Go: Lo más moderno que nos ha llegado es el Pokemon donde hay que salir a la calle a capturar bichos. Pues esto lo hacía desde su niñez Satoshi Tajiri, el creador de Pokemon, quien salía con pequeñas cajitas (antecesoras de las pokebolas) a capturar insectos en su pueblo natal antes de mudarse a Tokio, donde la escasez de insectos le hizo buscar una manera de hacerlo usando un Game Boy. Me lo imagino hoy viendo a la gente buscando bichos con su celular y recordando sus viejos tiempos en que llegaba a su casa con sus nuevos grillos, mariquitas y escarabajos aunque los demás niños se rieran de él. Ahora quién se ríe pues.

El primer influencer: A fines del siglo XVIII, Johann Wolfgang  von Goethe escribió el libro "Las desventuras del Joven Werther", que trata de un joven enamorado de una dama que no puede corresponderle. A pesar de hacer un viaje a la capital para olvidar, no solamente no lo logra, sino que a su regreso su amada ya se ha casado con otro. Al final de la novela, Werther se suicida. La novela tuvo un éxito tremendo, a tal grado que muchos jóvenes hacían la peregrinación a los lugares descritos en la novela, se vestían como el personaje principal e incluso hubo muchos casos de suicidio que imitaban el final de Werther. El caso alcanzó tal extensión que se hablaba de la "Werther-Fieber" (Fiebre de Werther) que hacia a los jóvenes melancólicos y potenciales suicidas. Goethe lamentaría el resto de su vida el efecto de esta novela, y el hecho de que muchos de los que se acercaban a visitarle solo conocían esta obra, incluso después de haber escrito "Fausto" y otras obras capitales de la literatura alemana.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Navidad en la oficina


Ya llegó diciembre, hora de ponerme a pensar en todo lo que he hecho este año para ver si el balance está en rojo o en azul, de preguntar a mis contactos en el área de logística cómo está viniendo este año la canasta navideña, y de poner en mi sitio ese arbolito coqueto que es la envidia del resto de la oficina.

También es la época de otras actividades menos agradables. A la hora de la decoración de la oficina, tengo que ayudar y dar el ejemplo de decorar el ambiente con motivos navideños. Siendo aún tan temprano en el mes creo que todavía no me invade el espíritu navideño, pues la mayoría de los adornos me parecen terriblemente cursis. Lo peor es que me debo abstener de comentarios en voz muy alta, pues sé quién los ha comprado y no me voy a ganar ese enemigo a estas alturas, sobre todo debo cuidar lo que comente en mis emails, no me vaya a suceder lo de hace dos años, cuando le dieron reenviar a ese famoso correo.

Aquí veo también las diferencias entre la gente al abordar las costumbres navideñas. Los nacimientos andinos con llamitas de cerámica y gruta de papel conviven con el árbol navideño de luces LED, el pan guagua traído directamente de la sierra y la corona de adviento que me inculcaron desde el tiempo en que estudiaba alemán.

En esta época empieza también la fiebre de buscar pasajes para que cada uno vuelva a la tierra que le vio nacer, y los menos a darse unas mini vacaciones en algún destino turístico. Como todos los años descubrimos que ese ingeniero que todo el año presume de ser moderno, cosmopolita y acriollado, en realidad viene de un pueblito en las alturas de la sierra a varias horas en mula de la civilización.
También ha llegado la temporada de organizar el juego del amigo secreto. En vista del éxito del año pasado, en que nadie sabía a quién le tocaba el prójimo, y el intercambio de amigos llegó a mínimos históricos, se ha decidido que este año lo organice otra persona, alguien menos dedicado y más sobornable. Y a diferencia del año pasado, esta vez me toca alguien uno de esos que nadie quiere, con lo que mi posibilidad de intercambio es también casi nula. Mi única opción es buscar un regalo que le diga con ironía lo que siento por él, y a la vez, que parezca bien intencionado, tal vez un disco de reggaetones navideños, un muñeco funko pop de Tyrion Lannister o algo por el estilo. Al final me decido por una corbata con estampado del demonio de Tasmania, que estoy seguro que apreciará, pues el captar indirectas nunca ha sido su fuerte.

Llega ahora uno de los días claves del mes: el día en que nos abonan la gratificación de fin de año. No necesito preguntar cuándo depositan, porque sé que cuando sea el momento recibiré al menos cinco correos y otros tantos mensajes de WhatsApp informándome antes de diez minutos. Aun si no recibiera estos mensajes, me enteraré por todos los que aparecen mágicamente para ofrecerme rifas, regalos hechos a mano, dulces, boletos para polladas, juguetes, panetones, vinos y un largo etcétera dentro y a la salida de la oficina, todos con la consigna de que la gratificación no debe salir del edificio. Demasiado tarde, pues la mía ya la he gastado antes y el dinero solo me va a servir para tapar huecos.

El resto de la semana recibo los comentarios de aquellos que se adelantaron a recoger la canasta navideña. A mi pregunta de qué tal está este año, me responden que no es necesario pedir un taxi ni ayuda para llevarla, pues con una persona es más que sobrado. Aún así, el jefe nos dice que como nos ha ido este año, nos sintamos alegres de recibir al menos eso.

Al llegar a mi casa, me detengo ante el nacimiento y le digo en tono de confianza al Niño Jesús: No crezcas nunca, yo sé lo que te digo.

martes, 29 de noviembre de 2016

Así hablaba el universo


Tú, sujeto insignificante. Sí, a ti te estoy hablando. Soy el universo, y estoy perdiendo mi tiempo hablándote a ti. No creas que eres algo importante para que yo me dirija a ti, es solo que hablar contigo es como hablarle a cualquier otro en cualquier otro planeta o civilización, así que no te sientas especial. Y es justamente de eso que quiero hablarte. Los seres pequeños como tú piensan muchas veces que el universo conspira a favor o en contra suya. Déjame decirte que eso es falso. El universo, que es algo tan grande que tu mente no puede siquiera concebir, no va a perder su tiempo prestándote atención e interviniendo a favor o en contra tuyo. Déjame ponerlo en perspectiva e intenta entenderlo: El universo, que soy yo, contiene cientos de millones de galaxias, cada galaxia contiene decenas de millones de estrellas, cada una con decenas de planetas y satélites, tú mismo eres uno dentro de millones de personas ¿y crees que voy a pensar en ti? Tengo cosas mucho más importantes en qué ocuparme, galaxias que chocan entre sí, agujeros negros súper masivos, la deformación del espacio-tiempo, no tengo tiempo ni ganas para ocuparme de tus ridículas ideas de superación personal. A decir verdad, tus nociones de éxito me son indiferentes y carentes de sentido, así que no tengo interés en ningún ser humano. 

Tu planeta tampoco me merece una atención especial, el que sea habitado tampoco es gran cosa. Acéptalo, hay muchos sistemas estelares y planetas más interesantes que el tuyo. Tan poco me interesa tu suerte que no presto atención a la destrucción de su superficie. Porque lo que tú llamas temerosa y pomposamente el fin del mundo no es más que una alteración de su superficie, que no afectará al planeta en sí, ni a su estrella ni al resto del sistema planetario. Incluso si así fuera, no me interesaría gran cosa. Planetas y estrellas se crean y se destruyen todos los días, y el tuyo no es muy diferente para mí. Y no me vengas con que aquí hay vida inteligente, que comparado con otras no es más listo que una bacteria.

No me culpes entonces de tus fracasos ni me agradezcas por tus éxitos, que yo no he tenido nada que ver en ello. Si triunfas o fracasas se deberá a lo que hagas tú o los demás habitantes de tu planeta. Y si acaso cae un asteroide y destruye toda vida en tu mundo, tampoco debes tomarlo como algo personal, simplemente son cosas que pasan en todo el universo. La cosa es tan simple como que si cumples las leyes del universo podrás sobrevivir, y si no las obedeces sufrirás. Tú felicidad me es tan ajena como lo sería para ti el destino de un átomo al otro lado de tu planeta. No lo olvides, no te estoy vigilando. Soy el universo.

domingo, 20 de noviembre de 2016

La recepcionista del gimnasio


Varias veces ya he tratado de explicar a mi amiga Rosaly los motivos por los cuales ha sido despedida del gimnasio donde trabajó por casi tres meses. El problema es que el evento está aún muy cercano y ella todavía no está para escuchar razones, interrumpiendo mi explicación e insistiendo en historias de odios y envidias para justificar su despido. Yo, aunque no tengo nada que ver con su jefe ni conozco la historia de primera mano, llegué a ver lo suficiente para saber exactamente lo que pasó, de modo que ahora escribo la historia para que la pueda leer en calma y sacar sus propias conclusiones que le sirvan en futuras experiencias. El relato es este:

En principio me pareció mala idea aceptar ese trabajo como recepcionista y cuasi administradora en un gimnasio. Allí llega gente un poco rara, gente con baja autoestima o gente obsesiva, y siempre dudé de que mi amiga pudiera manejar todas las situaciones que sin duda se le iban a presentar. En efecto, ya en la primera semana tenía un nutrido anecdotario que compartir. Por otro lado está el propio aspecto físico de Rosaly. Ella no tiene una figura de súper modelo, pero tampoco llega a calificar como gorda ante la gente normal. Y ese es el problema. En un mismo día recibió miradas de odio de las clientas con sobrepeso por verla tan delgada, y de desprecio por parte de las más delgadas, quienes la calificaban de obesa mórbida.

Otra fuente de stress resultó ser la ubicación de las máquinas de ejercicios. Resulta que hay gente a la que le gusta que la vean por la ventana mientras hace ejercicio, mientras otros quieren hacerlo a escondidas del mundo, así que los pedidos de cambio de ubicación eran cosa de todos los días. Fue en esos días cuando yo intervine en la historia, cuando Rosaly me pidió ayuda para verificar la balanza de cortesía. Cuando llegué, a la hora en que también se comienza a llenar el gimnasio con las personas que salen del trabajo, lo primero que hice fue preguntar a qué se debían las quejas sobre la balanza. Como respuesta recibí una andanada de críticas totalmente dispares que me dejó confundido. Algunas clientas juraban y rejuraban que la balanza marcaba varios kilos demás, mientras otras ponían por testigo a la virgen de que la balanza marcaba kilos de menos, en todos los casos bajo la autorizada opinión “de la balanza que tengo en el baño de mi casa”. Mi sugerencia fue traer algunos objetos de peso conocido, como botellones de agua o pesas marcadas para verificar la realidad. La sorpresa no fue la comprobación de que la balanza funcionaba perfectamente, sino la reacción del corro de mujeres que afirmaba que yo estaba parcializado con el dueño del gimnasio, y que alteraba los pesos a propósito para mejorar el negocio. Ante tal estado de confusión, hice lo que suelo hacer (y que hacen aquellos que no tenemos el hábito de fumar) para despejar la mente y calmarme: Saqué una barra de chocolate de mi mochila y empecé a morder. En ese momento yo no sabía que eso era como mostrar un trapo rojo a un toro. En el acto casi se produce una batalla campal entre las que trataban de apoderarse de mi chocolate y las que gritaban al cielo que cómo era posible que trajera esa fuente de calorías y colesterol a un gimnasio.

Una vez calmado el tumulto, inmune a la experiencia, me atreví a comentar a Rosaly mi desacuerdo con la música ambiente. En mi opinión, como que el reggaetón no va con los ejercicios aeróbicos. Lo malo no fue lo desacertado de mi comentario, sino que Rosaly siguiera mi consejo a la tarde siguiente. El motín resultante fue otro clavo al ataúd de su empleo. La gota que colmó el vaso fue el carácter amable de mi amiga, quien ya había tomado confianza con algunas clientas, además de aquellas que ya conocía por vivir en el vecindario. Un simple saludo del tipo “Cuánto tiempo sin verla” o “Qué milagro que la veo por aquí” a la persona equivocada ocasionaron una queja a la gerencia, acusando a mi amiga de criticar a sus clientas diciendo que nunca iban al gimnasio. El gerente le explicó que en este tipo de negocios está prohibido cualquier frase que pudiera remotamente implicar que un cliente está gordo. Estas frases incluyen las “Cada día se le ve mejor” que puede ser interpretado como una alusión a una operación estética, y las variaciones del “Tengo hambre”, que son interpretadas como un “Tengo un metabolismo mejor que el tuyo y puedo comer lo que quiera”. Como sea, mi amiga fue invitada a retirarse del trabajo, con solo el consuelo de decir que fue “por mutuo acuerdo”.

Ahora que escribo la historia y está puesta en blanco y negro, espero que mi amiga pueda analizarla y entenderla para sus futuras experiencias laborales, y sobre todo, para que no vuelva a meterse en un sitio de esos sin comprobar que no se trata de una cueva de locos.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Carta a los norteamericanos

Ahora que ya se ha anunciado que Donald Trump será el presidente de Estados Unidos, a pesar de todas las encuestas, las exhortaciones de los Vengadores, las advertencias de múltiples personalidades de la intelectualidad y el arte; ahora que la gente todavía está ocupada estudiando las centurias de Nostradamus, el Libro de las Revelaciones y los capítulos pasados de los Simpson buscando el cumplimiento de las profecías apocalípticas, ahora levanto mi voz desde mi humilde colina para decirle unas cuantas cosas a los ciudadanos norteamericanos y también a los que viven allá aunque no sean ciudadanos norteamericanos:

Antes que nada, a todos los white trash, a los misoginos, a los descendientes de inmigrantes que rechazan a los inmigrantes, a los que no pueden ubicar su propio país en un mapa, a los que se quejan de que la competencia china no les deja fabricar productos en su país con materia prima extranjera, a los que apoyan la posesión de armas y consideran las matanzas y tiroteos semanales como un daño colateral que pueden soportar,  a todos ellos les hago llegar mis felicitaciones, porque uno de ustedes ha llegado a la presidencia de vuestro país.

Pero no crean ustedes que a partir de ahora van a vivir su mundo feliz, porque hay un precio que pagar por todo esto, no va a ser tan fácil y desde hoy habrá consecuencias que puedo listar fácilmente.

Por ejemplo, desde hoy ustedes, ciudadanos norteamericanos, no tendrán derecho a mirarnos por encima del hombro, a juzgar nuestras costumbres como pintorescas, ni a reírse de nuestras democracias. Desde hoy, ustedes pasan a convertirse en una democracia latinoamericana que elige a un líder iluminado, a alguien que más temprano que tarde hará reír al mundo en las grandes reuniones internacionales. Desde hoy ya no podrán hablarnos condescendientemente de Maduro, Kirchner, Correa, Fujimori y todo el etcétera latinoamericano. Recuerden, nosotros ya conocemos a este tipo de presidentes y sabemos manejarlos, ustedes no saben y sufrirán aprendiendo.

A todos ustedes que estaban planeando un viaje a Varadero para fin de año, les recomiendo que se apuren, porque en cualquier momento les cortan de nuevo la entrada y se van a tener que conformar con lo que sus amigos de otros países les cuenten. A los cubanos esto tampoco creo que les afecte mucho, porque bastante tienen con los turistas de otros países.

Lamento decirles, amigos norteamericanos, que esa idea del muro no va a funcionar. Ustedes no nos conocen a los latinos cuando nos obligan a hacer algo pero ya se van a enterar cuando intenten empezar ese muro. Vamos a decir que si, que estamos de acuerdo, que es una necesidad, pero también vamos a decir que hacen falta estudios, que hay que ver el presupuesto, que sí, que ya lo vamos a empezar, pondremos la primera piedra en una gran ceremonia para luego dejar la obra abandonada por retrasos en la planificación, que los materiales ya llegan, que el sindicato está en huelga y que el presupuesto estaba mal hecho y se necesita el doble de dinero. Al final, si Donald Trump de verdad quiere hacer su muro, va a tener que hacerlo él mismo, pero como ningún norteamericano va a querer trabajar de albañil, tendrá que contratar mexicanos, y ellos pedirán aumento de sueldos en dólares, mientras pasan a todas sus familias por la noche. Así, la construcción durará años de años y nunca se acabará, créanme, que eso es lo qué pasa siempre por aquí.

En cuanto a los musulmanes y la idea de prohibirles la entrada, estoy seguro que la primera prueba de fuego que tendrá el gobierno de Trump será la próxima vez que llegue Shakira. Allí los quiero ver preguntándoles si tiene familia en el Líbano, si es de la ISIS, y a todos los agentes de aduana haciendo cola para registrarla personalmente, diciendo que el detector de metales y los rayos X están malogrados.

A nosotros los latinoamericanos en realidad no nos asusta mucho la llegada de Trump a la Casa Blanca. Total, ya hemos visto pasar a Reagan y a Bush, y Estados Unidos siempre ha sido el grandote abusivo de la escuela interamericana, y eso no iba a cambiar con ninguno de los dos candidatos. Y si a pesar de todo, quieren hacernos más problemas de lo normal, tenemos medios para hacerlos cambiar de opinión. Recuerden que nosotros somos sus principales proveedores de droga y si nos fastidian les cortamos el suministro por tres o cuatro meses, con lo que todas sus ciudades caerán en el caos y la anarquía. Veremos entonces quién es más fuerte. Total, con todo el dinero que ustedes pagan por la droga, podemos aguantar más tiempo que ustedes.

Ahora será para nosotros la hora de reírnos de los turistas norteamericanos cuando lleguen, de decirles que la Secretaria de Estado será Kim Kardashian, que en su país sus asesores serán elegidos en un reality show, y que vienen a incrementar las importaciones de peluquines.

Amigos norteamericanos, dicen que los pueblos tienen el gobernante que se merecen, prueben entonces la verdad o falsedad de este dicho.

viernes, 4 de noviembre de 2016

La biblioteca


Cuando entré a la biblioteca de Don Genaro, no tenía todavía una idea clara de lo que debía esperar. Mi experiencia es este aspecto es limitada, por decir lo menos. Claro que he entrado a algunas bibliotecas públicas o a las de algunos centros culturales, pero nunca a una privada y de este tamaño por añadidura. Supongo que esperaba algo como lo que se ve las películas de misterio, un enorme recinto oscuro lleno de tomos encuadernados en cuero atendido por un hombre tenebroso. Pero esta biblioteca tiene una buena iluminación y un sistema de aire acondicionado que le quita ese olor característico a libro viejo que creía inseparable del concepto de una biblioteca. Lo que se mantiene es esa cierta impresión de lugar sagrado y los libreros altísimos que hacen necesaria una escalera corrediza y dan una sensación de claustrofobia a quien la visita por primera vez.

Algo de Borgiano tenía esta biblioteca, y Don Genaro lo sabía. Sabes que una vez tuve ganas de organizar los libreros formando un laberinto, me dice. ¿Te imaginas la sensación de estar perdido entre los libros, de que alguien te busque en este laberinto, como en otra versión del jardín de los senderos que se bifurcan? Yo lo pensaba más bien como una selva que hay que explorar, en donde lo mismo podría encontrar bestias feroces o tesoros escondidos, una selva de libros de diferentes tamaños y colores, lo contrario a lo que significa el orden, en donde es necesario abrirse paso y que se cierra tan pronto uno termina de pasar. Siempre me he preguntado si es que los dueños de bibliotecas tan grandes han leído todos los libros que contienen y si es que en realidad se deshacen de aquellos libros que han resultado una decepción al leerlos. - No, la verdad es que muchos de estos libros eran de mi padre, hay muchos libros de derecho, de sistemas de antes de las computadoras y cosas así. En cuanto a deshacerme de libros, lo he intentado un par de veces, con mi esposa me sentí como el cura y el barbero requisando la biblioteca de Don Quijote. Al final, no tiré muchos libros, por pensar que la mayoría merecían una segunda oportunidad. Recordamos entonces que esa escena del Quijote era una metáfora del juicio final, en donde se condenaba a a los malvados al fuego eterno. Ahora estoy convencido de que mientras haya un espacio libre y pueda acomodar más estantes, esta biblioteca seguirá creciendo.

Invitado por el dueño, paso la mano por uno de los libreros al azar con la esperanza de que encontrar algún ejemplar notable. Obviamente, mi tacto se siente atraído por los tomos más antiguos. El primer libro que escojo resulta ser el anuario de una sociedad de derecho, impreso con esa tipografía propia de las primeras décadas del siglo XX, y llena de pies de página, comentarios y anotaciones hechas con pluma. Estoy seguro de que todos los artículos y estudios aquí están ya obsoletos, aparte de lo árido del tema, pero me abstengo de sugerir a Don Genaro que se deshaga de él. Tal vez tenga aún valor histórico, pienso mientras entiendo el reparo a deshacerse de los libros que me mencionó. Por fin llegamos a los estantes donde están los tomos de literatura antigua, la razón de mi visita, que es la búsqueda de una traducción de los viajes de Abu Navid. Me da esperanza ver que los libros son en verdad raros. Son libros cuyos títulos me son igual de desconocidos que el nombre de sus autores. Esta vez la sensación es la de estar en una librería de viejo, pensando en esa lotería que sería encontrar una edición príncipe o una obra perdida, tal vez una obra olvidada por la crítica que espera ser redescubierta. Aunque la búsqueda es interesante, no encuentro lo que vine a buscar. El padre de Don Genaro gustaba sin duda de la literatura fantástica, hay ediciones realmente antiguas de Gustav Meyrink y una edición alemana de “El Puchero de Oro “. No puedo resistir la tentación de pedir prestado uno de los libros, con el retador título de “Los cuentos del relojero abominable”.

Como despedida y agradecimiento, le dejo a Don Genaro una frase que escribí una vez: “Un libro es como un camino, cuando empiezas a recorrerlo no sabes hasta dónde te ha de llevar, el camino puede ser largo, puede ser sinuoso, habrá tramos en donde te sientas cómodo o partes empinadas y difíciles, paisajes por descubrir y recodos que sólo tú serás capaz de admirar. Después de llegar al final, sabrás si el viaje valió la pena, y descubrirás que el camino es solo de ida, que el regreso es imposible, que aunque regreses al lugar de donde partiste, no volverás como el mismo que partió un día.”
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