viernes, 15 de diciembre de 2017

Mahoma en la montaña


Si Mahoma no puede ir a la montaña, la montaña va a Mahoma. Desde hace mucho que he escuchado esta frase, pero no siempre he entendido lo que significa. A veces lo interpreto como que cuando hay que hacer algo se hace de una manera u otra. Quieras o no quieras, acabarás en la montaña. Otras veces pienso en que ya que Mahoma vivía en el desierto, de repente le daban miedo las montañas y sus seguidores le trajeron una para que le vaya perdiendo el temor. Habrá sido algo así, yo supongo:

- Maestro Mahoma, somos su equipo de campaña, vamos a planificar la agenda de la semana.
- Está bien, ¿Qué tenemos?
- Hay una invitación a la montaña para el martes…
- No, no, a la montaña no…
- Pero Maestro, tenemos allí un club de fans muy fuerte, y nos lo llevan pidiendo desde hace tiempo.
- Nones…
- La montaña es muy bonita, hay mucho verde y bonito clima, yo fui de vacaciones el año pasado y me fue muy bien…
- He dicho que no.
- ¿Qué tiene de malo la montaña? Yo nací allí, podemos ir a donde mi abuela, que hace un queso de cabra muy rico…
- Que no.
- Maestro, que la montaña se va a sentir despreciada…
- La verdad es que no me gusta la idea de ir hasta allá.
- ¿Y qué hacemos entonces? ¿No va a querer que se la traigamos?
- Eso sí podría ser…

Ahora que la información es tan fácil de conseguir, me he puesto a investigar de dónde salió esta frase, sabiendo que en ninguna de las biografías oficiales de Mahoma se encuentra referencia a alguna ocasión en que no pudo ir a la montaña. Buscando en la Santa Wikipedia, que tiene todas las respuestas, encuentro en que la famosa frase la inventó Francis Bacon, ya mucho tiempo después, cuando Mahoma ya estaba muerto y no podía decir nada para defenderse. Y si él pudo, yo también puedo inventar mis variaciones a la frase, a ver si a mí también me queda algo bonito:
  • En un universo paralelo, Mahoma sí llegó a la montaña. 
  • Hay días en que todo se te viene encima. Y todo porque Mahoma no pudo ir ese día a la montaña.
  • Mahoma, estamos esperándote aquí en la montaña. ¿Puedes venir o no?
  • Si Mahoma no puede ir a la montaña, pues él se lo pierde.
  • Si Mahoma no va a la montaña… Sus razones tendrá…
  • ¡Alto! ¿A dónde está usted llevando esa montaña? – Es para Mahoma, que no puede ir…
  • Me fui a la montaña para no ver a Mahoma. Total, él nunca viene hasta aquí.
  • Tengo tan mala suerte que para un día que voy a la montaña, resulta que se ha ido a ver a Mahoma.
  • Yo tenía una casa en la montaña, pero un día Mahoma no pudo venir. Ahora tengo una casa de playa.
  • Si Mahoma no puede ir a la montaña… ¿Es por arresto domiciliario o impedimento de salida?
  • Oye, Mahoma ¿Este finde tu esposa si te deja ir con nosotros a la montaña?
  • Se hace entrega delivery de montañas. Preguntar por Mahoma.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Diciembre


Como todos los años, en esta época del año, ha empezado diciembre. Y es en estos días en que la gente toma conciencia de que el año ya se acaba y empieza a portarse diferente haciendo una rutina especial que se repite todos los años con pocas variaciones.

Digamos que diciembre empieza igual a cualquier otro mes, con gente en Twitter escribiendo “ya empezó diciembre”, como si los demás no tuviéramos calendarios. En la primera semana ya se empiezan a notar los cambios. El sol aparece con mayor fuerza cada día, para anunciar que el verano se acerca, para desesperación de muchas mujeres que buscan ahora las ofertas de gimnasios y la forma de quedar con un bronceado veraniego antes de que empiece el verano. De pronto, la demanda de bocadillos de media mañana y media tarde disminuye a la mitad, impulsada por las declaraciones públicas de dieta. Hasta yo le entro al juego, después de sacar la cuenta de lo que voy a engordar entre navidades y Año Nuevo.

Es en estos días en que aparecen en la oficina las convocatorias al concurso de nacimientos y decoración navideña. Me alegro de ya no tener la responsabilidad de comandar el grupo este año, no me gusta pasar otra vez por el trance de empezar como tío amistoso y terminar como comandante nazi del personal del área.

En la segunda semana aparecen los avisos y correos anunciando en la oficina el juego del amigo secreto. Yo, que he tenido suerte variada en los últimos años, sólo me queda esperar que me toque alguien con un mínimo de gusto que me regale algo que pueda usar. Y lo mismo aplica al regalo que yo tengo que comprar. Estas noches debo afinar los detalles de mi plan para que me toque esa arquitecta y poder darle uno de esos abrazos apachurrantes que se están convirtiendo en mi marca personal.

Los niños son los que más se entusiasman a la llegada de diciembre, porque es el último mes del año, llega la navidad y los regalos, previo tormento de la semana de exámenes de fin de año. Por esa misma razón, los padres temen a este mes, en qué hay que gastar para los regalos de los hijos. La televisión no ayuda, pues esta también es la época en que la publicidad de las grandes tiendas nos ataca por todos lados, al punto que los avisos promocionando el juguete de moda parecieran ser la única programación.

Pero no solo los juguetes nos acechan a la vuelta de cada esquina, los juguetes para adultos también están a la orden del día. Televisores y celulares tienen también su temporada alta en estos días. En un prodigio de obsolescencia programada, hasta mi propio celular se ha negado a trabajar para que compre el último modelo que me durará un año exacto, hasta que caduque la garantía.

Conforme se acerca la quincena, se notan ya los rostros nerviosos del personal, todos haciendo planes y sacando cuentas para decidir el destino de la gratificación de fin de año. Aprovechando la ocasión, aparecen también los que quieren obtener alguito vendiendo pequeñas artesanías y bocaditos, rifas y colaboraciones diversas. La gratificación no puede salir de esta oficina, parece ser la consigna.

La última semana es el desmadre. Nadie se concentra en el trabajo, todos están pensando en el viaje a su tierra, en la visita de los parientes y en los preparativos de la cena navideña. La euforia de navidad da paso a la euforia de Año Nuevo hasta que termina el mes y el año apenas sobrevivientes a la aventura que ha significado este 2017. Como dije al comienzo, es una rutina.

lunes, 27 de noviembre de 2017

La lucha contra mí mismo


¿Mencioné alguna vez que no creo en las frases de autoayuda? Y el problema no son solamente las frases, sino la gente que cree haber encontrado en ellas el secreto de la sabiduría en pequeñas cuotas. Una de estas personas es hoy la encargada de Recursos Humanos en la empresa donde trabajo. Esta persona es una convencida de que dentro de sus funciones está la labor de bombardearnos todas las mañanas con una frase extraída de internet y enviada por el correo corporativo a todos los empleados.

Ante tal situación, ya he respondido más de una vez al dichoso correo expresando mi opinión y dejando en claro que todas las frases de Will Smith que nos envía son falsas, informándole de la opinión que tienen de Jodorowski en su propio país, incluso sugiriendo algunas de mis frases twitteables, que son más apropiadas a los ires y venires dentro de las oficinas. Muy poco caso me ha hecho.

Solo en una ocasión la tal frase diaria me ha dejado pensando. Hoy no recuerdo textualmente la frase, pero era algo así como “Para triunfar, debes vencerte a ti mismo cada día”. Veamos ¿Cómo hago para vencerme a mí mismo? Aquí empecé a pensar seriamente en el tema.

Primero me puse a pensar en el enemigo a vencer. O sea yo. Nunca me había detenido a pensar en que soy mi propio enemigo, yo que me llevaba tan bien conmigo mismo. ¿Qué pude haber hecho para pelearme conmigo? Alguna tontería, sin duda. ¿Vale la pena combatir por una tontería? Mirándolo bien, todas las guerras han empezado así, por lo que tengo que admitir a mi pesar que tengo causas justificadas. Ahora pienso en el enemigo, y me doy cuenta de que el desafío no es fácil. Mi oponente es tan fuerte, ágil y preparado como yo. Ya sé que eso no significa mucho, porque es de mí de quien estoy hablando, pero de todas maneras representa un reto para mí. Tal vez me vaya mejor si elijo las armas del ingenio y la inteligencia. Nuevamente no tengo mucho que ofrecer. Empiezo a pensar que es fácil vencerme, y eso me llena de esperanzas. O de pesimismo, según como lo mire.

Una vez definida la estrategia, me siento listo para el combate. Lógicamente, no me revelaré mi estrategia, no sea que yo me entere y pueda planificar el contraataque. La lucha que tiene por escenario mi mente (es que allí hay mucho espacio) está a punto de empezar.
Cuando veo a mi oponente, comprendo la razón de esta pelea, de verdad tengo un aspecto que da ganas de golpear. Sin embargo, mi plan es esperar a que ataque primero y usar el contraataque. Me doy cuenta de que yo he tenido la misma idea porque los dos nos quedamos quietos esperando la arremetida.

Durante varios minutos he estado esperando mi ataque hasta que decido que es el momento de atacar. Yo pienso lo mismo y corro al ataque. Me ataco con furiosos golpes, que respondo con otros igualmente furiosos. La pelea es difícil. Por cada golpe, recibo uno igual. No puedo sorprenderme, porque puedo anticipar cada golpe. Asesto puños, patadas, ataques, rodillazos, cabezazos, codazos, llaves, hasta que se me acaban los sustantivos. La pelea es pareja, pero no me rindo, el problema es que yo tampoco me doy por vencido y sigo luchando. La lucha se hace enredada porque entre tanto golpe, ya no sé quién está golpeando a quién.

Ante la dificultad de vencerme, decido atacar mi espíritu. Eres un tonto, no puedes vencerme, me digo. La treta me está resultando, porque empiezo a desanimarme, ahora me veo de rodillas, pero no puedo acabarme porque estoy desanimado. Caigo al piso y yo también. Ambos nos damos cuenta que no puedo vencerme y que si insisto en luchar conmigo, solo podré obtener un empate. Lo bueno es que no seré derrotado, lo malo es que no podré vencer. Me levanto y me ayudo a levantarme, vamos por una cerveza, me digo, lo cual es lo mismo que yo estaba pensando.

- Ingeniero, ingeniero ¿Se ha quedado dormido? ¿En qué estaba pensando?
- No es nada, estaba viendo esta frase que han mandado por el correo…

viernes, 17 de noviembre de 2017

Frases obsoletas


Hay frases que ya no deberían decirse, pero que seguimos escuchando, tal vez más por costumbre que porque reflejen realmente la realidad. Una de estas frases es la de “El capitán se hunde con su barco”. Esta frase proviene, sin duda, de los tiempos antiguos en que l gente viajaba en barco y los capitanes eran gente honorable. Cuando había un accidente, tal como un choque con un arrecife, con otro barco o tal vez un ataque de piratas, el capitán organizaba la defensa y el rescate, y se aseguraba de que todos estén a salvo antes de abandonar el barco. Cuando esto no era posible, prefería no sobrevivir a la pérdida, antes de verse señalado el resto de su vida como el capitán que perdió su barco. Así se decía entonces cada vez que alguien a cargo permanecía en su puesto ante una posición desesperada o una causa perdida. Yo siempre oponía este dicho al otro que dice que las ratas son las primeras en abandonar el barco, hasta que llegaron los tiempos actuales, en que ya no sabemos quién es el capitán y quienes son las ratas. No tengo los datos históricos exactos, pero me parece que el último capitán que se quedó en el barco mientras se hundía fue el del Titanic. Y esa fue justamente la extinción del género. Ahora, los capitanes abandonan el barco sin pudor alguno a la primera señal de peligro, y más de uno ha demostrado tener más olfato que las ratas a la hora de anticipar el desastre. No quiero ponerme a hablar de política, pero hubo una vez en que el capitán dejó el mando del barco a las ratas mientras el barco se hundía, lo cual hubiera sido cómico si no fuera porque los pasajeros éramos todos nosotros. Y esta es historia cierta, no importa en qué país me estén leyendo.

Hablando de frases obsoletas, hace años, en los barrios populares, cuando se dudaba de la integridad de alguien, la frase que se escuchaba siempre era “Yo soy pobre, pero honrado”, o el plural de “Aquí somos pobres, pero honrados”. Es que siempre se pensaba que los pobres eran los que cometían los delitos, y que la “gente honorable” eran los de la clase media para arriba. Ahora los tiempos han cambiado y los delitos se han democratizado, si es que no fue así desde el comienzo, y son los ricos a los que vemos cargar con todo lo que pueden, sin importar la decencia y las buenas costumbres. Son ahora los ricos los que deberían defenderse del prejuicio de clase diciendo: “Soy rico, pero honrado”.

Una última, aunque no venga tan a cuento. Siempre se dice que una imagen vale más que mil palabras. Hagamos un poco de matemáticas. Si yo veo un video a velocidad normal, es decir, a 24 imágenes por segundo, me vale más que 24,000 palabras. Esto significa que en una película de 90 minutos, o sea 5,400 segundos, lo que he visto vale más que 5,400,000 palabras. Esto es más de las que tiene la Biblia, solo por poner un ejemplo. Sin embargo, al ver una película no me siento más culto por haber leído tanto. Por lo tanto, esta frase también deberíamos considerarla como obsoleta. Y ni siquiera he hecho la distinción sobre si la película está en HD o 4K, lo que sin duda debería valer más de 1,000 palabras por cada imagen.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Cuando era izquierdista


Una de las ideas que he tenido siempre, y que ha gobernado mi vida, es la de que el hombre nace izquierdista, y la vida lo va derechizando. Desde que estaba en la escuela primaria, siempre había alguien tratando de adoctrinarme sobre la lucha de clases, el glorioso socialismo o el antiimperialismo. Aunque estaba de acuerdo con muchas de esas ideas, nunca llegué a pasar de ser un izquierdista tibio, siempre había algo que no me cuadraba en esas ideologías. Cuando llegué a la universidad, ya la cosas estaban cambiando. La perestroika nos decía que dentro del socialismo las cosas no eran color de rosa, y podía discrepar abiertamente con amigos que profesaban un comunismo cavernícola. Fueron ellos los que iniciaron mi camino al liberalismo económico, cuando negaban las contradicciones de su pensamiento, que para mí eran tan claras. Por qué, si el socialismo es tan bueno, tanta gente arriesga la vida para escapar y nadie huye de un país capitalista hacia uno socialista, por qué un universitario me hablaba de una dictadura del proletariado que en donde no habría lugar para los universitarios, porque allí un graduado valdría lo mismo que un obrero. 

Recuerdo que en esas discusiones era tachado de burgués, con la pasión de quien cree hacerme un insulto terrible. Yo no sabía entonces muy bien lo que significaba esa palabra, y pronto me dieron explicaciones detalladas sobre cómo los pequeños burgueses vivían un mundo de comodidades a espaldas del pueblo. Esas explicaciones cambiaron mi rumbo. Mi aspiración fue desde entonces convertirme en un burgués. Soñaba con tener una hermosa casa y salir en un auto nuevo por las calles, mientras todos los comunistas me gritaban improperios desde sus ropas desgastadas y harapientas.

Afortunadamente, para entonces ya había llegado la Generación X. Ese movimiento sin ideología se convirtió en mi ideología, y de pronto me vi colaborando para desterrar la política de la vida universitaria. Así fui testigo de la primera vez en la historia universitaria en que hubo elecciones estudiantiles sin una lista afiliada a algún movimiento político. Mi camino hacia la derecha estaba ya marcado.

En el mundo real fuera del claustro universitario, tuve la suficiente percepción para ver cómo el capitalismo nos tendía trampas para abandonar el izquierdismo. El pago de los primeros sueldos y las responsabilidades familiares lo vuelven a uno capitalista. Por primera vez podía comprar cosas que yo quería, y no sólo aquellas que necesitaba. Por su parte, aquellos amigos que un día quisieron hacer la revolución mundial, poco a poco se limitaban a querer cambiar al país, para terminar queriendo solamente poder vivir tranquilo con su familia, con el único consuelo de estar lo suficientemente tranquilos para poder criticar al gobierno.

Con el tiempo, hasta el socialismo pasó de moda. Los que hoy se llaman a sí mismos “socialistas” o “izquierdistas” ya no son ni la sombra de los que yo llegué a conocer, aquellos que al escucharlos hablar parecía que al día siguiente abandonarían todo y se irían a la selva a iniciar la revolución. Pero el mercantilismo liberal tampoco es lo que nos prometieron que sería, no es por lo que creímos luchar. Al final, he vuelto a no creer en nada, he vuelto a ser un Generación X en medio de los millennials. Pero por alguna razón ya no puedo volver a ser un izquierdista, y me tengo que conformar con ser un liberal ortodoxo con unas pocas opiniones de izquierda.

Es que, como dije al principio, el hombre nace izquierdista y la vida lo va derechizando.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Frases twitteables 45


Mirando el número del título, me pongo a sacar cuentas y me he dado cuenta de que debo haber publicado alrededor de 1000 frases twitteables en 45 posts. Esto sería motivo para enorgullecerse, si no fuera por el hecho de que hace tiempo que la inspiración no me hace el favor de poner más frases en mi twitter. Así ando. Y hasta que la musa twittera se le ocurra darse una vuelta por aquí, me conformo recordando las últimas frases que mi pobre cerebro pudo inventar.
  • El amor es ciego. – No es cierto, el amor es sordo - me corrigió el invidente.
  • Todo es según el color del cristal con que se mire. - No es cierto, depende del tono en que se escuche - Me corrigió el ciego.
  • Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana, decía. Ahora está preso por entrar a robar en una casa.
  • Si todos los caminos llevan a Roma, tengo miedo de llegar allá y luego no poder salir.
  • ¿Nunca te ha tocado ser el monstruo bajo la cama de alguien?
  • Curioso que aquellos que se dan cuenta de que ya no son niños son los que empiezan a portarse como niños.
  • ¿Será verdad que los que tocan instrumentos en el transporte público los echaron de sus casas para que hagan escándalo en otra parte?
  • La verdad es que nos creó Hánuman, el Dios Mono, evolucionamos, nos convertimos en humanos y creamos un Dios a nuestra imagen y semejanza.
  • Clapton is God. Entonces escucharlo durante Semana Santa es religiosamente correcto.
  • Qué mala nos parece la poesía que no está dedicada a nosotros.
  • La tristeza de entender que aquel que nos dice que no cree en el futuro es porque alguna vez creyó en el futuro.
  • No recuerdo si el ángel que me habla lo hace desde la izquierda o la derecha. Tampoco recuerdo cuál es mi izquierda o mi derecha.
  • ¿Qué haces? - Aquí, matando el tiempo. - Muy bien, ahora me toca a mí - Le respondió el Tiempo.
  • Madurar es aceptar que hay canciones que jamás van a gustarte.
  • La gente se divide en dos, aunque a veces en tres o cuatro, me explicaba el destripador.
  • ¿Cómo es eso de que eres el empleado del mes? - Es que cada mes despiden a uno y contratan a otro.
  • Lo que no te mata... Déjamelo a mí, que yo sí cumplo.
  • Le clavé un cuchillo y le arranqué el corazón. Ella tenía razón, yo ya no estaba allí.
  • Nunca falta un millennial que me hace recordar que soy de la generación X.
  • La pregunta que jamás he sabido responder es: ¿Qué se siente ser tú?

domingo, 15 de octubre de 2017

Escribiendo con la izquierda


Hace un tiempo fue el día de los zurdos. Como me ocurre todos los años, yo no me he enterado hasta que alguien que lo vio en internet me lo recordó. Y como siempre, no sé qué sentir al respecto, ya nunca he considerado mi condición de zurdo como algo que deba ser reconocido y celebrado. Y no es que me sienta diferente por el hecho de usar “la otra mano”, sino porque me parece que tengo muchas cosas más por las cuales ser recordado. Cuando me abandona la modestia, pienso que no es nada fácil encontrar a un ingeniero que pueda hablar con soltura de literatura, música, cine, historia y todas las cosas que saco a relucir cuando el momento es apropiado. Además, para mi, ser zurdo no ha sido nunca una sensación solitaria, siempre he encontrado compañeros de estudios, amigos, y colaboradores zurdos. No hay sitio en el que haya estado como único zurdo.

Y ser zurdo para mí es algo tan natural que no caigo en la cuenta de ello. Son las demás personas las que se sorprenden, se maravillan y empiezan a difundir a los cuatro vientos qué hay un zurdo en la habitación. Es entonces cuando tengo que responder preguntas hechas con mucho, poco o ningún tacto:
- ¿Eres zurdo?
- ¿Cómo se siente ser zurdo?
- ¿Puedes escribir con la derecha?
- ¿Sabes que dicen que los zurdos son más creativos?

Así que tengo que responder o inventar datos o anécdotas sobre la difícil vida de un zurdo que vive en un mundo al revés. Es por esto que escribo estas líneas, con la intención de imprimirlas y repartirlas como volantes la próxima vez que alguien me señale como fenómeno de circo.

En principio, debo decir que hay varios tipos de zurdos, no todos somos iguales. Yo los reconozco por varios detalles, como la forma de escribir. El que agarra el lápiz como si fuera un puñal y escribe con la hoja perpendicular a la mesa, es generalmente es un zurdo ultraizquierdista, que tiene todo el lado derecho inútil, incapaz de usar la derecha para nada. Es este un tipo que no quiero juzgar, porque estoy seguro que existen muchos derechos que podrían perder la mano izquierda y no se darían cuenta, y que pasan desapercibidos porque nadie les pide que escriban con la otra mano, como a nosotros. Hay otros zurdos que pueden hacer algunas cosas con la derecha, ya sea por talento o por presión social. Yo pertenezco a esta categoría. Me han contado, y recuerdo vagamente, que cuando aprendí a escribir o a usar cubiertos, lo hacía con las dos manos indistintamente, y aún después, cuando empecé a jugar tenis de mesa también lo hacía con las dos manos hasta que me decantaba por el uso de la mano izquierda. Ese es uno de las pocas cosas que me hacen sentir especial, el que yo pude, si hubiera querido, ser ambidiestro, y en que soy zurdo por propia elección.

¿Son los zurdos más inteligentes que el resto de las personas? Cuando me hacen este tipo de preguntas, siento que efectivamente, soy más inteligente que el que me hace la pregunta. Pero, yo que he conocido a muchos zurdos, me pesa decir que como con los diestros, los hay inteligentes y también los que son definitivamente tontos. El ser zurdo no es garantía de imaginación o creatividad desbordantes. Tal vez incluso yo me he vuelto imaginativo y creativo por culpa de los diestros, que siempre esperan de mí una idea brillante sólo porque soy zurdo.

Otro tema tópico es el de los zurdos famosos. Los nombres de Charles Chaplin, Leonardo da Vinci (que en realidad no era zurdo sino ambidiestro), Maradona, y algunos más son los que me dice la gente, con el candor de quien cree darme la gran novedad. Yo personalmente, acepto la admiración por Paul McCartney, y el placer de tener algo en común con Scarlett Johanson. Como en todo, hay de todo, y tengo que justificar que Vladimir Putin, George Bush y Osama Bin Laden también escribían con la izquierda.

¿Y los problemas al utilizar herramientas? Aquí si he tenido mi porción de problemas. No tanto al escribir, porque he aprendido a hacerlo sin mancharme mucho de tinta, ni al usar cuchillos, pero si con otros artefactos, como los teléfonos fijos. Pocos saben que los teléfonos están diseñados para diestros que cogen el auricular con la mano izquierda y teclean o escriben con la derecha. Otro problema que tengo es que hasta hoy, y con toda mi experiencia como ingeniero, nunca sé hacia dónde dar vuelta un destornillador para aflojar un tornillo. Al menos una de las pocas cosas que me quedan de mi pasado ambidiestro es poder manejar las tijeras con cualquier mano.

Como se ve, para un zurdo, al menos para este zurdo, las cosas no son ni tan difíciles ni tan color de rosa como cree la gente. Y tal vez por eso es que no soy de la izquierda militante, de esos que quieren que todos se enteren qué hay un zurdo presente.

Saludos desde la izquierda.

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