domingo, 15 de abril de 2018

Frases Twitteables 47



  • Llegó Santa Claus y me dijo: "A ti no, que a ti te van a traer regalo Los Reyes Magos". llegaron los Reyes Magos y me dijeron "A ti no, a ti te debe haber traído regalos Santa Claus". Me sentí como en una oficina pública.
  • Poco a poco y lentamente, nos damos cuenta de que este año nos está saliendo igual que el anterior.
  • Dicen que las piedras se divierten de lo lindo cuando ven llegar a aquellos que tropezarán. Y luego entre carcajadas comenta una a la otra: - ¿Y se tropezó contigo de nuevo? ¡Qué tonto!
  • Chiste gramatical: -¡Al! ¡Del! ¡Al! ¡Del! - ¿Qué te pasa? – Tengo contracciones.
  • Ahora resulta que a los millennials hay que comprenderlos, aprender a trabajar con ellos y a apreciarlos. ¿Por qué nunca dijeron algo así de mi generación?
  • Siempre me dijeron que para tener éxito no era bueno construir castillos en el aire, que era malo tener la cabeza en las nubes. Hoy me dicen que debo trabajar en la nube.
  • Nadie que admira los colores del ocaso piensa en el hambre del mundo. Nadie que está enamorado piensa en la injusticia social. La felicidad ha de ser capitalista.
  • A veces me dan ganas de escribir tweets inteligentes, pero si lo hago perdería coherencia con todo lo anterior.
  • Justo cuando twitter permite crear hilos de frases, ya no tenemos nada que decirnos. Justo cuando twitter acepta 280 caracteres, ya no nos hablamos.
  • La Historia del marketing: - La oferta: Te daremos poder absoluto.  - La letra pequeña: Se aplican restricciones.
  • Si a nadie le gustan los lunes ¿Por qué los siguen fabricando?
  • Mirando la televisión, no sé si estoy mirando un tutorial para cometer delitos o un noticiero.
  • El tonto con la desagradable impresión de que los que lo lean van a pensar que está twitteando porque no tiene nada que hacer en el día de San Valentín.
  • Mirando la televisión. Programas de actualidad que parecen publirreportajes a un negocio ilegal o a sus dueños.
  • Acompañé un tiempo a Ulises en su viaje, hasta que me despidió, cansado de escucharme preguntar ¿Falta mucho para llegar? ¿A qué hora llegamos?
  • Se necesita mucho valor para reconocer la propia cobardía. Pero ese valor no te hace valiente.
  • A un amigo que me hace demasiado caso: - Yo no estoy aquí para decirte lo que debes pensar, pero sí te digo que tienes que pensar.
  • Y todavía hay gente que no sabe que algunas heridas se cierran por fuera pero crecen hacia adentro
  • El dinero no da la felicidad. - No me importa, págame lo que me debes.
  • Acertijo: Algunos dicen que Dios es ciego, pero al ser omnisciente, no necesita ver.


jueves, 5 de abril de 2018

Carta a la maestra



Encontrado en internet hace ya tiempo, ni siquiera recuerdo si lo encontré en Facebook, en alguna página web o en un sitio de noticias.

Era un mensaje en una de las redes sociales que decía más o menos esto:

Hola profesora, cuando la vi hay en el face le quice dejar un saludo haber si se recuerda de mí, de saludarla para recordarle cuando estavamos en su clase de usted, yo me sentaba en la fila de atrasito y que uste me desía de que chico tan burro de que así no iva a tener nada en la bida y también me desía de que le estava sacando canas, y hay parese qe es sierto por que en sus fotos del facebok se le be bien vieja. Pero al final sus clases me han serbido por que aora soy una persona muy responsable en la vida, ahora que soy mallor me doi cuenta de que lo que me enseñó si servia, y de que ubiera aprendido más mejor y así no ubiera ido a la carcel. De todas maneras le deceo qe este bien y que le dejo muchos saludos y que no pierda la paciensia con sus alunnos como cuando nos enseñava.

El mensaje no dejó de tener respuesta, una que decía esto: 

Claro que me acuerdo de ti, pero por favor manda tus mensajes por el privado y no le digas a la gente que yo he sido tu maestra.

domingo, 25 de marzo de 2018

Los Mil y Un Cuentos



Recuerdo como uno de los más antiguos recuerdos de mi niñez, un libro enorme y amarillento, en lo más alto de un estante de mi casa. Mucha insistencia requirió lograr el permiso paterno para bajar ese libro y ver sus letras desvencijadas en sus páginas con olor venerable. No recuerdo haber pasado más de un par de decenas de sus páginas antes de abandonarlo, desconcertado con una historia donde un personaje narra un cuento en el que a su vez uno de los personajes narra su historia que contiene un cuento narrado por su protagonista. A mi corta edad, no estaba preparado todavía para una lectura como la Las Mil y Una Noches. Muchos años después, habiendo ya conocido a Borges y a Brecht, estaba dispuesto a emprender la aventura hasta el final, pero no pude encontrar el libro. Muchas mudanzas, arreglos de mobiliario y préstamos habían vuelto al libro inubicable. En ese entonces me enteré también que el libro era una especie de propiedad familiar que había ido pasando de casa en casa de la familia de mi padre desde nadie recordaba cuándo. Jamás supe dónde quedó, ni nadie volvió a reconocer la posesión del libro. 

Con los años pude acceder a resúmenes del libro, y me enteré de la existencia de la bella Sherezade, de Simbad el Marino, de Alí Babá y del caballo volador.
Desde entonces ese libro ha quedado en mi mente como la metáfora de aquello que tuve una vez y ahora ya no puedo encontrar, como la puerta a un mundo maravilloso hoy irremediablemente perdido.
Las Mil y Una Noches se convirtió en un libro mítico para mí. En las librerías en donde preguntaba, solo disponían de resúmenes o versiones incompletas, con sólo los cuentos más populares. La búsqueda en internet (en el tiempo en que la búsqueda era aún una aventura en sí misma) aumentó mi confusión. Leí referencias a traducciones francesas e inglesas, versiones que diferían notablemente en cuanto a cantidad y selecciones de cuentos, y versiones castellanas que no aclaraban si su origen era arábigo o una simple traducción de ediciones europeas. Nunca encontré ni siquiera referencia a una versión oficial o canónica del libro.

En el hoy de las bibliotecas virtuales y la lectura en iPad, no me he atrevido a descargar una versión digital, porque esa no es la experiencia que he buscado. Consciente o inconscientemente, quiero encontrar un libro con páginas del tamaño de un diario, con tapas de cuero de borde desgastado y tipografía antigua, que al abrirlo desprende un olor tan viejo como las historias que cuenta. Pero aún me queda el imaginar lo que encontraré en ese tesoro, en ese Santo Grial personal.

Desde el comienzo, siempre me interesó saber si realmente eran mil y un historias las narradas en el libro. Me parecía un paraíso y un logro tener mil y un cuentos para leer. Aunque nunca lo he comprobado, alguna vez leí que en el libro de Las Mil y Una Noches solo se pueden encontrar mil cuentos. El último cuento es precisamente el de la princesa Sherezade contando mil cuentos al sultán.

Algún otro tal vez diría que Las Mil y Una Noches es un solo cuento, que contiene en su argumento muchos cuentos, y algunos de ellos, a su vez, contienen otros. Sabemos que muchos de los cuentos duraban más de una noche, y a su vez en una sola noche se podían integrar dos, tres o más cuentos.

Borges escribió alguna vez que en la noche número quinientos, Sherezade empezó a contar su propia historia, anidando la ficción dentro de su propia realidad. Otros cuentos, diferentes a los originales, contó en esta historia dentro de la historia, supongo yo, porque el cuento debe alejarse obligatoriamente de la realidad, para lograr convertirse en un cuento y separarse de la simple relación de lo sucedido.

En el tiempo en que Sherezade narraba cada noche un cuento al sultán Schariar, se refiere también que tuvo tres hijos, por lo que, me imagino, tuvo el mérito adicional de no perder la hilación mientras engendraba y daba a luz a los hijos del sultán. Tal vez algunos de los cuentos de esas noches tenían que ver con la maternidad, con el amor y la familia.

Ya en el terreno de la pura imaginación, tal vez en alguna edición árabe Sherezade cuenta una historia de un héroe llamado Edipo, a quien un monstruo cuenta el inicio de una historia y es retado a adivinar su final. Tal vez allí también se cuentan cuentos de ese país remoto y maravilloso llamado Anglia, en donde vive el héroe llamado Perceval el Piadoso. Quizás se encuentran también historias del mar infinito, en donde hasta las estrellas son diferentes por las noches, perdiendo a los marineros que se adentran en sus aguas.

Tal vez algún día se cierre el círculo en una librería de viejo y pueda pasar mil y Una Noches leyendo historias.

jueves, 15 de marzo de 2018

Las historias son como las quiere la gente




Eulios, quien vivía recorriendo pueblos para contar historias a cambio de monedas, me contó esta, que fue su verdadera historia, cuando enfermo ya, no esperaba vivir más allá de aquella noche, como en verdad sucedió:

En el tiempo en que yo era muy joven, casi un niño, peleé en la guerra contra los tesios. Tras la derrota, que fue muy dura, el ejército se desbandó y yo me encontré vagando por los caminos. No tenía intenciones de regresar a mi pueblo, pues no había logrado gloria en la guerra, ni obtuve distinción alguna por mi valor. Conocí en cambio, y fui amigo de Thelios, el de afilada espada, y quien realizó en aquella guerra tan grandes hazañas que su nombre me sirvió de salvoconducto cuando llegaba a un pueblo. La fama de Thelios ya se había esparcido y empecé a contar historias de nuestro tiempo juntos a cambio de comida y lecho en las posadas. 

Pero la gente no quería escuchar sobre nuestra amistad ni sobre su generosidad conmigo, sólo quería saber de sus hazañas y sobre cómo pudo seguir luchando a pesar de tener clavada una lanza. Cada vez más gente se reunía para escuchar mis relatos, pero no la parte en que compartimos, sólo su actuación en la batalla. Allí fue cuando me convertí en el narrador de la guerra de los tesios, cuando quité mi parte de la historia y solo narré la de Thelios. Pronto el rey de los acadios me llamó a su palacio para escuchar la historia. Traté entonces de contar mi historia lo más fielmente posible, pero el rey no se mostró entusiasmado. Solo al final me dijo, con tono de quien lo ordena: “En esa guerra estuvo también mi pariente Aligio, nárrame de sus hazañas”. Yo, que no conocí a Aligio más que de nombre en esa época, dudé un momento, temeroso de causar la furia del rey, hasta que de pronto empecé la nueva historia. Otros actos de bravura de esa guerra conté, atribuyéndolos a Aligio, con lo que el rey se mostró satisfecho y me dio albergue y varias monedas de oro, a cambio de repetir la historia las noches siguientes.

Cuando volví a recorrer los caminos, ya mi fama se había difundido. Cuando llegaba a un pueblo, la gente se reunía para escuchar la historia. Pero cuando terminaba la historia de Thelios, me pedían también la de Aligio. Y cuando terminaba, me pedían más, me preguntaban lo que pasaba en el ejército de los tesios. Aunque solo conocí a los tesios como enemigos en batalla durante la guerra, poco a poco fui inventando historias basado en lo que me contaban otros soldados durante la marcha. Las hazañas de Thelios y Aligio también parecían a la gente cada vez menos interesantes, así que fui exagerando cada vez más su valentía.

Ahora Thelios y Aligio eran amigos, jefes del ejército que obtuvo una derrota honorable ante un enemigo digno. Aligio obtuvo en mi historia el lugar que había querido para mí mismo, a cambio de las monedas y la fama que recibía. Un día, en un palacio real, uno de los consejeros me dio una moneda para mencionar en la historia el nombre del padre del rey. En poco tiempo, tenía el nombre de los soldados del ejército y las historias de muchos otros héroes, todos a cambio de las monedas que recibía.

Con los años, yo mismo había olvidado ya lo que había pasado realmente en esa guerra. Thelios y Aligio eran reyes, hijos de dioses en las historias que contaba ahora, el ejército estaba lleno de héroes que realizaban cada uno sus propios prodigios, y la guerra había sido larga y fue ganada gracias a la intervención de los dioses. Los tesios eran también ahora un país maravilloso que contaba con héroes y gigantes en sus filas, además de animales acorazados como no se han visto antes o después.

Hoy, que la gente va a los templos de Thelios y de Aligio a pedir su ayuda, que los ejércitos invocan sus nombres y los de otros héroes que yo inventé antes de salir a la batalla, y que la historia escrita en rapsodias de sus hazañas es leída en todos los palacios, quiero que sepas la verdad. Es el pueblo el que elige a sus héroes, y la verdad no importa si la historia gusta a la gente.

Así murió Eulios, el famoso contador de historias. No pienso divulgar la verdadera historia de la guerra de los tesios, nadie la creería. Muchos pueblos aseguran que sus antepasados fueron héroes en aquella guerra que en realidad fue una sola batalla, y no aceptarán la verdad. Por eso estoy escribiendo esta tablilla de arcilla, con la esperanza de que sea encontrada algún día, cuando incluso nuestros dioses no sean más que cenizas. Tal vez entonces alguien la encuentre y se sepa lo que ocurrió realmente.

lunes, 5 de marzo de 2018

Sueños



Hoy día toca soñar. Cada quien que sueñe el sueño que mejor le acomode, que los sueños no son tan democráticos como uno pudiera pensar. Si bien sabemos que todos sueñan, los sueños no son iguales para todos. El sueño del rico no se parece en nada al sueño del pobre, el sueño del bueno no es igual al sueño del malvado. Y para soñar hace falta también imaginación, hace falta haber vivido.
No es un secreto tampoco que la gente aburrida tiene sueños aburridos, si lo sabré yo, que me precio de tener una buena imaginación y que de vez en cuando me tocan unos sueños que ya quisieran varios guionistas de Hollywood para convertirlos en el éxito de taquilla de este año. A falta de imaginación, muchos buscan la ayuda del alcohol para tener sueños multicolores y psicodélicos, de esos sueños que los que creen en la interpretación de los sueños no se atreven a analizar. Algo han de tener los elefantes color de rosa y los diablos azules.

Hablando de la interpretación de los sueños, una vez un amigo, creyente en esas cosas, me decía que al soñar nos trasladamos a un universo paralelo pero real, donde lo que allí ocurre es la realidad, así como nuestro mundo es el sueño de otro universo. Mi respuesta a esa filosofía fue responder que en ese otro universo de los sueños Jennifer López debe estar cansada de aparecer en los sueños de tanta gente y al menos una vez por mes en los míos. De más está decir que no recibí refutación a mi teoría, solamente esa mirada que tan bien conozco y que me indica que otra vez estoy hablando puras tonterías. Y esa es otra de las cosas que he descubierto, que a falta de imaginación, mucha gente sueña con las mismas cosas. De ahí tantos libros para explicar el significado de los sueños. Si ya sabemos que los sueños de la mayoría de la gente tienen un guión conocido y con pocas variaciones, entonces saquemos provecho de ello. Por eso yo, siempre tratando de innovar, tengo unos sueños que los escritores de esos libros nunca imaginaron.

Como cuando la conocí. En ese tiempo capturó mi atención su aspecto nada estridente y sus ojos soñadores, su voz tan suave y sedante. Naturalmente me quedé dormido y soñé con ella. La soñé dormida y yo entraba en su sueño. Soñé que recordaba, como se recuerdan cosas solo en sueños, que me gusta invadir sueños ajenos, y que esta vez, también ella me soñaba a mí. Y el sueño era tan real que pude ver claramente su rostro de decepción al tener un sueño tan aburrido como yo. No te pongas así, le decía, yo tampoco soy el hombre de mis sueños. Mientras ella trataba por todos los medios de soñar con un viaje a Europa, a la India, a cualquier parte a medio mundo de distancia de mí, yo, con mayor experiencia en sueños tontos, trataba de tranquilizarla diciendo que no era tan malo, que le podría cantar una serenata en francés con mi guitarra para hacerla sentir mejor, aprovechando que soy capaz de hacer tales cosas en mis sueños.

No, yo quiero soñar con un castillo en el aire, me decía. Ya lo he intentado, le dije, hasta me contacté en el sueño con un amigo mío que me vende un terrenito en una nube muy bonita y que me ofreció ayudarme con los trámites de licencia de construcción por un módico precio. Esa vez no me alcanzaba, pero ahora podemos ir al banco de tus sueños a sacar un poco de plata y le damos la primera cuota para los materiales. Ella no se mostró entusiasmada con la idea, distraída como estaba tratando de terminar ese sueño, descubriendo que el sueño de uno puede ser la pesadilla de otra, de ella misma. No, tenemos que despertar ahora mismo, me dijo. A pesar de que ya estaba programando un sueño de caballos de colores y delfines voladores, decidí ayudarla. La forma clásica de despertar en un sueño es pellizcarse a sí mismo, le dije, podemos intentarlo. Antes de terminar de decir mi idea, ella ya había tomado una pala y había decidido tomar acción despertándome a mi primero. Afortunadamente también soy bueno corriendo en mis sueños, desafortunadamente ella también podía volar en los suyos. En la persecución, terminamos cayendo a un abismo.

La caída nos despertó. O me despertó a mí nada más. Ella seguía hablando como si nunca hubiera caído dormida y hubiéramos vivido toda aquella aventura juntos. De pronto, dejó de hablar, me miró fijamente y me preguntó a boca de jarro: ¿Y tú? ¿Qué opinas? Solo pude balbucear algunas frases inconexas sobre otros países, castillos, caballos y abismos. Fue la última vez que la vi. No pude nunca decirle que la mirada que me lanzó era la misma que yo ya había visto en mi sueño, que ya la había visto antes pidiendo una pala o cualquier objeto contundente para perseguirme por aire, mar y tierra y que una vez, inesperadamente, un sueño se había convertido en realidad.

viernes, 23 de febrero de 2018

Hablando de Twitter


Desde hace un tiempo estaba alejado del Twitter. No es que me falte ganas, simplemente no tengo la inspiración twittera que tenía hace tiempo. Ya me cuesta trabajo acumular material para las frases twitteables que aquí publico. De vez en cuando sigo escribiendo algunas frases que se me ocurren, pero ahora paso más tiempo leyendo twittitos, twittines y twittazos. La distancia me permite ahora escribir y opinar un poco, como miembro no activo de la twittosfera, o como se llame, que nunca supe muy bien cómo era la cosa. Uno se da cuenta de que el tiempo pasa, aún para las redes sociales, cuando encuentra a alguien recordando con nostalgia los viejos tiempos. Antes Twitter era más divertido, leo con cierta frecuencia, la gente no se quejaba tanto. No les falta razón, sobre todo cuando caigo en la cuenta de que los que escriben esas cosas se están quejando de que la gente se queja. Referencia circular, le dicen en Excel.

Afortunadamente, sigue habiendo material para seguir visitando. Sigue habiendo una fauna variada en este bosque twittesco. Si me diera por comparar, diría que es como la aldea de los pitufos, o la aldea de los twittufos, más propiamente. Hay muchos twittufos gruñones, filósofos, vanidosos, bromistas, el puesto de Papá Twittufo está muy disputado por aquellos que se creen más sabios que todos, y claro, habemos muchos tontines también. Olvidaba a las Twittufinas, que abundan por aquí.

Esto de la aldea me hace notar en la cantidad de personajes caricaturescos, espero que sean simplemente casos de doble personalidad, no podría creer que ese tipo de gente existe en la vida real, esa que existe más allá de la pantalla del celular o la computadora. Quiero creer que la los que escriben así lo hacen solo para ganar algunos likes. Pasando ahora revista a los personajes clichés, podría comprobar que no falta ninguno. La feminista, el izquierdista, el moralista, el troll, el opinólogo, la azucarada, el corta y pega, el super sabio, el amargado, el poeta.

Y aquí llegamos a uno de los grandes misterios de Twitter. ¿Para qué sigo escribiendo allí? No soy para nada una cuenta popular, ni escribir tantas twittadas me presenta ningún beneficio. Me imagino que para eso se inventaron los tontos, para hacer cosas sin sentido. Solo en este momento me doy cuenta del porqué estoy escribiendo esto en particular. Me estoy burlando del auto corrector de mi celular con todas las palabras derivadas de “Twitter” que acabo de poner. Una razón tan buena como cualquier otra.

Buenas noches.

martes, 13 de febrero de 2018

Lugar de citas 3


Hace mucho tiempo que no publico un post de recortes propios. Es que cuando lo hago, es signo de que la inspiración empieza a flaquear y tengo que llenar el espacio con algo, para llegar a la conclusión de que yo soy el único a quien puedo plagiar sin meterme en problemas y líos de derecho de autor. A veces, (lo he mencionado antes) me doy a leer mis propios archivos por la curiosidad de ver si mis escritos todavía funcionan. Afortunadamente la mayoría todavía son legibles. Soy un tonto que no pasa de moda, me digo. Aquí están los pedazos de textos que el cura y el barbero salvarían de la biblioteca del Quijote si los encontraran en su requisa.

I
Cuenta una antigua leyenda de la tribu Opa, que el demonio, deseoso de confundir a los hombres y alejarlos del camino recto, dijo primero a los hombres que la contemplación del propio ombligo les daría la sabiduría. Cuando los hombres se dieron cuenta de que esto no era cierto, el demonio les convenció que la forma de las nubes guardaba el secreto del saber infinito. Los hombres pasaron mucho tiempo estudiando las formas celestiales hasta que cayeron en la cuenta de que no eran más sabios que antes. El demonio aún pudo convencer al hombre una tercera vez, diciendo que el secreto de la sabiduría podía encontrarse meditando inmóvil, con los ojos cerrados y sin hablar. Los hombres lo intentaron una vez más y cayeron nuevamente en la trampa. Escarmentados, los hombres juraron no volver a creer en las palabras del demonio y lo expulsaron de la tierra. Enfadado, el demonio les envió a los hombres blancos con sus cuentas de vidrio con espejos, sus televisores a color, sus revistas llenas de publicidad y sus libros de autoayuda, para hacerlos vivir eternamente engañados.

II
Erase en un lugar de mi país un lugar al que llamaban la morada del silencio, un lugar donde no se escucha ningún ruido del mundo exterior, donde existía un silencio ensordecedor, tal que en ese lugar hablar tenía mucho de sacrilegio, todas las palabras se escuchaban deformadas y horribles, pasar mucho tiempo allí hacía que la gente empezara a tener visiones del pasado, presente y futuro, en donde muchos de los que salieron de aquel silencio perdieron la facultad del habla durante días y semanas. Los pobladores de las cercanías advierten al visitante contando las historias de aquellos que perdieron la razón después de haber pasado demasiado tiempo allí.

III
Aquel que, enojado por una tormenta que arruinó un paseo por el campo con su prometida, prometió a su amada castigar a los elementos por ese ultraje. Así que salió de la cabaña en la que se encontraba blandiendo furioso su espada contra los elementos. La pelea fue corta y desigual, pues a los pocos minutos un rayo fulminó al incauto. Los familiares, durante el entierro, calificaban el suceso como un acto de Dios, otros mencionaban el castigo que Zeus, el dios del rayo, infligía a quienes osaban retarlo. Con seguridad que si hubiera estado de moda en ese tiempo, se hubiera hablado también del karma, La verdad es que esa muerte se debió a la pura y simple estupidez.

IV
Un libro es como un camino, cuando empiezas a recorrerlo no sabes hasta dónde te ha de llevar, el camino puede ser largo, puede ser sinuoso, habrá tramos en donde te sientas cómodo o partes empinadas y difíciles, paisajes por descubrir y recodos que sólo tú serás capaz de admirar. Después de llegar al final, sabrás si el viaje valió la pena, y descubrirás que el camino es solo de ida, que el regreso es imposible, que aunque regreses al lugar de donde partiste, no volverás como el mismo que partió un día.
(La biblioteca)
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