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jueves, 10 de julio de 2025

Los románticos ilegales



Cuentan que en una ciudad, en un país, en un gobierno, se decidió que el amor era una invención del colonialismo europeo, aprovechado por la élite mundial dominante para mantener oprimido al pueblo, mediante la comercialización de objetos como flores, chocolates, vinos, y otros productos. Las historias de amor fueron vistas como una forma de adormecer al pueblo y distraerlo de sus responsabilidades de clase, alentando la insensata idea del progreso personal, que contradice las ideas de igualdad social impulsada por el gobierno. 
Desde ese momento se decretó que el gobierno debía aprobar la unión de las parejas, conforme a los principios revolucionarios, basados en comportamiento, etnicidad, y adhesión a los objetivos nacionales. El primer paso para llevar a cabo la abolición de la idea capitalista del amor fue la censura a todas las menciones románticas en los medios de comunicación. Se organizó un ejército de severos censores de la nueva decencia, que suprimían cualquier mención del amor en libros, periódicos, e incluso en folletos publicitarios y en las tareas escolares. Por supuesto, las redes sociales fueron su principal objetivo. Adquirieron sofisticados equipos de rastreo para identificar y encontrar a los autores de escritos y poemas de amor, así como a quien cometiera el error de poner un “me gusta“. 

Ante esta situación, apareció una red de tráfico ilegal de poemas y cartas de amor. Papeles escritos a mano o con impresoras caseras empezaron a circular clandestinamente. Se vendían en oscuros callejones décimas espinelas, versos, alejandrinos, prosas románticas y suspiros escritos, dirigidos a parejas de amantes que desafiaban las órdenes gubernamentales. Cuando estos traficantes eran atrapados por la policía, alegaban ser inofensivos, traficantes de drogas, aprovechando que el gobierno había relajado el control de este mercado, al considerarlo una opción aceptable al escape de la realidad que representaba el amor. Los escritores del mercado negro del amor empezaron a acumular riquezas, que se volvieron fáciles de detectar por el gobierno, ya que se sabe que toda revolución trae consigo años de escasez. 
Los censores, por su parte, buscaban mensajes o códigos secretos en las noticias deportivas y en los textos que hablaban del amor a la patria. Los chocolates y las flores se convirtieron en productos controlados, lo que no evitaba que fuera frecuente que estos fueran entregados con pequeños mensajes ocultos en el empaque, puestos por el empleado a cambio de algunas monedas. Poco después, los medios de comunicación, controlados por el gobierno, presentaban orgullosos las últimas noticias del desmantelamiento de una red criminal que distribuía cartas de amor ocultas dentro de pizzas entregadas por motocicletas de delivery. Los noticieros estatales mostraban también el éxito de las parejas aprobadas por el gobierno, en marchas que presentaban parejas que desfilaban serias y sin apenas mirarse. 

Cuando el gobierno creía tener la situación controlada, la policía secreta descubrió comportamientos inusuales en los actos oficiales. Jóvenes intercambiando miradas sospechosas, parejas tomándose las manos al entonar las marchas revolucionarias, abrazos grupales y vivas al presidente con un entusiasmo y una entonación que parecía significar otra cosa. Era difícil señalar una desviación específica a las políticas oficiales, y ni siquiera los agentes que se intentaron infiltrar pudieron dar pruebas de una conspiración. Los arrestos que se hicieron no tuvieron ningún efecto sobre las muchedumbres en los actos oficiales. 
Con el tiempo, el control se relajó, y ya no era raro ver a altos funcionarios acompañados de parejas que no eran las designadas por el gobierno. En los pueblos alejados había menor control, lo que provocó migraciones de jóvenes de las grandes ciudades. 
Hasta hoy, si se presta atención, se puede observar en el transporte público, a un hombre entregando una pequeña flor a una mujer, que le entrega a su vez un pequeño pedazo de papel. Los asientos dobles son dejados libres hasta que llega una persona, y poco después, otra del sexo opuesto, con quien intercambia miradas furtivas mientras los pasajeros que están de pie hacen pantalla para evitar a las cámaras y a los agentes del gobierno. Un turista extranjero, se alcanza a escuchar lo que dice en voz baja: Para recuperar el significado del amor, lo que se necesitaba era prohibirlo.

lunes, 5 de mayo de 2025

Fábula tonta


Era una noche clara y sin nubes. Un tonto, un estúpido y un soñador salieron a pasear al bosque. 
El tonto vio la luna llena reflejada en un charco y quedó maravillado creyendo que tenía a la luna al alcance de su mano. 
Cuando el estúpido la vio, pateó el agua, sintiéndose poderoso al creer que había derrotado a la luna. 
El soñador, al desaparecer el charco, levantó la mirada y vio la luna, hermosa y brillante en el cielo. Siguió caminando sin apartar la mirada hasta que resbaló en otro charco, se cayó y arruinó toda su ropa. 
El estúpido se rió al verlo, el tonto se quedó pensando si había valido la pena, y el soñador se levantó y se fue pensando si esta historia tenía alguna moraleja.

jueves, 16 de enero de 2025

Reglas de convivencia con vampiros



A todo el personal: 

Dado el aumento en los últimos tiempos de personal empleado que se identifica, se siente y se percibe a sí mismo como vampiro, la empresa se ha visto obligada a establecer las siguientes reglas para la convivencia armoniosa entre todos los trabajadores:

Desde esta fecha está prohibido el lenguaje ofensivo hacia los vampiros. Palabras y frases como “chupasangre”, “sangrón”, o “sediento de sangre” quedan prohibidas, y se consideran como acoso laboral, sobre todo en el área legal y tesorería. Las personas que se definen a sí mismos como vampiros tendrán preferencia para trabajar en los turnos nocturnos, con el correspondiente pago por horas extras. Del mismo modo, no serán penalizados por llegar tarde a la oficina, por respeto a sus creencias, que les autorizan a odiar la luz del sol. 
Abrir la persiana para dejar entrar la luz del sol se considera desde hoy en un acto de intolerancia y violencia contra los vampiros. Solo se permitirá la iluminación artificial durante las horas de trabajo. 

El área hasta hoy conocida como recursos humanos cambiará de nombre desde hoy, ya que se considera como discriminatorio para quienes se identifican como vampiros. Dicha área pasará a ser llamada “área de recursos HVLBS+” para incluir a vampiros, hombres lobo, brujas, súcubos y otras denominaciones. Dentro de esta área se tendrá un representante de los vampiros, para salvaguardar sus derechos. Esta área también se encargará de las charlas de concientizacion, para explicar al personal humano que debe respetar la creencia de que los vampiros son superiores, y que los humanos son sólo su fuente de alimentación. 

Se prohíbe desde hoy al personal traer como almuerzo alimentos que contengan ajo como uno de sus ingredientes. Igualmente se prohíbe pedir pizza con ajo durante las reuniones y jornadas extras. 

Si alguno de los empleados que se identifica como vampiro solicita a un humano dejarse morder en el cuello, la negativa será considerada como una falta de respeto a sus creencias y se hará acreedor a la sanción que determine el área de recursos humanos. 

 Cada vez que un vampiro se integre al equipo de trabajo, los empleados humanos deberán realizar un acto de disculpas públicas por los siglos de persecución a los vampiros y por las falsas acusaciones de asesinatos, violencia y control de voluntades, que les han negado hasta hoy el derecho a expresar su vampiridad libremente. 
El uso de agua bendita, crucifijos y cualquier elemento de madera que pueda ser utilizado como estaca (como lápices o mangos de escoba), será considerado como un acto de violencia vampirofóbica y el infractor será retirado de su puesto. 

Las campañas de donación de sangre deberán ampliarse para las necesidades de los vampiros. Aquellas actividades de donación de sangre solamente para usos médicos de humanos son una forma de discriminación. 

Mediante la aplicación de estas reglas, la empresa espera un convivencia armoniosa con los vampiros, en el espíritu de un ambiente laboral libre de discriminación.

domingo, 11 de febrero de 2024

Una mujer de alto valor



Cuando la conocí, le dije que le podría dar lo mejor de todo. Incrédula aún, aceptó una primera cita, no sin antes preguntar a dónde llevaría yo a una mujer que solo merecía lo mejor. Sonriendo, le dije que la llevaría a probar el mejor cebiche de Lima. Ella llegó muy elegante a la cita, que fue al mediodía, y yo la llevé al mercado Nro. 2 de Surquillo. Allí me atendió la señora dueña de uno de los puestos, a quien ya conocía, y nos ofreció sus mejores sitios: dos bancas altas junto al mostrador de mayólica, donde podíamos ver directamente cómo preparaban el que según los periodistas especializados, es el mejor ceviche de Lima. Aunque ella reconoció que no había probado plato mejor en su vida, su cara denotaba su profunda decepción. Creo que no has entendido lo que te ofrecí, le dije. Si aceptas una nueva cita, te llevaré al mejor espectáculo que tiene esta ciudad. Ella aceptó. 

En nuestro siguiente encuentro la llevé al Malecón de Miraflores. Desde nuestra banca se podía apreciar la puesta del sol sobre la playa azul. Debajo nuestro se podían apreciar los tablistas corriendo olas, un poco más allá, un velero le daba interés al horizonte mientras el cielo se teñía de rojo y se veían a lo lejos las siluetas de las islas frente al Callao. Nuevamente intentó quejarse de que la había engañado, pero no podía decir que no había cumplido con lo ofrecido. El espectáculo no tiene comparación en el mundo, y mucha gente que se reúne a esa hora para tomar fotos confirmaba mi afirmación. Como prueba de mi sinceridad le pedí que me dijera qué tipo de cita prefería para la próxima vez. Me pidió un lugar en donde se divirtiera, pero no un lugar gratis, sino algo muy caro, ya que era lo que ella se merecía. Casualmente este fin de semana será el Baile Anual de Caridad por los niños con cáncer en el Country Club de Lima. Allí estará lo mejor de la sociedad limeña, con una Orquesta Internacional, le dije, y yo estoy en el Comité Organizador. Fue la primera vez que vi sus ojos brillar, al aceptar con entusiasmo. 

El día señalado fui a recogerla muy temprano y la llevé al local. Allí nos dedicamos a ordenar las mesas, coordinar con los encargados de los arreglos florales y el catering, revisando que todo estuviera en orden con la llegada de los alimentos, y que todos los instrumentos de la orquesta sonaran bien por el sistema de sonido. A la hora del evento, ella, que se había estado quejando desde hacía un par de horas de que la había hecho trabajar y que se había roto una uña al cargar un florero, solo tomó una silla y se quedó dormida. Fue una lástima, porque se perdió lo mejor de la fiesta, y cuando se despertó, al final de la velada, insistió en irse sola, al decirle que ayudaríamos a recoger las cosas y hacer las coordinaciones para el retiro de todos los adornos. 

Aunque yo la llamé varias veces en los días siguientes, ya no me respondió al celular. Me dicen que ella ha publicado en sus redes sociales que ha sido engañada toda esa semana,, que esa no es manera de tratar a una mujer de alto valor, y varias cosas más. No he comprendido del todo sus críticas, porque le he dado lo mejor que esta ciudad puede ofrecer. Ella es ahora solo otra de las mujeres que he conocido que no comprende el verdadero valor de las cosas, y que no merecen conocer mi mansión en La Rinconada, ni mi casa de playa con yate en Paracas.

lunes, 23 de octubre de 2023

Anticuento



Alguna vez, en un reino muy antiguo y lejano, durante una gran celebración, el rey invitó a todos los artistas de su reino a hacer una obra que represente a la felicidad, ofreciendo como premio una gran bolsa de monedas de oro. Se presentó un famoso escultor, que mostró un mármol con la alegoría de una hermosa mujer con una gran sonrisa. Demasiado académico, dijo el rey. Pasó a la siguiente obra. Era un lienzo con la imagen de una fiesta en donde jóvenes cantaban y bailaban. Demasiado predecible, opinó el rey. Así fue pasando ante todas las obras, encontrando defectos en todas y diciendo que ninguna de las obras representaba fielmente la felicidad. Hasta que encontró un papel que alguien había colocado sobre la mesa, en donde se veía el garabato de un niño de la mano de su madre. El rey al fin sonrió complacido. Esta es la verdadera imagen de la felicidad, dijo, no es la complejidad de un arte, ni una alegoría, es el simple sentimiento. Toda la corte asintió en reconocimiento a la sabiduría del rey. Solamente la gente del pueblo, que desde el principio dudó de que el rey hubiera abandonado la costumbre de la tacañería, empezó a decir en voz baja que no era de extrañar que diera el premio a su propio hijo por dibujar tan solo un garabato.

sábado, 23 de septiembre de 2023

Una historia política


Esta es una historia que pasó en un país lejano, muy lejano, que no es el mío, de ninguna manera, así que no busquen parecido alguno con lo que se ha leído en los periódicos. Había una vez un político humilde, que llegó a ser presidente, porque era un desconocido y nadie quería votar por los malos conocidos, porque en una campaña política gana el menos odiado, y porque la gente prefirió votar por un cambio, sin preguntar de qué se trataba ese cambio. 
El candidato más humilde que haya ganado una elección en ese país (que no es mi país, no insistan), llegó con un afán de revancha heredado por generaciones de pobreza y al que su pasado sindicalista había hecho crecer hasta límites desconocidos en ese entonces. Se declaró entonces socialista-autóctono-reivindicativo-ancestral, aunque nunca pudo explicar qué significaba cada uno de esos títulos. 
Lo que hizo, basado en su experiencia de profesor que no pudo pasar un examen para subir de categoría, fue declarar que hasta ese momento el país había vivido una dictadura a cargo de una minoría que había tenido acceso a la educación, que los puestos de responsabilidad estaban copados por gente capaz y con estudios. Esto era una clara forma de discriminación, una dictadura de los inteligentes, por lo tanto, era urgente permitir que los incapaces, que son la mayoría, estén bien representados en el sector público. Nadie se dio cuenta entonces, pero esos incapaces llegaban a esos altos puestos porque habían tenido la suficiente visión unos meses antes para aportar dinero en la campaña del nuevo presidente. Cuando estalló el escándalo, los congresistas del oficialismo justificaron los nombramientos diciendo que estaban reemplazando a la casta política que había gobernado el país los cinco siglos anteriores y que ahora les correspondía aprovechar de las riquezas del país. 

El problema empezó cuando empezó a hacer promesas que iban en contra de las leyes del país. Nadie está por encima de la ley, fue la decisión de los tribunales. Entonces, para poder cumplir con su palabra, promulgaba leyes que solo lo favorecían a él y a sus allegados. Por ejemplo, declaró el terreno de casa de sus padres como de “valor estratégico” con el fin de poder hacer un helipuerto estatal y poder visitar a sus padres sin preocuparse del tráfico ni del estado de la carretera. 

Como se dijo antes, nunca tuvo el país a un presidente tan inexperto en todos los quehaceres de la política. Sus discursos pronto se hicieron famosos por las tonterías que soltaba cuando no se enredaba en sus propias palabras y perdía el hilo de sus propios pensamientos. Por eso hacía casos a los peores consejeros que sus mentores políticos le facilitaron. Así llegó a pensar que robar al erario público y cobrar comisiones de contratos estatales era una prerrogativa presidencial y una tradición nacional que todos aceptaban. Sus intentos de apropiarse de dinero público fueron tan torpes que causaban pena, indignación y risa al mismo tiempo. Se llegó a extrañar públicamente a aquel otro expresidente, ladrón de talla mundial que robaba con tal arte, inteligencia y carisma que nadie pudo encontrarle nada incluso después de muchos años. 

Nunca tuvo una idea clara de lo que quería hacer en el gobierno, sólo la convicción de que el tiempo no le iba a alcanzar. Por eso dedicó mucho tiempo y esfuerzo a intentar quedarse en el poder, o al menos asegurar su futuro y el de su familia. Demasiado pronto el gobierno empezó a hacer agua, y lo obligó a seguir el manual del populista de izquierda: Prometió una nueva constitución, una que reemplazaría a esa que solo había hecho ricos a los ricos y pobres a los pobres. Nunca pudo explicar qué es lo que tenía exactamente de malo la constitución vigente, ni tampoco pudo dar un ejemplo de cómo podría cambiarse algún artículo para hacerlo menos derechista. La discusión duró meses, mientras el presidente trataba de ocultar sus errores y trataba de llevar adelante un cambio de constitución que no implicara participación alguna del pueblo que decía defender. 

Se dio entonces la rara circunstancia de un gobernante que no sabía gobernar, mientras echaba la culpa de su incapacidad a la derecha, a los ricos, y a la constitución, mientras no hacía nada. Hasta hoy, ni siquiera los pocos partidarios que hoy le quedan pueden mencionar una sola obra que haya realizado, una ley que haya impulsado o una decisión que haya tomada para mejorar en algo lo que encontró al llegar. El Congreso de la república, aunque también era una cueva de pícaros, no podía ver cómo se desbarrancaba el país, bajo el razonamiento práctico de que era mejor obtener beneficios en un país rico que en un país en quiebra. Se presentó una moción de remoción al presidente, por razón de incapacidad moral, aun a sabiendas que a dicha moción le sobraba la palabra “moral”. 
El presidente para entonces estaba tan aterrado por la posibilidad, que, aunque las encuestas decían que la moción no iba a prosperar, realizó el acto más penoso de su gobierno: Difundió un mensaje a la nación en donde declaraba la disolución del congreso que lo quería sacar y del sistema judicial que lo quería investigar, reemplazando a ambos por la Asamblea Constituyente que solucionaría todos los problemas del país. Mientras tanto, ordenó al ejército salir a la calle a defenderlo, con toque de queda incluido. Cuando me vinieron con la noticia, la descarté inmediatamente por falsa. Ni siquiera él puede ser tan bruto, dije. Solo cuando vi la confirmación por canales oficiales pude creerlo, pero volví a exclamar ¡Qué bruto! (¡Ah! me olvidé que esto ocurrió en un país muy lejano, así olviden que escribí la línea anterior). La realidad del país le dio en la cara. Nadie le hizo caso, ni el ejército ni el pueblo, porque el país ya estaba curado de dictadores y prefiere que lo roben en democracia. 

Cuando el Congreso, en solo dos horas declaró fundada la incapacidad presidencial, le dejó solo la opción de mostrarse valiente y enfrentarse a sus enemigos. Nuevamente falló. Ordenó a su escolta llevarlo a la embajada de otro país izquierdista para pedir asilo político, con tanta torpeza que todo el mundo sabía hacia donde se dirigía y se formó un bloqueo de autos de gente harta en la embajada para impedirle la llegada. No fue necesario, la escolta presidencial recibió órdenes del Congreso para arrestar al presidente. Nadie levantó la voz ese día para defenderlo, y las multitudes que salieron a la calle ese día lo hicieron para celebrar. Solo en los sitios alejados de la capital hubo protestas de gente que no había tenido que soportarlo día a día, y que hasta hoy cree que era solo un pobre maestro rural aplastado por una élite blanca. 

Aún hay quienes fuera de ese país creen que su destitución se debe al racismo, olvidando que los dos presidentes anteriores y la sucesora de este presidente son tan indígenas como él, y solo de diferencian por el hecho de no declararse izquierdistas. No saben que en el país hace ya mucho que la izquierda y la derecha han perdido su significado, y que ahora solo existen en el país los fines personales. Que se los diga la vicepresidenta del este malhadado presidente, que pasó de ser una comunista recalcitrante a ser hoy como presidenta, la representante de la derecha más retrógrada, según sus detractores. 

¿La moraleja de la historia? La incapacidad no tiene raza, color político ni clase social, y a ese presidente no lo sacaron por izquierdista ni por ser del pueblo, sino por bruto.

domingo, 5 de marzo de 2023

La vida de las moscas



Aprovecha cada minuto, que la vida es corta, me dices. Permíteme discrepar, porque pocos animales hay con una vida más larga que los humanos, y nadie envidia a las tortugas por vivir 150 años. Son los otros animales los que deben aprovechar su tiempo, solo piensa en lo que daría un perro por vivir un poco más de sus 15 años. 

Para darte un mejor ejemplo, te contaré la vida de las moscas. Tal vez ya sabes que las moscas sólo disponen de un mes, para nacer, crecer, reproducirse y morir, y eso no les da tiempo para pensar ni esperar tiempos mejores. 
Las moscas (y esto me lo han contado otros insectos muy documentados) se manejan movidas casi siempre por el instinto, por lo que cuando se posan en tu plato lo hacen únicamente por hambre. No tienen nada contra ti, ni es su interés amargarte la vida como piensas, y por lo mismo no hacen caso de tus insultos. 
¿Qué pueden hacer las moscas en un mes de vida? Te diré más bien lo que no hacen: No pierden el tiempo en probar pareja tras pareja buscando requisitos imposibles. El amor de su vida es la primera pareja que encuentran, no hay tiempo para más. Tampoco buscan la acumulación de riqueza, pues el mundo es grande y lleno de comida. No tienen tiempo para fingir ante otras moscas que son mejores, bastante tienen con buscar el propio sustento y cumplir con la necesidad de la reproducción. 

Con un mes de vida, las moscas ven el mundo de manera muy diferente a los humanos. Para ellas los árboles son eternos e inmutables, como para nosotros las montañas, ya que nadie ha vivido lo bastante para verlos cambiar. Las casas humanas son para ellas accidentes geográficos que aceptan sin cuestionar, y las calles, parte del mundo tal como fue creado por alguna deidad ignota. 

Lo anterior podría llevar a pensar que las moscas creen en algún dios, pero eso no es cierto. La religión no es algo que se puede aprender en un mes, y hay cosas más importantes. Esto no significa que a un nivel instintivo no tengan conocimiento de un ser superior. Lo tienen, y este ser superior, la deidad suprema que reconocerían si tuvieran tiempo para pensarlo, es el hombre, gran dador de alimentos y brindador de refugio, aquel que moldeó el mundo a su voluntad y dejó un lugar para que las moscas vivan protegidas de las inclemencias del clima y de las aves devoradoras de insectos. Como dios caprichoso, brinda alimento, pero también reparte la muerte por razones que sólo él conoce. Usando el sagrado matamoscas, castiga con la muerte a quien deja de agradarle, y deja vivir a otros sin justificación de juicios morales que tampoco las moscas tendrían tiempo de entender si quisieran hacerlo. 

Con todo, las moscas no son insensibles a la belleza, aunque sus cánones estéticos no sean iguales a los nuestros. Valoran la hermosura de un plato de comida, al igual que la de un basural fresco y oloroso. Aprecian también a un ejemplar fuerte con quien aparearse. Si otra mosca rechaza un requerimiento amoroso, la mosca no se lamenta ni espera que cambie de opinión, simplemente busca otra pareja, el mundo está lleno de moscas, y alguien la aceptará tal como es. 

Al igual que el amor, la amistad es un sentimiento un poco diferente entre las moscas. Cualquiera con quien se comparta una manzana podrida, o un pedazo de basura, es un amigo, sin importar que sea una mosca roja, verde o azul. Las moscas no tienen tiempo para juzgar el pasado de nadie. Tampoco les afectan las traiciones, ya que no se sabe si quien los abandona es por haber encontrado algo mejor, o por haber caído prisionero en una telaraña, comido por un ave o condenado a muerte por el sagrado matamoscas. 

Por eso, déjame aprovechar mi ociosidad, que la vida humana es larga, no como la de la mosca. Deja el “Carpe Diem” para otro que en verdad lo necesite.

domingo, 2 de octubre de 2022

El lobo disfrazado de oveja



Hubo una vez un lobo que, codicioso de las ovejas que pastaban en el prado, tomó la piel de la última oveja que pudo atrapar y se vistió con ella para confundir al pastor y al perro que cuidaba el rebaño.
El disfraz funcionó muy bien, nadie se dio cuenta y pudo atrapar una oveja sin ser notado. Contento, se jactó de su astucia ante otros lobos de la manada. 

Uno de los lobos que había escuchado el relato, pensó que era una idea digna de imitarse, y se colocó también una piel de oveja sobre el lomo, con el mismo éxito que el primero. Al primer imitador siguió otro, y luego otro y otro más. Pronto toda la manada, y las manadas de los rumbos aledaños se disfrazaban y se mezclaban con las ovejas en busca de una presa sin ser impedidos por los pastores. 

Una noche, uno de los lobos disfrazados, atacó a una oveja para devorarla. Grande fue su sorpresa cuando descubrió que acababa de matar a un lobo disfrazado. Ofuscado, atacó a otra oveja que también resultó ser un lobo. Miró a su alrededor y pudo observar que todo el rebaño estaba compuesto por lobos disfrazados con piel de oveja. Se dispuso a quitarse el disfraz y alertar a los demás, pero se lo impidió el ataque de un lobo que lo confundió con una oveja. 

Al amanecer, el prado estaba regado con los cadáveres de todos los lobos que se mataron entre ellos creyendo que eran ovejas. El pastor sacó lo que quedaba de su rebaño, que había tenido el cuidado de esconder en su granero la noche anterior, y hoy lo deja pastar libremente, ya que el prado ha quedado libre de lobos que las puedan molestar.

sábado, 8 de mayo de 2021

El Smartphone de Platón



He aquí lo que narraba hace mucho tiempo Platón sobre una de las enseñanzas de su maestro Sócrates, y que aún hoy nos sirve de enseñanza en estos tiempos. 

Un día, en las reuniones que solían tener los discípulos de Sócrates, se hablaba del conocimiento, y fue allí cuando el maestro tomó la palabra: Ven aquí, Glaucón, hermano mío, que he de contarte lo que significa el conocimiento en estos tiempos confusos… 

Inspira tu mente e imagina por un momento a un grupo de personas en una sala, en el atrio de una mansión, o en el ágora de la ciudad. A todos ellos les fue dado por sus padres un smartphone, algunos en la creencia de que les serviría para su educación, a otros como muestra de cariño, algunos lo recibieron porque todos los demás niños lo tenían, y unos pocos, al fin, porque los mantenía distraídos y dejaban de molestar a sus padres. Desde que esos niños recibieron su smartphone quedaron mágicamente ligados a él, de modo que no volvieron a imaginar su existencia sin observar su luminosa pantalla. Todos ellos olvidaron pronto cómo era observar el mundo con sus propios ojos y no volvieron a salir de sus casas. Tan solo las imágenes que ven en el smartphone les brindan la información sobre el mundo que los rodea, y creen que ese es el mundo real, un mundo de sonrisas y poses, de filtros y animaciones coloridas, chistes fáciles y likes. 

Pero una de esas personas consigue salir a la calle y despegar sus ojos de la pantalla. El mundo que ve le parece descolorido y frío, pero mucho más amplio que su pequeña pantalla. Descubre además que este mundo extraño estimula otros sentidos aparte de la vista y el oído. Siente los olores de los jardines y el frío del viento otoñal, pero es la sensación de amplitud de los espacios abiertos lo que lo paraliza por un momento. Abrumado, siente que caerá al vacío de los paisajes, se siente extraño al descubrir que las cosas tienen volumen y textura. Al hablar con la gente, se sorprende de que haya personas que tienen pensamientos diferentes a los suyos, de ver personas que no sonríen todo el tiempo y que tienen imperfecciones en su rostro. Finalmente, eleva la mirada para ver las estrellas, la luna y el sol. 

Todo esto no puede ser otra cosa que un mundo superior, piensa. El mundo en el que he vivido toda mi vida fue un mundo pobre, de ilusiones que no mostraban toda la verdad y el conocimiento. Debo regresar a mi casa y compartir este descubrimiento con los demás, todos deben conocer este mundo superior. 

Al regresar a casa y volver a ver su pantalla, no puede verla bien, sus ojos se han acostumbrado a la vista del exterior, y lo que ve en la pantalla le parece ahora pequeño, incompleto, tan solo una sombra de la realidad, y trata de explicar a sus grupos de facebook y whatsapp lo que es este nuevo mundo. Nadie le cree. Todos piensan que ha inventado lo que describe, opinan que salir al exterior ha dañado sus sentidos. Alguno ha encontrado un grupo de interés en donde dice que el mundo exterior es un lugar muy peligroso, por lo que no cree que haya podido salir y regresar con vida, por lo tanto, lo que cuenta ha de ser una invención. Nadie quiere acompañarlo en una nueva salida, por el contrario, es retirado de todos los grupos, por lo que nadie vuelve a saber de él y se le cree muerto. 

Así es el conocimiento, Glaucón - Concluye Sócrates - La gente está tan acostumbrada a su propio estrecho conocimiento que niega a quien trata de ampliar su mundo.

domingo, 7 de julio de 2019

Signos de puntuación


Caminaba por la calle cuando vi unos puntos suspensivos tirados en un jardín. Es lo que quedó de una historia sin terminar, pensé. Recordé lo que pasa cuando los puntos suspensivos se separan, y caminé hacia una iglesia cercana. Tal como me temía, allí se celebraba el velorio de un punto final. Así funciona la vida, decía uno de los deudos, una va por allí hasta que encuentra un punto y avanza confiado en que sea un punto seguido, que lo detenga sólo un momento y después le permita seguir avanzando, pero no, es el punto final que termina con su historia.

Salí de la iglesia pensativo. Tiene razón, no hay manera de distinguir a un punto seguido de un punto final, acercarse a él sin saber si se está llegando al final de una frase, de un párrafo, de un capítulo o de todo el libro. Caminaba tan distraído que tropecé con una coma, que me hizo recordar que no es bueno seguir tanto rato sin detenerme un momento a respirar.
Aproveché el pequeño descanso para ver a la gente por la calle. Pasaron dos signos de admiración, gritando y tratando de asustar a la gente. Algunos se escondieron en medio de dos paréntesis para sentirse a salvo, sin darse cuenta que al hacerlo, también quedaron minimizados y sin personalidad propia.

Vi también a un signo de interrogación, un turista extraviado, sin duda. Se le reconoce por estar solo y siempre preguntando. Me dejó pensando en que los europeos, que presumen de ser más desarrollados, pagan este progreso con la soledad. Nuestros signos de interrogación, en cambio, siempre tienen una pareja que les abre paso. Los ingleses, franceses y alemanes la desprecian, diciendo que no es más que una tonta a quién traen de cabeza, pero yo se que no es así. El compañero de un signo de interrogación no es su igual, sino su complemento.

Al poco rato distinguí un punto y coma. No resistí la tentación de tomarle una foto con mi celular, porque cada vez es más raro verlos, separando frases largas. Algunos no saben siquiera para qué sirven. Pensé en recogerlo para guardarlo, pero un guión me obligó a mantenerme a distancia.

Ya más tarde, empiezan a aparecer las comillas, que nunca me han parecido simpáticas. Es cierto que muchas son de alcurnia y guardan títulos importantes, pero la mayoría tan solo rodean falsedades. Estaba ya buscando a los signos de admiración para gritarles lo que pienso de ellas, pero vino la policía y se encerró entre dos corchetes. Allí estuve unas horas hasta que me dejaron salir con una advertencia. Llegué a mi casa cansado y con ganas de descansar un rato en una almohadilla, de donde salí del problema de inspiración que tenía, para terminar escribiendo sobre los signos de puntuación.

miércoles, 12 de julio de 2017

Fábula sobre la igualdad


A raíz de los últimos acontecimientos, diversas asociaciones están promoviendo una marcha en favor de la igualdad, a la que se espera que acudan miles de personas. Yo, como me considero una persona igual a los demás, he decidido unirme, al tiempo que trato de encontrar a tanta gente que en los días normales se desgañita diciendo que es diferente al resto.

Cuando llego, me uno a un grupo que parece animado, con pancartas y polos alusivos. “Hola, amigos, vengo a unirme a su grupo, ahora que todos somos iguales” digo con mi mejor sonrisa. Recibo una recepción glacial. Sólo uno del grupo se digna a contestarme. “Lo siento, señor, todos aquí somos amigos, ¿Por qué no va a otro grupo?”. “Pero si todos somos iguales, para eso es la marcha”. “Búscate tu propia igualdad” escucho decir mientras todo el grupo se va por su lado.

No me dejo amilanar por las circunstancias y veo a varios que todavía no tienen grupo. Una pareja que se está tomando selfies con el fondo de las pancartas es mi próximo objetivo. “Hola, ¿Nos tomamos fotos por la igualdad?”. La pareja parece un poco más abierta y yo les ayudo con algunas fotos. De pronto se me ocurre llamar a más participantes de la marcha para que las tomas salgan más interesantes. Llamo a gente para que se nos una y viene una variedad de gente. Allí aparecen otros problemas. La chica del selfie no quiere abrazarse con un cholito de camiseta raída y tez morena. Acérquense, para que salgan todos en la foto. Obligada, la chica del selfie le da un abrazo que trata de mantener la máxima distancia posible entre ambos. Una vez hecha la fotografía, se acerca a mí y me dice: “Hazme un favor, esta foto no la publiques”.

Ahora llega un grupito con cámaras y equipos profesionales, tratando de reunir a la gente. El jefe, al que reconozco porque en vez de hablar, grita, se me acerca diciendo “Usted, amigo, ¿Qué opina del hashtag #TodosPorLaIgualdad?” “Yo no vine por ningún hashtag, yo he venido por la igualdad”. El jefe no tiene tiempo de contestarme, pues está tratando de juntar un grupo grande de gente que grite su lema. El ajetreo se incrementa cuando llega otro equipo con pancartas de #SomosIguales y yo quedo en medio de los dos grupos, donde la gente que trata de jalarme cada cual para su respectivo lado se trenza en una batalla campal. De nada sirve que yo grite por enésima vez que si es una marcha por la igualdad da lo mismo el grupo con el que esté.

Al final, me veo en el grupo uno de los hashtag y las justo cuando las cámaras empiezan a filmar, irrumpe un grupo de homosexuales escandalosos con pelucas rubias y maquillajes exagerados que atropellan a todos para colocarse en la primera fila. Encuentro al de la camiseta raída que ha encontrado a un par de amigos tan pobres como él, y decido que me van a ayudar a avanzar. Somos rechazados violentamente por el comando gay, que empieza a gritar que somos unos homófobos que los quieren sacar de la marcha. A los que quieren sacarnos del tumulto les digo que la igualdad también es entre ricos y pobres. El vocero de los homosexuales me grita que esa es otra igualdad, que me vaya a hacer mi propia marcha, que esta es por la igualdad de géneros.

Apartado del grupo en el que estaba, comento a uno que está casualmente a mi lado que la igualdad no hace distingos de ricos y pobres, ni de géneros ni de posiciones políticas ni de razas. Una carcajada es la respuesta de mi interlocutor. “Si, seguro que a ti te gustan los negros”. Sólo entonces me doy cuenta de que estoy en un grupo con pancartas a favor de legalizar la mariguana.
Perdido y a la vez mezclado en la multitud, me junto con dos chicas a las que cuento lo que había pasado hasta el momento. Nuevamente mi relato provoca las risas de quienes me escuchan. “¿No sabes que estas cosas son así? No todas las igualdades son iguales. Hay igualdades e igualdades” me dice una de las chicas antes de perderse entre la muchedumbre.

Al final, me pregunto a favor de qué igualdad estamos marchando, porque cada grupo parece tener una propia. En ese momento se me acerca un hombre en túnica con pancarta de símbolos hindúes, felicitándome por mi presencia y diciéndome que todos somos iguales en el universo. Yo soy Adolfo Hitler, le respondo malhumorado, ¿Quieres ser igual conmigo?

viernes, 17 de julio de 2015

Huellas en el camino


Hay veces en que es bueno detenerse un momento para ver las huellas que estamos dejando en el camino. Inclinándome un poco, puedo ver todas las huellas que han pasado por este camino. Hay huellas profundas y huellas leves, de gente liviana sin duda. Es fácil ver que alguna vez este camino fue pisado por primera vez por alguien, y luego muchos lo siguieron, algunos de cerca y otros a mayor distancia, hasta que muchos no vieron nunca al que hizo las primeras huellas. Otros fueron por aquí solo porque los demás lo hacían, otros siguieron este camino porque no conocieron otro, por acompañar a alguien, o por flojera de buscar un camino nuevo. Al final todas las huellas están confundidas y nadie sabe cuál huella es de quién.

Naturalmente el camino fácil es el más transitado, pero este camino es de piedra y la gente que pasa por allí no deja huellas. Los que han pasado por aquí vieron lo que todos los demás, un paisaje conocido que nunca cambia, y al final no dejaron huellas y no tuvieron nada qué contar del camino. Hay quien creyó que pintar su nombre en las piedras o dejar un mensaje tallado en un árbol bastaba para ser recordado, pero nadie lee lo que está escrito, lo que importan son las huellas, no que alguien diga lo que hizo.

Hay algunos caminos menos transitados por los que la gente pasa esperando hacer algo diferente. Al inicio del camino puedo ver muchas huellas, pero con cada piedra en el camino se ven huellas que dan la vuelta hacia el camino fácil. Algunos tropiezan más de una vez con la misma piedra, y otros la retiran para ayudar al próximo que pase.Se dice que alguien alguna vez trató de borrar las huellas de otro, pero las huellas se hicieron más profundas y sus propias huellas se desvanecieron rápidamente. Y hay huellas que se encaminan directamente al precipicio, son las de aquellos que no sabían a donde iban, o de los que, incapaces de llegar a su destino, quisieron acabar con todo.

Hay también caminos difíciles con abismos a los costados, piedras obstruyendo, con cactus, caminos en subida y con muchas curvas. Aquellos que lo siguen se ven gratificados con las hermosas vistas desde lo alto y con el honor de lograr lo que pocos pudieron.

Por último, hay los que van por donde no hay huellas, ellos son los que hacen su propio camino que otros seguirán después. No saben lo que encontrarán en el camino, ni siquiera tienen la seguridad de que llegarán a su destino, solamente confían en la dirección que llevan. Ellos serán los primeros en encontrar las dificultades y los que deberán resolverlas para seguir este nuevo camino. Por un tiempo veré sus huellas solitarias en el camino que han hecho al andar.

¿Y mi camino? No estoy aun seguro de cuál de todos ellos es. A veces me parece ir por el camino de piedra, otras veces por un camino nuevo, he preguntado muchas veces cuál sería el mejor camino, pero al final la decisión siempre ha sido solamente mía. Mientras tanto, voy disfrutando del paisaje. He subido y he bajado, he tropezado he dado vueltas para llegar al mismo sitio, aunque no he pasado por el mismo lugar dos veces. Me queda la seguridad de que al menos en algunos tramos del camino mis huellas son las únicas que se ven. Y si alguien me pregunta, no quiero tampoco recomendar mi camino, tal vez no vayamos a mismo destino. Y ya es hora de volver a caminar.

viernes, 30 de mayo de 2014

Decepción


La oruga se arrastraba penosamente entre las hojas del jardín, en busca de alimento, hojas tiernas y briznas de hierba. Lamentaba su suerte al ver a las moscas, abejas, libélulas y demás insectos voladores, envidiándolos y esperando el día en que ella también se convirtiera en una bella mariposa, admirada por todos los habitantes del jardín.
Desde que tenía conciencia, la oruga estaba segura de su destino: volar entre las flores, elevarse del suelo, dar color a su mundo. Pero mientras tanto estaba atada a la tierra tratando de trepar a los altos tallos de las plantas en busca de hojas con qué alimentarse.

Es pesada la vida de una oruga, tan solo dedicada a roer las flores de las plantas. Su único placer es mirar el sol en lo alto del cielo, pensando en cómo será verlo de cerca cuando pueda volar. Quizá entonces pueda acercarse tanto al sol que pueda en verdad sentir su calor y ver el mundo desde la altura. Mientras tanto estaba a merced de otros animales, de arañas traicioneras que se acercarían por detrás o la atraparían en redes invisibles, de aves crueles que la llevarían por los aires hasta su nido para ser alimento de hambrientos polluelos. Ya se tarda demasiado esta vida, piensa, quiere que llegue pronto el momento en que arme un capullo para salir a una nueva vida como mariposa. Entonces miraría con desprecio a los gusanos, ciempiés y caracoles que se arrastran por el suelo, incapaces de conocer el placer y el poder que da el vuelo.
Pero por ahora debe comer hojas hasta tener alimento suficiente que le permita producir un capullo que lo proteja durante ese tiempo de transformación que tanto se parece a una muerte, como tanto se parece a una resurrección el salir triunfante en la primavera como una mariposa.

Conforme avanza el verano, la oruga sigue comiendo hojas y creciendo. Cada vez le es más difícil arrastrarse por los tallos, cada vez es más difícil llegar a las mejores y más tiernas hojas, cada vez es más difícil esconderse a tiempo de los pájaros que merodean el jardín. Al final, apenas quedan ya fuerzas para subir al tallo más alto y empezar a construir su capullo. La modorra es una barrera casi sólida que le impide hacer esa última morada, ya casi no es consciente de sí al terminarlo y cerrarlo con ella adentro. Tenía razón, esto se parece mucho a una muerte. Se pregunta si después recordará algo de todo esto, mientras sueña con el momento triunfal en que emergerá con los primeros días de la primavera, convertida en una espectacular mariposa.

¿Cuánto tiempo pasó? Parece que fue apenas ayer que cerró por fin su capullo, y al mismo tiempo, parece que ha pasado una eternidad desde que aún comía hojas mientras se arrastraba por los tallos. Ahora ha salido del capullo, pero debe esperar todavía un poco a que endurezcan sus alas. No soporta la espera, ya quiere ir hacia el estanque o charco de agua más cercano, a admirar su transformación. Con las últimas luces de la tarde puede al fin emprender su primer vuelo. Llega a un pequeño ojo de agua formado por algún jardinero regando uno de los árboles del jardín para ver su reflejo iluminado por uno de los faroles. Le es difícil llegar, pues la luz del farol desvía su vuelo. Al ver su propia imagen reflejada, retrocede horrorizado. Donde esperaba encontrar el reflejo de una hermosa y magnífica mariposa, solo encuentra la simple imagen de una vulgar polilla. Solo ahora entiende por qué su vuelo se desviaba siempre hacia la potente luz.

jueves, 15 de mayo de 2014

Sobre puntos y líneas


En  mi último viaje pasé un tiempo en los campos cartesianos. En visitas anteriores solamente había tenido contacto con los puntos. Ellos son muy precisos y puntuales, aunque algo aburridos. Solamente se quedan en un sitio sin moverse, y ese es el lugar donde pasan el resto de sus vidas. Por eso algunos los admiran por su constancia. Son confiables, uno siempre sabe dónde encontrarlos.
Ahora, en esta nueva visita, he ganado la confianza de los puntos, y he podido pasar al lugar en donde viven las líneas. Hay quien dice que las líneas no son más que muchos puntos que han decidido unirse y vivir juntos.
A primera vista en plano de las líneas parece algo desordenado, pero luego uno empieza a notar el orden entre ellas y a distinguir unas líneas de otras.
Así conocí a líneas paralelas, que viajan acompañadas unas de otras. No saben hacia dónde se dirigen, y se les olvidó de dónde vienen, pero saben que nunca estarán solas. A veces se miran sin decir nada, a veces se hablan… y siguen adelante.
Vi también líneas perpendiculares, que un día se cruzaron y no se volvieron a ver más, pero jamás se olvidaron.
Aprendí a distinguir a las líneas rectas, siempre con la misma actitud. Vulgarmente llamadas cabezotas. También a las líneas quebradas, que no saben lo que quieren, son indecisas, no pudiendo uno fiarse de ellas. Cuando se las necesita… nunca están.
Muchas otras conocí: líneas tangentes, que se tocan, se perciben, pero deben seguir caminos distintos. No se detienen por nada ni por nadie.
Un poco de pena sentí por las líneas espirales, que extrañando el tiempo en que eran puntos, dan vueltas alrededor de su inicio, sin darse cuenta de que se alejan cada vez más de su origen en cada vuelta.
Por último me presentaron a los snobs entre las líneas: las parábolas y las hipérbolas, orgullosas de su linaje matemático.
Me despedí de los campos cartesianos conociendo un poco más de las líneas y sus sueños de algún día unirse y convertirse en triángulos, cuadrados, estrellas y círculos. Tal vez la próxima vez.


Antes de que alguien me demande por daños y perjuicios o por apropiación ilícita, la decencia, esa virtud tan tonta, me obliga a declarar que este pequeño relato está descaradamente plagiado de un post que encontré vagando por los vericuetos de internet, cuyo original podrán encontrar aquí:
El cual es un blog en donde el lector casual puede encontrar buenos posts, así como yo encontré este que me sirvió hoy de inspiración. 

lunes, 3 de marzo de 2014

El príncipe orgulloso


Que Alá el Poderoso, el Sabio, el Benéfico, me ilumine para narrar esta historia de uno de tus mayores siervos. Esta historia, ejemplo para todos los creyentes, le aconteció al gran Abu Navid, aquel maestro tan sin razón ignorado y aún confundido con otros menos sabios. Mas la voluntad de Alá es oscura y la ha dejado como ejemplo para que los humildes cronistas prueben su valer, desentrañando la verdad y mostrándola a quienes en verdad creen. La historia acontece durante uno de los viajes de Abu Navid, dicen que el primero, cuando su fama crecía como la enredadera en el más fértil de los jardines. Abu Navid el Apócrifo llegó a la ciudad de Karmabad, a la sazón regida por Abenjacán el Magnificente. Mas quiso Alá el Todovidente que acertara a suceder que en aquel momento el Sultán se encontrara fuera de la ciudad. De esta suerte, el maestro Navid fue recibido por el príncipe heredero. Este tal príncipe, sabedor de su fama y sabiduría, lo invitó cual se merecía a una espléndida cena y luego lo invitó a dar un paseo por el pueblo. Fue entonces que habló de esta guisa:
- Observa, maestro, como en este reino el príncipe es respetado y adorado por el pueblo, contempla como todos se inclinan a mi paso y me saludan con reverencia – le dijo – Esto muestra el gran poder que tiene aquí la casa real, y la gran valía de mi persona.

Abu Navid, el Sutil, contemplaba la escena con interés, pero sin decir palabra alguna que mostrase aprobación o rechazo a lo que veía. Solo al final del paseo, mostró Abu Navid su sabiduría al decir:
¡Oh! Principe, he observado atentamente lo que me dices, pero no creo que estas personas se inclinen ante ti, tal como afirmas.
El príncipe, de quien ya se decía que tenía el defecto del orgullo, se atrevió a decir:
Tal vez, maestro, tus ojos no han visto lo mismo que los míos, o tu sabiduría está embotada por el almuerzo; si no es así, la sutileza de tu sabiduría escapa a mi entendimiento ¿A quién estaba reverenciando el pueblo entonces? ¿Es verdad acaso que tu conocimiento es apócrifo e injusto de tu fama?
Eso lo vamos a discernir en este momento, dijo Abu Navid. Tan solo necesito que me prestes un momento tu corona y tu cetro de príncipe. Al tenerlos, y ante la mirada curiosa del príncipe, pidió a uno de los sirvientes que le trajera a un burro. Ante el pasmo de los presentes, el maestro Navid colocó la corona en la cabeza del burro y el cetro real sobre su lomo. Dándole una palmada, hizo que el burro caminara de este talante por la calle principal de la ciudad. Al ver al burro caminar llevando la corona y el cetro, los habitantes se inclinaban y reverenciaban como lo hicieran antes con el propio príncipe. Abu Navid y el príncipe caminaban un poco atrás, sin ser reconocidos y sin ser saludados por nadie.
- Ves, mi joven príncipe, que la gente de esta ciudad no saluda al príncipe, sino a quien lleva los adornos del poder, aunque este no sea más que un burro. Todo este tiempo en que creías que la gente te saludaba, en realidad estaba saludando a una corona y a un cetro.

El príncipe conoció la verdad de las palabras del maestro Abu Navid, y se sintió apenado del orgullo que había mostrado hasta entonces. Bajo el consejo de Navid el príncipe conservó al burro en su palacio, tratándolo con holganza y sin encargarle grandes trabajos. Cada vez que sentía caer nuevamente en el pecado de la soberbia, la presencia del burro le hacía recapacitar y volver a su nueva y humilde actitud. Y dice más la historia: que este príncipe no era sino Salafir, quien sucedió años después a su padre Abenjacán y alcanzara justa fama por su discreción y humildad durante su corto reinado. Alá el misericordioso ilumine a los que lean esta historia y les guíe en la búsqueda de las siete virtudes sagradas, les dé templanza y les aleje de pecados como el de la soberbia, que pertenece solo a Alá el Todopudiente.


Dentro de los tomos antiguos que reviso para mi información sobre el tiempo en que vivió Abu Navid el Apócrifo, encontré esta historia, equívocamente citada y casi perdida entre otros relatos y cartas dentro de un libro llamado “Historias marroquíes” impreso en España por encargo de la orden franciscana durante el tiempo de la evangelización de ese territorio. El hallazgo de este libro, de una manera totalmente casual, y el haber encontrado en él una historia de Abu Navid, cuando ya creía haber agotado las fuentes sobre su vida, renueva mi confianza en que podré rescatar la verdad sobre las enseñanzas de este maestro, y me da la impresión de que su espíritu me guía de alguna manera a encontrar el material para ejemplo de mis lectores, contra lo que quisieran aquellos que lo tildan de falso y quieren atribuir sus enseñanzas a otros filósofos o autores de los nocivos libros de autoayuda.

jueves, 21 de noviembre de 2013

El buceador y el montañista


En una empresa requerían cierta vez contratar a una persona para uno de los puestos de la organización. Sabido es que actualmente las empresas dejan esta labor a empresas especializadas de reclutamiento, pero tras dos intentos infructuosos, decidieron dejar de lado esta opción y encargaron a la jefa de Recursos Humanos la búsqueda de la persona apropiada para el puesto. La encargada lo primero que hizo fue consultar en su red de contactos por si alguien conocía a quien cumpla con los requisitos. Los requisitos, por lo demás, nunca estuvieron muy claros. Se quería a alguien que, aparte de unos requisitos de educación bastante confusos, pudiera cumplir con las cualidades personales que la empresa tiene en sus planes de negocio. Ante la duda, la encargada recibía a todo tipo de personas: Con título, sin título, con experiencia, sin experiencia, con experiencia en otras áreas, en fin, de todo. La búsqueda parecía no dar resultados y los tiempos apretaban. Fue en uno de los últimos días cuando aparecieron dos personas especiales, diferentes a los que se habían presentado antes.

La primera persona apareció en la mañana, recomendada por alguien conocido. Su traje no era todo lo elegante que se suele llevar a una entrevista de trabajo, pero cumplía con lo mínimo que se pide para estas cosas. Se presentó a sí mismo como un buceador.
-          ¿Por qué nos podría interesar un buceador en nuestra empresa? - Fue la pregunta que surgió de manera automática.
-          Un buceador tiene las cualidades que esta empresa necesita – Respondió el postulante – un buceador sabe lo que es trabajar bajo presión, se sumerge en el trabajo asignado, analizando los problemas a profundidad, sabe cuándo se debe respirar y cuando se debe echar el aire. Además, los buceadores no son gente superficial. Saben que una falla en su equipo les puede costar la vida, por eso son muy cuidadosos, pero cuando ven las oportunidades favorables, se zambullen sin ningún temor. Los buceadores son también gente que llega siempre hasta el fondo del asunto, y de vez en cuando encuentran verdaderos tesoros en la profundidad. Saben cuándo es el momento apropiado para salir a la superficie y mostrarse. Si lo que busca es alguien que pueda hacer carrera, un buceador es alguien que ya ha estado en el fondo y conoce lo que cuesta ascender. Un buceador, por lo tanto, es el elemento ideal que necesita su empresa.

Estas razones causaron buena impresión en la reclutadora, quien estuvo de acuerdo con las ideas del postulante y la convencieron de las bondades de tener a un buceador dentro de la empresa. Pero aún faltaba el último postulante, quien se presentaría en la tarde para su entrevista de trabajo. Decidió esperarlo antes de tomar la decisión final.

A la hora indicada se presentó el último postulante. Su ropa, aunque limpia y con una elegancia casual, no era lo que uno esperaría en una entrevista para una gran empresa. Al fin y al cabo, las modernas tendencias de reclutamiento recomiendan indican que la apariencia no es el factor determinante, pensó la encargada, al hacerlo pasar.
-          ¿Qué cree que puede aportar usted a nuestra empresa? – preguntó.
-          Yo, señorita, soy montañista – dijo, como si la respuesta se explicara sola.
Ante la mirada confundida de la encargada de Recursos Humanos, el postulante explicó:
-          Un montañista está acostumbrado a escalar posiciones, está fuertemente orientado a una meta, está dispuesto a llegar a lo más alto, puede ver el panorama que otros no están acostumbrado a ver, y no se conforma con menos que las alturas. Un montañista puede trabajar y rendir incluso cuando la atmósfera está enrarecida, no necesita de mucho oxígeno para trabajar, y no se rinde ante el esfuerzo. Sabe trabajar en equipo, y utiliza todas las herramientas disponibles para llegar al final, pues sabe que si no lo logra, será considerado un fracaso, no lo arredran los climas adversos ni los vientos fuertes, sabe capear una tormenta y se agarra de cualquier saliente para evitar la caída. Es alguien que no se conforma con menos que llegar a la cima. En suma, un montañista tiene las cualidades que su empresa necesita.

La reclutadora, ante las dos posibilidades encontradas ese día, dudó entre las cualidades de uno y de otro. ¿Cuál sería el que reuniera las mejores cualidades para la empresa? ¿El buceador? ¿El montañista? Decidió consultar a su gerente.

-          ¡No me venga con metáforas y contrate al que cobre menos! Fue la seca respuesta.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Las Fresas


Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble.

Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó:
—¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío?
—No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda."


Cuento budista, encontrado en internet.

sábado, 5 de octubre de 2013

Cambiando el cuento


La (no tan) Bella Durmiente

El príncipe, después de muchas peripecias llegó a la habitación donde yacía la Bella Durmiente, dispuesto a darle un beso y romper el encantamiento. La miró con detenimiento, pensando en todo el esfuerzo hecho para llegar, pensando en la justicia de la fama de su hermosura. No la encontró tan bella. “Que sea para otro príncipe” dijo antes de retirarse.

 ....

El lobito bueno

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

José Agustín Goytisolo

(Palabras para Julia y otras canciones, 1979)

martes, 17 de septiembre de 2013

Introducción a las fábulas para animales


Durante muchos siglos
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,
tercos en la maldad y en la codicia
o necios como el ser al que glosaban.
La humanidad les debe
parte de su virtud y su sapiencia
a asnos y leones, ratas, cuervos,
zorros, osos, cigarras y otros bichos
que sirvieron de ejemplo y moraleja,
de estímulo también y de escarmiento
en las ajenas testas animales,
al imaginativo y sutil griego,
al severo romano, al refinado
europeo,
al hombre occidental, sin ir más lejos.
Hoy quiero —y perdonad la petulancia—
compensar tantos bienes recibidos
del gremio irracional
describiendo algún hecho sintomático,
algún matiz de la conducta humana
que acaso pueda ser educativo
para las aves y para los peces,
para los celentéreos y mamíferos,
dirigido lo mismo a las amebas
más simples
como a cualquier especie vertebrada.
Ya nuestra sociedad está madura,
ya el hombre dejó atrás la adolescencia
y en su vejez occidental bien puede
servir de ejemplo al perro
para que el perro sea
más perro,
y el zorro más traidor,
y el león más feroz y sanguinario,
y el asno como dicen que es el asno,
y el buey más inhibido y menos toro.
A toda bestia que pretenda
perfeccionarse como tal
........................................ —ya sea
con fines belicistas o pacíficos,
con miras financieras o teológicas,
o por amor al arte simplemente—
no cesaré de darle este consejo:
que observe al homo sapiens, y que aprenda.

Ángel González

(Grado elemental, 1962)

jueves, 5 de septiembre de 2013

La piedra en el camino

La vida se asemeja a un camino por donde cada uno transita. El camino, dependiendo del recorrido, puede ser una tranquila vereda rodeada de árboles que nos dan sombra y en cuyas copas cantan hermosas aves. Aunque el paisaje es bonito, sabemos que no nos podemos detener a descansar. Simplemente caminamos alegres disfrutando de la vista. Otras etapas del camino pueden ser senderos rocosos cuesta arriba, con un recorrido sinuoso que nos hace dudar de que realmente estemos avanzando.
Y existen también las piedras en el camino. Algunas piedras son muy pequeñas y se meten en los zapatos, ocasionando molestias al caminar. En estos momentos es una buena idea detenerse un momento para sentarse y sacarse la piedra.
Algunas piedras nos hacen tropezar y maldecir al camino. Estas piedras nos golpean la canilla y el tropezón nos golpea los codos, el brazo, la cabeza. Sin embargo, a algunos les agrada la experiencia y vuelven por el camino para encontrarse con la misma piedra y volver a tropezar.

Hay también piedras mucho más grandes. Estas obstruyen todo el camino, dejándonos con la duda de seguir por otro camino, o tratar de rodearla. Pero la piedra ha llegado hasta allí por algo.  La piedra quiere que nos esforcemos, que pensemos cuál es la mejor decisión a seguir. El primer impulso siempre es rodearla, pero es imposible. Un lado del camino da al abismo y el otro da sobre la pared de la montaña. El regreso significa la derrota, el fracaso, la vuelta sin gloria. La opción correcta, pero a la vez la más difícil, es mover la piedra. Al mover la piedra abriremos el camino a quienes vienen detrás, para que ellos no encuentren las dificultades que nosotros. Pero una sola persona no puede mover la piedra. Necesitará otros que lo ayuden, necesitará amigos, familia. Nadie ha dicho nunca que mover una piedra que obstruye todo el camino sea tarea fácil, pero sabemos que es lo que hay que hacer. Al final, la piedra que ha sido retirada quedará como recuerdo de que pudimos vencer las dificultades. Los siguientes que pasen agradecerán a quien hizo su camino más fácil.

Esta, que es una simple metáfora de la vida, nos sirve para aprender algunas cosas que necesitamos. Y algunas cosas que debemos recordar, por lo que de vez en cuando esta lección se me cruza en el camino. Como hace poco, cuando iba por el área de la obra en donde estoy trabajando, y encontré lo que parecía una enorme piedra sobre un pedestal, como si estuviera lista para ser cargada por una grúa. 


Al acercarme veo la placa que está en la piedra:




Así es. Las lecciones están donde quiera, para que no las olvidemos. La metáfora se convierte en una realidad y la realidad nos recuerda a la metáfora.
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