Mostrando las entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta alma. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de abril de 2019

Una pluma y un grano de arena


Anubis, el primer juez de las almas que llegan al inframundo, recibió a Tay, el constructor de templos. Debes saber – dijo Anubis al alma recién llegada – que aquí tu alma será pesada en la balanza del bien. Tay fue llevado a una habitación donde por todo mobiliario había un pequeño pedestal con una balanza dorada. En uno de los platos colocó una pluma. – Este es el peso del bien – Luego tomó una pequeña figura de arcilla en forma de corazón que su familia había colocado en su tumba y la puso en el plato. – Este es el peso de tu alma – dijo Anubis mientras ambos observaban cómo el platillo se inclinaba levemente hacia la izquierda, en donde se encontraba el alma de Tay. - Esto significa que no tienes derecho a llegar al País de los Cielos.

Tay intervino tímidamente. – El platillo está casi equilibrado, puede ser que puedas hacer algo. - Es cierto – respondió Anubis, - Pero aún no hemos terminado, hay algunas cosas que han dejado quienes te precedieron en el camino al inframundo – tomó un ladrillo y lo colocó en el platillo izquierdo junto a su alma. – Este ladrillo representa las veces que engañaste a tu señor para hacerle creer que el avance de las obras era mayor – El fiel de la balanza se inclinó definitivamente hacia la izquierda. – Para ahorrar material y tiempo, tus paredes eran más delgadas y los andamios más débiles. Eso ocasionó que se derrumbaran, matando y mutilando a varios de tus obreros, aquí está uno de los brazos de tus obreros como símbolo de las vidas que arruinaste, y esta barra de oro como testigo del dinero que cobraste a tu señor haciendo trampas. ¿Tienes algo que decir?

Tay sintió el miedo apoderarse de él. No ingresaría al País de los Cielos y en cambio su alma sería entregada a Ammyt, el monstruo que devora las almas de los impíos. Paralizado por la posibilidad, recordó de pronto lo que durante sus últimos días de agonía, le dijo el sacerdote que lo asistió. Debía recordar todas sus buenas obras para el momento del juicio, pero no podía recordar nada realmente importante, nada que pudiera equilibrar su corazón contra un ladrillo, un lingote de oro y un miembro humano. De pronto, se escuchó a sí mismo hablar atropelladamente, de modo que su voz parecía casi un chillido. – Todo lo hice para complacer a mi Señor, él siempre me apuraba, nunca se quejó de lo que hacía, siempre tuve su confianza, traed sus palabras y colocadlas en la balanza junto a la pluma, por favor…

Anubis colocó un papiro, símbolo de las palabras, en el platillo derecho de la balanza, pero el fiel apenas se movió.
- Además todo lo que hice fue para dar a mis hijos una vida mejor, soy todo lo que ellos tienen ¿Acaso el amor no tiene valor cuando se juzga un alma? –
Al decir esto Tay sintió su corazón encogerse, al igual que el corazón de arcilla en el plato de la balanza.
- Ya ves que sí, el amor puede mover la balanza, pero no es suficiente ese amor por tus hijos, como puedes ver, el fiel aún está inclinado hacia la izquierda – dijo Anubis.

En ese momento se escuchó otra voz en la habitación.
– Tienes razón, gran Dios. El amor por sus hijos, aunque grande, es muy pequeño en comparación al que sintió por su esposa, a quien acompañó fielmente hasta el día en que ella murió al dar a luz al último de sus hijos. Yo soy el alma de aquella por quien este hombre hizo todo lo que hizo, y como prueba presento este grano de arena de la playa del río en que nos conocimos, y en el que me juró amor eterno. Si el inframundo es todavía parte de la eternidad, ese juramento es válido aún.
Colocó el grano de arena en el platillo derecho, y la balanza se equilibró perfectamente. Anubis asintió e inclinó la cabeza.
– Es grande el peso del amor, sin duda, capaz de equilibrar el alma de este hombre. Puedes pasar, te guiaré al País de los Cielos, tu alma ha sido salvada.

lunes, 24 de marzo de 2014

Lucifer, una historia comercial


Dentro de toda la avalancha de letras que trato de meterle a mi cerebro, es inevitable que entre alguno que otro texto religioso. Mucha gente quiere convencerme de su particular visión del cielo y el infierno y que le rece a quien ellos dicen y como ellos dicen. Lo cual no sería tan malo si no fuera porque dentro de tales enseñanzas religiosas viene también el germen del capitalismo. Esa otra religión que es la base del poder yanqui, y que tiene también profundas raíces religiosas allá en los Yunaites. Una de las vertientes modernas es mezclar la enseñanza comercial con historias religiosas, como aquel famoso libro en que el Apostol San Pablo es convertido en simple vendedor de mercaderías.

Desde que leí el libro citado, encuentro cada vez más de esas enseñanzas en cursos de gestión empresarial, y a la vez, en los textos de difusión religiosa que regalan en revistas y libritos, veo más conceptos de marketing y gestión personal aplicados a la difusión de La palabra, hasta convertir mi pobre mente en un laberinto incapaz de diferenciar dónde termina uno y dónde empieza el otro.
Por eso, la próxima vez que me venga alguien con cursos de venta religiosa, comercio de almas y seguros de vida eterna, pienso contarles la verdadera historia del Lucifer capitalista, expresada de forma moderna y empresarial, la que va más o menos así:

En el tiempo en que recién se había creado el cielo y la tierra, Luzbel era uno de los mejores elementos del negocio divino, habiendo sido nombrado varias veces empleado del mes. En esos días, la carrera de ángel era gratificante, había muchas cosas por hacer, y Luzbel había ascendido, gracias a sus ideas innovadoras y gestión de equipos, hasta el puesto de arcángel, que era como decir vicepresidente a cargo de una división en nuestros días.
El hecho de haber llegado al tope de su carrera (pues era sabido que el jefe nunca se iba a retirar)  no amainaba el ánimo de Luzbel, quien siempre se presentaba con ideas novedosas para mejorar la gestión de la empresa, hasta que se cuenta que las sugerencias que proponía en las reuniones de gerencia eran solo aceptadas a medias y que solo llevaban a cambios en los detalles. Es entonces cuando propone cambios estructurales para aumentar la eficiencia, mejorar los productos y poner a la empresa a tono con los tiempos. En ese tiempo fue conocido por ser el autor intelectual del proyecto Lilith, que iba viento en popa hasta que el jefe se dio cuenta y detuvo el proyecto, diciendo que el producto que quería lanzar estaba en contra de las políticas internas, que no era parte de la visión de la empresa, para finalmente cambiar totalmente las características hasta convertirlo en el proyecto Eva, que fue impuesto finalmente en el mercado gracias a su posición de predominio.

Sin desanimarse, intentó aun hacer algunos cambios al nuevo modelo, que incluían una pasión por la ropa y y el gusto por las manzanas, lo que le costó el puesto en la empresa, siendo despedido. Luzbel siempre recordaría su despido como una injusticia, pues no le dieron ni preaviso, ni beneficios sociales, ni seguro de desempleo.

Una vez fuera de la empresa, decidió que la mejor manera de poner en práctica sus ideas era poner en marcha una iniciativa privada, atacar la posición monopólica de su antiguo jefe abriendo un negocio que le hiciera competencia en el rentable mercado de las almas. Como el nombre Luzbel ya estaba registrado, lo cambió por Lucifer, que tiene más punche comercial, como quedó demostrado en los focus groups realizados.

Al fin, se había cumplido el sueño del negocio propio, de ser su propio jefe. Como en todo negocio nuevo, Lucifer tuvo algunos clientes que se acercaron por curiosidad, otros que estaban decepcionados del modelo monopólico, otros se dieron cuenta que no les daban todo lo que pedían, otros se mudaron por el servicio. Así, en poco tiempo, la nueva empresa prosperó e incluso amenazó con tener más clientes que la antigua matriz. Pero Dios, dueño de la empresa dominante, decidió hacer uso de su posición de poder y mandó un diluvio que literalmente barrió con la clientela, apropiándose de las almas que quedaron en el desastre. Esto era a todas luces un abuso de poder, pero no había dónde quejarse. Lucifer decidió que tenía que ganar en el lado de la creatividad.

Así, Lucifer puso a prueba su imaginación y su empeño para hacer crecer el negocio. Introdujo nuevas ideas para la recolección de almas, ofreció atención personalizada a través de sus representantes de ventas, facilitó los trámites de admisión, se especializó en la promoción a través de bailes, fiestas y licores, creando un serio problema de competencia a Cielo, que se manejaba todavía utilizando los viejos paradigmas.

Desde entonces se libra una guerra comercial por el predominio del mercado, cada cual ofreciendo sus virtudes a los potenciales clientes. Y como siempre, hay clientes fieles a la marca y los que despotrican contra la de la competencia.

jueves, 2 de enero de 2014

Limpieza mental


Hoy, que es época de cambios y remodelaciones, he decidido hacer una limpieza en mi cerebro. Hay muchas cosas que ordenar, limpiar, arreglar y desechar. Al empezar, me sorprendo de todas las cosas que había acumulado en todo este tiempo: cosas que en algún momento pensé que me servirían para más adelante y que finalmente nunca utilicé. Hoy pasadas de moda y obsoletas, deben ser tiradas a la basura sin más miramientos.

Tengo también muchos conocimientos sin utilizar, pero que todavía podría necesitar si se presenta la ocasión. Quizás los tire en la próxima limpieza, pero los conservaré por ahora. Es sorprendente ver como las ideas se vuelven antiguas. Ideas que apreciaba en mi juventud, y con las que hoy ya no podría salir a la calle porque ya no se usan o simplemente ya no me quedan. Ahora incluso me pregunto como es que pude usarlas alguna vez. 

Dentro de toda la colección de recuerdos que encuentro tengo algunos que siempre uso, otros que tienen una utilidad más bien práctica, algunos de invierno que calientan en las noches y otros veraniegos que son frescos y suaves al tacto.

Ordenar las cosas implica cambio de lugares, poner las cosas que se usan con frecuencia en un lugar donde pueda alcanzarlos con facilidad, y al organizar los pensamientos, veo que algunos los uso con mucha frecuencia, otros no los uso casi nunca. Algunos me los pongo simplemente porque me gusta andar con ellos. Trato de ordenar y separar pensamientos, ideas y recuerdos para reservarles un lugar adecuado y poderlos encontrar cuando los necesite, pero me quedo dudando sobre cuál pertenece a qué categoría.
Para mi sorpresa, encuentro recuerdos que creía ya muertos pero que aún viven. Al tocarlos rompen a volar por todo el lugar y debo perseguirlos y atraparlos para guardarlos otra vez. Algunos ya están muertos y encuentro sus restos momificados en varios lugares que no revisaba desde hace tiempo.

Algunos de mis recuerdos los guardo para consultarlos cuando tengo alguna duda, otros que me gusta releer de cuando en cuando. Tengo algunos que me prestaron alguna vez y que nunca devolví. Otros son de dominio público y no hay problema si los pierdo, ya alguien me los dará después.
Tengo recuerdos que me pongo a arreglar para que se vean más bonitos cuando los saque para enseñárselos a alguien. Tengo varios que me gusta mostrar a la gente, otros que solo muestro a pocas personas, en la confianza de que los sabrán apreciar al verlos.

Encuentro también muchas cosas que no sé si conservar. Cuando estaban nuevas, recuerdo que no me gustaban, pero ahora encuentro que mis gustos han cambiado, o que les encuentro ahora alguna utilidad que no pensaba cuando las adquirí.

Descubro que el uso les da a los recuerdos un tinte propio. Los más nuevos aún conservan su brillo, otros se ven gastados por el uso, más de uno muestra una capa de polvo acumulado por el tiempo en que no los saco, otros, de tanto usarlo se han deformado, cosa de la que me he dado cuenta cuando los comparo con los que guardan otras personas, dejándome sin saber si es el mío el que ha cambiado, el de la otra persona, o tal vez los dos. Cada quien acomoda sus recuerdos como mejor le parece, pienso.

Después de una trapeada en todos los estantes llenos de recuerdos y pensamientos, el piso queda lleno de polvo y hay que barrer. Ahora la mente se ve un poco más ordenada. Hay más sitio para colocar nuevas cosas que iré adquiriendo en adelante. He limpiado también los adornos y sacado lustre a los trofeos, las ventanas ahora que están limpias me permiten ver el paisaje lejano, entra más luz y todo parece más brillante. Ha sido una buena idea hacer esta limpieza.

sábado, 17 de agosto de 2013

La princesa triste



Cuando la infelicidad llega a un alma, cuando no hay cura aparente para la tristeza, llega el cambio.

"Qué difícil, qué difícil debe ser para un padre ver que su hija no está feliz.
El rey del Tibet tenía una hija, la princesa Denid. Ella era bella como la luz del día, tenía 20 años, pero... nunca había sonreído, nunca había reído, nunca había hablado. Y su padre se lamentaba preguntándose qué podía hacer para darle el gusto de la vida, pero no encontraba respuesta.
Sin embargo, un día, como él era rey, tomó una gran decisión, mandó quinientos caballeros vestidos de rojo sobre quinientos caballos negros a recorrer todo el país con esta noticia: que aquel que pueda hacerle decir una apalabra feliz a la princesa Denid, se casará con ella.
Uff, así que la noticia fue corriendo por todos lados y vinieron primero los príncipes, la gente de mucho poder, la gente de mucha plata a tratar de hacer hablar a la princesa Denid, a tratar de casarse con ella, tratando de sacarle una palabra feliz, un "oh!", un "ah!", un "ay, qué inteligente eres!". El primero venía con su poemita de amor, el segundo con su musiquita de amor, el tercero con su concierto de rock, el cuarto con su circo extraordinario, el quinto con su cd de Julio Iglesias (a veces funciona...). Pero la princesa Denid escuchaba un pretendiente tras otro, bostezaba y regresaba a su cuarto.
Durante ese tiempo, la noticia seguía corriendo por todos lados, hasta llegar a un valle profundo, un valle bien escondido, un valle de campesinos, hasta llegar a los oídos de un pastor: un joven, un muchacho, oh, un muchacho muy pobre... digamos que había sido víctima de la reestructuración económica del FMI, sí... Entonces, en cristiano, como no tenía chamba, se dijo "Bueno, voy a tratar de hacer hablar a la princesa Denid, oh, no tengo mucha esperanza... Total, ella debe ser muda, pero me dará un buen paseo y visitaré el castillo". Así que se fue, se fue, tranquilo, se fue, el alma ligera, se fue, sin esperanza y en el camino se encontró con una abuelita, una abuelita muy muy muy vieja, como una vieja manzana, toda arrugada. Y la abuelita le preguntó:

- A dónde vas muchachito?
- Oh, voy a tratar de hacer hablar a la princesa Denid en el castillo del rey, pero no tengo mucha esperanza; total, ella debe ser muda
- Muda, la princesa Denid? ooh, muchacho, tú dices cualquier cosa. Al contrario, tiene el don de la elocuencia, lo que pasa es que le recuerda a su pasado. Nah! escucha esta historia".

Y la abuelita le contó la historia de la princesa Denid al muchacho.

-La primera vez que la princesa Denid vino a la vida fue en el cuerpo de una tigresa y tenía a su marido, tenían hijos, eran muy felices... pero llegaron los cazadores y los mataron a todos... así fue, así fue. La segunda vez que la princesa Denid vino a la vida fue en el cuerpo de una codorniz y tenía a su marido, tenían un nido en el campo con huevitos a punto de abrirse, oh, eran muy felices! Pero los campesinos querían sembrar, quemaron el campo, todos se murieron en las llamas... así fue, así fue. La tercera vez que la princesa Denid vino a la vida fue en el cuerpo de una alondra, y tenía a su marido, tenían un nido en un árbol con huevitos a punto de abrirse, pero llegaron los niños del colegio, destrozaron el nido, agarraron a los pájaros y los mataron a todos... así fue, así fue.
Y la cuarta vez que la princesa Denid vino a la vida fue en el cuerpo de esa princesa, pero ya no quiere saber nada con los hombres... por eso no habla, por eso no habla.

Mientras el muchacho escuchaba esa historia., soñaba, cerraba los ojos y veía viejos recuerdos, manos de niños, pájaros, llamas, tigres. Estaba soñando cuando de pronto, despertó, quiso agradecer a la abuela pero... ya se había. Entonces siguió su camino hacia el castillo pero esta vez, muy pensativo.

"Paso atrás, tras, paso atrás, recordando el camino que me separa de mí. Paso atrás, tras, paso atrás recordando el camino que me separa de ti..."

Las puertas del castillo se abrieron. El muchacho entró, visitó todo, estaba feliz y después el mayordomo, a pesar de que el muchacho estaba muy sucio, lo condujo hacia el departamento de la princesa Denid porque era orden del rey, cualquiera podía probar su suerte. Él entró, la vio... la reconoció. Ella, oh, ella estaba bordando, sentada en una silla, ni siquiera levantó la mirada para mirarlo. Él se acercó y dijo:

- Oh princesa, tú, que ni siquiera quieres mirarme, escucha mi historia por favor... La primera vez que vine a la vida fue en el cuerpo de una tigresa y tenía mi esposa, teníamos hijos, éramos muy felices... pero llegaron los cazadores y nos mataron a todos... así fue, así fue. La segunda vez que vine a la vida fue en el cuerpo de una codorniz y tenía a mi esposa, teníamos un nido en el campo con huevitos a punto de abrirse, oh, éramos muy felices! Pero los campesinos querían sembrar, quemaron el campo, nos morimos en las llamas... así fue. La tercera vez que vine a la vida fue en el cuerpo de una alondra y tenía a mi esposa, teníamos un nido en un árbol con huevitos a punto de abrirse, pero llegaron los niños del colegio, destrozaron el nido, nos agarraron a ambos y nos mataron... así fue, así fue.
Y la cuarta vez que vine a la vida fue en el cuerpo de ese muchacho que tú ni siquiera quieres mirar, pero yo, a diferencia tuya, en ese cuerpo de hombre, he decidido ser feliz!

La princesa levantó la mirada, secó una lágrima, agarró la mano del muchacho y dijo:

-Te estaba esperando.

Luego, lo condujo hacia el baño para hacerlo tomar un baño en la tina porque estaba muy sucio por el viaje. Después, entraron en el cuarto, cerraron la puerta y se echaron a volar."



(Cuento encontrado durante mis excursiones por otros blogs. Esta vez el cortipegado proviene de http://merintofobia.blogspot.com/2011/04/cuantos-cuentos.html)

jueves, 18 de julio de 2013

Oración del Tonto



Hubo un tiempo en que el cielo estaba muy cerca de la tierra, y para hablar con Dios solo hacía falta levantar la voz un poco. Las cosas se trataban directamente, sin intermediarios. El paraíso, le llamaban. Pero tiempo después, el cielo se fue alejando poco a poco. La expansión del universo, ahora le dicen. Así aparecieron los que decían tener la voz más alta y fuerte para que Dios les haga caso. Poco a poco ni siquiera ellos podían asegurar que eran escuchados. Por ese entonces se trató de construir la Torre de Babel. Pero ya entonces el cielo estaba tan lejos que cuando ocurrió el desastre no estaban mucho más cerca que cuando empezaron. Nadie tenía una voz tan alta que pudiera ser escuchada por Dios. Se intentó con trompetas, con tambores, con multitudes gritando al unísono. Nada de eso parecía funcionar. Solo una mujer, por casualidad, descubrió el secreto. Hablando en voz tan baja que el sonido de sus palabras se parecía al silencio, logró ser escuchada. Aquellos que lo vieron dudaron de que ese sonido fuera escuchado hasta un lugar tan lejos como el cielo, hasta que comprendieron que Dios no escucha la fuerza de las gargantas, sino el sonido del corazón.

Aún hoy muchos no logran entender que todos tenemos el derecho a ser escuchados por Dios, incluso los tontos, que entonan una plegaria más o menos como esta:

Señor,

Dame la fuerza para mantenerme  tonto a pesar de los esfuerzos de los demás,
Sigue dándome ánimos para traer el bien y la alegría a la gente que me rodea,
Líbrame de aquellos que creen que ser tonto es soportar las injusticias sin reaccionar,
Déjame seguir siendo tonto, manteniéndome a salvo de la experiencia que amarga la vida,
Déjame seguir siendo tonto para continuar ayudando a quienes lo necesitan,
No permitas que mis tonterías, aunque bien intencionadas, hagan daño a mis semejantes,
No dejes que me acostumbre a las cosas, para ver siempre la vida como algo nuevo,
No dejes que pierda la capacidad de asombrarme, la curiosidad y las ganas de aprender,
Pero protégeme de la sabiduría que desengaña y borra la sonrisa de mi rostro,
Permíteme comprender a los demás tontos que encuentro en el camino,
Y permite a los demás comprender el valor de los tontos para mejorar su vida.

Amén.

martes, 26 de marzo de 2013

La fe del romano


Una de las historias de la Biblia que más me gusta es esta, que hoy quiero contar a mi tonto estilo:

Era uno de esos días en que Jesús estaba ya un poco cansado de la gente que le escuchaba con entusiasmo, pero que se olvidaba de sus enseñanzas a los pocos días. Así es la gente, que mientras les dura la novedad son muy fieles y cristianos, pero después se les pasa a la primera llamada de los pecadores para irse a una fiesta a buscar la perdición. Tanto rato curando ciegos, leprosos y enajenados para que las enseñanzas caigan en saco roto y nadie tenga fe aunque sea del tamaño de un grano de mostaza.
Era uno de esos días que estaban bajos hasta para hacer milagros. Los cojos, ciegos y epilépticos ya se habían acabado el primer día, porque ellos eran los primeros que se pasaban la voz cuando Jesús llegaba al pueblo. La multitud de gente que siempre le seguía pedía ese día verdaderas tonterías, como para ver nomás si se les hacía el milagro. Pedía sacarse la lotería romana, pedía que se le case la hija con un comerciante acomodado, o pedía que las gallinas pongan dos veces al día para salir de pobres y ser la envidia del vecindario. Jesús, todo paciencia y bondad, no negaba milagros a nadie, pero exigía algo a cambio:
- Está bien, te haré el milagro, pero desde ahora debes comprometerte a amar a tu prójimo y compartir tu riqueza con los que menos tienen...
- ¿Qué cosa? ¡Oye, yo no meto en tus cosas! ¡Habráse visto! ¡Uno apenas le pide un milagrito y ya quieren ordenarle la vida a uno!

Así pues, Jesús estaba esperando que algo interesante pase, cuando de pronto la multitud se calló y se apartó para dar paso a un hombre. El estilo y la calidad de sus vestiduras indicaban a las claras a un ciudadano romano. El hombre no necesitó pedir permiso para acercarse a Jesús, pues los judíos, temerosos, le abrieron paso al instante, mientras comentaban en voz baja que se trataba de uno de los romanos más adinerados de la ciudad por el comercio que controlaban.
- Tengo entendido que eres Jesús de Nazaret, y que eres respetado entre los judíos, pues haces prodigios con ellos - Dijo el romano en voz alta, aunque educada.
- Salve, señor. Yo soy aquel a quien buscas. ¿En que puedo servirte? - Le respondió Jesús, que también era educado además de sabio.
- Uno de mis criados, quien me sirve bien y me es muy querido, está muy enfermo, mis galenos no guardan esperanzas para él, pero él solicita tu intervención, pues cree en ti y desea que lo salves.

La gente alrededor empezó a murmurar al oír tan extraña petición: ¿Un romano pidiendo un milagro? ¿Cómo podía uno de la raza de los conquistadores, uno de los opresores del pueblo judío, pedir un milagro? ¿No sería una trampa de los fariseos o los levitas, de quienes se decía que las enseñanzas de Jesús ya habían incomodado más de una vez? Jesús miró a los ojos del romano para ver sus intenciones. Su mirada, aunque llena de la altivez romana, no tenía rastro de burla o engaño.
- Está bien, llévame a donde está tu criado...
- No hace falta, solo ordena que se haga y así será, mi criado sanará según sea tu palabra...

Esto era inaudito. Nadie se había atrevido antes a pedir un milagro en esos términos, y menos que nadie, un romano. La multitud se llenó nuevamente de murmullos. "El romano no quiere que se sepa que Jesús el Nazareno ha entrado en su casa", "Los gentiles no saben que estas cosas no se hacen de esta manera". Incluso Jesús miró al romano lleno de sorpresa, pero asombro se debía a otras causas.
- ¡Nunca, ni siquiera entre las gentes de Israel, había visto una fe como la que tiene este hombre! ¡Ve a tu casa, romano, pues lo que pides está cumplido!

Una parte de la muchedumbre que rodeaba a Jesús partió junto al romano para comprobar que efectivamente, el criado se había recuperado de su enfermedad. Y fueron ellos los que regresaron al lado de Jesús para decirle que efectivamente, se había cumplido el milagro. Aunque entre los propios discípulos hubo alguno que creyó que el Maestro se había excedido esta vez, Jesús sonrió al saber la noticia. El día había valido la pena. Su confianza en la gente había sido restaurada. Si un romano podía dar esa demostración de fe, ¿Que no podrán hacer los judíos? El mundo puede mirar con esperanza el futuro si hay más gente así.

En estos días me siento un poco como aquel romano que da por hecho que Dios hará según sea su voluntad, y que esta se hará en su mejor beneficio, y un poco como Jesús, que aún cree en la fe de las personas. Solo esperando el momento en que encuentre a Jesús de Nazaret, y dejarlo asombrado como aquel ciudadano romano, haciéndole exclamar "¡Pucha, tu sí que tienes una fe bárbara!"

domingo, 6 de enero de 2013

Dios y yo


Mi relación con Dios es un poco extraña a los ojos de muchas personas. No es que me ponga hacer penitencias raras o que me ponga a anunciar el fin del mundo por calles y plazas. Todo lo contrario. Mi relación es a nivel de amistad y camaradería. Con Dios yo puedo conversar, hacer chistes y hasta una vez me puse a jugar a los dados con él. Es por eso que me deja hacer algunos posts chistosos sobre religión. Tiene bastante correa el tipo.

Y es por eso que a algunas personas les incomoda este trato mío con la divinidad. A pesar de que me dicen que en el paraíso todas las almas encuentran la felicidad y olvidan sus dolores, se escandalizan cuando les digo que entonces el cielo ha de ser un lugar muy divertido. Y yo no imagino un paraíso o una vida feliz sin un chiste bien contado. No todo va a ser cánticos y alabanzas, también debe haber lugar para una buena conversa sobre los tiempos idos. Y buena música, ya que tampoco todo debe ser arpas y liras.

Así, pues, yo también mantengo de vez en cuando buenas conversaciones con Dios, voy a su casa a visitarlo y dejo también que me visite en mi casa. Como debe ser. Y aquí viene el asunto de cómo rezar. La Biblia dice, para todos aquellos que la leen más allá de esos parrafitos que ese tipo de gente tiene marcado con resaltador, que uno debe rezar en su cuarto tranquilito, sin molestar a nadie, no como esos que se van a la iglesia para que todo el mundo los vea rezar y dárselas de piadosos, para después creerse con derecho a atropellar a medio mundo. Así que trato de estar en paz, de vez en cuando con un poco de música para que Dios también se sienta a gusto. Comienzo saludando, como persona educada, preguntando si no habrá tenido una noche muy ajetreada, pues todos sabemos que Dios trabaja la noche entera ayudando a todos los que madrugan. Luego recuento un poco de mi vida, cómo ha estado yendo, para ver si le da una manito a mis familiares y amigos, que los anote en su lista de pendientes. Recibo también sus quejas de la gente que se le voltea, de esos que cuando niñitos son muy buenitos y piadosos y apenas les crece la barba se tiran a la perdición. Recibo los encargos de portarme bien con ellos para que regresen al buen camino, y los anoto también en mi lista de pendientes. Así pues, entre chiste y chiste, termino de rezar animado y de buen humor, dispuesto a enfrentarme al mundo con la frente en alto.
Cuando uno de los que creen que la vida es puro sufrimiento, un poco para relajar el tema y otro poco para escandalizarlo y moverle el piso le cuento que tengo mi versión corregida y aumentada del Padrenuestro, que va más o menos así:

“Padre nuestro que estás en los cielos, a ver si bajas aquí a la tierra más seguido, que nos tienes descuidados, 
Santificado sea tu nombre, a propósito ¿Cómo te llamabas? Porque me están viniendo gente que dice que tienes unos nombres medio raros, aunque yo les digo que si hay un solo Dios no importa el nombre, 
Venga a nosotros tu reino, que desde aquí abajo te vemos cada vez más lejos, con tanto smog, satélites artificiales y todas las cosas que estamos poniendo en el camino, 
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, porque eso sí, de que tú eres el jefe, eres el jefe, no hay por qué negar,
Danos hoy nuestro pan de cada día, que de la mantequilla y la rebanada de jamón para acompañar nos encargamos nosotros, y así el sanguche queda como una coproducción, 
Perdona nuestras ofensas, tú sabes que las hacemos si querer, nomás por dárnoslas de chistosos, 
Así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, que así de aguantadores somos, especialmente con los maleteros, 
No nos dejes caer en la tentación, bueno, tampoco seas fanático, déjame caer aunque sea una vez en la tentación de esa compañera de trabajo que está bastante tentadora, 
Y líbranos del mal, porque eso sí necesitamos por acá bastante, ya te he contado. 

Amén, saludos y abrazos, ahí nos vemos a la próxima, cuídate, viejo, chau.”

¿Ya ven por qué digo que termino de rezar de buen humor? Es lo bueno que tiene esta relación mía tan especial con Dios.

lunes, 16 de julio de 2012

Los otros 90 minutos


Después de una noche de celebración del triunfo de su equipo favorito, Lolo Villanueva cayó víctima de la embriaguez. Y tuvo un sueño de lo más peculiar. Soñó que no había sobrevivido a la euforia, el esfuerzo de gritar durante los 90 minutos más las prórrogas y la tanda de penales. Y los ángeles y los demonios se habían reunido y habían decidido jugarse su alma en un partido de futbol. Como en el partido que había acabado con su vida, se decidía el descenso. Si los ángeles ganaban, se lo llevarían en hombros a un cielo que sería muy parecido a la celebración en los vestuarios. En cambio una victoria de los demonios significaba ser tratado como el entrenador del equipo perdedor, o como aquel jugador que falló el penal decisivo.

El partido empieza utilizando como balón una pelota dorada que representa el alma de nuestro buen Lolo. Como árbitro está un ateo, a quien no le importa el destino que corra el alma de Lolo, ya que no cree ni en el cielo ni en el infierno. Desde el inicio se ve que será un partido reñido. Los ángeles hacen un buen trabajo de equipo y verdaderamente juegan como los ángeles. Pero los demonios también tienen lo suyo. Ellos confían más en la habilidad individual. Hay un par de delanteros que hacen diabluras con el balón, y están dirigidos desde el banco por el propio Satanás, gran estratega de quien se dice que sabe más por viejo que por diablo.

El primer tiempo termina empatado sin goles, a pesar de varios ataques de los demonios que conocen el arte de engañar al rival en el dribleo. Pero los ángeles de la defensa son muy buenos y vuelan para atrapar las pelotas que van en dirección al arco. La mejor ocasión de los ángeles fue un tiro libre que fue fácilmente atajado por el demonio arquero que le preguntó al ejecutante hacia qué lado iba a patear, y el ángel, incapaz de mentir, reveló que iba a patear a la izquierda.

El segundo tiempo empieza con más ganas por parte de los ángeles que ahora atacan más. Sin embargo, la defensa diabólica está compuesta por demonios fornidos con cara de maleantes recién salidos de la cárcel. El entrenador angélico instruye a sus jugadores para bendecir la pelota antes de patear al arco. El truco funciona y el diablo arquero no puede tocar la pelota que termina en el fondo de las redes. El árbitro hace caso omiso a los reclamos de los diablos. En medio de la gresca el árbitro expulsa al capitán Luzbel, que sale quejándose de que siempre lo expulsan. Los ángeles van ganando, pero no deben confiarse. Los demonios juegan mejor cuando el partido se calienta. Con el fin de enfriar el ataque angelical, uno de los diablos intenta cabecear la pelota y revienta la pelota con el cuerno. Al árbitro no le queda otra que suspender el partido hasta conseguir otra pelota.

Cuando las acciones se reanudan, los diablos empiezan ataques desesperados, haciendo quiebres diabólicos sobre la defensa rival. Uno de los diablos se tira al césped alegando falta. El árbitro verifica que efectivamente la pierna del demonio está lastimada por el contacto con el pie de un ángel y decreta penal. Un cañonazo lleno de maldad deja al arquero indefenso y convierte el empate.

Con el partido a punto de terminar, Lolo Villanueva ve impotente desde el estrado VIP cómo los demonios están más cerca del triunfo. Los ángeles se defienden despejando con las piernas, con la cabeza, el pecho y hasta con las alas. El árbitro pita el final del partido con el marcador y Lolo celebra. ¡Me salvé! ¡Me salvé! 

El árbitro lo mira con desdén.
- No te has salvado, falta el partido de vuelta, y allí los demonios van a ser locales… 

Desde la noche de aquel fatídico sueño, Lolo Villanueva vive asustado. Ya no le gusta el fútbol, no quiere ni ver una pelota, y cada vez que escucha un silbato, el terror se apodera de él, creyendo que han comenzado los otros 90 minutos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Vendo mi alma


¿Alguna vez han tratado de venderle el alma al diablo? La cosa no es tan fácil como nos dicen los libros y las películas, déjenme contarles mi caso:

Acudí allí por un amigo que me pasó el dato. Y era una de esas direcciones que uno guarda por allí en caso de que las necesite. En vista de mi actual condición, decidí que era tiempo de dar una probada al servicio. La dirección en cuestión resultó estar en uno de esos edificios en el centro de la ciudad convertidos en centros comerciales informales, donde venden discos piratas, tienen consultorios de cosmiatría y atienden brujos para hacer amarres eternos o temporales.
A pesar del aspecto poco prometedor del edificio, entré y llegué a la oficina indicada, la que estaba llena de gente que entraba y salía. Después de coger mi número y hacer una cola de 20 minutos, me atendió un diablo con esa cortesía falsa y ese desinterés propio de la burocracia.

- ¿En qué le puedo servir, caballero? ¿Quiere inscribirse en las legiones satánicas? ¿Desea el tour a los infiernos con derecho a visita a sus seres queridos? ¿O tal vez quiere nuestro servicio de alquiler de espectros, íncubos y espantos?
- No… Lo que yo quiero es vender mi alma…
- Ahh… Para eso debe pasar a la oficina de atención personalizada… Tenga este ticket y esta ficha de datos, y uno de nuestros sectoristas le atenderá en breve… pase a la sala de espera, por favor… Por mientras, ¿No desea inscribirse como cliente preferente con derecho a descuentos en daños y eliminación de enemigos?

La sala de espera, debo admitir, estaba bastante mejor, con sillas cómodas y una mesita con revistas de “El Necronomicón Semanal” y “Pecados de Hoy”. Luego de otra espera, me hicieron pasar a un cubículo.
- Buenos días, yo soy su sectorista y mi nombre es Harpael, ¿En qué le puedo servir?
- Quería vender mi alma… Me dieron esta ficha de datos para que la llene…
- Muy bien, señor… Veamos qué dice aquí… El caso no es muy fácil… Voy a tener que medir su alma… Por favor, sáquese el alma para medirla…
- ¿Qué?
- No se asuste, señor, tan solo desabotónese la camisa para ver su alma con este aparato…
- Ahh, ya conozco eso… es para ver el aura ¿Verdad?
- ¡¿Qué?! ¡Oiga señor, no confunda! ¡Aquí no somos tan idiotas para creer en esas cosas! ¡Este es un visor de almas! Su alma tiene un gris rosáceo, con puntos azules y una mancha violeta en el sector de la emotividad…
- ¿Y eso que significa?
- Según la escala vigente, eso le hace elegible a 5,000 dólares o a un trabajo como asesor del consejero uno de los políticos de nuestra nómina, con un sueldo de 600 soles mensuales más derecho a coimas…
- ¿Tan poquito? Oiga, ¿Qué hay de las historias de gente que obtiene poder político, eterna juventud y riquezas incalculables?
- Señor, eso era antes… Ahora hay mucha oferta de almas… Todo el mundo quiere vender la suya, y por eso el precio ha bajado… Así está el mercado ahora…
- Pero, por esa cantidad no voy a vender mi alma inmortal, oiga usted…
- Señor, si viera la cantidad de gente que acepta mucho menos que eso… Le estoy ofreciendo buen precio, créame…
- No… Me voy, en otro lado me deben dar mejor precio…
- ¡Ja! ¿Acaso usted cree que tiene un alma como para regatear? Vea el resultado del análisis… No se haga el tonto…
- Aquí dice que me porto mal en ocasiones… y que mi alma no está para llegar al cielo…
- No entiende ¿Verdad? Si compráramos almas de gente malvada ¿Cuál sería el negocio?
¡Nosotros queremos almas buenas! La de usted es un riesgo, porque todavía se puede ir para cualquier lado, así no sacamos utilidades… Váyase nomás, caballero…

Al salir de la oficina, sin duda atraído por mi rostro decepcionado y abatido, se me acercó un diablo chato y de mirada ladina.
- No se vaya, joven, yo le puedo arreglar sus papeles para que salga buen resultado y pueda vender su alma… Barato le cobro, joven ¿No quiere?
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...