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jueves, 10 de julio de 2025

Los románticos ilegales



Cuentan que en una ciudad, en un país, en un gobierno, se decidió que el amor era una invención del colonialismo europeo, aprovechado por la élite mundial dominante para mantener oprimido al pueblo, mediante la comercialización de objetos como flores, chocolates, vinos, y otros productos. Las historias de amor fueron vistas como una forma de adormecer al pueblo y distraerlo de sus responsabilidades de clase, alentando la insensata idea del progreso personal, que contradice las ideas de igualdad social impulsada por el gobierno. 
Desde ese momento se decretó que el gobierno debía aprobar la unión de las parejas, conforme a los principios revolucionarios, basados en comportamiento, etnicidad, y adhesión a los objetivos nacionales. El primer paso para llevar a cabo la abolición de la idea capitalista del amor fue la censura a todas las menciones románticas en los medios de comunicación. Se organizó un ejército de severos censores de la nueva decencia, que suprimían cualquier mención del amor en libros, periódicos, e incluso en folletos publicitarios y en las tareas escolares. Por supuesto, las redes sociales fueron su principal objetivo. Adquirieron sofisticados equipos de rastreo para identificar y encontrar a los autores de escritos y poemas de amor, así como a quien cometiera el error de poner un “me gusta“. 

Ante esta situación, apareció una red de tráfico ilegal de poemas y cartas de amor. Papeles escritos a mano o con impresoras caseras empezaron a circular clandestinamente. Se vendían en oscuros callejones décimas espinelas, versos, alejandrinos, prosas románticas y suspiros escritos, dirigidos a parejas de amantes que desafiaban las órdenes gubernamentales. Cuando estos traficantes eran atrapados por la policía, alegaban ser inofensivos, traficantes de drogas, aprovechando que el gobierno había relajado el control de este mercado, al considerarlo una opción aceptable al escape de la realidad que representaba el amor. Los escritores del mercado negro del amor empezaron a acumular riquezas, que se volvieron fáciles de detectar por el gobierno, ya que se sabe que toda revolución trae consigo años de escasez. 
Los censores, por su parte, buscaban mensajes o códigos secretos en las noticias deportivas y en los textos que hablaban del amor a la patria. Los chocolates y las flores se convirtieron en productos controlados, lo que no evitaba que fuera frecuente que estos fueran entregados con pequeños mensajes ocultos en el empaque, puestos por el empleado a cambio de algunas monedas. Poco después, los medios de comunicación, controlados por el gobierno, presentaban orgullosos las últimas noticias del desmantelamiento de una red criminal que distribuía cartas de amor ocultas dentro de pizzas entregadas por motocicletas de delivery. Los noticieros estatales mostraban también el éxito de las parejas aprobadas por el gobierno, en marchas que presentaban parejas que desfilaban serias y sin apenas mirarse. 

Cuando el gobierno creía tener la situación controlada, la policía secreta descubrió comportamientos inusuales en los actos oficiales. Jóvenes intercambiando miradas sospechosas, parejas tomándose las manos al entonar las marchas revolucionarias, abrazos grupales y vivas al presidente con un entusiasmo y una entonación que parecía significar otra cosa. Era difícil señalar una desviación específica a las políticas oficiales, y ni siquiera los agentes que se intentaron infiltrar pudieron dar pruebas de una conspiración. Los arrestos que se hicieron no tuvieron ningún efecto sobre las muchedumbres en los actos oficiales. 
Con el tiempo, el control se relajó, y ya no era raro ver a altos funcionarios acompañados de parejas que no eran las designadas por el gobierno. En los pueblos alejados había menor control, lo que provocó migraciones de jóvenes de las grandes ciudades. 
Hasta hoy, si se presta atención, se puede observar en el transporte público, a un hombre entregando una pequeña flor a una mujer, que le entrega a su vez un pequeño pedazo de papel. Los asientos dobles son dejados libres hasta que llega una persona, y poco después, otra del sexo opuesto, con quien intercambia miradas furtivas mientras los pasajeros que están de pie hacen pantalla para evitar a las cámaras y a los agentes del gobierno. Un turista extranjero, se alcanza a escuchar lo que dice en voz baja: Para recuperar el significado del amor, lo que se necesitaba era prohibirlo.

jueves, 13 de febrero de 2025

Solo una copa de vino



Te invito una copa de vino. Sólo una, tal vez dos, pero no más. Con una sola copa de vino, los sentidos despiertan y un agradable calor invade el cuerpo. Te quiero cómoda, con esa pequeña alegría que da una sola copa de vino. Relajada, pero aún en control, quiero que me cuentes tu vida. Narrar una vida es diferente después de una copa de vino. Hay más detalles, los hechos son más que una sucesión de trabajos, mudanzas y listas de cosas que en realidad no importan. El vino da color a las anécdotas, y convierte una biografía en un recuento de emociones más que de hechos. 

Quiero brindar contigo con una copa de vino. Si así lo quieres, fingiremos que estamos celebrando. Celebremos cualquier cosa, celebremos que estamos aquí, que por fin atendiste a mi invitación, celebremos que hemos sobrevivido a todo lo que hemos pasado, celebremos al universo, al destino, a esa infinita cadena de casualidades que hizo que por fin nos sentemos en una misma mesa. 
Cuando tomes el primer sorbo quiero ver esa sonrisa que causa el primer cosquilleo de alcohol al pasar por tu garganta, y quiero que veas mi sonrisa al ver la tuya. Quiero tomar el primer sorbo mientras tú me miras, y disimular diciendo que el rubor de mi rostro se debe al vino. 
Mientras esperamos que el vino haga su efecto, hablaremos de cualquier cosa: del clima, del tráfico, del vino. Avísame si en estos primeros minutos se nota demasiado que quiero impresionarte, aunque lo más probable es que todo lo que diga sean tonterías para disimular mi timidez.

Con el calorcillo del vino, la conversación será cada vez más personal. Se acabarán los hechos intrascendentes y empezaremos realmente a conocernos. No tengo aún el derecho de conocer tus secretos, pero aceptaré lo que quieras compartir conmigo. Yo compartiré contigo todo lo que una copa de vino me permita compartir. Yo sabré si lo que te cuento te interesa, porque dejarás de mirar la copa de vino y empezarás a mirarme a mí. 
Una copa de vino no emborracha a nadie, ni siquiera dos, así que en cualquier momento serás libre de abandonar el lugar. No deberás buscar excusas ni más disculpa que la que se debe a la educación o a la amabilidad. No te culparé, pues para entonces es probable que ya haya visto en tus ojos tus deseos de no seguir. Cuando nuestras miradas ya no se encuentren, no hará falta más explicaciones. Volveremos al mutuo anonimato, sin más pérdida que dos copas de vino. 

Pero también podría ser que te abras y me cuentes durante una o dos copas de vino, lo que piensas y sientes, y que yo te cuente cómo es que todo lo que he vivido me ha preparado para esta noche, para este bar, y para ti. Quiero que durante dos copas de vino, seas feliz. Quiero que al llegar a tu casa después de esta cita pienses que esta ha sido una buena noche, que valió la pena aceptar al fin mi invitación, que se iluminen tus ojos al recordar nuestra conversación, y que el sabor de esa copa te acompañe mucho tiempo después de hoy. 

¿Y qué es lo que yo quiero? Yo quiero que esta copa de vino sea sólo la primera, y que el futuro nos depare más copas de vino, vasos de cerveza, tazas de café, cenas y desayunos en la cama. 
Pero primero debes aceptar solo una copa de vino.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Tal vez fue amor


La primera vez que me encontré con ella, me sentí tan bien que al dejarla sentí que mi caminar era más ligero. Fue un amigo el primero que notó que mis pasos ya no tocaban el suelo. Entusiasmado, pedí verla una vez más, a lo que ella aceptó con reticencia. Al regresar, ya iba caminando a varios metros sobre la vereda, pero no me importó, porque era feliz. Le pedí verla una vez más, pero ella se negó. Aún así, fui a su casa y no tuvo más remedio que recibirme. Cuando la dejé, me elevé tanto que pronto la tierra era solo un punto en el espacio. Lo último que supe de ella fue el mensaje que me envió al celular, diciendo que trató de advertirme, y que ya había perdido a varios enamorados de esa manera.

domingo, 11 de febrero de 2024

Una mujer de alto valor



Cuando la conocí, le dije que le podría dar lo mejor de todo. Incrédula aún, aceptó una primera cita, no sin antes preguntar a dónde llevaría yo a una mujer que solo merecía lo mejor. Sonriendo, le dije que la llevaría a probar el mejor cebiche de Lima. Ella llegó muy elegante a la cita, que fue al mediodía, y yo la llevé al mercado Nro. 2 de Surquillo. Allí me atendió la señora dueña de uno de los puestos, a quien ya conocía, y nos ofreció sus mejores sitios: dos bancas altas junto al mostrador de mayólica, donde podíamos ver directamente cómo preparaban el que según los periodistas especializados, es el mejor ceviche de Lima. Aunque ella reconoció que no había probado plato mejor en su vida, su cara denotaba su profunda decepción. Creo que no has entendido lo que te ofrecí, le dije. Si aceptas una nueva cita, te llevaré al mejor espectáculo que tiene esta ciudad. Ella aceptó. 

En nuestro siguiente encuentro la llevé al Malecón de Miraflores. Desde nuestra banca se podía apreciar la puesta del sol sobre la playa azul. Debajo nuestro se podían apreciar los tablistas corriendo olas, un poco más allá, un velero le daba interés al horizonte mientras el cielo se teñía de rojo y se veían a lo lejos las siluetas de las islas frente al Callao. Nuevamente intentó quejarse de que la había engañado, pero no podía decir que no había cumplido con lo ofrecido. El espectáculo no tiene comparación en el mundo, y mucha gente que se reúne a esa hora para tomar fotos confirmaba mi afirmación. Como prueba de mi sinceridad le pedí que me dijera qué tipo de cita prefería para la próxima vez. Me pidió un lugar en donde se divirtiera, pero no un lugar gratis, sino algo muy caro, ya que era lo que ella se merecía. Casualmente este fin de semana será el Baile Anual de Caridad por los niños con cáncer en el Country Club de Lima. Allí estará lo mejor de la sociedad limeña, con una Orquesta Internacional, le dije, y yo estoy en el Comité Organizador. Fue la primera vez que vi sus ojos brillar, al aceptar con entusiasmo. 

El día señalado fui a recogerla muy temprano y la llevé al local. Allí nos dedicamos a ordenar las mesas, coordinar con los encargados de los arreglos florales y el catering, revisando que todo estuviera en orden con la llegada de los alimentos, y que todos los instrumentos de la orquesta sonaran bien por el sistema de sonido. A la hora del evento, ella, que se había estado quejando desde hacía un par de horas de que la había hecho trabajar y que se había roto una uña al cargar un florero, solo tomó una silla y se quedó dormida. Fue una lástima, porque se perdió lo mejor de la fiesta, y cuando se despertó, al final de la velada, insistió en irse sola, al decirle que ayudaríamos a recoger las cosas y hacer las coordinaciones para el retiro de todos los adornos. 

Aunque yo la llamé varias veces en los días siguientes, ya no me respondió al celular. Me dicen que ella ha publicado en sus redes sociales que ha sido engañada toda esa semana,, que esa no es manera de tratar a una mujer de alto valor, y varias cosas más. No he comprendido del todo sus críticas, porque le he dado lo mejor que esta ciudad puede ofrecer. Ella es ahora solo otra de las mujeres que he conocido que no comprende el verdadero valor de las cosas, y que no merecen conocer mi mansión en La Rinconada, ni mi casa de playa con yate en Paracas.

lunes, 22 de enero de 2024

Piropos con subtítulo



Lo difícil no es conquistar a una mujer, sino romper con ella, desatar los lazos que uno, o ambos, han anudado, me decía un compañero que ya había pasado por varias de esas experiencias y trataba de terminar su actual relación y no encontraba cómo hacerlo. Es que no tenía una razón contundente a la cual apelar, sino multitud de pequeñas razones. Por esta razón, me confió, que cada día le reservaba un piropo, que al terminar la frase remataba mascullando un agregado inaudible, pero que representaba lo que en verdad sentía. Subtítulos, los llamaba, y los usaba para desfogarse y aliviar la tensión diaria. 
  • Eres lo mejor que me ha pasado (con énfasis en el “ha pasado”) 
  • Te ves más hermosa que ayer (es decir, más fea que mañana) 
  • Por ti no pasan los años (se te quedan todos) 
  • Eres verbo más que sustantivo (porque te conjugas en primera, segunda y tercera persona, en singular y en plural) 
  • Quiero gritar lo nuestro a los cuatro vientos (como advertencia) 
  • Eres la mujer que me quita el sueño (roncas a todo vapor) 
  • Por ti subiría a la montaña más alta (para escapar) 
  • Me pregunto qué haría sin ti (y las ganas que tengo de averiguarlo)
  • Si se acabara el mundo, quisiera pasarlo contigo (para asegurarme de que te mueras)
  • Hoy tengo ganas de invitarte a salir (de mi vida)
Al final, me contó tiempo después, ella nunca captó las indirectas, y en cambio lo dejó al poco tiempo por una razón tan tonta como las que él tenía contra ella, y él quedó lamentando el tiempo perdido en una relación sin interés. De todo aquello solo quedaron algunos de estos piropos con subtitulo que dejó tirados y que yo recogí.

...

Ya que este post está tan corto, como bonus track, dejo esto que encontré y comparto, ya que va con el tema anterior:

Cada vez que sacudo la sábana por las mañanas, saltan, desde ella, algunos de los personajes o elementos de mis sueños que han quedado adheridos a su tela. Un sinfín de cosas fantásticas han eyectado al latigazo preciso de la sábana en el aire, desvaneciéndose luego en motas multicolores. Todo muy bonito, hasta que sales proyectada tú, lo que significa que he soñado contigo aunque no lo recuerde ni quiera. Qué rabia. Cuando eso pasa, agarro la sábana, la lavo y la seco al sol. El agua y las lágrimas se mezclan y escurren. Esa noche duermo en el sofá.

jueves, 25 de mayo de 2023

Leyendas peruanas: La Laguna Llanganuco



Una de las más hermosas lagunas del Perú es la de Llanganuco. Los turistas se atreven a subir hasta ese lugar a más de 3,800 metros de altura, para disfrutar de sus aguas turquesas y quedan maravillados ante la vista, pero pocos llegan a conocer la leyenda de su origen, que cuento aquí. 

En aquel tiempo inmemorial de las leyendas, se cuenta que el dios Inti (el sol), el más poderoso de los dioses, tenía una hermosa hija llamada Huandoy, que era su orgullo y la razón de su felicidad. No le faltaba razón, pues la joven era bella e inteligente, hacendosa y bien criada. A tal joya su padre tenía previsto casarla con algún dios que poseyera las mismas cualidades que ella. Quería que fuera feliz y le diera una poderosa descendencia, por lo que veía a todos los pretendientes, que eran muchos, pero ninguno le parecía lo suficiente bueno para ella. Mientras tanto, la joven se dedicaba a las labores de la casa y bajaba a la tierra, en donde recibía las ofrendas de los pueblos a los que su padre alumbraba. Una de tales ofrendas fue entregada por Huascarán, príncipe de una de las tribus más poderosas de las sierras. Cuando los dos jóvenes se vieron, sintieron el amor invadirlos a un tiempo. Ambos sabían que Inti jamás permitiría a un mortal desposar a una diosa, así que se veían a escondidas, en lo alto de las montañas, entre la nieve recién caída, después del anochecer para evitar la mirada del sol, y con cada encuentro el amor entre los dos crecía. 

Inti veía a su hija y notó el cambio en su carácter que el amor causaba. Huandoy ya no hablaba, sino que cantaba, y ya no caminaba, sino que bailaba. Aunque ella no dijo nada, su padre sospechó algo y le empezó a prestar mayor atención durante sus recorridos diarios por la tierra, pero no podía ver nada, ya que ella esperaba que su padre no estuviera cerca para salir a reunirse con el príncipe mortal. Los enamorados creían estar a salvo, pero no contaban con la presencia de Illapa, el rayo, mensajero de Inti, que aparecía de repente iluminando la noche para ver lo que ocurría en la tierra. Así fue como vio a los amantes abrazados en un valle. 

Cuando Inti fue informado de aquel romance prohibido, llamó a su hija y le ordenó dejar a Huascarán y olvidarse de él. Huandoy no lo hizo y continuó con su romance. Cuando Inti se enteró de que sus órdenes eran desobedecidas, montó en cólera. Se presentó ante los dos jóvenes, sorprendiéndolos en su reunión tomados de la mano. En ese momento maldijo ese amor. La fuerza de la maldición los condenó a vivir separados, pero ellos lucharon tanto que ni siquiera el poder de Inti los pudo mantener lejos uno del otro. 
La fuerza del amor fue tan grande que estuvo a punto de vencer la maldición, los jóvenes estaban ya a la vista uno del otro, casi al alcance de la mano. Inti envió una tormenta de nieve para enfriar aquel amor, pero fue inútil. La maldición los convirtió en enormes montañas que se miraban una a la otra, pero que quedaron separadas por un estrecho valle. Las montañas, aún cubiertas de nieve, empezaron a llorar por la separación, y sus lágrimas se unieron en la laguna de Llanganuco. 

Hasta hoy el calor de su amor funde la nieve en las montañas que hasta hoy conservan los nombres de Haundoy y Huascarán, y las lágrimas color turquesa expresan el dolor de los amantes condenados a verse, pero sin poderse tocar.

sábado, 25 de febrero de 2023

Leyendas peruanas: Las aguas termales de Churin



En Churín, a 200 km al norte de Lima, existen unas famosas aguas termales a donde va la gente a relajarse y disfrutar de sus aguas medicinales. Una de las fuentes es llamada "Mamahuarmi", cuyo nombre proviene de la leyenda que presento a continuación:

Hace unos 500 años vivía en Churín el curaca Runa Kachi (Hombre Sal), quien tenía una esposa y una hija. Ella creció en el campo, paseaba entre los árboles y se bañaba en el río, conversaba con las aves y contemplaba a los cóndores. En el día el Inti (Sol) la admiraba y durante la noche la Killa (Luna) envidiaba la belleza de Urpi (paloma), que tal era el nombre de la doncella. 

Pero en ese tiempo llegaron los españoles, vestidos de armadura y montados sobre sus caballos. La misión de los soldados era encontrar oro y plata para enriquecer a los soldados y enviar a España. Llegaban cansados después del largo camino que los había llevado desde Pachacamac, por eso cuando el curaca Runa Kachi recibió con hospitalidad a los extranjeros, se sintieron en el paraíso. Runa Kachi hizo honores a los hispanos e incluso ordenó a su hija atenderlos. 

El capitán, al ver a Urpi, se enamoró inmediatamente de ella. El romance fue apasionado, pero tuvo que llegar a su fin cuando el veedor le ordenó partir para integrarse al resto del ejército conquistador. El capitán prometió volver mientras Urpi se quedó llorando desconsolada. Urpi descubrió que estaba esperando un hijo del español, y temiendo la cólera de su padre Runa Kachi, acudió a su madre. Ella le aconsejó huir. "Escóndete en las cuevas cerca de aquí, allí enviaré a atenderte" - le dijo. Cuando Runa Kachi se enteró, montó en cólera y juró venganza contra el español, por abusar de su confianza y dejarlo en vergüenza. No pudo averiguar en dónde estaba su hija y su hijo recién nacido, y mientras esperaba una pista sobre su paradero, preparó una flecha untada con veneno vegetal para cuando supiera la verdad. 

Meses después el capitán español regresó por su amada. Evitó encontrarse con Runa Kachi, buscando en cambio a la madre de Urpi. Ella le confió la ubicación de la cueva en donde se encontraba, sin saber que el curaca Runa Kachi los estaba espiando. El propio curaca siguió al capitán hasta la cueva. El español, ansioso, llegó a la entrada de la cueva gritando: ¡Urpi!. Ella salió corriendo con el niño en brazos, gritando a su vez: "¡Churique! ¡Churique!" (Este es tu hijo). Runa Kachi, que había seguido sigilosamente al español, no había sido visto por ninguno de los dos amantes, ciego de ira tensó el arco con la flecha envenenada y disparó. Pero la flecha, en vez de acertar al capitán que ya abrazaba a Urpi, atravesó al niño que Urpi le mostraba. Urpi, loca de dolor gritaba al ver morir a su hijo en sus brazos y se internó en la cueva para jamás volver a ser vista. 

Desde entonces dentro de la cueva se ve el agua gotear desde las rocas como las lágrimas de Urpi, que sigue llorando a su hijo muerto. Con el tiempo, los españoles conocieron primero al pueblo con el nombre de "Churique", el que poco a poco se fue convirtiendo en el nombre actual de Churín, que permanece hasta hoy. De vez en cuando, en las noches de luna llena, hay quien dice haber visto aparecer a Urpi en la entrada de la cueva, desnuda y con una larga cabellera, para sumergirse en una de las lagunas de aguas termales que hay fuera de la cueva, la que hoy es conocida como "Mamawarmi", que significa "Mujer madre".

miércoles, 15 de febrero de 2023

Engaños



El amor es difícil y complicado, decía Rovira, con esa sabiduría que surgía en él al segundo vaso de cerveza. Todo es un enrevesado juego de engaños y mentiras, vea usted: 

Un hombre o una mujer nunca se ven a sí mismos como son, sino como cada uno, en su poca o mucha soberbia, cree que es. Aun así, nadie cree ser lo suficientemente bueno para la persona que ha escogido, entonces el hombre intenta cambiar para convertirse en aquello que cree que la mujer va a admirar, y la mujer quiere cambiar al hombre en algo que pueda manejar. Nada de esto es posible, porque ni el punto de partida ni el resultado de llegada existen. Ambos terminan tratando de convertir una imagen falsa en una utopía inalcanzable. 
No digo que el esfuerzo sea en vano, porque las parejas terminan juntándose, pero como todas las ilusiones, son destruidas por el choque con la realidad. Allí se dan cuenta de que todo su esfuerzo estaba dirigido a alguien a quien en realidad no conocían, y muchos caen en la cuenta de que su pareja estaba mal escogida desde el principio. La posibilidad de que esa pareja que se ha escogido sea lo que buscaban, o al menos algo con lo que puedan conformarse es la misma que la de sacarse la lotería. 

¿Qué se puede hacer entonces? Cada uno tratará de cambiar al otro, con menos expectativas que al inicio, pero con los mismos resultados. A su vez, el otro fingirá haber cambiado, y lo hará con tanto éxito que terminará engañándose a sí mismo. 

Al tiempo que uno pierde en todo este juego de engaños en el que uno se engaña a sí mismo y a la vez engaña al otro, se le llama la vida en pareja.

miércoles, 12 de octubre de 2022

Historias de karaoke



El karaoke es un universo paralelo en el que todos han entrado alguna vez para convertirse en alguien diferente. Basta un poco de ánimo brindado por el alcohol o los amigos, y aparecerá una persona diferente a la que entró, capaz de cantar antiguos y recientes éxitos musicales, convencido de tener una de esas voces que llenan estadios y teatros. Pocos dejan de tomarse en serio al tomar el micrófono y sentirse el centro de atención por un par de minutos.
Y lo digo con conocimiento de causa, porque muchas veces he sido yo el que me he convertido en un personaje irreconocible para los asistentes, dejando a mi paso rostros de sorpresa y uno que otro sentimiento de admiración.

El karaoke es un arte que tiene mucho que ver con el sentido de la oportunidad para lograr el mayor impacto. Cuando hay un grupo de amigos en el local, pasamos por varias etapas: primero es la etapa de la timidez. Aún falta gente por llegar y hay todavía la resistencia a ser el primero en cantar. Aquí empiezan algunos tragos para despejar la garganta y las inhibiciones artísticas. La segunda etapa es la del inicio verdadero. El ejemplo de los primeros valientes ha surtido efecto y ya hay una cola para ocupar el micrófono. Este es el momento más serio, donde cada uno trata de demostrar su valía como cantante, y se esfuerza por llegar a la nota. Luego empieza la parte divertida. Ya perdida la timidez, cada quien escoge su mejor canción y reta al siguiente a superarlo. Aquí aparecen también las canciones escogidas para mandar un mensaje a alguno de los presentes. Mentirosa, Rata de dos patas, y toda esa lista de canciones que hablan mal de otro desfila por el playlist. La última etapa es el desmadre. Cada uno canta lo que quiere, sin importar tonos, letras e incluso sin importar quién tiene el micrófono. Al final, todos roncos y alegres, emprenden el camino a casa cantando las canciones que olvidaron poner, y deseando la próxima reunión con karaoke para, ahora sí, dejar a los demás sorprendidos ante sus habilidades musicales. Por mi parte, yo trato de tomar la tarea con responsabilidad, y me tomo en serio la labor de cantar. Claro que en la etapa de impresionar a la audiencia ataco canciones en inglés, portugués e italiano, y entrego el micrófono con un gesto característico que los demás traducen como un “A ver, supera esto”. El problema es que mi voz no se adapta a la mayoría de las canciones que me gustan y me priva del gusto de cantarlas. Por lo tanto, en la búsqueda de canciones que pueda entonar sin convertirme en la burla general, termino cantando boleros y rancheras con bastante autoridad. 

Con el tiempo, he aprendido a conocer cuál es mi tono de voz, y si podré llegar a todos los versos de las canciones, por lo que no he pasado por la vergüenza de quedarme sin voz a mitad del coro de una canción. También trato de escoger una canción con una buena letra, a la que pueda poner emoción a la hora de entonarla. Aquí se presenta la dificultad técnica de cómo cantar una canción de amor de manera convincente sin una musa a quien dedicarla. Hay que buscar entre la concurrencia a alguien a quien pueda improvisar como receptora de mi canción. Algunas veces esto lleva a malos entendidos, mujeres que se sienten incómodas y hombres que sienten invadidos sus territorios. Solo una vez la damisela en cuestión se acercó a mí después de la canción y trató de preguntar si en verdad sentía por ella aquello que le canté. Y como siempre, me fue difícil explicar que durante la canción todo era cierto, que durante esos dos minutos y medio, todo aquello que decía la canción fue verdad. 

Otra vez, cuando estábamos ya en la etapa de cantar cada quien lo que se le antoje sin miedo a las críticas, me quedé conversando con una chica que me acababan de presentar, y que también cantaba con sentimiento y cuidado canciones de Christina y los Subterráneos. Era una buena distracción, que además me libraba de explicar por enésima vez que no se puede duplicar en un karaoke la voz de un reggaetonero autotuneado. Estuvimos charlando buen rato, aprovechando que tres de nuestros compañeros se habían enfrascado en un contrapunto de canciones donde cada una respondía a la anterior. Quedé en encontrarla durante la semana, con la excusa de alcanzarle cierta información útil para su trabajo. El siguiente martes le llevé la información prometida y pasamos conversando amenamente durante la hora de almuerzo de su trabajo. Al acompañarla hasta la puerta de su empresa, ella se encontró con otra persona, su superior sin duda, que empezó a recriminarle sobre ciertas tareas hechas y sobre las urgencias que tenían, sin importarle mi presencia. Mi amiga, quien hace tres días había estado cantando conmigo canciones sobre la huida, la libertad y la rebeldía femenina, entró al edificio con una superiora que le hablaba sin dejarla responder y sin siquiera darle ocasión a despedirse de mí. 
No quiero juzgarla, después de lo que me llegó a contar sobre su vida, ni quiero resaltar diferencias entre el karaoke y la vida real, sólo me quedó la idea de que a veces se necesita más valor para quedarse que para irse y abandonar todo.

lunes, 24 de enero de 2022

Tatuaje



El joven pasó más de una hora escogiendo entre el catálogo de tatuajes el que se pondría con el nombre de su amada. Revisó todos los que le mostró el tatuador. Desde el más simple de corazón, pasando por los de tipo tribal, hasta los más complicados, con todo un paisaje que rodeaba el nombre. 
Ya estaba el tatuador limpiando el área con alcohol, la aguja ya lista, cuando sonó el celular. La conversación no fue larga, menos de dos minutos, pero apenas terminada la llamada el cliente se levantó diciendo “¡Deténgase! Ya no quiero el tatuaje, mi novia acaba de terminar conmigo. 
De nada sirvió que el tatuador le ofreciera otro tipo de tatuaje, uno de odio, de su equipo de fútbol, algunos caracteres en chino, nada. Debo hacer algo, pensó. Ya es el tercero este mes que termina con su pareja antes de terminar de hacerse el tatuaje.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Cuando por fin te encuentre



Cuando por fin te encuentre, ¿Tendré el valor de acercarme a ti, o me quedaré paralizado de miedo al ver que al fin has aparecido? 
Cuando por fin te encuentre, ¿Comprenderás que era yo quien te buscaba desde hace tanto tiempo?
Cuando por fin te encuentre, ¿Me darás tiempo de explicarte todo aquello que me impidió llegar a ti hasta ahora? 
Cuando por fin te encuentre ¿Me verás a los ojos y me dirás que sí, que tú también me estuviste esperando? 
Cuando por fin te encuentre ¿Tendré derecho a reclamarte el porqué has llegado solo ahora y no en ese momento en que tanto te necesitaba? 
Cuando por fin te encuentre ¿Podré mostrarte mis cicatrices, y tu podrás mostrarme las tuyas?
Cuando por fin te encuentre ¿Habrá todavía en tu corazón espacio para alguien que también llega después de un largo viaje alrededor de ninguna parte? 
Cuando por fin te encuentre ¿Aceptarás todas las canciones y versos que he escrito pensando en ti?
Cuando por fin te encuentre ¿Me perdonarás aquellas veces que perdí la fe en que llegarías algún día?
Cuando por fin te encuentre ¿Creerás al fin en el destino, en las casualidades, en lo inexorable de los caminos humanos? 
Cuando por fin te encuentre, tal vez lo mejor sea que nos aceptemos sin preguntas, sin historias, como si siempre hubiéramos estado juntos y todo esto tiempo fue tan solo un instante que pasamos solos, y que lo que realmente importa comienza ahora.

viernes, 4 de junio de 2021

Sobre el amor y el odio




Sobre el amor
Nadie sabe, y nadie ha sabido nunca, dar una definición exacta del amor. Y a falta de ésta, el hombre recurre a la metáfora. Intentando completar la frase “El amor es como” se han llenado cientos de libros y se han circulado infinitas historias. Por ejemplo, yo he escuchado decir con total seriedad, que el amor es como Jennifer López, porque aunque se ve muy bien por el frente, lo realmente valioso es lo que hay detrás.
(Colin Afool)

...
Sobre el odio
Pocos quieren aceptar que odian por una sola razón. Cuando alguien dice que odia a una persona, al principio da una sola razón, pero luego, como si alguien le preguntara “¿Qué más?”, empieza con una retahíla de pequeñas razones. Que es tacaño, que no sabe hablar, que se viste de un solo color. Quieren racionalizar, piensan que una sola razón no es suficiente. Cuando el odio necesita tan poca explicación, basta una sola razón, basta una pequeña razón. Algo así como el amor. Así como mucha gente no puede decir por qué ama, o da una razón tonta, así también es el odio. Lo sé, porque a mí también me han odiado por feo, y aunque les preguntes el porqué de su odio te dirán muchas otras cosas.
(Dustin Thewind)

viernes, 12 de febrero de 2021

El San Valentín más cursi



No son muchas las personas que saben que mantengo un sitio donde poner la cantidad de tonterías que se me ocurren, pero algunas de ellas en épocas normales me retan a escribir algo sobre tal o cual tema, y en ocasiones especiales me piden ayuda. Uno de ellos, un compañero del trabajo, me pidió algo de mi inspiración hace un año, cuando se acercaba el día de San Valentín y afortunadamente, aún se podía salir a la calle normalmente para tener una cita como Dios manda, en lugar de lo que pasa ahora, en que hay hacerlas por zoom y resignarse a un beso a través de la mascarilla, con lo incómodo que resulta. 

Como siempre, me negué caballerosamente, diciendo que no escribo por encargo y no siempre tengo la inspiración para tales cosas, ya que hace mucho que no tengo una musa propia. Esto no fue suficiente para mi amigo, que siguió machacando su pedido, porfiando cada pocos minutos y confiando en que el cansancio me haría acceder. Tuvo razón, así que le pedí un poco de contexto, los detalles de su plan y la forma en que entraría yo en dicho plan. 

El caso es que mi amigo quería un par de versos para agregar a su regalo y así pareciera más personal, y no quería correr el riesgo de que su enamorada los encuentre en internet para llevarse el crédito de la poesía. Fiel a mi reticencia, traté de disuadirlo explicando los detalles técnicos sobre la diferencia entre sonetos, octavas y décimas, y sobre la diferencia entre un poeta y un repentista o improvisador de versos, dado el poquísimo tiempo que me estaba dando. Transamos en que yo le facilitaría un par de frases para poner en la tarjeta del oso de peluche que le iba a regalar. Para ese entonces yo ya estaba picado y me propuse en secreto ponerle la frase más cursi que se me ocurriera. De este modo, el encargo sería un reto para mí, y para él su pareja no tendría problemas en creer que realmente él las había escrito. 

Con una sonrisa maligna tomé lápiz y papel (es sabido que estas cosas no se pueden hacer en un teclado) y me propuse crear las frases de amor más cursis jamás escritas. Buscando un poco en internet me di cuenta de que la vara estaba muy alta, porque encontré frases realmente antológicas, pero al final pude hacer varias candidatas, que le mostré, confiando en que al leerlas me las tirara por la cabeza y no me molestara más. El resultado fue este: 
  • La belleza del ocaso en una playa tropical… no es tan bella como tú. 
  • Reconstruí mi corazón pieza por pieza para empezar de nuevo, sin darme cuenta que deje adentro un pedacito de ti. 
  • Siempre río al último, porque es tu sonrisa la que me hace reír. 
  • Cuando estoy contigo apago la luz para que me ilumine tu sonrisa. 
  • Cuando no te veo, quisiera verte y hacer lo nunca visto. 
  • Hasta las princesas de Disney envidian el amor que yo te tengo. 
  • Ya no deshojaré margaritas preguntando si me amas, alguna podría decir que no. 
  • Hay quien se ahoga en un vaso de agua, yo me ahogo en tu mirada. 
  • Quiero sacarte una radiografía, solo para confirmar que también eres hermosa por dentro. 
  • Ayer pensé que era imposible amarte más, pero hoy te amo más que ayer. 
  • ¡Te quiero con muchos I Love Yous! 
Para mi sorpresa, le encantaron todas las frases, me agradeció efusivamente y me dijo que cambiaría el plan. Ahora imprimiría un pequeño libro con esas frases y se lo pondría al oso de peluche como si lo estuviera leyendo. No sé si la idea era buena o tan cursi que haría juego con las frases, así que no tuve objeción alguna. En retrospectiva, debí advertirle que las frases eran un shock diabético y solo funcionarían si su enamorada veía comedias románticas todos los días y tenía cuenta de wattpad, pero me quedé callado. 

No negaré que me interesó el resultado de ese plan, pero como el 14 de febrero caía en viernes, tendría que esperar hasta el lunes para saber si el famoso plan habría tenido el resultado esperado. Aprovechando que la casa de mi amigo quedaba de camino al trabajo, pasé por allí y al llegar a la esquina pude ver al oso de peluche tirado en la vereda, descabezado y con el relleno a la vista, como víctima inocente de un plan cursi de San Valentín, unas frases hechas con maldad y un enorme error de apreciación sobre el carácter y el sentido del ridículo de una mujer.

domingo, 4 de octubre de 2020

La casa


Cuentan que alguna vez, una bella mujer quiso construir una casa. 
Necesitaba un terreno, pues ya antes le habían ofrecido castillos en el aire. 
Un buen hogar debe asentarse sobre un terreno firme, le dijo el civil. 
Después vino el arquitecto y le propuso planear su vida. 
Cuando llegó el topógrafo, ella marcó su territorio. 
El picapedrero le ofreció una base sólida, no vayas a tropezar con la misma piedra. 
El carpintero quiso entablar una relación. 
Unas son de cal y otras de arena, dijo el cantero. 
El albañil quiso algo concreto. 
El techador techó de menos. 
El electricista le ofreció traerle luz y calor. 
El pintor propuso darle color a su vida. 
El jardinero quiso que la relación florezca, enterrando las diferencias. 
Incluso un abogado sugirió que debía tener al día las licencias, y le propuso formalizarse. 
Al final llegué yo y todo se derrumbó.

viernes, 21 de febrero de 2020

Frases para después de la ruptura


Un amigo, que circula hoy por el camino que todos han transitado alguna vez, que es el de la soledad, cuando parece que todo el mundo insiste en invitarte a sitios a donde no tienes pareja a quien llevar, me pidió mi inspiración prestada para una diatriba demoledora, algo que haga sentir así de miserable como ella lo hizo sentir a él. Me excusé diciéndole que aprenda a matar sus pulgas solo, porque no tengo ningún interés en convertirme en un Cyrano de Bergerac al revés, que el ataque a las mujeres no es mi estilo, y por último, bastante trabajo tengo ya tratando de que alguna mujer se me acerque como para estarles soltando frases ofensivas. - Oye, yo veo tu twitter y de vez en cuando sueltas una de esas frases vengativas que son las que yo busco -, me respondió. Y remitido a las pruebas, me sacó unos ejemplos que no me dejaron otra opción que bajar la cabeza y aceptar mi culpa.

Aun con la negativa de agregar material nuevo, le dejé al menos con unas cuantas de las frases de mi lista de twitter para que me deje tranquilo, y que presento ahora como frases para después de la ruptura, que puede que a alguien le sirvan en algún momento.
  • Cuando me dijiste que buscabas una media naranja, no me dijiste que lo que querías era hacer jugo.
  • Creíste llegar a merecer un libro. Apenas llegaste a ser una nota a pie de página. 
  • Pude escribirte todo un libro, un poema épico, un gran discurso… Y tú te conformabas con un mensaje de whatsapp cada hora. 
  • No te ilusiones. Tienes los pies muy grandes para ser la Cenicienta. 
  • Quise entonar una canción para ti, pero me dejaste solo de guitarra. 
  • Pudiste ser mi canción, pero no diste la nota. 
  • Yo compuse canciones por ti, tú quisiste los derechos… 
  • Así como Neruda, me gustas cuando callas en el karaoke. 
  • Le has hecho al amor lo mismo que Arjona le hizo a la poesía. 
  • Me puse a escribir tu historia, y había tanto por cambiar que al final no sabía en qué borrón habías quedado. 
  • Creías estar escribiendo una historia de amor, y solamente estabas llenando un checklist. 
  • Desde que te conocí, por tí soñaba. Tal vez sería bueno que no seas tan aburrida. 
  • ¿Qué sabe una galleta de la suerte de tí, de mí y de lo nuestro? 
  • Te bajé la estrella más brillante del cielo y tú dijiste que no era esa la que querías, sino la del costado.
  • A ti que que dices que todos los hombres son iguales, ya te quiero ver en China a ver qué dices. 
  • Tú que dices que solo fui un accidente en tu vida, yo también digo que fuiste un accidente, pero del tipo Chernobyl. 
  • Me pediste más tiempo. Te voy a dar cadena perpetua. 
  • Te llevaste lo mejor de mí. Económicamente hablando. 
  • Si el mundo se acabara hoy, lo pasaría contigo... para asegurarme de que te mueras. 
  • Cada vez que te decía que hoy estabas más bella que ayer, tú entendías que estabas más fea que mañana. 
  • Quiero ser el último hombre en tu vida. Es decir, aquel que ha de matarte. 
  • Cuando mueras, compraré el cementerio y pondré en su lugar una discoteca para que todos bailen sobre tu tumba. 
  • Ni yo era un sapo ni tú eras una princesa. Creo que ambos estábamos en el cuento equivocado.
  • Cupido, apunta bien la próxima vez, por favor. No quiero hacer el ridículo una vez más. 
  • No te confundas. Las mujeres maquilladas no son como las pintan.

martes, 11 de febrero de 2020

Un caso muy difícil


Como uno de los propósitos de Año Nuevo, me propuse encontrar una pareja, y como yo sí trato de cumplir con mis propósitos, aún sigo con la misión que me propuse. Investigando sobre el tema, descubrí que Cupido ya no es un niño con los ojos vendados que dispara sus flechas por el bosque. Ahora es un adulto con una esposa y un hijo que mantener. Por eso es que ya no está concentrado en el trabajo y no me manda a nadie desde hace mucho.

Decepcionado de los dioses paganos, tuve entonces que encargarme del asunto personalmente. Los resultados tampoco han sido positivos. Me he plantado con mi mejor sonrisa y he iniciado conversaciones con mis más exitosas ocurrencias, sin tener mayor suerte que antes. Las mujeres simplemente no parecen tener ninguna intención de acercarse a mí. Las pocas que me han dirigido la palabra han preguntado primero “¿A qué te dedicas?” para desecharme al enterarse de que no tengo un alto cargo en alguna gran empresa, y que ni siquiera tengo amigos o relaciones en algún ministerio, que eso se está buscando mucho también en estos días.

La búsqueda en internet tampoco ha dado resultado alguno. Llevo un récord perfecto de ningún “like” en las más conocidas aplicaciones de dating, tal vez porque hasta ahora no he podido hacerme una foto de perfil en donde no salga con cara de tonto. Nadie ha respondido tampoco a mis “likes”, lo que me ha llevado a la conclusión de que solo me gustan las mujeres que no se merecen a alguien como yo. Esto no es tan malo, pienso yo, porque la mayoría de los perfiles que encuentro allí parecen estar cortados con la misma tijera, diciendo que son gente que le gusta la sinceridad (cosa poco creíble con la cantidad de filtros que usan) y que gustan de una buena conversación con una copa de vino (y no mencionan al vino entre sus preferencias). Viendo los perfiles, descubrí además que lo que está de moda ahora para las mujeres no es buscar un “compañero de vida” sino un “Sugar Daddy”, que en castellano significa alguien que les pague todos sus gustos, por caros que sean. Y yo no califico ni para la primera cuota de una mujer así.

Ante la poca efectividad de los intentos anteriores, me he comunicado con algunos altos mandos de la iglesia para ver qué santo es el que tiene la mejor performance en conseguir parejas para gente como yo. Como mi caso es difícil, he recibido confirmación del cura de mi barrio de que las fuerzas celestiales están llamando a su equipo de respuesta especial, algo así como un comando SWAT, o Navy Seals, pero con aureola. Ya me han prometido la asistencia de San Valentín, San Antonio, San José, Santa Rita, y San Judas Tadeo, que es el arma secreta de este Dream Team celestial. Lo único que pide el citado curita es una generosa donación a la parroquia, a lo que he respondido que así como estoy, le pongo una catedral si es que obtengo resultados antes de la próxima boda a la que me inviten, que es la ocasión más a propósito para presentar a la nueva pareja.

El caso es que ya pasó el Año Nuevo, el Año Nuevo chino y todavía no veo resultados. Me informan que los santos han organizado una serie de casualidades de probabilidad ínfima para acercarme con una mujer que no se avergüence de ser vista conmigo en público. Parece que existe la traba burocrática de que lo que para mí sería un premio, para una mujer sería un castigo o una penitencia, y los santos no están autorizados a este tipo de cosas. El hecho es que mi caso tiene a los santos pidiendo milagros. San Valentín ya se ha excusado diciendo que se acerca su propio día y ya no puede descuidar a sus feligreses, San Antonio se hace el desentendido cuando le preguntan, Santa Rita me ha preguntado si mejor no pido un perrito o algo más fácil, como la paz mundial por ejemplo, y el cura de mi parroquia ha vuelto a pasar el cesto de las limosnas, abandonado el sueño de una nueva catedral.
Me hacen difícil conservar la esperanza.

miércoles, 24 de abril de 2019

Una pluma y un grano de arena


Anubis, el primer juez de las almas que llegan al inframundo, recibió a Tay, el constructor de templos. Debes saber – dijo Anubis al alma recién llegada – que aquí tu alma será pesada en la balanza del bien. Tay fue llevado a una habitación donde por todo mobiliario había un pequeño pedestal con una balanza dorada. En uno de los platos colocó una pluma. – Este es el peso del bien – Luego tomó una pequeña figura de arcilla en forma de corazón que su familia había colocado en su tumba y la puso en el plato. – Este es el peso de tu alma – dijo Anubis mientras ambos observaban cómo el platillo se inclinaba levemente hacia la izquierda, en donde se encontraba el alma de Tay. - Esto significa que no tienes derecho a llegar al País de los Cielos.

Tay intervino tímidamente. – El platillo está casi equilibrado, puede ser que puedas hacer algo. - Es cierto – respondió Anubis, - Pero aún no hemos terminado, hay algunas cosas que han dejado quienes te precedieron en el camino al inframundo – tomó un ladrillo y lo colocó en el platillo izquierdo junto a su alma. – Este ladrillo representa las veces que engañaste a tu señor para hacerle creer que el avance de las obras era mayor – El fiel de la balanza se inclinó definitivamente hacia la izquierda. – Para ahorrar material y tiempo, tus paredes eran más delgadas y los andamios más débiles. Eso ocasionó que se derrumbaran, matando y mutilando a varios de tus obreros, aquí está uno de los brazos de tus obreros como símbolo de las vidas que arruinaste, y esta barra de oro como testigo del dinero que cobraste a tu señor haciendo trampas. ¿Tienes algo que decir?

Tay sintió el miedo apoderarse de él. No ingresaría al País de los Cielos y en cambio su alma sería entregada a Ammyt, el monstruo que devora las almas de los impíos. Paralizado por la posibilidad, recordó de pronto lo que durante sus últimos días de agonía, le dijo el sacerdote que lo asistió. Debía recordar todas sus buenas obras para el momento del juicio, pero no podía recordar nada realmente importante, nada que pudiera equilibrar su corazón contra un ladrillo, un lingote de oro y un miembro humano. De pronto, se escuchó a sí mismo hablar atropelladamente, de modo que su voz parecía casi un chillido. – Todo lo hice para complacer a mi Señor, él siempre me apuraba, nunca se quejó de lo que hacía, siempre tuve su confianza, traed sus palabras y colocadlas en la balanza junto a la pluma, por favor…

Anubis colocó un papiro, símbolo de las palabras, en el platillo derecho de la balanza, pero el fiel apenas se movió.
- Además todo lo que hice fue para dar a mis hijos una vida mejor, soy todo lo que ellos tienen ¿Acaso el amor no tiene valor cuando se juzga un alma? –
Al decir esto Tay sintió su corazón encogerse, al igual que el corazón de arcilla en el plato de la balanza.
- Ya ves que sí, el amor puede mover la balanza, pero no es suficiente ese amor por tus hijos, como puedes ver, el fiel aún está inclinado hacia la izquierda – dijo Anubis.

En ese momento se escuchó otra voz en la habitación.
– Tienes razón, gran Dios. El amor por sus hijos, aunque grande, es muy pequeño en comparación al que sintió por su esposa, a quien acompañó fielmente hasta el día en que ella murió al dar a luz al último de sus hijos. Yo soy el alma de aquella por quien este hombre hizo todo lo que hizo, y como prueba presento este grano de arena de la playa del río en que nos conocimos, y en el que me juró amor eterno. Si el inframundo es todavía parte de la eternidad, ese juramento es válido aún.
Colocó el grano de arena en el platillo derecho, y la balanza se equilibró perfectamente. Anubis asintió e inclinó la cabeza.
– Es grande el peso del amor, sin duda, capaz de equilibrar el alma de este hombre. Puedes pasar, te guiaré al País de los Cielos, tu alma ha sido salvada.

viernes, 8 de febrero de 2019

El milagro de San Valentín


Era febrero, y era la segunda semana. Hasta esos días (y era ya el día doce) nada había pasado que hiciera diferente a este día de San Valentín del que se vivía todos los años. Las tiendas comerciales estaban llenas de anuncios de ofertas por el día de los enamorados, las radios tocaban todas esas mismas canciones de amor que pasan todos los años, los cines anunciaban la película romántica de la temporada, y los hoteles y restaurantes se preparaban para esos días de demanda pico.

Pero lo que pasó el día catorce no pudo ser predicho por los sociólogos, ni por los analistas de mercadotecnia, ni por psicólogos sociales. En los días posteriores se habló de una rara alineación planetaria, de los efectos de un extraño polen esparcido por el aire, e incluso se mencionaron teorías conspirativas e interpretaciones de las predicciones de Nostradamus. La verdad es que nadie anticipó lo que pasaría ese día.

Dicen algunos que todo empezó en el momento mismo en que los relojes marcaron las doce de la noche y se dio inicio al día de San Valentín. En ese momento, los enamorados celebraron con un beso que se hizo más largo y apasionado de lo que ellos mismos pretendían. Es el efecto del alcohol y del calor, dijeron unos pocos testigos. En la mañana todo volverá a la normalidad, añadieron otros. No fue cierto.

Desde la mañana se vieron por la calle parejas tomadas de la mano. Las despedidas de quienes salían al trabajo eran especialmente efusivas, y en los taxis y en los transportes públicos podía verse a las personas hablando de amor por los teléfonos. Muchos descubrieron sólo entonces que los mensajes de texto son un pobre sustituto del sonido de una voz amada, y que una conversación telefónica no es nada en comparación al contacto directo entre los cuerpos. Pudo verse a conductores y taxistas dando la vuelta para regresar a sus hogares. En las empresas el ausentismo fue marcado, sin avisos ni disculpas ni reportes por enfermedad, porque esa enfermedad en la que caían los empleados no admite excusas ni mentiras piadosas al jefe.

La enfermedad del amor, porque eso era, afectaba incluso a los que se creían a salvo de tales tonterías. Una mirada, una sonrisa y un tono de voz se convirtieron ese día en efectivas pócimas de amor, las parejas aburridas recordaban de repente el porqué habían decidido unirse, los que no llevaban tanto tiempo encontraron nuevas razones para estar juntos, hasta los que estaban separados se dieron una nueva oportunidad. Los solitarios hallaron ese día al fin el valor para hablarle a esa persona, y solo unos pocos fueron rechazados. Incluso entre los que no hallaron a alguien ese día renació la esperanza, la consciencia de que el amor es posible y alcanzable.

Pero para aquellos que veían al amor como una serie de sumas y restas, aquel día fue una catástrofe. Los restaurantes se quedaron esperando a sus comensales, las flores se marchitaron en las florerías, y los muñecos de peluche esperaron inútilmente en las vidrieras de las tiendas. Nadie necesitó ese día comprar chocolates, no fue necesario su poder afrodisíaco, como tampoco se necesitó de rincones oscuros o lugares secretos. Se amaba en las habitaciones, en los parques, en autos estacionados. El amor era abundante y público, y era un amor que no precisaba de regalos, justificaciones o disculpas.

La enfermedad del amor tuvo otro efecto secundario: No funcionaba en aquellas relaciones basadas solamente en el deseo, en el interés o en la venganza. Ese día se separaron muchas parejas que no estaban unidas por el amor y se aclararon muchas mentes al identificar claramente como amor lo que antes habían confundido con cariño o amistad.

Jamás se había visto algo igual, y los dirigentes de la nación, que habían sido llevados a sus altos cargos precisamente por ser impermeables al amor, tuvieron miedo. ¿Ese efecto era sólo temporal, o la gente quedaría en ese estado por siempre? Si era así, el modelo económico se derrumbaría, la gente se daría cuenta de que el amor no se compra en los comercios, los políticos no podrían ofrecer la felicidad a los votantes, e incluso pudiera ser que los pueblos olvidaran las enemistades nacionalistas y se pusieran en contra de las guerras. Esto era inadmisible y se convocó inmediatamente a un consejo de ministros. Los asesores y expertos convocados sólo pudieron ofrecer la teoría de que alguien había pedido el milagro de que el día de San Valentín se llene de amor. El presidente pidió opciones, pero cuando se estaba aún deliberando, descubrió que uno de sus ministros estaba enviando un mensaje de amor a su esposa. El gabinete se disolvió en medio del pánico, al descubrir que el amor se había infiltrado en las más altas esferas del gobierno. Solo quedaba esperar al siguiente día, con la esperanza de que todo regresara a la normalidad.

Y así fue. A la mañana siguiente, la gente miraba al sol matutino como quien despierta de una borrachera. Todos, ojerosos aún, se preguntaban si el día anterior no había sido un sueño desaforado. Hubo muchas disculpas ensayadas apresuradamente, pero muchas más sonrisas cómplices. Los barrenderos se cansaron de recoger de las calles papeles con versos y poemas, y el gobierno declaró solemnemente que se había declarado el día anterior como feriado no laborable. Varios días después aún podían verse las paredes llenas de mensajes que proclamaban el amor a alguna persona ausente, las frases de amor escritas apresuradamente en los asientos de los buses, en ventanas y en veredas fueron rápidamente borrados, los papeles con frases y versos que volaban al viento ya no fueron leídos y acabaron en los basureros. El tema no volvió a ser mencionado, se convirtió en un secreto que todos sabían, el día en que el día de San Valentín fue en verdad el día del amor.

lunes, 7 de mayo de 2018

Historias de amor animales


Ayer me puse a pensar en todas las historias que la gente no conoce por no comprender el lenguaje de los animales. Las historias humanas llegan a aburrir después de un tiempo. Dos personas se conocen, se quieren, pasan por dificultades y permanecen juntos. Solo mucho tiempo después aparecieron los finales tristes, en los que la pareja no termina junta, que son los que están de moda ahora, pero aún así, no dejan de ser predecibles. Los animales, en cambio, pueden contar historias de verdad, aunque el humano no pueda comprender todas.

Alguien me comentó hace mucho en mi pueblo que los animales son más bien simples, como las historias de amor de los conejos. Todas son exactamente iguales, me decía: Se conocieron, se amaron, tuvieron muchos hijos, los conejos. Debo confesar que nunca lo creí. Para mí el amor de los conejos ha de ser un amor volcánico, estrepitoso, desaforado, y siempre con un final feliz. Solo una vez escuché la historia del conejo romántico que miraba todas las noches la función de magia, esperando que el amor de su vida salga de aquel sombrero.

Siempre que alguien quiere comentar sobre un amor que supera todos los obstáculos, debo recordar lo que pasa con los leones. Ellos deben vencer a todos los leones de la manada si quieren conquistar a las leonas. A diferencia de los hombres, los leones no conocen el dinero ni la leonas hacen caso a la billetera. La pelea ha de ser limpia y solo puede haber un ganador, ya que entre ellos no se usa el tener amantes escondidos.

Las historias humanas de quienes dicen arriesgar todo por amor, no son nada comparadas a las de muchos mantis machos que saben que morirán por amor y aún así se ofrecen ante la hembra que les cortará la cabeza.

Es sabido que entre los cuervos existen poetas, aunque la voz no les ayude, Qué hermosa, tienes los ojos de tu madre, dice el cuervo a su futura pareja, ofreciendo todas las mazorcas del maizal.

A pesar de lo que se suele creer, el de las palomas no es un amor tierno y desinteresado. Las palomas son muy dadas a las convenciones sociales, de modo que sus historias se parecen mucho a los dramas ambientados en la Inglaterra victoriana. Y tampoco son desinteresadas. Todos los años llegan a mi jardín palomos buscando un lugar para hacer su nido, ya que las palomas no aceptan menos que un buen nido en una zona residencial, con acceso a parques y bien ubicado. Al palomo enamorado no le queda más que trabajar mucho y endeudarse para lograr la apariencia de un terrateniente y obtener el sí de la cuculí elegida.

Pero también hay historias tristes entre los animales. Tras buscarlo toda su vida, se convenció de que el amor es un mito, el unicornio. O el cangrejo, que prometió regresar pero se alejaba cada vez más cuando lo intentaba. Si amas a alguien, déjalo ir, y regresará, eso no funciona para los cangrejos.

Por último, están las historias de soledad, como la del melancólico sapo que escuchaba a sus compañeros burlarse en el estanque: ¡Oye sapo! ¡Allí viene la princesa que te gusta! Es por eso que los animales no se interesan en las historias humanas.

Un atardecer le conté mi desventuras a una gaviota en la playa. Me escuchó solo por cortesía hasta el final, para salir volando inmediatamente, con esa risa estridente tan propia de las gaviotas.

lunes, 13 de febrero de 2017

Adopta un peluche


Todos los años, en estas fechas, se incrementa el comercio de regalos por el día de los enamorados, y a la semana siguiente, los botes de basura se llenan de los restos de estos regalos: papeles de regalo, cajas de chocolates vacías, flores marchitas. Para gente como yo, que busca simbolismo en todo, estas cosas me hacen pensar si es que el regalo dura más que el sentimiento. ¿Cuántos amores se habrán marchitado antes que las flores? ¿Realmente valía la pena aquello que venía envuelto en papel de regalo? Tal vez si, tal vez no. El que la mayoría de los regalos por San Valentín tengan una vida efímera debería decirnos algo. Pero para cada mayoría existe una minoría correspondiente, y en este caso son los muñecos de peluche. Estos son más duraderos, y como descubrió una de mis amistades, más difíciles de desechar.

El caso es que un día aparecieron en su habitación dos peluches. Ella, que nunca había sido muy afecta a estos muñecos, se sintió extrañada al principio, hasta que pudo hablar con su hermana mayor al siguiente día. Sí, los peluches eran de ella, que había terminado con su enamorado y estaba en proceso de deshacerse de todo cuanto le recordara a él. Los muñecos no eran feos, así que aceptó quedárselos. Al fin al cabo, en ese tiempo era menor y no había tenido nunca a nadie que le hiciera este tipo de regalos.
Poco a poco se fue encariñado con uno de los peluches, lo que molestaba a su hermana cada vez que visitaba su habitación, así que una noche en que estaba especialmente sensible, lo escondió en su mochila del colegio. Así fue como inopinadamente, sus compañeras de clase vieron el peluche y pidieron la historia, creyendo que tenía un enamorado. Cuando contó la historia real, hubo un murmullo de incredulidad que fue disminuyendo hasta que sus amigas aceptaron la verdad. Entonces ocurrió otro fenómeno. Algunas compañeras decidieron hacer lo mismo y donarle sus propios peluches, símbolos de amores rotos. Al cabo de pocos meses la habitación de mi amiga estaba llena de peluches regalados, a quienes llamaba “mis huerfanitos”, nombre muy propio para los juguetes abandonados por una pareja que se separa.

Ya en la universidad, seguía siendo conocida como la que adoptaba peluches que quedaban sin hogar. Algunos de ellos eran de jóvenes que al crecer decidían deshacerse de sus juguetes infantiles, pero la gran mayoría seguía siendo producto de rompimientos amorosos.

La colección en ese tiempo ya había rebasado su habitación e invadido la sala y el cuarto de su hermana mayor, que para entonces ya había abandonado el hogar paterno, cuando tuvo que afrontar la decisión que muchos habían augurado desde hacía tiempo. Esta vez los peluches rechazados eran suyos. Ella era ahora quien tenía muñecos de peluche que le recordaban a quien ya no quería. Y su enamorado, al ver la colección, había sido generoso regalando bellos peluches. Fue entonces que inició su tradición anual de regalar peluches.
La primera vez llevó una gran bolsa llena de peluches a un barrio pobre como parte de una actividad social de un grupo del que formaba parte. Los niños estaban felices y no les importaba el hecho de que muchos de ellos tenían un corazón con frases del tipo “Te amo”. Pero los peluches le seguían llegando. En ese tiempo fue en que la conocí. Al ver en su casa la variopinta colección le pedí que me contara alguna de las historias detrás de los peluches. Pero ella no conocía ninguna. Los que regalan un peluche no quieren hablar de ello, me explicó. El regalar implica deshacerse de los recuerdos, quemar una etapa. Si no los recibiera terminarían en la basura. Apenas podía decirme algunas cosas. Este oso me lo dio una amiga cuando su compañera de cuarto se mudó y lo dejó abandonado, este me lo dio una mujer que no conocía, simplemente se acercó a mi, me preguntó si era yo quien adoptaba peluches y me lo entregó, este me lo dio una amiga, pero solo me dijo “tú ya sabes por qué te lo estoy dando”. Todos los peluches son huérfanos, y yo les doy asilo, fue la explicación.

Conversando con ella, llegamos a la idea de que pondría un aviso en el trabajo anunciando la campaña “Adopta un peluche”. El día designado llegó con su enorme bolsa de muñecos y encontró un nuevo hogar para casi todos. El más grande, un oso que podía sentarse en un sillón como si fuera una persona, lo llevó solo por foto, pero también encontró un nuevo dueño. A instancias de ella, también recibí un pato, un perro y un oso, que no duraron mucho antes de ser adoptados igualmente por niños que llegaron a mi casa y se fueron felices con su regalo. Desde entonces he recibido también en calidad de asilo un par de peluches abandonados, los que he vuelto a regalar poco después. Nada como mi amiga, que sigue hasta el día de hoy recibiendo y buscando hogar a peluches huérfanos y que por más que lo intenta, no puede vaciar su casa.

Esta es la historia de San Valentín de este año. No sé si es una historia de amor, es más bien una historia de segundas oportunidades. Y todos nos merecemos una.
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