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jueves, 10 de julio de 2025

Los románticos ilegales



Cuentan que en una ciudad, en un país, en un gobierno, se decidió que el amor era una invención del colonialismo europeo, aprovechado por la élite mundial dominante para mantener oprimido al pueblo, mediante la comercialización de objetos como flores, chocolates, vinos, y otros productos. Las historias de amor fueron vistas como una forma de adormecer al pueblo y distraerlo de sus responsabilidades de clase, alentando la insensata idea del progreso personal, que contradice las ideas de igualdad social impulsada por el gobierno. 
Desde ese momento se decretó que el gobierno debía aprobar la unión de las parejas, conforme a los principios revolucionarios, basados en comportamiento, etnicidad, y adhesión a los objetivos nacionales. El primer paso para llevar a cabo la abolición de la idea capitalista del amor fue la censura a todas las menciones románticas en los medios de comunicación. Se organizó un ejército de severos censores de la nueva decencia, que suprimían cualquier mención del amor en libros, periódicos, e incluso en folletos publicitarios y en las tareas escolares. Por supuesto, las redes sociales fueron su principal objetivo. Adquirieron sofisticados equipos de rastreo para identificar y encontrar a los autores de escritos y poemas de amor, así como a quien cometiera el error de poner un “me gusta“. 

Ante esta situación, apareció una red de tráfico ilegal de poemas y cartas de amor. Papeles escritos a mano o con impresoras caseras empezaron a circular clandestinamente. Se vendían en oscuros callejones décimas espinelas, versos, alejandrinos, prosas románticas y suspiros escritos, dirigidos a parejas de amantes que desafiaban las órdenes gubernamentales. Cuando estos traficantes eran atrapados por la policía, alegaban ser inofensivos, traficantes de drogas, aprovechando que el gobierno había relajado el control de este mercado, al considerarlo una opción aceptable al escape de la realidad que representaba el amor. Los escritores del mercado negro del amor empezaron a acumular riquezas, que se volvieron fáciles de detectar por el gobierno, ya que se sabe que toda revolución trae consigo años de escasez. 
Los censores, por su parte, buscaban mensajes o códigos secretos en las noticias deportivas y en los textos que hablaban del amor a la patria. Los chocolates y las flores se convirtieron en productos controlados, lo que no evitaba que fuera frecuente que estos fueran entregados con pequeños mensajes ocultos en el empaque, puestos por el empleado a cambio de algunas monedas. Poco después, los medios de comunicación, controlados por el gobierno, presentaban orgullosos las últimas noticias del desmantelamiento de una red criminal que distribuía cartas de amor ocultas dentro de pizzas entregadas por motocicletas de delivery. Los noticieros estatales mostraban también el éxito de las parejas aprobadas por el gobierno, en marchas que presentaban parejas que desfilaban serias y sin apenas mirarse. 

Cuando el gobierno creía tener la situación controlada, la policía secreta descubrió comportamientos inusuales en los actos oficiales. Jóvenes intercambiando miradas sospechosas, parejas tomándose las manos al entonar las marchas revolucionarias, abrazos grupales y vivas al presidente con un entusiasmo y una entonación que parecía significar otra cosa. Era difícil señalar una desviación específica a las políticas oficiales, y ni siquiera los agentes que se intentaron infiltrar pudieron dar pruebas de una conspiración. Los arrestos que se hicieron no tuvieron ningún efecto sobre las muchedumbres en los actos oficiales. 
Con el tiempo, el control se relajó, y ya no era raro ver a altos funcionarios acompañados de parejas que no eran las designadas por el gobierno. En los pueblos alejados había menor control, lo que provocó migraciones de jóvenes de las grandes ciudades. 
Hasta hoy, si se presta atención, se puede observar en el transporte público, a un hombre entregando una pequeña flor a una mujer, que le entrega a su vez un pequeño pedazo de papel. Los asientos dobles son dejados libres hasta que llega una persona, y poco después, otra del sexo opuesto, con quien intercambia miradas furtivas mientras los pasajeros que están de pie hacen pantalla para evitar a las cámaras y a los agentes del gobierno. Un turista extranjero, se alcanza a escuchar lo que dice en voz baja: Para recuperar el significado del amor, lo que se necesitaba era prohibirlo.

viernes, 4 de junio de 2021

Sobre el amor y el odio




Sobre el amor
Nadie sabe, y nadie ha sabido nunca, dar una definición exacta del amor. Y a falta de ésta, el hombre recurre a la metáfora. Intentando completar la frase “El amor es como” se han llenado cientos de libros y se han circulado infinitas historias. Por ejemplo, yo he escuchado decir con total seriedad, que el amor es como Jennifer López, porque aunque se ve muy bien por el frente, lo realmente valioso es lo que hay detrás.
(Colin Afool)

...
Sobre el odio
Pocos quieren aceptar que odian por una sola razón. Cuando alguien dice que odia a una persona, al principio da una sola razón, pero luego, como si alguien le preguntara “¿Qué más?”, empieza con una retahíla de pequeñas razones. Que es tacaño, que no sabe hablar, que se viste de un solo color. Quieren racionalizar, piensan que una sola razón no es suficiente. Cuando el odio necesita tan poca explicación, basta una sola razón, basta una pequeña razón. Algo así como el amor. Así como mucha gente no puede decir por qué ama, o da una razón tonta, así también es el odio. Lo sé, porque a mí también me han odiado por feo, y aunque les preguntes el porqué de su odio te dirán muchas otras cosas.
(Dustin Thewind)

viernes, 21 de febrero de 2020

Frases para después de la ruptura


Un amigo, que circula hoy por el camino que todos han transitado alguna vez, que es el de la soledad, cuando parece que todo el mundo insiste en invitarte a sitios a donde no tienes pareja a quien llevar, me pidió mi inspiración prestada para una diatriba demoledora, algo que haga sentir así de miserable como ella lo hizo sentir a él. Me excusé diciéndole que aprenda a matar sus pulgas solo, porque no tengo ningún interés en convertirme en un Cyrano de Bergerac al revés, que el ataque a las mujeres no es mi estilo, y por último, bastante trabajo tengo ya tratando de que alguna mujer se me acerque como para estarles soltando frases ofensivas. - Oye, yo veo tu twitter y de vez en cuando sueltas una de esas frases vengativas que son las que yo busco -, me respondió. Y remitido a las pruebas, me sacó unos ejemplos que no me dejaron otra opción que bajar la cabeza y aceptar mi culpa.

Aun con la negativa de agregar material nuevo, le dejé al menos con unas cuantas de las frases de mi lista de twitter para que me deje tranquilo, y que presento ahora como frases para después de la ruptura, que puede que a alguien le sirvan en algún momento.
  • Cuando me dijiste que buscabas una media naranja, no me dijiste que lo que querías era hacer jugo.
  • Creíste llegar a merecer un libro. Apenas llegaste a ser una nota a pie de página. 
  • Pude escribirte todo un libro, un poema épico, un gran discurso… Y tú te conformabas con un mensaje de whatsapp cada hora. 
  • No te ilusiones. Tienes los pies muy grandes para ser la Cenicienta. 
  • Quise entonar una canción para ti, pero me dejaste solo de guitarra. 
  • Pudiste ser mi canción, pero no diste la nota. 
  • Yo compuse canciones por ti, tú quisiste los derechos… 
  • Así como Neruda, me gustas cuando callas en el karaoke. 
  • Le has hecho al amor lo mismo que Arjona le hizo a la poesía. 
  • Me puse a escribir tu historia, y había tanto por cambiar que al final no sabía en qué borrón habías quedado. 
  • Creías estar escribiendo una historia de amor, y solamente estabas llenando un checklist. 
  • Desde que te conocí, por tí soñaba. Tal vez sería bueno que no seas tan aburrida. 
  • ¿Qué sabe una galleta de la suerte de tí, de mí y de lo nuestro? 
  • Te bajé la estrella más brillante del cielo y tú dijiste que no era esa la que querías, sino la del costado.
  • A ti que que dices que todos los hombres son iguales, ya te quiero ver en China a ver qué dices. 
  • Tú que dices que solo fui un accidente en tu vida, yo también digo que fuiste un accidente, pero del tipo Chernobyl. 
  • Me pediste más tiempo. Te voy a dar cadena perpetua. 
  • Te llevaste lo mejor de mí. Económicamente hablando. 
  • Si el mundo se acabara hoy, lo pasaría contigo... para asegurarme de que te mueras. 
  • Cada vez que te decía que hoy estabas más bella que ayer, tú entendías que estabas más fea que mañana. 
  • Quiero ser el último hombre en tu vida. Es decir, aquel que ha de matarte. 
  • Cuando mueras, compraré el cementerio y pondré en su lugar una discoteca para que todos bailen sobre tu tumba. 
  • Ni yo era un sapo ni tú eras una princesa. Creo que ambos estábamos en el cuento equivocado.
  • Cupido, apunta bien la próxima vez, por favor. No quiero hacer el ridículo una vez más. 
  • No te confundas. Las mujeres maquilladas no son como las pintan.

jueves, 26 de febrero de 2015

Santa Edita


Las historias en mi país nunca son aburridas, tal vez porque nunca las escriben los historiadores. Aquí la verdad se convierte en lo que cree el pueblo que sucedió, y cuando las cosas suceden todo el mundo presenta su propia versión de los hechos hasta que el público escoge su verdad, que suele ser aquella que presenta los elementos maravillosos, el realismo mágico que aquí no se limita a la literatura, sino que se cuela en todos los aspectos de nuestra vida.

Yo no llegué al comienzo de la historia, pero estuve antes que muchos de los que ahora se creen expertos en el tema. Me introdujo en ella uno de los técnicos que trabaja conmigo, al igual que yo muy aficionado a la música. De vez en cuando le presentaba a través de internet a algún guitarrista de quien pudiera aprender técnicas y estilos de tocar, y él a su vez me mostraba la música que escuchaba, que era la música que se escucha en las provincias del Perú, y que es ignorada o ninguneada por las radios de la capital. Esta es la música del provinciano, del migrante, la música de conciertos multitudinarios que pasan desapercibidos para los medios de comunicación oficiales, porque en dichos conciertos se vende cerveza libremente y en la gresca siempre sale a relucir algún cuchillo. Hay que ser bravo para ir a esos conciertos y quedarse hasta el final.

Así fue como conocí a Corazón Serrano. El técnico que me los presentó era fanático de su música, la que ponía incansablemente en su computadora mientras trabajaba, y convertía las fotos que conseguía en internet en fondos de pantalla en su computadora y en su celular. Así supe también de sus integrantes, provenientes del norte del país, una zona pródiga en agrupaciones musicales de cumbia, donde la música es un negocio familiar y no es raro encontrar grupos exitosos que tienen relaciones de parentesco unos con otros. Este era el caso de Corazón Serrano, que era un grupo formado en un pueblito tan pequeño que allí todos son parientes, y que logró éxitos cada vez más grandes hasta que se le podía escuchar en sitios tan lejanos del país como aquel en el que estoy trabajando.

El éxito de esta agrupación se debía, desde mi punto de vista, a que daba a la música la mayor importancia, y se preocupaban por hacer buenas canciones y tener buenas voces, sin apelar a las distracciones de un vestuario provocativo en sus integrantes como hace multitud de grupos de cumbia. Y no es que no tuvieran bellas cantantes, que si las tenía, pero alternaban con vocalistas masculinos, y comparados con otros grupos, el vestuario de las cantantes era casi recatado. Una vez comentaba con uno de los guardianes de la obra el tema de los escándalos de los que viven muchas cantantes de cumbia, y este me respondió tajante: Corazón Serrano no es así, ellos son cristianos, no se meten en esas cosas. Así era, ninguna de sus integrantes se desviste en calendarios o en televisión, ni sale con algún famoso.

Así eran las cosas hasta marzo del 2014, en que estalló el escándalo. Una de las cantantes fundadoras del grupo, Edita Guerrero, fue internada en un hospital debido a un aneurisma, falleciendo unos días después, dejando dos hijos, uno de ellos de meses de nacido, y a un esposo que extrañamente no aparecía en los reportajes de la televisión. Los noticieros y diarios de la capital se enteraron recién en ese entonces de la existencia de un grupo musical llamado Corazón Serrano, al ver la cantidad de gente pendiente de la noticia y el movimiento social que causó el hecho.

Pero las historias simples no gustan a la gente, no tienen el ingrediente que las hace recordables. Así apareció la versión de que Edita no habría ingresado al hospital por un aneurisma, sino por una tremenda paliza propinada por su esposo, un odontólogo de la capital de la provincia. La cólera popular estalló, los periódicos tuvieron tema de titulares para varias semanas, los políticos levantaron la voz exigiendo justicia, los expertos en cultura popular analizaban el fenómeno, los psicólogos hablaban sobre la sombra de tristeza que se veía en los ojos de Edita en las fotos y los jueces, obedeciendo o temiendo a la presión popular, ordenaron el arresto del esposo y la exhumación del cadáver para una nueva autopsia. Al final, no hubo resultados concluyentes, el esposo fue liberado tras mes y medio en la cárcel, convertido en un paria, amenazado de muerte, y el escándalo sirvió para convertir definitivamente a Edita Guerrero en un mártir de la música peruana y a Corazón Serrano en el acto más multitudinario del Perú, con conciertos transmitidos en directo a nivel nacional. La tarea de reemplazar a la vocalista desaparecida se convirtió en asunto de interés nacional y las declaraciones de los familiares sobrevivientes son siempre bien recibidas en los medios de comunicación.


Y la historia aún no termina. Si a la leyenda no le faltan los polos con su imagen, las páginas de facebook y las canciones escuchadas en cualquier lugar del Perú, están además todavía las misteriosas apariciones del espíritu de Edita Guerrero narradas por familiares, las que se han hecho en el hospital donde falleciera, el público pedido de perdón del esposo arrepentido ante la tumba, acompañado de sus hijos, las nuevas teorías sobre la muerte, y la apropiación del pueblo de la memoria de Edita, a quien ya se le prenden velas y se le piden milagros, pues su imagen ha trascendido a lo musical y se ha convertido en un icono que llegará tarde o temprano, qué duda cabe, a los altares, convertida en Santa Edita, la santa que caminó entre nosotros en minifalda cantando cumbias de letras tristes a los pobres, a los provincianos, a ese pueblo ignorado en la capital que ahora tiene a quién abogue por ellos en el cielo. 

domingo, 30 de marzo de 2014

El cementerio de robots


Camino en medio de las enormes pilas de chatarra con el dueño del depósito, quien me sirve de guía. Yo pensaba encontrar solamente montículos informes de chatarra y partes irreconocibles, pero esto es muy diferente: brazos, piernas y cabezas aun con la piel artificial colocada, que se ve sucia y desgarrada, haciendo que parezcamos circular entre montañas de cadáveres. Hasta ese momento, nunca me había preguntado qué pasaba con los robots que son reemplazados por modelos más avanzados.

-          Hay que tener cuidado al caminar – Me dice mi acompañante, mientras alista una larga barra de acero – A veces los robots atacan a los visitantes – Al preguntar cómo es que pueden atacar, me explica:
-          Desde que salieron los robots con baterías autorrecargables, se ha vuelto un problema, los robots obsoletos tienen aún carga cuando los traen aquí, y tratan de mantenerse funcionando.

En ese momento justo, uno de los brazos alcanza mi pierna, sujetándola fuertemente, haciéndome trastabillar. El dueño del depósito clava la varilla en la articulación, liberándome. Se escucha un grito apagado, el brazo estaba unido todavía a un pedazo de tórax y una cabeza. El grito es tan humano que me espanta, haciéndome retroceder, y a mi acompañante soltar una carcajada.
-          No se asuste, le dije que aquí pasan estas cosas…
-          ¿Por qué no desconectan a los robots antes de llegar aquí?
-          Es muy difícil apagarlos, señor, tienen pequeños servomotores en las articulaciones, y las baterías son autorrecargables, como le dije… Además, solo es cuestión de tener un poco de cuidado, ¡Mire, aquí hay otro! – Sin darme tiempo a reaccionar, asesta una estocada con la varilla a un robot que intentaba incorporarse. El robot cae atravesado. Al caer inerte, su mano es estrechada por otra mano robótica. La cabeza a la que pertenece la mano queda mirando con tristeza a su compañero.
-          ¡Los robots! ¡Están sufriendo!
-          No – me responde el dueño - es solo su programación de sentimientos artificiales…
-          Pero…
-          ¿Usted también es de los que creen que los robots tienen sentimientos? No, es solo programación, no es tan difícil programar sentimientos artificiales… Por ejemplo, si un robot detecta una situación de peligro para alguien a su alrededor, modificará su expresión para mostrar tristeza y buscará en su banco de datos alternativas de solución, como la que acaba de ver… Las bases de datos están cargadas con miles de situaciones en las que deben mostrar alegría, ira, tristeza… Si la situación no está en su banco de datos, mostrará sorpresa… No es tan difícil...

Un robot, semienterrado en la chatarra, trata de estirar un brazo mutilado. – Ayúdeme – Dice casi en un susurro. Esta vez la varilla le atraviesa justo en el ojo.
-          Hay que apagarlos, los robots pueden ser traicioneros… Una vez, me llegó un  robot autorreparante, tomó piezas de otros robots y juntó baterías para poder levantarse… Cuando me di cuenta, ya estaba atacándome… Suerte que tenía la varilla cerca… Otra vez sorprendí a uno que ya se estaba escapando por la cerca… Tuve que cortarle las piernas con una sierra…

Solo entonces me doy cuenta de la cantidad de robots que todavía pueden moverse débilmente. La montaña de piezas parece moverse penosamente en todas direcciones. Una de las cabezas me lanza una mirada de profunda tristeza mientras lágrimas sucias salen de sus ojos. El dueño no hace caso y solo usa la varilla con aquellos que tratan de levantarse. Todos los robots que han sido remplazados por modelos más modernos parecen estar aquí. Incluso puedo ver robots con formas infantiles tratando de arrastrarse fuera de la pila de miembros, cabezas y troncos despeinados y sucios. No imagino qué pasará cuando los nuevos modelos de robots orgánicos se vuelvan obsoletos y lleguen a este tiradero casi humano. Tal vez me ocurra lo mismo que al dueño de este cementerio de robots, a quien su trabajo ha endurecido tanto que no tiene problema alguno en atravesar cabezas y extremidades con una varilla de acero.

-          ¡Maldición! ¡Este estaba vivo! Esto está pasando cada vez más, señor, los ladrones asaltan personas, y cuando el robo sale mal, arrojan aquí los cuerpos moribundos… Sigamos a la oficina, tenemos que reportarlo…

jueves, 13 de febrero de 2014

La frase de San Valentín


Buscando algo bonito y esclarecedor que escribir para el día de San Valentín, rebusqué entre mis papeles y mis cosas algún verso o texto perdido que pudiera reciclar, o por lo menos me sirviera de puntapié inicial para escribir ese post que me merezca la posteridad entre la cantidad de tonterías que aparecen en internet con motivo de estas fechas. Ya que a mí no se me da lo cursi ni lo poeta, decido mantenerme en mi especialidad que es la tontura con clase, como la calificó una de las seguidoras de este blog en afortunada frase. El problema es que la musa que era mi casera anda coqueteando con otros tontos, según parece, porque por aquí ya no aparece ni de casualidad.

Antes de que se me caliente la hiel y decida traer a la mencionada musa de las orejas para que aprenda a no tenerme abandonado, reviso, como decía anteriormente, mis papeles anteriores donde colecciono los retazos de historias que me ocurren a ver si queda algo rescatable. Como siempre, no encuentro nada ni siquiera para un tweet, no digamos para un post completo. Revisando entre las interminables páginas de internet tampoco encuentro algo que me saque de la convicción de que en la red andan demasiados que se quieren parecer a Arjona o a Paulo Coelho, y casi ninguno que quiera parecerse a Becquer, o por lo menos a Sabina.
Decido entonces armar un post con retazos de frases que tengan por tema el amor, de esos que andan sueltos por el twitter como perro por su casa, y que terminan la mayoría de las veces con un “Tú sabes a quién me refiero”. Esta es una frase que debe usarse con cuidado, porque la primera y única vez que la usé tuve que desgastarme aclarando a quién iba dirigida la mención: No, tú no eres; Tú tampoco, que a ti ya te olvidé; Tú menos, cómo se te ocurre; A ti es que te digo; No, a ti no; Tú, a ti te digo, no te hagas la tonta, etc.

En fin, mi intención era pedir a distintas personalidades una frase alusiva a estas fechas amorosas para publicar. Pero como esas personalidades ya me conocen, creían que la cosa iba de chiste y me dejaron frases bastante tontas. Con todo, decido publicarlas hoy, porque sé que estas frases vienen del corazón, y a fin de cuentas, el amor nos vuelve tontos a todos y cuando uno está enamorado se cree que cualquier tontería es poesía, más o menos como cuando le dedica a su enamorada una bachata. Pongo aquí entonces las frases famosas antes de que regrese la musa y me interponga una demanda por escribir sin su permiso:
 Pienso en ti, luego existes. (Descartes)
  • Sin embargo ¡Cómo te mueves, morena! (Galileo)
  • Que sueñes conmigo. (Freddy Krueger)
  • Si no existieras, tendría que armarte. (Frankenstein)
  • Hoy te ves muy mona. (Darwin)
  • Qué ganas de llegar a tu corazón. (Drácula)
  • Eres el amor de mi tercera vida (Un gato)
  • Ay, que me vas a hacer perder la cabeza por ti. (Maria Antonieta)
  • Tú sabes que eres la única mujer para mí (Adán)
  • Te juro, mi amor, que los enanos eran solo amigos. (Blancanieves)
  • Me gusta cada pedazo de ti. (Jack el Destripador)
  • Mi vida, tú sí que tienes un físico impresionante (Einstein)
  • ¿Que te traiga la luna dices? Está bien, haré el intento. (Neil Armstrong)
Ya que dicen que el amor vuelve tonto al más sabio, que tengan un tonto y feliz día de San Valentín.

miércoles, 20 de febrero de 2013

El regalo de San Valentín



Llega el día de San Valentín y hay que regalar algo, ya sea por presión de los medios publicitarios, porque todo el mundo lo hace, para olvidar que el resto del año no se ha regalado nada, o simplemente porque se espera que uno lo haga. De cualquier modo, hay que salir a la calle a buscar algo, revisar las ofertas por internet, y preguntar a todos los conocidos si alguien sabe algo o tiene una buena idea de regalo.
Aun así, hay dificultades en el camino. He recibido hace unos días la carta previa avisando que no quiere que pase lo de los años anteriores. Maldita memoria de las mujeres, pienso al leer la última frase de la carta, que suena como una amenaza mortal: ¡NO MÁS PELUCHES! Ya me suena eso conocido al leerlo poco después como mensaje de texto, luego escucharlo como llamada telefónica y después personalmente al encontrarnos en el almuerzo. Siento un poco de pena por la tienda de peluches cerca a mi casa, que me tiene como a uno de sus mejores clientes y que este año no podrá pagar el colegio de sus hijos por culpa de esta prohibición.

Empiezo a pensar ahora en qué es lo que les gusta a las mujeres. ¿Peluches? No, eso me lo acaban de prohibir. Estoy seguro que no podré recurrir tampoco este año al lugar común de decir que la intención es lo que vale. Recuerdo esa vez que intenté escudarme en ese dicho y mi único regalo fue precisamente eso: una intención. La respuesta me duele aún en la mejilla cada vez que me río.

Sigo intentando ¿Peluches? Sería una buena idea si no fuera porque creo que algo me han dicho que no quería peluches o algo así. Los chocolates, el otro medio socorrido por los hombres con falta de imaginación, me causa miedo desde aquella vez en que le llevé unos bonitos chocolates en forma de corazón y la vi comerlos con tal avidez que me pareció una aterradora metáfora ver a una mujer destrozando y devorando el corazón de un hombre sin remordimiento alguno.

Debe haber otra forma de regalar a una mujer. ¿Peluches? Creo que no es una idea muy buena. Creo que algo me mencionó sobre que no quería peluches. Tal vez un ramo de flores. La florería, que está en temporada alta me desanima al querer cobrarme por un ramo de rosas como si quisiera venderme el jardín entero. Además, el tiempo en que he estado dudando ha hecho que ya todos los ramos estén reservados. Solo quedan algunas margaritas sueltas en mal estado. Descarto la idea.

Empiezo a pensar si no sería mala idea comprarle un peluche. ¿No me había dicho algo sobre los peluches? No puedo recordar si es que me había dicho si le gustaban o es que quería uno. También podría ser un perfume. Me asalta la duda si es que no pensará que sea una indirecta y que crea que yo opino que huele mal y necesita un perfume. Veamos: Jennifer Lopez, Shakira , Emma Watson, Kate Winslet. Todas las estrellas de moda parecen tener su propio perfume. El único perfume que está dentro de mi presupuesto es el de Amy Winehouse, que parece que ya está un poco pasado porque huele a borrachera rancia. No sé si es porque Amy Winehouse ya está muerta hace tiempo o porque el perfume representa la vida agitada que vivió.

La hora se acerca y tengo que tomar una decisión. Compraré un peluche. Al pagar, siento una sensación extraña. Creo que ella mencionó algo sobre los peluches, pero no puedo recordar exactamente qué fue. Bien, una vez pagado y envuelto el regalo, me dirijo a nuestra reunión.

 Nuestra reunión no fue para nada como yo lo esperaba. En realidad, todo fue bien hasta que ella abrió el regalo. Allí empezaron los gritos, la histeria, y el pobre peluche volando en línea recta hacia la ventana más próxima. Yo solo pensaba en que no entiendo a las mujeres. Con todo lo que he pasado para encontrar un buen regalo ¿Cómo quiere que me acuerde que me dijo que no quería un peluche? Al salir del restaurante, me puse a reventar todos los globos en forma de corazón que encontré en el camino. Sí, esto también tiene valor como metáfora. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

Diatriba


Su despedida fue un monólogo largo y frondoso. Durante largos minutos me fue describiendo todo lo que había tenido que soportar, los días sin noticias, las faltas de atención y mis imperdonables descuidos. No faltaron los adjetivos y comparaciones. Sin duda un discurso brillante, realizado con convicción irresistible, adornado con las metáforas e hipérboles apropiadas para el momento. Hacía un certero análisis de todos mis defectos, citando todas las veces en que le había fallado, en perfecto orden de importancia y nombrando cada vez el efecto perverso que ello había causado en sus sentimientos. Por si fuera poco, agregó todo aquello que pude haber hecho y que no hice, para culminar expresando sus planes para el futuro que tenía ahora que ya no contaría con el lastre de mi presencia.

Yo escuchaba todo aquello y lo único que se me ocurría pensar era en el buen uso que le había dado a todos los libros que le había regalado durante nuestra relación.

lunes, 13 de febrero de 2012

Cupido

Mucho tiempo ha pasado desde aquellos apacibles años en la Grecia antigua, cuando Cupido y sus flechas eran la esperanza de los jóvenes núbiles y el temor de los padres que buscaban “un buen partido” para sus hijas. En aquel tiempo no era raro sentir la presencia del alado dios en los bosques, con flechas de oro que inspiraban el amor, y flechas de plomo que provocaban el desdén. Entonces era apenas un niño que no se daba cuenta del inmenso poder que tenía. Ni mortales ni dioses estaban libres de su arma, la cual ni siquiera dominaba, pues muchas flechas erraban el blanco e iban a dar a las personas menos esperadas.

Hoy las cosas han cambiado para Cupido. Ya no es un niño. Ha crecido, ahora tiene una esposa, Psique, que trata de ponerle algo de sentido a sus elecciones de blancos. Ya no puede ir corriendo por los campos desnudo y con una venda en los ojos. Hoy debe ir vestido con elegancia para que no le crean un loco, lo que no evita que al verlo, la gente lo confunda con un metrosexual. La venda se ha convertido en unos anteojos oscuros de moda, pues debe ver bien hacia dónde va para no ser atropellado por un camión.

El mundo ha cambiado también. No es raro hoy en día que una a parejas distantes entre sí, aprovechando las mejoras en los caminos. Con el tiempo ha aprendido también a utilizar los modernos medios de comunicación. Se ha convertido en un experto hacker que merodea por las redes sociales lanzando flechas electrónicas como si fueran virus informáticos. Su arma es ahora más sofisticada que el simple arco de antaño. Hoy tiene mira láser y visión infrarroja, necesarias para disparar en la penumbra y el ruido de las discotecas, en medio del humo y el reggaetón.

Pero por alguna razón, las cosas ya no son como antes. Al parecer las flechas ya no vienen con la calidad de antes. El amor contenido en sus flechas ya no parece durar tanto como antes, y después de algunos años ve a parejas unidas por él en los juzgados de divorcio. Tal vez sea que está comprando sus provisiones en China.
Incluso en aquellas parejas a quienes ha disparado sus flechas algo no parece funcionar del todo. Las personas no quieren aceptar los efectos del amor por miedo a su propia apariencia. Quieren adelgazar, engordar, desarrollar músculos, estilizar la figura, cambiar la forma de su rostro, y disfrazarse con maquillaje antes de conocer a aquel a quien Cupido ha destinado su flecha. Y rechazan a la pareja designada por no ser tan alta, rubia, bien vestida, bella como ellos quisieran.

Sin embargo, hay esperanza. Algunos de los disparos funcionan todavía bastante bien. Algunos aún retan al resto del mundo y se unen en el amor, indiferentes a los comentarios de la gente, que sigue repitiendo desde hace 2,500 años los mismos comentarios:

- Y estos dos ¿Cómo llegaron a juntarse…?

sábado, 27 de agosto de 2011

Pedazos de historias sobrantes

Juguemos a imaginar

Juguemos a imaginar, mirando al infinito , armando las historias que jamás nos han contado.
Juguemos a entrelazar sueños, hilvanando fantasías, viajando a lugares que ni siquiera han sido inventados.
Créame una realidad alterna, donde solo haya blanco y negro de colores, donde las cosas sean como las soñamos.
Vamos, toma mi mano, mi mente y mis emociones y juguemos a imaginar.


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En el Consejo de los Jedis

Yoda: El miedo es el camino hacia el lado oscuro. El miedo lleva a la ira. La ira lleva al odio. Y el odio lleva al sufrimiento.

El Tonto: Yo solo le preguntaba qué autobús lleva al centro…


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Distracción
Hay días en los que el cerebro no trabaja,
no realiza sus funciones laborales eficientemente.
Entonces el astuto corazón se aprovecha,
y permite que la boca diga lo que no se debe.

¡¡Le vamos a descontar esas horas de su sueldo!!
(Esta también la saqué de otra parte, pero no recuerdo de dónde)

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Solo para justificar el título

¡Que pedazos de historias!

lunes, 25 de abril de 2011

Explicación


Vea Señor, yo sé que usted me va a comprender… Usted es hombre y ha pasado por esto. ¿Qué cómo lo sé? Porque usted es hombre, por eso… Todo hombre ha sufrido por una mujer ¿Verdad? Tal vez mi historia no sea diferente de cualquier otro, pero es la mía, mi propia historia…

No voy a contarle cómo empezó… No viene a cuento y además a lo mejor a usted no le interesa… Porque a usted lo que le interesa es lo que acaba de pasar ¿Cierto? Claro, cómo no va a ser cierto, sino no estaría usted aquí… La cosa es que lo nuestro acabó, y yo me sentí mal, muy mal… Como dije, usted es hombre, y estoy seguro de que sabe cómo son estas cosas… ¿Qué es lo que hace un hombre en estos casos? La mayoría sale a emborracharse, a tratar de olvidar con otra mujer, ya lo sé… Pero yo no soy cualquiera… No soy mucho de tomar, y tratar de olvidarla con otra ¿No le parece absurdo? Es como si yo me quemara y para curarme pusiera nuevamente las manos al fuego… No, esa no es la manera… ¿Matarla? ¡Por favor! ¡Es lo último que yo haría! No es que no sea fácil matar a una persona, hay muchas maneras, se lo digo yo, que tengo cierta cultura y que me gusta leer las novelas policiales… No, el verdadero problema es borrar las huellas, deshacerse del cuerpo, esas cosas… A los asesinos siempre los atrapan tarde o temprano por algún detallito olvidado, y yo no voy a desgraciar mi vida por ella…

Como le decía, lo mejor es el olvido… Lo que la mujer más odia es el olvido… Pero no es fácil olvidar, no… Uno tiene que cambiar de rutas, dejar de ver a ciertos amigos, dejar de hacer las cosas que le recuerdan a ella… En fin, lo que hay que matar es el recuerdo, borrarlo, exorcizarlo… ¡Sí! ¡Eso fue exactamente lo que pensé! ¡En exorcizar su fantasma, su recuerdo!

Así que reuní todo aquello que me traía a la mente su recuerdo, todo lo que ella hubiera tocado: cartas, fotos, regalos, los peluches… Ahora puedo decirlo: ¡Odiaba esos peluches! Claro, hubo cosas que se me hizo difícil incluir, como una camisa y una corbata que en verdad me gustaban… en fin, junté todo con la intención de alejarlo de mi vista para siempre… Y como le decía, para exorcizar su fantasma debía quemarlo todo, que el fuego purifique todo lo que ella representaba en mi vida, que su memoria se convierta en humo, que el humo se aleje con el viento, y que las cenizas sean esparcidas hasta que no quede rastro de que alguna vez existió en mi vida. Una ceremonia pagana, un entierro en el cielo es lo que yo buscaba… Al ver arder su recuerdo, yo reiría, curado al fin de las heridas, viendo en las llamas un anticipo del infierno, y gritando, orgulloso, que en adelante quedaría yo exorcizado, curado de mis males, libre al fin... ¡Ella ya no sería capaz de hacerme más daño!

Y así fue, señor, como empezó el incendio…

miércoles, 16 de febrero de 2011

San Valentín en emergencia

En aquel hospital, el día de San Valentín fue una locura. Aquel día, declaraciones tales como “Me rompieron el corazón”, “Me muero por ti”, o “Heridas de amor” cobraron un valor para nada metafórico.

Primero llegaron los hipocondríacos del amor, quejándose de inexistentes males del corazón. Ellos se quedaban poco tiempo, pues pronto llegaban sus parejas a llevárselos, tratando de convencerlo de que no pasaba nada.

Conforme avanzaba la tarde, llegaban más enfermos de amor, quejándose de fuertes dolores de pecho. Algunos de ellos fueron despachados rápidamente al comprobarse que era solamente una indigestión, o una falta de aire.

Ya al llegar la noche la aglomeración era tal que se tuvo que dividir a los recién llegados en varias filas. Por un lado los que tenían el corazón herido, en otra columna aquellos de corazón sangrante, y en otra los más críticos, los que tenían el corazón completamente destrozado.

A pesar de que se trató de poner orden, no se pudo evitar la presencia de los traficantes de órganos. Ofrecían corazones sin usar para aquellos diagnosticados con males irreparables, y buscaban intercambiar corazones, para aquellos que lo tenían muy grande o muy pequeño.

En la noche había ya una multitud y los médicos no se daban abasto para atender a todos. Ante tanta espera, algunos pacientes decidieron curarse entre ellos y se fueron juntos. Otros vendían sin ningún escrúpulo su lugar en la cola. Eran, sin duda, personas sin corazón.

Ya solo se dejaba pasar a los casos más graves. Aquellos suicidas que quisieron arrancarse ellos mismos el corazón, o los que tenían el corazón casi completamente muerto.

Al acercarse la mañana, y viendo que el día de San Valentín ya había terminado, los pacientes se fueron retirando poco a poco. Muchos se dieron cuenta de que sus males no eran tan graves. Otros se fueron pensando que quizás podrían soportar un año más…
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