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domingo, 21 de febrero de 2021

Escalera al cielo



El universo está al revés, decía Rovira. ¿Por qué tenía Dios que poner el cielo arriba y el infierno abajo? Si el cielo estuviera abajo en vez de arriba, sería más fácil para nosotros llegar. En cambio, es el infierno lo que nos han dejado abajo, y ya se sabe, es más fácil bajar que subir. Vea usted, si yo doy un salto muy grande, no llegaré al cielo, subiré un poquito y después bajaré, así que llegar allá es muy difícil. En cambio, con un salto muy grande hacia abajo, me rompo la crisma y me voy derechito al infierno. Solo por eso el infierno ahorita ya debe estar reventando de gente, y en el cielo debe sobrar espacio.

sábado, 24 de octubre de 2020

El amor es como la electrólisis


Dentro de todas las definiciones del amor convertidas en metáfora, hay una que me dejó pensando. Me la dio un viejo profesor de química, una persona de quien ninguno de los compañeros de la universidad esperaba que conociera temas de este tipo. El amor es como la electrólisis - nos dijo una vez que la clase se tornaba aburrida y él aprovechaba para divagar – existen dos electrodos, que no son más que dos trozos de metal de los que hay muchos en el mundo. Pero hay una solución líquida entre ellos, que les aporta electrones y cargas eléctricas. Cuando esta solución, tan parecida al amor, los conecta a los dos, se cierra el circuito y se genera una reacción química. Y esta reacción genera electricidad. Un electrodo da algo de sí al otro, y recibe a cambio electricidad. Esto es la electrólisis. Si la reacción es buena, es decir, se los metales son puros y la solución líquida es buena, se generará mucha energía. ¿Y ustedes, jóvenes, todavía tienen electrones que aportar a la reacción? Porque la solución se gasta y ya no puede mantener la reacción, la solución y los electrodos ya dieron todo lo que podían dar y así la reacción muere. Igual que el amor.

martes, 17 de junio de 2014

En la tierra de las metáforas


Después de una noche completa de conversación y diversión, soñé que llegaba a la tierra donde uno se convierte en metáfora. Esto, que parece un lugar de ensueño y deseos realizados, es en realidad un lugar terrible, creo que depende con quién vayas. Voy a tratar de explicarlo.

Apenas puse pie en la tierra de las metáforas me convertí en vaso. Yo no tengo problemas en ello, pero tú empezaste de lamentarte “¡Estoy medio llena!” no parabas de decir. Yo trataba de responder que yo te veía medio vacía, pero no servía de nada. No dejabas de compararte con las finas copas de cristal, altas y delgadas, hasta que llegó la multitud de vasos medios vacíos huyendo despavorida. “¡Allá viene!, ¡Allá viene!” repetían. ¿Quién viene? preguntaba en medio del barullo. “¡Es la gota que derramó el vaso!”. Ante tal peligro, me uní a la estampida corriendo, no vaya a ser que me derramen a mí también.

Corriendo, corriendo, llegamos al distrito de los clavos. De pronto me vi hundido hasta la mitad en una tabla, incapaz de moverme, cuando empezaste de nuevo. “¿Por qué nunca me sacas?” Quise explicarte que no creo en eso de que un clavo saca a otro clavo, pero tú insistía en que en todas partes otros clavos sacan a otros clavos a bailar, a cenar y que yo nunca te saco a ninguna parte. Me quedé pensando en que pareces un clavo, pero tal vez lo que pasa es que te falta un tornillo. Tal vez lo que pasa es que no tengo madera para ser clavo.

Salimos del distrito para entrar en el valle de las liebres. Nuevamente empezaste a arruinarlo todo con tus preguntas “¿Por dónde crees que voy a saltar?” Fue inútil tratar de explicarte que por donde menos se piensa salta la liebre. Tú seguías lamentándote “Pero tú me conoces, tienes que saber”. Pero nunca funcionaba. Siempre que creía conocer el lugar ¡Pum! salta la liebre en otro lugar que no se me había ocurrido.

A estas alturas ya me estaba aburriendo, cuando llegamos a una playa llena de peces. Es que hay muchos peces en el mar, me decían. No gracias, estoy bien así, les respondía. Pero los peces no se rendían. Si quieres, te podemos mostrar el camino hacia el prado de las telas raídas, allí nunca falta un roto para un descosido. Pero yo ya no tenía ganas de quedarme.

Ofuscado, decidí irme de la tierra de las metáforas y regresar a mi mundo antes de que se me pase el tren. No es que esté tan mal, pero uno siempre ve más verde el pasto del otro lado.

jueves, 5 de septiembre de 2013

La piedra en el camino

La vida se asemeja a un camino por donde cada uno transita. El camino, dependiendo del recorrido, puede ser una tranquila vereda rodeada de árboles que nos dan sombra y en cuyas copas cantan hermosas aves. Aunque el paisaje es bonito, sabemos que no nos podemos detener a descansar. Simplemente caminamos alegres disfrutando de la vista. Otras etapas del camino pueden ser senderos rocosos cuesta arriba, con un recorrido sinuoso que nos hace dudar de que realmente estemos avanzando.
Y existen también las piedras en el camino. Algunas piedras son muy pequeñas y se meten en los zapatos, ocasionando molestias al caminar. En estos momentos es una buena idea detenerse un momento para sentarse y sacarse la piedra.
Algunas piedras nos hacen tropezar y maldecir al camino. Estas piedras nos golpean la canilla y el tropezón nos golpea los codos, el brazo, la cabeza. Sin embargo, a algunos les agrada la experiencia y vuelven por el camino para encontrarse con la misma piedra y volver a tropezar.

Hay también piedras mucho más grandes. Estas obstruyen todo el camino, dejándonos con la duda de seguir por otro camino, o tratar de rodearla. Pero la piedra ha llegado hasta allí por algo.  La piedra quiere que nos esforcemos, que pensemos cuál es la mejor decisión a seguir. El primer impulso siempre es rodearla, pero es imposible. Un lado del camino da al abismo y el otro da sobre la pared de la montaña. El regreso significa la derrota, el fracaso, la vuelta sin gloria. La opción correcta, pero a la vez la más difícil, es mover la piedra. Al mover la piedra abriremos el camino a quienes vienen detrás, para que ellos no encuentren las dificultades que nosotros. Pero una sola persona no puede mover la piedra. Necesitará otros que lo ayuden, necesitará amigos, familia. Nadie ha dicho nunca que mover una piedra que obstruye todo el camino sea tarea fácil, pero sabemos que es lo que hay que hacer. Al final, la piedra que ha sido retirada quedará como recuerdo de que pudimos vencer las dificultades. Los siguientes que pasen agradecerán a quien hizo su camino más fácil.

Esta, que es una simple metáfora de la vida, nos sirve para aprender algunas cosas que necesitamos. Y algunas cosas que debemos recordar, por lo que de vez en cuando esta lección se me cruza en el camino. Como hace poco, cuando iba por el área de la obra en donde estoy trabajando, y encontré lo que parecía una enorme piedra sobre un pedestal, como si estuviera lista para ser cargada por una grúa. 


Al acercarme veo la placa que está en la piedra:




Así es. Las lecciones están donde quiera, para que no las olvidemos. La metáfora se convierte en una realidad y la realidad nos recuerda a la metáfora.
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