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lunes, 23 de octubre de 2023

Anticuento



Alguna vez, en un reino muy antiguo y lejano, durante una gran celebración, el rey invitó a todos los artistas de su reino a hacer una obra que represente a la felicidad, ofreciendo como premio una gran bolsa de monedas de oro. Se presentó un famoso escultor, que mostró un mármol con la alegoría de una hermosa mujer con una gran sonrisa. Demasiado académico, dijo el rey. Pasó a la siguiente obra. Era un lienzo con la imagen de una fiesta en donde jóvenes cantaban y bailaban. Demasiado predecible, opinó el rey. Así fue pasando ante todas las obras, encontrando defectos en todas y diciendo que ninguna de las obras representaba fielmente la felicidad. Hasta que encontró un papel que alguien había colocado sobre la mesa, en donde se veía el garabato de un niño de la mano de su madre. El rey al fin sonrió complacido. Esta es la verdadera imagen de la felicidad, dijo, no es la complejidad de un arte, ni una alegoría, es el simple sentimiento. Toda la corte asintió en reconocimiento a la sabiduría del rey. Solamente la gente del pueblo, que desde el principio dudó de que el rey hubiera abandonado la costumbre de la tacañería, empezó a decir en voz baja que no era de extrañar que diera el premio a su propio hijo por dibujar tan solo un garabato.

martes, 16 de octubre de 2018

Lo que pienso ante una frase de autoayuda

Nelson Mandela - Famoso clavadista
En el lugar donde estoy trabajando, hay áreas y oficinas que no sabemos muy bien para qué sirven, o de las que ignoramos totalmente su existencia. Una de estas áreas nos envía todos los días por el correo corporativo una frase de autoayuda, dentro de una imagen inspiradora, como para convencer a la gerencia de que realmente aportan valor al proyecto y no los despachen en la próxima ajustada de cinturón o campaña de austeridad de la empresa. A la responsable de estos mensajes la conozco y no es una mala persona, a pesar de los libros de superación personal que mantiene en su escritorio. Quizás hasta se cree que todas esas frases nos sirven para cumplir con los plazos ajustados que tenemos para lograr los resultados que nos piden, a juzgar por sus respuestas cuando trato de hacer una crítica constructiva a sus frases. Tal vez a raíz de esto, en uno de los mensajes corporativos que nos envía a diario, pidió un “feedback” o retroalimentación, indicando las frases que más nos habían gustado. Yo no podía dejar pasar la oportunidad de explayarme más sobre mi opinión sobre las frases de autoayuda en general, así que le respondí más o menos de esta manera:

“Aprovechando la ocasión en que a todos se nos pide una opinión, escribo algunas líneas sobre lo que se me ocurre al ver estas frases. Digo al ver estas frases porque no solo se trata de leer, para mí la frase es inseparable de la imagen que le sirve de fondo.

Y al ver las fotos, debo anotar que no siempre la elección ha sido afortunada. ¿Han notado que en todas las frases que hablan de liderazgo se ve a una persona solitaria? Debe ser la soledad del poder. En otros casos se obvia la imagen del autor de la frase para poner en su lugar a una linda chica. Tal vez Roosevelt era muy feo y su cara no inspira ansias de superación personal, tal vez es una estrategia de esas que mezclan la psicología con el marketing, lo más seguro es que quién sabe, como decía un amigo mío. Pero eso no quita que hasta tenga miedo de encontrar a alguien que realmente crea que Alfonsina Storni era una rubia con rostro de reina de belleza. Valga la ocasión para aclarar algunas cosas sobre los autores de las frases: Will Smith no es un motivador, es un rapero, y las frases que aparecen de él no las dijo, son dichas por su personaje Chris Gardner, cuyas frases fueron a su escritas por el guionista Steven Conrad para su película. Del mismo modo, Morgan Freeman no es Nelson Mandela, y por enésima vez, Paulo Coelho no es un escritor.

Hecha esta pequeña disgresión, comento algunas de las frases que me llegaron, si no al alma, al menos a mi buzón corporativo. Recuerdo que las primeras frases que llegaron cuando empezaron con esto eran simples reciclajes de frases conocidas o que circulan por internet desde hace tiempo. Había en esos primeros días, una frase atribuida al Dalai Lama, algo así como: “Nuestro propósito en la vida es ayudar a otros, si no puedes ayudar, por lo menos no hacerles daño”. Esto se parece demasiado al “Si no ayudas, al menos no estorbes”, que yo repito hace años, sin que nadie nunca me dé crédito por ello, y lo del Dalai creo que era porque también agregaba algo como “Dale Ahí, Lama”. De repente por ahí va la confusión.

Otra frase conocida llegó hace muy poco. “Cuando vas por algo, no regreses hasta que lo consigas”. Al ver la frase recordé inmediatamente a mi padre cuando me mandaba a comprar arroz, aceite o azúcar en los tiempos de la escasez y las colas. Voy a reclamar derechos de autor, creo que alguien ha estado espiando a mi familia para sacar estas frases. Otra frase que recuerdo es la de “Es duro fracasar, pero es peor nunca haber intentado triunfar” atribuida apócrifamente a otra persona cuando todos sabemos que es la filosofía de vida de varios de nuestros políticos en época de elecciones. Si no se quieren meter en discusiones políticas, bueno, lo dejaremos allí.

¿Y ese de la gasolina? ¡Esa si fue buena! “La disciplina es la gasolina del éxito”. Cuando me llegó al correo juro que leí “El reggaetón es la gasolina del éxito “. Ya se habían tardado en poner una de Daddy Yankee, pensé. Punto para ti, te hiciste una, dije, hasta que leí mejor y descubrí que era sólo otra frase común.

Al menos ese día me interesé realmente en el tema y me propuse poner práctica alguna de las frases que llegara. ¿Y cuál frase fue la que llegó? Una firmada por Michael Phelps (suponiendo que fue él realmente el autor) que decía “Cuanto más sueñas, más lejos llegas”. Se nota que Michael Phelps no tiene trabajo de oficina ni tiene que marcar tarjeta, porque yo llegué tarde dos veces por quedarme soñando de más en mi camita, como puedo demostrarlo con mi última boleta de pago. Estoy seguro de que algún otro también intentó soñar más en el bus y se pasó de paradero. Sin contar con que el reglamento prohíbe específicamente dormir en horas laborables, mucho menos soñar.

Pero como no soy de los que critican sin ofrecer soluciones, te puedo dar acceso a mis propias frases de autonomeayudes, que son más apropiadas para nuestro trabajo, como que se me ocurrieron en medio de nuestros más difíciles momentos. Como ese famoso “En esta empresa no se cree en milagros, por eso cuando hacemos uno, nos piden que lo repitamos todos los días”. O ese de “No existen plazos incumplidos, sólo buenas excusas”, que no es mío, sino de mi jefe, que a su vez lo escuchó de su jefe, y etcétera. Para terminar, podemos podemos decir que en vez de darle a un hombre pescado, enseñémosle a pescar, y si la vida le da limones, que aprenda a hacer limonada. Por último, si juntamos a estas dos personas, ya podemos hacer cebiche, que es lo que le gusta a la gente.
Espero que estas opiniones te ayuden en tus labores.”

La siguiente vez que la señora me encontró, me saludó con una gran sonrisa y me dijo que se había reído mucho con mi respuesta. No me gustó su actitud. Por una vez que uno responde de manera totalmente seria y lo toman a uno en broma. ¿Qué se han creído, que soy tonto?

lunes, 27 de noviembre de 2017

La lucha contra mí mismo


¿Mencioné alguna vez que no creo en las frases de autoayuda? Y el problema no son solamente las frases, sino la gente que cree haber encontrado en ellas el secreto de la sabiduría en pequeñas cuotas. Una de estas personas es hoy la encargada de Recursos Humanos en la empresa donde trabajo. Esta persona es una convencida de que dentro de sus funciones está la labor de bombardearnos todas las mañanas con una frase extraída de internet y enviada por el correo corporativo a todos los empleados.

Ante tal situación, ya he respondido más de una vez al dichoso correo expresando mi opinión y dejando en claro que todas las frases de Will Smith que nos envía son falsas, informándole de la opinión que tienen de Jodorowski en su propio país, incluso sugiriendo algunas de mis frases twitteables, que son más apropiadas a los ires y venires dentro de las oficinas. Muy poco caso me ha hecho.

Solo en una ocasión la tal frase diaria me ha dejado pensando. Hoy no recuerdo textualmente la frase, pero era algo así como “Para triunfar, debes vencerte a ti mismo cada día”. Veamos ¿Cómo hago para vencerme a mí mismo? Aquí empecé a pensar seriamente en el tema.

Primero me puse a pensar en el enemigo a vencer. O sea yo. Nunca me había detenido a pensar en que soy mi propio enemigo, yo que me llevaba tan bien conmigo mismo. ¿Qué pude haber hecho para pelearme conmigo? Alguna tontería, sin duda. ¿Vale la pena combatir por una tontería? Mirándolo bien, todas las guerras han empezado así, por lo que tengo que admitir a mi pesar que tengo causas justificadas. Ahora pienso en el enemigo, y me doy cuenta de que el desafío no es fácil. Mi oponente es tan fuerte, ágil y preparado como yo. Ya sé que eso no significa mucho, porque es de mí de quien estoy hablando, pero de todas maneras representa un reto para mí. Tal vez me vaya mejor si elijo las armas del ingenio y la inteligencia. Nuevamente no tengo mucho que ofrecer. Empiezo a pensar que es fácil vencerme, y eso me llena de esperanzas. O de pesimismo, según como lo mire.

Una vez definida la estrategia, me siento listo para el combate. Lógicamente, no me revelaré mi estrategia, no sea que yo me entere y pueda planificar el contraataque. La lucha que tiene por escenario mi mente (es que allí hay mucho espacio) está a punto de empezar.
Cuando veo a mi oponente, comprendo la razón de esta pelea, de verdad tengo un aspecto que da ganas de golpear. Sin embargo, mi plan es esperar a que ataque primero y usar el contraataque. Me doy cuenta de que yo he tenido la misma idea porque los dos nos quedamos quietos esperando la arremetida.

Durante varios minutos he estado esperando mi ataque hasta que decido que es el momento de atacar. Yo pienso lo mismo y corro al ataque. Me ataco con furiosos golpes, que respondo con otros igualmente furiosos. La pelea es difícil. Por cada golpe, recibo uno igual. No puedo sorprenderme, porque puedo anticipar cada golpe. Asesto puños, patadas, ataques, rodillazos, cabezazos, codazos, llaves, hasta que se me acaban los sustantivos. La pelea es pareja, pero no me rindo, el problema es que yo tampoco me doy por vencido y sigo luchando. La lucha se hace enredada porque entre tanto golpe, ya no sé quién está golpeando a quién.

Ante la dificultad de vencerme, decido atacar mi espíritu. Eres un tonto, no puedes vencerme, me digo. La treta me está resultando, porque empiezo a desanimarme, ahora me veo de rodillas, pero no puedo acabarme porque estoy desanimado. Caigo al piso y yo también. Ambos nos damos cuenta que no puedo vencerme y que si insisto en luchar conmigo, solo podré obtener un empate. Lo bueno es que no seré derrotado, lo malo es que no podré vencer. Me levanto y me ayudo a levantarme, vamos por una cerveza, me digo, lo cual es lo mismo que yo estaba pensando.

- Ingeniero, ingeniero ¿Se ha quedado dormido? ¿En qué estaba pensando?
- No es nada, estaba viendo esta frase que han mandado por el correo…

jueves, 7 de septiembre de 2017

El gurú de la autoayuda


Todo sucedió tan rápido que todavía no logro entender lo qué pasó. Escribo esto con la esperanza de ordenar mis ideas y tratar de discurrir una solución.

Juro que el embrollo empezó de una manera totalmente inocente. Yo estaba apoyando en la organización de un evento profesional, una de esas labores que uno realiza sin poner demasiada pasión, más por no perder una amistad que por verdadera vocación. Solo estaba ayudando en los arreglos previos, probando sistemas para los eventos del día siguiente. Allí fue cuando vino uno de los encargados del auditorio, visiblemente alterado. El conferencista de esa noche, había tenido un contratiempo y no podría presentarse esa noche. El auditorio estaba lleno y ya estaban retrasados, con la gente impaciente. Avisar en ese momento que la conferencia programada se suspendía hubiera causado un tumulto de proporciones. Alguien entonces sugirió que yo podría tomar el lugar del ausente en el escenario. De repente me vi rodeado de cuatro o cinco personas que me trataban de convencer de que era la mejor opción, de que sólo se trataba de seguir la presentación que había dejado lista y de dar la cara en una emergencia.

Acepté sin saber a lo que me exponía, a cambio de un certificado y una pequeña retribución. Una vez confirmada mi participación, pedí el archivo de la presentación para al menos darle una ojeada antes de salir. Al instante me di cuenta de mi error. El tema de la conferencia era sobre autoayuda, el título era una de esas variaciones del “tú puedes”, y el archivo de presentación se limitaba a unas cuantas fotos sin aparente relación entre sí, no muy diferentes a lo que uno encuentra al buscar fondos de pantalla para el computador. No tuve tiempo de retractarme, ya estaban anunciándome y tres personas me empujaban hacia el escenario.

Sin saber muy bien cómo, me encontraba de pie en un auditorio lleno de gente que esperaba palabras que les cambien la vida, y que me escucharían con el respeto con el que se escuchaba a los profetas bíblicos. De repente tuve ese instante de claridad, que confundí en ese momento con iluminación. Sentí que el destino me había llevado hasta allí para acabar con la plaga de la autoayuda, que podía, como Cervantes, acabar con las novelas de caballería con una parodia que ponga al descubierto su irrealidad. En cuestión de un segundo, ya había recordado todas las anécdotas que tenía recolectadas sobre Abu Navid, las inconsistencias de los famosos autores y la forma de refutarlos utilizando la lógica y el sentido común. Que la conferencia resultara dispersa y tal vez contradictoria ayudaría a reforzar el verdadero mensaje, pensé yo, que la haría que la gente se dé cuenta de lo falso de la situación.

Como se estila, comencé haciendo una pregunta general: ¿Cuántos de ustedes quieren tener felicidad? Muchos levantaron la mano. ¡Pues no! ¡Ustedes no sabrían qué hacer con la felicidad! Les contaré una historia: Un hombre rico se dio cuenta de que no era feliz, y llamó al famoso maestro Abu Navid. Muéstrame la forma en que seré feliz, no importa lo que cueste, le dijo al llegar. Te mostraré a tres personas felices y tú encontrarás el camino a la felicidad, le dijo el maestro. Abu Navid llevó al rico a un campo donde estaba un niño jugando. - He aquí a la primera persona feliz, dijo. - ¿Quieres acaso que sea como el niño, sin responsabilidad alguna y sin conocimiento de la vida? - Esta es la primera lección: la felicidad significa olvidarse de todo, debes estar dispuesto a ello si quieres ser feliz.
Luego lo llevó a la ciudad donde le mostró a una mujer que cantaba mientras abrazaba a su pequeño hijo. He aquí a la segunda persona feliz, le dijo. El rico le dijo que esa felicidad le duraría poco, pues el niño crecería y la abandonaría, y haría cosas que no agraden.  - Esa es la segunda lección: la felicidad tiene un precio que no se paga en dinero. Abu Navid llevó al rico a la parte más pobre de la ciudad, donde le mostró a un anciano loco que se revolcaba en la basura. - Aquí tienes a la tercera persona, le dijo. - De ninguna manera voy a ser como ese pobre loco, dijo el rico. El maestro se despidió entonces del rico: Es por esto que no hallarás la felicidad, porque no quieres perder nada de lo que tienes y no aceptas la felicidad en otras personas.

Al narrar este ejemplo me sentí dueño del escenario y ya nada podía detenerme. Entonces ustedes, como el rico del cuento, quieren que la felicidad se adapte a lo que ustedes quieren, en realidad ustedes no buscan la felicidad, buscan algo que se acomode a sus caprichos. Por eso todos los libros de autoayuda no los ayudarán, ellos también confunden la felicidad con el dinero: “Piense y hágase rico”, Padre rico, padre pobre” son títulos que ustedes encontrarán, donde les querrán convencer que la felicidad incluye una abultada cuenta en el banco.

Otra cosa de la que nos quieren convencer los autores de estos libros es qué hay reglas para el éxito. Repítete a ti mismo siete veces al día lo bueno que eres y triunfarás, sigue estos siete hábitos de la gente exitosa y serás uno de ellos. Pues señores, les tengo malas noticias: hay tantas maneras de tener éxito como personas en el mundo. Y por una sencilla ley de proporciones, no todos lo obtendrán. ¿Quieren otra historia de autoayuda? Un gurú de autoayuda tenía un pollo al que repetía todos los días “puedes volar, tienes alas, eres como un águila”. Por supuesto, el pollo nunca voló. Peor aún, el pollo le dijo a su dueño “me pides que sea como un águila pero jamás he visto una”, así que el dueño lo llevó al campo y le enseñó en lo alto a un águila. El águila descendió velozmente y se llevó al pollo entre sus garras para comérselo. Hasta aquí el ejemplo, y aprovecharé para una pequeña reflexión: ¿Han notado que los autores de autoayuda quieren compararnos con el león, el tigre, el águila o algo semejante? Pues les diré algo, todos esos animales están peligro de extinción, porque nada gusta tanto a los hombres que eliminar a los mejores, mientras más éxito tengas, más gente habrá que quiera acabar contigo. Piensen si el éxito es algo tan deseable.

Aquí me detuve un momento y miré a la audiencia. Realmente me habían prestado atención, y estaban pendientes de mis palabras. Me di cuenta del porqué tantos caen presa de esa droga que es la popularidad y la adulación. Y aún me quedaban muchos minutos de conferencia. No podía hacer otra cosa que seguir.

Otra cosa que no nos dicen los autores de autoayuda es el verdadero fin de sus esfuerzos. Es el dinero. El puro, egoísta, materialista dinero. Estoy seguro que si la autoayuda no diera dinero, todos esos autores se dedicarían a otra cosa, a las ventas con seguridad. Porque lo que quieren es vender. Los libros y conferencias se convierten en dinero, al igual que los likes y compartir en los que ustedes caen diariamente en el Facebook, sepan que cada click y compartir de esos videos, imágenes y memes se convierten en dinero. ¿Algunas vez han visto ustedes alguna vez una noticia que diga algo así como “La señora X recibió tal cantidad de dinero producto de sus likes en Facebook para su noble causa”? No ¿verdad? Es porque el dinero de sus clics no le llega nunca y se queda en los “community managers”. Otra historia: Un niño era abusado por sus compañeros en la escuela. Su madre pudo verlo una vez y lo grabó con su celular. Al día siguiente el niño regresó golpeado y sucio. No te sientas mal, le dijo su madre, mira cuántos likes obtuviste en Facebook. Y estoy seguro que muchos de los aquí presentes piensa así, que con los likes han solucionado el problema.

Recuerdo que conté aún otras historias, como la de la caja de Abu Navid, y la historia de la vaca que corría más que un auto. Al final de la conferencia me sentía como un rockstar bañado de aplausos. Me sentí un triunfador, todo un gurú. A la salida me esperaba un grupo de gente para felicitarme y decirme que me admiraban y seguirían mis consejos.

Y ese es el problema. Ahora me están llamando para dar otras conferencias, quieren que escriba artículos, tal vez un libro, quieren convertirme en eso que criticaba esa noche. Y me ofrecen la mejor razón que tienen, que es el dinero. Y no veo forma de salir de esto. Incluso si declarara que en realidad soy solo un tonto al que una noche pusieron en un estrado, si dijera que todo es mentira, dirían que es mi forma de enseñar y que soy un sabio modesto. Es que así funciona el mundo.

martes, 29 de noviembre de 2016

Así hablaba el universo


Tú, sujeto insignificante. Sí, a ti te estoy hablando. Soy el universo, y estoy perdiendo mi tiempo hablándote a ti. No creas que eres algo importante para que yo me dirija a ti, es solo que hablar contigo es como hablarle a cualquier otro en cualquier otro planeta o civilización, así que no te sientas especial. Y es justamente de eso que quiero hablarte. Los seres pequeños como tú piensan muchas veces que el universo conspira a favor o en contra suya. Déjame decirte que eso es falso. El universo, que es algo tan grande que tu mente no puede siquiera concebir, no va a perder su tiempo prestándote atención e interviniendo a favor o en contra tuyo. Déjame ponerlo en perspectiva e intenta entenderlo: El universo, que soy yo, contiene cientos de millones de galaxias, cada galaxia contiene decenas de millones de estrellas, cada una con decenas de planetas y satélites, tú mismo eres uno dentro de millones de personas ¿y crees que voy a pensar en ti? Tengo cosas mucho más importantes en qué ocuparme, galaxias que chocan entre sí, agujeros negros súper masivos, la deformación del espacio-tiempo, no tengo tiempo ni ganas para ocuparme de tus ridículas ideas de superación personal. A decir verdad, tus nociones de éxito me son indiferentes y carentes de sentido, así que no tengo interés en ningún ser humano. 

Tu planeta tampoco me merece una atención especial, el que sea habitado tampoco es gran cosa. Acéptalo, hay muchos sistemas estelares y planetas más interesantes que el tuyo. Tan poco me interesa tu suerte que no presto atención a la destrucción de su superficie. Porque lo que tú llamas temerosa y pomposamente el fin del mundo no es más que una alteración de su superficie, que no afectará al planeta en sí, ni a su estrella ni al resto del sistema planetario. Incluso si así fuera, no me interesaría gran cosa. Planetas y estrellas se crean y se destruyen todos los días, y el tuyo no es muy diferente para mí. Y no me vengas con que aquí hay vida inteligente, que comparado con otras no es más listo que una bacteria.

No me culpes entonces de tus fracasos ni me agradezcas por tus éxitos, que yo no he tenido nada que ver en ello. Si triunfas o fracasas se deberá a lo que hagas tú o los demás habitantes de tu planeta. Y si acaso cae un asteroide y destruye toda vida en tu mundo, tampoco debes tomarlo como algo personal, simplemente son cosas que pasan en todo el universo. La cosa es tan simple como que si cumples las leyes del universo podrás sobrevivir, y si no las obedeces sufrirás. Tú felicidad me es tan ajena como lo sería para ti el destino de un átomo al otro lado de tu planeta. No lo olvides, no te estoy vigilando. Soy el universo.

jueves, 30 de julio de 2015

Autoayúdame a autoayudarte


Cuenta una antigua leyenda de la tribu Opa, que el demonio, deseoso de confundir a los hombres y alejarlos del camino recto, dijo primero a los hombres que la contemplación del propio ombligo les daría la sabiduría. Cuando los hombres se dieron cuenta de que esto no era cierto, el demonio les convenció que la forma de las nubes guardaba el secreto del saber infinito. Los hombres pasaron mucho tiempo estudiando las formas celestiales hasta que cayeron en la cuenta de que no eran más sabios que antes. El demonio aún pudo convencer al hombre una tercera vez, diciendo que el secreto de la sabiduría podía encontrarse meditando inmóvil, con los ojos cerrados y sin hablar. Los hombres lo intentaron una vez más y cayeron nuevamente en la trampa. Escarmentados, los hombres juraron no volver a creer en las palabras del demonio y lo expulsaron de la tierra. Enfadado, el demonio les envió a los hombres blancos con sus cuentas de vidrio con espejos, sus televisores a color, sus revistas llenas de publicidad y sus libros de autoayuda, para hacerlos vivir eternamente engañados.

Esta leyenda es real, no importa que nunca haya existido la tribu Opa, que en verdad esa tribu seamos todos nosotros y que la leyenda se me acabe de ocurrir. Siempre que haya una persona a quien no le guste pensar, habrá otra que quiera prestarle sus pensamiento a cambio de mantenerlo distraído. Por eso es que uno de mis sueños imposibles es escribir un libro de autoayuda que acabe con todos los libros de autoayuda de la misma manera que El Quijote acabó con el resto de las novelas de caballería. En esta labor, además de recopilar los textos perdidos de Abu Navid, me he dedicado a recoger las mayores joyas de esta vertiente del arrejuntamiento de letras (me niego a llamarle literatura) para dejarlas aquí.

Como sabemos, un libro de autoayuda se basa en la repetición de frases que deben ser a su vez repetidas por el acólito lector a fin de lograr el éxito, la felicidad, ser millonario, casarse con una supermodelo o lo que su corazón desee. Los resultados de esta búsqueda han sido francamente espectaculares y la cosecha de frases ha sido especialmente fértil. Aquí dejo algunas muestras de mi empeño:

La revisión de los títulos de los libros es una aventura en sí misma. Un buen autor de libros de autoayuda debe tener un título con mucho punch, un título demoledor, y si está encerrado entre signos de admiración, tanto mejor. Hay títulos como el directo “¡Tú eres grandioso!”, el casi blasfemo pero impactante “Cómo convertir el agua en vino”, y hasta el hedonista “Porque yo lo merezco”.

Después del título, viene el prólogo, donde he encontrado frases de este calibre:
"En el duro camino de la vida, este libro de autoayuda te servirá como un poderoso 4x4 que te ayudará a llegar a tu destino con mucha más facilidad y comodidad."

Ya que la gran mayoría de los libros de autoayuda han sido escritos en Norteamérica, es muy común que los consejos y frases encontrados aquí tengan un marcado tinte capitalista. Encontrando cosas como:
No soy monedita de oro para gustarle a todos, soy un cheque en blanco, tengo el valor que tú me das. (“La Oveja que se comió al Lobo” – Bruce Krenzler)
Si el dinero pudiera comprar la felicidad ¿Cuánto pagarías por ella? Y si supieras que el dinero no puede comprar la felicidad ¿Qué harías con ese dinero? (“¿Dinero o Felicidad? ¿Por qué no ambos?” – Dharma Fink)

 Pero la mayoría hace un acercamiento por el lado del misticismo con tintes filosóficos, dejando frases como esta, encontrada en “7 historias que cambiarán tu vida” de Ambrose Chapel, y la segunda que aparece en su continuación “7 historias que volverán a cambiar tu vida”:

No critiques a alguien sin saber por lo que ha pasado, no quieras saber lo que le ha pasado, no caigas en el chisme y la curiosidad malsana, mejor déjalo que se arruine solo. 

Si no sabes lo que Dios tiene reservado para ti, Dios te dará la respuesta. Si no te responde, es que Dios te da libre albedrío para escoger tu camino.

Dentro de las frases derivadas del “Tú puedes” encontramos hallazgos como este:
Quien solamente ve el amanecer desde su ventana, creerá que es pequeño, para ver las grandezas de la vida es necesario salir de casa. (“Caminante, sí hay camino” – Félix Felicis)

Un hombre compró un burro y quiso hacerlo galopar. Cuando no pudo, empezó a insultar al burro. Debió insultarse a sí mismo por pedirle a alguien lo que no puede hacer. (“El vendedor de Palmas” – Go Onidnam)

Para la mente atrevida, “imposible” es sólo una palabra. Donde otros ven una barrera, el atrevido ve un reto. (“El Libro que necesitabas” – Bail Organa)

Por último, encontré esta frase que solo puedo calificar de indescriptible. Estoy pensando en convocar a un congreso de sabios solo para descifrar su significado:

Es importante tener sueños, pero recuerda que los sueños solo los alcanzan quienes están despiertos. Tampoco permanezcas siempre despierto, pues aquellos que siempre están despiertos no pueden soñar. (“El regalo del éxito” – Max Powers)

Nuevamente, todo esto es real, aunque todas las frases citadas las haya inventado yo mismo, los nombres de los autores y libros se me hayan ocurrido mientras los escribía y todo esto no sea más que el producto de mi aburrimiento y mi tontería.
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