¿Quieren saber lo que piensan los tontos? Aquí hay información de primera mano.
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lunes, 17 de junio de 2019
Los ladrones de sueños
En una ocasión, olvidé ya si fue hace algunas semanas o algunos meses, caminaba por el centro de la ciudad cuando recuerdo que vi uno de esos edificios coloniales de noble arquitectura. Supongo que me detuve un momento para apreciar la belleza de la construcción y pensé, como suelo hacer en esos casos, en cómo habría sido la construcción, en cómo habría sido la gente que habitó allí y en los eventos que habrían pasado allí a lo largo de su historia. La verdad es que no puedo recordar bien ese momento porque apenas empezaba a soñar despierto cuando alguien se me acercó a toda prisa y me dio un empujón que casi termina conmigo en el piso. Cuando pude recuperarme, todo el encanto se había perdido. Lo que había soñado despierto sobre el pasado, la historia y los personajes de la casa había desaparecido.
Seguí mi camino en ese estado de estupor de quien acaba de despertar de pronto, hasta que llegué a un puesto de información de turistas y pedí que me dejaran sentarme un momento mientras me recuperaba. Al contar mi experiencia al agente que se encontraba allí, este me respondió preocupado que no era la primera víctima de los ladrones de sueños, y que casos como el mío han estado ocurriendo en la ciudad con cada vez mayor frecuencia. Yo corrí con suerte, me explicaba, ya que mi sueño era pequeño y perderlo no tenía mayores consecuencias, pero había oído del caso de un conocido emprendedor joven, a punto de casarse, que había sido asaltado y despojado de sus sueños mientras corría en un parque. Ahora ha tenido que suspender la boda y su empresa ha sido afectada por la pérdida de sus sueños. Con amabilidad, el agente me preguntó si quería denunciar el robo de mi sueño, a lo que me negué. Como dijo el agente, era un sueño pequeño y, aunque pudieran recuperarlo, no podría identificarlo en la comisaría.
- ¿Y qué hacen con los sueños robados? - Pregunté. - No sabemos bien, pero al parecer ya hay un mercado negro de sueños. Gente que dedicó su vida a ganar dinero y destruyó sus sueños al hacerlo compra allí nuevos sueños. También hay gente que sufrió decepciones amorosas y destruye sus sueños al no tener con quien compartirlos. Gente que vendió sus sueños por un poco de poder o popularidad, todos ellos están dispuestos a comprar sueños. Se sospecha incluso de mafias internacionales que dirigen y ordenan estos robos. Los sueños en países como el nuestro obtienen mayor precio, porque son más sinceros, hasta ingenuos, y eso es un valor que no se encuentra en países más desarrollados.
Al ver mi interés, el agente me dio algunas recomendaciones para evitar un nuevo robo: No exhibir mis sueños en lugares públicos, de ser posible no sacarlos a la calle, pues los ladrones de sueños acechan a la salida de los cines, en parques, en lugares donde se ve el atardecer sobre el mar. Tampoco soñar despierto al ir por las calles, para un ladrón de sueños es fácil reconocer a los soñadores. Si es necesario mostrar un sueño en un lugar peligroso, se debe primero consumir alcohol u otra droga, porque estas distorsionan los sueños y los hace menos vendibles.
Ya recuperado, agradecí al agente su ayuda y me despedí. El resto de mi recorrido lo hice con miedo, sin mirar los edificios ni a los rostros de las personas, ocultando los sueños que me quedaban, y con la desagradable sensación de que esta ola criminal es ya conocida por la mayoría de la gente, pues todos caminaban igual que yo, con caras inexpresivas y sin ver a los demás, no sea que un ladrón venga a quitarles los sueños.
sábado, 15 de diciembre de 2018
Mis sueños pequeños
Tal vez mi falta de éxito en la vida se debe a que nunca he sabido soñar en grande. Si alguna vez pienso que me gustaría ganar la lotería, no pienso en esas loterías mundiales de miles de millones de dólares, sino en esas más provinciales, que alcanzan apenas para salir de deudas, librarse de los vecinos odiosos y darse el gusto de un solo viaje.
En el amor, mi ilusión, es exactamente la que no quiere Joaquín Sabina: un amor civilizado, con recibos, y escena del sofá, alguien que elija mi champú, con sólo la concesión de que se muera conmigo si me mato, y se mate conmigo si me muero.
Será por eso que cuando cojo la guitarra, no me imagino a mí mismo en un estadio repleto de gente que grita mi nombre repitiendo mis acordes en guitarras invisibles. En tales casos, pienso más en que soy ese sonido que suena desde una esquina de un pequeño local, pero que llega al corazón de los pocos que le prestan atención.
Una vez conocí a un ingeniero que se jactaba de haber estado en grandes proyectos, que sólo aceptaba un trabajo si la paga era buena. Lógicamente, esta persona no mostraba empatía alguna en su trabajo, y según él mismo decía, no estaba allí para hacer amigos. A mi siempre me causaba esa repulsión que me han causado desde entonces los mercenarios laborales, y lo comparaba con la forma en que he tratado de llevar mi carrera profesional, tratando siempre de aprender y preguntándome todas las noches si es que mi trabajo ha hecho la diferencia ese día, y si realmente he aportado algo a la meta durante esa jornada.
Será también por eso que en muchas películas que he visto, me he sentido más identificado con alguno de los personajes secundarios que con el héroe. El Neville Longbottom en La saga de Harry Potter, o (horror de horrores) el Hawkeye de los vengadores. Soy un tonto, prefiero el alma al ego, prefiero cuidar un jardín a gobernar un reino. Debe ser eso.
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reflexiones,
sueño,
tonto
lunes, 5 de marzo de 2018
Sueños
Hoy día toca soñar. Cada quien que sueñe el sueño que mejor le acomode, que los sueños no son tan democráticos como uno pudiera pensar. Si bien sabemos que todos sueñan, los sueños no son iguales para todos. El sueño del rico no se parece en nada al sueño del pobre, el sueño del bueno no es igual al sueño del malvado. Y para soñar hace falta también imaginación, hace falta haber vivido.
No es un secreto tampoco que la gente aburrida tiene sueños aburridos, si lo sabré yo, que me precio de tener una buena imaginación y que de vez en cuando me tocan unos sueños que ya quisieran varios guionistas de Hollywood para convertirlos en el éxito de taquilla de este año. A falta de imaginación, muchos buscan la ayuda del alcohol para tener sueños multicolores y psicodélicos, de esos sueños que los que creen en la interpretación de los sueños no se atreven a analizar. Algo han de tener los elefantes color de rosa y los diablos azules.
Hablando de la interpretación de los sueños, una vez un amigo, creyente en esas cosas, me decía que al soñar nos trasladamos a un universo paralelo pero real, donde lo que allí ocurre es la realidad, así como nuestro mundo es el sueño de otro universo. Mi respuesta a esa filosofía fue responder que en ese otro universo de los sueños Jennifer López debe estar cansada de aparecer en los sueños de tanta gente y al menos una vez por mes en los míos. De más está decir que no recibí refutación a mi teoría, solamente esa mirada que tan bien conozco y que me indica que otra vez estoy hablando puras tonterías. Y esa es otra de las cosas que he descubierto, que a falta de imaginación, mucha gente sueña con las mismas cosas. De ahí tantos libros para explicar el significado de los sueños. Si ya sabemos que los sueños de la mayoría de la gente tienen un guión conocido y con pocas variaciones, entonces saquemos provecho de ello. Por eso yo, siempre tratando de innovar, tengo unos sueños que los escritores de esos libros nunca imaginaron.
Como cuando la conocí. En ese tiempo capturó mi atención su aspecto nada estridente y sus ojos soñadores, su voz tan suave y sedante. Naturalmente me quedé dormido y soñé con ella. La soñé dormida y yo entraba en su sueño. Soñé que recordaba, como se recuerdan cosas solo en sueños, que me gusta invadir sueños ajenos, y que esta vez, también ella me soñaba a mí. Y el sueño era tan real que pude ver claramente su rostro de decepción al tener un sueño tan aburrido como yo. No te pongas así, le decía, yo tampoco soy el hombre de mis sueños. Mientras ella trataba por todos los medios de soñar con un viaje a Europa, a la India, a cualquier parte a medio mundo de distancia de mí, yo, con mayor experiencia en sueños tontos, trataba de tranquilizarla diciendo que no era tan malo, que le podría cantar una serenata en francés con mi guitarra para hacerla sentir mejor, aprovechando que soy capaz de hacer tales cosas en mis sueños.
No, yo quiero soñar con un castillo en el aire, me decía. Ya lo he intentado, le dije, hasta me contacté en el sueño con un amigo mío que me vende un terrenito en una nube muy bonita y que me ofreció ayudarme con los trámites de licencia de construcción por un módico precio. Esa vez no me alcanzaba, pero ahora podemos ir al banco de tus sueños a sacar un poco de plata y le damos la primera cuota para los materiales. Ella no se mostró entusiasmada con la idea, distraída como estaba tratando de terminar ese sueño, descubriendo que el sueño de uno puede ser la pesadilla de otra, de ella misma. No, tenemos que despertar ahora mismo, me dijo. A pesar de que ya estaba programando un sueño de caballos de colores y delfines voladores, decidí ayudarla. La forma clásica de despertar en un sueño es pellizcarse a sí mismo, le dije, podemos intentarlo. Antes de terminar de decir mi idea, ella ya había tomado una pala y había decidido tomar acción despertándome a mi primero. Afortunadamente también soy bueno corriendo en mis sueños, desafortunadamente ella también podía volar en los suyos. En la persecución, terminamos cayendo a un abismo.
La caída nos despertó. O me despertó a mí nada más. Ella seguía hablando como si nunca hubiera caído dormida y hubiéramos vivido toda aquella aventura juntos. De pronto, dejó de hablar, me miró fijamente y me preguntó a boca de jarro: ¿Y tú? ¿Qué opinas? Solo pude balbucear algunas frases inconexas sobre otros países, castillos, caballos y abismos. Fue la última vez que la vi. No pude nunca decirle que la mirada que me lanzó era la misma que yo ya había visto en mi sueño, que ya la había visto antes pidiendo una pala o cualquier objeto contundente para perseguirme por aire, mar y tierra y que una vez, inesperadamente, un sueño se había convertido en realidad.
jueves, 22 de enero de 2015
Soñé que era famoso
Anoche soñé que era famoso ¿Que cómo llegué a ser famoso? No importa, como no importa la manera en que se hace famosa la gente hoy en día. Ahora hay gente famosa por salir en una foto en Facebook, por haber salido una vez junto a alguien famoso o como las que ahora llaman “socialités”, que van a todas las fiestas y que ya nadie recuerda por qué son famosas. Así que soñé que era famoso, pero esta no era una fama agradable para mí, no por ser una fama negativa, por ser “tristemente célebre”, como dicen los cursis. Lo que no me gustaba de la fama era la actitud de la gente.
Caminaba por la calle, pensando que cuando uno
es famoso, la actitud de los extraños que se cruzan conmigo es extraña. Me
miran con una sonrisita tímida, se hacen los que desvían la mirada para
seguirme apenas salen de mi campo de visión. Si solo fuera esto, no sería tan
malo, pero también hay los que se sienten valientes y tratan de que les haga
caso. En los tiempos antiguos la gente se acercaba a los famosos y los miraba a
la cara esperando una sonrisa y pidiendo un autógrafo, pero ahora la gente se
acerca a alguien famoso y se voltea y le da la espalda para sacarse un selfie sin
pedir permiso. Otros que pasan en los carros, al reconocerme gritan
obscenidades y se alejan felices de hacer insultado a alguien famoso, hecho que
contarán después a quien los quiera escuchar.
Sigo caminando por la calle con mi fama a
cuestas y veo a una vecina a quien saludo con un beso en la mejilla. En ese
preciso instante siento el flash de una cámara fotográfica. Un paparazzi ha
obtenido por fin la prueba de que tengo una relación amorosa con una bella
desconocida, y la foto adornará la portada de las revistas del corazón, se
pedirá la opinión de otros famosos y famosas, y al final se dirá que todo fue
un truco publicitario para mantener mi fama.
Antes de llegar a la esquina llegan los
periodistas. Quieren saber mi opinión sobre temas que desconozco absolutamente,
sobre el traje que uso, y sobre lo que dijo de mí gente de la cual no me
interesa su opinión. Como no respondo, publicarán al día siguiente que guardé
un elocuente silencio.
Ahora vienen los de las cámaras escondidas. No
es difícil reconocerlos, porque siempre vienen disfrazados de oso, de viejita o
de policía. Esquivo los baldazos de agua, pintura y los palazos de goma que me
arrojan para ver si me descontrolo y le doy más rating al programa de donde
vienen. “No se moleste, es una cámara escondida” es la disculpa después de un
puñetazo bien dado de mi parte al productor.
Luego viene el turno del aprovechador. Esta es
una persona a la que desconozco, pero que dice conocerme de la infancia, de una
fiesta perdida en la multitud de eventos sociales, o que dice ser el presidente
de un club de fans cuya existencia también desconozco. Me pide mi presencia en
una fiesta, en un bautizo y un quinceañero, para pedirme mi colaboración
generosa a alguna causa noble de la cual también es representante. De nada
sirve explicar que no sé la razón de mi fama, y que esta no me representa
beneficios económicos. El aprovechador se larga después de amenazar con
publicar todos mis secretos en su cuenta de Facebook y decirme la famosa frase
“Tú no sabes con quién te has metido”, que en esta ocasión es absolutamente
cierta, pues al señor no lo conozco de ninguna parte.
Me quedo pensando que tal vez me venga bien un poco de anti-fama, para que me dejen de pedir matrimonio por twitter, para que me dejen de decir que me veo mejor en fotos, y para que dejen de pensar en mi como un “líder de opinión” para temas tan trascendentes como el reality show de moda.
Por último, y ya cerca la noche, aparecen los secuestradores de famosos. Me meten a la fuerza a un carro y me obligan a vaciar mis tarjetas de crédito. Como lo que obtienen no alcanza ni para la gasolina del carro en que me secuestran, deciden ponerme atado en una silla por youtube en directo, diciendo cómo me van a asesinar si que no obtienen un millón de likes en un día. Están ya apretando el gatillo cuando despierto, aliviado y anónimo, feliz de seguir siendo un desconocido para el resto del mundo.
Qué bueno es no ser famoso.
martes, 4 de noviembre de 2014
Imaginación y realidad
Siempre escucho que la realidad es más extraña
que la ficción. Esto ocurre cuando se descubre la verdad sobre algún asunto, y
resulta ser diferente a todas las teorías que se habían formado con
anterioridad sobre tal hecho. Es que la imaginación humana está gobernada por
los deseos y deformada por la educación recibida.
Cuando somos niños, los mayores empiezan una
campaña sistemática por ahogar la imaginación. El cielo debe ser azul, dice la
maestra al niño que pinta con crayolas; estas piezas se arman de esta manera,
dice el padre. El resultado es un niño que piensa igual a los demás, con la
imaginación castrada desde la infancia, con solamente la necesaria para
perseguir sueños convencionales, de aquellos que se consiguen con dinero.
Por esto, cuando las personas tratan de
utilizar la imaginación, en realidad reflejan sus deseos encuadrados en lo que
les permite la educación recibida. Y la realidad no conoce de los sueños o
deseos humanos, y puede llegar a donde la imaginación humana no alcanza.
Para quien se da cuenta de ello, la vida se
vuelve una carrera hacia atrás, un intento por recuperar aquella imaginación
perdida, eso que pinta la realidad de colores increíbles. El problema es que el
mundo acepta cada vez menos imaginación. Tener acceso a tanta información, nos
hace disfrazar nuestra falta de imaginación con el fácil recurso de cortar y
pegar algo que se encontró en otra parte. Incluso la realidad hoy se corta y se
pega.
La realidad, además es un concepto que los
humanos deforman en todo momento. Al contrario de lo que se piensa, no es
inmutable ni única, depende de la percepción de cada uno. El pasado no es
inmutable, puede cambiarse de acuerdo a intereses personales, partidarios,
religiosos o de otra índole. Tal vez se descubra que este pasado no ocurrió tal
como se cuenta, y será entonces remplazado por otro que responda a otros
intereses. Ocioso sería enumerar las veces en que se ha cambiado la historia
para acomodarla a los intereses en boga. Lo mismo pasa con el presente. Hay
tantas percepciones del presente como personas. ¿Cuál es la verdadera? Tal vez
todos, tal vez ninguno. Tal vez sea el futuro aun no escrito el que nos invita
a tratar de escribirlo con las pobres armas de nuestra imaginación. Y aquí
también falla el hombre, pues siempre imagina el futuro como lo desea o lo
teme, exagerando el presente o invirtiendo los hechos del pasado. Y la realidad
no responde con lo uno ni lo otro, sino con algo distinto. El futuro será algo
diferente a lo que imaginaron los que auguraron el triunfo del comunismo, a lo
que predijeron el dominio del capitalismo y a lo que hoy predicen los gurús de
la tecnología.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
La ventanilla del avión
Estoy sentado en el asiento de ventanilla del avión, y en este momento me pregunto si esta fue una buena elección, porque este vuelo se hace de noche. Debe ser la costumbre mía de siempre querer ver hacia donde voy, ya sea en carro, bus, tren o avión.
Para tranquilizarme me pongo los audífonos y pongo mi reproductor de mp3, lo que también me hace sentirme un poco anticuado, junto a una chica que esta viendo una serie en su IPhone.Mi mp3 tiene un sentido del humor algo retorcido. Pudo haberme puesto "Come fly with me", pero no, su mejor elección es "Space Oddity" de David Bowie. "Check ignition and may gods love be with you".
Lo ultimo que necesito ahora es que me digan"Ground control to major Tom, your circuits dead, there's something wrong", que algo sale mal y nos quedamos flotando en una lata alrededor de la luna.Como siempre me ocurre en estos casos, aparecen paranoias relacionadas con alguna película.
En la sala de espera, mientras espero la llamada para abordar, observo a un alegre grupo de jóvenes. De pronto, uno de ellos empieza a gritar "¡Vamos a morir!" Pronto dos guardias de seguridad reducen al joven y lo sacan para que no haga publicidad negativa a la aerolínea.
Una vez sentados, puedo ver a lo lejos las llamas de un avión que estalló al despegar. Menos mal que el joven que gritaba iba en otro vuelo, pienso. De todas maneras estoy vigilando desde mi ventanilla que el motor de mi lado no explote en pedazos. y si lo hace, seré el primero en enterarme y en avisar a la tripulación. Ya en el aire, mientras trato de explicar a un turista que en realidad se puede vivir feliz en un país donde no hay Nutella, miro casualmente por la ventanilla y veo una nave espacial que nos sigue. No se preocupe, esto pasa todo el tiempo, me dice el turista.
Me traen los snacks después de limpiar el piso de serpientes que alguien ha soltado. Algún chistoso logró pasarlas por la aduana, seguramente. Aprovecho para preguntar a la azafata: Dígame, ¿Estos aviones se estrellan con frecuencia? - No, solamente una vez - Me responde con una sonrisa.
Mas tarde, mi vigilancia desde la ventanilla rinde frutos por fin. Puedo ver a un ser extraño, un monstruo con cara de gremlin destruir uno de los motores. Oiga, azafata, estamos en peligro. No hay peligro, no se preocupe, me responde mientras se pone el paracaídas. El piloto anuncia por los altavoces que el avión ha iniciado el descenso, y que llegaremos a tierra en exactamente 35 segundos, y que este será un poco fuerte, ya que hemos perdido todos los motores. Esta es una grabación, dice el piloto, que fue el primero en saltar. Cualquier consulta, comentario o último deseo, la caja negra les escuchará gustosamente.
Ya estoy planificando nuestra vida como náufragos en una isla misteriosa manejada por una siniestra organización, cuando escucho una voz por los altavoces pidiendo disculpas por el retraso y anunciando que por fin podremos despegar.Había sido un buen sueño después de todo.
lunes, 19 de marzo de 2012
Contando ovejas 2
En las noches de insomnio, cuando hasta la musa se ha ido a dormir, al más pintado le asaltan las dudas de cómo hacer para agarrar el maldito sueño. El insomnio, como muchos males del hombre, es democrático y ataca a nobles y plebeyos, ricos y pobres, sabios y tontos. Es entonces cuando, víctimas de una lucidez insoportable, nos dedicamos a inventar métodos para dormir.
En el principio de los tiempos, un cavernícola con mucho insomnio y poca vergüenza también, de puro aburrimiento comenzó a toquetear a la vaca que sería sacrificada al día siguiente y descubrió al mismo tiempo, la leche y los beneficios de tomarla tibia para inducir el sueño. Sin embargo ningún remedio fue tan efectivo desde aquellos tiempos como el recurso de contar ovejas. Se dice que en aquellos años, los hombres medían su riqueza por la cantidad de ovejas que tenían, pero llevar la cuenta era difícil. Las ovejas se resistían a pasar en fila india para ser contadas, y se confundían unas con otras. Además, todas balaban de igual manera y no poseían rasgos característicos que diferencien a unas de otras. Contarlas, pues, desde aquel tiempo era el remedio más efectivo para quedarse dormido en el trabajo, inventar un número a la mañana siguiente para el reporte ante el jefe y estimar el número de ovejas a ojo de buen cubero.
Luego nos imaginamos a Morfeo, el dios del sueño, llevando un rebaño de ovejas por los dormitorios de la Roma antigua, donde los habitantes la tenían más difícil que nosotros, porque tenían que contar en números romanos.
Más adelante, Carlos V, otro famoso insomne, inventó el expediente de empezar a contar en varios idiomas para hacer la cosa más difícil. En una ocasión pasó por el español, catalán, italiano, flamenco, alemán, francés y latín, sin lograr conciliar el sueño. A la mañana siguiente sufrió un coma idiomático que le impidió hilar dos palabras seguidas en el mismo idioma. La frustración resultante terminó en un españolísimo ¡Coño!, y en la decisión de abdicar de su reino e irse a vivir a un monasterio donde no se admitieran ovejas.
Ahora, en los tiempos modernos, la cuenta de ovejas goza todavía de gran popularidad a pesar de la aparición de los valiums, los programas de televisión y los discursos de los políticos, y a pesar de que los habitantes de las ciudades nunca han visto una oveja fuera del sandwich. No han faltado intentos de modernización e innovación en este arte, pero los resultados han sido mediocres. Se ha tratado de reemplazar a las ovejas por elefantes, lemmings o cangrejos (lo que hacía la labor más alucinante, dada su costumbre de caminar hacia atrás), pero siempre se ha vuelto a lo básico.
No ha faltado algún pastor avispado que llevó su rebaño a la ciudad y los alquilaba a los insomnes de la ciudad, ofreciendo sueño inmediato en servicio delivery. La idea no estaba del todo mal, si no fuera porque no consideró el olor de tales animales, y el hecho de que las ovejas empiezan a balar sin previo aviso, durmiendo al cliente, pero despertando al resto del vecindario.
¿Qué más puedo agregar? Solo decir que cumplida mi labor de escribir algo hoy, me retiro a dormir dejando la computadora encendida y activando el salvapantallas de ovejas saltando sobre una cerca. Eso es la modernidad utilizada para mejorar los remedios milenarios.
En el principio de los tiempos, un cavernícola con mucho insomnio y poca vergüenza también, de puro aburrimiento comenzó a toquetear a la vaca que sería sacrificada al día siguiente y descubrió al mismo tiempo, la leche y los beneficios de tomarla tibia para inducir el sueño. Sin embargo ningún remedio fue tan efectivo desde aquellos tiempos como el recurso de contar ovejas. Se dice que en aquellos años, los hombres medían su riqueza por la cantidad de ovejas que tenían, pero llevar la cuenta era difícil. Las ovejas se resistían a pasar en fila india para ser contadas, y se confundían unas con otras. Además, todas balaban de igual manera y no poseían rasgos característicos que diferencien a unas de otras. Contarlas, pues, desde aquel tiempo era el remedio más efectivo para quedarse dormido en el trabajo, inventar un número a la mañana siguiente para el reporte ante el jefe y estimar el número de ovejas a ojo de buen cubero.
Luego nos imaginamos a Morfeo, el dios del sueño, llevando un rebaño de ovejas por los dormitorios de la Roma antigua, donde los habitantes la tenían más difícil que nosotros, porque tenían que contar en números romanos.
Más adelante, Carlos V, otro famoso insomne, inventó el expediente de empezar a contar en varios idiomas para hacer la cosa más difícil. En una ocasión pasó por el español, catalán, italiano, flamenco, alemán, francés y latín, sin lograr conciliar el sueño. A la mañana siguiente sufrió un coma idiomático que le impidió hilar dos palabras seguidas en el mismo idioma. La frustración resultante terminó en un españolísimo ¡Coño!, y en la decisión de abdicar de su reino e irse a vivir a un monasterio donde no se admitieran ovejas.
Ahora, en los tiempos modernos, la cuenta de ovejas goza todavía de gran popularidad a pesar de la aparición de los valiums, los programas de televisión y los discursos de los políticos, y a pesar de que los habitantes de las ciudades nunca han visto una oveja fuera del sandwich. No han faltado intentos de modernización e innovación en este arte, pero los resultados han sido mediocres. Se ha tratado de reemplazar a las ovejas por elefantes, lemmings o cangrejos (lo que hacía la labor más alucinante, dada su costumbre de caminar hacia atrás), pero siempre se ha vuelto a lo básico.
No ha faltado algún pastor avispado que llevó su rebaño a la ciudad y los alquilaba a los insomnes de la ciudad, ofreciendo sueño inmediato en servicio delivery. La idea no estaba del todo mal, si no fuera porque no consideró el olor de tales animales, y el hecho de que las ovejas empiezan a balar sin previo aviso, durmiendo al cliente, pero despertando al resto del vecindario.
¿Qué más puedo agregar? Solo decir que cumplida mi labor de escribir algo hoy, me retiro a dormir dejando la computadora encendida y activando el salvapantallas de ovejas saltando sobre una cerca. Eso es la modernidad utilizada para mejorar los remedios milenarios.
sábado, 18 de febrero de 2012
Contando ovejas
- Estaba contando ovejas, pero me di cuenta de que algunas pasaron dos veces.
- Contó 99 ovejas y cuando estaba a punto de dormirse, apareció la oveja negra. (Gracias Zilniya!)
- Estaba contando ovejas. Ellas se durmieron y yo seguía despierto.
- Cuando cuento ovejas, tengo que prestar atención para que no pase el lobo disfrazado de cordero.
- Otra noche tratando de dormir contando ovejas. Trato de recordar en qué número me quedé anoche.
- A la mañana siguiente, no supe qué hacer con las ovejas que me sobraron de anoche.
- Ante la falta de éxito, las ovejas que contaba tomaron medidas desesperadas. Una de ellas me trajo un vaso de leche tibia, y otra me intentó contar un cuento para dormir.
- Los pastores de verdad no cuentan ovejas para dormir, sino para sobrevivir. (Gracias Zilniya!)
- ¡A ver, esas ovejas! ¡Boletos a la mano, por favor! ¡Cuiden su cola, no permitan que se metan!
- No sé distinguir un cordero de una oveja o un carnero. No sé ni lo que estoy contando.
- Sherezade empezó a contar las mil y una ovejas. (Gracias Zilniya!)
- Después de todo, contar ovejas es más fácil que contar pulpos.
- Por alguna razón, al contar ovejas se me ocurrió pensar en formar un partido político.
- No quiero contar ovejas, sus balidos no me dejan dormir. (Gracias Zilniya!)
- ¿Y si en vez de contar ovejas, las ordeno alfabéticamente?
- Mee teemo quee eesto dee contar oveejas tieenee efeectos seecundaarios.
- Cuando se acaben las ovejas, empezaré a contar lobos.
- Para el empleado del censo, contar ovejas es como seguir trabajando.
- Las últimas ovejas pasan quejándose de lo larga que está la cola.
- Sigo contando ovejas... Voy por la número 344,857 y empiezo a sospechar que esto no funciona.
- Debe haber una manera más eficiente de contar ovejas.
- Una oveja, dos ovejas, tres ovejas… ¿Qué hace pasando el conejo de Energizer?
- Les dije a esas ovejas que pasaran de una en una, sin aglomerarse, pero no hicieron caso.
- Para que se me quite el sueño, contaré ovejas en sentido inverso.
- - Hola, me dijo la oveja - ¿Qué cuentas?
- Algunas de las ovejas de la fila no pudieron venir, pero dejaron una esquela de disculpa.
Aclaración a pie de oveja: Este post fue inspirado por una serie de tweets de Zilniya, quien tiene además un blog llamado Ecologismo literario. Por si fuera poco, se da tiempo para comentar mis posts, lo que la hace sospechosa de volverse otra tonta como el que esto escribe. A manera de homenaje, me he permitido piratear aquí algunas de sus frases mezcladas entre las mías. Sé que ella disculpará el atrevimiento.
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