martes, 4 de noviembre de 2014

Imaginación y realidad


Siempre escucho que la realidad es más extraña que la ficción. Esto ocurre cuando se descubre la verdad sobre algún asunto, y resulta ser diferente a todas las teorías que se habían formado con anterioridad sobre tal hecho. Es que la imaginación humana está gobernada por los deseos y deformada por la educación recibida.

Cuando somos niños, los mayores empiezan una campaña sistemática por ahogar la imaginación. El cielo debe ser azul, dice la maestra al niño que pinta con crayolas; estas piezas se arman de esta manera, dice el padre. El resultado es un niño que piensa igual a los demás, con la imaginación castrada desde la infancia, con solamente la necesaria para perseguir sueños convencionales, de aquellos que se consiguen con dinero.
Por esto, cuando las personas tratan de utilizar la imaginación, en realidad reflejan sus deseos encuadrados en lo que les permite la educación recibida. Y la realidad no conoce de los sueños o deseos humanos, y puede llegar a donde la imaginación humana no alcanza.

Para quien se da cuenta de ello, la vida se vuelve una carrera hacia atrás, un intento por recuperar aquella imaginación perdida, eso que pinta la realidad de colores increíbles. El problema es que el mundo acepta cada vez menos imaginación. Tener acceso a tanta información, nos hace disfrazar nuestra falta de imaginación con el fácil recurso de cortar y pegar algo que se encontró en otra parte. Incluso la realidad hoy se corta y se pega.

La realidad, además es un concepto que los humanos deforman en todo momento. Al contrario de lo que se piensa, no es inmutable ni única, depende de la percepción de cada uno. El pasado no es inmutable, puede cambiarse de acuerdo a intereses personales, partidarios, religiosos o de otra índole. Tal vez se descubra que este pasado no ocurrió tal como se cuenta, y será entonces remplazado por otro que responda a otros intereses. Ocioso sería enumerar las veces en que se ha cambiado la historia para acomodarla a los intereses en boga. Lo mismo pasa con el presente. Hay tantas percepciones del presente como personas. ¿Cuál es la verdadera? Tal vez todos, tal vez ninguno. Tal vez sea el futuro aun no escrito el que nos invita a tratar de escribirlo con las pobres armas de nuestra imaginación. Y aquí también falla el hombre, pues siempre imagina el futuro como lo desea o lo teme, exagerando el presente o invirtiendo los hechos del pasado. Y la realidad no responde con lo uno ni lo otro, sino con algo distinto. El futuro será algo diferente a lo que imaginaron los que auguraron el triunfo del comunismo, a lo que predijeron el dominio del capitalismo y a lo que hoy predicen los gurús de la tecnología.

Tal vez sea mejor que la imaginación humana no pueda predecir el futuro, que el porvenir nos sorprenda siempre. Necesitamos tener una mejor imaginación, esa que tuvimos de niños, y que yo trato de recrear con estos escritos. Quiero imaginar cosas increíbles, para así acercarme tal vez a la realidad, como Santo Tomás de Aquino, quien decía “Lo creo porque es imposible”. Tal vez entonces imaginar que me quisiste no sea una idea tan descabellada entonces.

3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo en que de una realidad de "corta y pega" no se sacan dos collages iguales. Pero también he de decir que la imaginación, en cuanto al futuro, imaginación es, no adivinación. De lo contrario, sería muy aburrido, pues la sorpresa alimenta la imaginación.

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    1. Muy cierto, la imaginación del futuro es un sueño que se espera que se cumpla. Y la realidad tiene una imaginación muy diferente. Con una excepción: en mi trabajo soy capaz de predecir el futuro observando las causas que llevan a los (fatales) efectos. Y después me dicen que yo soy el salado cuando mis augurios se cumplen.

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