jueves, 22 de enero de 2015

Soñé que era famoso


Anoche soñé que era famoso ¿Que cómo llegué a ser famoso? No importa, como no importa la manera en que se hace famosa la gente hoy en día. Ahora hay gente famosa por salir en una foto en Facebook, por haber salido una vez junto a alguien famoso o como las que ahora llaman “socialités”, que van a todas las fiestas  y que ya nadie recuerda por qué son famosas. Así que soñé que era famoso, pero esta no era una fama agradable para mí, no por ser una fama negativa, por ser “tristemente célebre”, como dicen los cursis. Lo que no me gustaba de la fama era la actitud de la gente.

Caminaba por la calle, pensando que cuando uno es famoso, la actitud de los extraños que se cruzan conmigo es extraña. Me miran con una sonrisita tímida, se hacen los que desvían la mirada para seguirme apenas salen de mi campo de visión. Si solo fuera esto, no sería tan malo, pero también hay los que se sienten valientes y tratan de que les haga caso. En los tiempos antiguos la gente se acercaba a los famosos y los miraba a la cara esperando una sonrisa y pidiendo un autógrafo, pero ahora la gente se acerca a alguien famoso y se voltea y le da la espalda para sacarse un selfie sin pedir permiso. Otros que pasan en los carros, al reconocerme gritan obscenidades y se alejan felices de hacer insultado a alguien famoso, hecho que contarán después a quien los quiera escuchar.

Sigo caminando por la calle con mi fama a cuestas y veo a una vecina a quien saludo con un beso en la mejilla. En ese preciso instante siento el flash de una cámara fotográfica. Un paparazzi ha obtenido por fin la prueba de que tengo una relación amorosa con una bella desconocida, y la foto adornará la portada de las revistas del corazón, se pedirá la opinión de otros famosos y famosas, y al final se dirá que todo fue un truco publicitario para mantener mi fama.

Antes de llegar a la esquina llegan los periodistas. Quieren saber mi opinión sobre temas que desconozco absolutamente, sobre el traje que uso, y sobre lo que dijo de mí gente de la cual no me interesa su opinión. Como no respondo, publicarán al día siguiente que guardé un elocuente silencio.
Ahora vienen los de las cámaras escondidas. No es difícil reconocerlos, porque siempre vienen disfrazados de oso, de viejita o de policía. Esquivo los baldazos de agua, pintura y los palazos de goma que me arrojan para ver si me descontrolo y le doy más rating al programa de donde vienen. “No se moleste, es una cámara escondida” es la disculpa después de un puñetazo bien dado de mi parte al productor.

Luego viene el turno del aprovechador. Esta es una persona a la que desconozco, pero que dice conocerme de la infancia, de una fiesta perdida en la multitud de eventos sociales, o que dice ser el presidente de un club de fans cuya existencia también desconozco. Me pide mi presencia en una fiesta, en un bautizo y un quinceañero, para pedirme mi colaboración generosa a alguna causa noble de la cual también es representante. De nada sirve explicar que no sé la razón de mi fama, y que esta no me representa beneficios económicos. El aprovechador se larga después de amenazar con publicar todos mis secretos en su cuenta de Facebook y decirme la famosa frase “Tú no sabes con quién te has metido”, que en esta ocasión es absolutamente cierta, pues al señor no lo conozco de ninguna parte.

Me quedo pensando que tal vez me venga bien un poco de anti-fama, para que me dejen de pedir matrimonio por twitter, para que me dejen de decir que me veo mejor en fotos, y para que dejen de pensar en mi como un “líder de opinión” para temas tan trascendentes como el reality show de moda.

Por último, y ya cerca la noche, aparecen los secuestradores de famosos. Me meten a la fuerza a un carro y me obligan a vaciar mis tarjetas de crédito. Como lo que obtienen no alcanza ni para la gasolina del carro en que me secuestran, deciden ponerme atado en una silla por youtube en directo, diciendo cómo me van a asesinar si que no obtienen un millón de likes en un día. Están ya apretando el gatillo cuando despierto, aliviado y anónimo, feliz de seguir siendo un desconocido para el resto del mundo.

Qué bueno es no ser famoso.

1 comentario:

  1. Un sueño del cual mucho famosos no tienen la suerte de despertar como tu lo has hecho amigo, ( disculpa si te molesta que te llame amigo)
    Fue una pesadilla para ti, pero un relato muy entretenido para mi.
    un abrazo enorme y nos leemos vale :3
    pasate por mi blog cuando gustes

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