domingo, 4 de marzo de 2012

El sabelotodo

Todos conocen a una de estas personas. Están en todas partes, mezclados entre la gente, y sin embargo, tratando de hacerse notar por su pretendida sabiduría. Son aquellos que no importa lo que pase, ya lo sabían desde antes. Cuando el superhéroe se quita la máscara dicen que ya sabían que era él, cuando ven alguna telenovela, en el momento más emocionante dicen en voz alta “Ahora le dirá que espera un hijo de él” (Aunque aquí su porcentaje de aciertos es sorprendentemente alto), cuando alguien es asesinado, invariablemente señalan al mayordomo como el culpable, y al final del partido, puntualizan triunfantes “sabía que terminaría cero a cero”.

Los sabelotodos tienen esa tendencia exasperante a demostrar su sapiencia a partir de los detalles más mínimos. Cuando conocen a alguien, y con solo verlo por unos segundos, descifran sus secretos más íntimos, y su opinión típica será algo como esto: “Esa cara me parece un poco sospechosa, creo que no es de fiar, se le nota que no es feliz en su matrimonio, tal vez su esposa lo engaña cuando él sale en sus viajes, además parece que es una de esas personas que no se fija en la legalidad para obtener lo que quiere, vamos a tener problemas con él, mejor hay que cuidarse y tomar las medidas para vigilarlo”.

Cuidado con invitar a uno de los sabelotodos al cine. Interrumpirá constantemente nuestra atención para contarnos lo que va a pasar en la siguiente escena, y si no se le detiene, no tendrá ningún reparo en contarnos el final antes de la mitad de la película, ocultando el hecho de que antes de ir ya consultó ese final en internet, contado por otros sabelotodos que vieron el estreno y no tardaron en tuitearlo para demostrar al mundo que ellos también son sabelotodos.

Incluso las historias periodísticas son predichas por el sabelotodo antes de que los diarios publiquen el desenlace. Quién fue el asesino en ese crimen, quién será expulsado en el reality show de moda y cómo acabará el último escándalo político. El truco aquí es cubrir con sus predicciones todas las posibilidades, y cuando al fin se conoce el final, podrá afirmar triunfante “¡Yo lo dije!”.

Por lo tanto, debemos tener cuidado con el sabelotodo, o por lo menos debemos mantenerlo controlado para que no nos revele todas las cosas que, al fin y al cabo, no nos interesa conocer.

- Oiga, Inge, seguro que usted conoce a varios de ellos y los conoce bien… 
- ¿Conocer? ¡No! ¡Eso es lo que la gente dice de mí!

2 comentarios:

  1. Los sabelotodo encrespan los nervios, pero hay un tipo de tontito de conveniencia que a mí; particularmente me arrebata más.

    Lo digo porque tengo que aguantar estos extremos.O todo o nada. y...me paro a pensar que es...peor?.

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  2. Lo confieso: soy un poco sabelotodo. Lo peor es que no te das cuenta hasta que un amigo/a se mosquea.

    Como aquel día que iba con una amiga por la playa y me dice: "Mira, han hecho una figura de arena, un cerdito". Y yo le suelto: "Qué va a ser un cerdo con esos colmillos, ¡es un jabalí!". Se me pilló tal mosqueo que empecé a ser consciente del problema que causa ser tan "puntillosa".

    Ah, y en el cine, o voy sola o me tengo que poner esparadrapo en la boca... XP

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