miércoles, 25 de enero de 2023

Horóscopos



Ahora que ha empezado el Año Nuevo chino, es buen momento para dejar en claro que no creo en los horóscopos. Hay muchas razones físicas, astronómicas y de sentido común que me impiden creer en los horóscopos. Sin ir más lejos, puedo mencionar la ocasión en que tuve que ir a visitar la maternidad. Allí pude ver a todos los recién nacidos que habían nacido en el mismo lugar (metros más, metros menos) y a la misma hora (minutos más, minutos menos). Lo lógico es preguntarse si ya que todos tendrán el mismo signo y la misma carta astral ¿tendrán todos el mismo destino y el mismo carácter? Desde entonces cada vez que encuentro a una de esas personas que me manda Dios para poner a prueba mí paciencia, no le echo la culpa a unos astros tan lejanos que ni siquiera saben que existimos, sino a los padres que no saben criar a un humano decente.

Afortunadamente todos saben en el fondo que ninguna predicción zodiacal sirve para algo, y por eso nunca ha habido alguien que demande a ningún astrólogo por incumplimiento de horóscopo, y nadie ha presentado como atenuante de algún delito que su horóscopo le dijo que era una buena idea. Por eso cuando leo un horóscopo de los que salen en periódicos y revistas, me río pensando en lo que dirá un anciano leyendo que conocerá a un nuevo interés amoroso, un desempleado leyendo que tendrá un ascenso, o yo mismo cuando lea que me llegará una sorpresa, ahora que estoy tan aburrido que todos los días me parecen iguales. 
Aun así, siempre hay gente tan creyente en este tipo de cosas que ya no me extrañará cuando alguien pida licencia o justifique su bajo rendimiento en el trabajo aduciendo que son días en que mercurio está retrógrado, o que el sol ha entrado en aries, lo que sea que eso signifique. 

Ahora existen variaciones de los horóscopos para escoger el que más guste, todos igual de inefectivos en la precisión de sus predicciones. El más conocido es el horóscopo chino, el cual me ha traído algunos problemas cuando alguien me dice su signo, y yo, acucioso siempre, saco la cuenta para obtener su verdadero año de nacimiento. A mi vez, cuando yo declaro mi signo en el horóscopo chino, y lo comparo con mi signo zodiacal occidental, aparecen interesantes similitudes, pero que tampoco coinciden con lo que mis amigos piensan sobre mi carácter y manías. 

Esta comparación entre la forma en que debería ser según las estrellas, y lo que soy en realidad, en la autorizada opinión de mis amigos y compañeros de trabajo, me ha llevado a la conclusión de que tendría que salir del closet como un trans signo, un géminis encerrado en el cuerpo de un virgo, o alguien nacido como escorpio, pero se siente y se identifica como un aries. Tal vez tendré que iniciar un movimiento para que el mundo respete mis derechos, inventar un símbolo y una bandera, e invadir las grandes reuniones internacionales para exigir la inclusión de mi agenda transzodiacal, como parte de la agenda 2030. 

Menos mal que no creo en los horóscopos, y no me entran ansiedades suicidas al saber que vivo con un mercurio eternamente retrógrado, en medio de una guerra civil entre Marte y Júpiter, que ignora ascendentes y conjunciones. A veces, solo a veces, salgo a la calle y miro al cielo nocturno, y mi falta de conocimientos astronómicos me impiden identificar las constelaciones zodiacales para levantarles mi puño en señal de ira, o tan siquiera hacerles un gesto obsceno.

domingo, 15 de enero de 2023

Leyendas peruanas: Lima, la ciudad más rica del mundo



Cuando algo es reconocido como de un enorme valor, como un tesoro, se dice: “¡Vale un Perú!”. El Perú en los siglos XVII y XVIII era la máxima expresión de la riqueza, y Lima, su capital, era la encarnación del lujo exorbitante, como lo atestiguan los relatos de viajeros que pasaron por esta ciudad en esas épocas. Si hemos de hacer una comparación moderna, podríamos decir que era, o tal vez superaba, lo que hoy es Dubai. Por todo internet, y en los noticieros se habla del lujo que se encuentra en Dubai, imaginemos entonces al Dubai de hace casi tres siglos. Así que, sorprendido viajero de la imaginación, vayamos a una ciudad maravillosa cuyas huellas perduran hasta el día de hoy, aprovechando que por estos días se cumple un nuevo aniversario de la fundación española de esta ciudad. 

Durante la época de la dominación española en América del Sur, El Virreinato del Perú ocupaba casi toda la extensión del continente, comprendiendo lo que hoy son los países de Perú, Argentina, Paraguay, Bolivia, Colombia, Ecuador y Panamá. Y la capital de este enorme territorio era Lima, que en ese entonces tenía el nombre oficial de “Ciudad de los Reyes”. Para un mejor control y administración de la riqueza que producía, la Corona Española dispuso que todo el oro y la plata tenían que partir hacia España a través de Lima, desde su puerto en la vecina ciudad del Callao. Toda la plata de Potosí y Argentina, el oro de las montañas peruanas, y las piedras preciosas colombianas llegaban a Lima para partir desde allí hacia Europa. En consecuencia, el comercio generaba enormes beneficios para los habitantes de Lima, además de la condición de sede administrativa, que mantenía a una casta noble llena de marqueses, condes y duques que acompañaba al Virrey. 

La riqueza de esta nobleza dedicada al comercio era exhibida hasta la exageración y el escándalo. Sabemos que, cada vez que llegaba un nuevo Virrey para ocupar el Palacio en la Plaza de Lima, los gremios de comerciantes y los nobles de Lima le hacían una donación en oro y plata. De acuerdo al viajero francés Amedée Frezier, hacia 1682, con motivo de la entrada a la ciudad del Marqués de la Palata como Virrey, estos hicieron pavimentar dos calles vecinas a la sede de gobierno (La Merced y Mercaderes) con lingotes de plata. Otros cronistas refieren que incluso la entrada al palacio virreinal se pavimentó con lingotes de oro. Haciendo nuevamente una comparación moderna, esto no se podría hacer hoy ni en Dubai. 

Otros ejemplos: En aquel tiempo, Lima era una ciudad muy religiosa y no había semana en que no hubiera una procesión de algún santo o imagen, y las andas utilizadas eran de plata, con adornos de oro. Hablando de la religiosidad, muchas de las iglesias de Lima también exhibían el lujo y la generosidad de sus feligreses. Altares enchapados en pan de oro, imágenes de santos llenos de joyas de oro, plata y piedras preciosas eran comunes, mientras los curas en el púlpito instaban a la generosidad de sus feligreses para aumentar la riqueza de sus respectivas iglesias. Esto beneficiaba incluso a los mendigos que pedían limosnas en la puerta, Ricardo Palma refiere que varios de estos acumulaban buenos capitales que incluso permitían dejar herencias considerables a sus familias. 

En las casas, era obligación tener platos y cubiertos de plata, y se despreciaba la loza como propia de gente pobre, hasta empezó a llegar la loza decorada inglesa a fines del siglo XVIII. En los bautizos, no se repartían capillos de cartulina, se repartían capillos de plata a todos los asistentes. 

A la riqueza de la gente de Lima debía acompañar una arquitectura digna. Los cronistas del siglo XVI describen casas más bien incómodas y poco estéticas, hasta que ocurrió el terremoto de 1740, que dejó la ciudad en ruinas, lo que el entonces Virrey José Manso de Velasco, Conde de Superunda aprovechó para construir una ciudad con todos los lujos que merecía. A esto hay que agregar la competencia entre la nobleza limeña para hacer el mejor y más lujoso palacio. Los que quedan hoy son los que han dado a Lima la condición de Patrimonio Histórico de la Humanidad, y causan la admiración de los turistas. 

Otro de los virreyes que se dedicó a hacer de Lima una ciudad fastuosa en todo sentido fue Manuel Amat y Junyent, quien para los peruanos personifica el cenit del lujo de la capital peruana. Construyó la plaza de toros de Acho que se mantiene hasta hoy, y se le recuerda por el paseo de Aguas y la Alameda de los Descalzos, obras que conformaban un ambicioso conjunto de parques que no se llegó a terminar, y que de acuerdo a los planos que dejó, hubieran rivalizado con los de Versalles. Amat también representa la decadencia de las costumbres que trajo toda esta riqueza. Exhibía escandalosamente a su amante, la actriz de teatro conocida como “La Perricholi”, y se dice que construyó la Alameda de los Descalzos cerca a su casa, para halagarla. Esta alameda se convirtió en el lugar favorito de los limeños, que iban allí para mostrar sus joyas y carruajes. Amat obsequió a la Perricholi el carruaje más fastuoso que se haya visto en Lima, adornado de terciopelo y lleno de piedras preciosas. Debe haber sido un espectáculo pasear por allí en aquel tiempo. Los paseantes caminaban por una alameda bordeada de estatuas de mármol, llegando en carruajes adornados de joyas (Llegar a pie era considerado un signo de pobreza), y exhibiendo sus joyas en la vestimenta, exageradamente grandes debido a que los adornos no se consideraban ganancias, y por lo tanto estaban exentos de impuestos. 

Los nobles pasaban largas horas presumiendo de la pureza de su nobleza, competían por tener el mejor apellido o título, y se enorgullecían de no trabajar y vivir solo de sus rentas. Era moda vestir de paño traído de España y las mujeres también paseaban llenas de encajes y joyas, cubriéndose el rostro, y dejando solo un ojo libre, para acceder a aventuras románticas sin temor a ser reconocidas. 

Los viajeros que pasaron por Lima en ese tiempo coinciden en que el lujo de la ciudad eclipsaba al de cualquier ciudad europea, incluso lo calificaban de excesivo y escandaloso, y que relajaba las costumbres. Como muestra mencionaban que la afición al juego llegaba a altísimos niveles, y que se jugaban a las cartas verdaderas fortunas. 

Todo este lujo llegó a su fin poco antes del fin del siglo XVIII. la creación de los Virreinatos del Río de la Plata y de Nueva Granada (Colombia) hicieron perder a Lima la condición de único puerto de salida de las riquezas virreinales, a lo que siguió pocos años después el inicio de los movimientos independentistas, que volvió mucho más inseguro el comercio. 
Quien pasee hoy por Lima podrá ver las casas adornadas de balcones barrocos, y podrá ver en sus museos las andas de plata y oro, y los ricos cálices usados en sus iglesias, recuerdos del tiempo en que Lima fue la ciudad más rica del mundo.

jueves, 5 de enero de 2023

Lugar de citas 5



Hay veces en que me siento frente al teclado y a la mitad de un emocionante texto, me doy cuenta de que eso ya lo he escrito antes. Podría reescribir lo que ya hice antes, agregando nuevas cosas, o presentarlas desde otro punto de vista, pero en ese momento me da un ataque de flojera que me hace cortar y pegar algunos párrafos para quien no los haya leído antes. Aquí van:

La carne humana es un alimento rico en proteínas, nadie jamás ha discutido su valor nutricional. Numerosos casos ha habido en la historia en que el canibalismo ha sido practicado en caso de necesidad, sin efectos adversos sobre la salud. Visto desde el punto de vista ético, tampoco presenta obstáculos insalvables. Se sabe que somos lo que comemos, por lo tanto, el canibalismo nos hace más humanos. Solo esta debería ser razón suficiente: no seamos vacas, pollos o pescados, seamos humanos. 

...
Nadie sabe, y nadie ha sabido nunca, dar una definición exacta del amor. Y a falta de ésta, el hombre recurre a la metáfora. Intentando completar la frase “El amor es como” se han llenado cientos de libros y se han circulado infinitas historias. Por ejemplo, yo he escuchado decir con total seriedad, que el amor es como Jennifer López, porque aunque se ve muy bien por el frente, lo realmente valioso es lo que hay detrás. 

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A mí me parece que, en mi modesta opinión, a mi entender, como yo lo veo, tengo razón. Tú, en cambio, estás equivocado, no ves las cosas como son, estás engañado, crees lo que otros te dicen, no sabes nada. Y no vengas a tratar de confundirme con datos objetivos, que yo tengo mis propios datos, ni trates de refutar mi lógica, porque esas razones que tratas de esgrimir no son más que piruetas filosóficas y sofismas tramposos. 

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De todos los animales, tal vez el más literario es el gato. Debe ser porque lo tenemos muy cerca, en nuestras propias casas, y sin embargo no lo conocemos realmente. El gato es un huésped que usa nuestras casas como un Air BnB sin pago, y que no responde preguntas por más que uno pregunte, porque le importa un comino lo que nosotros pensemos de ellos. 

...
La vida es como el juego del Tetris, en donde tratas de arreglarte con las cosas que te van cayendo, tratas de ordenar las cosas de la mejor manera, borras lo que ya tienes completo para no preocuparte por ello, y cuando crees que ya le agarraste el truco, te empiezan a caer cosas que no esperabas y que te desordenan todo, cada vez más rápido, hasta que caes en la cuenta de que nunca podrás ganar, y que tu única misión es durar el mayor tiempo posible sin dejar todo hecho un desastre. 

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Leyendas peruanas: Abraham Valdelomar



Hace poco escribí sobre Yma Sumac, como alguien que creó su propia leyenda. No fue la primera en el Perú que lo hizo. Ese honor pertenece a Abraham Valdelomar, escritor que supo convertirse en la estrella fulgurante de la intelectualidad peruana a principios del siglo XX, y de quien es difícil separar la historia del mito. 

Abraham Valdelomar nació en Ica, y pasó su infancia en Pisco, puerto a poca distancia. El tiempo que pasó allí marcaría su vida y su obra. Sus mejores cuentos son recuerdos de su infancia allí, cuando vivía en una casa no lejos del muelle fiscal, que servía para recibir barcos de carga de mineral. Esa casa se conservó por mucho tiempo, aunque con muchas modificaciones, convertida en una pequeña tienda en donde yo iba a comprar de vez en cuando, y en donde solo una placa de bronce en la entrada recordaba su ilustre pasado. Con el tiempo la placa desapareció y finalmente la casa se derrumbó con el terremoto del año 2007. 

Abraham terminó la escuela en Lima, y luego ingresó a la Universidad de San Marcos, en donde el nuevo siglo XX impulsaba un torrente de nuevas ideas que inspiró a la que fue tal vez la generación más brillante de pensadores peruanos. Aquí empezó un ascenso meteórico. Dejó los estudios para dedicarse de lleno al periodismo, en donde su talento y posición política le llevaron tempranamente a la dirección del diario oficial “El Peruano”, y de allí a un puesto en la embajada de Perú en Italia. Allí conoció las nuevas corrientes del pensamiento de Europa que definieron sus obras posteriores. 

Cuando regresó al Perú, su talento fue una explosión. Sus trabajos periodísticos y sus cuentos le valieron el reconocimiento general. Al mismo tiempo, forjó su leyenda. Sus trajes a la moda inglesa y su conversación brillante lo convirtieron en el rockstar de la escena limeña, al tiempo que sus colaboraciones y comentarios sobre la situación política en diarios y revistas eran celebrados por el público. ¿Cuánto de verdad o pose había en todo ello? Mi opinión es que todo esto era una pose, una estrategia de marketing usada antes de que se conociera este término. Y lo digo porque sus versos y cuentos estaban llenos de una nostalgia provinciana, una nostalgia que se refleja en “Tristitia”, uno de sus versos más conocidos: 

Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola, 
se deslizó en la paz de una aldea lejana, 
entre el manso rumor con que muere una ola 
y el tañer doloroso de una vieja campana. 

Nada más lejanos estos versos de la actitud escandalosa que exhibía en las calles de Lima, vestido de dandy y dedicando versos improvisados a las señoritas que encontraba en los cafés de moda. Su retrato más conocido, muy elegante y con la mano sobre una calavera, coincide con la imagen que intentaba proyectar. Fiel a este ánimo escandaloso, frecuentaba sanatorios mentales para inspirarse y visitaba cementerios por las noches con sus amigos. En ese tiempo se hizo popular una frase suya que repetimos los peruanos desde entonces: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert, y el Palais Concert soy yo”.
Valdelomar era, a pesar de ser provinciano, el ejemplo perfecto del intelectual limeño, y otra anécdota lo refleja. Al Palais Concert, el café más conocido de la época, llegó un joven César Vallejo para presentarle sus primeros poemas. Se presentó tímidamente y recibió esta respuesta: “Cuando regrese a su tierra, podrá contar que estrechó la mano de Abraham Valdelomar”. La historia es muy probablemente falsa, ya que Valdelomar intercedió para la publicación en Lima de algunos de sus poemas, y Vallejo le pidió prologar su primer libro “Los Heraldos Negros”. 

Con la fama obtenida, fundó la revista “Colonida”. Solo cuatro números de esta revista bastaron para sacudir la literatura peruana e insertarla en la modernidad, con los que creó un movimiento cultural cuyas consecuencias perduran hasta hoy. Allí publicó algunos de sus cuentos y poemas, brillantes y modernistas. Incluye allí una de las mejores comparaciones que he leído, al referirse a los gallinazos que se pueden ver hasta hoy en Lima: 

“El gallinazo es negro, definitivamente negro, rotundamente negro. Es como una maldición de padre agustino dicha en una cámara oscura a las doce de la noche. Oscuro como la filosofía alemana, espíritu nietzchiano, sombrío como un juramento de mayor de guardias”. 

 Aprovechando esta fama, daba conferencias en todo el país y como muchos intelectuales de la época, fue seducido por la política. Aunque la wikipedia diga que al volver a Ica fue aclamado unánimemente, mis fuentes me afirman que no fue así. Para su familia al menos, siguió siendo el chiflado, el loco que se vestía de payaso y que trataba de llamar la atención como sea. Fue elegido diputado por Ica, y en una de sus gestiones como tal, en la ciudad de Ayacucho, murió repentinamente. Tenía sólo 31 años. 

Las circunstancias de la muerte de Abraham Valdelomar se convirtieron en parte de su leyenda. Curiosamente, los libros de historia no hacen referencia a lo que pasó, y en el mejor de los casos, aluden vagamente a “un accidente”. Sabemos que esa noche se alojó en una casona antigua, y lo que pasó después es objeto de polémica. Se dice que se levantó de madrugada para tomar una dosis de ajenjo o morfina, y presa de la euforia, cayó de la escalera y se fracturó el cuello. La historia más escandalosa cuenta que se levantó para ir a la letrina, cayendo en ella, para ser encontrado solo un día después. 

Como toda estrella que muere joven, después de su muerte alcanzó el status de mito, edsta vez justificado con una obra que lo ha dejado en el lugar de uno de los mejores cuentistas que haya dado mi país. César Vallejo le dedicó estas palabras al enterarse de su muerte: “Hermano en el dolor y en la Belleza, hermano en Dios”, Abraham, tú no puedes haberte ido para siempre; es imposible. Sólo, como cuando viajabas, hermano estás ausente.” Su imagen puede verse hasta hoy en billetes peruanos, y su cuento más famoso, “El Caballero Carmelo” sigue siendo popular después de un siglo. 

En Pisco, queda aún el muelle, y crecen las higuerillas en la playa, tal como los describió en sus cuentos. Una de sus hermanas se quedó viviendo en Pisco, y tuvo una hija, que andando el tiempo fue mi abuela. Es por eso que hoy me senté a escribir lo que sé de esta leyenda.

domingo, 11 de diciembre de 2022

Leyendas peruanas: El Tuturutu



Quien haya ido a Arequipa, la reconocerá como una de las ciudades más hermosas del Perú, y se sorprenderá al ver en el centro de la Plaza de Armas una pileta coronada por una figura de un pequeño tocando una corneta. Sobre esta figura, conocida como el “Tuturutu”, hay varias historias y leyendas. Esta es la más maravillosa de todas. 

Allá por el año 1735, al Obispo Juan Cavero y Toledo le pareció que la floreciente ciudad merecía una pileta ornamental que la embellezca, para lo cual encargó a un artista de la ciudad el diseño y la fundición de tal pileta. La idea, la verdad, no despertó demasiado entusiasmo en la población, que pensaba que había problemas mucho más graves que resolver antes de estar pensando en obras de arte.

En efecto, la gente se quejaba con cada vez mayor frecuencia de una plaga de duendes que alteraba el normal desenvolvimiento de la ciudad. Los duendes, como se sabe, tienen afición por las cosas brillantes, y escondían joyas, tijeras y cuchillos ante la desesperación de los dueños, y había noticias de intentos de llevarse a los niños de sus cunas. Ante estas quejas, la respuesta del obispo había sido hasta el momento muy tibia. Había tratado de explicar en una de sus homilías que los duendes eran las almas de los niños que habían muerto sin recibir el sacramento del bautismo, y había instado a los pobladores a llevar a los recién nacidos a la iglesia para recibir el agua bautismal. Esto no era suficiente para los arequipeños, porque no resolvía el problema inmediato, que era el cómo deshacerse de los duendes. 

Mientras tanto, el obispo acudía cada pocos días al taller del fundidor para verificar el avance de la pileta encargada, para aprobar los adornos y el ángel que coronaría la pileta. Cada vez que visitaba el taller, el obispo salía contrariado por el poco avance de la obra, y pedía explicación para tal demora. El fundidor insistía en que la plaga de duendes no le dejaba trabajar, y que había un duende que le escondía continuamente las herramientas, impidiendo su trabajo. Esto retrasaba además el trabajo del ángel que coronaba la pileta, pues el fundidor pensaba usar como modelo a su pequeño hijo, y al llevarlo al taller, el duende se le había aparecido más de una vez, al grado que ni su hijo ni su esposa querían poner un pie en el taller otra vez. Al obispo le parecía esto una burda disculpa para justificar el retraso y las pocas ganas de trabajar. Le ordenó que, si no podía usar a su hijo como modelo, pues que busque otro en la ciudad. El resultado fue el mismo. Los niños que llegaban al taller salían espantados al poco tiempo por las apariciones del duende que los jalaba de los pies, y con los padres yendo a quejarse al obispo por permitir que tal cosa ocurriera. 

La ciudad fue cayendo poco a poco en estado de conmoción. Eran comunes los reportes de tropezones con obstáculos inexistentes, artefactos que aparecían en los lugares menos pensados, y canastas de bebés que aparecían lejos de donde los dejaban sus padres. Solo entonces el obispo empezó a tomar algunas medidas. Con algunos ayudantes, empezó a visitar algunas casas, armado de agua bendita y un libro de ensalmos traído de España, para, con la ayuda del poder de Dios, echar a los duendes y tranquilizar a sus habitantes. Esto era un paliativo que no solucionaba el problema principal, pues los duendes, al ser expulsados, buscaban una de las casas vecinas para seguir haciendo sus travesuras. 

En uno de esos recorridos, pasó por la casa del fundidor, al que encontró tratando de trepar al árbol que se encontraba en su entrada, y en donde podía verse en una de las ramas más altas, unas pinzas de fundidor. Al ser consultado por el avance de la obra, le respondió que los padres del último niño que había ido para modelar el ángel se negaban a traerlo de nuevo, diciendo que el niño había regresado hablando del “hombre chiquito” que lo llamaba a jugar afuera, y que lo jalaba del brazo para llevarlo. 

El obispo, a estas alturas, ya no sabía qué creer, así que decidió quedarse un rato en el taller para ver el trabajo. Al poco rato, el obispo quedó petrificado al ver al duende tratar de jalar su propia cadena de oro. El ayudante del obispo se levantó y tiró de las ropas del fundidor para advertirlo, señalando a la pequeña figura de un color verde terroso prendido de la cadena del obispo. El fundidor, ya harto de las molestias, saltó rápidamente con un formón en la mano, y logró coger al duende de la oreja. El duende empezó a lanzar unos gritos horrorosos, mientras el obispo y su ayudante se quedaban paralizados. Sin saber cómo, el duende cogió una corneta dejada por uno de los niños que había estado antes y empezó a soplar. Todos cayeron en la cuenta de que el duende estaba llamando a sus compañeros ante el ataque. 
No había tiempo que perder antes de verse con una verdadera invasión de duendes, así que el fundidor hizo lo único que se le ocurrió: arrojó al duende en el balde de yeso que tenía listo para hacer el modelo y lo sumergió completamente allí. Así lo tuvo mientras el obispo se recuperaba del susto, con la asistencia de su ayudante. 

Allí estuvieron todos un par de horas más mientras el obispo recorría la casa rezando nerviosamente los ensalmos que liberaban al taller y a toda la casa de la presencia de los duendes. Al verificar el balde de yeso, este ya se había endurecido y el cuerpo del duende se había convertido en polvo, dejando su forma en el yeso sólido. El obispo decidió que ya tenían la solución a los problemas de duendes y también al de la pileta. Acordó con el fundidor que la figura de yeso serviría de molde para la figura que colocarían en lo alto de la pileta. Así los duendes reconocerían la forma de uno de los suyos y sabrían lo que les pasaría si seguían molestando a los habitantes de la ciudad. 

Al narrar la historia y la conclusión en el púlpito del siguiente domingo, la multitud rompió en vítores y todos se mostraron dispuestos a hacer donaciones para completar el material con el que la pileta quedaría lista lo antes posible. Al poco tiempo, la pileta fue inaugurada en el centro de la plaza, y los incidentes con los duendes disminuyeron hasta desaparecer. 

Durante un tiempo, los arequipeños insistían en escuchar de vez en cuando al duende que trataba de hacer sonar la corneta para llamar a sus amigos, y por eso llamaron a la figura el “Tuturutu”, pero incluso aquello pasó con el tiempo, y solo quedó el nombre con el que los habitantes de Arequipa lo conocen hasta hoy.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Frases twitteables 65


Ahora que a Twitter le han puesto un cartelito que dice "Bajo nueva administración", he visto a muchos amenazar con irse a cualquier producto de la competencia. Yo, como tonto que siempre llega tarde a todas las modas en redes sociales, me he quedado y he pensado que me quedaría solo. Pero no, Todo sigue igual que antes, lleno de gente que viene a quejarse, y yo sigo como uno de los pocos que trata de inyectar un poco de optimismo y humor a esta red. La vida continua, y aunque estoy en esa fase en que me salen más relatos largos que frases cortas, aquí dejo mi última descarga de frases tan tontas como sinceras.
  • Me gustan esas canciones que cuentan historias, pero que a cada uno cuenta una historia diferente. 
  • La inflación se ha desbocado. Ayer, en el tiempo en que resolvía una ecuación, la X ya había subido de valor. 
  • Esa voz interior que me dice “Cálmate, piensa bien las cosas” es acallada por esa otra voz interior que me dice “Me muero de hambre”. 
  • Hoy es uno de esos días en que me pongo los audífonos, porque si alguien me va a estar gritando, prefiero que sea Freddie Mercury. 
  • Amaneciendo con la sensación de que el narrador de mi vida se está distrayendo con las tramas secundarias y no está avanzando en mi historia. 
  • Hay gente que aunque enciendas una vela, seguirá mirando hacia la oscuridad. 
  • Cada vez que alguien me insiste en aprender de las malas experiencias, ese alguien es el que quiere aprender de mis malas experiencias. 
  • Las personas que habitan mis sueños creen que no soy real. 
  • Benditos aquellos tiempos en que salíamos a la calle con la esperanza de cruzar la mirada con alguien y hallar un amor a primera vista, en vez de caminar sin despegar la vista del celular. 
  • No es que yo vea el vaso medio vacío. Lo que pasa es que lo he verificado y solo tiene el 49.999% de agua. 
  • ¿Cómo explicar que el dinero no compra la felicidad a quien me está asaltando en una calle de noche?
  • Prometí esperarte mil vidas. Ya voy en la 995 y me estoy empezando a impacientar. 
  • Nuestra polémica de hoy: ¿Se escribe mejor, se es mejor poeta cuando uno está enamorado o cuando tiene el corazón roto? 
  • No es que sea callado, es que yo practico la telepatía. 
  • A la voz de la razón no le haría mal dejar ese tonito de superioridad, tener un poco más de carisma y no ponerse insoportable. 
  • Algún día harán una película sobre la triste historia de las ratas del Titanic, y cómo trataron de escapar antes de que se hunda el barco. 
  • Aprovecha el momento, me dicen. El problema es que mientras me quedo pensando en cómo aprovechar el momento, el momento ya pasó. 
  • Otra pregunta de esas que inician corrientes filosóficas: ¿La nada ocupa espacio? 
  • Si queremos que las máquinas no se hagan más inteligentes que los humanos, dejemos de ponérsela tan fácil. 
  • Se terminó, dijo el viejo cazador de dragones. Ya no quedan más dragones en el mundo. ¿Y ahora qué haré? - Peor aún ¿Qué haré yo? dijo su aprendiz. 
  • Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí, pensando. No vuelvo a jugar ajedrez con un dinosaurio, dijo.
  • Que dice la estrella fugaz que en realidad es un meteorito que está muy ocupado tratando de no desintegrarse en la atmósfera como para estar escuchando las tonterías que pides como deseo. 
  • Una parte de mi libro está inspirada en ti. Más exactamente, esa coma que está en la cuarta línea del tercer párrafo de la página 43.
  • Es cierto que el tiempo cura la herida, pero también es cierto que se curará más rápido si dejas de tocarla. 
  • Mi zona de confort tiene paredes insonorizadas para no escuchar tus críticas.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Leyendas peruanas: Achkay, la bruja



Dentro de las leyendas peruanas, hay algunas que se parecen a los cuentos europeos clásicos. Esta es la historia de la bruja Achkay, que se cuenta en la sierra de Ancash. 

En una ocasión, vivía en uno de los valles de Huaylas una pareja de esposos y sus dos pequeños hijos, que trabajaban la tierra. Estos niños eran muy traviesos y se hicieron amigos de los animales de la sierra, con los que jugaban mientras ayudaban a su padre. Pero vino una gran sequía que duró muchos años. La esposa del hombre murió en el primer año y los niños se pusieron muy flacos. Aun así, el hombre conservaba su tierra y la trabajaba lo mejor que podía. Esto despertó la codicia de una mujer malvada que enamoró al padre hasta casarse con él. 

Una noche, los niños se quejaron a la madrastra por el hambre que tenían, y ella les contestó muy molesta: “No hay nada, ya duérmanse”. Los niños obedecieron, pero la malvada mujer se quejó con su esposo: “Esos hijos tuyos son ociosos, no trabajan y solo comen, no quiero verlos, arrójalos al cerro” El hombre, que estaba embrujado por la mujer, le obedece, y coge a los niños dormidos y los pone en un costal y los arroja por el precipicio, tal como se lo habían pedido. 

Los niños cayeron un trecho, pero las plantas de la ladera, llenas de espinas, detuvieron la caída. Los niños despertaron al amanecer y se vieron atrapados en medio del abismo. Incapaces de hacer otra cosa, empezaron a gritar por ayuda. Un cóndor que sobrevolaba los cerros los vio y se acercó a ellos. “Tío cóndor, tú nos conoces, sácanos de aquí”, le dijeron. El cóndor los reconoció, y con sus fuertes garras, rompió el costal para permitir que los niños salgan y trepen sobre sus hombros, para luego emprender el vuelo. 

Así, con los niños montados, llega a un campo donde había muchas papas, cerca del pueblo de Chavín, y los deja allí. Los niños, contentos, empiezan a recoger papas para saciar su hambre, pero se dan cuenta de que no pueden cocinarlas sin fuego. Entonces vieron el humo que salía de un ranchito. la niña entonces dice “Yo iré a la choza para pedir fuego, aunque sea sólo para asar la papa”. No sabían los niños que esa era la casa en donde vivía la bruja Achkay y su hija Oronkay. 

Al ver a la niña, se le abrió el apetito a la bruja y pensó lo sabroso que sería comérsela. Pasa, le dijo - ¿Vienes sola? La niña le respondió que su hermano la estaba esperando afuera con las papas. La bruja pensó lo bueno que sería cocinar a los niños y dejar un poco para su hija. Le dijo: “Acá cocinaremos para que estemos bien. Trae a tu hermano. Por favor vengan con sus papas”. Los niños entraron a la casa y la vieja bruja les decía lo rico que iban a comer. 

Pero la bruja quería también comerse las papas de los niños, así que puso en la olla las papas y también unas piedras del río, que sirvió a los niños. Ellos trataron de pelar las papas sancochadas, pero no pudieron. Los niños dijeron “Estas papas están muy duras, no se pueden pelar”. La bruja cogía sus papas y les decía “pero sí se pueden, mira las mías”. Como ya era de noche, se fueron a dormir. "Voy a dormir con tu hermano en mi cuarto", dijo la bruja, y tú dormirás con mi hija en la otra habitación.

Cuando el niño se durmió, la bruja lo metió en una olla y encendió el fuego. El niño despertó y dijo: “Ay, qué calor”, la niña despertó y preguntó ¿Qué le haces a mi hermano, tía? La bruja respondió: “Estoy sacando las liendres de su cabeza”. Entonces por segunda vez se quejó el niño: “¡Ay qué calor!”. Otra vez la hermana pregunta a la vieja: “Tía ¿Qué le estás haciendo a mi hermano?”.”En la cabeza de tu hermano hay muchas liendres. Por eso se queja” - respondió. El niño ya no pudo quejarse de nuevo, porque la olla ya estaba hirviendo. La bruja inmediatamente se comió al niño, y cuando amaneció, ya había terminado. 

La olla todavía estaba caliente, así que la bruja pone más agua y le dice a su hija que meta a la niña a la olla. Pero en la cocina vivía una rana, que advirtió a la niña del peligro que corría. Oronkay, la hija de la bruja, le dice: “Qué lindo, qué bellas flores hay en esta olla, ven tú también para verlas”. La niña, prevenida, le responde “A ver tú primero”. Al acercarse la hija de la bruja, la niña la empujó adentro. Después de haberla empujado, la niña recogió los huesos de su hermano y huyó de la casa. Al rato, la bruja regresa, abre la olla y la carne ya está bien cocida. Muy contenta, la bruja empieza a comer. Cuando está satisfecha la bruja busca a su hija y no la encuentra. Llama y llama. De repente su hija le contestó desde dentro de su estómago. Dándose cuenta dijo: “¡Me hizo comer a mi propia hija!”. Grita llena de odio: “¡Dondequiera que te encuentre, me las vas a pagar!”. Y empezó a perseguir a la niña. 

La niña huyó al campo llevando los huesos de su hermano en un costal, y así llegó a donde un zorrillo escarbaba un hueco. La niña dijo al zorrillo: “Escóndeme Tío, en el hueco, por favor”. Al rato la bruja llegó y le preguntó al zorrillo: “zorrillo asqueroso ¿Has visto a mi hija?”. El zorrillo contestó: “No la he visto”. La vieja se enojó por la respuesta: “No sirves para nada”. El zorrillo, enojado, la orinó en sus ojos. Mientras la bruja se limpiaba y se quitaba el olor, la niña pudo escapar. 

La niña huyó todavía varios días, hasta que llegó a donde estaba el cóndor. La niña le contó al cóndor todo lo que le había sucedido, mostrándole los huesos de su hermano. “Tío cóndor, escóndeme debajo de tus alas”. El cóndor accede justo cuando llega la bruja, que le pregunta por la niña, a lo que el cóndor le responde que no la ha visto. La bruja no le cree y le dice: “Déjame buscar debajo de tus alas”. El cóndor acepta y dice: “Acércate para que veas! Cuando ella estaba a punto de levantar su ala, el cóndor le dio un aletazo, y la bruja cayó revolcándose en el suelo. Mientras tanto la niña salió y se fue corriendo. 

Después de viajar muchos días, la niña ya estaba muy cansada, y llega a la tierra de los kullkush, las tórtolas de la puna, a las que pidió ayuda para llevar los huesos de su hermano. Uno de estos pájaros se ofreció entonces para resucitar a su hermano, haciéndose entregar los huesos, que depositó en su cesta de mimbre. Obligado a ausentarse para ir en busca de semillas y granos, recomendó a la niña no abrir por ninguna razón la cesta para ver qué pasaba con los huesos. Mientras tanto, Achkay, siguiendo el rastro de la niña, llegó a su vez al territorio de los kullkush y, viéndola, lanzó un grito amenazador. La niña, desesperada pues no había vuelto aún la tórtola, destapó la cesta y vio con gran sorpresa que los huesos se habían transformado en el cuerpo de su hermano. Se sintió feliz, pero justo en el momento en que estaba cogiendo la mano del pequeño, éste se transformó en kashmi (perrito blanco). 

Seguida por este nuevo compañero, la niña huyó hacia el altiplano, donde encontró una vicuña con una cuerda de oro atada al cuello; a ella le contó todo, rogándole que le dejara la cuerda para subir al cielo. La vicuña le prestó la cuerda de oro y la niña, junto a su hermano, comenzó la subida. Cuando Achkay llegó donde la vicuña, vio a la niña subiendo por la cuerda, y pidió a la vicuña una cuerda para subir también ella. La vicuña le dio una cuerda de paja con un ukush (ratoncito) puesto en el extremo. Achkay lanzó la cuerda hacia arriba y empezó a subir alegremente, convencida de que la pequeña ya no tenía escapatoria. Cuando estaba a punto de alcanzarla le gritó: "¡Oye, desgraciada, pagarás por la muerte de mi hija con tu vida!". Pero al continuar la subida oyó el ruido emitido por el ratoncito, a quien preguntó: "Oye ratoncito, dime, ¿qué estás comiendo con tantas ganas?”. “Estoy masticando la kamcha (maíz tostado) dura de mi abuela", contestó. El ratón continuó royendo la fibra de la cuerda, hasta que ésta se rompió por el peso de Achkay, quien cayó dando un fuerte alarido. 

El cuerpo de Achkay se estrelló contra el monte Rakan Shapra, en la orilla izquierda del río Ouchka, cerca del Templo de Chavín. La sangre que salió del cuerpo de la vieja fue a parar a un lugar cercano llamado Wila-kota, que ahora es un pequeño lago en la orilla izquierda de dicho río. Los restos del cuerpo volaron en todas las direcciones; de ellos nacieron muchas pequeñas plantas silvestres y cultivadas que aún hoy crecen en la tierra de los Conchucos. De las piernas y de los brazos salieron los cactus (kashas), de las uñas las ciruelas, de los pelos las ortigas, de los ojos las patatas, de los dientes el maíz, y de los dedos la mashwa. 

La niña siguió subiendo por la cuerda de oro hasta que llegó al cielo con su hermano, en donde ella se convirtió en Apachi Ururi, la Estrella de la Mañana, mientras su hermano se convirtió en Achachi Ururi, la Estrella de la Noche, que desde entonces guían a los viajeros, pastores y agricultores.
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