Este fin de semana, aprovechando mi descanso, me puse a ver la ceremonia de los Oscars, que hace tiempo no veía, cansado de escuchar hablar de películas que no he visto. El momento más memorable de esta ceremonia, como la mayoría sabe, no fue sobre una película, sino sobre una foto grupal de varios de los artistas asistentes.
Esto me hizo reaccionar y pensar en lo alejado de las modas que estoy desde hace un tiempo. Resulta que el Harlem Shake ya pasó de moda, mire usted. Hasta el año pasado en algún momento en que nos reuníamos un grupo de gentes alguien proponía "¡Vamos a hacer un Harlem Shake!". Para evitar esto, la gerencia nos envió un amable mail recordándonos que estaba prohibido tomar fotos dentro de la obra, y recordándonos también los peligros de hacer un Harlem Shake junto a maquinarias en movimiento. Una pena, porque habría quedado muy bonito.
Hasta ahora yo solamente conocía la moda de los selfies que tan populares siguen siendo en el facebook donde uno se encierra en el baño y se toma la foto frente al espejo. Lamento decir que eso solo funciona para mujeres con un buen cuerpo. Los demás nos vemos bastante ridículos.
Además, ver los selfies de mis conocidos me causa vergüenza ajena. Insisto en que la moda de los selfies en el baño le ha causado a la fotografía el mismo daño que las canciones de Arjona le han causado a la música y a la poesía.
Pero ahora la tarea está más sencilla: Hay que conseguir a un grupo de amigos, tomar un celular y hacernos una foto grupal, que quede más o menos como el que creo es uno de los primeros "selfies", que es el de la carátula de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band". Así que ¡Hagámonos famosos!
Para que el selfie sea recordable y relevante debe tomarse en lugares especiales. La sala de la casa no te sirve, cuñado, recuerda que debemos competir con una foto tomada en plena ceremonia de los Oscars, con el de Obama y con los que se están poniendo de moda..
Nuevamente, sería bonito tomarla junto a una grúa de 600 toneladas, pero no se puede. Acepto sugerencias.
- Oye, Inge, ¡Podemos tomarla en el hospital!
Creo que sería bastante original si nos tomamos un selfie todo el grupo usando la máquina de rayos X, pero no sé si es seguro para la salud. La otra opción fue descartada por la viuda de Don Laureano Cachivachi, que se negó a que la última foto de su marido sea un selfie grupal en su lecho de muerte.
El siguiente intento fue tomarnos una en el estadio. El problema fue que no entrábamos todos en la foto y le pedimos a uno de los de la barra que nos tome la foto. El barrista tomó un poco de distancia para hacernos la foto y luego desapareció misteriosamente llevándose el iPhone que le habíamos prestado.
El último intento será el que vale. Esta vez nos hemos reunido todos, uno de los muchachos se ha sacrificado para ser el quien tome la foto, aunque no salga, y hemos podido por fin hacer nuestro selfie grupal. Quien nos conoce podrá dar fé de que ahí está todo el grupo: El Gordo, Carepared, el Trucha, la Gata, el Tombo, y todos los demás.
Hemos logrado al fin nuestro selfie grupal.
¿Quieren saber lo que piensan los tontos? Aquí hay información de primera mano.
jueves, 6 de marzo de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
El príncipe orgulloso
Que Alá el Poderoso, el Sabio, el Benéfico, me ilumine para narrar esta historia de uno de tus mayores siervos. Esta historia, ejemplo para todos los creyentes, le aconteció al gran Abu Navid, aquel maestro tan sin razón ignorado y aún confundido con otros menos sabios. Mas la voluntad de Alá es oscura y la ha dejado como ejemplo para que los humildes cronistas prueben su valer, desentrañando la verdad y mostrándola a quienes en verdad creen. La historia acontece durante uno de los viajes de Abu Navid, dicen que el primero, cuando su fama crecía como la enredadera en el más fértil de los jardines. Abu Navid el Apócrifo llegó a la ciudad de Karmabad, a la sazón regida por Abenjacán el Magnificente. Mas quiso Alá el Todovidente que acertara a suceder que en aquel momento el Sultán se encontrara fuera de la ciudad. De esta suerte, el maestro Navid fue recibido por el príncipe heredero. Este tal príncipe, sabedor de su fama y sabiduría, lo invitó cual se merecía a una espléndida cena y luego lo invitó a dar un paseo por el pueblo. Fue entonces que habló de esta guisa:
- Observa, maestro, como en este reino el
príncipe es respetado y adorado por el pueblo, contempla como todos se inclinan
a mi paso y me saludan con reverencia – le dijo – Esto muestra el gran poder
que tiene aquí la casa real, y la gran valía de mi persona.
Abu Navid, el Sutil, contemplaba la escena con
interés, pero sin decir palabra alguna que mostrase aprobación o rechazo a lo
que veía. Solo al final del paseo, mostró Abu Navid su sabiduría al decir:
¡Oh! Principe, he observado atentamente lo que
me dices, pero no creo que estas personas se inclinen ante ti, tal como
afirmas.
El príncipe, de quien ya se decía que tenía el
defecto del orgullo, se atrevió a decir:
Tal vez, maestro, tus ojos no han visto lo
mismo que los míos, o tu sabiduría está embotada por el almuerzo; si no es así,
la sutileza de tu sabiduría escapa a mi entendimiento ¿A quién estaba
reverenciando el pueblo entonces? ¿Es verdad acaso que tu conocimiento es
apócrifo e injusto de tu fama?
Eso lo vamos a discernir en este momento, dijo
Abu Navid. Tan solo necesito que me prestes un momento tu corona y tu cetro de
príncipe. Al tenerlos, y ante la mirada curiosa del príncipe, pidió a uno de
los sirvientes que le trajera a un burro. Ante el pasmo de los
presentes, el maestro Navid colocó la corona en la cabeza del burro
y el cetro real sobre su lomo. Dándole una palmada, hizo que el burro caminara
de este talante por la calle principal de la ciudad. Al ver al burro caminar
llevando la corona y el cetro, los habitantes se inclinaban y reverenciaban
como lo hicieran antes con el propio príncipe. Abu Navid y el príncipe
caminaban un poco atrás, sin ser reconocidos y sin ser saludados por nadie.
- Ves, mi joven príncipe, que la gente de esta
ciudad no saluda al príncipe, sino a quien lleva los adornos del poder, aunque
este no sea más que un burro. Todo este tiempo en que creías que la gente te
saludaba, en realidad estaba saludando a una corona y a un cetro.
El príncipe conoció la verdad de las palabras del maestro Abu Navid, y se sintió apenado del orgullo que había mostrado hasta entonces. Bajo el consejo de Navid el príncipe conservó al burro en su palacio, tratándolo con holganza y sin encargarle grandes trabajos. Cada vez que sentía caer nuevamente en el pecado de la soberbia, la presencia del burro le hacía recapacitar y volver a su nueva y humilde actitud. Y dice más la historia: que este príncipe no era sino Salafir, quien sucedió años después a su padre Abenjacán y alcanzara justa fama por su discreción y humildad durante su corto reinado. Alá el misericordioso ilumine a los que lean esta historia y les guíe en la búsqueda de las siete virtudes sagradas, les dé templanza y les aleje de pecados como el de la soberbia, que pertenece solo a Alá el Todopudiente.
martes, 25 de febrero de 2014
El día de volver al pasado
Hoy he decidido volver al pasado, tal vez
tratar de recoger algunas de las cosas que dejé en el camino. Paso por mi sala
y enciendo el enorme televisor a colores, uno de los primeros que salieron en
el país, para ver los dibujos animados de los pitufos y Cool Mc Cool. Sobre el
televisor está la vieja consola de juegos Atari 2600, en donde jugaba al Pacman
y al Frogger, con gráficos que eran poco más que cuadrados redondeados y sonido
pobrísimo. Cuesta ahora creer que en ese tiempo eran lo más avanzado. Las ahora omnipresentes computadoras personales no existen todavía, al menos no en mi casa, y el único teclado que hay en mi casa es el de una máquina de escribir Olivetti en la que hago los deberes escolares.
Tengo
ahora en mi mano los viejos billetes de 50 mil soles y hasta los de 5 millones,
que me recuerdan el tiempo en que todos eran millonarios, y cuando los millones
no alcanzaban para comprar nada.
Puedo elegir entre poner una cinta en el Betamax que está conectado al televisor, o salir a la calle a buscar a los amigos con los que jugar fulbito con una pelota de plástico en el césped del pequeño parque a pocos metros de mi casa. Saldré a la calle, pasando los cercos hechos de matas de granadillas y cipreses, que después serán reemplazados por muros de ladrillo y rejas para evitar los robos.
En la calle veo pasar a los buses amarillos
que llevaban al centro de la ciudad, y me daban unos boletos de papel blanco
que coleccionaba en el forro de mis cuadernos de colegio. En ese tiempo recién
aparecían los niños que cantan en el bus pidiendo monedas. Al ser los primeros,
recibían muchas monedas de los viajeros, razón por la cual se multiplicaron tan
rápidamente que cuando nos dimos cuenta, ya era imposible hacer un viaje sin
que aparezcan dos y hasta tres veces en los pasillos cada vez más llenos.
La gente que circula por las calles lleva la
ropa de antaño, cuando la moda era realmente distintiva y se podía marcar un
corte con los tiempos de antes: Jeans estampados, desteñidos nevados, las
camisetas Lacoste amarillas primero, de otros colores después; collares
hawaianos para hacer juegos con camisas de flores de colores brillantes. Los
peinados parecían querer llegar al cielo y ocupar todo el espacio posible.
Tomamos gaseosas en lata de marcas extrañas,
con tal de que no fueran Coca-Cola ni Pepsi-Cola, en ese entonces enfrascadas
en una guerra que hacía que nos inviten un vaso en la calle para tratar de
adivinar cuál de las dos era. Estas gaseosas las compraba de camino al local de
video juegos donde jugaba al Street Fighter, Miss Pacman o Donkey Kong, que
trataba de evitar que Mario rescate a la princesa.
La música la pone el Walkman de Sony que viene
con unos audífonos forrados de espuma plástica y necesita cassettes que duran
30 minutos a cada lado, y que lleno con música que grabo directamente de la
radio FM: The Police, Duran Duran, B-52’s y otros más. La música pasaba de moda
muy rápidamente en ese entonces, las canciones de hace tres meses eran
reemplazadas por la nueva música, e incluso se podía ordenar las grabaciones
por meses, sin miedo a equivocarse. En la tienda de discos, parada obligada en
la ruta, compraba los enormes LPs de Queen, U2, y los primeros que conseguí de
The Beatles.
Mi caminata por el pasado me lleva ahora al
parque, aún sin los caminos de cemento que lo atraviesan, los árboles un poco
más pequeños y con niños que lo rodean sobre sus skateboards. Más allá, hacia
el oeste, puedo ver el sol al ocultarse, antes de que lo taparan los edificios
del centro comercial que existe hoy. Ya había olvidado cómo el atardecer tenía
de rojo las fachadas de las casas, sin tiendas ni avisos luminosos. Y una de
esas casas es la que reconozco ahora. Este es el recuerdo que quería recoger,
después de haberlo dejado en el camino. Me pregunto qué habrá sido de ti, que
pasó después de que te mudaste y tu antigua casa fue convertida en un local
comercial por los nuevos dueños.
miércoles, 19 de febrero de 2014
Frases Twitteables 27
- - He vuelto, después de tres años. - ¿Trajiste el pan?
- Últimamente me da miedo cuando pienso.
- Se venden cuervos criados en casa. preguntar por el ciego.
- La colina se alegra. Llega la primavera. Y el tonto sigue allí.
- De vez en cuando encuentro gente que se agarra del suelo para no caerse.
- Yo me colgué de una nube, pero empezó a llover y me caí.
- ¡Están lloviendo tontos!
- Poco a poco, imperceptiblemente, me he vuelto retro.
- Funciona en el cine, no funciona en el mundo: Un tipo con falda y la cara pintada de azul inspira a un pueblo.
- Funciona en el cine, no funciona en el mundo: Un tipo bajito, calvo y verdoso, que no sabe hablar, es tu respetado maestro.
- Hoy me toca escribir algo profundo: ¡ABISMO!
- Todo se me haría mucho más fácil si tuviera superpoderes.
- Lo único super que tengo es una supervisión que me está vigilando.
- No importa a quien le preguntes, los buenos tiempos nunca fueron estos.
- Nada ocurre por casualidad. Esa paloma tenía un plan.
- No traten de engañarme, el secreto mejor guardado no será publicado.
- Tengo problemas de credibilidad, nadie me cree cuando digo una mentira.
- Para conocer el fin de tu historia tendría que matarte.
- Soy impermeable a las tormentas de ideas.
- Ayer tuve una idea, pero no sé dónde la dejé.
- Buscaba a una mujer perfecta, y cuando la encontré, no me hizo caso, pues ella también estaba buscando a un hombre perfecto.
jueves, 13 de febrero de 2014
La frase de San Valentín
Buscando algo bonito y esclarecedor que
escribir para el día de San Valentín, rebusqué entre mis papeles y mis cosas
algún verso o texto perdido que pudiera reciclar, o por lo menos me sirviera de
puntapié inicial para escribir ese post que me merezca la posteridad entre la
cantidad de tonterías que aparecen en internet con motivo de estas fechas. Ya
que a mí no se me da lo cursi ni lo poeta, decido mantenerme en mi especialidad
que es la tontura con clase, como la calificó una de las seguidoras de este
blog en afortunada frase. El problema es que la musa que era mi casera anda
coqueteando con otros tontos, según parece, porque por aquí ya no aparece ni de
casualidad.
Antes de que se me caliente la hiel y decida
traer a la mencionada musa de las orejas para que aprenda a no tenerme
abandonado, reviso, como decía anteriormente, mis papeles anteriores donde
colecciono los retazos de historias que me ocurren a ver si queda algo
rescatable. Como siempre, no encuentro nada ni siquiera para un tweet, no
digamos para un post completo. Revisando entre las interminables páginas de
internet tampoco encuentro algo que me saque de la convicción de que en la red
andan demasiados que se quieren parecer a Arjona o a Paulo Coelho, y casi
ninguno que quiera parecerse a Becquer, o por lo menos a Sabina.
Decido entonces armar un post con retazos de
frases que tengan por tema el amor, de esos que andan sueltos por el twitter
como perro por su casa, y que terminan la mayoría de las veces con un “Tú sabes
a quién me refiero”. Esta es una frase que debe usarse con cuidado, porque la
primera y única vez que la usé tuve que desgastarme aclarando a quién iba
dirigida la mención: No, tú no eres; Tú tampoco, que a ti ya te olvidé; Tú
menos, cómo se te ocurre; A ti es que te digo; No, a ti no; Tú, a ti te digo,
no te hagas la tonta, etc.
En fin, mi intención era pedir a distintas
personalidades una frase alusiva a estas fechas amorosas para publicar. Pero
como esas personalidades ya me conocen, creían que la cosa iba de chiste y me
dejaron frases bastante tontas. Con todo, decido publicarlas hoy, porque sé que
estas frases vienen del corazón, y a fin de cuentas, el amor nos vuelve tontos
a todos y cuando uno está enamorado se cree que cualquier tontería es poesía,
más o menos como cuando le dedica a su enamorada una bachata. Pongo aquí
entonces las frases famosas antes de que regrese la musa y me interponga una
demanda por escribir sin su permiso:
Pienso en ti, luego existes. (Descartes)
- Sin embargo ¡Cómo te mueves, morena! (Galileo)
- Que sueñes conmigo. (Freddy Krueger)
- Si no existieras, tendría que armarte. (Frankenstein)
- Hoy te ves muy mona. (Darwin)
- Qué ganas de llegar a tu corazón. (Drácula)
- Eres el amor de mi tercera vida (Un gato)
- Ay, que me vas a hacer perder la cabeza por ti. (Maria Antonieta)
- Tú sabes que eres la única mujer para mí (Adán)
- Te juro, mi amor, que los enanos eran solo amigos. (Blancanieves)
- Me gusta cada pedazo de ti. (Jack el Destripador)
- Mi vida, tú sí que tienes un físico impresionante (Einstein)
- ¿Que te traiga la luna dices? Está bien, haré el intento. (Neil Armstrong)
Ya que dicen que el amor vuelve tonto al más sabio, que tengan un tonto y feliz día de San Valentín.
viernes, 7 de febrero de 2014
Se prohibe
- Se prohíbe fumar al leer este blog. No es un lugar público, pero el humo puede permanecer un largo tiempo en el ambiente después de fumar.
- Se prohíbe comer o beber mientras se lee este post. Puede malograr su digestión, sin mencionar el riesgo de derramar café o migas de pan sobre el teclado.
- Se prohíbe tener más de 4 ventanas abiertas al mismo tiempo mientras se lee esto. Procure leer esto sin distracciones, en un momento de tranquilidad. Me lo agradecerá cuando lo comente a sus amigos y pueda recordar de qué se trataba este blog.
- Se prohíbe leer apuradamente, saltando líneas, como si se leyera algo prohibido antes de que lo atrapen.
- Se prohíbe leer con mala actitud, con ganas de criticar. Están prohibidos aquellos que buscan solamente errores ortográficos o tipográficos, y no pueden ver las sutilezas ocultas apenas entre las líneas.
- Por último, se prohíbe leer si es que no se está dispuesto a dejar algo de sí en esta lectura, porque el acto de leer no es solo recibir, sino también opinar, cuestionar, dudar de lo escrito, pensar. Si al leer estas pocas letras uno queda algo más sabio, la labor del escritor quedará cumplida.
Etiquetas:
blog,
lectura,
Nada,
reflexiones,
tonteria
sábado, 1 de febrero de 2014
Suicidio
Todo empezó un día en que me sentía totalmente desanimado, sin ganas de vivir. Decidí entonces acabar con todo. Un frasco completo de pastillas seria suficiente. Una rápida revisión en mi botiquín reveló una nueva decepción: con solamente pastillas purgantes, píldoras naturistas y vitaminas milagrosas el resultado no es la muerte sino el ridículo o la muerte civil, que no es lo mismo. En la farmacia no tuve mayor problema para comprar el frasco más grande de calmantes que encontré. Al ser requerido por la receta por el empleado, bastó con decirle que tenia dos hijos y tres sobrinos en la casa.
Una vez en mi casa me dispuse a partir de este mundo sin más contratiempos. Tomé una pastilla, luego otra y otra más. Al tomar la cuarta ya me sentía mucho mejor. Estos calmantes son realmente buenos, creo que voy a recomendarlos. Así que dejé por esa ocasión la idea del suicidio. Sin embargo, en los días siguientes me quedó la sensación de una tarea inacabada. La idea del suicidio fallido me empezó a atormentar, tenia que acabar lo que había empezado.
Esto de elegir la mejor manera de matarse no es tarea fácil, dependiendo de cómo quiera uno que lo encuentren, o de cuánto dolor es capaz de aguantar en el intento. Entre los suicidas existe desde hace mucho tiempo la leyenda de aquel que encontró la manera perfecta de suicidarse, pero que lamentablemente, se llevó el secreto a la tumba.
Así que, después de pensarlo un poco, mi siguiente intento fue dirigirme a ese puente que tanta fama ha tenido en los últimos meses como lugar donde los suicidas hacen su ultimo clavado artístico. Llegué allí en las ultimas horas de la tarde, para darme con la sorpresa de que han puesto un guardia para evitar que la gente se lance al vacío. Parece que se ha declarado el suicidio como ilegal, cosa que me tendría sin cuidado si estuviera penado con la muerte, pero al parecer es una multa fuerte como para quitarle a uno las ganas de matarse. Esperé pacientemente a que el guardia se retire, mientras disfrutaba del paisaje del atardecer. Qué lugar tan bonito para suicidarse, pensaba mientras esperaba, con razón la gente se mata aquí. Cuando el guardia se fue, era ya de noche. Menos mal, ya me estaba dando frío. Al acercarme al puente, fui interceptado por dos matones que me quitaron todo lo que tenia, hasta las ganas de saltar. Inútil llamar al guardia para pedir ayuda, porque ya se había ido.
Así que, después de pensarlo un poco, mi siguiente intento fue dirigirme a ese puente que tanta fama ha tenido en los últimos meses como lugar donde los suicidas hacen su ultimo clavado artístico. Llegué allí en las ultimas horas de la tarde, para darme con la sorpresa de que han puesto un guardia para evitar que la gente se lance al vacío. Parece que se ha declarado el suicidio como ilegal, cosa que me tendría sin cuidado si estuviera penado con la muerte, pero al parecer es una multa fuerte como para quitarle a uno las ganas de matarse. Esperé pacientemente a que el guardia se retire, mientras disfrutaba del paisaje del atardecer. Qué lugar tan bonito para suicidarse, pensaba mientras esperaba, con razón la gente se mata aquí. Cuando el guardia se fue, era ya de noche. Menos mal, ya me estaba dando frío. Al acercarme al puente, fui interceptado por dos matones que me quitaron todo lo que tenia, hasta las ganas de saltar. Inútil llamar al guardia para pedir ayuda, porque ya se había ido.
Desengañado por este intento, busqué otra forma de irme del este mundo. Buscando un enfoque más tradicional, decidí tomar una siesta tumbado sobre las vías del tren. El caso es que me dormí, me desperté y no había ni rastros del tren, a pesar de haber considerado que los trenes aquí siempre se retrasan. Tuve que ir a la estación a poner mi queja por el mal servicio, solo para enterarme que los trabajadores están en huelga desde hace tres días. Ahora resulta que no me puedo suicidar por culpa del gobierno.
No habiendo posibilidades por ese lado, decidí intentar colgarme de una cuerda. No es el tipo de muerte que mas me gusta, eso de andarle sacando la lengua a la gente después de muerto no es mi estilo, pero es lo que hay. El intento fue otro fracaso, estos albañiles de ahora no saben ni hacer un techo sin que se caiga al menor peso, casi me rompo la espalda con la caída.
La siguiente vez tiene que resultar, si sigo fracasando en mi empeño voy a ser el hazmerreir en el club de suicidas en el que me he inscrito. Afortunadamente, en cada reunión veo a menos gente. Ya me quieren elegir presidente del club por ser el socio mas antiguo. Allí comparto algunas ideas con otros postulantes a muertos por propia mano, pero la mayoría de ideas son bastante desagradables. No estoy yo para tomarme un trago de insecticida o para hacerme la manicure en las muñecas con una hoja de afeitar.
No habiendo posibilidades por ese lado, decidí intentar colgarme de una cuerda. No es el tipo de muerte que mas me gusta, eso de andarle sacando la lengua a la gente después de muerto no es mi estilo, pero es lo que hay. El intento fue otro fracaso, estos albañiles de ahora no saben ni hacer un techo sin que se caiga al menor peso, casi me rompo la espalda con la caída.
La siguiente vez tiene que resultar, si sigo fracasando en mi empeño voy a ser el hazmerreir en el club de suicidas en el que me he inscrito. Afortunadamente, en cada reunión veo a menos gente. Ya me quieren elegir presidente del club por ser el socio mas antiguo. Allí comparto algunas ideas con otros postulantes a muertos por propia mano, pero la mayoría de ideas son bastante desagradables. No estoy yo para tomarme un trago de insecticida o para hacerme la manicure en las muñecas con una hoja de afeitar.
En una de las reuniones supe de uno que tuvo éxito yendo a la tribuna norte del estadio con una camiseta del otro equipo, pero el cuerpo quedó irreconocible. No, creo que iré a los acantilados de la playa a dar un salto a la eternidad. Si no me rompo la cabeza con las rocas, moriré ahogado, ya que no sé nadar.
Voy con la confianza de que esta vez no voy a fallar, pero al llegar encuentro una cola de gente con las mismas intenciones que yo. Es temporada alta de suicidios, me explica uno. El gobierno está haciendo un buen trabajo quitándole a la gente las ganas de vivir, acota otro. Cuando llega mi turno, por primera vez tengo dudas. Producto de la lucha interior entre saltar y no saltar, me quedo dudando unos momentos, hasta que me despierta el escándalo de los demás que están en la cola reclamando ¡Apúrese, señor, que estamos en la cola desde hace rato! ¡Oiga, tírese de una vez, que no tenemos todo el día! Producto de la presión popular, y antes de que algún impaciente me lance de un empujón que no he pedido, me preparo a saltar con muy pocas ganas. Doy un salto tan pequeño que no logro ganar altura y aterrizo en una saliente a pocos metros abajo de donde empecé. Justo en ese momento llega la policía, los bomberos y los reporteros de televisión. El rescate fue transmitido en la edición estelar del noticiero, editando el momento en que pasé de intento de suicidio a intento de asesinato de la reportera que me empezó a hacerme preguntas estúpidas del tipo ¿Se estaba usted suicidando? ¿Por qué se quiere suicidar? ¿Qué le diría a sus amigos?
Voy con la confianza de que esta vez no voy a fallar, pero al llegar encuentro una cola de gente con las mismas intenciones que yo. Es temporada alta de suicidios, me explica uno. El gobierno está haciendo un buen trabajo quitándole a la gente las ganas de vivir, acota otro. Cuando llega mi turno, por primera vez tengo dudas. Producto de la lucha interior entre saltar y no saltar, me quedo dudando unos momentos, hasta que me despierta el escándalo de los demás que están en la cola reclamando ¡Apúrese, señor, que estamos en la cola desde hace rato! ¡Oiga, tírese de una vez, que no tenemos todo el día! Producto de la presión popular, y antes de que algún impaciente me lance de un empujón que no he pedido, me preparo a saltar con muy pocas ganas. Doy un salto tan pequeño que no logro ganar altura y aterrizo en una saliente a pocos metros abajo de donde empecé. Justo en ese momento llega la policía, los bomberos y los reporteros de televisión. El rescate fue transmitido en la edición estelar del noticiero, editando el momento en que pasé de intento de suicidio a intento de asesinato de la reportera que me empezó a hacerme preguntas estúpidas del tipo ¿Se estaba usted suicidando? ¿Por qué se quiere suicidar? ¿Qué le diría a sus amigos?
Después de todo esto, lo único que me queda es buscar a un psicólogo en el hospital del seguro, donde un doctor mal pagado me escucha con cara de aburrido mientras empiezo con mi historia: Doctor, estas ganas de suicidarme me están matando...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








