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jueves, 29 de octubre de 2020

Leyendas peruanas: Sarah Ellen



Para la historia de miedo este año, voy a contar una que ocurrió en mi pueblo, y de la que incluso puedo decir que formé parte. Como tal, la contaré no como se cuenta en libros, periódicos y sitios de internet, sino como yo la viví, que fue más o menos así: 

En 1993, yo estaba sufriendo para pasar los cursos de la universidad a la que asistía en Lima, pero regresaba con cierta frecuencia a mi ciudad natal de Pisco. No era un viaje especialmente difícil, unas cuatro horas en bus, a recargar energías en la playa, y a visitar a la familia. En un viaje en ese año, encontré la ciudad en estado de agitación. En las calles podía verse mucha gente llevando una cadena en el cuello con una cruz de hierro como dije. Cuando encontré a uno de mis primos con esa moda, no perdí tiempo en preguntarle la razón, y fue así como tomé contacto con la historia de Sarah Ellen. 

En febrero de ese año, en un programa de televisión de una de las cadenas latinas de Estados Unidos (nadie me supo siquiera decir con seguridad cuál era) se emitió la historia de una mujer acusada de brujería que fue ejecutada en Inglaterra, y a quien negaron sepultura en su ciudad. Su esposo cargó con el cadáver en un barco, y fue de puerto en puerto buscando un sitio en donde le permitieran enterrarla. Así llegó al puerto de Pisco en 1913, en donde aceptaron enterrarla en el cementerio que en ese entonces marcaba el límite de la ciudad. La condición para aceptarla fue que en la lapida no se consignara su apellido, para que el demonio no pudiera encontrarla. El cementerio en ese entonces era nuevo, así que la tumba no estaba lejos de la puerta principal, y yo debo haber pasado muchas veces por allí antes, sin que esa tumba me llamara la atención más que cualquiera de los nichos de ese pabellón, lleno de lápidas antiguas. Se decía que algunos jóvenes de vez en cuando visitaban esa tumba y hacían invocaciones al demonio en ciertas noches especiales, según me enteré después. 

Volviendo al programa de televisión que puso en ascuas a toda la ciudad, allí se dijo que Sarah Ellen había jurado venganza cuando se cumplieran 80 años de su muerte, fecha que se cumpliría en junio de ese mismo año. El tema era la comidilla de toda la ciudad, y una tienda en la plaza empezó a vender las mencionadas cruces de hierro, que aseguraba el vendedor, protegería a su portador de la demoníaca venganza. Cuando llegué a Pisco, ya no solo se vendían libremente las cruces, sino también frascos de agua bendita, y un kit anti demonios, que consistía en la susodicha cruz, una estaca de madera y un martillo para enfrentarse a los vampiros cuerpo a cuerpo. ¿Mencioné que para entonces ya Sarah Ellen se había convertido en una mujer vampiro amante del mismísimo Conde Drácula? 

Al poco tiempo de mi regreso, la noticia llegó a los diarios de la capital. De pronto, se hacían reportajes sobre el tema, y especialistas de lo oculto daban su versión en los programas periodísticos. El cementerio de Pisco se volvió de repente en un lugar turístico, al punto que la municipalidad tuvo que poner vigilantes para evitar daños a la lápida, pues entre los visitantes había también quienes querían destruir la tumba. En Pisco y en Lima no parecía hablarse de otra cosa, olvidándose los problemas políticos del momento, lo que motivó a más de uno a pensar que se trataba de un esfuerzo del gobierno para distraer a la gente de sus problemas. 
Un par de reportajes serios encontraron en el municipio pisqueño la partida de defunción de Sarah Ellen Roberts, nacida en Inglaterra y fallecida en Pisco a causa de una enfermedad al corazón. Nadie le prestó atención a este dato, ya se sabe que la verdad es aburrida y no da rating ni tema de conversación. 

El clímax de la historia se dio la noche en que se cumplirían los 80 años de la muerte de Sarah Ellen y su anunciada resurrección, trayendo muerte y venganza a su paso. Una muchedumbre se dio cita en el cementerio aguardando la medianoche. En primera fila estaban brujos, chamanes, astrólogos, todos ellos haciendo rituales de purificación y de defensa contra el propio demonio que vendría a sacar a Sarah Ellen de su tumba para cumplir con la vampírica profecía. Todos los canales de televisión interrumpieron su programación para transmitir en directo el evento, con el reloj en cuenta regresiva a la medianoche, comentaristas y narradores. 
Se especulaba qué ocurriría en ese momento. Uno decía que la señal sería un rayo desde el cielo, en una ciudad en donde jamás antes ha caído uno, otro afirmaba que la tierra se abriría para dejar salir a Sarah Ellen triunfante sobre sus verdugos. Todo el país observaba expectante: 4...3...2...1. En el momento cumbre, pasó lo que en realidad tenía que pasar… Nada. 
En ese momento toda la concurrencia, hasta entonces en silencio, estalló en júbilo. Los ritos de los chamanes habían tenido éxito y habían impedido el regreso de Sarah Ellen desde el mundo de los muertos. Como suele suceder en mi pueblo, y en mi país, todo terminó en fiesta, con gente abrazándose y felicitándose por haber evitado el fin del mundo. 

Poco a poco, la vida retomó su habitual transcurrir, y la gente volvió a ocuparse de sus propios asuntos. La tumba de Sarah Ellen siguió siendo un lugar turístico, con un pisqueño siempre dispuesto a contar esta historia. Años después, el terremoto de 2007 destruyó gran parte del cementerio de Pisco, dejando el pabellón donde se encontraba la tumba en peligro. La municipalidad decidió derribarlo, pero se encontró con oposición de la gente del pueblo. Al final, se derribó en pabellón, pero la tumba de Sarah Ellen fue retirada de su nicho para colocarla en un pequeño mausoleo, en donde se encuentra hasta hoy. 

El visitante que llegue al cementerio de Pisco ahora verá el sencillo mausoleo con flores y algunas placas agradeciendo favores concedidos, tal vez vea a alguien rezando por su alma y pidiendo su intercesión para la obtención de algún favor o incluso un milagro. Es que así es la vida en el pueblo de Pisco, donde un vampiro puede convertirse en santo, si se le da un poco de tiempo.

domingo, 27 de octubre de 2019

Leyendas peruanas: Criaturas fantásticas


En esta época de Halloween, las personas piensan en brujas, zombis y vampiros, olvidando las criaturas que tenemos en el Perú. La razón, creo yo, es que el Halloween es un evento festivo, y en realidad nos burlamos de los monstruos, ya que solamente los hemos visto en películas extranjeras. Nuestros monstruos, en cambio, si nos causan miedo, porque son historias que hemos escuchado de nuestros abuelos, o en mi caso, tenemos testimonios de primera mano e incluso hemos vivido algunas de ellas. Para peruanizar este día, y como aporte para la mitología del terror, paso revista a algunas de las criaturas fantásticas que habitan mi tierra:

Los duendes: Estas criaturas aquí son un poco diferentes a los que nos cuentan las historias europeas. No son habitantes de los bosques, sino de los cerros, y como tales, tienen el color de la tierra, por lo que es muy difícil encontrarlos. Algunos dicen que son las almas de los niños que han muerto sin haber sido bautizados, y por eso buscan llevarse a los bebés e incluso a los niños pequeños para convertirlos también en duendes. Es por eso que no se debe dejar a los niños solos, dicen en los pueblos. Los duendes también gustan de tomar pequeños utensilios de las casas. Alguna vez me contó un amigo del duende que vivía en su casa y que siempre movía tijeras y herramientas de sitio, por lo que no era raro encontrarlas en rincones y hasta dentro del refrigerador.

El Muqui: Este es un tipo especial de duende, que vive en las minas, protegiendo los minerales que hay dentro de las montañas. También se le llama Chinchilico en el sur del país. Los mineros que han logrado ver a estos duendes, los describen como un ser de estatura pequeña, vestido con overol, casco y linterna de minero. En un sitio en el que trabajé, me contaban que uno de los trabajadores se separó del grupo y no sabía dónde estaba, cuando vio lo que creyó que era uno de sus compañeros llamándolo. Lo siguió por la voz y la luz de su linterna, aunque no lo podía ver. Cuando la cuadrilla que lo buscaba lo encontró, se encontraba muy profundo, el obrero les explicó que creía que uno de sus compañeros lo llamaba hasta que le dijeron que en ese sector no había nadie y al iluminar el piso encontraron las pequeñas huellas del Muqui. Allí fue cuando le dijeron que estos duendes llevan a los obreros a los sitios más profundos, donde mueren de asfixia. Algunos cuentan historias de gente que lo ha encontrado, lo ha aprisionado y castigado con correas hasta que el Muqui ofrece riquezas a cambio de su vida.

El Pishtaco: Un amigo me contó una vez que perdió el rumbo en los caminos andinos, hasta que encontró a otro caminante, quien le ofreció su casa para descansar un poco, ya que se hacía tarde. Al llegar le sorprendió encontrar la casa llena de machetes y cuchillos. Un viajante que pasó poco después le saludó: “¡Hola, Pishtaco!”. Mi amigo inmediatamente se disculpó con su anfitrión, y emprendió camino a toda prisa, olvidado el cansancio. Es que el Pishtaco mata personas para extraerles la grasa corporal, que después vende. Una de las teorías conspirativas que se cuenta en el Perú, es que en la Segunda Guerra Mundial, los norteamericanos tenían escasez de lubricantes para sus armas, y enviaron personas a nuestro país para obtener grasa humana, la cual tiene buenas propiedades. Por eso hasta hoy se dice que los Pishtacos tienen aspecto de extranjeros.

El Jarjacha: En los pueblos más aislados, o en casas solitarias de las montañas, no es raro saber de relaciones incestuosas. Pero este pecado conlleva un castigo horrible. El culpable se convierte en un ser con rasgos de llama o alpaca, con dos cabezas, que paraliza a la gente para matarla y comer su cerebro, a cambio de salvar su propia alma.

El Antimonio: En el Perú hay muchos vestigios prehispánicos, llamados aquí “huacas”, que son tumbas de personajes que fueron enterrados con sus tesoros. Estos sitios son guardados por los espíritus de sus muertos, que a veces se manifiestan como una llamarada que sale de las Huacas. Este es el antimonio, que mata a los que quieren desenterrar los tesoros, volviéndolos locos u ocasionándoles ataques mortales al corazón. Para poder sacar los tesoros se debe hacer un ritual con comida, que pueden ser habas, pallares o maíz fermentado. Entonces se verá su sombra comiendo los alimentos y es cuando el “huaquero” aprovecha para cavar y extraer el oro enterrado.

Estos son las historias que tengo de primera mano. Otras he sabido por libros u otras fuentes, y que pueden encontrarse en internet. No tenemos en el Perú que buscar en otros sitios para encontrar monstruos y criaturas fantásticas.

miércoles, 26 de octubre de 2016

El refrigerador diabólico


Acerquémonos todos y guardemos silencio unos minutos, que me toca a mí contar la historia tenebrosa – dije alumbrando mi rostro con una linterna, que es como deben contarse las historias de miedo - escuchen pues, aprovechemos que estamos alrededor de esta fogata lejos de la ciudad y sus peligros.

Esta historia es sobre esos artefactos malditos, esas aberraciones mecánicas que todos tenemos en nuestros hogares, que son los refrigeradores. No, no te rías, Paco, tú menos que nadie, porque a ti el refrigerador te domina, te llama telepáticamente, te ordena que lo abras, que cojas esa lasaña, esa mermelada, te domina para que lo mantengas siempre lleno. Es que así nos dominan los refrigeradores diabólicos. Esto lo descubrí hace ya tiempo, cuando abrí una vez el congelador del refrigerador y vi las estalactitas que se habían formado, que lo hacían asemejarse a una boca abierta llena de colmillos. Fue entonces cuando comprendí también por qué tanta gente lanza alaridos estremecedores al abrir el refrigerador, y cuando entendí que los espíritus de tantas vacas, pollos, corvinas y demás que han pasado por ahí han tomado posesión y esperan el momento para tomar por asalto nuestras almas. 

Sí, Pocho, yo veo que te estás riendo porque no me crees, pero piensa en esto: todos dicen que la venganza es dulce, muchos dicen también que es un plato que se sirve frío ¿verdad? ¿Pues no es esa la definición de un helado de esos a los que te has enviciado? Y tú, Silvana, recuerda cuando tu hermana estaba a dieta ¿No pasó que en esa época veías luces extrañas en tu cocina a altas horas de la madrugada? No me cabe duda que era un caso de posesión diabólica. Incluso cuando tu hermana puso la foto de una modelo en la puerta del refrigerador ella podía escuchar la foto que le decía “Aliméntame, mira cómo estoy de flaca”. ¿Y dudas aún de lo que digo?

El frío que asociamos siempre con la muerte, ese sudor frío que recorre nuestra espalda cuando tenemos miedo ¿De dónde viene entonces? Es el refrigerador diabólico atacando.
¿Y qué guardamos en el refrigerador? ¿No son las cervezas y licores que no en vano llamamos “bebidas espirituosas”? No lo duden, el refrigerador tiene almas malignas que lo poseen.

Todos hemos escuchado historias aterradoras sobre lo que puede encontrarse dentro de un refrigerador. Una vez una amiga mía lo abrió y se encontró cara a cara con un pulpo que no dejaba de mirarla y que incluso estiró su tentáculo hacia ella para arrastrarla hasta el infierno. Hay quien jura haber sido atacado por una botella de yogurt al abrir la puerta; otros han encontrado cabezas de ternera dejadas sin duda por la mafia como un mensaje de muerte. Yo mismo encontré una vez algo que no pude identificar y que hizo lanzar un grito de terror al basurero que lo recogió del tacho a donde lo había tirado.

Y puedo hablar también de las terribles mutaciones que habitan el refrigerador, como los alimentos transgénicos, las hamburguesas inmortales y ciertos tipos de queso que cobran vida propia cuando no los vemos.

Abrir la puerta de un refrigerador diabólico es un peligro que puede perder tu alma. Tú tal vez pienses que esa puerta te lleva a un paraíso de coca colas, chorizos y pizzas, pero en realidad te lleva al infierno del colesterol del que tantas personas tratan de salir. Una vez que caigas en su embrujo, perderás tu alma inmortal.

Un gran silencio se apoderó de todo el grupo en cuanto terminé de hablar y retiré la linterna de mi cara. ¿Alguien me alcanza una cerveza del congelador, que hablar todo este rato me ha dado sed? Nadie se movió.

Esta historia me fue inspirada por una serie de tweets de Zilniya a las que hice una pequeñita colaboración, y a quien debo reconocer que más de una vez me ha dado un empujón para escribir algo con qué llenar este blog.

jueves, 30 de octubre de 2014

El Muqui


Ya es época de Halloween, que es otra de esas fiestas importadas que, más allá de estar a favor o en contra, es algo de lo que mucha gente habla. Y es época también de contar cuentos de miedo. Lamentablemente, el cine y la televisión nos han atrofiado la imaginación, y ahora la gente parece aceptar solamente cuentos que tengan zombies, vampiros y cosas que nada tienen que ver con nuestra idiosincrasia. Sí, pues faltan espantos peruanos que agregar al menú de Halloween. Y el Perú es un país donde las criaturas terroríficas abundan, con el agregado de que todas ellas son reales, no la imaginación de un europeo trasnochado. 
A lo largo de mi trabajo en las provincias del Perú he escuchado historias como para aterrar a los paseantes durante varios Halloweens seguidos, modestia aparte. Historias del antimonio, los espíritus de las huacas, los brujos y brujas, jarjachas, duendes, fantasmas, sirenas, todas ellas he escuchado, con testimonios de personas que lo han vivido en carne propia, de esas historias que comienzan siempre con la frase “Yo no creía en esas cosas, pero…”. Esa es la diferencia con las historias que nos llegan desde otros lugares. No creo que ningún norteamericano vea como cierta la posibilidad de ser atacado por un zombie o se resista a entrar en un bosque por temor a encontrar a un duende. En cambio ese tipo de encuentros con criaturas de fantasmales son casi cosa de todos los días por aquí. Voy a contar algunas de estas historias, las referidas al Muqui.

El Muqui es un duende de las minas, que vive en el interior de los socavones. Es del tamaño de un niño pequeño y se le ve vestido como minero, con casco, pico y linterna. En el trabajo en el que me encuentro actualmente, donde se han cavado buena cantidad de túneles, varios de los trabajadores dijeron haberlo visto en las noches. El Muqui hace perder el camino a los trabajadores, quienes lo persiguen creyendo que los conducirá hacia algún tesoro. Lo que ha pasado en realidad, es que el Muqui guiaba a los trabajadores a un área oscura del túnel para que no pueda salir, o los llevaba a una parte con poco oxígeno para que se asfixie. Este fue el caso de uno de los trabajadores de la obra, quien vio la luz de la linterna que llevaba el Muqui, y la siguió, confundiéndola con la de uno de sus compañeros. Como la luz se adentraba cada vez más en los túneles, el trabajador creyó – y así lo dijo después – que su compañero le estaba jugando una broma escondiéndose y apareciendo la luz.  Afortunadamente una cuadrilla encontró al trabajador antes de que se perdiera definitivamente. Esta cuadrilla fue la que encontró la causa de la casi desaparición del aquel trabajador. Unas huellas pequeñas que no podían pertenecer al personal de la obra, debido a su tamaño y a que solo una de las huellas era humana, la otra era de un animal, tal como se dice del Muqui, que tiene patas de animal. En esta obra, el caso era tan real que se dio la orden de que ningún trabajador ingresara solo a los túneles, y se tomó la precaución adicional de repartir caramelos a los obreros para que los dejaran en el túnel, pues al Muqui le gustan mucho y así se le tiene contento para que no moleste a la gente.

El Muqui gusta también de llevarse las herramientas de los trabajadores, especialmente aquellas de metal brillante. No sé si en otros países se encuentra en los reportes de salida de herramientas del almacén la anotación “reemplazo por robo del Muqui” pero eso era lo que pasaba.

El tema de aplacar al Muqui con caramelos yo ya lo había escuchado anteriormente en otra mina a varios cientos de kilómetros, lo que descarta la posibilidad de una creencia local. En esta otra mina, me contó la ingeniera de seguridad de la resistencia del personal a hacer trabajos nocturnos por la presencia del Muqui. Los conductores de camiones, los pocos que hacían tales trabajos, llevaban siempre una bolsa de caramelos y dejaban caer unos cuantos en el camino cada cierto tramo. La ingeniera, que no creía en estas cosas, pidió que se detenga esta costumbre, obteniendo una oposición total, por el miedo a que el Muqui causara accidentes. Se decía que ya entonces el Muqui había ocasionado un par de accidentes a los camiones antes de que los choferes adoptaran esta práctica preventiva. Al día siguiente, la ingeniera pidió a uno de los choferes que se detuviera en el lugar donde la noche anterior arrojara los caramelos. No encontró ninguno. “El Muqui se los ha llevado, pues”, era la explicación que le dieron los choferes.

Nosotros los ingenieros educados y globalizados, supuestamente no creemos sino en aquello en lo que podemos comprobar su existencia, hasta que encontramos este tipo de cosas que nos hacen comprender que no todo se trata de números de niveles de productividad y planeamiento de recursos. También hay cosas desconocidas de las que se cuentan en las noches no para asustar a la gente, sino para prevenirla en caso de que se encuentre uno con el Muqui en uno de los túneles.

Nuevamente, en esta historia no he inventado nada, solo cuento lo que me han dicho testigos presenciales de los eventos. Mucha gente que trabaja en las minas del Perú puede contar más de lo que yo pongo aquí. En esta época de contar historias de miedo, yo cuento solo algunas de las muchas que se pueden encontrar en el Perú.

martes, 30 de octubre de 2012

La noche de los muertos


La noche de halloween, todos los muertos se levantan de sus tumbas para espantar a los vivos. Muchos se disfrazan de niños pidiendo caramelos por las calles. Otros se levantan como zombies buscando cerebros para comérselos, búsqueda cada año más inútil gracias al buen trabajo que hacen el reggaetón y la televisión para descerebrar a la gente.

Los mounstruos tampoco pasan una buena época en estos días. Al pobre Frankenstein los niños lo confunden con uno de los muñecos disfrazados que se ven en los centros comerciales y lo agarran a patadas. Drácula se ha ido a ver a un abogado para demandar a los productores de "Crepúsculo", que tan mala fama le están haciendo. El otrora digno conde ya no puede salir a la calle sin que las niñas le pregunten si conoce o tiene algo que ver con el flaco paliducho de las películas. Además está el riesgo de que en una mala mordida le toque un portador de VIH, ahora que el seguro médico está tan caro y las empresas de salud no lo quieren atender con la tonta excusa de que el señor vampiro ya está muerto, y por lo tanto el seguro ya no lo puede cubrir. Por último, al hombre lobo da pena verlo ahora, sarnoso y con pulgas, como perro callejero, y con funcionarios municipales persiguiéndolo para castrarlo.

Así las cosas, me voy al lugar más animado está noche, que es paradójicamente el cementerio. Al llegar me encuentro con un flashmob del video de "Thriller" de Michael Jackson. Ah, no, son los muertos que se están levantando en protesta por el costo de vida. Son zombies que están buscando cerebros, y acaban de pasar por una dependencia estatal, que es como un restaurante de comida chatarra para ellos, porque es pura comida que llena un rato, pero en realidad no alimenta. Afortunadamente mi condición de tonto me salva de molestos apetitos. Los zombies saben muy bien que uno es lo que come, y nadie quiere comerse el cerebro de un tonto. Aprovecharé para hacerles unas preguntas a los muertos.

- Don zombie, Don zombie, contésteme ¿Qué hay más allá de la muerte?
- A mí me mató la mafia por saber demasiado... ¿Y todavía quieres que te conteste?
Este no me salió muy colaborador. Vamos a ver este otro.

- Y usted, señor, ¿Por qué se ha levantado de la tumba?
- Yo morí de amor y voy en busca de mi amada...
- No es que le quiera desanimar, pero... Si la mujer no le hacía caso cuando estaba vivo y sano ¿Cree que le va a corresponder ahora que está muerto y putrefacto?
Que curioso, nunca había visto a un zombie suicidándose.

Decido cambiar de estrategia y pregunto en voz alta a todo el espectral grupo: ¿No hay nadie famoso por aquí? ¿De repente Michael Jackson o Elvis Presley?
- No seas tonto - Me replica un muerto - Todos saben que Elvis está vivo y vive en una casa de retirados en California...

Se me ocurre otra idea. - Oigan, ¿Nadie quiere ir a la discoteca de la esquina a mover el esqueleto?
- Yo me morí de artritis...
- No sean así, ¡Hay que vivir la vida!
- Otro chistoso...
Nada que hacer, estos muertos no son muy animados.

Ante la poca respuesta de los muertos, me fui a celebrar el día de la canción criolla en un sitio muy bueno donde se tocaba el cajón y cantaba el Zambo Cavero.
- ¡Oiga Inge, ese ya está muerto!
- ¡A la pucha, que me he estado divirtiendo con los muertos toda la noche!

sábado, 1 de noviembre de 2008

El Día del Halloween Criollo



El día 31 de octubre, nuestra Lima muestra nuevamente esa duplicidad que la separa del resto del Perú, a la vez que la acerca de la peor manera al resto del mundo. ¡Celebremos el Halloween!, ¡No importa que sea una fiesta que nada tiene que ver con nosotros, que para eso sirve la globalización!
Para que los patrioteros no se quejen, les pondremos música criolla al día de las brujas. Peruanicemos el Halloween, señor, que es la manera de integrarnos al mundo. Nosotros los peruanos también tenemos nuestras brujas y espantos, ¿Qué se cree usted, jovencito? ¿No ha oído hablar de las brujas de Cachiche, de los chamanes del norte, del pishtaco, del Tuno y hasta del Jarjacha?
¿Calabazas? ¿Dónde cree usted que está, en Estados Unidos? ¡Agarre un zapallo y córtelo con dibujitos de caras, que así es más barato, y además, más peruano! ¡Habráse visto!
¡Si no le gustan los valses, que es música para viejos, escuchemos al Grupo 5, a los Calientes, Yaipenes y demás, que eso también es música peruana, aunque a los criollos de antaño no les guste!
¡Si lo que busca usted es la historia del Halloween, inventaremos que el 31 de Octubre es el día en que los cantantes criollos salen de sus tumbas para cantar en peñas y restaurantes, tocando cajones de muertos y huesos de quijada de burros muertos a latigazos! ¡También le contaremos la historia de José Antonio, el jinete sin cabeza que va en caballo de paso por la Pampa de Amancaes!
Para celebrar, nos disfrazaremos del zombie de Felipe Pinglo, flaco como una calavera, y el fantasma de Lucha Reyes, cantando “Regresa”, yéndonos abajo del puente y la Alameda, donde pena el fantasma de Chabuca Granda!
¡Ahora mismo usted podrá encontrar disfraces de Marinera resbalosa, de pirata que no quiere una tumba ni una cruz ni corona, o de Plebeyo! ¡Los hay en todos los tamaños, desde la talla Cecilia Barraza, hasta la talla Fabiola de la Cuba!
¡Los niños pedirán dulces de puerta en puerta, y recibirán suspiros a la limeña, alfajores, chocotejas y mazamorra morada!
¡Así se celebra el Halloween en mi tierra, señor!

domingo, 28 de octubre de 2007

Los mas aterradores disfraces de jalohuin


No se si lo soñé o lo viví. Estaba en la noche de jalohuin en mi casa cuando vino un grupo de disfrazados a pedir caramelos a la puerta de mi casa, todos con aterradores disfraces ¿O no eran disfraces? Nada de Dráculas, fantasmas o mounstruos, eran personajes de esos que aparecen todo el año dispuestos a quitarnos la sonrisa del rostro diciendonos que todo está de las mil maravillas.

Primero apareció uno disfrazado de Chemo Del Solar, con su peinado engominado, vincha de la trinchera norte y una camiseta de la "U" trasluciendo debajo de su terno.

- Unoz carameloz, majo, que nezezito energíaz para la zegunda fecha de partidoz, ¿Vale?... No te preocupez, que todavia tenemoz chance... ¡Hostia!

Junto a él, Uribe, con terno y una pelota, trataba de meterle zancadillas.

- No le haga caso señó... Yo soy el que merezco lo caramelo... Yo tuve mejore resultado que él...

Estaba a punto de ir a buscar un tamal para Uribe y un pedazo de jamón serrano para Chemo, cuando apareció el Puma Carranza empujando a los dos, al tiempo que vociferaba con voz de haber estado haciendo gárgaras con vidrio molido:

- Sáquense, que este es un deporte de hombres... ¡Dame caramelo!

Ante tanta expresividad verbal, le entregué un puñado de caramelos para aclarar la garganta.

Apenas recuperado del susto, apareció Toledo, con un terno desarreglado, una botella de whisky etiqueta azul en una mano, y en la otra un diploma en la que se leía en grandes letras "Unibersidad de Jarbard"

- Aquí he llegado de regreso, porque me estaban extrañando... Cuando me fuí, todos me decían "No te vayas"...

Emocionado, estuve a punto de darle toda una bolsa de caramelos, cuando llegó Eliane Karp, con un enorme poncho rojo, un medallón incaico y una peluca color rojo fuego:

- ¡Alejandgo! ¡Ya te descubgí! ¡Tienes a una mujeg en esta casa! ¿Y usted qué miga? ¡No se atgeva a tocag a mi cholo saggado!

Cerré la puerta aterrorizado, sin querer saber cómo terminaría la escena. Luego tocó Fujimori:

- Unos caramelos, qué en la base naval la comida es muy mala... Además mi hijita tiene hambre...

En realidad, Keiko tenía una cara de estar dispuesta a comerse un caballo, como quien dice. Le estaba dando un pollo a la brasa entero, cuando llegó Alan García:

- Hay que confiscar este pollo, a cuenta de todo lo que ha robado este sujeto, a quien no conozco... Ahora déme otro pollo, como multa por haberlo ayudado...

Hay que reconocer que ese argumento me convenció. Los tres se fueron con los dos pollos, mientras yo les escuchaba decir mientras se alejaban:

- ¿Ves? Te dije que esto iba a funcionar... Tu me ayudas y yo te ayudo...

A estas alturas ya tenía terror de abrir la puerta, pero aún faltaba lo peor. Nada menos que Hugo Chavez, con camisa y boína bolivariana:

- Usted, representante de la burguesía vendida a Bush, le demando la entrega inmediata de todos los caramelos que tenga, so pena de expropiación bolivariana.

- Disculpe, no me quedan más que una cuantas papitas fritas de ayer...

- ¡Cómo! ¿Se niega? ¡Es usted representante del servilismo yanqui! Pero ahora va a ver... ¡Evo! ¡Encárgate de este pendejo!

- Señor, ¿No tiene ni siquiera un poco de charqui?

- ¡Evo! ¡Así no se pide! ¡Ya no sé ni para qué te traigo! ¡Sólo sirves para jugar fulbito! ¡Ollanta! ¡Enséñale cómo se hace!

- No, yo no pido, recuerda que estoy en etapa de perfil bajo...

Aproveché la discusión para cerrar la puerta a toda prisa y colocar trancas. Después de tamaña experiencia, ya no quiero volver a saber nada del jalohuin, me mudaré en ese día, me esconderé y no me acercaré a la puerta, no vaya a ser que aparezcan por allí Magaly o Gisela.
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