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domingo, 13 de febrero de 2022

Escoge tu tiempo



Estamos haciendo otra prueba de nuestra máquina del tiempo. Preguntamos a nuestro voluntario a dónde quisiera ir. Quería ir al tiempo de Jesús. No hay problema, le dijimos. Así, se convirtió en un pobre curtidor de cerdos cerca a Galilea. Regresó desencantado de la vida dura y el trabajo extenuante. Nos pidió otra oportunidad, quería ver la gloria del imperio romano. Llegó convertido en el esclavo de un panadero en Sicilia. Cuando volvió, se quejó de lo mal que lo había pasado, trabajando largas horas en el calor del horno. Nos pidió aún otro destino, el París del siglo XIX. Complacimos su deseo y se vio como un mendigo en la puerta de la Catedral de Notre Dame. Cuando regresó, furioso declaró que ya no quería tomar parte del experimento. Es que ser pobre es malo en cualquier época, y la gente no quiere vivir en otro tiempo, quiere vivir con comodidad en cualquier época.

jueves, 14 de octubre de 2021

La pequeña máquina del tiempo



Después de mucho tiempo de investigación y pruebas, hemos completado la versión compacta de nuestra máquina del tiempo. Esta versión tiene un alcance limitado, por lo que los personajes históricos no tienen que temer que un viajero del tiempo los busque para hacerle preguntas incómodas o tomarse selfies con ellos, y la mamá de Adolf Hitler puede dormir sin miedo a que llegue alguien a matar a su bebito en su cuna. 

Antes de ofrecerlo en el mercado, necesitamos todavía hacer entrevistas para saber cuáles son las necesidades y expectativas para una máquina del tiempo. Naturalmente, la primera opinión fue la mía, que desde siempre he necesitado una forma de viaje temporal que me permita hacer todo el trabajo que me encargan para ayer. 
Las entrevistas nos dieron una idea de los usos a los que podemos dedicar una máquina del tiempo de pequeña potencia. Muchas mujeres simplemente quisieron usarla para aprovechar esa oferta de carteras que se les pasó, o para comprar un buen corte de carne antes de que suba de precio. Los hombres, en cambio, opinaron que sería bueno volver para no apostar la quincena al triunfo de ese equipo que defraudó a todos en el partido decisivo. Algunos se mostraron dispuestos a viajar no al pasado, sino al futuro, como única posibilidad de llegar a fin de mes. Afortunadamente, la mayoría de los usos propuestos son inofensivos para el flujo de la historia, que no será alterada porque una persona cambió de opinión y no se hizo ese tatuaje. 

Es en los viajes de prueba en donde encontramos los mayores problemas, al contrastar las expectativas con la dura realidad. Una señora que viajó al pasado con la sola intención de encontrar a su yo más joven para zarandearla mientras le decía “Amiga date cuenta”, regresó desanimada, diciendo que acababa de recordar a esa vieja loca que encontró en su juventud, y a la que no hizo caso, porque estaba segura de que no sabía nada de la vida. Otros casos similares sucedieron, porque la gente no termina de comprender que cuando la vida no le ha enseñado lo suficiente, nadie, ni siquiera ellos mismos viajando desde el futuro, pueden hacerles cambiar de opinión. En el mejor de los casos, harán caso por unos cuantos días o semanas, hasta volver a cometer el mismo error en una ocasión diferente. Casi todos regresaron diciendo que no habían podido evitar aquello que fueron a tratar de reparar. A pesar de ver a su propio yo desde el futuro, todos se negaron a hacerle caso y tomaron esas copas de más, aceptaron aquella invitación y cometieron esa tontería. 

Al regreso, tuvimos que gastar mucho tiempo explicando que no existe el fatalismo, que todo esto no se debe a que el destino esté inexorablemente trazado, sino a que los humanos creemos tener siempre la razón y somos tan soberbios que no hacemos caso a nadie que nos contradiga, aunque seamos nosotros mismos. Incluso hicimos el intento de usar programación neurolingüística e hipnotismo. y la persona en el momento del error, tomaba esto como la voz de la conciencia, a la que, por supuesto, tampoco hizo caso. 
Las pruebas, sin embargo, no dejaron de tener un efecto secundario interesante. Muchos de los que regresaron afirmaron que en definitiva, no es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Siempre hubo problemas, tiempos difíciles y siempre la vida fue una constante lucha. Lo que pasa es que solo recordamos los mejores momentos, que son los que contaremos a los demás después. Esta comprobación alivió a los viajeros del tiempo, y les dio la confianza necesaria para afrontar los tiempos actuales. 

En otros casos, a sugerencia mía, algunos viajaron al pasado para cambiar su voto en las últimas elecciones. Todos sabían que al final los resultados serían los mismos, porque un solo voto no cambia nada, pero al menos pudieron calmar su conciencia. 

Otros efectos esperanzadores fueron los de aquellos que viajaron al futuro y vieron a sus hijos convertidos en unos vagos engreídos. Todos juraron y rejuraron que iban a cambiar la forma de criarlos y que se iban a acabar las propinas generosas, las disculpas y la comodidad. Según nuestros viajes de seguimiento al futuro, pocos aprendieron la lección y a los pocos días volvieron a dejar que sus hijos sean los mismos zánganos de antes, pero al menos en unos cuantos de ellos la lección fue aprendida y cambiaron verdaderamente. 

A aquellos que quedaron satisfechos con el servicio, pero se quejaron del costo de un viaje en el tiempo, les ofrecimos la solución alternativa: Cambiar el pasado es mucho más fácil de lo que la gente cree, les expliqué, todo es cuestión de contar los recuerdos de forma diferente a quien lo pregunte, al fin y al cabo, cada persona recuerda las cosas a su manera, y sobre un hecho hay siempre múltiples versiones, lo importante es que se haya sabido aprender la lección correctamente y usarla para las decisiones del presente. Experiencia, se llama eso. 

Como resultado de las entrevistas y viajes de prueba, el proyecto de la pequeña máquina del tiempo ha quedado en suspenso, porque lo que la gente quiere es volver a vivir el pasado con la experiencia que ha acumulado hasta hoy, sin considerar que esa experiencia la ha obtenido de los mismos errores que piensa hoy evitar. Antes de guardar la máquina definitivamente busco cualquier excusa para quedarme solo y usarla una última vez. Quiero ver a mi yo joven y ver si pude haber hecho algo para reunir el valor para invitar a salir a aquella chica aquella vez.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Fake news de la antigüedad



Las fake news no son un invento moderno. Han existido desde tiempos inmemoriales, siempre que a alguien le mueven la concepción del mundo, o le afectan algún privilegio o su cuota de poder. Me imagino que hasta en el tiempo de los cavernícolas habría alguien advirtiendo a todos que el hombre nunca podría dominar el fuego, y que con su uso todos los bosques del mundo acabarían incendiados, con toda la humanidad muriendo abrasada. Al igual que lo que sucede ahora, estas fake news fueron inventadas por gente con motivaciones ocultas, ya sea por política o por religión. Después de todo lo que se ha dicho en contra de las vacunas, de la tecnología 5G, me pongo a hacer balance de algunas cosas que respetados hombres de ciencia dijeron alguna vez y que mucha gente creyó, a pesar de las demostraciones en contrario. 

La zona ecuatorial es inhabitable. Durante mucho tiempo, se creyó que en la Tierra solo era habitable una franja de clima templado, y que mientras más al norte se viajaba, las temperaturas eran tan bajas que nada podía sobrevivir. Por el contrario, se decía, viajando hacia el sur la temperatura subía hasta que era imposible que nada viviera allí. Como prueba se indicaba la existencia del desierto del Sahara, que era lo más al sur a donde podía viajar un europeo. Esto era una creencia común incluso hasta después del descubrimiento de América. Aunque la idea de una tierra esférica ya estaba aceptada plenamente, la vida en las antípodas era considerada imposible. Eso de australianos y argentinos ha de ser mentira, una conspiración, si no hay tierras habitables al sur. 

Los vegetales venenosos del Nuevo Mundo. Con el descubrimiento de América, muchos animales y vegetales fueron descubiertos a los ojos de los europeos. Obviamente, los primeros en llegar a Europa fueron los vegetales alimenticios que los españoles encontraron en los territorios que conquistaban. Pero no todos fueron bien recibidos en Europa. Primero se enfrentaron al problema de la religión. Ninguno de los alimentos encontrados en el Nuevo Mundo estaba mencionado en la Biblia, por lo que muchos creían que eran alimentos diabólicos. En ese tiempo no era raro pedir permiso o al menos consejo a los sacerdotes antes de comer una papa o un tomate. La resistencia eclesiástica a estos alimentos se aplicó especialmente al cacao. Una planta que produce tanto bienestar al consumirla tiene que ser diabólica, decían. Con la papa y el camote sucedió algo similar. No es un fruto, es una raíz, decían los botánicos, por lo tanto, no puede ser apta para el consumo humano. A las papas se las acusó de ser causantes del escorbuto y la sífilis. Los tomates también sufrieron de discriminación al llegar a Europa, y fueron acusados de ser venenosos, y pasó mucho tiempo antes de ser aceptados en las mesas europeas, al menos fuera de Italia, en donde han encontrado una segunda patria. 

El ser humano no puede soportar la velocidad. Cuando se inventaron los ferrocarriles, había una competencia entre fabricantes para ver quién podía hacer viajes a mayor velocidad, aunque también había gente que pensaba y decía en voz alta que no había razón alguna para viajar más rápido que un caballo. Otros, de la especie que piensa que todo progreso es malo, afirmaban que el hombre no podía superar el límite de 30 millas por hora. A esa velocidad, decían, un hombre sufriría de vértigos antes de caer desmayado, los ojos no podrían distinguir los detalles y se perdería la visión, y por último, la vibración de la velocidad golpearía el cerebro y ocasionaría daños irreversibles, además de ansias suicidas que lo harían a la gente arrojarse del vagón. 

Las mujeres no pueden escribir a máquina. Cuando se inventaron las máquinas de escribir, en el siglo XIX, su uso se restringió solo a los hombres, pues se pensaba que las mujeres no tenían la fuerza suficiente para oprimir las teclas. Se decía que su uso deformaría las manos femeninas, escribir a máquina es cosa de hombres, decían. Era la época en que se pensaba que las mujeres no podían hacer muchas cosas que hoy damos por sentado, y cuando también se decía que las mujeres no podían pensar por sí mismas y se les negaba el voto. 

El cometa Halley es venenoso. Cuando a principios del siglo XX se predijo la llegada del cometa Halley, los astrónomos lo estudiaron con la nueva técnica del cromatógrafo de gases. Este permite saber la composición química de un objeto lejano. Cuando descubrieron que la cola del cometa contenía cianuro, se desató la histeria. En 1910 la tierra atravesaría la cola del cometa, y muchos dijeron que el cianuro envenenaría la atmósfera terrestre haciendo el aire irrespirable y matando a todos sus habitantes. Muchos tomaron entonces la llegada del cometa como el fin del mundo. Otros, con sentido más práctico, hicieron negocio vendiendo máscaras anti gases. Como suele ocurrir, la fecha llegó, el cometa Halley se pudo ver desde la tierra, y nadie se murió. Los agoreros del Apocalipsis se retiraron discretamente. 

Los satélites artificiales malignos. A partir de los años 60, cuando los satélites artificiales empezaron a usarse cada vez más, hubo mucha gente que pensaba en terribles y secretos usos para ellos. El hecho de que la mayoría de los satélites reconocidos públicamente eran norteamericanos (los soviéticos también lanzaron muchos, pero no los publicitaban) añadió tintes ideológicos a la oposición. Se les acusaba de formar una red de espionaje a nivel mundial que permitía controlar a cada habitante del planeta. Esto tenía parte de verdad, pero la sensibilidad de los instrumentos en ese entonces, y hasta hoy, lo hace imposible en la práctica. Desde los años 70, y hasta hoy, hay gente que afirma que los satélites son usados para crear o desviar tormentas y huracanes hacia territorios enemigos a los Estados Unidos, como si los huracanes no destruyeran ciudades allá cada dos o tres años. Otros científicos afirmaban muy seriamente que la sombra que proyectan los satélites sobre la tierra ocasionan cambios climáticos. Se podría explicar la imposibilidad de todas estas teorías, si es que dichas personas estuvieran dispuestas a escuchar y atender razones.

Por mi parte, yo ya he recibido mis dosis de vacuna y en mi ciudad todavía no hay 5G ¿A quién tengo que reclamar?

viernes, 7 de junio de 2019

Por qué no creo en la astrología


En una noche clara, puedes salir y contemplar el cielo estrellado. Entre los miles de estrellas existe una que determina tu destino, que influye en tus actos y en tu forma de comportarte frente a la vida. ¿No eres capaz de creerlo? Entonces toma unas cuantas de esas estrellas, dales una forma mitológica y tendrás a quien gobierne tu destino y explique tu forma de ser. Si aún no puedes convencerte de que eso es cierto, agrega además los planetas que pueden verse esa noche, y tendrás aquello que determina quién eres y cómo te comportas. Tal vez eso sea suficiente para ti, pero yo he decidido no creerlo. Y te daré algunas razones para no hacerlo.

El horóscopo, tal como lo conocemos hoy, data de 6,000 años, y desde entonces las estrellas se han movido. Como ejemplo, una persona que dice haber nacido en Escorpio debería poner salir a ver el cielo el día de su cumpleaños y ver la constelación de Escorpio. Pero esto no es cierto siempre, sino solamente por los siete días en que esta constelación está realmente en el cielo nocturno.

La astrología se inventó en el hemisferio norte, desde entonces el mundo se ha ampliado de modo que desde este lado del planeta vemos muchas constelaciones que la astrología no considera, y varias que otras no son visibles desde aquí. ¿Alguna vez has escuchado en las predicciones y análisis astrológicos los nombres de las constelaciones del Triángulo, la Brújula, el Tucán, el Perro, o el Camaleón? Pues esas son las que se ven en el cielo en hemisferio sur.

El fundamento de la astrología es la posición de las estrellas en el momento del nacimiento, considerando el recorrido que ellas hacen en el cielo. Esto significa que para creer en la astrología debemos asumir que la tierra es plana y que está estática en el universo. La astrología solamente considera las posiciones aparentes en el cielo. No considera el tamaño de esas estrellas ni su distancia a nosotros, que deberían tener influencia en el efecto que nos causan. Más aún, muchos de los puntos luminosos que vemos en el cielo no son una sola estrella, sino dos o más estrellas que están en nuestra línea de visión y aparentan ser una sola.

En un principio se utilizaba la astrología solamente para predecir el futuro de un reino o de una ciudad, lo que tenía sentido, ya que las estrellas alumbran a todos, y no a una sola persona. En la Edad Media se extendió a los reyes, y solo en los inicios del siglo XX aparecieron los horóscopos personales, como entretenimiento en los diarios en Estados Unidos. Los horóscopos personales basados en la fecha de nacimiento son una contradicción, ya que puede encontrarse personas que han nacido el mismo día y no tienen un mismo futuro. Si esperamos en una maternidad veremos nacimientos simultáneos de personas que no tendrán el mismo futuro. Ni siquiera los hermanos gemelos tienen el mismo futuro ¿Por qué esperarlo en personas que sólo coinciden en el lugar y la fecha de nacimiento?

La astrología pretende también predecir el carácter de una persona por su fecha de nacimiento. En este caso es inútil y mucho menos acertada que un sencillo análisis psicológico. Yo podría decir mucho más observando atentamente a una persona que sabiendo cuando nació.

La astrología ha devenido hoy en una excusa para el mal comportamiento. Si soy una mala persona, no tengo por qué echarle la culpa a Júpiter cruzando por Pegaso, y no puedo disculparme de mi falta de educación diciendo que ese día Marte tuvo un encuentro con Escorpio. Aceptemos nuestros errores en vez de culpar a planetas que ni siquiera saben de nuestra existencia.

Y por último: Un horóscopo te dijo que tú y yo no somos compatibles ¿Y le vas a creer?

miércoles, 29 de agosto de 2012

El mito del perro de Pavlov


Dentro de los inventos que nos han cambiado la vida, están la psicología y el teléfono. Alguien seguramente pensará que estos dos no tienen nada que ver, pero ahora voy a contar la verdadera historia de lo que quizá pudo haber ocurrido en la casa de Ivan Pavlov allá por los primeros años del siglo XX, cuando cada temporada aparecía un invento nuevo que dejaba maravillados a los habitantes de la fría Rusia.

Resulta que el ilustre profesor Pavlov, pendiente siempre de los nuevos adelantos científicos, decidió instalar en su casa un teléfono. Como era costumbre en aquella época, el trámite para obtener línea telefónica era largo y engorroso, pues se necesitaba mucha paciencia, un certificado de buena conducta emitido por el gobierno, y una declaración pública de que dicho aparato había sido inventado por un ruso. Pero el buen profesor tenía influencias en la Academia de Ciencias y obtuvo su teléfono en el cortísimo plazo de dos años, para envidia de todo el vecindario.

Si bien el Profesor Pavlov lo trajo, fue su adolescente hija quien verdaderamente descubrió el teléfono. Este maravilloso aparato permitía a la joven conversar con sus amigas sin necesidad de exponerse a salir en el crudo invierno de Moscú, romper la barrera del sonido en cuanto a la velocidad de transmisión de los chismes y deleitarse al escuchar el eco de su propia voz al hablar, como sucedía en los teléfonos de aquella época. Mientras el serio profesor usaba el teléfono para discutir citas, congresos y nuevas ideas que revolucionarían el mundo de la psicología, su hija mantenía la comunicación y el chismorreo con las hijas de los profesores de la Academia, con las niñas mimadas de prominentes miembros del partido y hasta con la operadora, con quien mantenía largas charlas mientras la conectaban a la línea a la que quería llamar.

Pronto la cuenta del teléfono pasó de unos cuantos copecs a verdaderas fortunas. Todavía no se había inventado el control de llamadas. El profesor Pavlov decidió tomar cartas en el asunto y prohibió las conversaciones telefónicas a su hija. Pero las mujeres siempre han tenido poder de convencimiento sobre los hombres, sobre todo cuando la niña es la engreída de papá. El convenio fue que no podría hacer llamadas, pero podría hablar con libertad si era ella quien las recibía. El trato pareció funcionar, pero el Profesor observó, como buen psicólogo, algunos interesantes efectos secundarios: Cada vez que el teléfono sonaba, su hija saltaba como impulsada por un resorte a contestar, y cuando no sonaba, la muchacha se sentía ignorada, como si hubiera hecho algo vergonzoso que hiciera que sus amigas se olvidaran de ella. Otras veces, ante la ausencia de llamadas, preguntaba a su padre si de casualidad no había habido una revolución que acabara con las líneas telefónicas. Su padre contestaba que eso de las revoluciones era cosa de anarquistas, y que nunca habría una cosa así en la Santa Rusia.

Un día en que la agitación de su hija estaba como de costumbre antes de la hora en que empezaban habitualmente las llamadas telefónicas, a la señora Pavlova se le cayó casualmente la campanilla con la que solía llamar a la servidumbre, produciendo un tintineo. Antes de que nadie se pudiera dar cuenta, ya estaba la niña levantando el auricular del teléfono. El profesor se quedó pensando en la rapidez de aquella reacción, a lo que la hija contestó diciendo que solamente había sido un reflejo. El profesor empezó entonces un experimento, dejando caer nuevamente la campanilla y midiendo con un cronómetro la reacción de su hija. Aparte de la sorpresa de ver moverse a un ser humano con tal rapidez, desarrolló la teoría de que los reflejos pueden ser condicionados por eventos tales como el sonido del teléfono o la palabra “revolución”.
La presentación de la teoría en la Academia de Ciencias de Moscú causó sensación, y todos los profesores con teléfonos en sus hogares empezaron a hacer sonar una campanilla en presencia de sus menores hijas, comprobando la veracidad de la teoría.

El profesor se preparó a exponer sus descubrimientos en las más importantes esferas científicas de Europa cuando tropezó con un problema: Su propia hija se negó a aparecer como sujeto de experimentos científicos, lo que haría de ella el hazmerreír de su círculo de amigas, sin mencionar lo que pensarían de ella todas las adolescentes de Europa. Solo quedaban dos opciones: O toda la familia se mudaba al Perú donde no los conociera nadie, o buscaban otro sujeto de experimentación que presentar en los grandes congresos mundiales de psicología.
El convenio esta vez fue echarle toda la culpa al perro, que pasó de ser el culpable de comerse las tareas de colegio de la hija a ser el objeto de uno de los grandes descubrimientos científicos de la época. Afinando solo unos cuantos detalles, quedó impreso para la posteridad el experimento del perro de Pavlov, con la complicidad de las hijas y esposas de todos los profesores de la Academia de Ciencias de Moscú.

La historia fue acogida con entusiasmo en Europa, y el profesor recibió un Premio Nobel, que recibió en una ceremonia a la que asistió su señorita hija, tanto como reconocimiento por su aporte, como para asegurarse de que en ese momento cumbre no se le escape al profesor la verdadera historia.

Así fue como el perro de Pavlov pasó a la historia junto al gato de Schrödinger y a otros animales utilizados para el avance de la ciencia.

miércoles, 6 de junio de 2012

El porqué

─ Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. “No importa lo que hagas ─decía─, en tanto que cambies algo respecto a cómo era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y el auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.

Ray Bradbury (1920-2012)

Este párrafo de Ray Bradbury es uno de los que guardo como justificación del porqué sigo escribiendo en este blog. Ahora que es una buena ocasión, lo comparto con los que me leen.
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