sábado, 25 de febrero de 2023

Leyendas peruanas: Las aguas termales de Churin



En Churín, a 200 km al norte de Lima, existen unas famosas aguas termales a donde va la gente a relajarse y disfrutar de sus aguas medicinales. Una de las fuentes es llamada "Mamahuarmi", cuyo nombre proviene de la leyenda que presento a continuación:

Hace unos 500 años vivía en Churín el curaca Runa Kachi (Hombre Sal), quien tenía una esposa y una hija. Ella creció en el campo, paseaba entre los árboles y se bañaba en el río, conversaba con las aves y contemplaba a los cóndores. En el día el Inti (Sol) la admiraba y durante la noche la Killa (Luna) envidiaba la belleza de Urpi (paloma), que tal era el nombre de la doncella. 

Pero en ese tiempo llegaron los españoles, vestidos de armadura y montados sobre sus caballos. La misión de los soldados era encontrar oro y plata para enriquecer a los soldados y enviar a España. Llegaban cansados después del largo camino que los había llevado desde Pachacamac, por eso cuando el curaca Runa Kachi recibió con hospitalidad a los extranjeros, se sintieron en el paraíso. Runa Kachi hizo honores a los hispanos e incluso ordenó a su hija atenderlos. 

El capitán, al ver a Urpi, se enamoró inmediatamente de ella. El romance fue apasionado, pero tuvo que llegar a su fin cuando el veedor le ordenó partir para integrarse al resto del ejército conquistador. El capitán prometió volver mientras Urpi se quedó llorando desconsolada. Urpi descubrió que estaba esperando un hijo del español, y temiendo la cólera de su padre Runa Kachi, acudió a su madre. Ella le aconsejó huir. "Escóndete en las cuevas cerca de aquí, allí enviaré a atenderte" - le dijo. Cuando Runa Kachi se enteró, montó en cólera y juró venganza contra el español, por abusar de su confianza y dejarlo en vergüenza. No pudo averiguar en dónde estaba su hija y su hijo recién nacido, y mientras esperaba una pista sobre su paradero, preparó una flecha untada con veneno vegetal para cuando supiera la verdad. 

Meses después el capitán español regresó por su amada. Evitó encontrarse con Runa Kachi, buscando en cambio a la madre de Urpi. Ella le confió la ubicación de la cueva en donde se encontraba, sin saber que el curaca Runa Kachi los estaba espiando. El propio curaca siguió al capitán hasta la cueva. El español, ansioso, llegó a la entrada de la cueva gritando: ¡Urpi!. Ella salió corriendo con el niño en brazos, gritando a su vez: "¡Churique! ¡Churique!" (Este es tu hijo). Runa Kachi, que había seguido sigilosamente al español, no había sido visto por ninguno de los dos amantes, ciego de ira tensó el arco con la flecha envenenada y disparó. Pero la flecha, en vez de acertar al capitán que ya abrazaba a Urpi, atravesó al niño que Urpi le mostraba. Urpi, loca de dolor gritaba al ver morir a su hijo en sus brazos y se internó en la cueva para jamás volver a ser vista. 

Desde entonces dentro de la cueva se ve el agua gotear desde las rocas como las lágrimas de Urpi, que sigue llorando a su hijo muerto. Con el tiempo, los españoles conocieron primero al pueblo con el nombre de "Churique", el que poco a poco se fue convirtiendo en el nombre actual de Churín, que permanece hasta hoy. De vez en cuando, en las noches de luna llena, hay quien dice haber visto aparecer a Urpi en la entrada de la cueva, desnuda y con una larga cabellera, para sumergirse en una de las lagunas de aguas termales que hay fuera de la cueva, la que hoy es conocida como "Mamawarmi", que significa "Mujer madre".

miércoles, 15 de febrero de 2023

Engaños



El amor es difícil y complicado, decía Rovira, con esa sabiduría que surgía en él al segundo vaso de cerveza. Todo es un enrevesado juego de engaños y mentiras, vea usted: 

Un hombre o una mujer nunca se ven a sí mismos como son, sino como cada uno, en su poca o mucha soberbia, cree que es. Aun así, nadie cree ser lo suficientemente bueno para la persona que ha escogido, entonces el hombre intenta cambiar para convertirse en aquello que cree que la mujer va a admirar, y la mujer quiere cambiar al hombre en algo que pueda manejar. Nada de esto es posible, porque ni el punto de partida ni el resultado de llegada existen. Ambos terminan tratando de convertir una imagen falsa en una utopía inalcanzable. 
No digo que el esfuerzo sea en vano, porque las parejas terminan juntándose, pero como todas las ilusiones, son destruidas por el choque con la realidad. Allí se dan cuenta de que todo su esfuerzo estaba dirigido a alguien a quien en realidad no conocían, y muchos caen en la cuenta de que su pareja estaba mal escogida desde el principio. La posibilidad de que esa pareja que se ha escogido sea lo que buscaban, o al menos algo con lo que puedan conformarse es la misma que la de sacarse la lotería. 

¿Qué se puede hacer entonces? Cada uno tratará de cambiar al otro, con menos expectativas que al inicio, pero con los mismos resultados. A su vez, el otro fingirá haber cambiado, y lo hará con tanto éxito que terminará engañándose a sí mismo. 

Al tiempo que uno pierde en todo este juego de engaños en el que uno se engaña a sí mismo y a la vez engaña al otro, se le llama la vida en pareja.

sábado, 4 de febrero de 2023

Hablando en comida



Si hay algo de lo que todos los peruanos se sienten orgullosos, es de su comida. El extranjero que llega a estas tierras es advertido que aquí va a comer mucho, que no hay mayor placer para los peruanos que invitar comida, y que debe resignarse a subir al menos un par de kilos de peso antes de regresar a su país. Los bocados universalmente consumidos, como hamburguesas, pollo frito y pizza, no tienen aquí sino un éxito mediano, avasallados por sus sustitutos locales, e incluso las pastas y la comida china han hallado aquí un sabor propio y distinto. 
El éxito de la cocina en el Perú ha rebasado el ámbito culinario y se estudia como un caso social e incluso (y esto no es tan conocido) ha llegado a influir en el lenguaje. Nosotros tenemos un nutrido conjunto de frases referidas a la comida que confunden al extranjero e identifican al peruano en cualquier parte del mundo. Quiero poner aquí algunos ejemplos de cómo el peruano se expresa, y que podría hacer pensar que está pensando siempre en la comida, lo que tal vez no está muy alejado de la realidad. 

Supongamos una conversación normal y corriente en el Perú, o mejor aún, una conversación con un extranjero desprevenido, que oye mencionar papas, ollucos, paltas, y cree que ya se acerca la hora del almuerzo y su interlocutor se muere de hambre. Al comentar esto, recibirá como respuesta un “no entiendes ni papa”, dicho entre risas. Otro peruano agregará: “estás mezclando papas con camotes”, equiparando su confusión con la semejanza entre estos dos tubérculos peruanos, conocidos en otros países como patatas y batatas. 

El pobre extranjero, tratando de aclarar su confusión, preguntará si la papa y el camote sirven como verbo o adjetivo en este país. Los peruanos, siempre orgullosos de su comida, le aclararán que ambas opciones son ciertas. Al almuerzo o a cualquier comida, se le conoce como “papeo”, por lo que almorzar o cenar también es “papear”. Y alguien orgulloso de su estado físico declarará: “Este pechito come papa”. El extranjero, ya mareado por estas referencias, tratará de cambiar de tema y comentará el chisme de moda sobre esa pareja a la que se ve en todo momento haciéndose cariñitos. “Es que están encamotados” sentencia el peruano, volviendo al tema de los camotes. Es que decir “tenerle camote” a algo indica para los peruanos predilección o cariño. 

El extranjero piensa que ya es hora de ponerle algo de racionalidad a esta conversación, y preguntará sobre la causa de tanta alusión culinaria. Aquí es cuando los peruanos sueltan la carcajada, pues la palabra “causa” indica aquí tanto un plato de papas amasadas, como un término para referirse a un amigo de confianza. “Tú eres mi causa”, es una frase declarativa de amistad, la que pasa después como fórmula de saludo: “Habla, causa”. 

Incapaz de desviar el tema hacia algo que no tenga que ver con comida, el extranjero, ya con un poco de hambre a raíz de esta conversación, pide que le enseñen este dialecto peruano. “Es papaya”, le responderán, como cuando el peruano quiere resaltar la facilidad de algo. Por el contrario, si algo presenta dificultad, dirá “está yuca”, aludiendo a otro tubérculo peruano. La cara del extranjero es notada por uno de los peruanos, que advertirá: “está palteado”. Los otros peruanos confirmarán la apreciación diciendo “está con la palta”, para indicar que han notado su confusión. Afortunadamente esta es una situación temporal que se resuelve con una explicación. Hay que cuidarse, le advierten, de que le digan que es un “caído del palto”, pues esta frase se reserva para calificar a alguien irremediablemente tonto. 

En adelante, los peruanos lanzarán todos al mismo tiempo una palabra diferente referida a la comida que se usa también como jerga peruana. Se hablará de la “Pachamanca”, mezcla de muchos alimentos diferentes cocinados con piedras calientes dentro de un agujero en la tierra, y también palabra usada para un grupo de muchas cosas diferentes sin orden ni concierto, al igual que las palabras “sancochado”, o “chanfaina”, usadas con el mismo fin. Otro hablará (al mismo tiempo) del “anticucho”, como trozos de corazón de res marinados y cocinados en parrilla, y también como las cosas ocultas y vergonzosas, que alguien no quiere que nadie sepa. Esa persona “tiene sus anticuchos”, se dirá en ese caso. 

Para este momento, el extranjero ya no sabe a quién prestarle atención ante varios peruanos hablando al mismo tiempo, en una polifonía culinaria de la que distingue las palabras “mazamorra”, “tamal” y “chicharrón”. Rendido, el extranjero pedirá a sus amigos peruanos que lo lleven al restaurante más cercano para sucumbir nuevamente al encanto de la comida peruana, que no admite disculpas de dietas o intolerancia al picante. 

Entonces, cuando llegue un visitante a nuestro país y escuche nombres de platos y alimentos en conversaciones cotidianas, no piense que le están recitando el menú del día, ni que es una indirecta para hacerle notar que se acerca la hora del almuerzo, es que así hablamos los peruanos, hablamos en comida.

miércoles, 25 de enero de 2023

Horóscopos



Ahora que ha empezado el Año Nuevo chino, es buen momento para dejar en claro que no creo en los horóscopos. Hay muchas razones físicas, astronómicas y de sentido común que me impiden creer en los horóscopos. Sin ir más lejos, puedo mencionar la ocasión en que tuve que ir a visitar la maternidad. Allí pude ver a todos los recién nacidos que habían nacido en el mismo lugar (metros más, metros menos) y a la misma hora (minutos más, minutos menos). Lo lógico es preguntarse si ya que todos tendrán el mismo signo y la misma carta astral ¿tendrán todos el mismo destino y el mismo carácter? Desde entonces cada vez que encuentro a una de esas personas que me manda Dios para poner a prueba mí paciencia, no le echo la culpa a unos astros tan lejanos que ni siquiera saben que existimos, sino a los padres que no saben criar a un humano decente.

Afortunadamente todos saben en el fondo que ninguna predicción zodiacal sirve para algo, y por eso nunca ha habido alguien que demande a ningún astrólogo por incumplimiento de horóscopo, y nadie ha presentado como atenuante de algún delito que su horóscopo le dijo que era una buena idea. Por eso cuando leo un horóscopo de los que salen en periódicos y revistas, me río pensando en lo que dirá un anciano leyendo que conocerá a un nuevo interés amoroso, un desempleado leyendo que tendrá un ascenso, o yo mismo cuando lea que me llegará una sorpresa, ahora que estoy tan aburrido que todos los días me parecen iguales. 
Aun así, siempre hay gente tan creyente en este tipo de cosas que ya no me extrañará cuando alguien pida licencia o justifique su bajo rendimiento en el trabajo aduciendo que son días en que mercurio está retrógrado, o que el sol ha entrado en aries, lo que sea que eso signifique. 

Ahora existen variaciones de los horóscopos para escoger el que más guste, todos igual de inefectivos en la precisión de sus predicciones. El más conocido es el horóscopo chino, el cual me ha traído algunos problemas cuando alguien me dice su signo, y yo, acucioso siempre, saco la cuenta para obtener su verdadero año de nacimiento. A mi vez, cuando yo declaro mi signo en el horóscopo chino, y lo comparo con mi signo zodiacal occidental, aparecen interesantes similitudes, pero que tampoco coinciden con lo que mis amigos piensan sobre mi carácter y manías. 

Esta comparación entre la forma en que debería ser según las estrellas, y lo que soy en realidad, en la autorizada opinión de mis amigos y compañeros de trabajo, me ha llevado a la conclusión de que tendría que salir del closet como un trans signo, un géminis encerrado en el cuerpo de un virgo, o alguien nacido como escorpio, pero se siente y se identifica como un aries. Tal vez tendré que iniciar un movimiento para que el mundo respete mis derechos, inventar un símbolo y una bandera, e invadir las grandes reuniones internacionales para exigir la inclusión de mi agenda transzodiacal, como parte de la agenda 2030. 

Menos mal que no creo en los horóscopos, y no me entran ansiedades suicidas al saber que vivo con un mercurio eternamente retrógrado, en medio de una guerra civil entre Marte y Júpiter, que ignora ascendentes y conjunciones. A veces, solo a veces, salgo a la calle y miro al cielo nocturno, y mi falta de conocimientos astronómicos me impiden identificar las constelaciones zodiacales para levantarles mi puño en señal de ira, o tan siquiera hacerles un gesto obsceno.

domingo, 15 de enero de 2023

Leyendas peruanas: Lima, la ciudad más rica del mundo



Cuando algo es reconocido como de un enorme valor, como un tesoro, se dice: “¡Vale un Perú!”. El Perú en los siglos XVII y XVIII era la máxima expresión de la riqueza, y Lima, su capital, era la encarnación del lujo exorbitante, como lo atestiguan los relatos de viajeros que pasaron por esta ciudad en esas épocas. Si hemos de hacer una comparación moderna, podríamos decir que era, o tal vez superaba, lo que hoy es Dubai. Por todo internet, y en los noticieros se habla del lujo que se encuentra en Dubai, imaginemos entonces al Dubai de hace casi tres siglos. Así que, sorprendido viajero de la imaginación, vayamos a una ciudad maravillosa cuyas huellas perduran hasta el día de hoy, aprovechando que por estos días se cumple un nuevo aniversario de la fundación española de esta ciudad. 

Durante la época de la dominación española en América del Sur, El Virreinato del Perú ocupaba casi toda la extensión del continente, comprendiendo lo que hoy son los países de Perú, Argentina, Paraguay, Bolivia, Colombia, Ecuador y Panamá. Y la capital de este enorme territorio era Lima, que en ese entonces tenía el nombre oficial de “Ciudad de los Reyes”. Para un mejor control y administración de la riqueza que producía, la Corona Española dispuso que todo el oro y la plata tenían que partir hacia España a través de Lima, desde su puerto en la vecina ciudad del Callao. Toda la plata de Potosí y Argentina, el oro de las montañas peruanas, y las piedras preciosas colombianas llegaban a Lima para partir desde allí hacia Europa. En consecuencia, el comercio generaba enormes beneficios para los habitantes de Lima, además de la condición de sede administrativa, que mantenía a una casta noble llena de marqueses, condes y duques que acompañaba al Virrey. 

La riqueza de esta nobleza dedicada al comercio era exhibida hasta la exageración y el escándalo. Sabemos que, cada vez que llegaba un nuevo Virrey para ocupar el Palacio en la Plaza de Lima, los gremios de comerciantes y los nobles de Lima le hacían una donación en oro y plata. De acuerdo al viajero francés Amedée Frezier, hacia 1682, con motivo de la entrada a la ciudad del Marqués de la Palata como Virrey, estos hicieron pavimentar dos calles vecinas a la sede de gobierno (La Merced y Mercaderes) con lingotes de plata. Otros cronistas refieren que incluso la entrada al palacio virreinal se pavimentó con lingotes de oro. Haciendo nuevamente una comparación moderna, esto no se podría hacer hoy ni en Dubai. 

Otros ejemplos: En aquel tiempo, Lima era una ciudad muy religiosa y no había semana en que no hubiera una procesión de algún santo o imagen, y las andas utilizadas eran de plata, con adornos de oro. Hablando de la religiosidad, muchas de las iglesias de Lima también exhibían el lujo y la generosidad de sus feligreses. Altares enchapados en pan de oro, imágenes de santos llenos de joyas de oro, plata y piedras preciosas eran comunes, mientras los curas en el púlpito instaban a la generosidad de sus feligreses para aumentar la riqueza de sus respectivas iglesias. Esto beneficiaba incluso a los mendigos que pedían limosnas en la puerta, Ricardo Palma refiere que varios de estos acumulaban buenos capitales que incluso permitían dejar herencias considerables a sus familias. 

En las casas, era obligación tener platos y cubiertos de plata, y se despreciaba la loza como propia de gente pobre, hasta empezó a llegar la loza decorada inglesa a fines del siglo XVIII. En los bautizos, no se repartían capillos de cartulina, se repartían capillos de plata a todos los asistentes. 

A la riqueza de la gente de Lima debía acompañar una arquitectura digna. Los cronistas del siglo XVI describen casas más bien incómodas y poco estéticas, hasta que ocurrió el terremoto de 1740, que dejó la ciudad en ruinas, lo que el entonces Virrey José Manso de Velasco, Conde de Superunda aprovechó para construir una ciudad con todos los lujos que merecía. A esto hay que agregar la competencia entre la nobleza limeña para hacer el mejor y más lujoso palacio. Los que quedan hoy son los que han dado a Lima la condición de Patrimonio Histórico de la Humanidad, y causan la admiración de los turistas. 

Otro de los virreyes que se dedicó a hacer de Lima una ciudad fastuosa en todo sentido fue Manuel Amat y Junyent, quien para los peruanos personifica el cenit del lujo de la capital peruana. Construyó la plaza de toros de Acho que se mantiene hasta hoy, y se le recuerda por el paseo de Aguas y la Alameda de los Descalzos, obras que conformaban un ambicioso conjunto de parques que no se llegó a terminar, y que de acuerdo a los planos que dejó, hubieran rivalizado con los de Versalles. Amat también representa la decadencia de las costumbres que trajo toda esta riqueza. Exhibía escandalosamente a su amante, la actriz de teatro conocida como “La Perricholi”, y se dice que construyó la Alameda de los Descalzos cerca a su casa, para halagarla. Esta alameda se convirtió en el lugar favorito de los limeños, que iban allí para mostrar sus joyas y carruajes. Amat obsequió a la Perricholi el carruaje más fastuoso que se haya visto en Lima, adornado de terciopelo y lleno de piedras preciosas. Debe haber sido un espectáculo pasear por allí en aquel tiempo. Los paseantes caminaban por una alameda bordeada de estatuas de mármol, llegando en carruajes adornados de joyas (Llegar a pie era considerado un signo de pobreza), y exhibiendo sus joyas en la vestimenta, exageradamente grandes debido a que los adornos no se consideraban ganancias, y por lo tanto estaban exentos de impuestos. 

Los nobles pasaban largas horas presumiendo de la pureza de su nobleza, competían por tener el mejor apellido o título, y se enorgullecían de no trabajar y vivir solo de sus rentas. Era moda vestir de paño traído de España y las mujeres también paseaban llenas de encajes y joyas, cubriéndose el rostro, y dejando solo un ojo libre, para acceder a aventuras románticas sin temor a ser reconocidas. 

Los viajeros que pasaron por Lima en ese tiempo coinciden en que el lujo de la ciudad eclipsaba al de cualquier ciudad europea, incluso lo calificaban de excesivo y escandaloso, y que relajaba las costumbres. Como muestra mencionaban que la afición al juego llegaba a altísimos niveles, y que se jugaban a las cartas verdaderas fortunas. 

Todo este lujo llegó a su fin poco antes del fin del siglo XVIII. la creación de los Virreinatos del Río de la Plata y de Nueva Granada (Colombia) hicieron perder a Lima la condición de único puerto de salida de las riquezas virreinales, a lo que siguió pocos años después el inicio de los movimientos independentistas, que volvió mucho más inseguro el comercio. 
Quien pasee hoy por Lima podrá ver las casas adornadas de balcones barrocos, y podrá ver en sus museos las andas de plata y oro, y los ricos cálices usados en sus iglesias, recuerdos del tiempo en que Lima fue la ciudad más rica del mundo.

jueves, 5 de enero de 2023

Lugar de citas 5



Hay veces en que me siento frente al teclado y a la mitad de un emocionante texto, me doy cuenta de que eso ya lo he escrito antes. Podría reescribir lo que ya hice antes, agregando nuevas cosas, o presentarlas desde otro punto de vista, pero en ese momento me da un ataque de flojera que me hace cortar y pegar algunos párrafos para quien no los haya leído antes. Aquí van:

La carne humana es un alimento rico en proteínas, nadie jamás ha discutido su valor nutricional. Numerosos casos ha habido en la historia en que el canibalismo ha sido practicado en caso de necesidad, sin efectos adversos sobre la salud. Visto desde el punto de vista ético, tampoco presenta obstáculos insalvables. Se sabe que somos lo que comemos, por lo tanto, el canibalismo nos hace más humanos. Solo esta debería ser razón suficiente: no seamos vacas, pollos o pescados, seamos humanos. 

...
Nadie sabe, y nadie ha sabido nunca, dar una definición exacta del amor. Y a falta de ésta, el hombre recurre a la metáfora. Intentando completar la frase “El amor es como” se han llenado cientos de libros y se han circulado infinitas historias. Por ejemplo, yo he escuchado decir con total seriedad, que el amor es como Jennifer López, porque aunque se ve muy bien por el frente, lo realmente valioso es lo que hay detrás. 

...
A mí me parece que, en mi modesta opinión, a mi entender, como yo lo veo, tengo razón. Tú, en cambio, estás equivocado, no ves las cosas como son, estás engañado, crees lo que otros te dicen, no sabes nada. Y no vengas a tratar de confundirme con datos objetivos, que yo tengo mis propios datos, ni trates de refutar mi lógica, porque esas razones que tratas de esgrimir no son más que piruetas filosóficas y sofismas tramposos. 

...
De todos los animales, tal vez el más literario es el gato. Debe ser porque lo tenemos muy cerca, en nuestras propias casas, y sin embargo no lo conocemos realmente. El gato es un huésped que usa nuestras casas como un Air BnB sin pago, y que no responde preguntas por más que uno pregunte, porque le importa un comino lo que nosotros pensemos de ellos. 

...
La vida es como el juego del Tetris, en donde tratas de arreglarte con las cosas que te van cayendo, tratas de ordenar las cosas de la mejor manera, borras lo que ya tienes completo para no preocuparte por ello, y cuando crees que ya le agarraste el truco, te empiezan a caer cosas que no esperabas y que te desordenan todo, cada vez más rápido, hasta que caes en la cuenta de que nunca podrás ganar, y que tu única misión es durar el mayor tiempo posible sin dejar todo hecho un desastre. 

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Leyendas peruanas: Abraham Valdelomar



Hace poco escribí sobre Yma Sumac, como alguien que creó su propia leyenda. No fue la primera en el Perú que lo hizo. Ese honor pertenece a Abraham Valdelomar, escritor que supo convertirse en la estrella fulgurante de la intelectualidad peruana a principios del siglo XX, y de quien es difícil separar la historia del mito. 

Abraham Valdelomar nació en Ica, y pasó su infancia en Pisco, puerto a poca distancia. El tiempo que pasó allí marcaría su vida y su obra. Sus mejores cuentos son recuerdos de su infancia allí, cuando vivía en una casa no lejos del muelle fiscal, que servía para recibir barcos de carga de mineral. Esa casa se conservó por mucho tiempo, aunque con muchas modificaciones, convertida en una pequeña tienda en donde yo iba a comprar de vez en cuando, y en donde solo una placa de bronce en la entrada recordaba su ilustre pasado. Con el tiempo la placa desapareció y finalmente la casa se derrumbó con el terremoto del año 2007. 

Abraham terminó la escuela en Lima, y luego ingresó a la Universidad de San Marcos, en donde el nuevo siglo XX impulsaba un torrente de nuevas ideas que inspiró a la que fue tal vez la generación más brillante de pensadores peruanos. Aquí empezó un ascenso meteórico. Dejó los estudios para dedicarse de lleno al periodismo, en donde su talento y posición política le llevaron tempranamente a la dirección del diario oficial “El Peruano”, y de allí a un puesto en la embajada de Perú en Italia. Allí conoció las nuevas corrientes del pensamiento de Europa que definieron sus obras posteriores. 

Cuando regresó al Perú, su talento fue una explosión. Sus trabajos periodísticos y sus cuentos le valieron el reconocimiento general. Al mismo tiempo, forjó su leyenda. Sus trajes a la moda inglesa y su conversación brillante lo convirtieron en el rockstar de la escena limeña, al tiempo que sus colaboraciones y comentarios sobre la situación política en diarios y revistas eran celebrados por el público. ¿Cuánto de verdad o pose había en todo ello? Mi opinión es que todo esto era una pose, una estrategia de marketing usada antes de que se conociera este término. Y lo digo porque sus versos y cuentos estaban llenos de una nostalgia provinciana, una nostalgia que se refleja en “Tristitia”, uno de sus versos más conocidos: 

Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola, 
se deslizó en la paz de una aldea lejana, 
entre el manso rumor con que muere una ola 
y el tañer doloroso de una vieja campana. 

Nada más lejanos estos versos de la actitud escandalosa que exhibía en las calles de Lima, vestido de dandy y dedicando versos improvisados a las señoritas que encontraba en los cafés de moda. Su retrato más conocido, muy elegante y con la mano sobre una calavera, coincide con la imagen que intentaba proyectar. Fiel a este ánimo escandaloso, frecuentaba sanatorios mentales para inspirarse y visitaba cementerios por las noches con sus amigos. En ese tiempo se hizo popular una frase suya que repetimos los peruanos desde entonces: “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión, el Jirón de la Unión es el Palais Concert, y el Palais Concert soy yo”.
Valdelomar era, a pesar de ser provinciano, el ejemplo perfecto del intelectual limeño, y otra anécdota lo refleja. Al Palais Concert, el café más conocido de la época, llegó un joven César Vallejo para presentarle sus primeros poemas. Se presentó tímidamente y recibió esta respuesta: “Cuando regrese a su tierra, podrá contar que estrechó la mano de Abraham Valdelomar”. La historia es muy probablemente falsa, ya que Valdelomar intercedió para la publicación en Lima de algunos de sus poemas, y Vallejo le pidió prologar su primer libro “Los Heraldos Negros”. 

Con la fama obtenida, fundó la revista “Colonida”. Solo cuatro números de esta revista bastaron para sacudir la literatura peruana e insertarla en la modernidad, con los que creó un movimiento cultural cuyas consecuencias perduran hasta hoy. Allí publicó algunos de sus cuentos y poemas, brillantes y modernistas. Incluye allí una de las mejores comparaciones que he leído, al referirse a los gallinazos que se pueden ver hasta hoy en Lima: 

“El gallinazo es negro, definitivamente negro, rotundamente negro. Es como una maldición de padre agustino dicha en una cámara oscura a las doce de la noche. Oscuro como la filosofía alemana, espíritu nietzchiano, sombrío como un juramento de mayor de guardias”. 

 Aprovechando esta fama, daba conferencias en todo el país y como muchos intelectuales de la época, fue seducido por la política. Aunque la wikipedia diga que al volver a Ica fue aclamado unánimemente, mis fuentes me afirman que no fue así. Para su familia al menos, siguió siendo el chiflado, el loco que se vestía de payaso y que trataba de llamar la atención como sea. Fue elegido diputado por Ica, y en una de sus gestiones como tal, en la ciudad de Ayacucho, murió repentinamente. Tenía sólo 31 años. 

Las circunstancias de la muerte de Abraham Valdelomar se convirtieron en parte de su leyenda. Curiosamente, los libros de historia no hacen referencia a lo que pasó, y en el mejor de los casos, aluden vagamente a “un accidente”. Sabemos que esa noche se alojó en una casona antigua, y lo que pasó después es objeto de polémica. Se dice que se levantó de madrugada para tomar una dosis de ajenjo o morfina, y presa de la euforia, cayó de la escalera y se fracturó el cuello. La historia más escandalosa cuenta que se levantó para ir a la letrina, cayendo en ella, para ser encontrado solo un día después. 

Como toda estrella que muere joven, después de su muerte alcanzó el status de mito, edsta vez justificado con una obra que lo ha dejado en el lugar de uno de los mejores cuentistas que haya dado mi país. César Vallejo le dedicó estas palabras al enterarse de su muerte: “Hermano en el dolor y en la Belleza, hermano en Dios”, Abraham, tú no puedes haberte ido para siempre; es imposible. Sólo, como cuando viajabas, hermano estás ausente.” Su imagen puede verse hasta hoy en billetes peruanos, y su cuento más famoso, “El Caballero Carmelo” sigue siendo popular después de un siglo. 

En Pisco, queda aún el muelle, y crecen las higuerillas en la playa, tal como los describió en sus cuentos. Una de sus hermanas se quedó viviendo en Pisco, y tuvo una hija, que andando el tiempo fue mi abuela. Es por eso que hoy me senté a escribir lo que sé de esta leyenda.
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