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viernes, 26 de septiembre de 2014

Cambio climático


En está semana, todo el mundo está hablando del cambio climático.  Extrañamente, nadie ha pedido mi opinión hasta ahora.  Tal vez porque las respuestas que doy son irrebatibles, irrefutables y ultimadamente tontas. Ignoran los que buscan una opinión autorizada que yo conozco el tema a profundidad, como que esta semana he vivido más cambio climático que muchos de los científicos que se reúnen en la ONU. Paso a explicar.

Vivo, como muchos saben, en el Perú, donde uno puede cambiar de clima con solo recorrer unos pocos kilómetros en auto. Por añadidura, esta semana empieza la primavera, lo que significa que no tengo la menor idea del clima que va a hacer. En la lotería del tiempo, te puede tocar frío, calor, lluvia, viento, o todo ello junto. Y justamente fue eso lo que me pasó a raíz de mi viaje de descanso del trabajo.

Empecé mi periplo en una localidad cercana al Cuzco, donde estoy trabajando. En estas zonas de semi altura y semi selva, las estaciones están trastocadas, al punto que la gente del lugar considera que solamente hay dos temporadas: la época seca y la época de lluvias. Lo que en un país decente y organizado sería el invierno, aquí tiene días de sol radiante. Por el contrario, en los meses en que por nuestra ubicación geográfica debería ser verano, el cielo se llena de nubes y llueve todos los días. A esto debo sumar que el cambio de estación me obliga a pensar que el cielo no se decide qué clima mandar o que Dios está haciendo zapping con el tiempo. En un minuto hace un sol quemante y al minuto siguiente se desata un viento frio que trae una lluvia torrencial. Así las cosas, nadie sabe qué ropa ponerse para salir. Sólo los más previsores llevan un equipo completo de camisas, casacas y abrigos para cubrir cualquier eventualidad, lo cual tiene también el inconveniente de tener que hacer el cambio en poco tiempo y varias veces al día.

Afortunadamente, yo pasé por unos días a otra locación, a unos 2000 metros sobre el nivel del mar, donde el clima es mucho más consistente y menos esquizofrénico.  Allí solamente hace un frío maldito en la mañana y en la noche, y un calor muy fuerte al mediodía. Como es lógico, acabé esos días resfriado, condición en la que llegué a Lima.
En Lima, aunque supuestamente era la semana de inicio de la primavera, el cielo seguía con su programación habitual de invierno. Sólo los que han conocido Lima en invierno saben cómo es de opresivo el cielo aquí. El sol se convierte en un pálido recuerdo, oculto por una capa de nubes de color panza de burro que dan al transeúnte la incómoda sensación de estar siempre caminando bajo techo. Además está la garua, esa lluvia tan fina que hace que la humedad atraviese los abrigos y los convierta en inútiles ante el frío limeño. A esta ciudad llegué y me quedé un día, a donde los paraguas son desconocidos y la lluvia no moja pero resfría, y las gotas que caen solo sirven para convertir las veredas en un barro pegajoso.

La última etapa de mi periplo, desde donde escribo esta crónica, me ha llevado hasta Ica, donde, más que inicio de la primavera, el clima parece de inicio del verano, con mucho sol y calor. Mi pobre cuerpo, después de todos estos movimientos, ya no sabe cómo reaccionar y el resfriado ha pasado a un estado de incertidumbre que me hace estornudar solo cuando me acuerdo.

¿Faltaba algún fenómeno climático por experimentar? Claro que si. Si el clima de Lima se caracteriza por la garůa, Ica tiene como marca registrada la "paraca". Esta es un viento fuerte que arrastra un polvillo fino que hace difícil la respiración del transeúnte y que hace disminuir la visibilidad a unos pocos metros. Así vuelvo a lo afirmado al inicio de este post, en cuanto al cambio climático soy ahora un experto. Haciendo resumen, en el lapso de una semana he pasado por sol radiante, frío seco, viento frío, lluvia torrencial, frío con humedad, garúa, nuevamente sol y la tormenta de arena que aquí llamamos paraca.

Esto sin duda me convierte en una autoridad en esto del cambio climático. ¿Y nadie me pide mi opinión sobre el tema? Vamos, si no nos llaman a los que sabemos, poco vamos a hacer para solucionarlo. Aprovechen, porque la próxima semana ya estaré hablando de otro tema tonto y la oportunidad se habrá perdido.

domingo, 25 de octubre de 2009

El Clima es peruano


Paseando con un amigo de esos de ideas medio raras, nos pusimos a comentar sobre la llegada de la primavera. Si, ya sé que hablar del clima es lo mismo que decir "no tengo ningún tema interesante, hablemos de cualquier cosa", pero, bueno, así se presentaron las cosas, y de aquí salieron algunas observaciones realmente trascendentes, como verán a continuación:
- ¿Y, cuñao, que te parece? Estamos ya a un mes de que empezó la primavera, todavía estamos abrigados y con chompa, y eso que el otro día hacía sol ¿No?
- No, pues... No sabes qué es lo que pasa ¿Verdad? Todo esto es parte de la conspiración, ya te lo he dicho antes...
- ¿Cuál de todas las conspiraciones? Porque tú me has hablado de la conspiración de los Ovnis, de los transgénicos, de los celulares, y de la fiebre porcina...
- Noo, la conspiración del manejo del clima ¿No recuerdas?
- Creo que esa se me pasó.. ¿Qué era eso?
- La sociedad secreta de las trece calaveras, de la que ya te he hablado antes, para obtener la dominación mundial completa del mundo, está usando satélites artificiales para controlar el clima del planeta...
- Oye, pero..
- ¿No sabes que en los grandes almacenes de Estados Unidos el mal clima empieza justo cuando las grandes cadenas de ropa terminan su semana de ofertas? No es casualidad... Además mandan huracanes a aquellos países que no están de acuerdo con ellos... Solo tienes que relacionar los hechos... Son irrefutables...
- Vamos, eso es el calentamiento global...
- ¿Y tú todavía crees en esos cuentos? Esa es una burda excusa que se ha inventado para que la gente no se dé cuenta... Pero no van a engañar a gente inteligente como tú y yo ¿Verdad?
- Ehhh.... No...
- La conspiración les da el control del clima solo a aquellos países que se entregan al capitalismo, y al que no, le vienen las sequías, los huracanes, y las olas de frío...
- Oye, pero estábamos hablando de que por aquí un día hace frío y otro hace calor...
- Es que aquí justamente es donde falló el plan... A nuestro país, como parte del Tratado de Libre Comercio, y a cambio de todas las facilidades que les dimos a los gringos, nos asignaron una oficina secreta de control del clima, para controlar el clima peruano...
- Oye, si el clima está igual de loco ahora...
- ¡Déjame terminar, pues! Lo que la sociedad secreta no previó, es que a la oficina de control de clima, cuando cayó en manos del gobierno, le pasó lo que le pasa aquí a las demás oficinas públicas: Nombraron como director al pariente de uno de los peces gordos del gobierno, y el resto del personal eran gente que no sabía nada de climas, y solo tenían el carnet del partido...
- Entonces...
- Lo que pasó (y esto lo sé de buena fuente, pues he hablado con el primo de uno que tiene un amigo que sabe de alguien que escuchó a un miembro del partido que lo había escuchado de otro) es lo que pasa en el resto de dependencias del gobierno: Los encargados no fueron a las charlas de capacitación, no entienden los manuales que están en inglés, además vienen, marcan tarjeta y se van, así que el clima aquí está retrasado, pues aún no cumplen con el cronograma de invierno...
- ¿Y... Los días en que hace sol?
- Esos son los días en que la supervisión hace sus visitas de inspección... En esos días, la gente se pone a trabajar como locos, para recuperar el tiempo perdido, y que no los boten... ¿Ahora entiendes?
Debo admitir que en ese momento todas mis dudas quedaron aclaradas, y todo cobró sentido. El clima no es que se vuelva loco, es que realmente es controlado por peruanos, y por eso se porta como los peruanos, que trabaja bien cuando lo miran los superiores, y el resto del tiempo, hace cualquier cosa.
- ¡Tienes razón! ¡Ya entendí todo!
Desde ese día, cuando llego a mi casa tiritando después de haber salido en manga corta a la calle, regreso echándole la culpa de todo al gobierno, que nos manda este clima de perros, pero hasta ahora nadie me cree...

domingo, 16 de noviembre de 2008

El primer día de sol



En un post anterior, indicaba que el clima se porta en nuestra ciudad como los propios habitantes de Lima. La primavera es uno de esos casos. Llega tarde y pidiendo disculpas por el retraso.

Cuando en el mundo civilizado (es decir, en el extranjero) se anuncia el principio de la primavera, esta empieza puntual, el frío invernal se retira, los árboles, no cortos ni perezosos, empiezan a reverdecer y el cielo se limpia de nubes. Todo muy organizado y programado. Aquí, en cambio, se hacen todas las celebraciones habituales de inicio de la primavera bajo un cielo totalmente cubierto de nubes y un frío invernal. Los árboles, como si con ellos no fuera la cosa, siguen tan verdes como todo el año. Y el clima sigue igual hasta fines de octubre, en que empiezan a aparecer tímidos rayos de un sol frío que duran pocos minutos y no quitan la sensación invernal. No parece sino que la primavera, al igual que el resto de los limeños cuando se les encarga algo, se hace el que está empezando a trabajar y se disculpa diciendo “Ahorita empiezo, un ratito nomás”.

Es que aquí no tenemos, como en otros sitios, cuatro estaciones. Solamente tenemos temporada de calor y temporada de frío. Para no sentirnos tan mal hemos inventado una cosa llamada “media estación”, que es el pequeño lapso de cambio de temporada y en que no sabemos si va a ser un día veraniego o un día con frío, nubes, garúas y toda la cosa invernal. Claro que, para los turistas, nos ponemos alegres el 23 de setiembre por el día de la primavera, y nos ponemos tristes cuando empieza el otoño. No vaya a ser que alguien diga que la globalización no nos toca también a nosotros.

Así, pues el invierno ha durado hasta ayer. Ayer sí ha hecho un sol fuerte, con ínfulas veraniegas. Casi sin aviso, casi de sorpresa. Es que el clima, se porta también como un peruano, que la llegada de la inspección se pone a chambear duro para mostrar que hace su trabajo.
Los limeños, que nunca sabemos cuándo va a cambiar el clima, y a estas alturas del año ya hemos olvidado cómo son los días de sol, sentimos que nos sacado la lotería de la primavera, y salimos a la calle felices y contentos con ropas veraniegas. Las mujeres vuelven a salir con sandalias y minifaldas, y los hombres muestran su físico en camiseta. Pero a estas alturas del año todos estamos aún con la piel blanca, pues no hemos tenido tiempo de salir a la azotea ni de ir a ese gimnasio que tiene lámparas para broncearse bajo techo (si, pues, es mal visto ir a la playa sin estar totalmente bronceado). Hoy hemos parecido una procesión de fantasmas. Hasta yo me he sorprendido de mí mismo al salir en camisa manga corta y pensando que alguien en la calle me va a decir ”gringo”.

Las tiendas de ropa, que no sabían hasta hoy cuándo empezar a ofrecer la ropa de verano, las han sacado a toda prisa, aún oliendo a naftalina, para ofrecerla a igualmente apurados compradores, que se acaban de dar cuenta de que ya se está el fin de año a la vuelta de la esquina y no están equipados para el verano. Hasta los heladeros salen de su retiro y ofrecen helados a la gente.

Pero el sol, que también es peruano, se cansa de trabajar a media tarde y manda mudar, dejando a los transeúntes con un viento frío que nos dejará con el resfrío que se pone de moda también en esta época.

Feliz sol.
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