Mostrando las entradas con la etiqueta hadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta hadas. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de agosto de 2024

Los cuentos de hadas ya no son lo que eran


Los cuentos de hadas ya han perdido su sentido. Nadie los ve como una fuente de fantasía e imaginación, y cuando son leídos, sólo son entendidos de la manera más superficial. Es por eso que las mujeres buscan un príncipe azul, pero también exigen que no les cuenten cuentos. Dicen buscar la magia, pero la confunden con trucos baratos. Quieren la fortuna al final del arcoiris, pero no quieren caminar hacia él y prefieren que alguien se les lleve el arcoiris hasta su casa. 
Los hombres quieren encontrar a una princesa que los bese, aunque ellos se vean como sapos, queriendo ser príncipes, aunque sean solo sapos. En cambio, las que se creen princesas, quieren a un príncipe, sin importarles que este se vea como sapo. Y así quedan buscando a esa cenicienta hermosa y que además sepa limpiar y ordenar. Viven así, creyendo su propio cuento, ignorantes de que en la vida real, el príncipe, cansado de pasar con el zapato de cristal, se quedó con la bruja, porque era la única que sabía cocinar. 

Hoy la gente parece haber convertido los cuentos de hadas en un fanfic en donde se inventan como la princesa, cuando en realidad son la madrastra. Ni son blancas como la nieve, ni tienen el pie tan pequeño que a nadie más le entra su zapato, pero aun así quieren a un príncipe azul. 

Sin hada madrina que las ampare, buscan un final de cuentos que las saque de ese drama de telenovela. Se les reconoce porque confunden el costo con el valor, la apariencia con la esencia, y la riqueza con la felicidad. Dicen que odian la mentira, pero en verdad solo odian la mentira ajena y no la propia. 

Más de una vez me he encontrado con una de ellas, y descubrí lo peligroso que es hacerles notar que su actitud no es la de la inocente princesa que es feliz en su pobreza, sino la de la malvada madrastra que hace todo por aparentar lo que no tiene. En esa ocasión pude ver a una de ellas convertirse en un dragón que escupía fuego, solo por mencionar que la belleza está en el alma. 

Para terminar, diré que aún está pendiente el episodio en que le proponga a una mujer que sea la princesa de mi cuento. Si me acepta, le diré que eso implica ser secuestrada, encerrada, o víctima de algún terrible maltrato mientras espera a que yo llegue.

martes, 4 de febrero de 2020

Cuentos de hadas, una opinión


Se dice que los cuentos de hadas enseñan a las mujeres a ser débiles y sumisas, pero poco se habla del efecto que tienen en los niños. Y yo opino que enseñan a los hombres a tener falsas expectativas con las mujeres. Por culpa de los cuentos de hadas los jóvenes buscan mujeres de piel tan blanca como la de Blancanieves, con pies tan pequeños como los de Cenicienta, cabello tan largo como el de Rapunzel, tan delicada que puede sentir un guisante a través de veinte cobijas. Ni que decir que esperan que un feo como la Bestia lleve a la Bella a su castillo y al final ella se quede allí por su gusto. ¿Cuántos jóvenes habrá que han creído que aunque sean feos como un sapo, siempre habrá una bella princesa que los quiera besar?

Créannos que los cuentos de hadas tal vez sean machistas, pero eso tampoco nos hace mucho favor a los hombres. Por mi parte siempre me pareció demasiado difícil que para conquistar a una princesa haya que atravesar bosques encantados, luchar con monstruos o gigantes. Lejos de hacernos más valientes, nos han hecho que nos conformemos al final con mujeres menos princesas y más accesibles.

Yo, que incluso desde niño veía los cuentos de hadas como la versión para jardín de infantes de las telenovelas, caí en ese cuento de hadas electrónico de Súper Mario, en el que un humilde plomero obtiene a la princesa rubia después de mil peripecias y peligros. A mí me mataban siempre en los primeros niveles, como presagio de mi suerte amorosa en la vida real, pero algunos amigos llegaron al final, rescataron a la princesa para solamente sentir un vacío existencial y preguntarse si había valido la pena todo el esfuerzo y sacrificio.
Esa es la pregunta: ¿Y qué hay de los finales de los cuentos de hadas? Me imagino que eso de comer perdices está bien, aunque nunca he probado una, pero acaba y el cuento y a uno no le dicen absolutamente nada sobre cómo hacer después, que es donde está lo importante. La princesa en cuestión va a creer que eso del heroico príncipe le va a durar a uno toda la vida. Me imagino a la princesa tiempo después del final feliz recriminando a su consorte que ha luchado contra un dragón para rescatarla y ahora ni siquiera tiene ánimo para pedir rebaja a la hora de comprar muebles para el castillo.

Ahora vemos en las noticias que la última Cenicienta de la vida real está renunciando a la condición de princesa de Inglaterra para reintegrarse a la vida civil, tan fuerte ha sido el choque de convertirse en parte de la realeza. No descarto la idea de que fue más bien el príncipe el que convenció a su nueva esposa que eso de la nobleza no es como lo pintan y que, como en un cuento de hadas al revés, su sueño era dejar de ser príncipe y ser feliz en una vida de plebeyo, con dinero, claro está, pero plebeyo al fin y al cabo, en un final que ningún cuento ni telenovela pudo prever.

martes, 26 de noviembre de 2019

Mucho tiempo después


Mucho tiempo después, la princesa abandonó al príncipe, que resultó ser un bueno para nada, que sólo sabía pelear, montar en su caballo y verse bien. Y lo abandonó aprovechando que el escritor ya se había ido, y había terminado el cuento con el famoso “Vivieron felices por siempre”.

Mucho tiempo después, Blanca Nieves vio la hermosura de su hija que ya entraba en la adolescencia. Sintió algo extraño, que no había sentido antes, como si la belleza de su hija era obtenida a costa de la suya propia. Asustada, fue a los sótanos del castillo y descubrió el viejo espejo. Fue entonces cuando vio cómo su propio reflejo se había convertido en el de su madrastra. Tal vez aún pueda encontrar el viejo libro de hechizos donde dice cómo envenenar una manzana, pensó.

Mucho tiempo después, cuando era ya una respetada psicoanalista, Alicia seguía preguntando a sus pacientes si habían visto a un conejo blanco correr y meterse en el agujero de un árbol.

Mucho tiempo después, Matusalén seguía vivo.

Mucho tiempo después, Penélope encontró a Ulises escuchando los cantos de las sirenas en un CD.

Mucho tiempo después, la anciana mostraba la enorme piel de lobo sobre su chimenea y contaba a todos esa historia de cuando era una niña que usaba una capucha roja. Su familia se disculpaba ante las visitas diciendo que eran delirios seniles.

Mucho tiempo después, Aladino volvió a encontrar al genio que alguna vez le concedió un deseo. El tiempo de tu deseo ha acabado, dijo el genio. Me pediste que te mostrara lo que pasaría si te convirtiera en príncipe. Ahora tu deseo ha acabado y debes volver a ser el muchacho pobre que vagaba por las calles de Bagdad.

sábado, 25 de abril de 2015

El sapo equivocado


La historia no es como la cuentan los libros infantiles. Al menos no lo es totalmente. Es verdad que había una princesa, y es verdad que había un príncipe convertido en sapo. Lo que no han recogido esas historias es que la magia residía no en el sapo, sino en la princesa. La princesa tenía el poder, otorgado sin pedirlo e ignorado por ella misma, de convertir en humano a aquel a quien diera un beso de amor. La leyenda de aquel príncipe castigado por su orgullo y condenado a tomar la forma de un sapo era solo el complemento de la historia.

Aquella tarde en el estanque, el príncipe lamentaba tener que vivir atrapando moscas con su lengua cuando llegó la bella princesa. El príncipe le habló, pues no había perdido la facultad del habla, y le contó sobre el cruel hechizo. Nada le dijo sobre el hecho que no se le había dicho nunca cómo revertir el embrujo, y que los demás animales le habían hablado sobre la leyenda de la princesa que tenía la facultad de convertir en humanos a los animales con un beso. Porque los animales también tienen leyendas y cuentos de hadas que no comparten con los humanos, que no comprenden que la magia no se limita a la gente, y que también afecta a los animales y a las plantas.

Quedaron en que la princesa regresaría a la tarde siguiente a besar al sapo, cumpliendo la promesa dada, que un miembro de la nobleza no puede romper. Pero algo pasó poco antes de la hora acordada, no se sabe bien qué pasó exactamente, algún contratiempo, tal vez una serpiente que apareció en el estanque y que hizo ocultarse a todos los batracios, quizá pasó que era un día nublado y no se veía el sol y el principesco sapo no podía saber a ciencia cierta si la hora de la cita ya había pasado. Lo que sí sabemos es que la princesa acudió puntual a la cita y vio a un sapo sentado sobre una de las piedras que afloraban a la superficie del agua. Incapaz de diferenciar a un sapo de otro lo tomó por aquel con el que había hablado el día anterior y lo cogió para besarlo. El sapo se encontró de repente rodeado de unas manos pálidas, largas y duras. Se vio cerca de un rostro liso y pecoso, horroroso para los gustos de los sapos, y protestó croando enérgica e inútilmente, pues los humanos no comprenden el idioma de los animales. De nada sirvieron los intentos de zafarse de ni sus quejas. La determinación de la joven, su deseo de acabar con la tarea lo antes posible y el desconocido poder de transformación hicieron el prodigio de transformar a un sapo en hombre.

El verdadero príncipe vio como la princesa se marchaba con un desconocido con dirección al castillo para no volver jamás. No se supo, pues la historia no lo cuenta, si el príncipe hizo algún esfuerzo para aclarar el error, para llegar al castillo, o si se conformó con su suerte el resto de su vida como sapo.
El sapo tomado por príncipe tampoco tuvo muchas oportunidades de aclarar el error, pues no conocía todavía el lenguaje de los hombres, circunstancia que los demás atribuyeron a ser un príncipe de un reino lejano y que hablaba otro idioma. Más tarde decidió callar, presa del temor de todos los animales de ser muerto por los humanos, que matan a todos los animales que no les son útiles.

Hoy la princesa se ha convertido en reina y el sapo se ha convertido en rey, casado hace ya muchos años con quien lo convirtiera en humano. Pero aún extraña su vida como sapo, sin más preocupaciones que cazar algunas moscas con las que alimentarse, sin tener que ocuparse en cuestiones de protocolo, en problemas de estado y sin tener que convivir con los humanos de piel dura y blanca, que no gustan del agua ni del placer de croar en las noches de luna. Ha vuelto varias veces al estanque de donde saliera una vez, pero ya nadie lo conoce allí, y el príncipe que debió ocupar su lugar no ha vuelto a aparecer, devorado tal vez por una serpiente o aplastado por algún niño travieso que escapó de la escuela. No puede hablar con los animales del campo y preguntarles si conocen un beso mágico, una caricia o un pellizco con la facultad de retornarlo a su condición original. A nadie puede contar que la magia estaba en realidad en la princesa y que él era simplemente un sapo equivocado en un estanque equivocado.

sábado, 2 de junio de 2012

Encuentro con un hada


Dentro de una de esas conversaciones tan raras que parecen perseguirme, y que han dado tema para más de un post aquí, recordarás que terminamos hablando de las hadas. Hasta ese momento no me había planteado seriamente la existencia de este tipo de seres, así que te pedí instrucciones para invocar a un hada, y lo que debía hacer en caso de tener éxito. Recuerdo que tu respuesta, casi ahogada por tu risa, demostró tu poca fe en mí:
- ¡Para poder ver a las hadas debes estar cerca al bosque, debes ser puro de corazón! 

Debo confesar que me piqué con esa respuesta, que no me convenció tampoco. Soy un tonto, y no hay mejor manera de no perder la pureza de corazón que siendo un tonto. Tengo además, como todos saben, mi propia colina, lo que me da tanto derecho como cualquier otro a ver un hada, y entablar conversación con ella, quizá intercambiar opiniones, aceptarnos en el Facebook, o lo que se presente.
Después de la conversación, me quedé pensando toda la noche sobre cómo sería encontrarse con un hada, tal vez yo le hablaría de mis tonterías, y ella me daría consejos sobre cómo cuidar mejor mi jardín. De tanto pensar, caí en la cuenta de que mañana, como toda la semana, es día de trabajo, el cual debo cuidar, ya que anda muy atrasado. Y traté de descansar un poco, aunque sin éxito.

El caso es que cuando muy temprano me levanté para no llegar tarde al trabajo me dispuse a prepararme un café con leche que me mantuviera en pie hasta terminar la jornada. Y allí empezaron a ocurrir los prodigios. Cuando llegué con el azúcar había un hada sentada como si tal cosa sobre la taza de café, esperándome sin duda. El milagro, sin embargo, no fue ese. El milagro fue que yo, en estado zombie debida a la mala noche, no hice caso, urgido como estaba de tomar esa vivificante taza de café. Con la cuchara aparté al hada como quien espanta una mosca. El hada quedó así tirada sobre la mesa, sobándose las alas golpeadas. Sin cejar en su empeño, el hada se colocó en mi línea de visión para que le prestara atención. El problema es que mi línea de visión estaba precisamente sobre la taza de café, y derramé sobre el hada toda la cucharilla de azúcar. El hada se retiró a un costado refunfuñando en un lenguaje ininteligible al sacudirse el azúcar. Hizo aún un último intento de llamar mi atención revoloteando sobre mi taza, sin más consecuencia que recibir de lleno el chorro de leche que le agregaba al café, cayendo dentro de la taza y escapando apenas a tiempo de convertirse en parte de mi desayuno, que estuvo a punto de convertirse en un café con leche con azúcar con hada. El café surtió efecto inmediatamente, haciendo que caiga en la cuenta de lo que acababa de ocurrir.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Cuando quise reaccionar solo pude ver al hada huyendo malhumorada y llevándose mis flores como reparación civil. En vano fue llamarla con mis más dulces disculpas y prometerle que no volvería a ocurrir.

Eso es lo que pasó. Finalmente puedo decirte que creo en todo lo que me dijiste, en los espíritus del bosque, en las hadas, en sus poderes y encantos, aunque lamento también informarte que ya no veré a ninguna en el resto de mi vida, pues sin duda el hada que escapó ya debe haber avisado a todo el sindicato para que no vuelvan a aparecerse en la casa de un tonto que se levanta todas las mañanas sin ser capaz de apreciar las maravillas que aparecen enfrente de él, aunque se le atraviesen entre su carota y su taza de café con leche.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...