Mostrando las entradas con la etiqueta estupido. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta estupido. Mostrar todas las entradas

jueves, 22 de octubre de 2015

El amor es… tupido


Aquel que, enojado por una tormenta que arruinó un paseo por el campo con su prometida, prometió a su amada castigar a los elementos por ese ultraje. Así que salió de la cabaña en la que se encontraba blandiendo furioso su espada contra los elementos. La pelea fue corta y desigual, pues a los pocos minutos un rayo fulminó al incauto. Los familiares, durante el entierro, calificaban el suceso como un acto de Dios, otros mencionaban el castigo que Zeus, el dios del rayo, infligía a quienes osaban retarlo. Con seguridad que si hubiera estado de moda en ese tiempo, se hubiera hablado también del karma, La verdad es que esa muerte se debió a la pura y simple estupidez.

Por alguna razón, los actos más increíbles de estupidez son provocados por amor, o cuando menos, por el afán de impresionar a una mujer. ¿Una mujer lo abandonó? Voy a practicar salto bungee sin soga en el acantilado más próximo con clavado acrobático sobre el pavimento. ¿La mujer ni siquiera sabe que existo? Entonces me lanzo colina abajo en un carrito de supermercado o me dedico a buscar la forma de descabezarme de manera original, de preferencia en presencia de la mujer en cuestión, o al menos filmando mi suicidio a ver si se hace popular en Youtube.

El último episodio de esta cadena interminable de estupideces con el prefijo “Por ti soy capaz de” ocurrió hace poco en un estadio de fútbol. Una pobre alma creyó que era una buena idea impresionar a su novia mostrándose en el estadio en plena tribuna local con una camiseta del equipo rival. Intento imaginar el proceso mental de alguien capaz de hacer eso justamente en la última fecha del campeonato. Algo así como –Hago una locura-Salgo en televisión-Mi novia me ve-Ella piensa que soy el más valiente del mundo-Se enamora para siempre de mi-. Por desgracia, los miembros de la barra brava –escogidos entre lo peorcito de la sociedad- no entendieron el chiste, y pensaron a su vez que estando tan aburrido el partido bien podrían matar el tiempo con un linchamiento. La valentía de nuestro personaje debió durar bien poco, hasta ver a la turba de unos 300 hinchas sedientos de sangre que iban a por él. El pobre reclamó la presencia policial, la que no pudo evitar que le cayeran muchos golpes, corrió a todo lo que le daban las piernas y apenas pudo llegar al baño de mujeres de la tribuna, en donde quedó encerrado hasta que la policía puso orden, pudo rescatarlo y sacarlo del estadio. 


El hecho salió al día siguiente en todos los diarios, al menos esa parte salió según lo planeado, pero de manera vergonzosa y entre la burla general. La enamorada, con mayor sentido que su pareja, se negó a declarar, así que ni los diarios ni la televisión mostraron la reacción de la mujer a quien iba dirigida esa estupidez, pero podemos confiar en que lo habrá abandonado, o al menos le habrá prohibido terminantemente volver a acercarse a un estadio, y a hacer una locura semejante.


viernes, 7 de noviembre de 2008

Mentalista, Médico, Estúpido

Normalmente escribo en este blog historias sobre tontos, pero esta vez narraré la de un estúpido. En un post anterior indiqué la diferencia entre un tonto y un estúpido: El tonto, cuando falla, lo hace sin intención y creyendo sinceramente que lo que hace está bien. El estúpido, en cambio realiza sus actos con plena conciencia y esperando sacar un provecho de los mismos, creyendo que los tontos son el resto de las personas. Así pues, referiré la historia como para dejar clara esta diferencia:

Carlos Santillana es un nativo de Cáceres, en España. Un día apareció en su ciudad natal anunciando sus poderes de mentalista. Comentaba que había regresado de Madrid, donde había sido asistente de una prestigiosa periodista de televisión. Como mentalista anunció varios trucos, como esconder en una conocida torre de la ciudad el número que saldría premiado en la lotería navideña, anunciar el sexo del primer hijo de la princesa Leticia, y anunciar que detendría el reloj de La Puerta del Sol cuando dieran las campanadas de fin de año. El primero es un conocido truco de cambiar el sobre, el segundo tiene una probabilidad del 50%, y en el tercero, los malvados relojeros de la Puerta del Sol impidieron que el reloj se detenga.

En Trujillo de Extremadura, anunció un truco espectacular. Se enterraría en la Plaza Mayor bajo 3,000 kg de tierra y pasaría cuatro días así. Toda una prueba capaz de dejar su nombre impreso en la posteridad. El día señalado, se vertieron efectivamente las toneladas de tierra sobre el ataúd en donde se había encerrado. Todo salía de maravillas, hasta que unos jóvenes vieron que sacaban una bolsa de plástico negro hacia una camioneta. Dentro iba don Carlos. Cuando el resto de la ciudad se enteró, se armó el escándalo. Don Carlos se defendió diciendo que no era una estafa porque no había cobrado por hacer el truco. Pobrecito.

Como el mismo había dicho, estos trucos no daban lo suficiente para comer, así que anunció un nuevo concepto en trucos, algo que ni David Copperfield, ni Chris Angel, ni David Blaine, ni ningún otro había intentado antes: Declaró que iba a a apagar todas las luces de la torre Eiffel sin necesidad de moverse de su cuarto de hotel en Madrid, y que en ese momento todos los aparatos de televisión presentarían un mensaje. Este mensaje sería el nombre de la empresa que colabore con los gastos de tan difícil truco. Un empresario español pensó (pensar es un decir, más bien fue lo bastante tonto) que era una buena inversión y firmó contrato con don Carlos. Inexplicablemente, las luces de la torre Eiffel se negaron a obedecer el mandato, y los televisores siguieron con su programación habitual.
Como resultado, la corte declaró que don Carlos debería pagar 6,000 euros al pobre empresario. Lo malo era que para entonces el mentalista había hecho un acto de desaparición y no se le pudo ubicar.

En realidad, estaba en la ciudad de Plasencia, trabajando en la profesión que según sus propias declaraciones, había obtenido sacrificadamente mientras alternaba sus estudios con la ingrata profesión de mentalista. Era médico. Trabajaba, como decíamos, en un centro médico como médico general. Las autoridades notaron que algo no cuadraba con este médico: leía los encefalogramas al revés, y no sabía interpretar una radiografía. Así que pidieron sus certificados. No hay problema, dijo, y trajo un título de médico… del Perú. Le pidieron la homologación del Ministerio, y la trajo; le pidieron las calificaciones, las notas que había obtenido, y las entregó. Aún así, el Colegio Médico de Cáceres no se dio por vencido y pidió a un médico que iba a viajar a Perú que preguntara por Carlos Santillana en la universidad en la que en teoría había conseguido ser médico. En Perú comprobaron que su número de colegiado correspondía al de otra persona, que sí era un médico reconocido como tal.

El Colegio de Cáceres avisó entonces del supuesto fraude de Santillana, comunicándoselo a todos los colegios de España. El antiguo mentalista se enfadó con los responsables del Colegio de Médicos y les llegó a amenazar con denunciarles.

Mientras tanto, el caso puso al descubierto una red de tráfico de títulos profesionales que lleva ya varios detenidos, incluyendo al famoso mentalista, y que nos ha puesto las cosas más difíciles de lo que ya eran a los peruanos que queremos viajar a España. Todo por un estúpido que cree que los demás son tontos.

En sus últimas declaraciones, ha dicho que es víctima de un complot y que es un inocente médico que nada más no sabe hacer cirugías. Ese tipo de declaraciones ya las hemos visto por aquí bastante últimamente y ya sabemos lo que significan.

Este es un ejemplo, como dije al principio, de un estúpido y no de un tonto. Espero que ahora quede clara la diferencia.


PD. A diferencia de otras, esta vez la historia es real. Puede leerse aquí:
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...