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domingo, 10 de abril de 2011

Comentario político

Cuando me enteré de los resultados de las elecciones, mi reacción fue más o menos como esta:


seguido de la idea de que a nosotros los peruanos no nos gustan las cosas fáciles. Hemos vivido tanto tiempo de la manera difícil, que cuando vemos que las cosas ya no pintan tan mal, nos sentimos en la obligación de dificultarlas para no perder esa condición de "pobrecitos peruanos, tan sufridos ellos" que nos asegura ser beneficiarios de la bondad estatal y de las compasivas ayudas extranjeras.

Para la segunda vuelta, y de acuerdo a la clasificación hecha por nuestro reciente premio Nobel, espero encontrarme con discusiones como esta:
- Y... ¿Por quién vas a votar ahora? ¿Por el cáncer o por el sida?
- No sé todavía... El cáncer es tan bonito... usaremos máquinas de última generación y medicación de alta tecnología...
- Pero el sida te mata más lento...
- ¡¿Cómo se te ocurre?! El sida es bien feo... además, no está bien visto... Deja eso para los pobres...
- Yo no sé... de repente en algún momento encontramos la cura del sida... Además, no me gusta la terapia de shock...
- Sí, pues, pero de algo hay que morirse ¿no?

- Y tú... ¿Ya decidiste por quién vas a votar?

miércoles, 30 de marzo de 2011

Denme algo de verdad

No sé si me estoy haciendo viejo, menos idealista o más tonto, pero esta campaña política la estoy viendo más falsa que nunca. Nunca, creo yo, había visto tanta influencia de los asesores de imagen sobre las acciones de los candidatos a la presidencia de nuestro país. Aquel que busque milagros o transformaciones milagrosas encontrará aquí bastante material. De pronto vemos que los mudos hablan, los militares se disfrazan de civiles, y los estirados empresarios se dan baños de pueblo sin temor a mancharse de tierra.
¿Qué fue de aquel que hablaba en tono tan alto, diciendo que no dejaría títere con cabeza al demoler las bases de esta injusta sociedad para sustituirla con una nueva, sin importar las bajas, consecuencia inevitable de tal cambio? Ahora se muestra sereno, su hablar pausado pareciera querer tener efectos tranquilizantes y hasta estupefacientes; sus ternos nuevos proclaman a los cuatro vientos su confianza en el libre mercado.
¿Y el tecnócrata habituado a las reuniones con los grandes magnates del mundo? Hoy ha cambiado la música clásica por los huaynitos y la tecnocumbia; los ternos Pierre Cardin por las camisetas hechas por esforzados artesanos peruanos. No sé si es el mundo al revés o que París bien vale una misa.
Producto, sin duda, de los asesores políticos y de imagen, nuestros candidatos hoy se parecen unos a otros. La misma sonrisa, el mismo discurso, la misma vaina. Lo único que cambia son los insultos preparados para cada uno de los rivales. El ser antisistema ya pasó de moda, ahora se usa ser neutro. Por eso es que las encuestas muestran a todos los candidatos igualados. Es que a la gente todas las opciones le parecen iguales.

¿Qué me queda? Pedir, simplemente un poco de verdad, porque ya sé que cualquiera que llegue al gobierno hará cosas que prometió no hacer, y lo que prometió… se habrá olvidado, pues.

Por suerte, aún nos queda John Lennon, con una canción de hace 40 años que cada año parece más actual.



Estoy cansado de escuchar cosas
De hipócritas estirados, cortos de vista y de mente estrecha
Todo lo que quiero es la verdad
Sólo denme algo de verdad

Ya tuve suficiente de leer cosas
Escritas por políticos neuróticos, sicóticos y testarudos
Todo lo que quiero es la verdad
Sólo denme algo de verdad

Ningún hijo de Nixon de pelo corto y panza amarilla
Me va a suavizar las cosas, maldita sea
Con un puñado de esperanza
Dinero para la embrutecer
Dinero para la soga

Estoy harto de ver
A pequeñas viejas chauvinistas condescendientes de boca tiesa
Todo lo que quiero es la verdad
Sólo denme algo de verdad

Ya tuve suficiente de mirar escenas
de prima donnas esquizofrénicas, egocéntricas y paranoicas
Todo lo que quiero es la verdad
Sólo denme algo de verdad.

viernes, 20 de agosto de 2010

El vendedor de promesas


Después de un buen tiempo, volví a encontrarme con el Trucha. Al verlo, instintivamente revisé mis bolsillos. Al comprobar que no tenía más que dinero para el pasaje, decidí saludarlo sin miedo a convertirme nuevamente en su fuente de ingresos del día.

- ¡Hola, Trucha!
- ¡Hola, Tonto, que gusto de verte! ¡Qué bien que te encuentro! Justo uno de estos días iba a llamarte para ponerme al día con lo que te debo…
- ¿De veras? ¿Y en que andas ahora?
- ¡Ahora si estoy en un negocio bueno y casi decente, como tú dices!
- ¿Y qué negocio es ese, si se puede saber?
- Me estoy dedicando a vender promesas, ahora que va a haber elecciones.
- ¡No me digas que te has lanzado de candidato! ¿Cómo es posible?
- ¡Por favor! Ese negocio ya está maleado. Yo soy el poder tras el trono, pues. Ahora todo es imagen, y unas cuantas promesas para llenar los carteles en las calles. Y eso es lo que hago, invento promesas para candidatos a las alcaldías…
- ¿Cómo es eso?
- Todos los candidatos necesitan promesas originales para convencer al público. Lo de solucionar la violencia y bajar los tributos lo prometen todos, así que esas promesas ya no atraen votantes. ¡Ahora hay que hacer promesas nuevas! Por ejemplo, a un candidato le propuse prometer tener un departamento de Feng-Shui en la alcaldía, para ordenar la ciudad y que la gente tenga buenas vibras en el distrito. ¡Le encantó la idea! A otro le dije que tenía que prometer que la alcaldía tendría su propio helicóptero para patrullar el tránsito. Los candidatos que se quieren diferenciar del resto están como locos por mis servicios…
- ¿Qué? ¿Acaso los políticos ya no inventan sus propias promesas?
- Flaco, yo te estimo mucho pero cada día te estás volviendo más tonto... ¡Claro que no se inventan sus propias promesas! Los políticos ya no son tan inteligentes... Ahora me necesitan para que yo les invente sus promesas, para eso hay bastante demanda ahora...
- ¿Y con eso te alcanza?
- Claro que sí, además las promesas la puedo revender a más de un candidato, siempre que se postule a una ciudad lo suficientemente lejos… Además, estoy ofreciendo servicio de creación de promesas personalizadas…
- ¿Qué es eso?
- No es lo mismo prometer a una barriada y a un barrio residencial, tú sabes… Entonces a los pobres de la ciudad prometo cosas como crear impuestos para los ricos, y a los ricos les prometo no dejar entrar a los pobres a su barrio. Así quedan todos contentos y votan por mi candidato…
- ¿Y qué pasará si eligen a ese candidato? ¿Cómo cumplirá todas las promesas?
- De eso ya no me ocupo… Yo solo invento las promesas, si el candidato sale elegido, ya verá cómo se las arregla…
- Veo que tienes todo bien planificado… Y el negocio es bueno, entonces…
- Buenísimo… Y me pagan al contado… Tú sabes, no se puede confiar en las promesas de los políticos…
- Y hablando de eso ¿Cuándo me pagas lo que me debes?
- Justo ahora voy a la casa de uno de los candidatos a cobrar por un juego de promesas que he desarrollado… Solo que no me puedes acompañar porque el candidato no quiere que sepan dónde vive… Tiene no sé qué problema con el juez… Apenas voy, cobro y te llamo para pagarte… ¡Espera! No, ese dinero ya lo tenía comprometido para pagar un container de vuvuzuelas usadas del mundial que vamos a usar para la campaña… Mira ¡Apenas pase esto de las elecciones te busco para pagarte! ¡Chau, hermano! ¡Y no te preocupes, que mis promesas son fijas! Nos vemos…

Así que me quedé nuevamente sorprendido de la capacidad del trucha para escaparse y para conseguir negocios.

- ¡Este Trucha debiera ser candidato, caramba!
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