lunes, 5 de mayo de 2014

Penélope, sentada en un banco


¿Cómo se forma una historia? Acaso sea cierto que las historias existen y solo esperan que alguien las escriba, que toda historia es una forma de autobiografía, que las historias son solamente variaciones de unos pocos temas universales: el amor, el regreso. En la tranquilidad de estos días escucho una canción de las que cuentan una historia. En la música y en la literatura tengo preferencia por las historias. La historia de Pedro Navaja, de Eleanor Rigby, o la historia de Penélope.


La historia de Penélope, la mujer que espera sentada en un banco en la estación de tren es una de las más atrayentes de Joan Manuel Serrat. Quizá es la más universal, la mujer que espera como aquella otra Penélope que esperó veinte años a Ulises. Pero esta Penélope no tiene un final feliz, no ve a su amado regresar, la de la canción simplemente se nos muestra en el acto de esperar, las razones por las que espera nos son contadas de manera ambigua, dicen en el pueblo, pero pudiera ser verdad o mentira. Lo único que sabemos con certeza es que Penélope espera sentada en el banco. Dicen que el caminante volvió y ella lo miró con los ojos llenos de ayer y dijo “No eres tú el que espero”. Penélope ya no quiere que regrese su amado, su vida se ha convertido en la espera.
Con el pasar del tiempo esta historia convertida en canción ha tenido otras versiones muy poco diferentes. Mocedades hizo otra versión de la misma (compuesta por José Luis Perales, un admirador de Serrat) con el nombre “Le llamaban loca”, una canción que oscila entre el plagio y el homenaje. Esta canción tuvo aún otra variación de los mexicanos de Maná, que se llama “En el muelle de San Blas”, que resulta ser entonces la copia de una copia.  
He buscado en internet algún dato que me aclare si esta y otras canciones (Lady Lady, del grupo español Bravo, es una de ellas) tienen un origen común, tal vez literario, una leyenda urbana o un referente de una historia real. La canción de Maná dice basarse en un evento real, pero este se desarrolla en la misma época que la canción de Serrat. ¿Quién fue primero, la historia mexicana o la canción española? ¿Se trató la historia de una exageración para hacerla parecer a la canción, que a su vez engendró una canción en Mexico? ¿Se trata de una historia común que ocurre con similares características en muchas partes del mundo? Hay una versión en inglés, basada en una historia transmitida oralmente en Estados Unidos. La canción se llama “Tie a YellowRibbon Round the Ole Oak Tree” y tuvo éxito años después de la versión de Serrat.

Buscando también en la biografía de Joan Manuel Serrat, encuentro opiniones de que esta es una versión libre del personaje de la Odisea. No soy de esa opinión, al menos no de que haya sido intencional el parecido con la historia homérica. No creo que sea tan difícil que al pasar por un pueblo cualquiera, el mío por ejemplo, y que el compositor (o el escritor, dado el caso) vea a una dama sentada en un banco de la plaza, y se pregunte la historia detrás de esa visión. ¿Por qué está sentada allí vestida de domingo? ¿Espera a alguien? ¿Ese alguien llegará? La historia entonces es un intento de dar respuesta a otra historia que no se conoce. En el camino a esta respuesta llegamos a la invención basada en las historias que uno conoce, a la descripción de un sentimiento universal, a la historia basada en el regreso.

El atractivo de esta canción es justamente, que no tiene un final, el amante no regresa, y si regresa, no es reconocido como tal, quedando Penélope en una espera que intuimos ya que no terminará nunca. Y esta circunstancia se conserva en todas las versiones citadas, lo que refuerza mi teoría de que todas estas canciones proceden de la misma fuente.
Se me antoja ahora imaginar qué pasaría si la historia tuviera un final ¿Nos atraería igual? Puedo imaginar también la historia del misterioso viajero, que apenas es mencionado en las canciones, porque solo es el pretexto para la espera.

Imagino al viajero que partió un día de su pueblo buscando una necesidad real o ficticia de buscar aventuras. Recorrió cinco continentes, siete mares, tuvo contacto con multitud de personas de muchas razas distintas, conoció costumbres inimaginables, paisajes inenarrables, y finalmente murió en una tierra lejana. Nunca regresó a su tierra natal donde le esperaba el amor que le fuera prometido y el cual buscó incansablemente en todo su recorrido.

En otra versión, el viajero regresó a casa después de su largo periplo. Después de recorrer tantos lugares lejanos, le dieron ganas de conocer su propio pueblo, olvidado ya en la lejanía del tiempo. La plaza del pueblo se ve igual que como la dejó. En un banco de madera la ve a ella. Está esperando, tal como lo prometió. Se acerca a ella, y descubre con pavor la verdadera razón de su partida. Nunca supo qué decir cuando está con ella. Lo único que sale de su boca son las mismas palabras que le dijera hace ya tiempo: Espérame, volveré.

Las historias nacieron para ser contadas, o para ser cantadas.

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