viernes, 15 de abril de 2011

El día que cayó un ángel

Era uno de esos días en que parecería que no iba a ocurrir nada fuera de lo común. Sin embargo, en la ciudad llena de gente, de pronto alguien vio el cuerpo tirado en la vereda. A pesar de que había una regular concurrencia en la calle, nadie lo vio caer. La gente empezó a arremolinarse alrededor del cuerpo, atraídos por su extraño ropaje, más propio del vitral de una iglesia que de un transeúnte como los que salían a trabajar a esa hora de la mañana.

Uno de los tenderos de la cuadra decidió tratar de averiguar si estaba vivo, para poder moverlo, pues interrumpía la entrada a su negocio. Al mover su hombro con su mano, la multitud que había reunido lanzó un grito de sorpresa. Un ala ligera pero fuerte apareció desde su espalda. El tendero pudo distinguir que apenas respiraba, mientras los presentes miraban fijamente el ala expuesta.

- ¡Es un ángel! Dijo una señora.
- ¡Eso es imposible! ¡Los ángeles no existen! ¡Solo son una construcción de nuestro miedo a lo desconocido, una invención creada para controlar nuestras vidas a través de la religión! - intervino furiosamente otro de los peatones, para agregar después: ¡Es tan sólo una ilusión óptica!
- ¿Cómo sabremos si es un ángel? Intervino el tendero.
- Nos debe decir cómo se llama, yo tengo aquí el libro de los ángeles, debe estar allí su nombre…
- Yo recuerdo que los ángeles pueden danzar sobre la punta de una aguja, esa es la prueba para reconocerlos…
- Pero ¿Cómo pueden ser tan tontos? ¿No ven que esto es una broma de algún programa de televisión? ¡Tal vez es un truco comercial de una nueva tienda!

Los presentes empezaron discutir entre ellos, hasta que un niño que estaba mirando se atragantó con un caramelo que estaba comiendo. La multitud se distrajo momentáneamente ante el nuevo espectáculo, hasta que alguien con más sentido común que los demás le dio al niño una violenta palmada en la espalda para que arroje el caramelo.
Fue entonces cuando una señora exclamó ¿Vieron eso? ¡Es un ángel de la guarda! ¡Por eso el niño se atoró con el caramelo!

La gente pareció aceptar que el que se hallaba era realmente un ángel, sobre todo cuando alguien mencionó que a dos calles un peatón que se encontraba hablando por el celular fue atropellado por una camioneta.

- ¿Qué haremos con él?
- Debemos llevarlo a la iglesia. Creo que hay una a 3 cuadras, pasando el parque ¿No?
- ¡Esa es una iglesia católica! ¡Allí no se siguen las enseñanzas de Dios! ¡Debemos llevarlo a nuestro templo!
- ¿Y si lo llevamos a un hospital?
Intervino una secretaria.

En eso, el ángel abrió los ojos y se incorporó pesadamente. Todos empezaron a hablarle al mismo tiempo.

- ¿Eres en realidad un enviado de Dios?
- ¿Vienes a anunciarnos el fin del mundo?
- ¿Puedes protegerme?
- ¿Por qué has dejado que el mundo esté tan mal?
- ¡Debes hablarme a mí, yo sigo la verdadera religión!


El ángel miraba a todos, incapaz de hablar, confundido por todas las preguntas y por todos los que se agolpaban para tomarle fotos con el celular.

En ese momento llegaron un par agentes del serenazgo municipal y dos policías.
- ¿Qué está pasando aquí? ¡Despejen, señores, despejen!

La actitud de los agentes no hizo más que empeorar la situación hasta convertirla en casi una batalla campal entre los que no creían en los ángeles y aquellos que, cada cual, decían ser la verdadera religión. El ángel quedó en medio del tumulto, paralizado y aterrorizado. De pronto, se irguió con dificultad entre el escándalo y emprendió el vuelo penosamente, tropezando con cables, las ventanas de los edificios y los carteles publicitarios, antes de perderse de vista en el cielo.

Todos los reunidos empezaron a alejarse, de mala gana.

- ¿Ven qué les dije? ¡Todo había sido un engaño! ¡No existen los ángeles!
- ¡La Biblia no dice nada de esto! ¡Todo ha sido mentira! -
Dijo otro.
- ¡Qué manera de hacernos perder el tiempo! ¡Voy a llegar tarde a mi trabajo!
- ¡Como si uno no tuviera ya suficientes preocupaciones!


Solamente quedé yo en el lugar, preguntándome por qué ninguno de nosotros fuimos capaces siquiera de una palabra amable para un ángel caído.

1 comentario:

  1. somos ciegos ante lo evidente , hemos perdido la fe en todo , y solo podemos creer en lo que aparentemente nosotros decimos que es posible.

    saludos!

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