viernes, 9 de abril de 2010

El misterio del loro

Ahora que el asunto ha pasado a mayores y los diarios se ocupan del caso, y la opinión pública exige una completa investigación del hecho por parte de las autoridades competentes, considero mi deber explicar la historia desde el comienzo, la cual conozco de primera mano, no por haber tomado parte en ella, sino por conocer personalmente a los implicados.

Creo que todo empezó en la oficina de uno de mis amigos, bastante aficionado a las mascotas, comentaba con uno de sus compañeros de trabajo la pena por haber dejado escapar al canario, en un momento de descuido al abrir la puerta para alimentarlo.
- Bueno, si es que te gustan las aves, yo puedo ayudarte… Tengo un loro que ya no puedo mantener, y estaría dispuesto a vendértelo, a un buen precio…
- ¿Un loro? No lo sé…
- Es un animal muy inteligente, puedes enseñarle a repetir palabras, y además, si lo cuidas bien, no se escapará aunque esté fuera de la jaula…
- Me parece bien, pero la jaula que tengo no es para un loro…
- Eso no es problema… Te lo venderé con la jaula… Es una jaula grande y bonita… y te la dejo como regalo por el loro… Vamos, anímate…
Por un momento mi amigo se sintió a gusto con la idea, pero notó algo extraño. El precio era bastante bajo para un loro con jaula y todo. Echó una mirada penetrante al rostro de quien parecía tan ansioso de vender a su mascota.
- Dime la verdad ¿Porqué quieres venderme el loro?
- Es que mi hijito ya está aprendiendo a caminar… y mi esposa tiene miedo de que el loro le haga daño en algún momento, que lo muerda o que lo arañe…

La respuesta hubiera parecido sensata, de no haber sido por la palidez mortal usada para ensayar esta explicación.
- Y, ¿Qué dices? ¿Te animas?
Esta pregunta se repitió durante varios días, hecha con cada vez mayor insistencia, lo que aumentaba las dudas de mi amigo, y a su vez hacía redoblar el esfuerzo por aceptar el loro. Al fin quedaron en que mi amigo iría el fin de semana a la casa del dueño a ver el loro. Tal vez pensaba hacer una visita de compromiso y después rechazar la oferta, pero las cosas no se presentaron de esa manera.
El día que mi amigo fue a la casa del dueño, no encontró a su compañero de trabajo, sino a su esposa, presa de un humor que impedía toda urbanidad.
- Disculpe, señora, soy el compañero de trabajo de su esposo, que vengo a…
- ¡Por fin, ya era hora! ¡Hágame el favor de llevarse a ese animal de una vez por todas!
- Pero, señora, yo quería hablar con su esposo primero sobre…
- Mire, señor, usted ya vino aquí, así que ¡Llévese al loro!
- Pero…
- ¿Qué? ¿El precio? ¡Se lo regalo! ¡Aquí está! ¡Buenas tardes!

Un portazo impidió a mi amigo hacer mayores indagaciones sobre el asunto. Una vez en su casa y con el loro en su jaula, lo examinó atentamente. No parecía tener nada malo. ¿Habría sido el causante de una pelea matrimonial? ¿Habría dañado algún bien invaluable de la familia? ¿Habría atacado a alguien? No parecía ser un animal de malas pulgas. Al salir de su jaula, el loro no pareció tener vocación alguna de arañar y romper algo. Es más, parecía ser un simpático animal. Durante todo ese fin de semana, el loro se comportó como todo un caballero. Comió su comida tranquilamente, se balanceó cómodo en su jaula, y no hizo nada que justificara esa urgencia por deshacerse de él que vió en la esposa de su compañero.
- Debe ser cierto que la esposa tiene miedo de que le haga daño a su hijo, el esposo no habrá querido regalarlo y eso causó una pelea con su esposa…

Al día siguiente, en el trabajo, mi amigo notó que el anterior dueño del loro trataba de evitarlo a toda costa. Trató de hablarle, pero era esquivado con sistemáticas huidas. - Se sentirá avergonzado por la escena de ese día – pensó. La respuesta a tal misterio la encontró esa misma tarde al llegar a su casa, en donde encontró a los vecinos reunidos en su puerta y a la policía esperando su llegada.
- ¿Es usted el dueño de este departamento? Preguntó uno de los policías. – ¿Sería tan amable de dejarnos pasar a revisar?
- ¿Qué es lo que pasa?
- Los vecinos afirman que ha dejado usted aquí a un bebé que ha estado llorando toda la tarde… Por favor, déjenos verificar.

La revisión fue hecha rápida y minuciosamente, sin encontrar nada. Ya el oficial se despedía pidiendo disculpas por las molestias, cuando mi amigo vio al loro sonriendo inocentemente desde su jaula. Comprendió de golpe toda la verdad: El loro había escuchado llorar al hijo de su dueño tantas veces que aprendió a imitarlo! ¡Por eso era la urgencia de deshacerse de él!

Empezó a sopesar las posibilidades: Estaba seguro de que no habría forma de que ni su compañero ni su esposa aceptaran nuevamente al pajarraco. Quedarse con él significaba nuevas quejas de los vecinos y visitas de la policía. Se imaginaba leyendo la noticia de un secuestro de un niño en algún sitio, y escuadrones completos de policías ingresando violentamente a su departamento para arrestarlo antes de comprobar que era un loro el que gritaba como bebé. Abrir la jaula para dejar que vuele libremente no dio tampoco resultados. El loro parecía perfectamente cómodo con su nuevo hogar y no parecía nada ansioso de respirar nuevos aires.
La única idea viable se le ocurrió en la madrugada y la puso inmediatamente en práctica. Puso al loro en su jaula y lo llevó en auto hasta un parque en ese distrito que se precia de tener los mejores árboles de la ciudad. – Así tendrá un buen hogar, será libre y feliz, y yo me libraré de todos estos problemas…

Esa es, y no otra, la causa de esa noticia de la que está hablando toda la ciudad. Todas las historias del fantasma del niño que llora en el parque, los movimientos de la policía para encontrar la mafia que roba bebés para darlos en adopción a adinerados extranjeros, y los rituales satánicos que sacrifican niños en plena ciudad, se deben al loro liberado por mi amigo, que sigue dando sus gritos de bebé para que lo escuche la aterrorizada población.

Es por eso que me siento en el deber de dar a conocer la verdad, ocultando los nombres de los implicados, no sea que la policía los meta a la cárcel como ejemplo para que a nadie más se le ocurra dejar a un loro y a un bebé llorando en el mismo sitio…

1 comentario:

  1. hola realmente paso esto que cosas pàrecen relatos de cuentos de adas aun que creo que si le hubiera dedicado tiempo a enseñarle otras palabras no hubiara sido necesario desacerse de el.

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