martes, 18 de agosto de 2009

Carta a mi doctor


Estimado Doctor,
Le estoy enviando este correo para no tener que verlo personalmente. Es que he decidido que ya no voy a ir a su consulta, y si se lo intento decir personalmente, sé que encontrará usted una excusa para tener que seguir asistiendo a sus sesiones, y encima me cobraría por esta última visita.

Así, pues, verá usted que mis motivaciones, en este caso son estrictamente económicas, lo que demuestra mi total cordura en este momento, pues sabido es que a los locos no les preocupa el dinero.

La razón por la que he decidido abandonar el tratamiento es que me he dado cuenta de que no hay nada malo en mí. Note usted que no digo que yo esté sano o que esté curado. ¡Y que Dios me libre de ser llamado una persona normal! Nada está más fuera de mis expectativas, y me horrorizaría ser igual a los demás. No soportaría la idea de ver a las personas diciendo cuando esté completamente curado ¡Pero que persona tan igual a las otras!

Defiendo, pues mi originalidad. La originalidad es antes una virtud que una enfermedad, y a ella me aferro.

Comprendo que usted se sentirá mortificado por esta despedida, pero mi idea es firme. Sé que sus excusas para conservarme como paciente, aunque llenas de racionalidad, esconden el trasfondo del temor a perder un cliente habitual que le paga casi siempre con puntualidad y que por ello se ha convertido en parte vital de su presupuesto, habiendo tantos Napoleones que prometen pagarle con bonos de la República Francesa.

Por todo esto, usted pensará seguramente que no pienso curarme, y estará en lo cierto. Es que desde que sigo el tratamiento, mi, digamos, calidad de vida, se ha ido deteriorando progresivamente. Las diversiones mundanas ya no me atraen, mi audacia se desvanece y solo queda de mí un ser racional, pensante, y para nada simpático a la sociedad. Mis amigos extrañan esos arranques que me convertían en el alma de las fiestas y que labraron la reputación con la que llegué por primera vez a su consulta. Pero yo no logro recordar esos episodios, dirá usted, y estará en lo cierto. Pero estos episodios causaron un efecto en los que me rodean que ya se ha perdido, gracias a su efectivo tratamiento.

Desde que tomé conciencia de ello, he tratado de invocar a aquella personalidad nuevamente, con el fin de recuperar algo del tiempo perdido, pero ha sido inutil, mi otro yo ya no me acompaña, no contesta mis llamadas, ni mis mails, e incluso parece haber desaparecido de su perfil de Hi5.

Antes que ocurra lo mismo con mi personalidad artística, mi yo infantil, mi yo amable, y antes que todos los demás yos se desvanezcan en los vericuetos de mi cerebro, decido dejarlo a usted, antes de quedarme solamente como el yo gruñón, burgués y adicto al trabajo, ese yo que usted me hizo creer que sería el único aceptable socialmente.

Además, debe considerar usted las ventajas terapéuticas de mi condición: nunca estaré solo, siempre tendre más de una sola opinión en mis decisiones, y si alguien decide matarme, será culpado de homicidio múltiple. Es por ello que decido alejarme de su consulta. No lo considere como una derrota personal. Considérelo más bien como un triunfo mío en mi lucha contra aquellos que quieren un pueblo que piense siempre igual.
Nos despedimos de usted,

Su paciente.

2 comentarios:

  1. Un crítica social muy atinada...

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  2. Me encanta¡: ¿Cómo sigue?,que tomó después el DR ( Tranx-Valiu-Dormidina-teletienda).
    BS

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