viernes, 19 de junio de 2009

Historias apócrifas


Después de una intoxicación por tratar de leer a Paulo Coelho, le agarré tal tirria a los maestros sufíes de la antigua Arabia, que decidí exorcizar a los fantasmas por medio de la sopa de letras que van a ver a continuación...

En una época lejana, en aquel tiempo en que se desarrollan todas esas historias morales que vienen del Medio Oriente, vivía otro de esos maestros de los que nos hablan hoy los libros de autoayuda. Como no me interesa meterme en líos de derechos con los descendientes de los maestros árabes, lo llamaré Abu Navid, aunque bien pudo llamarse tambien Emeterio u Ozymandias o cualquier otro apelativo que se me ocurra. Al fin y al cabo, yo soy el que está contando la historia:

Un día Navid, mientras predicaba, notó que se acercaba la hora de la oración, así que entró en un templo distinto al suyo para orar. Un maestro de la ley, le increpó tal actitud.
- ¿Como te atreves a entrar a orar a ese templo, donde rezan los que niegan nuestra religión?
El maestro le respondió con otra pregunta:
- ¿Dónde está nuestro Dios?
- En todas partes – le respondió el maestro, después de dudar un momento.
- Entonces, también está dentro de este templo, respondió Navid.
….

Uno de los discípulos de Navid se acercó a él.
- Maestro, trato de hacer todo lo que dice nuestro libro sagrado, pero no lo entiendo.
- Veamos…. Recítame el quinto verso del capítulo tercero del décimo libro.
El discípulo pudo repetir el verso solicitado sin ninguna dificultad.
- Ese es tu problema – Le dijo el maestro Navid. - Llevas el libro en tu cabeza, pero no en el corazón.

….
Cierta vez, se acercó al maestro un predicador de otra religión.
- Estas son las Sagradas Escrituras. Si lees este libro, comprenderás que esta es la religión verdadera.
- Ya conozco ese libro, lo estudié durante muchos años. Al final solo llegué a la conclusión de que me lo sabía tan bien como un fariseo.
….

Uno de los discípulos de Navid, que le había seguido por un tiempo, se despidió de él diciendo.
- Me voy, maestro, lo siento, soy incapaz de vivir como usted vive.
- Entonces he fracasado en mayor medida de lo que tú crees. Nunca te he pedido que vivas como yo. Simplemente he tratado de enseñarte a vivir tu propia vida y a ayudar a los demás a vivir la suya.
….

Un discípulo preguntó a Navid por qué no escribía un libro. - Así tus enseñanzas llegarán a más personas - le dijo.
- Si escribo mis enseñanzas, estas se perderán - fue la respuesta - Pues entonces llegarán los abogados, e interpretarán todo lo que digo, y discutirán sobre lo que quiere decir esta palabra, o lo que significa este punto y esta coma. Al final ellos convencerán a la gente a interpretarlo de esta manera y no de otra. Al final, nada quedará de lo que les he enseñado.
....

Otro maestro ponderaba las virtudes de sus alumnos.
- Pueden caminar sobre brasas ardientes sin hacerse daño, decía.
- Es maravilloso
- le respondió el maestro - has creado una religión muy buena para los pies de las personas.
....

El maestro Navid llegó a un pueblo, y el juez del lugar le mostró cómo aplicaba la justicia.
- Este es un conocido ladrón. Le hemos condenado a recibir 5 azotes por robar 10 monedas de oro. Y este es un banquero que robó 100 monedas de oro a sus clientes. Recibirá 50 azotes.
- Yo haría exactamente lo contrario
- Dijo Navid- El ladrón está acostumbrado a recibir el castigo, y los cinco latigazos serán pocos para él. En cambio, el banquero nunca ha recibido el castigo, y no necesitará tantos azotes para aprender la lección.
El juez halló esto muy razonable, y le prometió hacer tal como le indicaba. Tiempo después, el maestro pasó nuevamente por el pueblo, y el juez le mostró nuevamente a dos condenados.
- Este ladrón asaltó a un rico mercader y le quitó 10 monedas. Recibirá 50 azotes. Este otro defraudó a sus empleados con 100 monedas, y recibirá 5 azotes.
- Yo aplicaría los castigos al revés
- dijo el maestro - Pues el ladrón que robó al rico no le inflingió gran daño, en cambio el defraudador les quitó todo su dinero y dejó en la pobreza a los suyos.
- ¿Cómo entonces, he de administrar justicia?- Le respondió el juez, confundido.
- La justicia es, simplemente, evitar que el rico abuse del pobre, que el fuerte abuse del débil, y que el poderoso abuse de los menos favorecidos.
....

Un famoso guerrero se acercó al maestro.
- Yo he matado a 300 hombres, sin más ayuda que mi espada - le dijo.
- Pues yo si quisiera, podría matar a mil hombres, sin necesidad de espadas.
- ¿Y cómo lo harías?
- Poniéndolos bajo tu mando
- Le respondió Navid.

La historia cuenta muchas más historias del maestro Abu Navid, sobre cómo obtuvo gran fama entre los viajeros que cruzaban el desierto, sobre la vez que llegó a ser consejero personal del sultán, y sobre las excepcionales circunstancias de su muerte. Pero estas historias las contaré en otro momento, cuando tenga la inspiración para inventarlas. Como dijo el propio Navid a sus hijos, sólo espérenme y pórtense bien mientras tanto.

1 comentario:

  1. eres un hombre muy interesante, me encanta leer tu blog de verdad amigo

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