lunes, 6 de octubre de 2014

Yo, exótico


Vivo, como más de uno habrá notado en mis posts anteriores, en el Perú, país que en otros sitios evoca un lugar lejano y exótico. Y ahora que estoy trabajando en un lugar al que acuden muchos turistas, el sentimiento de que vivo en un lugar que otros consideran extraño y especial se acrecienta, dejándome en la duda de si vivo realmente en un lugar mágico o si es solamente que como lo veo todos los días no es más que un sitio común y corriente para mí.

Esto significa que la tengo difícil a la hora de las metáforas y frases hechas provenientes de la cultura europea y norteamericana, que ahora pasa como “globalizada”. El “Vale un Perú” de los franceses está bastante devaluado para mí, si es que considero lo que gano de sueldo. Eso que veo en la películas que cuando alguien quiere escapar lo más lejos posible, menciona regularmente al Perú como destino. Esto nos hace difícil tener un lugar en el mundo a dónde escapar, pues es sabido que no importa a qué escondido lugar del planeta vaya uno, siempre encontrará a un peruano.

Y es que lo que los europeos consideran como un destino exótico es mi casa, por lo tanto, para mí tal destino no es exótico. Para mí los países exóticos son lugares como Hungría, Azerbaiján o Rumania.
En cuanto a la gente, para nosotros las razas exóticas son los rubios de ojos azules. Una vez salí con mi cámara a tomar fotos a los turistas, y cuando me preguntaron por qué, respondí que ya que los turistas gustan de tomar fotos a los nativos, no veo por qué yo no podía tomarle fotos a los extranjeros. Lo que me sorprendió fue que mis compañeros, en vez de refutar mi lógica, reaccionaron negando la idea de que nosotros fuéramos los “nativos”, pensando que esa palabra solo aplica a los salvajes que llevan arco, flecha y visten con taparrabos.

La geografía de los sueños y las concepciones está cambiada o totalmente invertida para nosotros los peruanos. El Lejano Oeste aquí resulta ser el Lejano Oriente, pues en esa dirección no tengo sino el Océano Pacífico que llega hasta China. Aunque he cumplido el sueño de muchos europeos de los siglos pasados, no me siento especialmente afortunado por haber estado en Jauja, que no es un país, sino una ciudad, de donde provienen, por añadidura, algunos amigos míos.

Mirando un mapamundi, me doy cuenta de que a diferencia  de ingleses y norteamericanos, el “Down Under” para nosotros no sería Australia, sino Chile. Y a diferencia de que lo que dicen los libros, poemas y películas hechas en el otro hemisferio, para nosotros, las aves no vuelan al sur en el invierno. Vuelan al norte.

Buscando en los libros y mapas de mi país puedo, sin embargo, encontrar algunas metáforas. Desde mi casa en Lima puedo tomar un autobús que me lleve a La Victoria, que resulta ser un barrio en el centro de Lima. Si quiero llegar a La Libertad, que es una región al norte de mi país, puedo hacer un viaje largo en bus o tomar un avión que me llevará en una hora. Supongo que a muchos europeos les sorprendería saber que un viaje a La Victoria o a La Libertad implican tan poco esfuerzo.

Tal vez, después de todo, tenga que aceptar que el exótico soy yo.

4 comentarios:

  1. Comparto tu explicasión en diversos ambitos, las "ideas" globalizadas no siempre se aplican a todos los paises, estas ideas surgen de EE.UU o de Europa, pero como tu lo mencionas Perú es uno de esos paises donde no aplican algunas frases o el ejemplo de las aves.
    Yo tambien creo que los Rubios de ojos azules son una clase exotica en nuestro ecosistema, aun que raramente esa clase de" nativos " son cada vez mas comunes ver en cualquier lugar de mi ciudad.
    un abrazo fuerte.
    pásate por mi blog cuando gustes

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  2. En directo desde el Mediterráneo la ¿cuna? del mundo, y desde un lugar ¿exótico?, Ibiza: los souvenirs que tanto fascinan a los turistas me son menos originales que cualquier cacharro barato de la tienda de la esquina de toda la vida, las discotecas de tanta fama no me parecen mas que locales ruidosos en los que jamás he puesto un pie, y para colmo, los precios altos con los que se supone que les sacamos el dinero a los de fuera también nos los comemos los ibicencos.

    Aquí también los rubios con ojos azules son los exóticos para los que somos residentes, y aquellos que me oyen decir que soy ibicenca, me dicen que no, que son los payeses.

    Y sí, juraría haber visto algún peruano por estos lares...

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    Respuestas
    1. En vista de tu respuesta, parece que lo exótico ya no es lo que fue. Con los souvenirs me pasa lo mismo que a ti, aunque cuando los he regalado a extranjeros he despertado siempre reacciones entusiastas. Un día de estos iré a tu ciudad y nos reiremos de los exóticos turistas.

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    2. Supongo que lo cotidiano pasa a ser el nuevo 'exotismo': la gente que vuelve al pueblo, el Do It Yourself, las exposiciones de fotos de la ciudad décadas atrás, leer en papel...

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