martes, 13 de julio de 2010

La leyenda del Tres en Raya


Hace mucho tiempo, en uno de los pequeños reinos moros, vivía el rey Asir, quien había guerreado duramente para mantener sus fronteras y expandir sus dominios. Después de muchos años de lucha, ya no se sentía con fuerzas para seguir gobernando, así que decidió dejar el reino a uno de sus hijos.

El mayor, Xander, era un guerrero fuerte y decidido, aunque su impetuosidad le impedía muchas veces escuchar consejos. Ordiaz, el segundo, entendía el arte de la estrategia, y prefería usarla antes que el ataque directo, lo que lo había hecho vencedor en muchas de las batallas en las que había intervenido. Yafar, el menor, nunca había mostrado interés en las artes de la guerra.

Puesto a elegir entre sus dos hijos mayores, no podía decidir quién sería su sucesor. Sabía que dividir el reino significaría perder todo el trabajo de su vida y, estudioso de la historia, sabía que esta actitud en pasados reyes solo había traído guerras y desgracias antes.

Y recordó entonces aquella historia del rey a quien le fue enseñado el juego de ajedrez como homenaje por su hijo, muerto en batalla. Entonces tomó la decisión de que sus hijos debían enfrentarse en un juego por ver quién sería su sucesor.

- Jugarán al tres-en-raya hasta que uno de los dos venza tres veces - Fue la orden dada.
- Pero, ¿tiene que ser un juego de tres en raya? ¿Por qué no hemos de definirlo en un juego de ajedrez, como en la historia? – Preguntó Ordiaz, seguro de su superioridad estratégica.
- Porque en el ajedrez, existen tantas combinaciones de movimientos que la victoria se debe a que uno de los oponentes ha olvidado considerar una posibilidad. En cambio en el tres-en-raya, al tener reglas simples y haber pocas combinaciones de movimientos, la victoria refleja la verdadera inteligencia y no la falta de atención del derrotado. ¡Jugad, pues!

La contienda se inició a favor del inteligente Ordiaz, quien ganó la primera partida. La victoria en la segunda partida también le correspondió, aunque con mayor esfuerzo de su parte. Parecía que la suerte estaba definida, pero en la tercera partida Xander ya pudo prever las jugadas de su hermano y pudo empatar. Las siguientes partidas fueron una sucesión de empates. Las siguientes dieciocho partidas terminaron en empate, alterando el ánimo de los oponentes. Al llegar la noche aún seguía el torneo, y Ordiaz estaba tan molesto que perdió una partida.

Las partidas se fueron sucediendo, siempre con empates entre los dos hermanos. Pero ninguno de los dos quería rendirse ni abandonar el torneo.

Al tercer día, los dos hermanos estaban tan cansados que apenas podían jugar. En estas circunstancias, Xander pudo ganar su segunda partida. Quien pudiera vencer una vez más heredaría el reino, así que los esfuerzos se redoblaron. Pero siempre las partidas terminaban en empate.

Al decimocuarto día, y después de ochocientos cuarenta y dos empates seguidos, Xander perdió la paciencia y desenvainó su espada contra su hermano, quien atacó a su vez. La pelea fue penosa, debido al cansancio de los dos hermanos, quienes terminaron clavándose mutuamente la espada en el corazón.

Fue así como Yafar, el hijo menor, el cobarde, el apocado, el indigno, heredó el gran reino de su padre, sin más talento que el haber estudiado la historia, y sin hacer mayor esfuerzo que el de haber recomendado a su anciano padre que la sucesión sea definida en un torneo de tres-en-raya, en vez de en el ajedrez.

3 comentarios:

  1. ... y una vez más, el más astuto tras las bambalinas. Entretenida.

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  2. Entretenido. Por cierto, hay un progama para jugar este juego, valga la redundancia. El programa del que les hablo se llama CMD-toe, pero apenas esta en fase Alpha, a ver que sale dentro de algun tiempo. La página es http://cmd-toe.sourceforge.net/

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