¿Quieren saber lo que piensan los tontos? Aquí hay información de primera mano.
Mostrando las entradas con la etiqueta lunes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta lunes. Mostrar todas las entradas
viernes, 18 de octubre de 2019
La hora lunes
Todos los días, hay una hora en que me tengo que levantar, escuchar un rato el noticiero mientras me preparo el café para enterarme que el mundo sigue igual o peor que ayer, salgo a la calle para maldecir al tráfico, llego a la oficina, donde me dicen que hay que rehacer ese trabajo que me ha tenido sufriendo toda la semana, y donde descubro todos los problemas que me han ocultado el día anterior.
Todo esto ocurre en el lapso de una hora o un poco más, y todos los días tienen esa hora. Es la hora lunes del día. Es en esa hora lunes cuando las noticias te dicen que el mal no descansa, ni duerme, ni toma vacaciones. Cuando te das cuenta que las cosas no se resuelven mágicamente en una noche, porque los responsables, al igual que tú, al llegar a casa se desconectaron totalmente del trabajo.
Durante esa hora, descubro todo lo que debí hacer el día anterior y que no hice, y me pregunto cómo es que hace tan solo una hora estaba durmiendo tranquilamente y ahora estoy tan enredado, y como es que en algún momento pensé que sería buena idea venir a trabajar.
Felizmente la hora lunes solo dura una hora, y le sigue la rutina, que no es mejor, pero al menos tiene el consuelo de lo conocido. A tirar para adelante nomás, que ya vendrán horas mejores.
domingo, 27 de enero de 2019
Un lunes tonto
Los días tienen personalidad. Todos sabemos que el sábado es un tipo alegre y despreocupado, que vive como si no hubiera un mañana, el miércoles es más bien un melancólico personaje que quiere ser muchas cosas y no llega a ser ninguna, el martes es un tipo precavido, que siempre está en guardia por lo que pudiera pasar, y el lunes es, casi por definición, el día tonto. No diré que personalmente odio los lunes, porque mi natural empatía me permite comprender sus razones. Sé que no es fácil presentarse después de la arrolladora personalidad del sábado y la tranquilidad y paz del domingo, cuando todo lo que pase después se verá tonto y aburrido.
Pero el lunes me representa la ventaja de disimular mi condición de tonto, y no es que ese día sea más o menos tonto, sino que todos los demás se comportan se manera torpe y tonta, hasta casi llegar a mi nivel cotidiano. Y a veces hasta paso como inteligente esos días, ya que a diferencia de los demás, mi tontera es bastante uniforme, sin ser afectada por el día de la semana.
Por eso puedo observar objetivamente el comportamiento de las personas normales durante el tonto lunes. Algunos de mis compañeros de trabajo llegan temprano, combatiendo la modorra matinal con una generosa dosis de café, y con una sola intención en mente: arreglar todos los errores cometidos en esa vertiginosa última hora del viernes, de modo que el jefe, que también llegará tarde e infectado de lunes, se dé cuenta de los informes llenos de incongruencias y los trabajos terminados a la volada. Otros llegan tarde, pero esperando un reconocimiento por el solo hecho de haberse podido levantar de la cama y llegar a la oficina en condiciones medianamente presentables. Son estos los que antes de una hora crearán un congestionamiento frente a la máquina de café, en busca de lo que les permita sobrevivir hasta la hora de salida.
Yo, por mi parte, he llegado tarde, aunque no tanto como otros. Recuerdo el sonido del despertador muy de mañana, y haber creído en ese momento que se trataba de una broma. No, no puede ser lunes, me digo, hasta que hago cuentas mentales y concluyo que, efectivamente, han pasado tres días desde el último viernes. Mi cerebro ahora me grita que debo ponerme en movimiento, pero mi cuerpo se niega a obedecer. Mal que bien, logro salir de casa, aún arrastrando los pies, para encontrar en la calle a una multitud de trabajadores en idéntica situación, lo que ocasiona ese tráfico matinal tan terrible y tan propio de los lunes. Durante el día, la influencia del lunes tonto se sigue sintiendo. Las labores más simples demoran el doble de lo normal y se cometen errores que serían impensables en cualquier otro día. Como dije, ese día mi actitud de tonto no desentona demasiado con el ambiente general.
Siempre hay alguien que, en algún momento, despotrica contra los lunes, y es cuando otro tonto intenta levantar los ánimos diciendo frases sacadas de internet como “Hay que empezar la semana con una sonrisa”, o alguna tontería de esas. Y siempre se arma una discusión sobre el tema en la que yo, en tono didáctico, trato de explicar que fue un lunes cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso, que fue un lunes en que Napoleón inició su marcha hacia el invierno ruso, y que fue lunes cuando cada uno de nosotros empezó a trabajar. No debemos entonces llevarnos tan mal con ese día en el que pasaremos la séptima parte de nuestra vida.
Al final del día, todos vigilan esperanzados el reloj como si temieran que el tiempo se detenga antes de que llegue la hora de salida. Suspiros de alivio se escuchan en el momento cumbre, y todos nos sentimos triunfadores, porque hemos derrotado al lunes, o al menos le hemos sobrevivido. Y esta es otra tontería, porque todos, incluido yo, olvidamos en ese momento que a este tonto lunes le seguirá el martes, y luego el miércoles, y así hasta que llegue el siguiente lunes en que todo volverá a pasar como en un bucle infinito. Porque ese es el ciclo de la vida, y es tonto ignorarlo.
sábado, 13 de mayo de 2017
La invención del lunes
Ocurre todas las semanas.
La gente llega al trabajo después del fin de semana cansada y sin ánimos, con
la expresión de la derrota reflejada en el rostro, y maldiciendo al lunes. ¿Por
qué tenía que ser lunes? ¡Otro lunes! ¡Castigo del cielo! y cosas semejantes se
escuchan en todas las instalaciones de la empresa. Yo, por mi parte, trato de
acordarme de los tiempos felices en que el lunes era solo otro nombre en el calendario, solo para recibir un golpe de dura realidad al recordar que jamás ha habido época
sin lunes en toda mi vida, porque hasta las guarderías inician la semana en
lunes, la escuela empieza los lunes, para que los niños aprendan desde temprano
lo que significa; cuando conseguí mi primer trabajo me dijeron “empiezas el
lunes” con un tono de advertencia ominosa; puedo mencionar que también en el
trabajo cuando una labor es especialmente pesada o desagradable, se usa la
frase “lo dejamos para el lunes”, y por esta razón el lunes es cuando tenemos
que hacer los trabajos más pesados, aquellos que no queremos hacer. Y todo el
mundo sabe que los lunes es cuando la gente hace no que no quiere hacer, desde
los funcionarios públicos que nos dicen “regrese el lunes” hasta nosotros
mismos, que para todas las tareas desagradables, los propósitos personales y todo lo que nos recomienda el
médico tenemos la frase “el lunes empiezo”.
Puesto a pensar
en el tema, lo que la gente en realidad odia no es el lunes, sino el hecho de
que el fin de semana se acabó. Tal vez, y esto es ponerme como abogado del
diablo, la intención es que el día de descanso sirva para que uno descanse y
llegue al lunes lleno de energía y contento, pero la verdad es que el efecto es
exactamente lo contrario. El sábado y el domingo son de descontrol total y uno
llega al lunes con el cuerpo cansado, con ganas de esconder la cabeza detrás
del monitor de la computadora, poner un cartelito de “No molestar” en la puerta
de la oficina y esperar que el jefe esté tan cansado como nosotros y no se
asome mientras estamos durmiendo. Es que en un lunes cualquiera no parece haber
más ánimo que para tuitear o facebookear lo mucho que uno odia los lunes,
alguien debería hacer algo, decretar una ley en contra de los lunes, que tanta
baja en la productividad ocasiona.
Así que el lunes
pasado, a esa hora en que todavía todos estábamos un 50% zombis se escuchó un
grito desgarrador en la quietud de la oficina: ¡¿Quién fue el que inventó los
lunes?! Allí fue que me puse a pensar en que esa no era una pregunta tonta, que
en verdad necesitamos saber quién fue para acordarnos cada inicio de semana en
nuestras oraciones para asegurarnos de que tenga un lugar preferente en el
infierno. Y me puse a investigar sobre el tema.
Resulta que la semana de siete días la inventaron los babilonios, quienes decidieron consagrar ese día a la Luna, tal vez por tanta gente alunada que se veía ese día. Pero en ese entonces el lunes era un día como cualquiera otro de la semana, en que no se había inventado todavía de fin de semana ni la jornada laboral, y no existían esas connotaciones negativas. Entonces el
inventor del lunes tal como lo conocemos hoy fue nada menos que Constantino el Grande, quien luego de la batalla
del puente Milvio, se vio dueño del imperio romano, y con licencia para hacer
lo que le pareciera, así que declaró al cristianismo como la religión oficial.
Pero como los cristianos tampoco estaban muy organizados, se dio el mismo a la
tarea de poner orden y terminó mezclando ideas y liturgias romanas, griegas, y
arrianas, para darle forma a la iglesia católica tal como la conocemos hoy.
Gracias a él se hizo el primer concilio ecuménico, se ocupó como sede papal lo que hoy es la
basílica de San Juan y luego la de San Pedro, se suspendieron las luchas de
gladiadores y los leones comiendo cristianos que tanto tema de películas han
dado, y por último, decretó que el día santo debería ser el domingo, como
primer día de la semana, en vez del sábado como último día, con lo que se formó
el fin de semana como hoy lo conocemos. Y fue precisamente el primer lunes
laborable en que todos los romanos después de tirarse su merecido bacanal
regresaron a sus labores ojerosos y cansados, como lo hacemos hasta el día de
hoy.
Feliz Lunes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


