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martes, 29 de abril de 2014

Cómo mueren los escritores


Con ocasión de la muerte de Gabriel García Márquez, tuve ganas de escribir algo, así que me puse a escribir hasta que se me pasara. Y así escribiendo, me puse a pensar que el Gabo tuvo la suerte de morir tranquilo en su cama, quizá recordando la soleada tarde en que empezó a garrapatear páginas en blanco. Y digo que tuvo la suerte, porque muchos escritores han muerto de manera difícil y notable. A manera de ejemplo, y para saciar mis ansias de sabelotodo, me dispongo a citar cómo es que mueren los grandes escritores de la historia:

Para empezar, el que es considerado el primer novelista de la historia. Petronio vivió en la Roma imperial, bajo el reinado de Nerón, en donde se desempeñaba con pompa y elegancia. Sus fiestas son recordadas hasta hoy, y congregaban a lo mejorcito de la alta sociedad romana. Durante sus ratos de ocio, que eran muchos, se daba a escribir, creando la primera novela, que se llamó “Satiricón”. El problema es que vivir cerca de Nerón implicaba muchos riesgos, y Petronio fue acusado de conspirar contra el emperador. Decidió lo que era normal en esos casos y en esa época, y se suicidó dejándose desangrar. Pero antes escribió una carta de despedida a Nerón, diciéndole todo lo que pensaba de él. Elegante hasta el final, diría yo.

Cervantes, el primer gran novelista moderno, murió de una manera apurada, enfermo de hidropesía, apenas a tiempo para dictar el prólogo de “Los trabajos de Persiles y Segismunda” y poder mandarlo a la imprenta.
Y si hablamos de Cervantes, hablemos también de Shakespeare, muerto después de una borrachera épica, aunque algunos sostienen – quizá para salvar el honor inglés – que fue envenenado.

La cuarta muerte corresponde a Voltaire, partidario de la supremacía de la razón y enemigo del clero, quien al sentirse enfermo, dejó encargado que no dejen entrar a sacerdote alguno aunque así lo pidiera. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Murió de convulsiones, y en los estertores de la muerte gritaba pidiendo la extremaunción, la que le fue negada de acuerdo a sus propias instrucciones.

Las muertes de los escritores norteamericanos son más conocidas por películas y por ser mencionadas en internet por quienes quieren pasar por cultos. Pasemos revista: Edgar Allan Poe, que fue encontrado en la calle tumbado y delirando antes de morir en el hospital a donde lo llevaron; Virginia Woolf, se llena los bolsillos de piedras para hundirse lentamente en el río; Hemingway, se suicida con su escopeta; Tennessee Williams, murió al tratar de mezclar alcohol y barbitúricos, lo que no logró, pues murió atorado por la tapa del frasco de pastillas. Y siguen casos.

Entre los autores peruanos, tenemos varias muertes para escoger. La primera será la de José Santos Chocano, “El Poeta de América”, quien se comparaba a sí mismo con Whitman. Aunque grande en su obra, su vida estaba llena de egoísmos de todo tamaño, lo que lo hizo de enemigos. Dentro de las rencillas políticas y literarias que eran el pan de cada día en Lima en aquel tiempo, Tomás Elmore escribió una crítica a Chocano, quien la tomó tan mal que lo asesinó en la propia entrada del diario donde trabajaba. Chocano usó de todas sus influencias políticas para no ser fusilado (que era la pena en ese tiempo), pero tuvo que irse a Chile, en donde se dedicó a la búsqueda de tesoros enterrados, hasta que fue a su vez asesinado en un tranvía de Santiago.

El puesto de Chocano como superestrella de la intelectualidad peruana fue ocupado poco después por Abraham Valdelomar, escritor que hubiera tenido una influencia mayor a la que tuvo de no haber muerto tempranamente en extrañas circunstancias. Se dice (aunque la versión es muy discutida) que cayó en una letrina del segundo piso de una casona en Ayacucho, y que la caída le provocó la muerte.
Si de morir joven se trata, se debe mencionar al poeta Javier Heraud, quien se fue a la selva peruana queriendo iniciar una revolución como la de Fidel Castro, y terminó arrestado por la policía tras una discusión política, huyó y fue abatido a tiros en la huida.

¿Otras muertes de escritores peruanos? Mariano Melgar, murió fusilado por insurgente; Manuel Scorza, murió en un accidente de aviación junto con otras 180 personas; José María Arguedas, se suicidó en medio de una depresión.


¿Quieren que siga? Ya es suficiente, creo yo. Con todo esto, a uno no le dan ya ganas de convertirse en escritor. Aunque aún nos queda esperanza. El Gabo, como dijimos al comienzo, murió en su cama tranquilamente, como corresponde a un Premio Nobel decente.

viernes, 31 de mayo de 2013

Carta a la Musa



Estimada Señora,

Le escribo esta carta como último recurso, ya que no sé nada de usted en los últimos tiempos, y a la fecha nunca se ha dignado usted en darme su número ni siquiera para casos de emergencia.

El caso es que tengo un blog que atender, y si usted no me acompaña no tengo idea de qué poner aquí. De un tiempo a esta parte he llegado a la conclusión de que es usted una dama muy caprichosa: Antes me venía a visitar todos los días, ordenándome que me siente al teclado y con actitud prepotente, no se iba hasta que terminara una o dos historias por noche, no importando lo cansado que estuviera. Esa actividad no dejó de tener secuelas en la calidad de mi trabajo, que se veía interrumpido por sus inoportunas visitas a cualquier hora que me hacían detenerme para apuntar en cualquier papel los retazos de cuentos para no olvidarlos hasta la noche en que podía con cierta tranquilidad sentarme al teclado para pasarlas en limpio.

El hecho es que esa actividad se me hizo costumbre, la de sentarme en la noche a teclear tonterías que estuvieron llenando este blog. Pero ahora me ha abandonado usted dejándome mirando la pantalla de la computadora por horas mientras espero que usted se digne aparecer. Posiblemente ha encontrado usted alguien más a quien atormentar, bombardeándolo con ideas de relatos, dejándome huérfano de ideas.
El problema es que tampoco sé exactamente qué es lo que ha estado usted haciendo en estos últimos tiempos, pues no veo en los otros blogs que frecuento huellas de su paso, y sé que es inútil buscar evidencias suyas en Facebook, por donde usted simplemente no pasa, o en Twitter, en donde usted solo pasa, saluda y se va.

No sé entonces si estará usted enferma, o si estará tomándose unas merecidas vacaciones, en cuyo caso le ofrecería las disculpas correspondientes. Si por el contrario, considera usted que ya se le pasó la novedad y encuentra lugares como el mío ya aburridos y pasados de moda, estoy en mi derecho a reclamar que me haya abandonado, dejando este espacio en peligro de muerte por inanición. No quiero descender al extremo de llenar este espacio de textos cortados y pegados, como tantos otros hacen, sabiendo del peligro de que esto se llene de memes, ola ke ases o cosas parecidas que me harían sentir vergüenza de mí mismo.

Esta situación, como usted sabe, ha ocasionado que yo recurra a medidas más drásticas para invocarla, recurriendo a los antiguos encantamientos que estoy seguro usted ignoraba que yo conocía. A pesar de forzarla a usted a venir, usted salió del paso con una visita relámpago y un mensaje en forma de disclaimer que decía que de ahora en adelante no se hará más responsable de lo que aparezca escrito en este blog. No soy muy versado en leyes, pero creo que lo que está usted haciendo es totalmente ilegal, y rompe con el compromiso no escrito que acordamos al iniciar este blog.

Así pues, le solicito que volvamos a trabajar como antes, por el bien de una relación que había funcionado bien por tanto tiempo.

Saludos, y esperando su pronta respuesta.

El Tonto de la Colina.

sábado, 30 de junio de 2012

Frases Twitteables 12


Desde que tengo una cuenta en twitter, se están haciendo realidad mis temores, y estoy haciendo cada vez más frases twitteables en vez de esforzarme en escribir posts más largos y escribir las historias tontas que solía hacer. Algunas de estas debió haberse convertido en una historia completa, pero se quedó en el camino. No me queda más que decir que viva la ley del mínimo esfuerzo y publicar esta nueva tanda de twittonterías directamente desde mi colina.
  • Te adueñaste de mis pensamientos. ¡Exijo que me pagues el copyright! 
  • Solo gano una apuesta cuando apuesto a que voy a perder. 
  • Algo no funciona bien aquí. Mis palabras debieran hacerte pensar, no bostezar. 
  • Dentro de mis preparativos para conquistar el mundo, hoy me toca practicar en el Cityville. 
  • Yo esperaba que el amor toque mi puerta, pero solo aparecen testigos de Jehová. 
  • Estoy aquí, disfrutando de la tempestad que precede a la calma. 
  • ¿Matar moscas a cañonazos? Usando un cañón muy chiquito, por supuesto. 
  • ¿Teoría del caos? No conozco mucho, yo soy más bien práctico. 
  • Del Monopoly aprendí que la tarjeta adecuada te puede sacar de la cárcel. 
  • Debe tratarse de un error de traducción. Estoy seguro que no quisiste decirme muérete, no quiero verte más.
  • Nunca pudo demostrarse, pero Eva era terriblemente celosa. 
  • Tal vez el cielo nos usa como sótano donde guarda las cosas que no le sirven. 
  •  Acabo de darme cuenta que la realidad está en 3D… y no necesitas lentes.
  • No, la glándula pituitaria no sirve para escribir tweets. 
  • Ayer estaba de un humor Van Halen, Hoy estoy de un humor muy Radiohead. 
  • Nunca supe de dónde sacaban el oro que guardan los duendes en una olla hasta que me asaltaron dos de ellos en el bosque. 
  • Tenemos tanta sequía este año que nos tenemos que ahogar en un vaso de agua. 
  • No te ilusiones. Tienes los pies muy grandes para ser Cenicienta. 
  • Llevé a mi perro al mercado de pulgas porque ya se le habían acabado. 
  • Erase un hombre con tanta fe que se alquilaba para mover montañas. 
  • Creo que los zombies me consideran algo así como comida chatarra. 
  • Siempre que estaba deprimido, veía su reflejo en un espejo roto. 
  • Si te explicara lo que pasa conmigo, no lo entenderías... Aunque decir "soy un tonto" es una buena manera de resumirlo.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Inspiración


De la política, y la clase de personas que nos ha tocado como clase política.
Del futbol, porque siempre hay quien le gusta darle a la pelotita.
De la religión. Hay un solo Dios y yo, que soy su profeta.
Del tráfico, que nos sirve de excusa perfecta para llegar tarde.
Del clima. Que siempre cambia y, por lo mismo siempre acomoda a alguien y siempre saca de quicio a alguien.
Del calentamiento global, que es parecido al anterior, pero más útil para estar a la moda.
De cómo está el país, y de por qué mi manera de arreglarlo es mejor que la tuya.
De cómo todo tiempo pasado fue mejor. O tal vez fue peor, pero no nos importaba.
Del escándalo de moda ¿Cuál? Da lo mismo, si todos son iguales.
Del futuro. Al igual que el pasado, todo el mundo tiene uno.
De la inmortalidad. La del cangrejo o la del mosquito.
De la película estrenada esta semana, siempre y cuando no se cuente el final, que es de mal gusto, y no agrada a las grandes transnacionales que las producen.
De la música. De los Beatles, que es lo mismo.
Del capitalismo, el comunismo, el socialismo, de cualquier ismo
De ti, de mí, de lo que pasamos juntos, y de por qué es imposible que vuelva a pasar.
De cuándo se jodió el país. Queremos el día exacto, la hora y el culpable para echarle la culpa y dárnosla de inocentes.
De la nueva figurita que aparece cuando ingresas al Google.

¿De qué se puede hablar cuando no se tiene inspiración?
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