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viernes, 30 de agosto de 2013

Canto a la Tontería



Voltaire escribió en el siglo XVIII que cualquier cosa que sea demasiado estúpida para ser dicha, puede ser cantada. Voltaire, recordemos, compartió época con músicos grandes como Bach y Vivaldi. ¿Qué tal si le hubiera tocado, como a nosotros, aguantarse a Pipe Peláez y a Tito Rojas?
Las canciones malas siempre me han procurado una especie de placer retorcido. Las oigo con interés genuino y llevo un registro minucioso de sus frases disparatadas. Woody Allen se imaginó el infierno como un lugar repleto de malos músicos. Es posible que tenga razón, pero yo no arrojaría a esos malos músicos a la paila de Satanás, sino que más bien armaría con ellos una banda sonora divertidísima.
Empezaría, cómo no, con Ricardo Arjona: “y es tanta mi fe que aunque no tengo jardín ya compré una podadora”. Luego seguiría con un verso del acordeonero Juancho Polo Valencia que siempre me ha parecido un absurdo delicioso: “¡con tanta democracia con que yo te enamoraba!”
¿Y qué tal Galy Galiano, quien en vez de decirle a su ex amada que todavía la recuerda le dice que conserva “viviente su recuerdo en el cofre encefálico”?
En el Museo Universal del Disparate hay de todo. Dejo atrás a Galy Galiano y ahí mismo me topo con Charly Zaa, justo cuando el tipo está cantando un despropósito monumental: “en el azabache de tu blonda cabellera”. Más allá está Cristian Castro mostrándole al mundo que, al igual que Zaa, tiene problemas serios con los colores: “y es que este amor es azul como el mar azul”. ¿Acaso podría ser azul como el Mar Rojo? Me escapo saltando por la ventana y ¡zas!, me encuentro de frente con Fonseca, quien entona uno de los versos más patéticos de la historia: “eres el negativo de la foto de mi alma”.
A continuación me espera Rey Ruiz con una frase absurda en la que queda claro que no sabe ni escribir ni sacar cuentas: “fue mi media mitad”. ¿Su “media mitad” quiere decir algo así como el veinticinco por ciento? Tanto Bécquer como Pitágoras deben estar revolcándose en sus tumbas.
Se nos perdió la poesía de antaño, definitivamente. La de Agustín Lara y Rafael Hernández, la de José Barros y Enrique Santos Discépolo, la de José Alfredo Jiménez y Alfredo Zitarrosa. Por rebajar el nivel de las letras para ponerlas al alcance de todo el mundo, las casas disqueras convirtieron la música popular en un carnaval de melodías insulsas, estribillos estúpidos y percusión alocada.
Eso desesperaría al ya citado Voltaire, pero a mí, insisto, me divierte.
Oigo a Chayanne cantando una cursilería enorme: “tu pirata soy yo y mi mar es tu corazón”. Entonces veo un disco de mi admirado Juan Luis Guerra. Seguro va a entonar algo hermoso y de ese modo se acabará el placer que estoy sintiendo en este Museo Universal del Disparate. Pero no: también Guerra anda hoy cantando tonterías: “vives en el óleo de mis días y hasta en el sudoku de mi sinfonía”.
Amén. Amén.

Otra de las tonterías que encuentro en la red y la cual suscribo casi en su totalidad, y por eso se merece un lugar aquí, entre tanta tontería. El original lo encontré aquí: http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/03/13/canto-a-la-tonteria-por-alberto-salcedo-ramos/

viernes, 19 de abril de 2013

Antiarjonismo

No me gusta Arjona. Así de simple. Las razones son  las que cualquier persona que sabe algo de música y a la que tampoco le gusta Arjona podría dar. La verdad es que tampoco hace falta un análisis muy profundo para darse cuenta de que no necesito una mala copia de un cantautor pudiendo escuchar a otros que sí valen la pena. Cada vez que escucho una canción de él (a veces es inevitable, nunca falta una oveja descarriada que la pone en su oficina) me imagino a Arjona cuando era niño, sentándose al lado del alumno más aprovechado de la clase y copiando todo lo que hace, cambiando solo algunos detalles. Lo imagino como un adolescente que lee libros de autoayuda y revistas del corazón, hasta que descubre en la calle una colección de resúmenes de libros famosos y frases célebres, y ¡pum! de un momento a otro ya se cree poeta.

Lo que no puedo imaginar, por más que me esfuerzo, es la forma y circunstancias en que descubrió a Silvio Rodriguez ¿Habrá sido al subir a un transporte público o a un taxi donde lo escuchó reproducido en un cassette? ¿Se habrá enamorado alguna vez de una activista política y ella le contagió la música de protesta como si fuera un acné juvenil? ¿Venía acaso alguna de sus canciones con uno de esos folletos de “Aprenda guitarra fácil”? Si alguna vez logro terminar mi máquina del tiempo haré lo posible por determinar ese momento y evitarlo, por el bien de la música y la poesía.

En esos momentos me pongo a pensar también que la gente a la que le gusta este tipo de gente es la misma que lee revistas de chismes, mira reality shows y cree en las promesas de los políticos. Y quedo con la decepción de descubrir la razón por la que el mundo está como está ahora, y que el mundo no se ha acabado porque Dios ha decidido que así sufrimos más.

El problema no es que esta música guste a las adolescentes, que al fin y al cabo tienen aún mucho por aprender y que cuando descubran la verdadera música lo abandonarán. El problema es que a mucha gente con edad de razonar todavía le gusta.  Y ese sí que es un problema (A propósito, este párrafo, que algunos dirían que trata de parecerse a una canción de Arjona, en realidad trata de parecerse a una canción de Silvio Rodriguez, que dejo a continuación).




Como decía, el problema es que uno puede conocer a gente normal, sin ningún rasgo de cursilería demasiado notable, y de pronto, sin que uno vea venir el golpe, te asestan una canción de Arjona tomándote por sorpresa. Hace poco conocí a una chica no mal parecida, simpática y conversadora a la que me dio por visitar. En un momento de distracción, la sorprendí cometiendo ese harakiri musical que es escuchar a Arjona. Peor aún, no se contentaba con escuchar, que eso hubiera sido lo menos. Se atrevía a cantar la canción con un entusiasmo para mí incomprensible. Demás está decir que desde esa ocasión, no he vuelto a ver a esa persona de la misma manera. Algo se ha roto irremediablemente entre los dos. Desde entonces cada vez que me encuentro con ella, la miro con una mezcla de vergüenza ajena y de pena por lo que en algún momento pudo ser y que ahora definitivamente ya no será.

Ahora, como miembro activo de la AAA (Alianza Anti Arjona) me dedico a curar a la gente de esta enfermedad. He tenido éxito en varios casos. Basta colocar en el reproductor un par de canciones de Luis Eduardo Aute, Silvio o Sabina, para curar definitivamente este mal. En realidad, un par de buenos temas de Roberto Carlos bastan para iniciar el proceso de curación, por lo que me sorprende la cantidad de gente que aún sufre y hace sufrir a los demás con esta música. Pero la tarea que aún queda por delante es tremenda. Arjona sigue perpetrando música y mucha gente aún no conoce la luz. Una señora, al enterarse de mi terapia de curación a base de Joan Manuel Serrat, y comentarle los buenos resultados que he obtenido en otros pacientes, me dijo ¡Ay, mejor no me enseñes eso, déjame así nomás! No, Arjona no me la iba a dejar tan fácil.


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