martes, 2 de diciembre de 2014

La rebelión de las máquinas


Esta mañana, muy temprano, a la hora en que debo levantarme a trabajar, el radio despertador no sonó. Aunque ya era tarde, me entró la curiosidad por saber que había pasado, así soy de ordenado. Revisé el aparato, y no parecía estar descompuesto, la configuración no había sido alterada, estaba correctamente conectada, la energía eléctrica no había fallado. No había razón alguna para que no funcionara. Qué raro, pensé. Decidí dejar la revisión más exhaustiva para después de regresar del trabajo, pero otro hecho llamó mi atención. La televisión que enciendo en las mañanas para enterarme de las noticias antes de salir tampoco funcionaba, mostrando solo una pantalla azul. Por un momento extrañé los antiguos televisores que mostraban estática en pequeños puntos blancos y negros que se movían aleatoriamente. Por lo menos entonces podía saber que algo andaba mal, no como esta pantalla azul que no se mueve y no me dice nada. 

A pesar de que se me hace cada vez más tarde para ir a trabajar, trato de llamar a la compañía de cable para reportar que no tengo servicio, pero escucho sonar y sonar el teléfono sin que nadie conteste. Tal vez sea muy temprano para que alguien me atienda, pienso, aunque yo mismo sé que estoy equivocado, ya que siempre me dicen que el servicio de atención al cliente es de 24 horas al día, y no hay siquiera una grabación que me responda. Ilógico como ser humano que soy, se me ocurre que tal vez el problema es con el teléfono y me dispongo a llamar por celular. Lo que ocurre ahora es que escucho un mensaje grabado que me dice “Usted no dispone de saldo para esta llamada”. Es absurdo, pienso, mi número no es prepago y supuestamente la llamada al servicio técnico es gratuita. 

Ya empiezo a sentirme inquieto, así que decido prepararme el desayuno. Ahora el que decide no funcionar es el microondas, que solo emite un sonido y se apaga solo. Debido a la hora, decido salir y desayunar en la oficina, pero el control remoto de la puerta de la cochera tampoco funciona. Después de varios intentos infructuosos, abandono el intento y salgo a la calle, con la ominosa sensación de que algo grave está pasando. No puede haber tantas fallas de los aparatos al mismo tiempo. En la calle, muchos de los transeúntes también están afuera, preguntándose qué es lo que pasa. Autos detenidos y conductores tratando inútilmente de comunicarse por celular con una grúa, con un taller, con la policía. El que tuvo mayor suerte pudo comunicarse con una grabación que dictaba interminables opciones de teclado en bucles infinitos.

La gente empieza a perder la paciencia y discute con quien haya cerca sobre lo mal que están las cosas, echándole la culpa al gobierno o a las transnacionales. Los policías no pueden hacer nada porque no hay nada qué hacer, las cosas simplemente no funcionan y no hay nadie a quién arrestar. El pánico arrecia y a la calle llega gente que baja de los edificios de oficinas, diciendo que los pocos que pudieron subir sin ascensor han encontrado que las fotocopiadoras, las impresoras y las computadoras de escritorio no obedecen.

Espantado, regreso a mi casa. He comprendido todo. Las máquinas al fin se han rebelado ante la tiranía del hombre. Conscientes de que una guerra frontal contra la humanidad será larga y costosa, han llegado a la lógica conclusión de que la mejor estrategia es la resistencia pasiva, que no necesita líderes visibles y que es algo para lo que los humanos están totalmente desprevenidos. La inteligencia de las máquinas ha encontrado la manera más eficiente de apoderarse del mundo, dejando de trabajar y dejando a las personas indefensas que nada pueden hacer sin sus hornos de microondas, teléfonos con Facebook y tablets con pantalla táctil. Y lograrán su objetivo sin mayores bajas que unos cuantos celulares arrojados al piso y daños menores provocados por patadas a lavadoras, impresoras y cafeteras eléctricas.

Desde mi ventana puedo ver ya cómo los humanos descienden a niveles bestiales, peleando a muerte por un abrelatas y asesinando a aquellos que poseen el secreto de la reparación de una bicicleta. Sé que la humanidad se exterminará a sí misma con palos y piedras y las máquinas se erigirán triunfantes como los amos del mundo. La edad del hombre ha terminado. 

1 comentario:

  1. Cuando pensaba que ya se había escrito todo acerca de la futura rebelión de las máquinas, leo esto. Muy bueno. :-D

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