jueves, 11 de diciembre de 2014

El negocio de la infelicidad


De vez en cuando algún tema me persigue y no me suelta hasta que escribo sobre él, urgencia de escribir, que le llaman. Uno de estos temas es el de la felicidad, que ya he tratado antes en un par de posts por aquí. 

Buscando las rutas para hallar la felicidad me he encontrado con multitud de anuncios publicitarios que ofrecen felicidades a distintos precios, en cómodas cuotas mensuales y en ofertas increíbles. A pesar de que siempre se nos dice que el dinero no compra la felicidad, los vendedores insisten en tratar de convencernos que esta se encuentra a cambio de unos cuantos billetes, en forma de perfumes, ropa elegante, o el artilugio electrónico de moda. La gente feliz maneja este auto, usa esta tarjeta de crédito, bebe este licor.
¿Hay espacio en este mundo para los gustos simples y las sencillas alegrías? ¿Realmente son necesarios todos estos productos para ser feliz? El hecho que ocultan todos los vendedores de felicidad instantánea es que aquellos que no tienen un cuerpo atlético y una cara hermosa también tienen derecho a ser felices. Más aún, muchos de ellos ejercen ese derecho. 

Es aquí cuando ocurre la revelación: el negocio no es la felicidad, sino exactamente lo contrario. Esta sociedad está basada en el comercio de la infelicidad. La búsqueda de la felicidad exige recursos y necesidades que deben atenderse. La felicidad, en cambio, es un estado estable que ya no necesita nada más. Dicho de otra manera, una persona feliz ya no necesita comprar nada.
Es por eso que las empresas quieren convencernos de que la felicidad es comprable, y cuando llegue la inevitable decepción, ya tendrán listo otro producto para la venta, prometiendo que esta vez sí, lograremos la felicidad, reiniciando así el ciclo.

Y estamos tan acostumbrados a la infelicidad que si la gente fuera feliz, toda la sociedad de consumo se derrumbaría, llevando a la ruina a todos los vendedores de chucherías. Es por eso que los felices son gente peligrosa a la que hay que mantener alejada de esta condición, o por lo menos ocultarla  de la vista de la gente, no vaya a ser contagiosa esta felicidad.   

El comercio de la infelicidad llega a niveles ridículos, cuando se le analiza un poco. Ahora puedo reirme de la paradoja de ver a jóvenes deportistas anunciando whisky, a gente tratando de tener el último modelo de teléfono móvil como si la vida le fuera en ello, y a los que creen que la compulsión por la dieta o el gimnasio les asegura la felicidad.
Afortunadamente, soy uno de los tontos que aun piensa que la felicidad no se compra en una tienda ni se ordena por Internet.

Curiosamente, el negocio de la infelicidad está tan bien armado que los mismos vendedores caen en su propia red, pues tratan de convencernos de que su producto nos llevará a la felicidad y se ríen de nuestra credulidad, sin darse cuenta de que ellos también han caído en la trampa y lo que quieren es nuestro dinero para comprar cosas a otros vendedores de infelicidad, con lo que creerán ellos mismos llegar a la felicidad.

Pero no solo los vendedores de productos comercian con la infelicidad. También están los vendedores de religión, que se parecen tanto a los anteriores que a veces se hace difícil distinguirlos. Ellos no pueden admitir la existencia de una persona feliz que no pertenezca a su versión particular de la religión. Tratarán de convencerla de que su felicidad es una ilusión, ya que si el caso se llega a saber simplemente se les cae todo el negocio. Pero para todo hay solución. Un simple "Yo soy feliz" basta para desarmar todos sus argumentos. Afortunadamente, los vendedores de salvaciones no están preparados para convencer a alguien que insiste en que es feliz.

Sé que es una tarea difícil, pero debemos evitar a los mercaderes de la infelicidad y tratar de concentrarnos en, simplemente, ser felices.

3 comentarios:

  1. "Esta sociedad está basada en el comercio de la infelicidad. La búsqueda de la felicidad exige recursos y necesidades que deben atenderse. La felicidad, en cambio, es un estado estable que ya no necesita nada más."

    Ahí has dado en el clavo. Últimamente escribes reflexiones muy agudas, te felicito. ;-)

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    Respuestas
    1. Y se me olvidó añadir que la felicidad no es un estado, es una actitud. :-D

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    2. Gracias por el comentario. Cosas como esta me inspiran a tener pensamientos agudos más seguido.

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