miércoles, 19 de noviembre de 2014

Contar hasta el infinito


Tal vez contar hasta el infinito no es una cuestión de posibilidad sino de paciencia. O de paciencia y voluntad. Se debe tener tiempo, es cierto, ya que no es cosa de contar hasta trescientos mil o un millón, se trata de contar hasta el infinito. Para esto se necesita estar concentrado, pasado un tiempo cualquier distracción hará perder la cuenta y será necesario empezar de nuevo. No es mala idea entonces llevar un marcador que nos recuerde en qué número vamos, algo así como un ábaco que podamos fijar en el número en que se va, aunque un rosario en desuso también puede servir.

Cuando se ha llegado a cierto número, las distracciones se hacen cada vez más tentadoras, por eso el tema de la concentración es tan importante. La esposa que ha terminado de vestirse, alguna llamada inoportuna o incluso el canto de un pajarito pueden interrumpir la labor. Y aquí es donde la voluntad se pone a prueba. Cuando uno se detiene en su rumbo al infinito, viene la tentación de abandonar el esfuerzo, de dejar la tarea por insensata. Tal vez por eso las mejores horas para empezar a contar hasta el infinito son las de la noche. Muchos han empezado con la ayuda visual de una noche estrellada, tratando de contar las luminarias del firmamento, para una vez terminada la cuenta, seguirla hasta el infinito. La noche estrellada brinda una hermosa oportunidad para iniciar la cuenta, para que al amanecer, cuando ya no queden estrellas que contar, seguir con los granos de arena de la playa, las gotas de agua del océano, y así se continúe hasta el infinito.

La tranquilidad de la noche ayuda también a evitar a aquellos que tratan de quebrar la voluntad aduciendo la magnitud o la inutilidad de la tarea. Una vez alguien me dijo que había llegado a contar hasta el infinito y que nada, es un número como cualquier otro. No lo creo. Ignoran los detractores del infinito el sabor del reto, la satisfacción de lograr aquello que se creía imposible. Es la misma satisfacción que sienten aquellos que han logrado llegar a las montañas más altas, que han cruzado los ríos más anchos, solo por la gloria del logro que significan. Pero llegar al infinito es posible, lo sé yo que he llegado muy cerca en una noche de insomnio, y que tengo la convicción de que con solo un poco más de esfuerzo hubiera llegado. Esta vez quiero llegar de una manera diferente. Yo contaré desde el comienzo y tú empezarás desde el final, para encontrarnos justo en la mitad. De esa manera habremos llegado al infinito juntos. Es solo una idea. 

1 comentario:

  1. Ya que los manuales "para tontos" están tan de moda, a este post lo llamaría "Contar hasta el infinito para tontos". ;-)

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