domingo, 9 de diciembre de 2012

El ataque de los lemmings


Durmiendo un fin de semana, me quedé mirando la televisión. Y como mi control remoto parece que tiene voluntad propia, o es que el perro me cambia de canal para ver lo que le interesa, terminé viendo un documental sobre animales. Y en ese estado, como me suele ocurrir, los animales se mezclaron con mis sueños. Me vi en pleno territorio ártico mirando impávido cómo una muchedumbre de lemmings se dirige al precipicio para lanzarse al vacío como si fuera la última moda en terapia de grupo. Lógicamente, lo primero que pienso de esa situación es que es una sutil metáfora sobre la actualidad política de mi país. Ya me parece escuchar a nuestro político de moda afirmar orgulloso: “Cuando llegamos al gobierno, el país estaba al borde del precipicio, y ahora estamos dando un paso adelante”. 

No entendí muy bien por qué es que estos animalitos deciden de un momento a otro que es una buena idea ir todos en tropel a tirarse del precipicio, como si todos se dieran cuenta al mismo tiempo de lo cochina que es esta vida, pero tal vez no sea tan mala idea preguntarles el secreto y utilizarlo, por ejemplo, después de un concierto de reggaeton. Algo así como “Si todos los lemmings lo hacen, algo bueno debe tener”.

La manada de lemmings no parece muy comunicativa tampoco. No quieren soltar prenda de adónde van ni por qué lo hacen, ni llevan banderolas ni entonan lemas ni cánticos como los humanos. Son definitivamente muy diferentes a nosotros. No me imagino a la mamá lemming diciéndole a su hijito lemming: “¿Si todos los lemmings se tiran al precipicio tú también lo harás?” Vaya usted a saber lo que dirá cuando el joven lemming quiere tatuarse una lisura en chino o ponerse un piercing en cualquier parte del cuerpo.

Y a propósito ¿Cuál será la utilidad de estos lemmings? No sé si estos bichos sirvan de mascota, pero ha de tener sus bemoles. El día que uno se me pierda de mi casa voy a tener que buscarlo al barranco que da a la playa, o tener que identificarlo entre los 477,861 otros lemmings que siguen el mismo camino. Tampoco creo que puedan remplazar a los perros pastor alemán como lazarillos. Los pobres ciegos acabarían todos al fondo del abismo por seguir la guía de un lemming arrebatado por el instinto.

El día que viaje al ártico tendré entonces que tomar mis precauciones contra el ataque de los lemmings. Si me encuentro cerca de un barranco, tendré que mirar atentamente que no haya lemmings en lontananza, para evitar que me cierren el paso y me lleven al abismo como invitado especial de su suicidio masivo. Y si tomo sol en la playa también deberé cuidarme de no hacerlo al pie de un acantilado, no sea que empiecen a llover lemmings desde lo alto y quede sepultado entre los caídos.

Este tema de los lemmings me ha dejado pensando. Ayer, que era un fin de semana aburrido, a alguien se le ocurrió decir: “Hagamos una actividad grupal”. “¿Como los lemmings? Fue lo que se me ocurrió responder.

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