lunes, 20 de agosto de 2007

En Pisco, 2 dias despues

He regresado a Pisco después de tiempo. Y lo he hecho por la peor de las razones: Uno de mis parientes desapareció entre los escombros el miercoles 15. No la encontraron hasta dos días después, con el resultado que más temiamos. Dentro de todos los milagros de salvación que ocurrieron ese día, a ella no le tocó ninguno. O quiza cambió el que le correspondía por uno para su hija, que fue rescatada la misma noche del terremoto. Entre tanta muerte, no hubo tiempo para velorios, las autoridades ordenan el entierro inmediato. Así pues, cuando llegamos a Pisco despues de un viaje que se alarga 6 horas, ya no hay nada que hacer. Para bien o para mal, no hemos pasado por la tortura del reconocimiento del cuerpo, la pelea con las autoridades, la reserva del nicho y el papeleo esteril.
El viaje de por si ya ha sido agotador. Empezamos en Lima, buscando en tiendas y supermercados lo que ya se ha agotado: alimentos, agua, velas, pañales. En el encargo más macabro son mascarillas, pues nos dicen que el olor de los muertos está por todas partes.
En el camino vemos las pistas partidas por la mitad, y los habitantes de los pueblos con carteles pidiendo ayuda. En la cola para pasar el puente Huamaní, cerramos las ventanas, pues nos han avisado que los presos que escaparon de la cárcel de Tambo de Mora están asaltando a los carros. Vimos como a uno de los carros lo asaltaba una muchedumbre que se llevaba las frutas que traía.
En la misma ciudad, somos desviados en la calle hacia la plaza. Es mejor, no pienso ver el espectáculo de los muertos en las calles, la destrucción de los edificios más conocidos de la ciudad, los pobladores buscando cámaras y los políticos buscando titulares, que interrumpen a los parientes buscando a sus familiares.
Buscando el camino, somos desviados a cada momento por los escombros, y descubro que es fácil perderse en una ciudad donde todos los puntos de referencia se han derrumbado.
Después de nuestra llegada, un ligero almuerzo. No hay mas. Todos los alimentos han desaparecido o han sido saqueados. La ayuda no llega a todos.
Vamos ahora a Pisco Playa, a preguntar por más familiares. Allí vemos que prácticamente todo está destruido. En la calle Demetrio Miranda no quedan mas de 10 casas en pie. No queda ni siquiera el malecón. Alli escucho las historias de los que perdieron todo y de los que salvaron de milagro. La gente se aglomera ante los periodistas extranjeros, que son los únicos que tienen un grupo electrógeno, y pueden colocar fluorescentes en la noche. El resto de la ciudad se alumbra y calienta con fogatas en la calle. Incluso los que tienen la casa aún en pie, están en la calle por temor a las réplicas, en la noche que pase, sentimos 3 réplicas muy fuertes. Por eso muchos prefieren dormir en la calle.
Los que pueden, ya se han ido a Lima, sólo quedan los que no tienen a donde ir, o que tienen algo que cuidar. Y es necesario cuidarse, pues han estado asaltando las casas que aún tienen algo, asustando a la gente diciendo que viene un maremoto y entrando a las casa de los que salen. Los presos que escaparon tienen armas y metralletas, me dicen. Debe ser cierto porque en la noche escucho una balacera. El otro ruido constante en la noche es el aullido de los perros. Ellos sienten cuando va a venir un temblor, pero han aullado toda la noche.
En la mañana, salimos temprano, los otros parientes nos seguirán cuando terminen de arreglar sus asuntos.
Siento que no nos estamos yendo, sino que estamos escapando.

3 comentarios:

  1. Mi mas sentido pésame compañero.

    Solo queda decir que sigan apoyando.

    ResponderBorrar
  2. ¡Qué pena! Mis condolencias. creo que no hay palabras que decir y sólo darte un poco de apoyo moral y un abrazo que te reconforte.

    ResponderBorrar
  3. Dejo para ti oraciones esperando que pronto se recuperen de la tragedia.

    Desde México

    Danae

    ResponderBorrar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...