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sábado, 22 de octubre de 2022

Amarga muerte, dulce vida



Durante un viaje que hice a Arequipa, aproveché para hacer algo de turismo por los museos que tiene esa ciudad. En uno de ellos, sede también del Convento de la Recoleta, encontré unos versos dispersos en varias de las paredes que conformaban los claustros, los cuales estaban acreditados a Fray S. Martorell. Mi búsqueda del autor en Google resultó infructuosa más tarde, así que no tengo mayor referencia sobre el autor. Los versos me gustaron mucho, así que les tomé fotos a todas las paredes con el fin de copiarlos. Seguramente el orden de las estrofas no es el correcto, pero hoy me daré el gusto de reproducirlos aquí:

Aquel estar suspirando 
con respiración turbada; 
aquel ¡Ay, vida estimada 
cómo te vas acabando! 
Aquel ver se va a cercando 
la sepultura temida. 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

Júzgate ya muy postrado 
en una cama tendido, 
de pena y dolor molido 
y del todo desahuciado 
al cogerte descuidado 
y al ver tu salud perdida. 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, que ya viene el notario! 
¡Ay, que los testigos llaman! 
¡Ay, que los parientes claman! 
¡Ay, que ya hacen inventario! 
¡Ay, que formando el sumario 
es mi hacienda dividida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, que viene el confesor! 
¡Ay, que me habla en gran secreto! 
¡Ay, que me exhorta discreto! 
¡Ay, que me infunde valor! 
¡Ay, confesión sin valor 
por estar mal prevenida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, que escuchan mis oídos 
que viene la santa unción! 
¡Ay, qué angustia y turbación! 
¡Ay, que me ungen los sentidos! 
¡Ay, combates tan reñidos! 
¡Ay, batalla ya vencida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, que todos se despiden! 
¡Ay, que lloran los hermanos! 
¡Ay, que me besan las manos 
y la bendición me piden! 
¡Ay, mortaja tan temida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, mi Dios, Padre amoroso! 
¡Ay, quién no hubiera nacido! 
¡Ay, quién santo hubiera sido! 
¡Ay, tribunal riguroso! 
¡Ay, hombre si eres vicioso! 
¡Ay, alma tan afligida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, que se va ya acercando 
mi eterna gloria o tormento 
que pende en este momento! 
¡Ay, que estoy trasudando! 
¡Ay, que me están gritando 
Jesús te valga y María! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida! 

¡Ay, oro tan engañoso! 
¡Ay, sangre loca y activa! 
¡Ay, ciencia vana y mentida! 
¡Ay, puesto y cargo ostentoso! 
¡Ay, empleo decoroso! 
¡Ay, nobleza fementida! 
¡Ay, cuán amarga es la muerte 
a quien fue dulce la vida!

sábado, 16 de noviembre de 2019

No pises los nombres


¿Qué tan valientes somos ante el simbolismo de la muerte?

En una ocasión, me tocó ir a hacer una verificación en un almacén que se situaba en lugar un tanto apartado de la ciudad. El punto de referencia que me indicaron era un cementerio privado que no llevaba mucho tiempo abierto. El bus me dejó en la mitad de la carretera y tuve que caminar hasta la puerta del almacén bordeando la cerca del cementerio. No tardé en observar un pequeño camino sobre ese pasto silvestre duro y cortante que crece al lado de la carretera, y me dirigí hacia él, para evitar caminar por el barro de la berma. Para mi sorpresa, el camino que creí que era de losetas, estaba hecho de pedazos rotos de losas de mármol y piedra pulida donde se podían leer fácilmente inscripciones de nombres y fechas. El cementerio había hecho ese camino con trozos de lápidas, sin duda las que habían sido rechazadas por los dueños, que tal vez contenían errores de nombres y fechas, o que simplemente se habían roto durante el tallado.

A pesar de repetirme a mí mismo estas razones, me sentía incapaz de pisar estas losetas improvisadas y preferí pisar los resquicios entre estas. Supongo que algo de miedo a la muerte será, respeto, conciencia de que la situación tenía algo de macabro, pero terminé caminando por el pasto, evitando el sendero.

miércoles, 24 de abril de 2019

Una pluma y un grano de arena


Anubis, el primer juez de las almas que llegan al inframundo, recibió a Tay, el constructor de templos. Debes saber – dijo Anubis al alma recién llegada – que aquí tu alma será pesada en la balanza del bien. Tay fue llevado a una habitación donde por todo mobiliario había un pequeño pedestal con una balanza dorada. En uno de los platos colocó una pluma. – Este es el peso del bien – Luego tomó una pequeña figura de arcilla en forma de corazón que su familia había colocado en su tumba y la puso en el plato. – Este es el peso de tu alma – dijo Anubis mientras ambos observaban cómo el platillo se inclinaba levemente hacia la izquierda, en donde se encontraba el alma de Tay. - Esto significa que no tienes derecho a llegar al País de los Cielos.

Tay intervino tímidamente. – El platillo está casi equilibrado, puede ser que puedas hacer algo. - Es cierto – respondió Anubis, - Pero aún no hemos terminado, hay algunas cosas que han dejado quienes te precedieron en el camino al inframundo – tomó un ladrillo y lo colocó en el platillo izquierdo junto a su alma. – Este ladrillo representa las veces que engañaste a tu señor para hacerle creer que el avance de las obras era mayor – El fiel de la balanza se inclinó definitivamente hacia la izquierda. – Para ahorrar material y tiempo, tus paredes eran más delgadas y los andamios más débiles. Eso ocasionó que se derrumbaran, matando y mutilando a varios de tus obreros, aquí está uno de los brazos de tus obreros como símbolo de las vidas que arruinaste, y esta barra de oro como testigo del dinero que cobraste a tu señor haciendo trampas. ¿Tienes algo que decir?

Tay sintió el miedo apoderarse de él. No ingresaría al País de los Cielos y en cambio su alma sería entregada a Ammyt, el monstruo que devora las almas de los impíos. Paralizado por la posibilidad, recordó de pronto lo que durante sus últimos días de agonía, le dijo el sacerdote que lo asistió. Debía recordar todas sus buenas obras para el momento del juicio, pero no podía recordar nada realmente importante, nada que pudiera equilibrar su corazón contra un ladrillo, un lingote de oro y un miembro humano. De pronto, se escuchó a sí mismo hablar atropelladamente, de modo que su voz parecía casi un chillido. – Todo lo hice para complacer a mi Señor, él siempre me apuraba, nunca se quejó de lo que hacía, siempre tuve su confianza, traed sus palabras y colocadlas en la balanza junto a la pluma, por favor…

Anubis colocó un papiro, símbolo de las palabras, en el platillo derecho de la balanza, pero el fiel apenas se movió.
- Además todo lo que hice fue para dar a mis hijos una vida mejor, soy todo lo que ellos tienen ¿Acaso el amor no tiene valor cuando se juzga un alma? –
Al decir esto Tay sintió su corazón encogerse, al igual que el corazón de arcilla en el plato de la balanza.
- Ya ves que sí, el amor puede mover la balanza, pero no es suficiente ese amor por tus hijos, como puedes ver, el fiel aún está inclinado hacia la izquierda – dijo Anubis.

En ese momento se escuchó otra voz en la habitación.
– Tienes razón, gran Dios. El amor por sus hijos, aunque grande, es muy pequeño en comparación al que sintió por su esposa, a quien acompañó fielmente hasta el día en que ella murió al dar a luz al último de sus hijos. Yo soy el alma de aquella por quien este hombre hizo todo lo que hizo, y como prueba presento este grano de arena de la playa del río en que nos conocimos, y en el que me juró amor eterno. Si el inframundo es todavía parte de la eternidad, ese juramento es válido aún.
Colocó el grano de arena en el platillo derecho, y la balanza se equilibró perfectamente. Anubis asintió e inclinó la cabeza.
– Es grande el peso del amor, sin duda, capaz de equilibrar el alma de este hombre. Puedes pasar, te guiaré al País de los Cielos, tu alma ha sido salvada.

viernes, 16 de noviembre de 2018

La historia inconclusa


Cuando lo vio llegar, no hizo ningún ademán de huida, ni de sorpresa.  - Acérquese, venga, esta vez no habrá trampas, ya ve que le estaba esperando… dijo en tono amistoso - Sólo déjeme fumar un cigarrillo… considérelo como un último deseo…

El desconocido se detuvo a dos pasos y se quedó inmóvil, aún apuntando con el arma, lo que el viejo interpretó como un permiso para seguir hablando.  - Lo esperaba a usted un poco más tarde, esperaba que me alcance en el bar que está más allá… es una pena, le hubiera invitado un café, aquí hace bastante frío, pero bueno, no todo puede salir tal como se ha planeado ¿Verdad?

El viejo esperó en vano durante algunos segundos una respuesta, y comprendió que su rival le dejaría hablar, pero que no le dirigiría palabra alguna.  - Sabe que durante un tiempo fue divertido verlo fracasar en sus intentos de matarme, pero después se volvió aburrido, luego se convirtió en una molestia, y ahora pienso que si usted estaba destinado a acabar conmigo, a mí me correspondía elegir el momento. Y el momento es este. Estoy enfermo, como tal vez usted ya sabía, y el que usted me mate me ahorrará unos cuantos meses desagradables, además no pienso convertirme lentamente en una piltrafa, ni someterme a los caprichos de algún médico que no podrá evitar mi fin, no es mi estilo… en fin, ahora estoy listo para que usted me mate…

Se hizo un breve silencio. Hasta los autos en la lejanía parecieron detenerse. - Si no ha disparado todavía es porque sabe que lo que le voy a decir es importante… seguro que el perseguirme por tanto tiempo le ha hecho conocerme bien… pues le diré porqué estamos aquí usted y yo en este momento… La verdad es que yo le he permitido llegar hasta aquí… como le dije, he podido matarlo a usted muchas veces, pero no lo hice, porque en cierta forma lo respeto… y por eso tampoco me he dejado matar antes, porque si usted acaba con mi vida acabará con la suya también… ¿Se ha puesto a pensar en lo que hará después de matarme? Esta persecución es su vida, no sabrá que hacer sin mí… no tiene una familia a la que regresar, no puede volver a su hogar, ya no sabe cómo vivir una vida normal… terminará usted suicidándose, lo sé… Usted me ha convertido en su vida, y por eso usted no durará mucho tiempo sin mí… Por eso no le he matado a usted antes… ¿Sabe que yo he podido terminar con este jueguito hace mucho tiempo? Siempre supe que usted no me mataría a traición, que me dejaría hablar, por eso desde aquella vez cargo siempre con esto, que le quiero enseñar… El viejo metió la mano en el bolsillo y siguió hablando, indiferente a la vista del otro empezando a presionar el gatillo. Estuvo usted equivocado todo el tiempo, aquí tiene la prueba, vea el

miércoles, 8 de febrero de 2017

Mil maneras de matarte


- ¿Te vas a comer eso?
- Claro que sí ¿Por qué?
- Tiene colesterol, produce cáncer, te vas a morir si no te cuidas...
- No creas todo lo que te dicen o que te mandan por internet, que matarse uno mismo es más difícil de lo que la gente cree. Y te lo digo yo, que he puesto mi vida en peligro innumerables veces sin ser una persona arriesgada ni un adicto al peligro. Sin ir más lejos, yo no necesito que me manden cadenas en Facebook para saber cómo se hace todo lo que comemos, y no hay alimento que se salve, si crees que dejando de comer carnes y grasas te salvarás, lamento decirte que los vegetarianos también se mueren, se enferman y les da cáncer. Así que si de todas maneras he de morirme, por lo menos disfrutaré un poco. Y puedo contarte cómo se producen esos vegetales que comes, para que se te quiten las ganas de comerlos.
- O sea que quieres morirte...
- No es cuestión de querer, sino que es algo inevitable, y ahora todos los días nos enteramos de algún nuevo peligro, de que algo que creíamos inocuo provoca alguna terrible enfermedad, hasta que descubrimos que no hay actividad que no nos lleve tarde o temprano a la muerte.
- Pero no es lo mismo morirse antes de tiempo...
- Nadie sabe cuándo va a morirse, así que nadie sabe si murió antes o después, simplemente se muere. Y como te decía, te puedo decir todas las veces que arriesgas tu vida a diario, observa:

Cada vez que te levantas de la cama, debes verificar cuántas horas has dormido, si duermes menos o más horas estás acortando tu vida, como lo demuestran los más recientes estudios. Al ducharte, revisa las etiquetas de tu jabón y tu champú para ver si no tienen elementos cancerígenos. No tomes agua del grifo, que contiene bacterias y metales pesados que los filtros no detienen. ¡Y cuidado al salir del baño, que un resbalón mal dado te golpeará la cabeza matándote al instante. ¿Que ya es hora de desayunar? La leche y el café son dañinos, y los cereales provienen todos de plantas transgénicas, ni pienses en tomarlos. Solo nos quedaría tomar jugo de frutas, pero con cuidado, que la frutas no hayan sido regadas con aguas contaminadas ni su cultivo se haya hecho con fertilizantes sintéticos y aplicando insecticidas, que todo eso acabará en tu cuerpo envenenándote lentamente. Y de todas maneras no podrás evitar los preservantes y colorantes que contienen.

Ya saliste de tu casa, así que debes tener cuidado con el tráfico. Las estadísticas dicen que los accidentes fatales ocurren en un radio de 5 km de tu casa, pero tampoco te alejes muy rápido, porque la velocidad es la principal causa de accidentes. Trata de no respirar en la calle, que la contaminación en las calles produce enfermedades respiratorias, y protégete de los rayos ultravioleta que causan daños a la piel. Si llegaste con vida a tu lugar de trabajo, no cantes victoria, pues no estás a salvo. Cuídate del aire acondicionado, la recirculación del aire produce el contagio de enfermedades, y el cambio de temperatura ocasiona daños pulmonares, La oficina es una trampa mortal esperando atraparte, los químicos usados por la impresora son altamente venenosos, los insectos microscópicos que viven en las alfombras y los químicos utilizados en la fumigación están allí para dañarte. El trabajo en una computadora te expone a la radiación y a daños en la vista, la mala postura y las horas sentada te cobrarán la factura con dolores musculares mas temprano que tarde.
Ya llegó el mediodía. ¿Has pensado alguna vez en lo que te dan el comedor de la empresa a la hora del almuerzo? Ellos no tienen tanto cuidado como tú al escoger los alimentos.Y de nada sirve que lleves tu propia comida. Almacenar durante horas la comida en tu lonchera hace crecer a los microorganismos. A propósito ¿Te he mencionado la cantidad de gente que ha muerto atragantada por la comida? Mejor vuelve al trabajo.

Y no importa el trabajo que hagas, serás víctima del stress y de las enfermedades ocupacionales, el reumatismo, el síndrome del túnel carpiano o la hipertensión. Solo te queda rezar para que el día termine pronto.

Al fin terminaste tu trabajo y regresas a tu hogar, pero antes debes cuidarte de lo insegura que es la ciudad. A esta hora crece la cantidad de asaltos, robos y asesinatos, y se pone  peor conforme se acerca la noche.
Llega la noche y quieres salir a divertirte, y te maquillarás con productos cancerígenos, para luego elegir a qué peligro te expondrás. Puede ser el alto volumen de la música, daños musculares por los bailes de moda, el alcohol o el humo del tabaco, que respirarás aunque tú no fumes.

Al final del día solamente quieres dormir, y hasta en eso has de tener cuidado. Mucho gente ha muerto mientras dormía por atorarse con su propia saliva, un paro cardíaco o una fuga de gas inadvertida. Aprovecha en tener felices sueños, porque esta noche puede ser tu última. Y si has sobrevivido al día de hoy, no importa, mañana está también lleno de riesgos.

- ¿Sabes qué? Ya me quitaste él hambre...

- Qué bueno, porque la obesidad conduce a la muerte a la larga, verás, te contaré que...

miércoles, 5 de octubre de 2016

Una historia en blanco y negro


Era un escritor de novelas negras, que aún tenía la página en blanco. Sólo tenía una vaga idea de un crimen en el barrio negro, cometido con arma blanca. Pero sin inspiración, su negra historia sería blanco de las críticas. Una película en blanco y negro sobre Casablanca le mostró que el hombre de negro no dispara hasta ver el blanco de los ojos. Pasando la negra noche en blanco, tomó una taza de café negro.
Al salir a la calle, entre palomas blancas y gatos negros, decidió apostar todo al negro, lo que no pudo hacer por estar sin blanca. Tal vez podría ayudarle Mr. White, el tallador de blackjack, de quien se decía que blanqueaba dólares en el mercado negro. Era imposible, pensó. Lo blanco es blanco y lo negro es negro, pensaba, y una partida de tiro al blanco no cambiará las cosas. Las damas altas y blancas de vestido negro no hacen caso a los escritores.
Salió otra vez a la negra noche, solo iluminada por la blanca luna. Nada funcionaba, ni los polvos blancos ni los autos negros. Un hombre de cabello negro y dientes blancos le salió al encuentro. Lo último que vio fue una luz blanca antes de que todo se volviera negro. Cuando despertó, estaba en una habitación blanca con un enfermero negro, que trataba de decirte la suerte que había tenido. Una ambulancia blanca lo encontró tendido sobre el negro asfalto y lo trajo. Pero no era suerte, sino la maldición del blanco y negro, que le hacía ver todo en blanco y negro. Sus sueños eran sobre piezas de ajedrez blancas y negras sobre un tablero de cuadros blancos y negros; veía en sus sueños cebras de rayas blancas y negras que venían con pingüinos blancos y negros. Alucinando, abrió la ventana para ver el cielo blanco del otoño, y saltó para caer sobre la sombra negra del edificio. El médico sólo llegó para certificar la muerte, apuntar la fecha y hora y anotar el único apellido que se pudo obtener del infortunado.

-       A las diez y veinte horas se encontró el cuerpo del Señor Gris…

martes, 7 de junio de 2016

Un día de estos

En diciembre pasado, víctima de una grave crisis de inspiración, dejé de publicar tonterías en este blog. Los resultados han sido desastrosos. A los pocos días, empezaron a morir famosas personalidades del cine, la música y el deporte. Puedo tomar la postura del incrédulo y atribuir esto a la casualidad, o interpretarlo como un mensaje que el universo me envía. No puedo tampoco despreciar la posibilidad de que mis textos hayan mantenido la cordura de dichos famosos que hallaron la forma de morir, incapaces de superar mi ausencia. Ya se sabe que los famosos nunca mueren de causas naturales, siempre hay una conspiración o un secreto oculto por las declaraciones oficiales. Claro, alguien podrá decir que mi blog no es tan importante y que nadie sabe que existe, mucho menos los famosos que viven sus vidas tan ocupadas y que ni siquiera saben leer en español. Pero la prueba está allí. Muchas teorías se han desarrollado con menos evidencia empírica que la que presentó. Y al que no me cree, le dejo la lista de los famosos que han muerto desde que dejé de publicar en mi blog:

  • David Bowie
  • Alan Rickman
  • Keith Emerson
  • Glenn Frey
  • Gato Barbieri
  • Prince
  • George Martin
  • Johann Cruyff
  • Mohammed Ali
A fin de evitar catástrofes mayores, estoy pensando en volver a publicar tonterías por aquí antes de que alguien empiece a atar cabos y me acuse de magnicidio múltiple o antes de que nos quedemos sin famosos y nos queden solo las socialités y los participantes de realities, que no son famosos pero se les parecen mucho. Ante la emergencia, tengo ya unos cuantos cuentitos listos, aunque no los suficientes para una publicación sostenida. Además, no quiero desaprovechar la oportunidad de dejar que mueran un par de famosos que tengo en la mira, tengo noticias de que a Donald Trump ya le empieza a doler la cabeza y que esos dos reggaetoneros viven como si no hubiera un mañana y en cualquier momento la achuntan.
Paciencia y buen humor entonces, que un día de estos doy la sorpresa.

jueves, 26 de febrero de 2015

Santa Edita


Las historias en mi país nunca son aburridas, tal vez porque nunca las escriben los historiadores. Aquí la verdad se convierte en lo que cree el pueblo que sucedió, y cuando las cosas suceden todo el mundo presenta su propia versión de los hechos hasta que el público escoge su verdad, que suele ser aquella que presenta los elementos maravillosos, el realismo mágico que aquí no se limita a la literatura, sino que se cuela en todos los aspectos de nuestra vida.

Yo no llegué al comienzo de la historia, pero estuve antes que muchos de los que ahora se creen expertos en el tema. Me introdujo en ella uno de los técnicos que trabaja conmigo, al igual que yo muy aficionado a la música. De vez en cuando le presentaba a través de internet a algún guitarrista de quien pudiera aprender técnicas y estilos de tocar, y él a su vez me mostraba la música que escuchaba, que era la música que se escucha en las provincias del Perú, y que es ignorada o ninguneada por las radios de la capital. Esta es la música del provinciano, del migrante, la música de conciertos multitudinarios que pasan desapercibidos para los medios de comunicación oficiales, porque en dichos conciertos se vende cerveza libremente y en la gresca siempre sale a relucir algún cuchillo. Hay que ser bravo para ir a esos conciertos y quedarse hasta el final.

Así fue como conocí a Corazón Serrano. El técnico que me los presentó era fanático de su música, la que ponía incansablemente en su computadora mientras trabajaba, y convertía las fotos que conseguía en internet en fondos de pantalla en su computadora y en su celular. Así supe también de sus integrantes, provenientes del norte del país, una zona pródiga en agrupaciones musicales de cumbia, donde la música es un negocio familiar y no es raro encontrar grupos exitosos que tienen relaciones de parentesco unos con otros. Este era el caso de Corazón Serrano, que era un grupo formado en un pueblito tan pequeño que allí todos son parientes, y que logró éxitos cada vez más grandes hasta que se le podía escuchar en sitios tan lejanos del país como aquel en el que estoy trabajando.

El éxito de esta agrupación se debía, desde mi punto de vista, a que daba a la música la mayor importancia, y se preocupaban por hacer buenas canciones y tener buenas voces, sin apelar a las distracciones de un vestuario provocativo en sus integrantes como hace multitud de grupos de cumbia. Y no es que no tuvieran bellas cantantes, que si las tenía, pero alternaban con vocalistas masculinos, y comparados con otros grupos, el vestuario de las cantantes era casi recatado. Una vez comentaba con uno de los guardianes de la obra el tema de los escándalos de los que viven muchas cantantes de cumbia, y este me respondió tajante: Corazón Serrano no es así, ellos son cristianos, no se meten en esas cosas. Así era, ninguna de sus integrantes se desviste en calendarios o en televisión, ni sale con algún famoso.

Así eran las cosas hasta marzo del 2014, en que estalló el escándalo. Una de las cantantes fundadoras del grupo, Edita Guerrero, fue internada en un hospital debido a un aneurisma, falleciendo unos días después, dejando dos hijos, uno de ellos de meses de nacido, y a un esposo que extrañamente no aparecía en los reportajes de la televisión. Los noticieros y diarios de la capital se enteraron recién en ese entonces de la existencia de un grupo musical llamado Corazón Serrano, al ver la cantidad de gente pendiente de la noticia y el movimiento social que causó el hecho.

Pero las historias simples no gustan a la gente, no tienen el ingrediente que las hace recordables. Así apareció la versión de que Edita no habría ingresado al hospital por un aneurisma, sino por una tremenda paliza propinada por su esposo, un odontólogo de la capital de la provincia. La cólera popular estalló, los periódicos tuvieron tema de titulares para varias semanas, los políticos levantaron la voz exigiendo justicia, los expertos en cultura popular analizaban el fenómeno, los psicólogos hablaban sobre la sombra de tristeza que se veía en los ojos de Edita en las fotos y los jueces, obedeciendo o temiendo a la presión popular, ordenaron el arresto del esposo y la exhumación del cadáver para una nueva autopsia. Al final, no hubo resultados concluyentes, el esposo fue liberado tras mes y medio en la cárcel, convertido en un paria, amenazado de muerte, y el escándalo sirvió para convertir definitivamente a Edita Guerrero en un mártir de la música peruana y a Corazón Serrano en el acto más multitudinario del Perú, con conciertos transmitidos en directo a nivel nacional. La tarea de reemplazar a la vocalista desaparecida se convirtió en asunto de interés nacional y las declaraciones de los familiares sobrevivientes son siempre bien recibidas en los medios de comunicación.


Y la historia aún no termina. Si a la leyenda no le faltan los polos con su imagen, las páginas de facebook y las canciones escuchadas en cualquier lugar del Perú, están además todavía las misteriosas apariciones del espíritu de Edita Guerrero narradas por familiares, las que se han hecho en el hospital donde falleciera, el público pedido de perdón del esposo arrepentido ante la tumba, acompañado de sus hijos, las nuevas teorías sobre la muerte, y la apropiación del pueblo de la memoria de Edita, a quien ya se le prenden velas y se le piden milagros, pues su imagen ha trascendido a lo musical y se ha convertido en un icono que llegará tarde o temprano, qué duda cabe, a los altares, convertida en Santa Edita, la santa que caminó entre nosotros en minifalda cantando cumbias de letras tristes a los pobres, a los provincianos, a ese pueblo ignorado en la capital que ahora tiene a quién abogue por ellos en el cielo. 

domingo, 8 de febrero de 2015

El truco del guionista



Este es Jack. Es nuestro protagonista. Jack está sentado en una vieja silla de madera. Sabemos eso porque lo primero que vemos son sus zapatos y las cuatro patas de la silla. Conforme el ángulo se abre distinguimos las cuerdas en sus tobillos. Oímos su respiración entrecortada. A veces tose.

La cámara cambia de plano para mostrarnos sus manos amoratadas con ligaduras en las muñecas. Jack se retuerce intentando desatarse. No lo consigue. Planos muy cerrados nos muestran partes de su rostro. Un ojo morado. Los labios agrietados, con sangre en los dientes, en los que le quedan. Escupe.

Sé lo que estáis pensando. Ahora entrará uno de esos recursos narrativos tan manidos. Un gran rótulo nos indicará que nos hemos trasladado diez, veinticuatro, mil horas antes de los sucesos que acabamos de presenciar. Una frenética sucesión de acontecimientos nos explicará cómo Jack ha acabado en tan penosa y comprometida situación. Y entonces habrá mogollón de hostias y Jack se librará de sus captores diez minutos antes de que termine el episodio, justo a tiempo para rescatar al niño secuestrado, desmantelar la red de narcotráfico, descubrir al topo en su agencia gubernamental y para darle un poco de color al capítulo, echarle un polvazo a la protagonista femenina.

 Pero tengo malas noticias para vosotros. Jack no sale vivo de esta. Toma spoiler.

A Jack le van a pegar un tiro en la nuca antes de que pueda romperse el pulgar para librarse de todo el cordaje que lleva encima. ¿Que cómo lo sé? Porque yo soy el guionista, capullos. Yo soy quien aprieta el gatillo.


Los cuentos siguen un camino extraño. Nunca se sabe en qué manos pueden caer, y lo que esas manos pueden hacer con ellos. Este cuento lo hallé buscando otras cosas, pero lo encontré y decidí darle asilo en este mi blog. Originalmente salió de aquí:  http://graznidosdecuervo.blogspot.com/2013/02/el-truco-del-guionista.html, y quién sabe, tal vez así este cuento encuentre su camino de regreso.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La reencarnación


Un día me puse a pensar en cosas realmente trascendentes, no las tonterías que escribo usualmente. Lamentablemente el intento resultó un fracaso total. Parece que no puedo hilar dos pensamientos sin que uno de ellos resulte siendo una agresión al sentido común y al bien pensar. Esta vez mi intento fue el de pensar sobre lo que hay más allá de la vida. Tema serio ¿Verdad? Tal vez nos espera el paraíso, el infierno, o el vacío de convertirse en nada mientras los parientes que sobreviven disfrutan de la herencia. Como estas cosas no se pueden demostrar, tengo la libertad de imaginar lo que quiera y nadie me podrá refutar. Discutir con alguien acerca de lo que pasa después de la muerte tiene además la ventaja de que puedo pedir a mi antagonista demostraciones prácticas, cosa que solo puede hacerse matando a dicho antagonista, con lo cual ganaré la discusión por abandono.

Puesto a buscar pruebas de una u otra opinión sin matar a nadie, descubro que tengo que esperar al fin del mundo o al juicio final para darle la razón a varios. Ya que no tengo paciencia para esto, me pongo a buscar pruebas sobre la reencarnación. Me parece que es una buena opción para que el universo recicle unas cuantas almas, habiendo tanta gente desalmada caminando por las calles como si tal cosa. Si es verdad que la gente reencarna al morir, debería ser relativamente simple encontrar a gente que ha tenido vidas anteriores. Debo confesar que el tema me interesa especialmente desde que, al día siguiente de la muerte de Michael Jackson, un grillo no me dejó dormir toda la noche con su cri-cri. Cuando, después de remover todo el mobiliario de la casa encontré al bicho, descubrí que caminaba para atrás haciendo el famoso paso del Moonwalker. Nadie me pudo después quitar de la cabeza que Michael Jackson había reencarnado en grillo de casa. Estaba ya dispuesto a atraparlo y exhibirlo en los grandes congresos de temas filosóficos como prueba irrefutable de la reencarnación, cuando Michael intentó escaparse y lo pisé por acto reflejo. Para la próxima, Jacko, a ver si ahora reencarnas en algo que no me deje despierto toda la noche.

Al principio, creí que sería suficiente para probar mi tesis con preguntar a la gente por la calle, como he hecho en otras ocasiones, pero no era tan fácil. Mi falta de tacto se puso de manifiesto al acercarme a la gente con la frase “Disculpe, señor ¿Ha sido usted animal en otra vida?”. Con todo, este esfuerzo no fue totalmente infructuoso. La reacción de la gente me hizo sospechar que algunos no solamente han sido animales en vidas anteriores, sino algunos siguen siéndolo en esta.

Mi siguiente esfuerzo fue interrogar a algunos animales con la esperanza de encontrar a alguno que haya sido humano en una vida anterior. A ver, animales ¿Quién quiere ser el primero en declarar? Dije en voz alta. Los primeros en levantar la pata y acercarse a contar su caso fueron las moscas. Se me acercaron varias a contarme sus sucios secretos antes de ser despachadas por el matamoscas que tenía a la mano. En mi defensa, tenía que proteger el secreto de esas confesiones. Además, las moscas solamente viven un mes, no es cosa de que les haya cortado una vida larga y prometedora, y si van reencarnar, mejor que lo hagan de una vez, que la vida de una mosca es muy miserable.

Paseando, paseando, llegué a un parque donde encontré a un montón de palomas esperando en la vereda sin hacer nada y esperando que llegue alguien a tirarles maíz o migas de pan. Cuando llegaba algún viejito, inmediatamente se arremolinaban para recibir su parte. Este comportamiento me pareció tan humano que quedé convencido de que muchas de esas palomas no solamente habían sido humanos anteriormente, sino que además habían sido empleados en alguna dependencia pública.

Un análisis más atento de muchas personas que conozco me ha permitido detectar que viven y beben en nuestras calles personas que antes han sido chanchos, vacas, serpientes, mariposas, ratas, zancudos, gatos, burros, pingüinos, avestruces y otros animales, de los que aún conservan sus actitudes. Claro que puedo estar equivocado. Una amiga mía, al escuchar mi tesis, la rechazó totalmente, diciendo que  no es cierto porque los hombres son todos unos perros.

Otra persona conocida mía me dejó pensando al decirme que si era cierto lo que decía, entonces la hamburguesa que me estaba comiendo en ese momento era quizá un conocido o pariente mío que había tenido la mala suerte de reencarnar en animal de granja. Buena esa, pero no me vas a convencer de convertirme en vegetariano. Yo creo más bien que en una vida anterior era animal carnívoro, igual que ahora.

Pero la gente también reencarna en gente, me ha hecho notar alguien un poco más enterado en el tema. Eso está más interesante, y se me ocurre pensar en lo bonito que sería reencarnar en el esposo de Scarlett Johansson. Aquí también me pongo a pensar en algunos que tienen tanto trabajo atrasado que les vendría bien una reencarnación para poder ponerse al día. A otros les podría dar el consejo de que se suiciden de una vez y que empiecen de cero, porque en esta vida ya no la hacen.

- Yo he viajado por las dimensiones astrales y declaro que soy la reencarnación de Isaac Newton...
- Pues yo soy la reencarnación de Leibnitz, y justo a ti te estaba buscando, ahora te voy a sacar la madre por todas las que me has hecho, no corras cobarde! ...

lunes, 12 de enero de 2015

El suicida


La noche era oscura, de esas que convierten a la luz de los postes de la calle en apenas una sombra algo más clara que la oscuridad del asfalto. No me extrañó lo tarde que sonó el timbre, pues muchos saben que me quedo escribiendo líneas hasta altas horas de la noche, incluso pienso que esas son la mejores horas para escribir.
Al abrir la puerta vi a un sujeto embozado en una bufanda, y el rostro tapado con gafas y un enorme gorro. Supe que más que el frío invernal, eran las ganas de permanecer en el anonimato era la razón del exagerado atuendo, impresión confirmada más tarde cuando el desconocido buscó el rincón más oscuro de mi recibidor para empezar a explicar su visita.

-   Me han dicho que usted es escritor, y que no se niega a encargos…
-  Es cierto – respondí. No tenía nada que ocultar, y no era la primera vez que me veía en la situación de hacer un trabajo para un desconocido.  - Tal vez usted quiere una tesis, un trabajo universitario – Aventuré dando los encargos más comunes.
-  No, mi encargo es algo más… especial, algo fuera de lo común para usted…
-  Ah! - creí adivinar - un poema de amor, una carta romántica – y quiere que nadie sepa que no la escribió usted.
-   No trate de adivinar, por favor – me interrumpió con algo que parecía una sonrisa, pero que traslucía una mirada de odio a través de los gruesos anteojos. No daré más rodeos: quiero que escriba una nota de suicidio.

Mi sorpresa se vio sin duda reflejada en mi cara. No esperaba el encargo. Mirando atentamente lo poco que podía ver de su rostro, vi odio. Odio al mundo, odio a sí mismo, odio a la vida. Pero de todas maneras tenía que preguntar.
-   ¿Una carta de suicidio para usted? Pero eso es algo muy personal, y tendrá que darme más datos. - Entre mí pensaba que el trabajo representaba un reto interesante y la posibilidad de un cuento. El asunto me estaba gustando. No iba a perder mi tiempo tratando de disuadir a un desconocido, no tengo esas reservas morales. Si quiere matarse le alabaré el gusto, en realidad. Yo solo veía lo que podría sacar de la situación. Con unas palabras más que le sacará tendría suficiente para una buena historia.

Pero el cliente no estaba dispuesto a alargar el asunto. - No adelante conclusiones, por favor – respondió cortante – Una carta de suicidio no es más personal que una carta de amor, que usted sin duda ha hecho por encargo, y no necesita saber nada sobre el suicida. Baste decir que es una persona insignificante, sin ambiciones ni logros, alguien a quien el mundo no extrañará cuando no esté…

-          ¿Tal vez una decepción amorosa? ¿Problemas económicos? Debe darme al menos un pie para una justificación. – Estaba listo para escuchar una historia que convertiría en un cuento que podría vender a buen precio. Al fin y al cabo, en poco tiempo no quedaría nadie para reclamarme la paternidad de la historia.
El tono de las respuestas del desconocido mostraba a las claras la molestia que le causaba que yo tratara de deducir su historia, presa de mi vena de escritor.

-   Ya le dije, las razones se las dejo a usted, no necesita saber nada de la persona. Solamente necesito una carta de suicidio que sea convincente y que esté bien escrita, una carilla será suficiente. No necesita saber más.
-  Solo un detalle, por favor: ¿Cómo será el suicidio? Eso es importante para la carta. No es lo mismo una muerte por veneno que tirarse de un puente…
-   ¡No necesita nada! Si tanto pregunta, le diré que esta será la forma de la muerte… – Sacó levemente la mano del bolsillo para dejarme ver el mango de un revólver.
-  Está bien – le dije en tono tranquilizador, le puedo hacer la carta, pero el encargo representa un problema: El pago, usted comprenderá, deberá ser por adelantado, y en efectivo.
-  No hay problema en ello. Usted solo diga su precio y volveré en un par de horas con el dinero, usted me dará la carta, y concluiremos nuestro negocio.
-   ¿Solo un par de horas? Esto necesita un poco más…
-   Ya le dije, dos horas, usted ponga su precio y no hablaremos más. -  El desconocido se levantó con dirección a la puerta.
-  Está bien, acepto. Vuelva en dos horas y tendrá su carta.

Una vez solo otra vez, me puse a escribir febrilmente. La historia me había inspirado, basado en la expresión y en la actitud de mi cliente escribí una historia de mala suerte, de odio contra el mundo, de ganas de acabar con todo de una vez por todas. Estaba a punto de imprimir la hoja cuando me asaltó la duda: La carta no podía ser impresa, tenía que ser a mano, pues nadie se suicida dejando una carta impresa por computadora. Una carta de suicidio debe ser escrita a mano para ser creíble. Y además debe ser firmada. Entonces podría entregar la carta impresa para que mi cliente la copie a mano. Pero no creía que tuviera la paciencia para copiarla, y mientras más se dilata un suicidio mayor es el riesgo de que no se concrete. Tenía aún unos minutos antes de que llegue, así que decidí escribir la carta a mano. 

Cuando terminé, unos minutos después del plazo, todavía no sonaba el timbre. Las luces del alba ya empezaban a colarse por las ventanas y mis sospechas de que el desconocido se habría arrepentido crecían. No me importaba. Ya tenía una historia que contar. Lo que había propuesto por la carta, que no era poco, y lo que obtendría por el cuento, un negocio redondo. Apenas empezó a sonar la puerta ya estaba abriendo. Era el desconocido.
-  Le esperaba, ya tengo lista su carta. ¿Tiene el dinero?
-  Aquí está – Me dijo mostrando un fajo de billetes. Pero debo revisar la carta primero.
No tuve problema en mostrársela. El desconocido la leyó atentamente. Parecía estar conforme. 
–   Me parece perfecta. Incluso está manuscrita, eso es un magnífico detalle.
-  Si, se la doy manuscrita, pero usted tendrá que escribirla en otro papel y firmarla. Los investigadores de la policía deben identificar su letra y su firma.
-   No hará falta, está perfecta así…
-   Pero si no la escribe usted, se sospechará de un asesinato…
-  Ha estado usted equivocado todo el tiempo, amigo. Esto no es una novela policial, ni un cuento sobre un escritor buscando tema para su próxima obra – Sacó el revólver completamente de su bolsillo – Esto es una novela negra, y este fajo de billetes es lo que me pagaron por su muerte, indicando que tenía que parecer un suicidio – dijo apuntando el arma a mi cabeza.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Por Gustavo Cerati


¿Acaso pensabas sentarme a ver la lluvia de meteoritos desde tu cama?
¡Qué difícil es hablar hoy sin mencionar alguna frase de Gustavo Cerati! Hoy que por fin ha muerto (porque por más que lo hayamos deseado, sabíamos que no había otro final posible), podemos recordar lo que significó para cada uno de nosotros. Tal como sus canciones, su vida se prestaba a la interpretación personal de cada uno de nosotros.

Me verás volar por la ciudad de la furia…
¿Qué se siente cuando muere por fin alguien que ya estaba muerto? Digamos que es el fin de una etapa, una despedida a la adolescencia y a parte de mi juventud, cuando escuchaba en la radio la pegajosa “Te hacen falta vitaminas”, cuando fui a ver a Soda Stereo la primera vez que vinieron a Lima, cuando rompieron la platea en Viña del Mar, cuando el escuché completo el disco "Signos", cuando se negaron a venir a Lima en su última gira, dejándonos como consuelo el disco doble “El Último Concierto”, y cuando regresaron reunidos nuevamente para una última gira, recuerdo en esos días haber enseñado su música a mi sobrino, curioso por saber la razón de tanto alboroto por su llegada.

Ella usó mi cabeza como un revolver…
¿En realidad alguien entendía las letras de Cerati? Tal vez esa era parte del encanto. Frases que parecían poéticas, complicadas, evocadoras, metáforas de hechos desconocidos, lo que su imaginación decida. Tal vez, solo para ser disfrutadas en vez de analizadas, solo para dejarnos con la certeza de que había algo detrás de esas palabras.

Gracias… ¡Totales!
Hoy sabemos que estas palabras fueron en realidad un error de Cerati, cuando quiso despedirse y no sabía cómo terminar la frase. Sin embargo quedó como grabada como una frase muy Soda Stereo, una nueva forma de agradecer. Aunque hoy muy trillada, no hay otra forma de agradecer lo que nos dejó.

Como un efecto residual, yo siempre tomaré el desvío…
Solo como justificación, ya tenía una tontería lista para ser publicada hoy, pero a veces uno se siente obligado a escribir líneas apuradas sobre las cosas realmente importantes…

martes, 29 de abril de 2014

Cómo mueren los escritores


Con ocasión de la muerte de Gabriel García Márquez, tuve ganas de escribir algo, así que me puse a escribir hasta que se me pasara. Y así escribiendo, me puse a pensar que el Gabo tuvo la suerte de morir tranquilo en su cama, quizá recordando la soleada tarde en que empezó a garrapatear páginas en blanco. Y digo que tuvo la suerte, porque muchos escritores han muerto de manera difícil y notable. A manera de ejemplo, y para saciar mis ansias de sabelotodo, me dispongo a citar cómo es que mueren los grandes escritores de la historia:

Para empezar, el que es considerado el primer novelista de la historia. Petronio vivió en la Roma imperial, bajo el reinado de Nerón, en donde se desempeñaba con pompa y elegancia. Sus fiestas son recordadas hasta hoy, y congregaban a lo mejorcito de la alta sociedad romana. Durante sus ratos de ocio, que eran muchos, se daba a escribir, creando la primera novela, que se llamó “Satiricón”. El problema es que vivir cerca de Nerón implicaba muchos riesgos, y Petronio fue acusado de conspirar contra el emperador. Decidió lo que era normal en esos casos y en esa época, y se suicidó dejándose desangrar. Pero antes escribió una carta de despedida a Nerón, diciéndole todo lo que pensaba de él. Elegante hasta el final, diría yo.

Cervantes, el primer gran novelista moderno, murió de una manera apurada, enfermo de hidropesía, apenas a tiempo para dictar el prólogo de “Los trabajos de Persiles y Segismunda” y poder mandarlo a la imprenta.
Y si hablamos de Cervantes, hablemos también de Shakespeare, muerto después de una borrachera épica, aunque algunos sostienen – quizá para salvar el honor inglés – que fue envenenado.

La cuarta muerte corresponde a Voltaire, partidario de la supremacía de la razón y enemigo del clero, quien al sentirse enfermo, dejó encargado que no dejen entrar a sacerdote alguno aunque así lo pidiera. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Murió de convulsiones, y en los estertores de la muerte gritaba pidiendo la extremaunción, la que le fue negada de acuerdo a sus propias instrucciones.

Las muertes de los escritores norteamericanos son más conocidas por películas y por ser mencionadas en internet por quienes quieren pasar por cultos. Pasemos revista: Edgar Allan Poe, que fue encontrado en la calle tumbado y delirando antes de morir en el hospital a donde lo llevaron; Virginia Woolf, se llena los bolsillos de piedras para hundirse lentamente en el río; Hemingway, se suicida con su escopeta; Tennessee Williams, murió al tratar de mezclar alcohol y barbitúricos, lo que no logró, pues murió atorado por la tapa del frasco de pastillas. Y siguen casos.

Entre los autores peruanos, tenemos varias muertes para escoger. La primera será la de José Santos Chocano, “El Poeta de América”, quien se comparaba a sí mismo con Whitman. Aunque grande en su obra, su vida estaba llena de egoísmos de todo tamaño, lo que lo hizo de enemigos. Dentro de las rencillas políticas y literarias que eran el pan de cada día en Lima en aquel tiempo, Tomás Elmore escribió una crítica a Chocano, quien la tomó tan mal que lo asesinó en la propia entrada del diario donde trabajaba. Chocano usó de todas sus influencias políticas para no ser fusilado (que era la pena en ese tiempo), pero tuvo que irse a Chile, en donde se dedicó a la búsqueda de tesoros enterrados, hasta que fue a su vez asesinado en un tranvía de Santiago.

El puesto de Chocano como superestrella de la intelectualidad peruana fue ocupado poco después por Abraham Valdelomar, escritor que hubiera tenido una influencia mayor a la que tuvo de no haber muerto tempranamente en extrañas circunstancias. Se dice (aunque la versión es muy discutida) que cayó en una letrina del segundo piso de una casona en Ayacucho, y que la caída le provocó la muerte.
Si de morir joven se trata, se debe mencionar al poeta Javier Heraud, quien se fue a la selva peruana queriendo iniciar una revolución como la de Fidel Castro, y terminó arrestado por la policía tras una discusión política, huyó y fue abatido a tiros en la huida.

¿Otras muertes de escritores peruanos? Mariano Melgar, murió fusilado por insurgente; Manuel Scorza, murió en un accidente de aviación junto con otras 180 personas; José María Arguedas, se suicidó en medio de una depresión.


¿Quieren que siga? Ya es suficiente, creo yo. Con todo esto, a uno no le dan ya ganas de convertirse en escritor. Aunque aún nos queda esperanza. El Gabo, como dijimos al comienzo, murió en su cama tranquilamente, como corresponde a un Premio Nobel decente.

sábado, 1 de febrero de 2014

Suicidio


Todo empezó un día en que me sentía totalmente desanimado, sin ganas de vivir. Decidí entonces acabar con todo. Un frasco completo de pastillas seria suficiente. Una rápida revisión en mi botiquín reveló una nueva decepción: con solamente pastillas purgantes, píldoras naturistas y vitaminas milagrosas el resultado no es la muerte sino el ridículo o la muerte civil, que no es lo mismo. En la farmacia no tuve mayor problema para comprar el frasco más grande de calmantes que encontré. Al ser requerido por la receta por el empleado, bastó con decirle que tenia dos hijos y tres sobrinos en la casa. 

Una vez en mi casa me dispuse a partir de este mundo sin más contratiempos. Tomé una pastilla, luego otra y otra más. Al tomar la cuarta ya me sentía mucho mejor. Estos calmantes son realmente buenos, creo que voy a recomendarlos. Así que dejé por esa ocasión la idea del suicidio. Sin embargo, en los días siguientes me quedó la sensación de una tarea inacabada. La idea del suicidio fallido me empezó a atormentar, tenia que acabar lo que había empezado. 

Esto de elegir la mejor manera de matarse no es tarea fácil, dependiendo de cómo quiera uno que lo encuentren, o de cuánto dolor es capaz de aguantar en el intento. Entre los suicidas existe desde hace mucho tiempo la leyenda de aquel que encontró la manera perfecta de suicidarse, pero que lamentablemente, se llevó el secreto a la tumba.
Así que, después de pensarlo un poco, mi siguiente intento fue dirigirme a ese puente que tanta fama ha tenido en los últimos meses como lugar donde los suicidas hacen su ultimo clavado artístico. Llegué allí en las ultimas horas de la tarde, para darme con la sorpresa de que han puesto un guardia para evitar que la gente se lance al vacío. Parece que se ha declarado el suicidio como ilegal, cosa que me tendría sin cuidado si estuviera penado con la muerte, pero al parecer es una multa fuerte como para quitarle a uno las ganas de matarse. Esperé pacientemente a que el guardia se retire, mientras disfrutaba del paisaje del atardecer. Qué lugar tan bonito para suicidarse, pensaba mientras esperaba, con razón la gente se mata aquí. Cuando el guardia se fue, era ya de noche. Menos mal, ya me estaba dando frío. Al acercarme al puente, fui interceptado por dos matones que me quitaron todo lo que tenia, hasta las ganas de saltar. Inútil llamar al guardia para pedir ayuda, porque ya se había ido.

Desengañado por este intento,  busqué otra forma de irme del este mundo. Buscando un enfoque más tradicional, decidí tomar una siesta tumbado sobre las vías del tren. El caso es que me dormí, me desperté y no había ni rastros del tren, a pesar de haber considerado que los trenes aquí siempre se retrasan. Tuve que ir a la estación a poner mi queja por el mal servicio, solo para enterarme que los trabajadores están en huelga desde hace tres días. Ahora resulta que no me puedo suicidar por culpa del gobierno.
No habiendo posibilidades por ese lado, decidí intentar colgarme de una cuerda. No es el tipo de muerte que mas me gusta, eso de andarle sacando la lengua a la gente después de muerto no es mi estilo, pero es lo que hay. El intento fue otro fracaso, estos albañiles de ahora no saben ni hacer un techo sin que se caiga al menor peso, casi me rompo la espalda con la caída.

La siguiente vez tiene que resultar, si sigo fracasando en mi empeño voy a ser el hazmerreir en el club de suicidas en el que me he inscrito. Afortunadamente, en cada reunión veo a menos gente. Ya me quieren elegir presidente del club por ser el socio mas antiguo. Allí comparto algunas ideas con otros postulantes a muertos por propia mano, pero la mayoría de ideas son bastante desagradables. No estoy yo para tomarme un trago de insecticida o para hacerme la manicure en las muñecas con una hoja de afeitar. 
En una de las reuniones supe de uno que tuvo éxito yendo a la tribuna norte del estadio con una camiseta del otro equipo, pero el cuerpo quedó irreconocible. No, creo que iré a los acantilados de la playa a dar un salto a la eternidad. Si no me rompo la cabeza con las rocas, moriré ahogado, ya que no sé nadar.

Voy con la confianza de que esta vez no voy a fallar, pero al llegar encuentro una cola de gente con las mismas intenciones que yo. Es temporada alta de suicidios, me explica uno. El gobierno está haciendo un buen trabajo quitándole a la gente las ganas de vivir, acota otro. Cuando llega mi turno, por primera vez tengo dudas. Producto de la lucha interior entre saltar y no saltar, me quedo dudando unos momentos, hasta que me despierta el escándalo de los demás que están en la cola reclamando ¡Apúrese, señor, que estamos en la cola desde hace rato! ¡Oiga, tírese de una vez, que no tenemos todo el día! Producto de la presión popular, y antes de que algún impaciente me lance de un empujón que no he pedido, me preparo a saltar con muy pocas ganas. Doy un salto tan pequeño que no logro ganar altura y aterrizo en una saliente a pocos metros abajo de donde empecé. Justo en ese momento llega la policía, los bomberos y los reporteros de televisión. El rescate fue transmitido en la edición estelar del noticiero, editando el momento en que pasé de intento de suicidio a intento de asesinato de la reportera que me empezó a hacerme preguntas estúpidas del tipo ¿Se estaba usted suicidando? ¿Por qué se quiere suicidar? ¿Qué le diría a sus amigos?

Después de todo esto, lo único que me queda es buscar a un psicólogo en el hospital del seguro, donde un doctor mal pagado me escucha con cara de aburrido mientras empiezo con mi historia: Doctor, estas ganas de suicidarme me están matando...

martes, 14 de enero de 2014

Famosas últimas palabras


Después del último día de los muertos, me interesé por el tema de las últimas palabras, a raíz de la conversación que mantuve esa noche con un zombie que resultó bastante conversador. Eso de las últimas palabras es un fraude, me decía, la gente se aprovecha de que el muerto ya no está para refutar lo que dicen los parientes y testigos. Claro, hay gente interesada en que quede un bonito recuerdo del difunto, así que inventan alguna frase que trate de prolongar la memoria del fallecido como una persona inteligente e ingeniosa, cuando la verdad es que la última palabra es casi siempre un quejido o alguna palabra muy subida de tono.

Revisando la colección de últimas palabras dichas por los ricos y famosos, encontramos que aquellos que escucharon esas palabras eran gente interesada en que quedara una frase importante. Aunque el moribundo no haya estado en condiciones de hablar, el murmullo o balbuceo que salga será deformado, transformado, estirado y moldeado hasta que quede algo a la medida de lo que espera el público. 

Como en todo, podemos encontrar unas pocas excepciones. Veamos el caso de Sócrates, quien condenado a beber la cicuta, que es un trago amargo de verdad, tenía como testigos a sus amigos, pero también a los jueces, que no iban a dejar que se tergiversen sus últimas palabras. Todos esperaban que su despedida de este mundo sea una frase que resumiera toda su filosofía, que dejara un mensaje de esperanza, algo por lo menos inspirador para las generaciones futuras. ¿Y qué hizo Sócrates? Desperdició esa oportunidad de agregar una frase a los libros de historia y dijo antes de morir algo tan prosaico como “Le debo un gallo a Esculapio, hay que pagárselo”. Me imagino que sus discípulos al escuchar su último suspiro lo agitaron todavía un poco para que despierte y diga unas últimas palabras que realmente valgan la pena. Pero no había caso. Así quedó anotado y registrado.

Por eso, con ayuda de los zombies que se levantaron esa noche de los muertos y que accedieron a contestar mis preguntas, coloco aquí algunas de las verdaderas últimas palabras de gente que se murió en diversas circunstancias: 
  • Algún día, hijo mío, todo esto será tuyo… 
  • ¡Echen paja…! 
  • Estos bichos son inofensivos, fíjate lo que voy a hacer… 
  • Esta comida tiene un sabor un poco raro… ¿Qué le has echado? 
  • Deja de molestarme, yo sé lo que estoy haciendo… 
  • No me dolió… 
  • Tiene usted toda mi confianza, doctor… 
  • Y el nombre del asesino es… 
  • ¡Lo logramos, ya estamos a salvo…! 
  • ¡Es el cable rojo! ¡Corta el cable rojo! 
  • No te atreverás a dispararme, eres un cobarde… 
  • Ahora que lo pienso, sí existe un riesgo… 
  • ¡Yo me ofrezco como voluntario! 
  • Y ahora, agregamos el último ingrediente… 
  • ¡Claro que puedo hacerlo! 
  • Observen con atención el siguiente truco, nunca antes visto… 
  • No se enoje, Señor… ¡Todo fue una broma! 
  • Si, fui yo… ¿Y qué? 
  • No, no voy a esperar a que cambie la luz del semáforo… 

Como dije antes, hay palabras que quedan para la posteridad, y otras que quedan para el olvido.

-  ¿Así que se murió Don Laureano Cachivachi? ¿Y cuáles fueron sus últimas palabras? 
-  Le dijo a su hijo: “Desconéctame el televisor, pero no te vayas a equivocar de enchufe”

domingo, 27 de octubre de 2013

Tan lejos, tan cerca

Hay canciones, películas, momentos que le afectan a uno, y se vuelven parte de la vida. Las razones dependen de cada uno, de sus gustos, de su preferencia, de lo que ha vivido y de lo que ha aprendido en esta escuela de la vida, pues uno nunca sabe cuándo la vida le va a regalar una enseñanza. Esa escena o esa canción le acompañará el resto de su existencia. Esta en especial ocurrió hace bastante tiempo, pero - trampas de la memoria - solo hoy, que escribo este post, me he dado cuenta de que hace ya veinte años que vi esta película, afortunadamente en su versión con audio original y subtítulos. Y es por eso que recuerdo siempre su título en alemán: "In weiter ferne, so Nah" En español, fue presentada con la muy cercana traducción de "Tan Lejos, Tan Cerca".
La película tuvo, según recuerdo, un breve paso por la cartelera limeña, por lo que tuve que esperar un tiempo para verla en el cine club de la Filmoteca de Lima. En ese tiempo yo estudiaba alemán y me había aficionado a ver los ciclos de cine que presentaba la Filmoteca cuando aun estaba en el Museo de Arte del Paseo Colón.

La película me marcó mucho. La idea de los ángeles de la guarda que nos vigilan y nos cuidan es una que conservo hasta hoy. Especialmente la escena en que uno de los ángeles, representado por Nastassia Kinski, acompaña a un joven suicida en sus últimos momentos. Hasta ahora no puedo ver esa escena sin emocionarme profundamente. Ahora que reviso por internet escenas de la película, descubro que el tiempo no ha menguado la emoción que sentí cuando la vi por primera vez.


Como dije antes, tuve la suerte de ver la película en su versión original con subtítulos, pues parte de los diálogos son en alemán y parte en inglés, disgresión necesaria para permitir la actuación de estrellas americanas como Peter Falk y Willem Dafoe. Y esta es una de las críticas que se hizo en su momento a este filme, acusándolo de ser un producto hecho para venderse en el mercado internacional. No me parece el caso, y aunque así fuera, ojalá todas las películas comerciales fueran como esta.

Otra de las cosas que me impresionó de la película fue la canción "Stay" de U2. La mejor canción que ha hecho este grupo, y otra de las razones por las que escribo esto. Cada vez que la escucho, recuerdo la película, y me vuelvo a emocionar. Para mi, canción y película son inseparables, sin contar con que el video fue dirigido también por Wim Wenders, el director de la película (La relación entre Wim Wenders y Bono, y en general con la música, da para varios posts).

Cuando vi la película por primera vez, todo encajó perfectamente: El idioma alemán, el tema de los ángeles, la música. Los ángeles cuidando de las personas, obligados a ser testigos silenciosos, sin poder hacer nada para evitar su sufrimiento, ya que los humanos han dejado de escucharlos, y preguntándose por que los hombres han perdido el contacto con los ángeles. Es por eso que Cassiel (Otto Sanders) decide convertirse en humano, encontrándose con las mismas limitaciones que antes lamentara en la humanidad. Es entonces cuando surge la pregunta fundamental de la película, de labios de Lou Reed: ¿Por qué no puedo ser bueno?



Y esta es otra de las cosas que me dejó la película: Lou Reed. Desde esa vez empecé a escuchar más  música de él, supe que anteriormente había hecho u disco llamado precisamente "Berlin", y pasó a ser uno de mis autores preferidos. Pero siempre me quedó la pregunta que hiciera en el film:  ¿Por qué no puedo ser bueno?

Esta pregunta es en realidad el motivo de estas líneas, como un homenaje a Lou Reed. ¿Por qué no puedo ser bueno? Como él mismo dice en otra escena, Si lo supiera, sin duda te lo diría.

lunes, 13 de mayo de 2013

El regreso



No sé exactamente qué estaba haciendo por allí a esas horas, el caso es que me hallaba en una calle desconocida, pero a la vez con tantos elementos conocidos que me resultaba familiar, de modo que caminaba con cierta inseguridad, pero sin el temor que le provocan a uno las calles desconocidas. Fue entonces cuando la vi. Más exacto sería decir que fue ella la que me vio. Cuando me di cuenta ella ya había recorrido con su caminar apurado la distancia que nos separaba. La situación era extraña, pero al mismo tiempo tan natural, que me quedé inmóvil en la vereda, sin saber qué hacer. Ella se dio cuenta, por supuesto, y parecía gozar íntimamente con mi confusión.
-   ¡Hola! ¿Qué? ¿Ya no te acuerdas?

Su saludo, tan natural como si hubiera sido ayer la última vez que nos vimos, no hizo más que aumentar mi estupor. Solo pude responder con un “Hola” automático y sin fuerza.
-    ¡Vamos! ¡A veces las personas regresan!

Tuve que aceptar su argumento y el abrazo que me ofrecía, tratando de ocultar, sin saber por qué, lo mucho que la había extrañado, esfuerzo inútil, pues ella no había perdido la costumbre de leer todos mis pensamientos como si los tuviera escritos en el rostro. Fuimos caminando como en los viejos tiempos, con su cabeza recostada en mi hombro, recuperando mi andar la firmeza de antaño. En un momento dejé de lado todo lo que había pasado y me entregué a la naturalidad de su conversación casual.
-   Hace mucho que no estábamos así ¿Verdad?
-   Es cierto, te había afectado mucho cuando me fui, y estuviste triste un buen tiempo…
-   ¿Cómo lo sabes?
-   ¡Ah! Te voy a contar un secreto: De vez en cuando regresaba a verte, para ver cómo estabas, pero sin que tú me vieras… Sé que tardaste mucho para volver a sonreír…
-   Es que cuando tú me dejaste…

Una gran sonrisa apareció en su rostro, y yo me rendí ante ella. Ya casi había olvidado el efecto que me causaba su sonrisa, esa sensación de felicidad al ver su rostro. Caminábamos sin prisa, sin rumbo fijo, o al menos eso me parecía al comienzo, pues aunque íbamos juntos sentía que era ella quien guiaba. Pronto tuve la sensación de que íbamos hacia un lugar en especial, el cual no podía determinar. A decir verdad, tampoco le prestaba atención. Solo quería aprovechar este momento de estar juntos otra vez. Nuestra conversación giraba solo alrededor de nosotros, sin pesadumbres, sin remordimientos, sin pasado.
-  Yo nunca te dejé, siempre estuve cerca…
-   ¿Y por qué entonces no me dejaste verte?
-   Donde estoy ahora, tiene otras reglas… No podemos vernos como antes… Tú me entiendes ¿Verdad?
-   No. No entiendo, por qué no podemos volver a estar juntos…
-   Porque no podemos, nada más. Hoy me estoy escapando un rato para estar contigo, alégrate porque no siempre puedo…
-   Quédate conmigo otra vez… Volvamos de nuevo…
-   Sabes que no puedo – me dijo riendo – Eres un tonto…
En ese momento ambos recordamos la frase que ella siempre me decía, y la completamos al mismo tiempo.
-   ¡Pero al menos soy tu tonto!

Hacía mucho tiempo que no soltaba una carcajada así. Aunque no recordaba exactamente cuándo, sabía que la última vez había sido con ella. Y esa vez, como ahora, ella me había acompañado ruidosamente. En ese momento volví a ser el de ese tiempo, como si los meses desde su partida no hubiesen existido, y la felicidad se hubiera convertido en un instante eterno. Nada nos había pasado, éramos nuevamente los dos, nuevamente estábamos juntos y nos amábamos. Pero fue ella quien rompió el momento.
-    Ya está, hemos llegado ¡Y no me preguntes a dónde, porque tú no te has olvidado de este sitio!
Era cierto. Reconocí al instante el lugar. Era nuestro sitio. Un parque no muy grande donde yo la esperaba cada vez que me llamaba diciendo que se escapaba del trabajo, Allí nos sentábamos en la hierba y simplemente dejábamos pasar el tiempo juntos. De pronto comprendí que ella me había llevado hasta aquí para despedirse. Si tenía que irse, no la dejaría irse triste.
-   Gracias por venir a verme… Te extrañaba…

Ella puso su mano en mi pecho.
-   Yo sé lo que pasa aquí dentro. Estoy bien, no llores por mí. Estaré cerca si es que me necesitas alguna vez.
-  Quisiera que no te vayas…
-   Tú sabes cómo son estas cosas… No puedo… Pero, ¿Quién sabe? Tal vez un día de estos me aparezca por aquí… Adiós… Solo había venido para que no te olvides de hoy… Recuerdas ¿Verdad?

Miro el calendario en mi reloj y vuelvo a ver el parque. Todo parece igual. Allí está el árbol, las bancas, las flores en el centro del césped y las que bordean las veredas. El tiempo no ha pasado. Solo la fecha me recuerda que hoy, hace un año, ella murió.

martes, 30 de octubre de 2012

La noche de los muertos


La noche de halloween, todos los muertos se levantan de sus tumbas para espantar a los vivos. Muchos se disfrazan de niños pidiendo caramelos por las calles. Otros se levantan como zombies buscando cerebros para comérselos, búsqueda cada año más inútil gracias al buen trabajo que hacen el reggaetón y la televisión para descerebrar a la gente.

Los mounstruos tampoco pasan una buena época en estos días. Al pobre Frankenstein los niños lo confunden con uno de los muñecos disfrazados que se ven en los centros comerciales y lo agarran a patadas. Drácula se ha ido a ver a un abogado para demandar a los productores de "Crepúsculo", que tan mala fama le están haciendo. El otrora digno conde ya no puede salir a la calle sin que las niñas le pregunten si conoce o tiene algo que ver con el flaco paliducho de las películas. Además está el riesgo de que en una mala mordida le toque un portador de VIH, ahora que el seguro médico está tan caro y las empresas de salud no lo quieren atender con la tonta excusa de que el señor vampiro ya está muerto, y por lo tanto el seguro ya no lo puede cubrir. Por último, al hombre lobo da pena verlo ahora, sarnoso y con pulgas, como perro callejero, y con funcionarios municipales persiguiéndolo para castrarlo.

Así las cosas, me voy al lugar más animado está noche, que es paradójicamente el cementerio. Al llegar me encuentro con un flashmob del video de "Thriller" de Michael Jackson. Ah, no, son los muertos que se están levantando en protesta por el costo de vida. Son zombies que están buscando cerebros, y acaban de pasar por una dependencia estatal, que es como un restaurante de comida chatarra para ellos, porque es pura comida que llena un rato, pero en realidad no alimenta. Afortunadamente mi condición de tonto me salva de molestos apetitos. Los zombies saben muy bien que uno es lo que come, y nadie quiere comerse el cerebro de un tonto. Aprovecharé para hacerles unas preguntas a los muertos.

- Don zombie, Don zombie, contésteme ¿Qué hay más allá de la muerte?
- A mí me mató la mafia por saber demasiado... ¿Y todavía quieres que te conteste?
Este no me salió muy colaborador. Vamos a ver este otro.

- Y usted, señor, ¿Por qué se ha levantado de la tumba?
- Yo morí de amor y voy en busca de mi amada...
- No es que le quiera desanimar, pero... Si la mujer no le hacía caso cuando estaba vivo y sano ¿Cree que le va a corresponder ahora que está muerto y putrefacto?
Que curioso, nunca había visto a un zombie suicidándose.

Decido cambiar de estrategia y pregunto en voz alta a todo el espectral grupo: ¿No hay nadie famoso por aquí? ¿De repente Michael Jackson o Elvis Presley?
- No seas tonto - Me replica un muerto - Todos saben que Elvis está vivo y vive en una casa de retirados en California...

Se me ocurre otra idea. - Oigan, ¿Nadie quiere ir a la discoteca de la esquina a mover el esqueleto?
- Yo me morí de artritis...
- No sean así, ¡Hay que vivir la vida!
- Otro chistoso...
Nada que hacer, estos muertos no son muy animados.

Ante la poca respuesta de los muertos, me fui a celebrar el día de la canción criolla en un sitio muy bueno donde se tocaba el cajón y cantaba el Zambo Cavero.
- ¡Oiga Inge, ese ya está muerto!
- ¡A la pucha, que me he estado divirtiendo con los muertos toda la noche!

lunes, 13 de agosto de 2012

La criatura del supermercado



Nadie sabe exactamente lo que sucedió, ni por qué sucedió. Simplemente sucedió. Aquel supermercado hasta entonces no se había distinguido especialmente por nada, dentro de la gran cadena de autoservicios. No era el más concurrido ni el peor de la cadena, no tenía ninguna característica que lo hiciera único. Hasta que empezaron a ocurrir cosas extrañas.

Una mañana, uno de los empleados encontró el estante de fideos totalmente desordenado y lleno de paquetes rotos. Aunque los empleados del turno anterior juraron y rejuraron que habían dejado todo en orden a la hora de retirarse, fueron amonestados por su falta a las normas de la cadena. Cuando esto volvió a ocurrir a los pocos días en el estante de los pescados en conserva, el administrador del local tomó la decisión de remplazar al personal de limpieza del turno noche, y tomar a un personal más comprometido con su trabajo. Esto no detuvo los incidentes. Se empezó a pensar en actos de vandalismo, en algún empleado descontento o en una broma complicada. Empezó la investigación de los antecedentes del personal actual y antiguo. Esto llevó a nuevos despidos, ocasionando desconfianza entre el personal, pero no a la disminución de los incidentes.

Los investigadores enviados por la oficina principal tampoco encontraron responsables. Las cámaras de seguridad no pudieron dilucidar el misterio. En la cinta de video más clara se podía ver cómo el estante de verduras parecía estallar por dentro, arrojando tomates, alverjas y coliflores en todas direcciones. Una investigación de la escena del crimen arrojó datos inquietantes: pequeñas mordidas en los vegetales y extrañas huellas que no se pudieron identificar. Se pensó ahora en una plaga de ratas, por lo que se llamó a un exterminador. El exterminador contratado por la empresa comenzó su tarea con gran profesionalismo y pidió quedarse en la noche. A la mañana siguiente lo encontraron paralizado de terror, incapaz de pronunciar una palabra. Ninguna otra empresa de exterminación de plagas quiso tomar el caso, a pesar de las ofertas económicas de la casa matriz. A falta de una mejor medida para solucionar el caso, el administrador del local fue despedido por su incompetencia en solucionar el problema.

A pesar de todo, el supermercado siguió funcionando casi con normalidad. El nuevo personal de limpieza se acostumbró a limpiar los estropicios que encontraba cada cierto tiempo en cualquiera de los pasillos. El nuevo administrador se preocupó de mantener la calma en el personal e hizo que tomaran las cosas como una peculiaridad sin importancia. Así se mantuvieron las cosas durante un tiempo, hasta que un día, una clienta acudió airada a la recepción, quejándose del disfraz tan horrible de uno de los dependientes que promocionaba algún producto. Llamado el administrador inmediatamente, se llamó a todos los vendedores disfrazados que había en el supermercado. Aunque acudieron los representantes disfrazados de la mascota de un dentífrico, una marca de celulares, un preparado para bebés y una línea de galletas, ninguno coincidía con las señas dadas por la clienta, señora de edad que tampoco parecía del tipo de los que gastan bromas en los establecimientos públicos.

Fue entonces que salieron a flote todas las habladurías que ya circulaban desde antes entre empleados y proveedores del supermercado. La gente especulaba sobre el posible efecto del yogurt caducado derramado sobre los alimentos transgénicos, sobre la mutación producida en las ratas alimentadas con hamburguesas llenas de preservantes artificiales y cosas por el estilo. No tardó la noticia en llegar a los oídos de los clientes. Se sabe que la mejor manera de hacer que todo el mundo se entere de algo es obligar a la gente a guardar el secreto.

Si no se puede guardar el secreto, entonces hay que utilizarlo en nuestro favor, pensó el administrador, hombre educado en las últimas tendencias de la administración de autoservicios. Se dijo a los periodistas que venían a cubrir la noticia que se trataba de la nueva campaña publicitaria de la cadena de autoservicios, y se lanzó la promoción “Encuentre al monstruo”, con jugosos premios en vales de compra y productos seleccionados. El supermercado de pronto se llenó de gente que compraba, paseaba por todos los pasillos y revisaba los estantes en busca de la elusiva criatura. Al poco tiempo los empleados ya no sabían si los destrozos encontrados eran causados por la criatura o por los clientes que la buscaban. Pero el pequeño supermercado se convirtió en el más rentable de la cadena, así que el detalle fue pasado por alto. Los gastos de la mercadería perdida, la limpieza de las huellas que cada vez se hacían más grandes y los estropicios de los clientes en su búsqueda eran recuperados ampliamente por el incremento de las ventas.

Hoy, la cadena de autoservicios ha adoptado como mascota corporativa a un monstruo que recuerda vagamente a la descripción dada por la clienta que lo vio por primera vez; los pasillos están siempre llenos, la gente no deja de comprar y el éxito económico es innegable. A nadie parece importarle que de vez en cuando se escuche por la perifonía del supermercado: “Atención, personal de limpieza, acercarse al pasillo 7, apareció otro cadáver”.
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