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lunes, 15 de mayo de 2023

Las alas caídas



Hace tiempo, cuando yo aún creía en los milagros, recuerdo que vi en la ventana de una tienda del barrio, aquel par de alas. Por esos días no era tan frecuente ver negocios que colocan un par de alas para que la clientela se tome selfies, pero aun así todos podíamos ver que eso no era algo ordinario. Bastaba verlas para darse cuenta de que eran unas alas verdaderas, no eran de fibra sintética, ni mostraban signos de manufactura humana. Eran de una sola pieza, y las plumas parecían verdaderamente haber crecido desde la estructura de carne seca. 

Al preguntar al viejo dueño de la tienda sobre el origen de las alas, no podía obtenerse nunca una respuesta clara. A fuerza de insistir y preguntar, pudimos sacar en claro que un día, alguien llegó a la tienda para tratar de conseguir algunas monedas por las alas. El viejo accedió por pena, por curiosidad, o por no ver aquellas magníficas alas perderse quién sabe dónde. Fue solo después de un tiempo que accedió a colocarlas en la ventana para permitir a los clientes tomarse fotos fingiendo ser ángeles, siempre bajo la promesa de tener el máximo cuidado. Era una precaución inútil, pues aunque las alas eran muy livianas y tenían un aspecto delicado, demostraron ser bastante fuertes, y nunca recibieron un verdadero daño por parte de aquellos clientes descuidados que nunca faltan. 

Una vez, alguien del barrio llevó a la tienda a una estudiante de veterinaria, para revisar cuidadosamente las alas. Al llegar, declaró que demostraría que solo se trataba de un producto hábilmente manufacturado, o al menos un par de alas de albatros tratado con pericia para evitar su descomposición. Luego del examen, realizado ante los ojos de la multitud expectante, el estudiante declaró que las alas no eran falsas, pero era incapaz de identificar el tipo de ave al que pertenecían. No conocía ave alguna con alas de esa forma y de ese color blanco. 

La leyenda de que eran verdaderas alas de ángel las que estaban colgadas en la ventana de la tienda se difundió y fue objeto de acaloradas discusiones entre el gentío que abarrotaba el establecimiento. Se formaron entonces los partidos de quienes creían en una intervención milagrosa y la extrapolaban a una prueba de la existencia de Dios, los ángeles y los espíritus; y aquellos que lo descalificaban como un simple truco para obtener mayor clientela. 

Se recordó por entonces un confuso episodio de pocos meses atrás, en que personas afirmaron haber visto en una mañana de lunes a un hombre que apareció de pronto en una calle, que también portaba unas alas semejantes, y que salió volando antes de responder a la multitud que se congregó en aquel momento. 

La fábula del ángel caído despertó tantas controversias y discusiones que el viejo propietario se vio obligado a sacar las alas de la ventana y colocarlas en el techo sobre el mostrador, lejos del alcance de los clientes, ante el temor de un atentado. 

Poco a poco, la novedad fue pasando, la gente volvió a hablar de deportes y política, y los ánimos se calmaron a tal punto que fuimos pocos los que preguntamos cuando las alas desaparecieron del techo sobre el mostrador. Nuevamente preguntamos y repreguntamos hasta que el viejo tendero nos confió que una mañana un hombre apareció en la tienda y pidió comprar el par de alas. El viejo accedió de inmediato, pues reconoció en el hombre a aquel a quien había comprado las alas hacía ya tiempo, pero no aceptó ningún pago a cambio, por vergüenza, por honor, o porque simplemente sintió que no era correcto. 

Entre todas las vueltas y medias respuestas que nos daba el viejo cuando insistíamos en que nos cuente la historia, nunca pudimos saber si era verdad o solo había imaginado o deseado que el desconocido, al recibir las alas, se las colocó en la espalda y, después de agradecer al tendero, salió a la calle y levantó un vuelo tranquilo hasta perderse en el cielo gris de la ciudad.

lunes, 20 de septiembre de 2021

A falta de algo mejor



No se lo digan a nadie, pero hoy no he tenido nada que valga la pena poner por aquí. Afortunadamente, tengo una caja de esas con tapa de vidrio que hay que romper en caso de emergencia, y que contiene algunos recortes de posts ajenos para una eventualidad de fin del mundo, ataque de zombies, invasión extraterrestre o falta de inspiración. A usarlo y seguir buscando en la blogósfera para el siguiente caso de emergencia. 

El primero
Un día, los ángeles capataces que pasaban a cosas, los planos hechos por Dios, le hicieron llegar, por medio de los ingenieros creativos, una pregunta: ¿De qué habrían de hacer mayor cantidad, de oro o de chocolate? Todos los ángeles, en sus niveles, discutieron mucho sobre el particular. Dios se tomó su tiempo. Y, al final, decidió que en la Tierra hubiera muchísima más cantidad de chocolate que de oro. No emitió razón de su orden, por lo que se desató gran discusión, ahora, no por decidir cuál de las dos sustancias debía ser más abundante, eso estaba claro, sino por cuáles habían sido las razones divinas para la decisión. La riqueza es menos que el gusto. El chocolate se extiende más, y otras intricadas razones que, hoy, únicamente los teólogos podrían elucidar. Ninguna convencía a los demás. Entonces, sonó la voz del más niño de los querubines, que, a pesar de su delgadez y finura, logró callar a todos: 
 – Dios ha elegido al chocolate, porque es goloso. 

Y, al punto, se acabó la discusión, y todas las legiones de ángeles, pudieron seguir a lo suyo.

(http://oficiodescribir.blogspot.com/2021/02/enxiemplo-del-oro-y-del-chocolate.html)

...

El segundo
Tuve un sueño terrible, 
un punto me corría 
y al doblar en la esquina 
un gerundio me seguía. 
Mientras corría espantada, 
una coma me alcanzó Y me dijo: olvidaste 
ponerme en una oración. 
El pretérito perfecto 
a la cárcel me llevó, 
y mi futuro imperfecto 
un traje a rayas me dio. 
El punto vino a mi celda 
y me dijo con dolor: 
No respetas ni una tilde 
¡Nos crispas con tanto error! 
¡Ay reglas de ortografía! 
Perdonen mi puntuación, 
mis acentos y mis verbos, 
rogué… mas ninguno me escuchó. 
El alfabeto era el juez. 
Un diptongo mi abogado, 
me mandaron a la cárcel, 
sin paréntesis… y al primario. 

(https://pensamientosreflexionesamor.blogspot.com/2021/04/poema-la-ortografiareedito-de-2019.html)

martes, 25 de agosto de 2020

Dios y el Paraíso


Dios
Mire, joven, de que creo en Dios, sí creo, pero lo que no creo es que sea así como dicen, o a lo mejor sí, pero… ¿Cómo le explico? Que Dios lo sabe todo y lo puede todo, claro que sí, pero eso no significa que se meta en pleito ajeno… Así como la Doña Macarena ¿La conoce? Si usted le pregunta se sabe todito lo que pasa en el pueblo, y de poder ayudar a arreglar las cosas también puede, pero no lo hace porque no es metiche… Igualito debe ser Dios, a veces no tendrá ganas de meterse, pues… se cansará de vernos pelearnos por las mismas cosas siempre, y solo se mete cuando ya hacen mucho escándalo, así debe ser... 

El Paraíso
Todo cambio es bueno, piensa en ello como una nueva oportunidad de empezar nuevamente sin cometer los mismos errores. Es un retroceso temporal. La vida te está poniendo a prueba, la mejor manera de crecer es afrontando las dificultades, estás herido pero no vencido, y regresarás más fuerte que nunca. Este es un nuevo reto, recuerda que eres más grande que todos tus problemas, los obstáculos se hicieron para ser superados, es hora de dejar atrás el pasado y enfrentar al futuro con decisión y esperanza. Estas y otras cosas le decía el ángel que acompañaba a Adán hasta las puertas del Paraíso de donde lo estaban expulsando.

jueves, 5 de junio de 2014

Dios visitará tu casa


En una casa decente y honrada, de esas que mantienen a la vez pobreza y dignidad, en un pueblo tan alejado de los grandes problemas del país como de los beneficios del progreso, vivía un hombre que vivía tan tranquilo como lo permitía su modesta condición económica. La casa, una chacra que a duras penas rendía paltas y naranjas, amén de unos cuantos pollos y patos completaban el patrimonio familiar. Le llamaremos Renato, que es un nombre tan común como cualquier otro.

Para dar una mejor idea de esta persona, podemos decir que no soñaba. No quiere esto decir que no tuviera sueños, que si los tenía, como los tiene cualquier persona, que sueña con un destino mejor para sus hijos, una mejor casa, y poder reparar al fin todos los daños que ocasionó sobre su casa y su chacra la crecida del río, que fue tan fuerte hace dos temporadas. No, lo que queremos decir es que Renato no soñaba al dormir por las noches. La razón era tal vez que nuestro hombre salía al amanecer a las labores agrícolas, al mediodía hacía el camino al pueblo para conseguir provisiones y tratar con comerciantes por sus cosechas, para hacer el camino de regreso a la chacra y luego a su casa a donde aún ayudaba a su esposa en pequeñas tareas, y llegaba a su lecho tan agotado que no soñaba por las noches.

Por eso fue que se sorprendió tanto cuando soñó una noche. Y el sueño era además uno muy especial. Soñó que iba por el camino que recorría todos los días y se le aparecía un ángel de brillantes vestiduras. El hombre, sorprendido de aquella visión, pensó, dentro de su sueño, que le había llegado la muerte mientras dormía, pero no era así. El ángel le dijo con dulces palabras que no tuviera miedo, que solo le acompañaría un trecho, lo suficiente para anunciarle que recibiría la visita de Dios el siguiente sábado, y que tendría que estar preparado para cuando aquello pase. El buen Renato vio alejarse al ángel con un paso leve que no dejaba huellas ni manchaba sus vestiduras, a pesar de que el camino estaba lleno de barro por la lluvia de la noche anterior. Al despertar, se quedó pensando en lo sucedido, si sería realidad lo había vivido o sería solo un sueño sin significado ni premonición. Al comentar este hecho con su esposa, ella estuvo de acuerdo en que el sueño debía tomarse seriamente y habría que preparar la casa para la visita de Dios. ¿Pero cómo preparar su humilde vivienda para esa visita? La fecha prometida estaba a dos días, demasiado cerca para pintar la casa o arreglar el jardín, comprar cosas con qué adornar la sala, o siquiera para pedir la ayuda de su hermano, que había trabajado en la ciudad varios años y conocía mejor los protocolos para recibir visitas distinguidas.

Confuso aún, fue a la pequeña iglesia del pueblo a hablar con el cura. El sacerdote, al oír la historia, la descalificó como un simple sueño. ¡Cómo crees que Dios te va a visitar! Dios no se va a aparecer en este pueblo olvidado, y menos alguien que va a la iglesia solo en las fiestas, se toma sus tragos y no colabora cuando pasan la canasta en la misa, le explicó el cura. A la salida de la iglesia, al ver la cara de desconsuelo de nuestro hombre, se le acercó un sujeto que había venido hacía algunos meses al pueblo con una biblia de tapas negras y hojas llenas de marcadores. Le habló del verdadero Dios, de cómo prohíbe adorar imágenes, de la cercanía del fin del mundo. Cuando al fin dejó de hablar un momento, el hombre empezó a narrar su sueño. El extraño ni siquiera lo dejó terminar. Eso es una trampa del demonio, que te quiere confundir, le dijo. Dios no visita a las personas, y los ángeles solo vendrán a la tierra para anunciar el fin del mundo. Inmediatamente quiso leerle todas las referencias que tenía marcadas sobre el tema en su Biblia para mostrarle su error. El evangelista no se sintió satisfecho hasta que Don Renato le aceptó unos folletitos y le hizo concordar en que era imposible que Dios visitara a alguien que no sigue las enseñanzas de la Biblia.
Incapaz de obtener ayuda sobre cómo recibir a Dios en su casa, Renato regresó dispuesto a hacer lo que mejor pudiera para recibir la visita. Esa noche decidió con su esposa que arreglaría la casa lo mejor que pudiera. Llamarían también a sus hermanos y cuñados para que estuvieran presentes. Los trabajos de la chacra podrían soportar dos días de desatención a la vista de este mucho más importante evento.

La tarea resultó mucho más fácil de decir que de hacer. Consiguió prestado un poco de pintura del local comunal para pintar el pequeño comedor de la casa, ya que no tenía sala dónde recibir visitas. Se aseguró también de colocar mallas en la puerta que daba al corral, de manera que los pollos no pasaran como lo hacían siempre y no interrumpieran la comida. La señora decidió por su parte que lo mejor sería hacer ese caldo de gallina que con tantas ganas alababa la familia cuando había una fiesta. También haría un chancho al horno con hierbas que estaba segura le gustaría mucho a Dios. Pidieron ayuda a los vecinos para terminar con los arreglos. Todos consideraban la idea como una locura, pero varios ayudaron a la familia. Los hijos también ayudaron en cuanto vinieron del colegio, poniendo el mantel, algunas flores, y trayendo frutas de la chacra. Cuando la esposa de Renato se dio cuenta de que más que ayudar, estorbaban, los puso a practicar el Padrenuestro para que puedan decirlo sin equivocación al servir el almuerzo.

El problema era que cada vez aparecían más detalles que arreglar, y cada solución parecía generar un problema mayor. Primero se remplazó el fluorescente de la entrada y el cambio obligó a reparar el cableado, luego un vecino ofreció una mesa más grande para los invitados, la familia y dos o tres sitios adicionales por si acaso, pero resultó que la mesa no podía entrar por la pequeña puerta de la casa, el perro fue amarrado con una correa fuera de la casa, pero empezó a aullar lastimeramente. Las preguntas iban y venían con todos los que ayudaban ¿Era verdad todo aquello del sueño? ¿Sería bueno poner imágenes religiosas en la pared? ¿Dios vendría solo o traería a su hijo? ¿El ángel que se le apareció en sueños vendría también? ¿Tenía una Biblia en buen estado que pudiera colocar en la mesa? ¿Servirían cerveza con la comida o vino?
Los arreglos duraron hasta tarde en la noche, pero al final todo quedó listo. Los parientes que habían sido llamados durmieron en donde pudieron dentro de la casa para poder estar desde temprano al día siguiente. No todos creían en lo de la visita divina, pero tampoco iban a desaprovechar la ocasión de una comida.
En la mañana el desayuno fue largo y con los parientes, cada quien tratando de imponer su criterio en cuanto a lo que ocurriría. El más joven de los hermanos de la señora insistía en que contaría sus famosos chistes colorados solo para ver si Dios se reía de ellos. Uno de los cuñados trataba de convencer al dueño de la casa de que sería conveniente hacer pedidos al ilustre visitante, de lo mucho que necesitaban un año de buenas cosechas, en que los animales parieran mucho, y que les den buenos precios por ellos. Pide también algo para ti, no seas tonto, dile que te haga rico, interrumpía su esposa.

Al legar la hora del almuerzo, la señora indicaba por enésima a sus hijos que debían portarse bien, que no debían pelearse en la mesa, que debían comer toda su comida, agradecer al terminar, que debían, en fin, portarse como nunca se habían portado en su vida. A eso de las dos de la tarde, el dueño de la casa ya estaba cansado de responder que el ángel no le había indicado la hora exacta en que llegaría Dios, de salir a la puerta ante todo el grupo de vecinos para decir que Dios no había llegado todavía y que no sabía a qué hora vendría. Tuvo que espantar al tipo que trató de leerle la Biblia el día anterior, que había traído a un grupo que intentaba colocarse en la puerta para cantar canciones religiosas, repartir revistitas y trataba de convencer a los demás vecinos de que solo ellos eran los verdaderos cristianos. A las cinco de la tarde, cuando todos estaban ya cansados de esperar de pie, los niños estaban más incómodos que nunca a causa de la ropa almidonada y de las constantes reconvenciones de la madre para que no se despeinen, decidieron almorzar ligeramente, no sea que Dios vaya a llegar para la cena en lugar de para el almuerzo. La familia insistió en que el chancho no tendría igual sabor y debían comérselo todo, en caso de que Dios no viniera.
Ya era tarde en la noche cuando los vecinos que habían estado aguardando afuera de la casa empezaron a irse. Uno de ellos incluso tocó la puerta para burlarse diciendo que era Dios y que se había demorado en el tráfico. Hasta los hermanos de Renato, sus cuñados y sus respectivos hijos se fueron, después de agradecer la comida y la cena, aunque con una sonrisa burlona en los rostros. Al final, solo quedó el pobre hombre, su esposa y sus dos hijos, la misma familia que era antes de tener el sueño del ángel. Todo había salido mal, había descuidado su trabajo, se había convertido en la risa del pueblo, había pedido muchas cosas prestadas que tenía que reponer o devolver. El único consuelo que tenía era que había hecho lo que le parecía correcto a pesar de todo, y que si todo sucediera de nuevo haría todo de la misma manera. Este pensamiento le tranquilizó lo suficiente como para para dormir sin culpas esa noche. Para entonces estaba tan cansado que creyó que ya no volvería a soñar, pero se equivocaba. 
Otra vez tuvo un sueño. Y el sueño era que estaba en su casa con su familia, tomando el desayuno del domingo, cuando oyó que golpeaban la puerta.

La señora abrió para ver que era Dios, disculpándose por la tardanza. No quedaba nada de la noche anterior, así que no le quedaba nada por ofrecer sino el pan que estaba comiendo. Dios lo aceptó con alegría y lo partió de modo que alcanzó para todos en la mesa. Así estuvieron compartiendo el pobre desayuno, conversando alegremente hasta media mañana, en que Dios, respetuosamente se levantó para despedirse. Toda la familia se quedó en la puerta viendo a Dios irse caminando, dejándoles una sensación de alegría en los corazones. El hombre despertó del sueño de pronto, sin comprender exactamente lo que había pasado hasta que trató de contar aquel sueño a su esposa. No fue necesario, como tampoco necesitó despertar a sus hijos para cantarles el sueño. Todos habían tenido el mismo sueño, todos habían desayunado, conversado y compartido con Dios ese día.

domingo, 27 de octubre de 2013

Tan lejos, tan cerca

Hay canciones, películas, momentos que le afectan a uno, y se vuelven parte de la vida. Las razones dependen de cada uno, de sus gustos, de su preferencia, de lo que ha vivido y de lo que ha aprendido en esta escuela de la vida, pues uno nunca sabe cuándo la vida le va a regalar una enseñanza. Esa escena o esa canción le acompañará el resto de su existencia. Esta en especial ocurrió hace bastante tiempo, pero - trampas de la memoria - solo hoy, que escribo este post, me he dado cuenta de que hace ya veinte años que vi esta película, afortunadamente en su versión con audio original y subtítulos. Y es por eso que recuerdo siempre su título en alemán: "In weiter ferne, so Nah" En español, fue presentada con la muy cercana traducción de "Tan Lejos, Tan Cerca".
La película tuvo, según recuerdo, un breve paso por la cartelera limeña, por lo que tuve que esperar un tiempo para verla en el cine club de la Filmoteca de Lima. En ese tiempo yo estudiaba alemán y me había aficionado a ver los ciclos de cine que presentaba la Filmoteca cuando aun estaba en el Museo de Arte del Paseo Colón.

La película me marcó mucho. La idea de los ángeles de la guarda que nos vigilan y nos cuidan es una que conservo hasta hoy. Especialmente la escena en que uno de los ángeles, representado por Nastassia Kinski, acompaña a un joven suicida en sus últimos momentos. Hasta ahora no puedo ver esa escena sin emocionarme profundamente. Ahora que reviso por internet escenas de la película, descubro que el tiempo no ha menguado la emoción que sentí cuando la vi por primera vez.


Como dije antes, tuve la suerte de ver la película en su versión original con subtítulos, pues parte de los diálogos son en alemán y parte en inglés, disgresión necesaria para permitir la actuación de estrellas americanas como Peter Falk y Willem Dafoe. Y esta es una de las críticas que se hizo en su momento a este filme, acusándolo de ser un producto hecho para venderse en el mercado internacional. No me parece el caso, y aunque así fuera, ojalá todas las películas comerciales fueran como esta.

Otra de las cosas que me impresionó de la película fue la canción "Stay" de U2. La mejor canción que ha hecho este grupo, y otra de las razones por las que escribo esto. Cada vez que la escucho, recuerdo la película, y me vuelvo a emocionar. Para mi, canción y película son inseparables, sin contar con que el video fue dirigido también por Wim Wenders, el director de la película (La relación entre Wim Wenders y Bono, y en general con la música, da para varios posts).

Cuando vi la película por primera vez, todo encajó perfectamente: El idioma alemán, el tema de los ángeles, la música. Los ángeles cuidando de las personas, obligados a ser testigos silenciosos, sin poder hacer nada para evitar su sufrimiento, ya que los humanos han dejado de escucharlos, y preguntándose por que los hombres han perdido el contacto con los ángeles. Es por eso que Cassiel (Otto Sanders) decide convertirse en humano, encontrándose con las mismas limitaciones que antes lamentara en la humanidad. Es entonces cuando surge la pregunta fundamental de la película, de labios de Lou Reed: ¿Por qué no puedo ser bueno?



Y esta es otra de las cosas que me dejó la película: Lou Reed. Desde esa vez empecé a escuchar más  música de él, supe que anteriormente había hecho u disco llamado precisamente "Berlin", y pasó a ser uno de mis autores preferidos. Pero siempre me quedó la pregunta que hiciera en el film:  ¿Por qué no puedo ser bueno?

Esta pregunta es en realidad el motivo de estas líneas, como un homenaje a Lou Reed. ¿Por qué no puedo ser bueno? Como él mismo dice en otra escena, Si lo supiera, sin duda te lo diría.

lunes, 16 de julio de 2012

Los otros 90 minutos


Después de una noche de celebración del triunfo de su equipo favorito, Lolo Villanueva cayó víctima de la embriaguez. Y tuvo un sueño de lo más peculiar. Soñó que no había sobrevivido a la euforia, el esfuerzo de gritar durante los 90 minutos más las prórrogas y la tanda de penales. Y los ángeles y los demonios se habían reunido y habían decidido jugarse su alma en un partido de futbol. Como en el partido que había acabado con su vida, se decidía el descenso. Si los ángeles ganaban, se lo llevarían en hombros a un cielo que sería muy parecido a la celebración en los vestuarios. En cambio una victoria de los demonios significaba ser tratado como el entrenador del equipo perdedor, o como aquel jugador que falló el penal decisivo.

El partido empieza utilizando como balón una pelota dorada que representa el alma de nuestro buen Lolo. Como árbitro está un ateo, a quien no le importa el destino que corra el alma de Lolo, ya que no cree ni en el cielo ni en el infierno. Desde el inicio se ve que será un partido reñido. Los ángeles hacen un buen trabajo de equipo y verdaderamente juegan como los ángeles. Pero los demonios también tienen lo suyo. Ellos confían más en la habilidad individual. Hay un par de delanteros que hacen diabluras con el balón, y están dirigidos desde el banco por el propio Satanás, gran estratega de quien se dice que sabe más por viejo que por diablo.

El primer tiempo termina empatado sin goles, a pesar de varios ataques de los demonios que conocen el arte de engañar al rival en el dribleo. Pero los ángeles de la defensa son muy buenos y vuelan para atrapar las pelotas que van en dirección al arco. La mejor ocasión de los ángeles fue un tiro libre que fue fácilmente atajado por el demonio arquero que le preguntó al ejecutante hacia qué lado iba a patear, y el ángel, incapaz de mentir, reveló que iba a patear a la izquierda.

El segundo tiempo empieza con más ganas por parte de los ángeles que ahora atacan más. Sin embargo, la defensa diabólica está compuesta por demonios fornidos con cara de maleantes recién salidos de la cárcel. El entrenador angélico instruye a sus jugadores para bendecir la pelota antes de patear al arco. El truco funciona y el diablo arquero no puede tocar la pelota que termina en el fondo de las redes. El árbitro hace caso omiso a los reclamos de los diablos. En medio de la gresca el árbitro expulsa al capitán Luzbel, que sale quejándose de que siempre lo expulsan. Los ángeles van ganando, pero no deben confiarse. Los demonios juegan mejor cuando el partido se calienta. Con el fin de enfriar el ataque angelical, uno de los diablos intenta cabecear la pelota y revienta la pelota con el cuerno. Al árbitro no le queda otra que suspender el partido hasta conseguir otra pelota.

Cuando las acciones se reanudan, los diablos empiezan ataques desesperados, haciendo quiebres diabólicos sobre la defensa rival. Uno de los diablos se tira al césped alegando falta. El árbitro verifica que efectivamente la pierna del demonio está lastimada por el contacto con el pie de un ángel y decreta penal. Un cañonazo lleno de maldad deja al arquero indefenso y convierte el empate.

Con el partido a punto de terminar, Lolo Villanueva ve impotente desde el estrado VIP cómo los demonios están más cerca del triunfo. Los ángeles se defienden despejando con las piernas, con la cabeza, el pecho y hasta con las alas. El árbitro pita el final del partido con el marcador y Lolo celebra. ¡Me salvé! ¡Me salvé! 

El árbitro lo mira con desdén.
- No te has salvado, falta el partido de vuelta, y allí los demonios van a ser locales… 

Desde la noche de aquel fatídico sueño, Lolo Villanueva vive asustado. Ya no le gusta el fútbol, no quiere ni ver una pelota, y cada vez que escucha un silbato, el terror se apodera de él, creyendo que han comenzado los otros 90 minutos.

viernes, 15 de abril de 2011

El día que cayó un ángel

Era uno de esos días en que parecería que no iba a ocurrir nada fuera de lo común. Sin embargo, en la ciudad llena de gente, de pronto alguien vio el cuerpo tirado en la vereda. A pesar de que había una regular concurrencia en la calle, nadie lo vio caer. La gente empezó a arremolinarse alrededor del cuerpo, atraídos por su extraño ropaje, más propio del vitral de una iglesia que de un transeúnte como los que salían a trabajar a esa hora de la mañana.

Uno de los tenderos de la cuadra decidió tratar de averiguar si estaba vivo, para poder moverlo, pues interrumpía la entrada a su negocio. Al mover su hombro con su mano, la multitud que había reunido lanzó un grito de sorpresa. Un ala ligera pero fuerte apareció desde su espalda. El tendero pudo distinguir que apenas respiraba, mientras los presentes miraban fijamente el ala expuesta.

- ¡Es un ángel! Dijo una señora.
- ¡Eso es imposible! ¡Los ángeles no existen! ¡Solo son una construcción de nuestro miedo a lo desconocido, una invención creada para controlar nuestras vidas a través de la religión! - intervino furiosamente otro de los peatones, para agregar después: ¡Es tan sólo una ilusión óptica!
- ¿Cómo sabremos si es un ángel? Intervino el tendero.
- Nos debe decir cómo se llama, yo tengo aquí el libro de los ángeles, debe estar allí su nombre…
- Yo recuerdo que los ángeles pueden danzar sobre la punta de una aguja, esa es la prueba para reconocerlos…
- Pero ¿Cómo pueden ser tan tontos? ¿No ven que esto es una broma de algún programa de televisión? ¡Tal vez es un truco comercial de una nueva tienda!

Los presentes empezaron discutir entre ellos, hasta que un niño que estaba mirando se atragantó con un caramelo que estaba comiendo. La multitud se distrajo momentáneamente ante el nuevo espectáculo, hasta que alguien con más sentido común que los demás le dio al niño una violenta palmada en la espalda para que arroje el caramelo.
Fue entonces cuando una señora exclamó ¿Vieron eso? ¡Es un ángel de la guarda! ¡Por eso el niño se atoró con el caramelo!

La gente pareció aceptar que el que se hallaba era realmente un ángel, sobre todo cuando alguien mencionó que a dos calles un peatón que se encontraba hablando por el celular fue atropellado por una camioneta.

- ¿Qué haremos con él?
- Debemos llevarlo a la iglesia. Creo que hay una a 3 cuadras, pasando el parque ¿No?
- ¡Esa es una iglesia católica! ¡Allí no se siguen las enseñanzas de Dios! ¡Debemos llevarlo a nuestro templo!
- ¿Y si lo llevamos a un hospital?
Intervino una secretaria.

En eso, el ángel abrió los ojos y se incorporó pesadamente. Todos empezaron a hablarle al mismo tiempo.

- ¿Eres en realidad un enviado de Dios?
- ¿Vienes a anunciarnos el fin del mundo?
- ¿Puedes protegerme?
- ¿Por qué has dejado que el mundo esté tan mal?
- ¡Debes hablarme a mí, yo sigo la verdadera religión!


El ángel miraba a todos, incapaz de hablar, confundido por todas las preguntas y por todos los que se agolpaban para tomarle fotos con el celular.

En ese momento llegaron un par agentes del serenazgo municipal y dos policías.
- ¿Qué está pasando aquí? ¡Despejen, señores, despejen!

La actitud de los agentes no hizo más que empeorar la situación hasta convertirla en casi una batalla campal entre los que no creían en los ángeles y aquellos que, cada cual, decían ser la verdadera religión. El ángel quedó en medio del tumulto, paralizado y aterrorizado. De pronto, se irguió con dificultad entre el escándalo y emprendió el vuelo penosamente, tropezando con cables, las ventanas de los edificios y los carteles publicitarios, antes de perderse de vista en el cielo.

Todos los reunidos empezaron a alejarse, de mala gana.

- ¿Ven qué les dije? ¡Todo había sido un engaño! ¡No existen los ángeles!
- ¡La Biblia no dice nada de esto! ¡Todo ha sido mentira! -
Dijo otro.
- ¡Qué manera de hacernos perder el tiempo! ¡Voy a llegar tarde a mi trabajo!
- ¡Como si uno no tuviera ya suficientes preocupaciones!


Solamente quedé yo en el lugar, preguntándome por qué ninguno de nosotros fuimos capaces siquiera de una palabra amable para un ángel caído.

viernes, 12 de marzo de 2010

Un tonto en el cielo


Anoche he tenido un sueño terrible. Así que me eché a dormir. Y soñé que había muerto. No recuerdo exactamente las causas de mi muerte, pero supongo que habrá sido un accidente tonto, como caer en un tanque de Coca-Cola y morir quemado por el ácido que contiene esta bebida, tal como lo predicen las cadenas de email que recibo con frecuencia.
Muerto, pues, llegué al cielo. Y encuentro una tremenda muchedumbre de gente esperando entrar a las puertas del paraíso. - ¿Qué, ahora se ha puesto de moda morirse? Fue lo primero que pensé. Curiosamente, la entrada al cielo parecía una de esas oficinas públicas en donde hay un montón de colas dependiendo de los trámites que uno va a hacer, y en donde uno termina indefectiblemente haciendo cola donde no debe.
Así que empecé a buscar información. Afortunadamente encontré a una señora que me dio un poco de ayuda.
- Usted es nuevo ¿Verdad? Aquí la gente hace cola de acuerdo a sus características, vea usted, esa cola tan larga de allí es la cola de los pobres que murieron de hambre; esa la de los que murieron en una guerra, y esa de allí es la de los que murieron de amor… Yo voy a mi cola, que es la de los que murieron de viejos…
- ¡Espere! ¿Y no sabe en qué cola debo ir yo?
- No sé, joven ¿Cómo llegó acá?

La señora se alejó tan rápido que me dejó sin responderle que no sabía ni qué estaba haciendo en el cielo.

Por suerte divisé un quiosco de información. Aunque estaba lleno de gente, era mi única esperanza. Llegué justo cuando un gordo le estaba haciendo escándalo al ángel que atendía en el quiosco.
- ¿Cómo que no me corresponde la cola de los benefactores de la humanidad? ¿No sabe quién soy yo? ¡Yo le he donado un montón de plata a esos pobres!
- Lo siento señor – era la calmada respuesta del ángel – A usted le corresponde la cola de los que creían poder comprar el cielo con dinero…

Después de despachado el gordo, y de algunas consultas menores de los que llegaron antes que yo, llego al frente del ángel.
- Lo siento, señor, ya es la hora del almuerzo, vuelva dentro de cuatro horas…
- ¿Qué? ¿Cuatro horas? ¿Tan largo es el refrigerio aquí?
- Si… ¿Verdad que este trabajo es como estar en el cielo? Hasta luego…

Nuevamente me dejaron sin poder articular una respuesta, al cerrarme en quiosco en la cara. Abatido, me puse a preguntar en cada cola de qué tipo de alma se trataba. Encontré las extensas colas de los que murieron trabajando, de los desprevenidos que murieron de una pulmonía, de los que murieron de aburrimiento… ninguna parecía ser mi cola. Al final, casi escondida, encontré una cola vacía, con un ángel aburriéndose en la entrada.
- Disculpe, esa cola, ¿para quiénes es?
- Esta es la cola de los que en vida fueron tontos…
- Oiga, creo que yo puedo entrar en esa categoría… ¿Puedo pasar?
- A ver… ponga su huella digital para consultar la base de datos… Sí, usted corresponde aquí… Y pase nomás, que usted no necesita de los requisitos que se les pide a los demás…
- ¡Qué bueno, oiga usted! Y… ¿Por qué tan poca gente en esta cola?
- Eso es porque a muy poca gente le gusta reconocer que es tonto, y a los demás se les pide la hoja de vida, declaraciones de testigos, y cartas de recomendación…
- Vaya, eso está muy bien… Entonces ¿No necesito ningún documento?
- No, aquí a los tontos los reconocemos por la cara, y desde que lo ví a usted, me dí cuenta que la confirmación en la base de datos era una pura formalidad…
- Siempre supe que esta cara que tengo me sería útil algún día… Muchas gracias, don Angel… es usted todo un ídem…
- Ehhh… ¡Espere! Parece que hay un error… A usted no le corresponde estar aquí… Disculpe, señor, pero usted no está muerto todavía… Ha habido un error en el sistema… Usted no debería estar muerto, solo tumbado en el parque por una sobredosis de ceviche y cerveza… Lo siento, tengo que regresarlo a la tierra…
- Cómo, si ya me había dado el pase, ¡No puede ser!
- Disculpe, desde que se nos cayó el sistema en el 2000 hemos tenido esta clase de problemas de vez en cuando ¿Sabe? Se supone que íbamos a cerrar el negocio ese año, pero no se ha podido cumplir con el cronograma del fin del mundo hasta ahora.
- ¡Oiga! ¡No me va a dejar así nomás! ¡Déjeme entrar!

Y así me desperté. Por lo menos desde hoy me queda el consuelo de que los tontos entran directamente al cielo, y que tenemos pase libre al paraíso…

sábado, 10 de enero de 2009

El Angel de la Guarda


Era un día cualquiera. Al salir del trabajo, El Ing. De La Colina fue abordado con un tipo de aspecto algo extraño. Completamente desaliñado, sus ropas blancas estaban sucias y arrugadas, como si se hubiera peleado con alguien, y perdido. Sin embargo, conservaba una dignidad que lo descartaba inmediatamente como un drogadicto o un pordiosero.
- Espera, no te vayas, debemos hablar tu y yo…
- Lo siento, amigo, hoy no traigo sencillo, mañana te doy…
- ¡No me confundas con un mendigo! No, lo que tenemos que hablar es de algo importante... ¿No me conoces? Yo soy tu ángel de la guarda…

En ese momento, el ingeniero lo miró fijamente y lo reconoció, a pesar de no haberlo visto antes en persona. Los ángeles tienen esa cualidad. No cabía dudar de su palabra. No sabiendo cómo tratar a un ángel, trató de iniciar una conversación casual.
- Y… ¿Qué haces por acá? ¿Qué dice la chamba?
- ¡De eso justamente vengo a hablarte! ¡Tenemos que hablar sobre el trabajo que me haces hacer!
- Ehhh…. ¿No irás a mostrarme cómo sería el mundo si es que yo no hubiera nacido, verdad?
- ¡Claro que no! ¡No quiero ni pensar en lo que harías si vieras algo así!
- ¿Entonces…?
- Vengo a decirte que debes cambiar la forma en que vives… ¡Así no puedes seguir!
- No entiendo…
- Los ángeles de la guarda cuidamos a las personas de acuerdo a sus sentimientos… A las almas bondadosas las premiamos con alegría en el corazón… y las malas acciones llevan su penitencia tarde o temprano.
- O sea que… ¿Los malos sí reciben su castigo? ¿Qué le han hecho a Bush?
- A ese le hemos dado un estreñimiento feroz, para que piense en sus malas acciones, y además… ¡Oye, no me cambies de tema! El problema es que eres un tonto…
- Si, eso me han dicho, pero, cuando me lo dice mi ángel de la guarda… como que suena más fuerte…
- ¡Pero no eres malo! ¡Entonces se supone que debo protegerte de todo mal! Pero tú eres tonto, y como los tontos son buenos, debo protegerte de tus propias tonterías ¡Y eso me está matando!
- Pero si yo no he hecho nada…
- ¡Claro que si! ¡Lo haces todos los días! ¡Vives retando al peligro! ¿Viste el carro que acaba de frenar justo frente a tí?
- Ese carro ni me tocó…
- ¡Eso fue porque yo tuve que detenerlo! ¡Mira cómo me dejó! ¡Tuve que detenerlo con mi cuerpo para que no te atropellara!
- Vamos, tú eres un ángel, no te puede pasar nada…
- No seas tonto, ¿Cómo un espíritu puede detener un auto?, tengo que tomar forma corpórea para atravesarme en el camino… ¿Acaso no lees la Biblia? No... no te la he visto abrir desde que terminaste el catecismo en la primaria…
- Tampoco es para tanto… Además, yo no reto al peligro, como dices…
- Veamos... Te voy a mostrar el cuaderno de ocurrencias... Esta mañana te levantaste como un sonámbulo y trataste de afeitarte con el peine y peinarte con la máquina de afeitar... En la mañana caminabas sin casco por la obra cuando estaban bajando el transformador, a la hora del almuerzo te comiste dos aceitunas con todo y mondadientes, después te colgaste de la escalera para ver si resistía, y hace 3 minutos cruzaste la calle con la luz roja...
- ¿Todo eso lo he hecho? Si no me he dado cuenta…
- ¡Es porque eres un tonto! ¡Tengo que estarte defendiendo todo el tiempo! ¡Tuve que poner el cuerpo para recibir la electricidad, aguantar los golpes que iban dirigidos a tí, y detener al operario de la grúa que te quería matar por atravesarte! ¡Por eso me ves en este estado! Y he tenido que descubrirme ante tí para hablar contigo, de lo contrario pediré mi transferencia a Don Laureano Caccivacci, que está inmóvil en el hospital y lo único que necesita es que vigile que nadie le desenchufe el oxígeno...
- ¿O sea que gracias a tí no me ha pasado nada...? Oye, pero si el otro día en la fiesta el Igor me tiró un puñetazo…
- ¿Igor? ¿Ese que es el doble de grande que tú? ¿El que tiene su enamorada que tú le haces ojitos? ¡Si yo no estoy ahí te mataba! Tuve que defenderte, pero apareció el ángel de la guarda de Igor, que también es un ropero con patas… Mientras su ángel me molía a patadas, Igor aprovechó para darte ese puñetazo…
- Oye, no sabía eso… Gracias, creo que te debo una disculpa…. Con razón me pareció tan raro que me diera un solo golpe…
- Bueno, es mi trabajo... Ahora que nos estamos entendiendo... ¿Tratarás de hacerme el trabajo más fácil?
- Es que… No sé lo que tendría que hacer…
- Fíjate por dónde caminas, respeta las señales de seguridad, compra un seguro de vida, ¡Trata de protegerte a ti mismo! ¿No es mucho pedir, verdad?
- Claro que no… Además lo haré por ti, porque yo veo que eres un ángel de la guarda comprensivo y aguantador, y me caes bien. ¡Desde hoy seré un hombre diferente, más cuidadoso, más prudente…!
- Gracias… No sabes cómo te lo agradezco… Tú eres una buena persona en verdad, y sé que las burradas que haces las haces sin maldad… Desde hoy nos llevaremos bien, y podré descansar un rato… ¡Y pensar que estaba a punto de pedir mi transferencia…!

El ingeniero desde ese momento se sintió una persona nueva, sabedor que le ángel de la guarda que le había tocado era un ángel de primera. Andaba tan orgulloso que no se dio cuenta que estaba tomando una calle equivocada y llegaba a un callejón donde lo esperaban dos tipos mal encarados con sendas cadenas en las manos, listos para asaltarlo. Solo se dió cuenta cuando le pareció escuchar una voz lejana…
- Noooo, ¡Otra vez no…! ¡Voy a pedir mi transferencia…!
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