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sábado, 4 de junio de 2011

El hombre bajo la lluvia

Desde que entré al ambiente laboral, hace ya un tiempito, me he enfrentado al famoso test del “Ahora señor, dibuje un hombre bajo la lluvia” Yo, que tengo una habilidad más que mediana para el dibujo, al comienzo no me sentía disgustado por la prueba, pero en la actualidad, después de hacerla varias veces, la verdad es que ya me aburre el jueguito.

Estoy seguro de que esta prueba la han sacado los señores psicólogos de algún libro o manual escrito algún famoso sabio europeo o norteamericano, pensando en las características psicológicas del anglosajón promedio, cristiano y respetuoso de las normas.

De esto me di cuenta desde la primera vez que hice uno de estos “tests”, en el que me preguntaban cosas tan absurdas como si prefería ver un partido de béisbol o una función de ballet. Aquel que haya pasado un tiempo en el Perú sabrá que estos espectáculos son tan minoritarios que una pregunta de este tipo se vuelve risible, por decir lo menos. Lo mismo hubiera dado preguntar si preferiría una función de kabuki o un torneo de kendo.

Es tan absurdo como pedirle a un limeño (y por extensión a cualquiera que viva en la mayor parte de la costa del Perú) que dibuje un hombre bajo la lluvia. Porque, y presten atención todos los señores psicólogos que viven y trabajan por aquí: ¡EN LIMA NO LLUEVE! ¿Cómo entonces, pueden pedirnos dibujar con cierta fidelidad algo que no hemos visto? Sería lo mismo que pedirle a un esquimal que dibuje la selva.
Lo que cae por aquí es un finísimo rocío que llamamos “garúa”, y que llamamos lluvia tan sólo para darnos importancia y no ser menos que cualquier otra capital del mundo.

Investigando un poco el tema, descubro que la intención del dichoso test es que el postulante dibuje a una persona en una condición amenazadora. Sepan, señores psicólogos que la garúa que verán aquí es en modo alguno amenazadora, pues puede llover durante horas sin que a alguien se le ocurra siquiera buscar refugio o protegerse en modo alguno.

Otra cosa: los paraguas son desconocidos en estos lares, al igual que gorros, impermeables o refugios contra la lluvia, lo cual debe causar un tremendo problema a los encargados de calificar este tipo de pruebas, ya que les elimina de golpe y porrazo dos o tres capítulos del manual de interpretación. En el mejor de los casos dibujar un paraguas significa que el postulante es un alienado, que fantasea con vivir en otras realidades, o que ha leído la soluciones al test que abundan en internet y quiere engañar a los calificadores.

O como yo, que cuando me mencionan eso del hombre bajo la lluvia, en lo que pienso es en Gene Kelly en esa famosa escena de “Cantando bajo la Lluvia” bailando en esa lluvia artificial dentro de un set de filmación.

¿Y la historia que debe acompañar al dibujo? Pues la uso para explicar mi dibujo, tratando de explicar que en Lima no llueve y por eso la persona anda sin paraguas y en ropa normal, sin mostrar precaución alguna de mojarse, e indicando que no se puede dibujar gotas de lluvia, ni grandes ni redondas, ni alargadas ni como puntos, pues las gotas de lluvia son invisibles en esta ciudad.
Tampoco hago una historia en esta parte, es decir, con inicio, trama y desenlace, como se supone deben ser las historias. En realidad, lo que suelo escribir se parece mucho a las naderías que aparecen en este blog. Como dice Madonna en una de sus canciones: SIGMUND FREUD, ¡ANALIZA ESTO!

Entonces señores psicólogos, reclutadores y “resource managers”: Por favor, dénse cuenta de que ese test no se aplica a nosotros y cambien de prueba. La verdad, ya me aburrí de dibujar hombrecitos bajo la lluvia. No sigan lloviendo sobre mojado.

sábado, 7 de julio de 2007

En defensa de la garúa limeña



[Música de fondo: Here Comes the Rain Again - Eurythmics]

El que haya vivido en Lima, o la haya visitado en epoca invernal, debe haber visto la garúa. Esa lluvia que no moja, no molesta, no fastidia. Tratar de explicar la garúa a un extranjero que no la visto es tarea titánica. Los extranjeros tienen la idea de que una lluvia debe ser una experiencia imponente: Anunciada por un rayo, el cielo se oscurece de repente y con un estallido, enormes gotas caen al suelo en un estrépito acuoso que parece querer convertir la tierra en el fondo de un lago.

Pero no, la lluvia limeña no tiene rayos que la anuncien, es más, lo normal es que recién una hora después de iniciada, nos demos cuenta de que está lloviendo. El cielo limeño además nunca cambia el color panza de ratón con que se viste durante todo el invierno, lanzando la lluvia sin inmutarse, como quien tira la piedra y esconde la mano. Tampoco tenemos gotas de lluvia dignas de ser tales. Son gotas microscópicas que apenas mojan los parabrisas de los autos.

Supongo que si alguien quisiera crear una escala de lluvias, digamos, del 1 al 20, la intensidad 1 correspondería sin duda a la garúa limeña. Una conversación común ente dos personas que caminan por las calles de Lima es la siguiente:

- ... Oye....
- ¿Qué?...
- Eh... ¿Está lloviendo?
- No sé...
- Yo creo que está lloviendo...
- Dejame ver... Sí, creo que ha caído una gotita en mi anteojo...
- Espérate un rato... Si, creo que me ha caído una gotita.
- Si pues, está lloviendo.

Y las dos personas siguen su camino sin apurar el paso ni preocuparse más del tema.

La lluvia limeña es inofensiva. Cuando alguien va a salir y se da cuenta de que está lloviendo, no hace ningun arreglo especial. No se cambia de zapatos, ni lleva un impermeable, ni paraguas, ni un gorro. Estos elementos protectores son desconocidos en Lima. Una vez llevé un paraguas a un lugar de nuestra sierra donde sí llovía, y todos los limeños me preguntaban donde lo había conseguido.

Ni siquiera los propios limeños estamos de acuerdo sobre si la garúa se puede considerar o no como una lluvia. Un extranjero recientemente, al ver todas las casa con techos horizontales y sucios, nos preguntó si en Lima nunca llovía, y nosotros los limeños nos enfrascamos en una discusión que dejó a nuestro visitante tan a oscuras como antes de preguntar.

Por estas razones, muchos sociólogos consideran a la garúa como parte del carácter del limeño. Tal como su lluvia, al limeño no le gusta hacer escándalo, ni hacer daño directamente, sino hacer una paciente labor de destrucción hasta que, después de mucho tiempo, hace caer las paredes de las casas mas antiguas.

Por ello, algunos investigadores extranjeros pretenden que la garúa limeña es un mito, tal como el plátano recto y el político honrado. Expertos meteorólogos han formulado la teoría de que cuando (como es el caso frecuente en Lima) la humedad relativa llega al 100%, se produce lo que se llama el "punto de rocío", y todos los objetos expuestos al ambiente forman rocío con el agua del ambiente, tal como pasa en la madrugada en los países civilizados. Pero en Lima el rocío se forma rápidamente, dando la impresión de una lluvia finísima, indetectable para los extranjeros.

Por eso levanto mi voz de protesta, y propongo que todos los limeños nos echemos a correr cmo locos buscando un refugio al empezar la garúa, nos enfundemos en horribles impermeables, extendamos enormes paraguas e instalemos costosos sistemas de drenaje de lluvia en nuestras avenidas, para demostrar que la garúa existe, que no es un mito, y que nosotros somos tan invernales como el que más. Ya nos quieren quitar el Pisco, el cebiche, la papa, y hasta el suspiro a la limeña. Defendamos nuestra garúa, símbolo del invierno limeño.
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