Mostrando las entradas con la etiqueta Cuzco. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuzco. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2022

Leyendas peruanas: Manco Capac



El gran lago Titicaca es el más grande de Sudamérica, y hoy está compartido entre Perú y Bolivia. El lago se ubica en un altiplano de la cordillera de los Andes, a una altura de 3,800 metros, en una zona que sería casi inhabitable de no ser por el lago, que regula la temperatura entre el día y la noche. La leyenda más importante sobre este lago es la del origen del reino de los Incas, que contaré hoy:

Hace mucho tiempo, en el Perú, los hombres vivían en la barbarie. La prosperidad que habían vivido alguna vez había sido ya olvidada y ya ni siquiera se conservaba como leyenda. En los alrededores del gran lago Titicaca, la gente vivía ausente del gran milagro que significaba el propio lago, que permitía la vida a una altura en donde no debería crecer sino musgo. Allí la gente vivía en cuevas, pasando frío en las noches, y se mantenía con los pocos frutos que podían encontrar en las alturas, o con los pescados que sacaban del lago y que devoraban crudos. Aquella gente que tan pobremente vivía, sin esperanza de redención, los que vivían a las orillas del gran lago Titicaca, fueron testigos de un espectáculo impresionante. Un gran rayo de sol atravesó las nubes y cayó sobre el gran mar interior que es el lago. En el lugar en donde el haz de luz tocó la superficie del apareció una pequeña isla, que quedó iluminada con un brillo tan resplandeciente que los ojos apenas podían soportarlo. En el punto más alto de la isla podían distinguirse dos figuras humanas.

Con miedo y curiosidad, los habitantes de la ribera se aglomeraron para ver aquel prodigio. Para mayor asombro de los espectadores, los dos personajes bajaron de la isla y empezaron a caminar sobre el agua para llegar a la orilla. Conforme se acercaban, se pudo distinguir que eran una pareja de hombre y mujer, con ropas de una riqueza nunca vista en esos lugares. Las prendas eran de lana de vicuña, y las joyas y adornos eran de oro y plata. Con solo verlos, los hombres se sintieron avergonzados de sus propios trajes hechos de cortezas vegetales o incluso quienes vivían en desnudez. El prodigio fue tal que muchos huyeron asustados, otros sin embargo tuvieron la entereza para acercarse a la orilla, conscientes de que los llegados eran merecedores de respeto.

Al llegar a la orilla del lago, el hombre habló con una voz que pudo ser escuchada por todos, no importa la distancia a la que estaban: "Mi padre me ha enviado, pues siente pena de la barbarie en que viven, y desea que ustedes dejen sus costumbres salvajes". Al oír esto, muchos gritaron, otros salieron huyendo, algunos simplemente quedaron paralizados al escuchar su voz. Pero también muchos se acercaron para escucharlos, aun sin saber si eran hombres o dioses quienes así hablaban. El hombre siguió hablando ante quienes se acercaron, con un acento dulce que suavizaba la dureza de su voz de mando. Al día siguiente era ya una muchedumbre la que se había acercado a ver a los recién llegados, y se había aglomerado alrededor de la pareja, aunque nadie se atrevía a acercarse a menos de tres pasos, por miedo a manchar las divinas ropas o a empañar el brillo de los adornos de oro. Uno de ellos se atrevió a preguntar cuál era su nombre y quién era ese padre que los había enviado. El hombre levantó el báculo de oro con el que había salido del lago Titicaca, y señaló al sol del mediodía. Mi nombre es Ayar, y mi padre es Inti, aquel que ven allí y que ilumina al mundo y lo calienta. Al escuchar esto, muchos se arrodillaron en señal de respeto y preguntaron qué podían hacer para lograr su favor. Por respuesta, Ayar les dijo que no necesitaban hacer nada, pues era él quien venía a salvarlos de su ignorancia, y que pronto partiría, porque para iniciar su reino necesitaba llegar al centro del mundo, y quería hacerlo con todos los que quisieran acompañarlo. La respuesta fue entusiasta entre quienes lo escucharon. ¡El centro del mundo! No debería haber mejor lugar para vivir y establecerse.

Ayar dio indicaciones a la gente durante varios días sobre cómo recolectar alimentos, y cómo secar pescados, llamas y alpacas para tener provisiones para el viaje. Mientras tanto, la noticia se esparció por los sitios vecinos y cada vez había más gente ansiosa de seguir a Ayar. La magnificencia del líder no podía menos que prometer un gran reino para aquellos que lo siguieran, y se hablaba de grandes ciudades llenas de oro con grandes almacenes de alimentos. Muchos, aun avergonzados, se mantenían a distancia de ellos y los seguían a lo lejos. 

Al fin llegó el día de la partida y Ayar empezó su camino seguido de una muchedumbre que lo reconocía como hijo del Sol, con rumbo al norte. Todos los seguían con alegría, incluso muchos de los que huyeron de su presencia en el primer momento. Conforme avanzaban, se unía más gente de los lugares por donde pasaban, convencidos por su aspecto noble y por la sabiduría que emanaba de él cada vez que hablaba. Durante el día caminaban, en un viaje que nadie sabía cuánto duraría y que era sostenido solo por la admiración al nuevo líder. Por las noches, al calor de las fogatas, Ayar hablaba a los hombres sobre cómo organizarse en familias y comunidades. Su pareja, Uqllu, se reunía con las mujeres y les enseñaba a cortar la lana de las llamas e hilarla, a hacer vasijas de barro y a cocinar los alimentos. Ayar contaba también a la gente sobre su padre Inti, el sol; sobre su madre Killa, la luna, y su heraldo Illapa, el rayo; sobre los hermanos Achkay, el lucero de la mañana y el lucero de la tarde, y sobre la gran serpiente luminosa del cielo nocturno que es la Vía Láctea. Hablaba también sobre cómo quería hacer un mundo a semejanza del que habitaban los dioses. 

El camino hacia el centro del mundo duró muchos días, y algunos empezaron a preguntar si faltaba mucho para llegar. En respuesta, Ayar subió a la parte alta de la montaña en la que estaban, y golpeó la roca con la base de su báculo de oro. El báculo generó un sonido al golpear la roca, y Ayar bajó con los demás. Explicó: Este báculo me fue dado por mi padre para buscar el centro del mundo. Cuando lleguemos, el báculo se hará uno con la montaña, esa será la señal de que hemos llegado a nuestro nuevo hogar.
 
Tres meses duró el peregrinaje. Cada vez que llegaban a un sitio nuevo, Ayar golpeaba la roca con la base del báculo dorado, ante la mirada esperanzada de la multitud, pero la varilla no se hundía para unirse a la montaña. A pesar del tiempo transcurrido, nadie desesperaba, y todos seguían dispuestos, alimentados por la esperanza de un grandioso futuro. Así, llegaron a un hermoso valle, y Ayar subió al Apu (cerro) Wanacauri, y golpeó la roca. Todos vieron el báculo hundirse en la roca y desaparecer. Un grito resonó en la multitud, y Ayar se inclinó con las manos hacia el sol en agradecimiento. Habían llegado al centro del mundo. 

Cuando bajaron al valle, Ayar empezó a dirigir a la gente para tomar posesión del sitio sobre el que construirían la ciudad. Cuando trazaron las líneas para formar la ciudad, todas las familias fueron reunidas, y ante ellas habló: Desde hoy cumplo con la voluntad de mi padre, les enseñaré a construir casas y templos, y mi nombre desde ahora será Manko Qapaq, que significa señor de vasallos, mi esposa será conocida como Mama Ocllo, y esta ciudad tomará el nombre de Qosqo, que significa ombligo o centro.
 
Durante el resto de su vida, Manko Qapaq se dedicó a enseñar a los hombres a construir en piedra, a organizar las comunidades. Recomendaba a los jefes de familia ser amables y justos con los suyos, así como él lo era con ellos, y como lo era el sol con todos, a quienes brindaba luz y calor por igual. Mama Ocllo enseñó a las mujeres a cocinar, a hilar y tejer, y a administrar la casa. Cuando después de muchos años, sintió acercarse la muerte, encargó a su hijo y sucesor Sinchi Roca seguir con su ejemplo, y además encargó construir el primer camino inca, siguiendo la ruta que él había seguido desde el lago Titicaca. 

Con el tiempo, los incas hicieron del Cusco la ciudad más grande de América, llena de palacios y templos de piedra que impresionaron a los españoles tanto como el orgullo que sentían sus habitantes por su ciudad, y por la moral que guardaban, que hacía que la mentira y el latrocinio fueran desconocidos, gracias a las enseñanzas de Manko Qapaq.

Así fue la vida del primer Inca, gobernante y fundador del imperio más grande de la América.

domingo, 26 de octubre de 2014

Eurocentrismo

El turista salió del hotel, dejó la copa en el plato que le sostenía el mozo y empezó su caminata hacia el bus amoblado. Su guía, un joven de ojos despiertos, piel cobriza y mejillas quemadas por el frío que le delataba como uno de los habitantes de la zona, le indicó el camino, acción innecesaria ya que solo había un corto camino hacia el bus.  Por aquí, su excelencia, le dijo. El turista no supo decir si el tratamiento de “Excelencia” era dado a todos los turistas VIP, o si se trataba de una burla al verlo vestido con pantalones cortos y blancos, botas de media pierna y sombrero blanco de ala ancha. El atuendo había ya causado otras sonrisas condescendientes en el aeropuerto entre otros turistas vestidos con ropa deportiva y los locales de polo y blue jeans. Su ignorancia del español le impidió entender los comentarios, aunque pudo distinguir las palabras “safari” y “África” mientras lo observaban.

Mientras el bus hacía el recorrido por la carretera asfaltada hacia el parque arqueológico, sacó la cámara para fotografiar el camino, como una forma de librarse de la cháchara del guía y los demás pasajeros, incluyendo su esposa y sus dos hijos. No le importó interrumpir al guía para preguntar, casi en tono de reclamación. “¿Dónde están los nativos?”. El guía le señaló sonriente a un grupo de personas que iba por el camino. “No, no, trajes típicos”. “Cuando lleguemos”, fue la respuesta.

Al llegar a la entrada, con la cámara lista, solo encontró a una señora con traje multicolor que se dejaba tomar fotos con una llama. “A picture? Just three dollars, Mister”.  Se sintió estafado, más que por el precio de las fotos, por los empastes dentales de oro y el celular que contestaba la señora entre foto y foto.


Ya en las ruinas, volvió a quejarse con el guía. “Nos prometieron un tour exclusivo, ¿Qué hace toda esta gente aquí? El guía trató de explicar eso no significaba que cerrarían todo el complejo para recibirlos a ellos, de las dificultades de la temporada alta, y que esas cosas ya no se hacen, por muy importantes que fueran los visitantes.
“No estoy acostumbrado a estas cosas, ¡Yo pertenezco a la nobleza!” – “¿Acaso desciende de reyes? Yo sí” – les respondió el vigilante.
El turista le miró de arriba abajo con desprecio, disimulando la sorpresa de escuchar a un vigilante hablando inglés. “Mi apellido es Yupanqui, al igual que uno de los últimos incas”. – “Así que por favor compórtese dentro del complejo” - agregó, con tono de terminar la discusión.

Afortunadamente, la vista de las ruinas incaicas lo dejó sin palabras. Enormes muros hechos de piedras gigantescas de forma geométrica, y unidos sin argamasa dejaban a las más sólidas construcciones europeas como obras primitivas. Fiel a sus conocimientos de historia, pensaba que un castillo hecho de esa manera en Europa hubiera sido inexpugnable ante un sitio y hubiera soportado ataques de catapultas e incluso balas de cañón. Miró nuevamente al guardián, a su guía y a las señoras de trajes típicos y su llama, incapaz de conciliar su aspecto con la capacidad de construir paredes tan magníficas.


“¿Cómo se hicieron estas paredes?” El guía respondió que las técnicas exactas se han perdido, y cómo los arqueólogos tienen teorías sobre el transporte y el pulido de las piedras hasta hacerlas encajar. Explicación inútil, simplemente era imposible que nativos que, estaba seguro, habían dejado hace pocos años las plumas y los taparrabos y los arcos y flechas, hubieran podido hacer estas paredes. Tenía que haber una explicación, tal vez los masones o los templarios se habían refugiado en estos lejanos lugares huyendo de la persecución, los constructores del templo de Jerusalén, quizá los egipcios hallaron la forma de atravesar siglos y océanos para llegar aquí para hacer esas construcciones. Pero no, estos edificios no se parecen a ninguno en Europa o Asia.


Al llegar al hotel en la noche, el turista escribe en su laptop sus impresiones del viaje: “He visitado hoy las ruinas incas. Los nativos se han extinguido y solo quedan disfrazados de occidentales. Las construcciones son claramente obra de extraterrestres”.

lunes, 18 de agosto de 2014

Buscando la energía

En  mi reciente viaje al Cuzco, los guías que encontré en mis varias visitas a otros lugares turísticos podían contarme historias de los muchos tipos de visitantes extranjeros, que viene por la cultura, por los paisajes, por la aventura. Un turista inteligente no se conformará con visitar solamente Machu Picchu, sino que buscará otros lugares. No importa el tiempo que permanezca aquí, el tiempo se le hará corto para todo lo que hay que ver.

En mi anterior post mencioné haber conocido a un turista que venía en busca de la “energía” que según muchos se encuentra en esta zona. No fue ese mi único acercamiento a este tema durante mi estancia. Una de mis visitas fue al complejo arqueológico de Moray, donde el visitante encuentra andenes que forman una especie de anfiteatro hecho de varios escalones concéntricos cuyo centro es el lugar más bajo.

La arqueología oficial lo explica como un laboratorio botánico utilizado por los antiguos incas para estudiar los cultivos que se pueden adaptar a diferentes alturas y climas. De esta manera se seleccionaban los cultivos más apropiados para las diferentes zonas del extenso imperio y, junto con las observaciones astronómicas, determinaban qué sembraría la temporada siguiente, en caso de que el año fuera seco o lluvioso. Esta es la explicación que se les da a los turistas como yo, que buscan conocer la cultura y la historia.
Pero hay otra explicación que los guías dan a los turistas que buscan el misticismo y lo oculto. A ellos les dicen que la forma de embudo que forma esta zona concentra las energías del planeta y que justo en el centro se recibe la mayor energía. Como yo, aparte de mi sed de cultura llevo conmigo la sed de lo insólito y notable, recibí ambas explicaciones.

Obviamente, durante mi visita descendí al nivel más bajo, movido de mi deseo de aventura, y también para tomarme una foto que mereciera estar en un lugar destacado en mi Facebook. Al llegar al centro exacto de la última circunferencia descubrí un pequeño agujero con algunas maderas chamuscadas y hojas de coca. - Es que aquí han hecho un “pago a la tierra”, un sacrificio a la Pachamama, que es la Madre Tierra – me explicó mi guía. No hacía falta la explicación. Yo mismo he visto en diferentes sitios del Perú, cómo se vierte chicha o Pisco, se entierran hojas de coca y otros vegetales, con el fin de calmar a la Tierra antes de profanarla con algún trabajo, y evitar los accidentes que suceden si no se hace este rito.

La razón aquí es para recibir la energía de la Tierra y purificar el alma, llenándola de buenas vibraciones. Mi guía me contaba de los turistas que habían llegado a este lugar para limpiar su alma de energía negativas, e incluso de algún peruano famoso que había realizado el rito. Yo, que no había venido preparado para la ceremonia, tuve que dejat pasar la oportunidad y me conforme con recibir las energías en crudo. Pero faltaba algo más. –Tiene que quitarse los zapatos- Me dijo mi guía. – Así se reciben las energías, directamente sobre la piel- Miré el pasto que crecía en el lugar: una hierba propia del lugar, dura y filosa. Estaba seguro que si caminaba sin zapatillas por allí terminaría con los pies cortados y llenos de espinas clavadas. Más que una purificación, eso me parecía una penitencia, así que decliné la invitación. Después me enteré que esa era práctica común entre los turistas que desean llevarse algo de la energía del Cuzco.

Aquí terminaría mi relato si no fuera por las historias que me contaron sobre los norteamericanos – cuando no – que escuchan esta indicación y no solo la cumplen, sino que exageran en su cumplimiento y se desnudan totalmente, tratando de captar el máximo de energía antes de ser arrestados por los guardias.
Así pues, el caso de los turistas desnudos en Machu Picchu y en otros lugares cercanos se ha incrementado, potenciado por las fotos que los turistas publican en las redes sociales, de manera que antes de que se convierta en una epidemia de mal gusto, las autoridades han colocado avisos en los lugares arqueológicos, amenazando con arresto y notificación a la embajada respectiva a quienes se les encuentre corriendo calatos por un lugar turístico. Y la notificación es a las embajadas, porque los peruanos somos bastante pudorosos en este aspecto, y si nos ven desnudos no nos llevan a la comisaría sino al manicomio.



Como ven, el aviso dice en pocas palabras: Nude gringo, Go home!

martes, 12 de agosto de 2014

El lugar con mayor energía del mundo

Recientemente estuve de visita en la ciudad del Cuzco. Es este un lugar donde se respira la historia del imponente imperio de los incas, que en sus épocas de esplendor llegó a ser más grande que el imperio romano, y cuyo mayor inca, Pachacútec, está a la par con los mayores conquistadores de la historia. Caminando por las calles del centro histórico se puede uno encontrar con los muros incas, construcciones tan perfectas que hasta ahora no se conoce cómo es que pudieron encajar entre sí piedras en forma de polígonos irregulares y de varias toneladas de peso tan perfectamente que no tuvieron necesidad de cemento ni argamasa.



Lo malo que encontré en esta ciudad es que si bien las construcciones pasan con holgura la prueba del tiempo y se mantienen igual que hace quinientos años, no ha pasado lo mismo con las personas. Si bien nos dijeron en la escuela que los incas no conocieron el dinero y utilizaban el oro solo con fines religiosos, sus descendientes hoy en día no solamente conocen el valor del dinero, sino que saben perfectamente el tipo de cambio del dólar y del euro, y están prestos a cobrarlo a cambio de una foto cuando pasean con sus trajes típicos y llevando a su llama o alpaca por las calles.

Los turistas que llegan por miles al Cuzco quedan admirados por la belleza de la ciudad, por su historia y por sus restos incaicos, regresando a sus países convencidos de haber visitado una de las maravillas del mundo, el ombligo del mundo, como significa el nombre de la ciudad.
Pero hay otro tipo de turista, el que viene en un viaje místico a contactarse con las vibraciones del planeta y a llenarse de la energía que dicen abunda en el Cuzco, y sobre todo en Machu Picchu.
Esto de la energía nunca lo he entendido del todo. No sé si es una energía eléctrica, magnética, tal vez hidráulica. Tampoco sé si esa energía sirve para recargar la batería de mi celular, lo cual sería fantástico para no andar buscando siempre un enchufe, tal como hice durante toda mi visita al Cuzco. Y a esto viene mi historia:

En un café de la ciudad, al que acudí huyendo del frío, encontré a un turista norteamericano conversando con otros de los, digamos, turistas normales. Su conversación era rápida y saltaba de un tema a otro con sorprendente velocidad. Alguien bastante energético, diría yo. Mi atención se disparó cuando me pareció entender que dicho turista había publicado un libro. Al ver mi evidente interés me invitó a integrarme a su grupo, que más que conversación era de un monólogo sobre los misterios del universo. A lo largo de una hora desfilaron sus opiniones sobre las conspiraciones de los rastros de aviones o chemtrails, sobre la fluorización del agua, los mensajes subliminales en la publicidad y sobre la sociedad secreta que gobierna en realidad a los Estados Unidos. Cuando llegó el momento de explicar mi posición, solo pude decirle que venía de un lugar del Perú llamado Ica. El norteamericano (quien dijo llamarse Shiva, lo que ya me dio una idea del tipo de loco con el que me había topado) mostró su desconocimiento de ese lugar, así que tuve que mencionarle que era cerca a las líneas de Nazca, seguro de que sí había escuchado hablar de ese lugar.
Así me enteré de que su visita al Cuzco obedecía a la búsqueda del lugar con mayor energía del mundo, y que ya había pasado por el Tibet y otros lugares sindicados como poseedores de esa energía.

Al día siguiente volví al café y lo volví a encontrar, pero esta vez ya estaba vestido para la ocasión, con poncho, chullo y ojotas, que usaba de esa manera que tienen los norteamericanos cuando tratan de camuflarse entre los nativos. No tuve el corazón para decirle lo ridículo que se veía. Lo importante es que trató de explicarme en qué consistía esa famosa energía de la que hablaba. Lo trágico es que yo no entendí nada de lo que dijo. Solo trataba de adecuar los términos “bioenergético”, “energía vital” o “energía positiva” con mis conocimientos de física. Para mí, una energía positiva se atrae con las energías negativas y se repele con las energías positivas, y por lo tanto, me conviene cargarme de energía negativas para atraer a las energías positivas. De igual modo, solo obtuve una sonrisa condescendiente cuando le expliqué que necesitaba una forma de medir la energía cosmoenergética para definir de una vez por todas si es que Machu Picchu tiene más concentración de energía que los Himalayas o Chichen Itzá.
Al final, no estoy seguro si se quedó con la impresión de haberse encontrado con un escéptico o con un tonto. De todos modos,  nos despedimos en buenos términos, pues él se iría al día siguiente para Machu Picchu.

A mi regreso a Lima, me interesé por el tema y me puse a buscar por internet cuál sería el lugar con mayor energía en el mundo, con la esperanza de instalar allí un spa regenerador cinco estrellas, o tal vez un estadio de fútbol que haga a nuestra selección invencible con todas las energías allí concentradas.
Ante el convencimiento de mi amigo el gringo de que las mayores concentraciones de energía se encuentran en el Perú, y no en Nepal ni en la India ni en Xanadu, y ante la falta de un instrumento confiable con el que medir la energía, no me queda más que confiar en la sabiduría de los antiguos peruanos, cuyos conocimientos están más allá de la ciencia occidental. Entonces ¿Cuál era el lugar más sagrado del antiguo Perú? ¿Cuál el lugar donde se encontraba el mayor templo y donde se congregaba la gente a recargarse de energía positiva? No era el Cuzco, que era el centro administrativo, ni Machu Picchu, que era un lugar secreto reservado solamente para la nobleza, y que era usado más como un retiro VIP por los incas. No, el lugar más sagrado y con mayor energía estaba en Lima, a quien los cronistas antiguos describen como la Roma o la Meca del antiguo Perú, y que es exactamente la razón por la que los españoles la escogieron como capital del Perú y centro de difusión del cristianismo. Por eso la cantidad de iglesias en Lima, por eso la cantidad de santos que vivieron aquí, y por eso la cantidad de milagros que sucedieron aquí.

Siguiendo con la búsqueda, trato ahora de encontrar dentro de la ciudad de Lima los lugares con mayor energía, donde los dioses antiguos se manifestaban con mayor fuerza, el punto exacto a donde llegaban todas las peregrinaciones y a donde el propio inca iba a consultar cuando le aquejaban las dudas sobre el futuro del imperio. Y encontré dos lugares.

El primer lugar es el antiguo templo o palacio de Tauli Chusco el Viejo, último sacerdote y gobernante de Lima antes de la llegada de los españoles, quien interrogaba personalmente a los dioses y transmitía los augurios. Es fama que predijo la llegada de los españoles y previno al inca de que el imperio sería destruido por los recién llegados.
Grande fue mi sorpresa al descubrir que sobre ese templo donde se rendía culto al agua se levanta hoy el Palacio de Gobierno, donde vive el Presidente de la República y con seguridad se llena de buenas vibras y se llena de sabiduría para dirigir los destinos del país. Ahora entiendo por qué hay tantos que se esfuerzan en llegar a residir el mayor tiempo posible en el Palacio de Gobierno, por qué es un lugar tan codiciado para vivir, no es por simples ansias de poder, es por la búsqueda espiritual de las energías de la Madre Tierra.



El segundo lugar, y el sitio con mayor energía es donde se encontraba el propio oráculo del río Rímac (Que significa “El que habla” en alusión a sus oráculos). Había allí una piedra de donde brotaba el agua del río y el Dios Pachacámac hablaba para predecir el futuro y aconsejar a los peregrinos. Ese lugar es hoy una plaza en un barrio tradicional de Lima, antiguamente llamada Plaza Santa Ana y hoy conocida como Plaza Italia, en razón de que la colonia italiana construyó aquí un hospital.


Este que vemos en la foto es, pues, el lugar con mayor energía del mundo, donde uno podrá llenarse de energía paseando por sus calles (con cuidado, porque después del anochecer asaltan mucho por allí) o visitando la Iglesia de Santa Ana, donde podrá rezar a la Pachamama, a la Madre Tierra, o a Gaia, que aquí Diosito es muy permisivo y nos permite ciertas gollerías. Ya he mandado esta importante información al gringo Shiva, de quien sospecho, por desgracia, que hará caso omiso a mis recomendaciones para su próximo libro. Él se lo pierde, yo me quedo viviendo en Lima lleno de buenas vibras y de energía.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...