- Mi peor maldición es esta: “Que tu historia sea escrita por abogados”.
- La felicidad, esa leyenda urbana de la que todos hemos oído hablar, esa historia que le pasó al amigo de un amigo.
- Dicen que escribir es desnudar el alma usando palabras. No sé si el gerente que me pidió este informe técnico está consciente de ello.
- Hay gente que está orgullosa de los libros que ha leído. Yo además me siento orgulloso de algunos libros que he empezado a leer y he abandonado al primer capítulo.
- Edad de la inocencia: cuando creía que un rockero que empezaba a cantar salsa era un transgénero.
- Ladran, Sancho ¿Sabes qué significa? - ¿Que no muerden?
- Tal vez lo que en realidad quieres es que nuestro amor florezca, porque primero lo enterraste, luego lo cubriste de tierra y hasta le echaste excremento.
- Se cuenta que una vez había un actor tan pobre que incluso después que murió, tuvo que pagar su entierro haciendo del fantasma de Hamlet.
- Entre los tréboles del parque es sabido que nacer con cuatro hojas es una aberración que se paga con la muerte. Los demás tréboles deben esconderlo antes que los humanos lo arranquen y se lo lleven.
- Yo estaba convencido de que estaba haciendo historia. No contaba con que fueran mis enemigos quienes escribieran los libros de historia.
- La Biblia dice que el primer día Dios separó la luz de la oscuridad para crear el día y la noche, así que supongo que lo que había antes era una eterna luz crepuscular, lo cual tampoco estaba tan mal ¿Verdad?
- Que alguien me aclare si el infierno es una organización sin fines de lucro.
- El mantra de hoy: No perderé mi orgullo pidiendo followers, no suplicaré como mendigo un like a quien me lea. Tampoco mi cuenta de Twitter está tan buena.
- El psiquiatra declaró que era un suicidio. No iba a arriesgar su reputación reconociendo que los monstruos que perseguían a su paciente eran reales.
- Enhebra este hilo y ven a ayudarme, dijo el maestro Abu Navid. - ¿Y dónde está la aguja? - Preguntó el discípulo. - En ese pajar de allí.
- Aún hay quien dice que yo no soy tonto, sino que mi inteligencia es de estilo minimalista.
- Al final, no parece haber tanta diferencia entre ganarse la vida y perderse la vida.
- Hubo un tiempo en que las redes sociales eran un espejo donde la gente se mostraba sin maquillajes, sin engaños. Hoy son un espejo deformado donde todos creen ser guapos, refinados, intachables, superiores.
- Siempre cuento mis anécdotas como si fueran el trailer de mi biografía.
- Citando al Principito, yo debo ser esencial, porque parece que soy invisible a tus ojos.
¿Quieren saber lo que piensan los tontos? Aquí hay información de primera mano.
miércoles, 17 de julio de 2019
Frases twitteables 51
domingo, 7 de julio de 2019
Signos de puntuación
Caminaba por la calle cuando vi unos puntos suspensivos tirados en un jardín. Es lo que quedó de una historia sin terminar, pensé. Recordé lo que pasa cuando los puntos suspensivos se separan, y caminé hacia una iglesia cercana. Tal como me temía, allí se celebraba el velorio de un punto final. Así funciona la vida, decía uno de los deudos, una va por allí hasta que encuentra un punto y avanza confiado en que sea un punto seguido, que lo detenga sólo un momento y después le permita seguir avanzando, pero no, es el punto final que termina con su historia.
Salí de la iglesia pensativo. Tiene razón, no hay manera de distinguir a un punto seguido de un punto final, acercarse a él sin saber si se está llegando al final de una frase, de un párrafo, de un capítulo o de todo el libro. Caminaba tan distraído que tropecé con una coma, que me hizo recordar que no es bueno seguir tanto rato sin detenerme un momento a respirar.
Aproveché el pequeño descanso para ver a la gente por la calle. Pasaron dos signos de admiración, gritando y tratando de asustar a la gente. Algunos se escondieron en medio de dos paréntesis para sentirse a salvo, sin darse cuenta que al hacerlo, también quedaron minimizados y sin personalidad propia.
Vi también a un signo de interrogación, un turista extraviado, sin duda. Se le reconoce por estar solo y siempre preguntando. Me dejó pensando en que los europeos, que presumen de ser más desarrollados, pagan este progreso con la soledad. Nuestros signos de interrogación, en cambio, siempre tienen una pareja que les abre paso. Los ingleses, franceses y alemanes la desprecian, diciendo que no es más que una tonta a quién traen de cabeza, pero yo se que no es así. El compañero de un signo de interrogación no es su igual, sino su complemento.
Al poco rato distinguí un punto y coma. No resistí la tentación de tomarle una foto con mi celular, porque cada vez es más raro verlos, separando frases largas. Algunos no saben siquiera para qué sirven. Pensé en recogerlo para guardarlo, pero un guión me obligó a mantenerme a distancia.
Ya más tarde, empiezan a aparecer las comillas, que nunca me han parecido simpáticas. Es cierto que muchas son de alcurnia y guardan títulos importantes, pero la mayoría tan solo rodean falsedades. Estaba ya buscando a los signos de admiración para gritarles lo que pienso de ellas, pero vino la policía y se encerró entre dos corchetes. Allí estuve unas horas hasta que me dejaron salir con una advertencia. Llegué a mi casa cansado y con ganas de descansar un rato en una almohadilla, de donde salí del problema de inspiración que tenía, para terminar escribiendo sobre los signos de puntuación.
jueves, 27 de junio de 2019
Érase un tonto
Erase una vez un tonto que vivía en lo alto de una colina. En la aburrida aldea vecina se contaban muchas historias sobre él, que el tonto no confirmaba ni negaba, sabedor que estas eran la sal y la pimienta de la vida pueblerina.
De vez en cuando se deleitaba escribiendo versos de amor en una hoja de papel que luego convertía en un avión. Lanzaba el avión de papel desde lo alto de su colina hacia la aldea y después bajaba para escuchar las historias de alguien que había encontrado un mensaje de su amado, y entonces reír al ver las nuevas parejas que el azar creaba.
No era raro en el pueblo ver al tonto bajando el camino desde su colina. Lo hacía a cualquier hora, en el día o en la noche, y cuando algún vecino estaba en la calle conversando o caminando, podía sentir en el hombro inesperadamente la mano del tonto que venía a saludar. Por eso en toda la región se hizo famoso el dicho: “Nunca se sabe dónde ni en qué momento puede aparecer un tonto”.
Como el tonto no tenía dinero, contaba sus historias en el mercado a cambio de los víveres que necesitaba, pues muy raras veces aceptaba dinero. Un día vio a un ama de casa salir del mercado quejándose de los precios. Tiene usted toda la razón - le dijo – Vea usted esta manzana, me costó uno de mis mejores chistes.
Se dice que una vez alguien propuso comprarle la casa. El tonto simplemente sacó una silla e invitó al comprador a sentarse junto a él. – Si puedes pagar este atardecer o darme uno igual a cambio, te venderé la casa – dijo.
Un día, uno de sus parientes subió a la colina y encontró al tonto regando una maceta sin nada más que tierra. Cuando le preguntó el porqué, respondió que alguna vez estuvo allí la flor más bella que había visto, y la regó hasta que se marchitó. No la reemplazó porque no encontró otra flor digna de ocupar su lugar. Pero siguió regando la maceta porque ya no estaba regando una flor, estaba regando un recuerdo.
Una vez se le vio rodando una pesada piedra colina arriba. Un caminante que pasaba le ofreció su ayuda, pero el tonto se negó, diciendo que hacía eso en busca de inspiración para una historia sobre Sísifo que estaba escribiendo. Tiempo después, el caminante volvió a pasar por allí y preguntó al tonto si había encontrado la inspiración buscada. - Si, la encontré, le respondió . Pero cuando se me ocurrió la historia, estaba todavía a medio camino, así que no pude detenerme hasta llegar arriba. Cuando lo hice, ya había olvidado todo.
Desde hace un tiempo el tonto ya no se deja ver por la aldea, pero la gente insiste en que sigue viviendo en lo alto de su colina, viviendo nuevas historias que todos cuentan, aunque algunos digan que es solo porque sin el tonto, la aldea sería igual a todas las otras que hay en la región, una aldea sin nada especial.
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lunes, 17 de junio de 2019
Los ladrones de sueños
En una ocasión, olvidé ya si fue hace algunas semanas o algunos meses, caminaba por el centro de la ciudad cuando recuerdo que vi uno de esos edificios coloniales de noble arquitectura. Supongo que me detuve un momento para apreciar la belleza de la construcción y pensé, como suelo hacer en esos casos, en cómo habría sido la construcción, en cómo habría sido la gente que habitó allí y en los eventos que habrían pasado allí a lo largo de su historia. La verdad es que no puedo recordar bien ese momento porque apenas empezaba a soñar despierto cuando alguien se me acercó a toda prisa y me dio un empujón que casi termina conmigo en el piso. Cuando pude recuperarme, todo el encanto se había perdido. Lo que había soñado despierto sobre el pasado, la historia y los personajes de la casa había desaparecido.
Seguí mi camino en ese estado de estupor de quien acaba de despertar de pronto, hasta que llegué a un puesto de información de turistas y pedí que me dejaran sentarme un momento mientras me recuperaba. Al contar mi experiencia al agente que se encontraba allí, este me respondió preocupado que no era la primera víctima de los ladrones de sueños, y que casos como el mío han estado ocurriendo en la ciudad con cada vez mayor frecuencia. Yo corrí con suerte, me explicaba, ya que mi sueño era pequeño y perderlo no tenía mayores consecuencias, pero había oído del caso de un conocido emprendedor joven, a punto de casarse, que había sido asaltado y despojado de sus sueños mientras corría en un parque. Ahora ha tenido que suspender la boda y su empresa ha sido afectada por la pérdida de sus sueños. Con amabilidad, el agente me preguntó si quería denunciar el robo de mi sueño, a lo que me negué. Como dijo el agente, era un sueño pequeño y, aunque pudieran recuperarlo, no podría identificarlo en la comisaría.
- ¿Y qué hacen con los sueños robados? - Pregunté. - No sabemos bien, pero al parecer ya hay un mercado negro de sueños. Gente que dedicó su vida a ganar dinero y destruyó sus sueños al hacerlo compra allí nuevos sueños. También hay gente que sufrió decepciones amorosas y destruye sus sueños al no tener con quien compartirlos. Gente que vendió sus sueños por un poco de poder o popularidad, todos ellos están dispuestos a comprar sueños. Se sospecha incluso de mafias internacionales que dirigen y ordenan estos robos. Los sueños en países como el nuestro obtienen mayor precio, porque son más sinceros, hasta ingenuos, y eso es un valor que no se encuentra en países más desarrollados.
Al ver mi interés, el agente me dio algunas recomendaciones para evitar un nuevo robo: No exhibir mis sueños en lugares públicos, de ser posible no sacarlos a la calle, pues los ladrones de sueños acechan a la salida de los cines, en parques, en lugares donde se ve el atardecer sobre el mar. Tampoco soñar despierto al ir por las calles, para un ladrón de sueños es fácil reconocer a los soñadores. Si es necesario mostrar un sueño en un lugar peligroso, se debe primero consumir alcohol u otra droga, porque estas distorsionan los sueños y los hace menos vendibles.
Ya recuperado, agradecí al agente su ayuda y me despedí. El resto de mi recorrido lo hice con miedo, sin mirar los edificios ni a los rostros de las personas, ocultando los sueños que me quedaban, y con la desagradable sensación de que esta ola criminal es ya conocida por la mayoría de la gente, pues todos caminaban igual que yo, con caras inexpresivas y sin ver a los demás, no sea que un ladrón venga a quitarles los sueños.
viernes, 7 de junio de 2019
Por qué no creo en la astrología
En una noche clara, puedes salir y contemplar el cielo estrellado. Entre los miles de estrellas existe una que determina tu destino, que influye en tus actos y en tu forma de comportarte frente a la vida. ¿No eres capaz de creerlo? Entonces toma unas cuantas de esas estrellas, dales una forma mitológica y tendrás a quien gobierne tu destino y explique tu forma de ser. Si aún no puedes convencerte de que eso es cierto, agrega además los planetas que pueden verse esa noche, y tendrás aquello que determina quién eres y cómo te comportas. Tal vez eso sea suficiente para ti, pero yo he decidido no creerlo. Y te daré algunas razones para no hacerlo.
El horóscopo, tal como lo conocemos hoy, data de 6,000 años, y desde entonces las estrellas se han movido. Como ejemplo, una persona que dice haber nacido en Escorpio debería poner salir a ver el cielo el día de su cumpleaños y ver la constelación de Escorpio. Pero esto no es cierto siempre, sino solamente por los siete días en que esta constelación está realmente en el cielo nocturno.
La astrología se inventó en el hemisferio norte, desde entonces el mundo se ha ampliado de modo que desde este lado del planeta vemos muchas constelaciones que la astrología no considera, y varias que otras no son visibles desde aquí. ¿Alguna vez has escuchado en las predicciones y análisis astrológicos los nombres de las constelaciones del Triángulo, la Brújula, el Tucán, el Perro, o el Camaleón? Pues esas son las que se ven en el cielo en hemisferio sur.
El fundamento de la astrología es la posición de las estrellas en el momento del nacimiento, considerando el recorrido que ellas hacen en el cielo. Esto significa que para creer en la astrología debemos asumir que la tierra es plana y que está estática en el universo. La astrología solamente considera las posiciones aparentes en el cielo. No considera el tamaño de esas estrellas ni su distancia a nosotros, que deberían tener influencia en el efecto que nos causan. Más aún, muchos de los puntos luminosos que vemos en el cielo no son una sola estrella, sino dos o más estrellas que están en nuestra línea de visión y aparentan ser una sola.
En un principio se utilizaba la astrología solamente para predecir el futuro de un reino o de una ciudad, lo que tenía sentido, ya que las estrellas alumbran a todos, y no a una sola persona. En la Edad Media se extendió a los reyes, y solo en los inicios del siglo XX aparecieron los horóscopos personales, como entretenimiento en los diarios en Estados Unidos. Los horóscopos personales basados en la fecha de nacimiento son una contradicción, ya que puede encontrarse personas que han nacido el mismo día y no tienen un mismo futuro. Si esperamos en una maternidad veremos nacimientos simultáneos de personas que no tendrán el mismo futuro. Ni siquiera los hermanos gemelos tienen el mismo futuro ¿Por qué esperarlo en personas que sólo coinciden en el lugar y la fecha de nacimiento?
La astrología pretende también predecir el carácter de una persona por su fecha de nacimiento. En este caso es inútil y mucho menos acertada que un sencillo análisis psicológico. Yo podría decir mucho más observando atentamente a una persona que sabiendo cuando nació.
La astrología ha devenido hoy en una excusa para el mal comportamiento. Si soy una mala persona, no tengo por qué echarle la culpa a Júpiter cruzando por Pegaso, y no puedo disculparme de mi falta de educación diciendo que ese día Marte tuvo un encuentro con Escorpio. Aceptemos nuestros errores en vez de culpar a planetas que ni siquiera saben de nuestra existencia.
Y por último: Un horóscopo te dijo que tú y yo no somos compatibles ¿Y le vas a creer?
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lunes, 27 de mayo de 2019
Personas tóxicas y de las otras
Cada generación tiene un lenguaje propio, que lo identifica de otras. Hay frases de moda que son reemplazadas por otras sin que nadie recuerde las anteriores. Pero hoy, a diferencia de las generaciones anteriores, tenemos internet que saca a estas frases de su nicho generacional y las pone en contacto con gente que la juzga o la trata de asimilar. Doy un ejemplo de frases de moda que usa la gente hoy en una conversación casual:
- Hoy me has tenido friendzoneada ¿Qué te ha pasado?
- Nada, sólo unos haters que me han estado haciendo bullying…
- ¿Y por qué no me wasapearte? Yo soy tu bff ¿Y me dejas en visto?
- No soy yo, es mi niño interior…
- Tienes que pensar fuera de la caja, Si no eres parte de la solución, eres parte del problema…
- Es que es difícil para mí salir de mi zona de confort.
Y menos mal que esta conversación la he inventado, porque sino iba a acabar en asesinato o en suicidio. Y me he dejado fuera una de la frases que está de moda y de las que menos comprendo: la de “persona tóxica”. La primera vez que escuché a alguien decirme “Cuidado con ese, es una persona tóxica” , entendí y respondí que lo necesitaba para que me dé una información, no para que me sirva de almuerzo. Más tarde me dieron una explicación que no entendí del todo, pues seguía pensando que tenía algo que ver con el mal aliento.
Ahora, claro, comprendo mejor que se trata de las personas que hacen daño a las que los rodean y que parecen tener un placer maligno en hacerle la vida imposible a los demás, sin miedo alguno al karma.
Analizando este término, no lo veo ahora tan falto de razón, después de ver gente que parece no servir más que para contaminar el ambiente, como distribuidor de veneno en delivery, o para demostrarnos que no es cierto que el diablo nunca duerme, sino que por el contrario, puede dormir tranquilo sabiendo que deja su labor en tan capaces manos. Pero, como siempre ocurre con las buenas ideas, estas se quedan cortas y hay que expandirlas de una manera que sea ingeniosa y que además asegure rating.
Por eso además de personas tóxicas, ofrezco algunas definiciones de personas que todos hemos visto por ahí pasando tranquilos sin que nadie los señale con un epíteto contundente y moderno:
Persona tóxica: En esto de identificar clases de personas siempre le hemos llevado mucha ventaja a los gringos, y los hemos conocido desde siempre como gente “mala leche”, “cizañeros”, “odiosos” o “venenosos”. Pero claro, ponerles un nombre traducido del inglés es más moderno y da más caché.
Persona indigesta: Es aquella que al comienzo parece buena, pero cuya constante presencia nos atosiga y al poco tiempo ya no la podemos ver ni en pintura. Está bien por un ratito, decimos, mientras hacia adentro pensamos en qué espera para irse.
Persona contaminante: Este tipo de persona llega a un lugar o a un grupo en donde todo es paz y armonía, y planta la semilla de la discordia. No siempre es adrede, ni lo que hace puede calificarse como un acto de sabotaje o mala intención, pero una vez que llega, ya nada vuelve a ser igual.
Persona purgante: Es gente que con su carácter tan especial provoca malestares estomacales, ganas de correr inmediatamente hacia el baño más próximo, y que a su vez colabora activamente con su cuota de deposiciones. Una vez yo trabajé con una persona de estas, con un resultado fulminante que incluso salió en los periódicos, aunque la empresa trató de ocultar el hecho arguyendo una intoxicación masiva.
Persona micótica: Este nombre tan raro se refiere a las personas que producen comezón en aquellos que las rodean. No es que tales individuos sufran de psoriasis, tengan pulgas o cosa por el estilo, sino que su presencia realmente causa escozor o picazón. Como muchos, yo tampoco creía en estas cosas, hasta que conocí a uno de ellos en una reunión de trabajo. La persona en cuestión empezó rascándose la barbilla en un gesto que en ese momento parecía normal, pero que luego se fue contagiando y de pronto el que menos estaba rascándose la cabeza, el brazo o restregándose contra el respaldo de su silla, signo inequívoco de comezón en la espalda. Claro, hay quien pudiera pensar en algún parásito o bicho que nos estuviera transmitiendo por el aire, pero esta persona se había incluido en la reunión vía skype.
Personas estupefacientes: Este término pareciera señalar a personas cuya presencia es como una droga, pero no es así, y es común el confundirlas con las personas adictivas. Las personas estupefacientes, en cambio, son las que provocan en quienes las rodean un estado de atontamiento en muchos casos placentero, que disminuye las facultades mentales. No he tenido nunca contacto con alguna de ellas, pero me dicen los que saben que son muy frecuentes dentro de la clase política, donde estas personas encandilan a los demás y les hacen votar por estupideces.
Y existen más clasificaciones, he visto o tenido evidencia de personas vomitivas, tusígenas, radiactivas y personas resfriantes, que son personas que vienen de Inglaterra o de países nórdicos, que son tan frías que cuando vienen a nuestro ambiente tropical basta saludarlas para sentir inmediatamente los síntomas del resfrío. Incluso yo, que soy una persona tan dulce, he sido acusado un par de veces de provocar diabetes, así que debo ser una persona diabetizante. Y yo que creía que era solo un tonto.
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jueves, 16 de mayo de 2019
El gran escritor
Cuando tengo ganas de escribir, simplemente empiezo hasta donde me da el impulso, que me alcanza para tres o cuatro párrafos largos. En ese momento me detengo y aprovecho para dar una primera mirada a lo que he escrito, y si el texto no pasa esta primera lectura, lo abandono o lo dejo para un día de mejor inspiración. Muchas veces este primer texto escrito me gusta mucho y me quedo observando lo bueno que soy. Entonces me comparo con los grandes escritores, pensando en que me siento como…
Me siento como Joyce, contando cosas que solamente se me ocurren a mí, mientras el resto de la gente piensa que sólo estoy caminando por la calle.
Me siento como Hemingway, contando cosas en realidad simples, pero tan bien escritas que parecen en realidad interesantes.
Me siento como Balzac, tratando de escribir absolutamente todo en una Comedia Humana.
Me siento como Julio Verne, contando sobre cosas que jamás he visto, mientras vivo una vida tranquila en mi pueblito.
Me siento como el Barón de Munchhausen, contando las mentiras más grandiosas al punto que nadie conoce la realidad.
Me siento como Petronio, porque lo escrito me resulta bastante Satiricón.
Me siento como Kant, porque nadie entiende nada de lo que escribo, y por eso mismo todos creen que era algo muy profundo.
Me siento incluso como ese viejito que en mi niñez sacaba su silla en las calles soleadas de mi pueblo y contaba sus historias sin sentido a todo aquel que pasara.
Al final, cuando termino de escribir, me doy cuenta de que todo ha sido una tontería que no me hará ganar la posteridad. Entonces dejo la escritura y reviso qué hay de nuevo en internet. Allí encuentro reseñas y comentarios de libros que no he leído y veo a otros alabar la estructura de tal obra, el concepto de esta otra, y la metáfora subyacente en aquella. Allí me doy la gran distancia que me separa de los verdaderos escritores publicados por las grandes editoriales. Yo sólo escribo lo que se me ocurre, sin pensar en estructuras, conceptos ni metáforas.
No importa, sólo escribo para releerme después de un tiempo y reírme de mí mismo.
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