sábado, 14 de julio de 2007

El Plazo Final


[Música de fondo: Life in the Fast Lane - The Eagles]


Ocurre cada vez que tengo que entregar un trabajo. Y esta es la historia que se repite con pocas variantes cada vez:

Llega la orden del cliente y mi jefe me dice que yo me haré cargo de este trabajo, con la ayuda del capaz personal de la empresa asignado al proyecto.

- Disculpe, jefe, ¿A este no lo puede asignar a otro equipo? La última vez me tuve que quedar hasta las 3 de la mañana corrigiendo sus burradas...

- Yo sé que tú lo puedes manejar, no te preocupes... Ah, y no descuides el otro trabajo...

El otro trabajo es el que me tiene loco desde hace dos semanas y se resiste a morir, ya que el cliente siempre pide algo más que se le había olvidado. Por lo tanto dedico todos mis esfuerzos a lo urgente y me olvido de lo nuevo hasta que mi jefe me lo recuerda:

- ¿Y? ¿Entregaste al cliente el cronograma del trabajo nuevo?

- Ahorita lo mando...

10 segundos después, le encargo hacer el cronograma a uno de los más tontos de la oficina, que da la casualidad de que solamente está haciendo dos cosas a la vez. ¿Para cuándo? Para hoy, naturalmente.

Cuatro días después reviso el cronograma que ha hecho mi subordinado, le recorto todas las tareas para hacer que la entrega sea una semana antes y lo envío a mi jefe, quien a su vez le recorta una semana y lo envía al cliente. Dos días después el cliente nos reenvía el cronograma revisado, donde todas las tareas han sido recortadas para que se entregue dos semanas antes. Al ver la versión "oficial" del cronograma, recortada en cuatro semanas, me pregunto si el cliente realmente cree que podremos terminar en un plazo tan corto. Por suerte aún tenemos algo de tiempo antes del inicio de la obra, pues las especificaciones y planos del cliente no llegan todavía.

El día del inicio programado de la obra, no tenemos planos, ni especificaciones, y los equipos de importación se han quedado en la aduana porque les ha tocado la luz roja. Se acuerda con el cliente una reprogramación del trabajo para empezar dos semanas después, pero sin alterar la fecha de entrega.

Cuando empezamos, tres semanas después, no tenemos planos, especificaciones, ni equipos de importación. Ni siquiera tenemos materiales, pues el cliente nos ha pagado con letras en lugar de efectivo. La fecha de entrega, por supuesto, no se ha movido.

Los primeros días son de pedir a la oficina principal que nos mande los planos, materiales y herramientas para que los trabajadores no se queden con los brazos cruzados. El cliente llega a la obra para preguntar por el avance del trabajo y termina preguntando cuándo es que empezamos. Ante tanta insistencia, empezamos a trabajar bajo las buenas suposiciones de que el plano que va a llegar quién sabe cuándo diga que tenemos que hacer lo que estamos haciendo.
Conforme pasan las semanas el trabajo toma cuerpo. El mayor sobresalto fue el día en que al cliente se le ocurrió venir a preguntar como estaba el avance con respecto al cronograma. Me fue difícil responder, tomando en cuenta que ni siquiera recuerdo haber traído el dichoso cronograma alguna vez a la obra.

Las siguientes visitas del cliente empiezan a generar miedo. Cada vez nos trae más modificaciones al proyecto original. Además el cliente parece tener un problema serio de perspectiva. Aunque los cambios solicitados implican desarmar partes completas y varios días adicionales de trabajo, le siguen pareciendo cambios pequeños. Para el cliente también son pequeños los errores que contienen los planos, errores tales como no considerar el cerro que existe justamente en medio de su edificio proyectado. Estas visitas siempre terminan recomendándome que apure las obras porque la fecha de entrega no se va a mover.

Al acercarse la fecha límite, el tono sube, y las quejas por el pobre avance del trabajo se hacen más fuertes. De nada sirve anotar que los planos finales los han entregado hace una semana, y que no se parecían en nada a los primeros que nos entregaron.

Faltando tres días para la entrega "teórica" del trabajo, tenemos una reunión en las oficinas. El tema es preguntarnos si podemos si podemos hacer el trabajo que falta (más de la mitad) en los 3 días que quedan. Con el debido respeto, explico que si ponemos 50 personas más, y trabajamos 30 horas al día, podremos terminar en un mes. La cara de terror del cliente vale la pena esta sinceridad, pero la cara de mi propio jefe me dice claramente lo que opina de un tonto que le dice la verdad al cliente. Se acuerda una "ultima fecha de entrega" en 10 días.

En castigo por decir la verdad, me quedo 12 horas diarias en la obra, para vigilar también al turno de noche. El nuevo cronograma, al igual que el anterior, es solo un enunciado de buenas intenciones, ya que en realidad se avanza lo que se puede y cuando se puede. Es la ventaja del peruano, puede trabajar sin planes y el resultado queda tan bien como si lo hubieran hecho los gringos. En realidad, se pudo haber terminado en la fecha re-programada, si no fuera por las 17 "pequeñas" modificaciones que trajo el cliente al día siguiente de nuestra reunión.

El día anterior al plazo "final", tenemos otra reunión para fijar una fecha "final-final" para la entrega. Al igual que la vez anterior, nadie hace caso cuando digo que el concreto tarda 3 días en secar y que no se puede pintar y tarrajear al mismo tiempo. El plazo "final-ahora sí" es en una semana. Luego vendrá el plazo "de todas maneras", el plazo "último-último" y el plazo "último-como sea".

La fecha "final-última-ahora sí-ya no hay más ampliaciones" fue rebasada solamente en 8 días, y yo he pasado lo últimos dos días sin salir de la obra. El cliente la recibe conforme "salvo algunos detallitos" que según mis cálculos me harán quedarme aquí dos semanas más.

Al regresar a la oficina, 3 semanas después haciendo trabajos adicionales a la obra, mi jefe me llama:

- Tenemos otra obra, es como esta que acabas de terminar, pero los plazos son más cortos, yo sé que tú puedes hacerlo...

Desde ahora, mi principal preocupación será cómo suicidarme de manera rápida e indolora.

sábado, 7 de julio de 2007

En defensa de la garúa limeña



[Música de fondo: Here Comes the Rain Again - Eurythmics]

El que haya vivido en Lima, o la haya visitado en epoca invernal, debe haber visto la garúa. Esa lluvia que no moja, no molesta, no fastidia. Tratar de explicar la garúa a un extranjero que no la visto es tarea titánica. Los extranjeros tienen la idea de que una lluvia debe ser una experiencia imponente: Anunciada por un rayo, el cielo se oscurece de repente y con un estallido, enormes gotas caen al suelo en un estrépito acuoso que parece querer convertir la tierra en el fondo de un lago.

Pero no, la lluvia limeña no tiene rayos que la anuncien, es más, lo normal es que recién una hora después de iniciada, nos demos cuenta de que está lloviendo. El cielo limeño además nunca cambia el color panza de ratón con que se viste durante todo el invierno, lanzando la lluvia sin inmutarse, como quien tira la piedra y esconde la mano. Tampoco tenemos gotas de lluvia dignas de ser tales. Son gotas microscópicas que apenas mojan los parabrisas de los autos.

Supongo que si alguien quisiera crear una escala de lluvias, digamos, del 1 al 20, la intensidad 1 correspondería sin duda a la garúa limeña. Una conversación común ente dos personas que caminan por las calles de Lima es la siguiente:

- ... Oye....
- ¿Qué?...
- Eh... ¿Está lloviendo?
- No sé...
- Yo creo que está lloviendo...
- Dejame ver... Sí, creo que ha caído una gotita en mi anteojo...
- Espérate un rato... Si, creo que me ha caído una gotita.
- Si pues, está lloviendo.

Y las dos personas siguen su camino sin apurar el paso ni preocuparse más del tema.

La lluvia limeña es inofensiva. Cuando alguien va a salir y se da cuenta de que está lloviendo, no hace ningun arreglo especial. No se cambia de zapatos, ni lleva un impermeable, ni paraguas, ni un gorro. Estos elementos protectores son desconocidos en Lima. Una vez llevé un paraguas a un lugar de nuestra sierra donde sí llovía, y todos los limeños me preguntaban donde lo había conseguido.

Ni siquiera los propios limeños estamos de acuerdo sobre si la garúa se puede considerar o no como una lluvia. Un extranjero recientemente, al ver todas las casa con techos horizontales y sucios, nos preguntó si en Lima nunca llovía, y nosotros los limeños nos enfrascamos en una discusión que dejó a nuestro visitante tan a oscuras como antes de preguntar.

Por estas razones, muchos sociólogos consideran a la garúa como parte del carácter del limeño. Tal como su lluvia, al limeño no le gusta hacer escándalo, ni hacer daño directamente, sino hacer una paciente labor de destrucción hasta que, después de mucho tiempo, hace caer las paredes de las casas mas antiguas.

Por ello, algunos investigadores extranjeros pretenden que la garúa limeña es un mito, tal como el plátano recto y el político honrado. Expertos meteorólogos han formulado la teoría de que cuando (como es el caso frecuente en Lima) la humedad relativa llega al 100%, se produce lo que se llama el "punto de rocío", y todos los objetos expuestos al ambiente forman rocío con el agua del ambiente, tal como pasa en la madrugada en los países civilizados. Pero en Lima el rocío se forma rápidamente, dando la impresión de una lluvia finísima, indetectable para los extranjeros.

Por eso levanto mi voz de protesta, y propongo que todos los limeños nos echemos a correr cmo locos buscando un refugio al empezar la garúa, nos enfundemos en horribles impermeables, extendamos enormes paraguas e instalemos costosos sistemas de drenaje de lluvia en nuestras avenidas, para demostrar que la garúa existe, que no es un mito, y que nosotros somos tan invernales como el que más. Ya nos quieren quitar el Pisco, el cebiche, la papa, y hasta el suspiro a la limeña. Defendamos nuestra garúa, símbolo del invierno limeño.

sábado, 30 de junio de 2007

El (original) Tonto de la Colina

Cuando inicié este blog, tenía ganas de incluir el video de esta canción, pero no sabía cómo hacerlo. Ahora que ya lo sé, siento que estoy saldando una deuda conmigo.
Con Ustedes, el original Tonto de la Colina:




- Paul McCartney, como pueden ver en el video, compuso la canción solo, la grabó solo, hizo el video solo... y le dió el crédito a los Beatles.

Como ven, Paul es el original, yo solo soy la versión bamba.

domingo, 24 de junio de 2007

La mentira nuestra de cada día


[Musica de fondo: Es mentira - Joaquin Sabina]

A los peruanos nos gusta la mentira, hecho que se demuestra cada vez que nos toca elegir a un presidente, diputado o entrenador de futbol. En todos estos casos preferimos al que habla bonito, al que nos pinta lindos castillos de colores y al que nos promete que seremos la máxima potencia mundial.
A fuerza de escuchar mentiras, desconfiamos de quien nos dice la verdad, y aceptamos las mentiras aunque no las creamos, pues son una especie de sedantes que nos evitan disgustos y discusiones. ¿Para qué reclamar?, si es más facil creerle al otro y si no cumple, pues es culpa de ese otro, no mía.
Para ilustrar este punto, haré un recuento de todas las mentiras que me rodean durante un dia cualquiera:

Me despierto y mis primeras palabras del día son para pedir un pan con mantequilla, que recibo gustoso aún sabiendo que lo que me dan es margarina, Si tengo suerte y es fin de semana, comeré un tamal "de Chincha" que no ha conocido Chincha ni en el mapa. Al despedirme, prometo solemnemente regresar temprano, cambiar el foco y traer pilas para el control remoto.

Al salir a la calle, me encuentro con microbuses con una calcomania que dice que tiene aire acondicionado, baño y televisión. Los microbuseros son una fuente inagotable de mentiras. Aquí algunas: "Si señor, le dejo cerca", "No tengo sencillo", "Hay asiento", "Nunca paro aquí, no es paradero". Los pasajeros hacen su aporte al caudal de mentiras con frases como "Yo no te dí esa moneda", "Ya te pagué", "Voy a llamar a un guardia" y "Voy aqui nomás, cincuenta".

Los taxis, del mismo modo, siempre tienen una calcomania que dice que está vigilado por satélite, y el conductor conoce como llegar a todas las direcciones que le dés, además de que nadie te va a cobrar menos que él.

En el trabajo, es costumbre prometer la entrega del proyecto en una fecha que sabemos que no vamos a cumplir, pondremos más gente, y trabajaremos todo el fin de semana. El messenger lo utilizamos sólo para asuntos de trabajo, y las canciones que llenan el disco duro las debe haber bajado otras personas.

A la hora del almuerzo, me ofrecen chicharrón de calamar, ají de gallina y trucha que en realidad son de pota, pollo y tilapia, respectivamente.

En la tarde, lo habitual es jurar por mi santa madrecita que el trabajo ya está listo, solo faltan algunos detallitos, y que lo vamos a enviar antes de las 5:00 p.m.

Al regresar del trabajo, la televisión es la que nos brinda otra sobredosis de mentira, no en las series o telenovelas, que ya sabemos que son ficciones, sino en los noticieros. Aparecen siempre el paciente trabajo de seguimiento de la policía, la intencion de continuar la investigación caiga quien caiga, el voy a demostrar mi inocencia, no he cometido ningún delito, y la extradición del japonés está cada vez más cerca.

A la hora de dormir, prometo que mañana sin falta saldré temprano, traeré el foco y pondré pilas al control remoto. Las últimas mentiras del día me las digo a mi mismo al decirme que mañana por fin será el día en que todo cambiará y cumpliré todas las resoluciones que vengo arrastrando desde año nuevo.

Tal vez lo nuestro no es mentira, es nuestra forma de vivir.

PD. He retirado el anterior post, a pedido del moderador, ya que era una narración de Abraham Valdelomar, llamada "El Hediondo Pozo Siniestro", dedicada a la situación politica actual. A los que no llegaron a leer el post, recomiendo buscar la narración original y considerar lo poco que ha cambiado nuestro Gran Consejo de Siké en los últimos cien años.

viernes, 15 de junio de 2007

Tonto buscando trabajo



[Música de fondo: Working in a Coalmine - Devo]

A veces, los tontos debemos disfrazarnos de inteligentes para poder encajar en la sociedad. El mejor ejemplo es cuando un tonto busca trabajo. Por un prejuicio muy extendido, las compañias no parecen querer tener a un tonto trabajando para ellos (Las razones para contratar a un tonto son tantas que las dejaré para otro post), con la consecuencia de que debemos adoptar una falsa personalidad para poder obtener un trabajo que no nos hará ricos ni a ellos pobres, como dicen los vendedores de caramelos. Repasaré a modo de ejemplo una de las muchas veces que me he presentado a un trabajo:

Escena 1: Estoy sentado en una sala de espera con un terno que huele a guardado, con el aviso de "Importante Empresa Solicita Ingeniero", en compañía de otros dos tontos que deben estar postulando al mismo puesto que yo. Reconozco al primer tonto por la corbata del Pato Lucas en su terno azul. El segundo tonto se me revela al entablar una conversación conmigo:

- Hola, ¿Vienes por la chamba de ingeniero?
- Si, por el aviso en el periódico... A propósito, ¿A qué crees que se refieran con de "personal de ambos sexos"?
- Pucha, creo no cumplo, yo sólo tengo uno...
- Bueno, no creo que nadie se dé cuenta... Ojalá que tengamos suerte...

Me pongo a pensar que es imposible que ambos tengamos suerte, ya que solamente hay un puesto vacante, pero tengo tiempo de decir nada, ya que llega una señorita, quien pregunta por mi nombre y me pide que la siga.

Escena 2: Estoy ahora en una salita más pequeña sentado ante una mesa, esperando que llegue la encargada de recursos humanos. Sobre la mesa hay algunas revistas sobre gestión de recursos humanos que trato de leer rápidamente. Tal vez me ayude a la entrevista que vendrá, además, también me puede ayudar a conocer al enemigo.
La jefa de RR.HH. aparece con mi curriculum en la mano y me mira con atención. De repente tengo la impresión de que se me pasó la mano usando el Photoshop para la foto del curriculum. La entrevista discurre, al parecer con la señora RR.HH. tratando de ver si soy un mentiroso o de verdad soy tan bueno como dice mi curriculum, pues sólo me pregunta cosas que ya están allí.
Por último, la pregunta que más temía y de la cual, seguramente depende mi aceptación:

- ¿Cuales son sus pretensiones económicas?

Los libros y páginas web indican que antes de responder debo tener en cuenta el tipo de trabajo que voy a realizar, el tipo de empresa, y la situación del mercado laboral para ese puesto específico, pero esta señora no me ha dicho absolutamente nada sobre estos temas. Así que escribo una cifra al final de mi curriculum. Doña RR.HH. trata de permanecer impasible, pero yo noto un leve gesto de contrariedad.

- Muy bien, señor. Pase por favor para la prueba de aptitud.

Escena 3: Estoy en un aula con los dos tontos anteriores mas otros dos que deben haber llegado mientras estaba conversando con la RR.HH. La secretaria que me recibió nos reparte ahora un cuadernillo y unos papeles para resolver la prueba. La primera parte son preguntas psicotécnicas sacadas de un libro norteamericano, lo noto porque una de las preguntas dice si es que preferiria ver un partido de beisbol, o ver una película sobre los dificiles tiempos de la colonizacion.
La segunda parte es para completar series de figuritas. En estas dos partes, lo que más me demora es tratar de adivinar qué es lo que respondería una persona normal. Mirar a los otros no sirve de mucho, pues se ven tan tontos como yo. La última parte se trata de dibujar una persona. Recuerdo que siempre me recomiendan que le ponga piso al dibujo, así que trazo una raya horizontal y le pongo una flecha que dice "piso", como para que no hayan dudas. Luego, como me piden que sea una persona "completa" y que le escriba una historia, dibujo a un hombre gordo en una mesa y pongo algo así: "Este hombre se acaba de comer dos platos de cebiche, uno de jalea y la acaba de bajar con un rico sudado, así que ya está COMPLETO".
Al recoger nuestras hojas, nos ordenan esperar en la silla en que estamos.

Escena 4: Me hacen pasar a una oficina donde por primera vez en la tarde, veo a alguien que parece tener relación directa con el puesto al que postulo. En efecto, se presenta como el jefe del área que solicita el puesto, y me hace la recomendación de que no tenga miedo de decir la verdad. Decido hacerle caso, aunque sé en mi interior que es lo peor que debiera hacer. Revisa mi curriculum, que ya está lleno de anotaciones. La conversación va mas o menos así:

- Aquí veo que no tienes demasiada experiencia... ¿Te consideras adecuado para el puesto?
- A decir verdad, no sé de qué trata el puesto... (Quería sinceridad ¿no?)
- Cómo, ¿no sabes?
(enseñandole el aviso) - Pues aquí no dice nada... Y tampoco me lo han dicho desde que llegué...
- Bueno... (no parece contrariado, más bien divertido, debe ser una buena señal) ¿Crees que cumples con lo que se pide aquí?
- Cuando llegué, parecía que sí, pero ya llevo aquí 4 horas y creo que ya se me quitó lo de "dinámico y proactivo" (Esto ya no era sincero, era tonto)

- ¿Qué haces en tu tiempo libre?
- ¿Significa que en este trabajo me van a dejar tiempo libre? (otra metida de pata)
- ¿Cómo te ves de aquí a diez años?
- En el puesto de usted... No parece muy difícil... (ya dejé de actuar como inteligente)

Escena 5: La secretaria que me recibió me informa que en una semana se tomará una decisión y que me avisarán por teléfono. Al salir, ya ha oscurecido, pero no me siento frustrado ni molesto por haber perdido toda una tarde. Por el contrario, me siento feliz por no haber conseguido ese puesto. Aunque "falte una semana", sé que no me lo darán. La sonrisa de mi rostro no se me quitará hasta el día siguiente.

- Y, ¿Cómo te fué?...
- De maravilla! respondo.

viernes, 8 de junio de 2007

7 Mitos sobre los tontos


[Música de fondo: What Kind of Fool? - Barbra Streisand & Barry Gibb]

Existen muchas malas concepciones e ideas equivocadas sobre esa sufrida muchedumbre a la que pertenecemos los tontos del mundo, con el afán de crear un mejor entendimiento entre nosotros y el resto del mundo, paso ahora a desenmascarar algunos de los muchos mitos que circulan impunemente sobre los tontos:

Mito 1: Un tonto sabe el tipo de tonto que es. Cada vez que un tonto dice o hace una tontería, alguien pregunta ¿Qué clase de tonto eres?, cómo si el tonto en cuestión supiera todas las distintas clasificaciones y escalas de comportamiento tonto. La realidad es que cada vez que un psicólogo intenta hacer una clasificación sistemática de los tipos de tontos existentes, aparece un tonto que no encaja en ninguna de las categorías propuestas, ya que los tontos suelen también tener una gran creatividad. Del mismo modo, tan pronto alguien intenta proponer una escala para determinar lo tonto que es una persona, aparece un tonto que sobrepasa la escala.

Mito 2: Un gran esfuerzo deja tonto a cualquiera. Este mito nació paradójicamente en los centros de estudio. Todos hemos sabido de alguien en el colegio, universidad o instituto de alguien que pasa con la mirada perdida, o hablando solo. Inmediatamente nos enteramos de que ese alguien es el que tiene las mejores calificaciones. El primer comentario será "Claro, y el esfuerzo lo dejó tonto". Esta actitud refleja más bien una envidia hacia los que saben más que uno, a la vez que nos infunde un miedo instintivo hacia el esfuerzo. Por eso estamos como estamos en este país.

Mito 3: Una pregunta simple es una pregunta tonta. Cuando alguien formula una teoría brillante con postulados audaces, suele aparecer un tonto que ataca las bases de dicha teoría con una sola pregunta simple. Luego, esta pregunta es tachada de "tonta" para evitar el tener que responderla. Es precisamente con las reguntas simples con las que se logran los mayores adelantos en la historia de la Humanidad. La simple (no tonta) pregunta de quién fue primero, si el huevo o la gallina, puso en tela de juicio toda la idea del creacionismo y llevó a la moderna teoría de la evolución.

Mito 4: Un tonto es igual a un estúpido. Existe una sutil pero importante diferencia entre ser tonto y ser estupido. El tonto piensa diferente. El estupido piensa mal. El tonto es inocente de los incidentes que causa y nunca trata de hacer daño a nadie. Es como un niño aprendiendo, nadie puede culparlo de equivocarse a propósito. El estúpido en cambio, al hacer algo equivocado, tiene plena consciencia de sus actos, pero los realiza porque cree que podrá sacar ventaja de ellos. Por eso las fallas de un tonto no son punibles, las de un estúpido sí.

Mito 5: A nadie le gusta ser tonto. A diferencia de lo que muchos creen, ser tonto es una condición deseable. La sabiduría tiene el don de hacer infeliz a la gente. Cuando alguien pasa por la calle sonriendo, a nadie se le ocurrirá pensar que es alguien sabio. Por el contrario, se le tachará automatica e inevitablemente de tonto.

Mito 6: Un tonto nace cada minuto. Este mito es una consecuencia del anterior. Ya que los tontos son más felices y reciben la comprensión y amabilidad de mucha gente, muchos optan por hacerse pasar por tontos. También muchos estupidos pretenden ser considerados tontos hasta lograr sus siniestros objetivos. Esto hace que el número de tontos en nuestra sociedad parezca mucho mayor de lo que realmente es. Aún si fuera cierto que nace un tonto cada minuto, también nacen unas 2,000 personas cada segundo en el mundo, lo que hace que el porcentaje poblacional de tontos sea infimo. Lástima que los censos no lo registren como una variable demográfica.

Mito 7: El que hace una tontería es un tonto. El ser tonto es un instinto natural en todo ser humano. Nos hace humanos, en realidad. Por eso, las tonterías no son un atributo exclusivo de los tontos. Parafraseando a la Biblia, una persona inteligente comete 7 tonterías en un día. Y con este séptimo mito yo he cumplido mi dosis diaria.

viernes, 1 de junio de 2007

La Guitarra



[Musica de Fondo: The Guitar Man - Bread]


Vengo escuchando musica desde hace mucho tiempo. El problema es que al parecer tengo dos oídos izquierdos, que no pueden diferenciar una nota de otra en la escala. Aun así, siempre recuerdo haber tenido una radio encendida al alcance de mis orejas. Mis recuerdos musicales incluyen haber sido sacado un par de veces a hacer el ridiculo en las actuaciones del colegio en primaria, tratando de cantar por ser el único tonto capaz de aprenderse la letra de las canciones.

Mientras tanto, en mi casa, a mi padre se le ocurrió comprar una guitarra, la que tenía que compartir con mi hermano mayor. Recuerdo haber ido con la guitarra por la calle hacia la casa de alguien que trataba de enseñar a tocarla. Solo muchos años después descubrí la razón por la que esas clases fueron un fracaso rotundo y jamás pude sacar una sola nota: Soy zurdo y la guitarra estaba invertida para mí. También sería justo reconocer que mi hermano mayor tampoco adelantó mucho más que yo. Esta primera guitarra fue víctima de mi mal oído tiempo después. En aquellas clases me "enseñaron" a afinar la guitarra, y al tratar de hacerlo 5 o 6 veces en mi casa, las cuerdas quedaron tan tensas que despegaron el puente. Los intentos de pegarla con cola siempre duraron poco tiempo. Así pues, la guitarra quedó como un adorno en mi habitación por muchos años, sin cuerdas, rota e inutil.

Mientras tanto, mi gusto por la música creció. Descubrí a los Beatles, luego a Queen, y finalmente a los Doors, lo que significó una revolución en mis gustos musicales cuyos efectos duran hasta hoy. De vez en cuando me asaltaban deseos de botar esa guitarra y comprar una nueva, pero la época no era la más indicada. Yo estaba en la Universidad y Alan García estaba en Palacio, lo que significaba que tenía que dedicar todas mis energías a sobrevivir, tanto en la Universidad como en el país.

Por lo menos en la Universidad, y después de un breve lapso en que me desconecté de todo tipo de música, descubrí a Sabina. Sabina me llevó a Serrat, Serrat me llevó a Silvio, y de allí hasta la fecha. Al terminar la Universidad, más tarde de lo originalmente planeado, recuerdo haber hecho una pequeña encuesta entre mis compañeros sobre lo que comprarían con su primer sueldo de ingenieros. A todos a quienes pregunté respondieron que una cámara fotográfica o una guitarra.

Fue una de esas pocas veces en que he estado de acuerdo con la mayoría. La cámara demoró un poco en realidad, la guitarra demoró aún más. Tuve dos oportunidades. La primera fue durante mi primer trabajo, en un viaje, cuando un músico venido muy a menos me ofreció la suya a un precio módico. El problema era que yo también trabajaba a sueldo mínimo (derecho de piso, que le llaman).

La segunda fue en otro trabajo, en que la obra estaba a muy poca distancia del taller del dizque mejor fabricante de guitarras del país. Esta vez el precio fue el que me hizo poner pies en polvorosa, sin contar con la poca amabilidad del vendedor. La tercera fue la vencida, y como suele sucederme, fue la oportunidad quien me buscó, no yo a ella. Una de esas ferias artesanales se instaló justo frente a mi casa. Estaba sin trabajo, pero con una gran necesidad de levantarme la moral. Me gustó el sonido (quizá gracias a mi falta de oído), y me gustó el color. No fue una decision inmediata, demoró justo el tiempo en que regresaba a mi casa por el dinero necesario.

He tratado de aprender a tocarla por mi cuenta desde entonces. Fiel al antiguo temor, no me he vuelto a inscribir en un curso. No he avanzado mucho, ya que como dije antes, me es muy díficil diferenciar las notas. Pero la gente que me conoce parece creer que yo no solamente sé tocarla, sino que lo hago muy bien.

- Oye, te he escuchado tocar la guitarra ¿que estabas tocando?
- ¿Me creerás que no tengo la menor idea?

Algunas veces, mi condición de zurdo es la que me salva en reuniones.

- A ver, enseñame una de tus canciones en mi guitarra...
- No puedo, yo toco la guitarra al revés...

La verdad es que no he podido hasta ahora completar una canción, ni qué decir de cantar y tocar al mismo tiempo. Pero eso no me detiene. Tomo la guitarra cuando no tengo nada que hacer y no hay muchos testigos alrededor. Trato de recordar las canciones más simples que conozco... y fracaso en el intento.

Pero me gusta que esté allí. Me sirve para recordarme que soy tan tonto que no puedo aprender a tocar una guitarra.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...